Esta historia participa en la actividad "Kissing album" del foro "El feliz grupo de hambrientos".
Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona pertenece a la maravillosa Kusanagi sensei.
BESO POR ACCIDENTE (1)
Las conversaciones ajenas les llegan ahogadas, lejanas y distantes. La gente camina a su alrededor en lo que parecen veloces borrones de color. En el andén, Hak y Yona están de pie, frente a frente, en silencio. Ninguno sabe muy bien qué decir. Hak ya se ha despedido de aquellos a los que quiere, excepto de ella. Marcha a la universidad, y aunque no es el fin del mundo (sino el principio de otro), ya nada volverá a ser igual… Claro que regresará por las fiestas, pero eso es mucho tiempo. Demasiado tiempo…
¿Quién sabe lo que pudiera pasar mientras él está fuera?
Yona quisiera llorar pero esos ojos azules se lo impiden. Parecieran estarle pidiendo algo, y ella no sabe el qué. O quizás sí lo sabe, porque en sus ojos debe haber el mismo ruego…
Ninguno de ellos nombra lo que sucedió aquella noche en la casona encantada. Los dos fingen ante el otro que nada ha cambiado, pero desde entonces, parecen moverse con cuidado frente al otro, como si temieran romper el delicado equilibrio que hay entre ellos.
Yona se reviste de una confianza que no siente e inspira para cobrar valor para dejarlo fuera de su vida. Sí, de acuerdo, es una exagerada, pero Hak se va y ya nada será igual…
—Bueno, pues yo… —dice ella, aunque la voz se le quiebra un tanto al final.
—Sí, hasta la próxima —dice él, y su tono es mucho más seco de lo que pretendía.
Él le fue a dar un beso en la mejilla, ella, igual. Como habían hecho desde aquella vez cuando niños. Como habían hecho siempre. Pero el mundo, el universo, o alguna conjunción extraña de planetas, decide intervenir. O acaso sea tan solo el destino…
La cosa es que a Yona la empuja una señora con prisas. No demasiado fuerte, ni tampoco con rudeza. Solo lo justo para que pierda un poco el equilibrio y su boca acabe rozando la de Hak, en algo que solo puede describirse como un beso errante: porque impactó contra sus labios y por la inercia natural del empujón, se fue deslizando hasta acabar a media mejilla.
A Hak se le para el corazón.
A Yona le falta el aliento.
¡Por todos los dioses!
Él quiere gritar.
Ella quiere gritar.
¡Otro beso mal dado y absolutamente desperdiciado!
