Capítulo 2: Te echaré de menos
— Tío, Adrien, ¿no has dormido bien o qué? ¡Pareces un oso panda!
Un chico rubio, sentado delante de las tres pantallas de su último modelo de ordenador, frotaba con fuerza los ojos con ambas manos mientras tenía una conversación por Skype con su mejor amigo. La verdad es que no, no había dormido bien esa noche, recordó que sólo daba vueltas en la cama todas las horas en las que estuvo acostado con una sensación de intranquilidad tremenda.
No podía aceptar la marcha de Ladybug, y también le dolía que le hubiese mentido sobre sus verdaderos sentimientos. Lamentablemente, obtuvo un amor no correspondido, ya que ella estaba enamorada de otro chico y, por ende, poder conquistar a la heroína sería imposible. Sentía que todo se estaba derrumbando poco a poco a su alrededor y que no podía hacer nada para evitarlo.
— Tranquilo, Nino —aseguró Adrien, rascándose la nunca con nerviosismo—. Simplemente tuve una pesadilla por la noche y no descansé del todo bien.
— Joder, no me des estos sustos. Encima que hoy es nuestra puesta de bandas, ¡hay que darlo todo! —Nino hizo un gesto con el puño, como animando a Adrien.
— Sí… —dijo el muchacho de ojos verdes con falso entusiasmo.
— Ah, ahora que me acuerdo, bro —se acordó el joven, ajustándose las gafas—. Alya me habló esta mañana por WhatsApp y me dijo que por fin Marinette obtuvo una plaza en la academia que fundó tu padre. ¿Cómo… se llamaba?
— Dream Atélier… —respondió Adrien con sequedad.
— Sí, eso. La verdad es que me alegro por ella, ¡ya sabes que tiene muchísimo talento! ¡Podría incluso trabajar con tu padre en un futuro cercano! Lo malo es que se irá a Nueva York por una buena temporada y…
Nueva York. Maldita ciudad. Maldita Gran Manzana. Malditos norteamericanos. Malditos estadounidenses. Maldita América. Era lo único que llegaba a pensar Adrien en esos momentos, echando la culpa a dicha ciudad —y a todo un país, ya de paso— por el simple hecho de que Ladybug se fuera allí. Y ya no únicamente ella, sino que Marinette también… su amor imposible y una de sus mejores amigas se irían a ese lugar.
Con estos pensamientos en mente, sólo acertó a hacer un suave gruñido y cogió un vaso de zumo de melocotón, que tenía en el escritorio desde hacía rato, para tragarse con rapidez todo su contenido. Por otra parte, el chico de piel morena que estaba al otro lado de la pantalla rió por la expresión de su mejor amigo.
— Adrien, parece que no tengas ganas de graduarte, tío. Si por ti fuera, estarías en los eternos catorce años sin que nada ni nadie cambiase. Alegra esa cara, hombre. Y si es por la falta de sueño vuélvete a dormir, así se te irá ese caratulón que tienes —sugirió Nino, haciéndose un moño improvisado con un coletero de color blanco, ya que parecía que sus rastas le molestaban en ese instante.
— No creo que vuelva a dormir, Nino… —se quejó Adrien, haciendo un ligero mohín.
— Pues cafeína por un tubo, chaval, no queda otra —encogió los hombros Nino—. Y te quiero fresco como una rosa esta noche, sí o sí.
— Está bien… —asintió Adrien, que estaba bostezando aunque tenía tapada la boca con la mano.
— ¿Ves? ¡Estás fatal! —volvió a reír el chico moreno—. Venga, quiero cotillear un poquito… ¿Qué te vas a poner esta noche?
— ¿Algo creado por mi padre? —ahora es cuando Adrien se encogía de hombros—. Es evidente…
— Sí, ya lo sé —decía Nino mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante—. Pero nene… di de qué color es el traje y esas cosas…
— ¡Es sorpresa! ¡No te lo voy a decir! —exclamaba Adrien, mostrando los dientes y escuchando las protestas de Nino—. ¡Tendrás que esperar hasta esta noche!
— ¡Buah! No quieres chivatearme nada, ni decirme cómo irás… ¡Vergüenza tendría que darte! —se quejaba su mejor amigo, frunciendo las cejas y arrugando la nariz.
— ¡Se siente! —canturreó el rubio, animándose un poco.
Ambos chicos estuvieron hablando un cuarto de hora más, conversando más animadamente sobre temas diversos. Mientras, Plagg dormía plácidamente en una pequeña camita (Adrien se hizo su cama al levantarse temprano y como su kwami había dormido con él, lo trasladó cuidadosamente hacia su lugar habitual de descanso). Se despidió de su mejor amigo, que ya lo vería por la noche vestido con sus mejores galas.
Cerró el programa, revelando como fondo de pantalla de su ordenador una fotografía de su madre: Marie Agreste. Al observar el rostro de su madre le invadió un sentimiento de melancolía enorme.
