Esta historia participa en la actividad "Kissing album" del foro "El feliz grupo de hambrientos".

Descargo de responsabilidad: Akatsuki no Yona pertenece a la maravillosa Kusanagi sensei.


BESO DE DISTRACCIÓN

Cuando la ola de dolor pasa, Yona da las gracias al cielo. Respira, y sigue respirando, tratando de volver a ese punto ciego donde solo hay paz y sosiego. Sabe bien que solo tendrá unos minutos antes de que la próxima contracción la parta en dos. Y que esos intervalos serán cada vez más y más breves… Gotas de sudor, acaso también lágrimas, surcan su rostro hasta llegar al cuello, empapando su bata de hospital. La mano de Hak no suelta la suya pero él tiene la cabeza gacha y el pelo le cae sobre el rostro, velándolo. Yona no puede evitar la punzada de inquietud en su pecho.

—Hak, mírame. —Él aprieta su mano como un acto reflejo, un tanto ausente—. Mírame —repite ella. Y cuando él por fin lo hace, a Yona se le parte el corazón. El tormento en rostro dibuja líneas de tensa angustia, de seguro echándose la culpa de su dolor. Yona suspira. Bueno, desde luego que no fue solo 'culpa' suya. Eso fue cosa de dos, ¿verdad?

Hombres…

Y Yona quiere protestar, o molestarlo, o hacerlo enfadar, ¡o algo!, tan solo para que reaccione y salga de ese terrible estado. Pero siendo realistas, tampoco es que esté ella ahora mismo para grandes aspavientos, y mucho menos, para montar una discusión de mentira… Así que al final, recurre a la solución más sencilla y rápida: le tira del cuello de la camisa, acercándolo hacia ella, y lo besa.

Es un beso brusco, rudo, pero él, por supuesto, no tarda en responderle (Es Hak, por todos los dioses, claro que lo hace).

Cuando Yona se separa, Hak suspira, muy hondo, y va dejando besos pequeñitos sobre sus lágrimas.

—Sé lo que estás haciendo —murmura él, acunando su mejilla.

—¿Y funciona? —pregunta ella, con una sonrisa diminuta y sin molestarse demasiado en aparentar inocencia. Él tan solo suspiró de nuevo.

—Siempre funciona —responde finalmente él, rodando los ojos.