Esta historia participa en la actividad "Kissing album" del foro "El feliz grupo de hambrientos".

Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona pertenece a la maravillosa Kusanagi sensei.


BESO EN LA OSCURIDAD

Se suponía que no era más que una prueba de valor: entrar a oscuras en la casona supuestamente encantada que todo pueblo tiene y darse un beso. Las viejas maderas chirriaban bajo sus pasos, como si la casa se quejara de su presencia, y la luz de la luna menguante arrojaba sombras extrañas que semejaban monstruos que se alzaban en las paredes.

Todos siguieron en silencio a Shin-Ah (tenía mejor vista que nadie) hasta que se detuvo en una habitación de techos altos y ventanas rotas y que en otros tiempos debió ser el salón principal de la casa. Las cortinas raídas, meciéndose con la brisa nocturna, casi parecían fantasmas que quisieran atraparlos. Sin que nadie lo dijera en voz alta, formaron un círculo lo más lejos posible de las ventanas.

—¿Por qué tenemos que hacer esto? —preguntó Yona, sintiendo cómo un escalofrío le recorría la espalda cuando el eco de la estancia vacía le devolvió su propia voz—. ¿Por qué Hak y yo?

—¿Y por qué no? —respondió Yoon, como si la respuesta fuera obvia para cualquiera, menos para los dos implicados.

—Esto es una estupidez —agregó Yona, fingiendo más indiferencia de la que realmente sentía.

—Una tremenda tontería —confirmó Hak, ignorando esa cosa rara que le latía como loca en el pecho.

—Cobardes entonces —les dijo Jae-Ha, como si negarse fuera una sentencia por la que sentir vergüenza. Y no les hacía falta luz alguna para saber que el muy truhán estaba sonriendo como el pervertido que era.

—¡Oye! —exclamó Hak, listo para defender su honor y el de Yona a piñazo limpio.

—Déjalo, Hak —intervino Yona, dando un paso hacia adelante—. Acabemos con esto.

Y entonces pasó todo a la vez: las nubes ocultaron la escasa luna y la oscuridad devoró a la luz, una lechuza ululó junto a la ventana y los pasitos veloces de alguna criatura demasiado cerca hicieron que Zeno diera un brinco enorme asustado. Ejem, mejor dicho, sobresaltado.

A resultas de este movimiento involuntario, acabó justo en medio de los dos desafiados y, sí, Zeno fue besado por partida doble.

Cuando Jae-Ha encendió la linterna —¿Llevaba una todo este tiempo?—, todo lo que vio fue una Yona adorablemente ruborizada y a un Hak con la mano sobre el pecho y sonriendo como un idiota satisfecho.

—Prueba superada —declaró entonces, con una sonrisa traviesa, dando por concluida la aventura nocturna.

Hak y Yona caminan en silencio detrás de Shin-Ah, cada uno tratando de recordar y aprenderse ese fugaz instante en que sus labios besaron la comisura de los del otro, lamentando que la oscuridad les robara la oportunidad de que lo suyo hubiera sido un beso bien dado.

Zeno, por su parte, guardó absoluto silencio al respecto. Antes muerto que revelar su propia vergüenza y/o reventar la pequeña burbuja de lo que sea que esté pasando entre estos dos.

Porque hay que reconocerlo: Jae-Ha es un auténtico genio.

A Zeno le encanta que los planes salgan bien.