— Cómo me gustaría que estuvieras aquí, mamá… —murmuró Adrien con ojos vidriosos.
Se levantó de la silla del escritorio y se dirigió a donde dormía el pequeño ser con forma de gato negro, que tenía la boca abierta con sendas babas en una de las comisuras de la boca. Adrien acarició las orejas del kwami de la destrucción con la mirada perdida. Hoy era el último día en que vería a todos sus compañeros en el instituto, pues cada uno de ellos tomaría un rumbo diferente: unos se irían de vacaciones, otros tendrían diversas responsabilidades personales, y más tarde algunos de ellos se trasladarían a ciudades distintas, marchándose así de París a emprender sus carreras u objetivos.
Pero él, ¿tenía un sueño, un objetivo claro? ¿A lo que querría dedicarse? ¿Seguiría siendo modelo bajo las órdenes de su padre, como única carrera a realizar? El tiempo hacía tic-tac, sin detenerse, pero él no tenía claro nada, absolutamente nada. Su futuro realmente no estaba en sus manos, sino en las de Gabriel, por mucho que Adrien fuese mayor de edad.
— Menos mal que te tengo a ti —susurró el rubio, acariciando la pequeña mejilla de Plagg, que roncó—. Ser Chat Noir ha sido lo mejor que me ha pasado en estos cuatro años…
Otro ronquido de Plagg fue interrumpido por el ruido de la puerta principal de la habitación de Adrien, que se abrió casi en un abrir y cerrar de ojos sin previo aviso. Adrien se puso detrás del kwami con rapidez y, para disimular, observaba su smartphone con demasiado interés. Quien abrió la puerta fue Nathalie, la asistente de Gabriel Agreste y quien supervisaba todo lo que hacía Adrien, tanto las clases del instituto, las actividades extraescolares, así como las sesiones de fotos para los anuncios de la marca Gabriel, entre otras cosas, por lo que era una agenda andante para el muchacho.
Nathalie se ajustó la montura de las gafas y le habló a Adrien con un tono aburrido y sin emoción alguna.
— Adrien, tu padre quiere verte.
Adrien apartó la vista del móvil sin saber muy bien qué expresión poner. Guardó su smartphone en el bolsillo trasero de su pantalón y siguió a Nathalie sin rechistar hasta el despacho de Gabriel —la ayudante, afortunadamente, no notó la presencia de Plagg cuando el chico se dirigió a ella para seguirla. La mujer dio tres ligeros toques a la puerta, se escuchó una voz masculina en el interior de aquella habitación que decía "Adelante" y Nathalie le abrió la puerta al joven para que pudiera entrar en el despacho.
— ¿Qué deseas, padre? —preguntó Adrien, acercándose al escritorio de su padre sin hacer mucho ruido, ya que aquel hombre estaba bastante concentrado y ocupado.
— Creo recordar que hoy se celebra tu graduación, ¿no es así? —dijo Gabriel, demasiado atento a la pantalla del ordenador, cuyo contenido se reflejaba en los cristales de sus gafas de diseño.
— Sí, así es —asintió su hijo.
— Nathalie ya me informó de ello cuando llegó la circular del instituto —seguía contando el señor Agreste, esta vez escribiendo en el teclado con mucha rapidez—. Sólo quería asegurarme. Por cierto, el traje, los zapatos y los accesorios que llevarás ya están seleccionados para ti. A no ser… que tengas pensado ponerte otra cosa.
— No, no había pensado en nada —negó con la cabeza el rubio—. Intuía que ya lo tenías todo preparado, o que escogerías algo de la colección joven de primavera-verano de este año.
— Pues realicé un diseño exclusivo que hice específicamente para ti —Gabriel retiró la mirada de la pantalla para mirar a su hijo con esos ojos heladores tan característicos—. Espero que no pongas ningún inconveniente a eso.
— Para nada —volvió a negar Adrien, aunque no hizo ningún gesto con la cabeza para seguir sosteniendo la mirada que le tendía su padre.
— También acudiré a tu graduación —dijo con sequedad Gabriel pero enmarcó una ceja.
— ¿EN… EN SERIO? —se sorprendió Adrien, abriendo los ojos tanto que parecían unos círculos perfectos—. ¿DE VERDAD?
— Adrien, los modales —lo regañó su padre con voz autoritaria—. Ya eres suficientemente mayor como para saber comportarte, tienes 18 años.
— Oh, lo siento, es que… me emocioné… —se sonrojó el chico, intentando no rascarse la nuca (ya que ese acto lo odiaba mucho su padre).
— Hmmm —murmuró Gabriel y continuó—. Sí, te acompañaré a la graduación y a la cena que hay en el hotel Le Grand Paris. Nathalie irá con nosotros, además de nuestro chófer habitual.
