Esta historia participa en la actividad "Kissing album" del foro "El feliz grupo de hambrientos".
Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona pertenece a la maravillosa Kusanagi sensei.
BESO DESESPERADO (y 3)
—¿Y bien? —preguntó ella, y en su voz, en tan solo dos palabras, se entreveraban la frustración y unas ganas tremendas de llorar de pura tristeza. ¿Es que nunca podrá hacerle saber a Hak lo que siente?
—¿Y bien qué? —le dijo Hak con cierta brusquedad, restallando como un látigo. ¡Se iba! Se iba y jamás tendría otra oportunidad con Yona.
—Nada de esto está bien —protestó ella, frunciendo el ceño. Hak ahogó una exclamación, porque no, sus ojos no podían estarle engañando. Yona estaba tan molesta como él, ¿verdad? ¿Es que ella quería lo mismo? Demonios, ¡sí! ¡Ella quería lo mismo!
—Estoy totalmente de acuerdo —convino él, sonriendo con esa sonrisa suya torcida y traviesa, y que, por supuesto, hizo que a Yona se le dispararan todas las alarmas.
Y luego el silencio, expectante, ansioso, pero un tanto vacilante. Y finalmente, Hak acuna suavemente las mejillas de Yona entre sus manos y cierra de nuevo los ojos, dando un salto de fe.
¡Va a besarla!
Ahora sí. Ahora sí que Hak se agachó lo suficiente. Ahora sí que Yona recordó ponerse de puntillas. Ahora sí que el beso es donde tiene que ser.
¡Por fin!
A ninguno le importa que estén en medio del andén. A ninguno le importa que puedan verlos. En este preciso momento solo les importa la boca del otro, el sabor del otro…
Y el beso crece, tornándose intenso, arrollador, abrumándoles los sentidos, y ellos se buscan dentro de la boca del otro, sin cabeza aún para aprenderse, sin tiempo apenas para recordarse, tan solo para sentirse y dejar su huella en el corazón ajeno.
Llevaban demasiado esperando por esto.
El último aviso para su tren suena por megafonía y los encuentra con las manos entrelazadas mientras se susurran las promesas.
—Prométeme que me esperarás —le pide él, apoyando su frente en la suya.
—Y tú prométeme que no te dejarás seducir por la primera cara bonita que te encuentres —le pide ella.
—Demasiado tarde, princesa… —murmuró sobre sus labios antes de volver a besarla.