— Gracias —sonrió Adrien, agradecido por el hecho de que su padre le acompañaría a un evento tan importante de su vida, después de tantas ausencias e incluso desplantes por temas de trabajo—. Gracias de verdad, padre.
— Entiendo que es algo importante para ti, dejas el instituto y has cumplido tu mayoría de edad este año —Gabriel se levantó de la silla de cuero de color blanco y rodeó el escritorio para estar frente a su hijo—. Así que eso no me lo perdería por nada del mundo. Por no decir que me siento realmente orgulloso de tus buenas notas.
— Como sé que tienes una agenda tan apretada… —musitó Adrien, sintiéndose más colorado porque su padre lo estaba halagando y se comportaba de un modo comprensivo (que pocas veces había recordado en su vida desde que tenía uso de razón).
— Lo sé, pero al menos he dejado un hueco para esta noche —las manos de Gabriel se posaron en los hombros de Adrien y los apretó ligeramente, padre e hijo tenían casi la misma altura—. Así que estaré contigo.
Adrien sólo asintió con la cabeza, con una sonrisa de oreja a oreja. Hacía mucho tiempo que su padre no le daba una alegría tan inmensa como la de ahora, para él era como un gran regalo de cumpleaños en el día más importante de su vida. No obstante, desde que el chico iba cumpliendo años y se iba haciendo mayor, Gabriel iba dejándole un poco de libertad para salir con sus amigos, pero dentro de un horario algo estricto y siempre cumpliendo a rajatabla los horarios de sus clases extracurriculares (a veces exigiéndole más horas de las que debería realizar), e incluso avisar con días de antelación para que cuadrara todo.
Aunque, de poner un "pero", seguía sin ver a su padre las veces que querría compartiendo momentos en familia con él, por no hablar de la frialdad que siempre destilaba a la hora de comportarse, actuar y hablar. No sabía exactamente si actuaba como un progenitor, o a veces como una persona desconocida. Desde la desaparición de su madre, su padre había cambiado tanto… nunca había sido el mismo, y parecía que Adrien cargaba con los platos rotos de un hombre frustrado por no tener a su esposa consigo. Demasiado sobreprotegido, enjaulado en su propia casa, sintiéndose solo y lleno hasta arriba de actividades de todo tipo para que estuviera ocupado lo máximo posible, mientras su padre estaba ausente la mayoría del tiempo.
Sin pensarlo dos veces, abrazó a su padre con ímpetu como muestra de agradecimiento y cariño hacia él. Gabriel, sorprendido por el gesto, correspondió el abrazo y escuchaba cómo su hijo murmuraba emocionado "Gracias" sin parar. El hombre dio ligeros golpecitos con la palma de la mano en la espalda del joven. Estuvieron así como un minuto, momento en el que el hijo aprovechaba y disfrutaba del abrazo de su padre, intentando percibir el calor que no le brindaba un familiar desde hacía tiempo.
Nathalie interrumpió el momento familiar, avisando por el interfono del escritorio e informando de que el traje de Adrien estaba en el vestidor, por si quería ponérselo ahora o por si habría que hacerle algún arreglo de última hora. El diseñador se acercó al aparato y respondió afirmativamente, luego salieron ambos del despacho para ir a dicho lugar de la mansión Agreste y para que Adrien se probase el traje que llevaría a su puesta de bandas.
Pasaron las horas velozmente, y ya las agujas del reloj marcaban las seis y media de la tarde. Sólo quedaba una hora para llegar al instituto Françoise Dupont y que empezase la graduación de los tres cursos. Marinette estaba bastante nerviosa, ya se había bañado, ya se había depilado, ya se había secado el pelo y ya se había preparado su traje y accesorios.
Creía que necesitaría un kilo de desodorante de lo tanto que sudaba por las axilas, y los pies también estaban húmedos del sudor. Por mucho que pusiera música de fondo para distender el ambiente, su estado de ánimo era de alteración total. Tampoco ayudaba mucho el que no pudiese dormir del todo bien aquella noche, debido a la confesión de Chat Noir. Nunca pensó que sí la quería de verdad. En realidad, siempre imaginó que todo lo que hacía era para sentirse como un galán, o lo realizaba en forma de broma, de ninguna manera lo habría tomado en serio. Pero… sus sentimientos eran reales, bueno, al menos lo fueron en el pasado. Ahora sólo quedaban unos despojos de amor que él llegó a convertir en amistad sincera para dejar de sufrir.
Sentía tanta lástima y tanta culpabilidad, no lo podía evitar… pero ella no podía corresponder sus sentimientos, seguía amando a Adrien, aunque… no sabía si los sentimientos amorosos de Chat seguían escondidos por ahí, o él ya había asumido que entre ellos dos no habría algo más que simple compañerismo y amistad.
— Marinette, hija, creo que ya va siendo hora de que te vistas —decía Sabine, apareciendo en su habitación.
Sabine vestía con un traje tradicional chino, elegido para celebraciones importantes: el hanfu. Le perteneció a ella cuando era más joven, pero aun así le quedaba fantásticamente. Estaba compuesto por una túnica cruzada con mangas largas y anchas, que era de color blanco con patrones de flores de pétalos finos, hojas delgadas y tallos enroscándose sobre sí mismo de color añil. Los dobladillos de la túnica eran de color celeste y los extremos de añil, así como el cinto. Por último, tenía una falda larga y recta que le llegaba a los tobillos de un azul marino oscuro. Todo el traje se fabricó con seda de buena calidad, ya que se lo dio como regalo su madre.
Apenas se maquilló, sólo usó un delineador azul para enmarcar la mirada y un suave brillo de labios de color salmón. En el pelo tenía una delicada hilera de jazmines en un lateral. Sus pantuflas de satén de color azul marino se escuchaban delicadamente en el suelo, pues se iba acercando a su hija para poder tranquilizarla.
— Sí, si lo sé, mamá… —contaba Marinette, mordiéndose el labio inferior—. No sé si ponerme la ropa primero, luego peinarme y después maquillarme, o…
— Tranquila, cielo, si quieres te ayudo con todo eso y ganaremos tiempo —sonrió su madre, acariciándole el rostro.
— Tengo el discurso aquí —señalaba Marinette a los papeles que tenía encima del escritorio—, pero por más que lo lea, se me traba la lengua… Encima hay que llegar antes de las siete y media al instituto, y… y…
— Cariño, lo harás fenomenal, no te preocupes… Sé que estás nerviosa, pero ya verás que todo saldrá bien —dijo Sabine, dándole a su hija un beso en la mejilla.
— Ay, mamá, creo que me va a dar algo cuando suba al escenario a dar el discurso… —bufó la muchacha, observando cómo su madre miraba los accesorios y el traje de su hija que estaban dispuestos en el diván rosa.
— ¿Pero no estarás con Alya? —preguntó Sabine, cogiendo delicadamente el vestido que fabricó Marinette para la ocasión—. Seguro que ella te tranquiliza…
— Pero no sé… ¡Esto es tan importante para mí!
— Momentai…
En chino, le dijo a Marinette que "dejara de preocuparse", a veces esa palabra se la decía a su hija cuando tenía una ligera crisis, como la que ocurría ahora. Le enseñó, delante de sus ojos, el traje tradicional chino (aunque modificado) que diseñó su hija para su graduación: un qipao. La chica rió débilmente, captando lo que quería hacer su madre, así que se dejó poner el traje con ayuda de ésta.
Le quedaba como un guante, favoreciendo su figura. El color favorito de Marinette, desde siempre, había sido el rosa, así que su qipao no iba a ser menos. Fue confeccionado en seda y bordado a mano, haciéndolo una pieza única y original. Principalmente era de un color rosado amaranto, con un patrón de filigranas ornamentadas en un tono más oscuro. El vestido poseía cuello cerrado y mangas cortas que llegaban por los hombros, coloreados con finos cordeles en rosa bebé. Asimismo, su vestido llegaba por las rodillas y éste se abría por delante, formando una cola en forma de abanico, cambiando el color a un fucsia pálido bastante claro y con patrones de flores de loto de la misma tonalidad pero un poco más oscura. Por la zona de las rodillas donde estaba la abertura del vestido, así como el cuello y el pecho, había unos grandes pétalos de flor de loto de color blanco con los bordes en rosa bebé. Ya para finalizar, el vestido tenía un lazo a la altura del pecho con el mismo color que los cordeles, unas perlas de color malva se situaban en los extremos del lazo, y un broche redondo del mismo color que las perlas con el borde plateado se encontraba en el centro del lazo.
Sabine miró orgullosa la creación de su niña, que se miraba en el espejo de pie que había en su habitación. Le entregó unos zapatos forrados de seda en color rosa bebé, que eran un poco alargados y de punta redondeada, con tacones de cono de altura mediana y disponían de una tira gruesa de seda del mismo color por la zona del empeine. Marinette adquirió unos centímetros de altura y se puso a pasearse por su cuarto para que sus pies se adaptasen al calzado. En menos de tres minutos ya estuvo vestida, con su traje y sus zapatos.
— Te queda perfecto… —la alabó Sabine—. Estás guapísima con el traje. Y esos zapatos son ideales.
— Gracias, mamá —se sonrojó Marinette, cogiendo un mechón de pelo y retorciéndolo entre sus dedos.
— Bueno, siéntate, que te voy cepillar el cabello y hacerte un bonito peinado —dijo sonriente la mujer, cogiendo un peine.
Marinette se sentó en la silla del escritorio y Sabine dispuso todos los accesorios necesarios cerca de la mesa para cepillarle el pelo a su hija y así adornarle el cabello de forma adecuada. En menos de diez minutos, Marinette lucía un precioso moño bajo en forma de triángulo invertido. A los lados de éste, se entrecruzaban unos finos palillos plateados adornados con cintas rosas. En los extremos de los palillos, colgaban unas ristras de pequeñas perlas malvas, que finalizaban en unos broches con diversas flores de diferentes tamaños y tonos de rosa, decorados con filigranas plateadas y perlas de color malva. El flequillo de Marinette se mezcló con el resto de su cabello, pareciendo más fino, compacto y nada suelto, todo bien recogido. Sin embargo, Sabine le dejó dos finos mechones a cada lado de las orejas para darle un aspecto más romántico a su apariencia. Aplicó algo de laca en el pelo para fijarlo todo y ya había terminado de hacerle el peinado a su hija.
— Ahora lo que queda es el maquillaje —decía Sabine mientras su hija miraba el resultado en un espejo de mano, bastante complacida—. ¿Prefieres que lo haga yo o de eso te encargas tú, cielo?
— ¡Sabiiiiiiiine! —se escuchaba a Tom a lo lejos—. ¡Necesito que me ayudes a hacerle el nudo a esta corbata, que me estoy haciendo un lío y casi me ahogo!
— Bueno, parece que papá está en apuros… —reía Marinette por la interrupción, su madre también se aguantaba las ganas de reír por la ocurrencia de su marido—. Será mejor que me encargue yo del maquillaje, ve a ayudar a papá antes de que intente estrangularse por accidente.
— Está bien —asintió Sabine, dándole un beso en la frente a su hija—. Avísanos cuando estés lista, o dime lo que sea y vengo de nuevo aquí para ayudarte.
La madre de Marinette bajó por la trampilla con cuidado y la muchacha resopló una vez que se encontraba sola en su habitación. Tikki estaba en la cama de Marinette, observándolo todo desde arriba y sin moverse, adoptando la forma de un peluche por si la madre sospechaba. Como la chica necesitaba algo de inspiración para poder maquillarse, cambió la música que estaba en su móvil (conectado a un equipo de sonido con altavoces) a por las típicas pistas de audio que se ponían las youtubers dedicadas al maquillaje y las famosas blogueras de belleza.
— Vale, Marinette, ponte en situación —se animaba a sí misma, sacando varias brochas, paletas de sombras, coloretes y barras de labios, entre otros utensilios que le podrían ser de utilidad—. Si vas de rosa, lo normal es que tu maquillaje vaya en ese color… Tampoco quiero recargarme mucho, pero…
— Marinette, si quieres, te puedo ayudar en algo… —decía Tikki desde arriba.
— No es necesario, creo que me las apañaré yo solita —aseguró Marinette, analizando los rasgos de su rostro y mirando las sombras de ojos.
— Bueno, ya sabes que estoy aquí para lo que necesites.
Afortunadamente, no le costó ningún trabajo y pudo maquillarse en unos quince minutos aproximadamente. Se aplicó base de maquillaje en concordancia a su tono y tipo de piel, tenía los párpados maquillados en un rosa ahumado, oscuro en los extremos, intenso en el medio y con puntos de luz de color blanco cerca de los lagrimales. La línea del ojo era fina y estaba pintada en fucsia, y las pestañas se prolongaron gracias a la aplicación del rímel negro. Un poco de colorete rosado en los pómulos y un pintalabios en color rosa oscuro con algo de brillo finalizaban el resultado.
Sólo le faltaba pintarse las uñas y ya habría terminado por fin, así que cogió un esmalte de uñas de color fucsia, se lo aplicó y esperó a que se secase la pintura. Tikki se acercó a su dueña con una cara risueña y entre risitas. Marinette recibió un besito de su kwami en la frente, diciéndole lo hermosa que estaba y dándole palabras de ánimo refiriéndose a la puesta de bandas, pues sabía que Marinette estaba atacada de los nervios. Al parecer, haberse vestido, peinado y maquillado la había tranquilizado en parte.
Pronto tuvo que esconderse pues la trampilla volvió a abrirse, esta vez se asomó Tom por el hueco e iba portando una cámara de fotos entre las manos.
— ¿Y mi princesita guapa, cómo está?
Marinette carcajeó por la ocurrencia de su padre y por la sorpresa de su aparición, mientras Tom hacía fotos de su hija desde la trampilla, dándole igual que saliera riéndose en las fotografías.
— ¡Tom, mejor súbete! —le instó Sabine desde abajo—. ¡Así le haces las fotos a tu hija en condiciones!
— ¡Oh, cierto! ¡No me había dado cuenta! —se percató Tom, poniendo ya los pies en el suelo de la habitación de Marinette.
También subió Sabine al cuarto de su hija y ambos progenitores observaron lo preciosa que estaba. Mientras Sabine abrazaba a su hija con una sonrisa en los labios, Marinette comprobó que el traje de su padre era al más puro estilo occidental: un traje de chaqueta y pantalón de color avellana fabricado en algodón, una camisa blanca y una corbata color chocolate con finas líneas de color blanco dispuestas en diagonal. Se repeinó tanto el cabello como el bigote y se puso unos zapatos color marrón. Un diseño bastante sencillo y formal, pero efectivo para las circunstancias para las que iba.
Él, sin embargo, no dejaba de hacer fotografías a su hija y a su mujer, quería inmortalizarlo todo. Incluso tenía tarjetas de memoria y baterías de recambio, no podía perderse absolutamente nada.
— ¡Pero qué guapa está mi niñaaaaa! —la piropeaba su padre, haciendo fotos como un loco.
— ¡Papá! —las mejillas de Marinette se teñían de carmín—. ¿Quieres sacarme los colores o qué?
— ¡Sí! —afirmaba Tom entre flashes.
Los tres rieron, compartiendo un momento familiar como ese. La joven ya llevaba puesto su miraculous por si a Papillon se le antojaba hacer de las suyas, aunque esperaba que la noche fuese tranquila y no hubiese ningún incidente. Sabine le ofreció a su hija una pulsera adornada con diferentes piedras de cuarzo rosa de diversas tonalidades y tamaños para que completara su atuendo, así que le ayudó a colocársela en la muñeca izquierda.
Tom instó a que se le hicieran a Marinette las fotos de rigor, así que ella estuvo posando en varias zonas de su habitación y de la casa, también con su madre y su padre, o incluso los tres juntos. Faltaban alrededor de unos veinte minutos para que dieran las siete y media, así que acordaron salir de la casa inmediatamente para llegar lo más pronto posible al instituto. Rápidamente, la muchacha subió a su habitación para coger un bolso en forma de flor de loto del mismo color y patrón que el bajo de su vestido para que Tikki se introdujera allí, además de meter su móvil, las llaves, unos pañuelos, el pintalabios y un monedero; sin olvidarse de los papeles del discurso. Cuando vio que no necesitaría nada más, bajó por las escaleras con rapidez y les indicó a sus padres que ya podían irse.
Al poco tiempo, la familia Dupain-Cheng estaba situada enfrente de las puertas del instituto y Marinette se encontró con unos acaramelados Nino y Alya, muy bien peripuestos para la ocasión. Nino no defraudó con el estilo que llevaba, pues prometía que iba a ser de lo más variopinto: camisa amarilla bastante cantosa, pantalón ajustado y chaqueta de color negro, un chaleco de color azul con motivos de burbujas en blanco y azul marino, una gran pajarita roja y unos botines brillantes en azul oscuro. Sus gafas eran ovaladas y de color rojo con dos círculos azules en las patillas. Seguía llevando sus rastas, pero recogidas en una coleta baja con un coletero rojo.
Por otro lado, Alya estaba impresionante, ya no sólo porque su figura era voluptuosa y le quedaba el vestido de escándalo, sino porque éste lo confeccionó Marinette para ella. Su compañera le especificó que quería un traje que le recordase a Ladybug, como a modo de homenaje. El vestido largo que llevaba era de satén rojo, con una abertura amplia más arriba de la rodilla para que se viera su pierna derecha. Se sostenía con un tirante ancho, cubriendo en parte su hombro izquierdo. Unos puntos negros de diferentes tamaños se asomaban en la cadera derecha, en el tirante y en los bajos del vestido. De joyería tenía una pulsera, unos pendientes, un collar y un anillo de mariquitas rojas, con las cadenas de oro. Sus pies estaban adornados con unos zapatos de tacón altos de charol con plataforma, de color rojo en su totalidad y negro en las suelas y las plataformas, así como unas tiras en color negro que se entrecruzaban e iban hasta sus tobillos. Los labios de Alya eran de un rojo intenso al igual que sus uñas, por no decir que sus párpados estaban coloreados de un color granate y con un delineado negro estilo "cat eye". Su pelo estaba suelto, algo ondulado, con unas mechas californianas en castaño claro. Su mirada se enmarcaba con unas gafas angulosas, de color rojo y con puntos negros. Por último, tenía un bolso colocado en el hombro que recordaba al yoyó de Ladybug: redondo, de color rojo con cuatro puntos negros en las esquinas y uno central.
Marinette estaba maravillada, viendo cómo dos de sus mejores amigos iban tan bien arreglados y que se complementaban fenomenalmente, tanto como pareja como en lo conjuntados que iban. El chico de piel morena se apartó del abrazo de su novia cuando divisó a Marinette al pie de las escaleras y les estaba saludando con la mano.
— ¿Pero a quién tenemos aquí? —preguntó Nino, divertido, mientras Alya se giró y se quedó impactada al ver a su mejor amiga.
— ¡AYMADREMÍA, AYMADREMÍA, AYMADREMÍA! —chillaba Alya, bajando rápidamente las escaleras y colgándose al cuello de Marinette, abrazándola fortísimamente—. ¡PERO-QUÉ-GUAPÍSIMA-QUE-ESTÁS! ¡AHHHHHH!
— ¡Benditos sean los ojos! —reía Nino, que se reunió con ellas, y saludó a los padres de Marinette con una breve y ligera inclinación de la cabeza—. Buenas tardes, señor Dupain y señora Cheng.
— Buenas tardes, Nino —contestaron sonrientes.
— Muchachos, os dejamos aquí e iremos al salón para sentarnos en las butacas, ¿vale? —avisó Tom a su hija, que sólo afirmó con la cabeza, y se introdujeron en el interior del instituto.
— ¿¡AY, TÍA, PERO TE HAS VISTO!? —seguía gritando Alya, emocionadísima—. ¡ESTÁS IMPRESIONANTE! ¡PARECES UNA BARBIE!
— Bueno, una Barbie no la veo yo, para eso está Chloé, que es nuestra rubia oxigenada y operada… —comentaba Nino, aprovechando que su novia dejó de abrazar a Marinette para saludarla con un beso en la mejilla.
— Uf, si la hubieses visto… —Alya puso los ojos en blanco y sacó la lengua con asco—. Se rizó el pelo que parecía Ricitos de Oro, e iba con un vestido laaaargo dorado demasiado provocativo, con un escote exagerado por la espalda y por delante para que se le notasen las pechugas, por no hablar de las rajas que tenía en las caderas… Yo creo que no tiene ropa interior puesta. Ella iba dando guerra, pero yo al menos voy insinuando un poquito…
— Jajaja, desde luego. Pero yo estoy encantadísimo con el vestido que le has hecho a Alya, es muy de su estilo. Y yo… más contento y feliz que una perdiz —Nino guiñó un ojo, agarrando la cadera de Alya con sus dedos y ella rió.
— No os emocionéis tan rápido, que os conozco —les advirtió Marinette con el dedo, ya que Nino acarició el trasero de su pareja—. Después de la discoteca ya podréis hacer lo que queráis, que en mi presencia no quiero mirar cosas indecentes…
— Son las hormonas, querida, que a veces no las puedo controlar —Nino se hacía el loco, apretando más el trasero de Alya—. Mi pobre mano se mueve sola, ¿no ves qué traserito más esponjoso tiene mi chica?
— Pues se lo tocas en un hotel o algo —inquirió la chica de pelo oscuro, amenazándolo con la mirada—. Seguro que si estuviesen aquí mismo las hermanas y los padres de Alya… no lo harías en este instante.
— Puede ser, puede ser… Pero mientras… ¡EY, TÍOOOOOO!
Marinette se giraba para saber cuál era la persona que estaba visualizando su compañero, mientras Nino y Alya tenían un rostro de sorpresa, ya que Adrien había llegado y estaba saliendo del coche, junto con Gabriel y Nathalie, y el chófer se disponía a buscar aparcamiento.
La asistente iba con un sobrio vestido de lamé con cuello de corte recto y sin mangas de color negro y unos stilettos negros a juego. En cuanto al diseñador, poseía un traje color crema, camisa blanca, gemelos dorados y una corbata cobriza de satén con estampado de figuras poliédricas. Informó a su hijo de que él y Nathalie irían al Salón de Actos, a lo que el muchacho sólo asintió con un gesto de la cabeza. Ambos saludaron escuetamente a Marinette, Alya y Nino y desaparecieron por la puerta.
La muchacha del vestido rosa se quedó prendada al ver cómo iba vestido su amor platónico: llevaba una preciosa chaqueta y un pantalón de color plateado de un material brillante que no sabría describir, una camisa blanca perfectamente planchada y unos lustrosos zapatos negros que acababan en punta. Tenía un chaleco que era de color azul maya y con estampado de cachemira en un tono más oscuro, así como en las solapas de la chaqueta (que poseía el mismo color y patrón). La camisa y el chaleco estaban adornados con perlas blancas en los botones, y entre el cuello de la camisa destacaba una corbata de seda totalmente lisa y de color celeste. El cabello rubio estaba fijado hacia atrás, aunque algunos mechones caían sobre las orejas. Para qué engañarnos: Adrien estaba demasiado atractivo con ese conjunto.
El joven sonrió de oreja a oreja con unos dientes inmaculados y perfectos, y Marinette creía que le iba a dar un infarto en aquel momento. ¿Por qué no se trajo un abanico? Sentía que se iba a desmayar de lo guapo que estaba, pero tenía que controlarse lo máximo posible para no montar una escenita o algo peor.
— Buenas noches, ¿cómo están ustedes? —preguntó Adrien con los brazos abiertos.
— ¡BIEEEEEEEN! —contestaron al unísono Alya y Nino, él chillando más que ella.
— BROOOOOO, ¿POR QUÉ NO ME HAS DICHO NADAAAAA? —gritando, Nino se acercó a Adrien para chocar las manos—. ¡Pero fíjate! ¡Ay, las pintas que me llevas…!
— Te digo que no lo sabía, de verdad —aseguraba el rubio—. Si ha sido de sorpresa, ni me fui de tiendas, ni nada similar. Tampoco me puedo quejar, creo que me veo bien…
— Retiro lo dicho, Alya, Marinette es Barbie y Adrien es Ken —se cruzó Nino de brazos, mirando de soslayo a Alya y luego volvió su mirada a Adrien—. Ya tenemos a la parejita.
Marinette enrojeció como nunca al escuchar las últimas palabras de Nino. Peor se sintió cuando notó la mirada fija de Adrien en ella y se acercó a saludarla.
— ¡Vaya, Marinette, es un traje precioso! —la elogió el muchacho, sorprendido—. Seguro que lo has hecho tú, ¿verdad?
— ¿Eh? —preguntó Marinette, sintiéndose muy torpe al ver los ojos esmeraldas de Adrien—. Ah, sí, sí… Lo hice yo, por supuesto… Eh… Yo… Esto… Hice el vestido, forré los zapatos… También los palillos los personalicé y me maquillé…
— Pues te felicito, porque parece una obra de arte —la agasajó, dedicándole una sonrisa sincera y pasándole una mano por la espalda a modo de felicitación.
— Niño, deja de ligar por un momento con Marinette y saluda a mi señora —indicó Nino, molestando a conciencia a Marinette, cuyo rostro no sabía qué color adoptar.
Adrien rió por el comentario de Nino y se acercó a Alya, que lo abrazó abruptamente como si fuese su madre mientras chillaba como una chiflada. Exceso de confianza, podría llamarse así, porque a Alya no le importó lo más mínimo que Adrien haya sido educado con rectitud y estrictos modales en su hogar, o fuese un niño rico o un modelo con reputación. Cuando el chico sintió que no podía respirar, ella dejó de abrazarlo pero empezó a silbar.
— ¡Tío bueno! ¡Macizorro! ¡Estás para mojar pan! —lo piropeó de forma descarada la joven de cabello marrón—. Si no tuviera a Nino, ¡te pediría que me hicieras hijos!
— ¡Alya! —se escandalizó Marinette, poniéndose las manos en las mejillas de la vergüenza.
— ¡Pero si es verdad! —Alya volvió a las suyas, ignorando la llamada de atención de su amiga—. ¿No ves que es un bombón este rubiazo de ojos verdes? ¡Enamoraría a cualquiera!
— Estoy totalmente de acuerdo —corroboró Nino—. Creo que hasta atraería a los chicos. Yo ya estoy cuestionándome mi sexualidad…
— Madre mía, Nino, cómo estás hoy —sonreía Adrien, situándose entre la pareja para pasarles un brazo por los hombros—. Y tú, Alya, deberías de hacerle más ojitos a Nino en vez de a mí.
Los tres rieron a carcajadas, mientras Marinette los miraba un tanto distanciada con una pequeña sonrisa. Nino sugirió que deberían de hacerse un par de fotos antes de entrar al Salón de Actos, pues quedaban pocos minutos para que iniciase la celebración. Alya arrebató el bolso de Marinette casi de un zarpazo, ya que dijo que sin bolso saldría mejor la foto, e instó a que se colocara junto con Adrien para que Nino les hiciera una fotografía. Nino llevaba una cámara profesional, la cual estaba adaptando e iba escogiendo el objetivo adecuado y colocando el flash.
Obedeciéndola, los dos se pusieron delante de la puerta del instituto, pero Marinette estaba a veinte centímetros de distancia del chico, con una sonrisa nerviosa y notablemente sonrojada, mirando de soslayo a Adrien (que estaba posando y guiñándoles un ojo a Nino y a Alya) y casi cruzada de brazos, con un dedo índice cerca de la barbilla.
— A ver, señores, arrejúntense un poquito para la foto, hacedme el favor. Cuanto menos remilgados seáis, mucho mejor —les regañó Nino, haciendo un gesto de la mano para que se movieran—. A ver, Marinette, hija de mi vida, pégate más a Adrien que no te va a comer.
— Yo me dejaría comer por Adrien, ¿eh? —dijo la chica del traje rojo con una sonrisita—. Venga, ¡no tenemos toda la tarde!
— Lo… ¡Lo siento! —se disculpó Marinette, dando pequeños pasos laterales y chocó sin querer con el rubio, avergonzada—. Deben de ser los nervios, ya sabéis… el discurso y tal…
— Lo harás genial —la alentó Adrien, contento—. Juntémonos un poquito más. ¿No te importa que coloque una mano en tu cintura?
— ¿Ah? N-Nooooo, para nada… Todo bieeeeen… Jijiji —Marinette parecía que le iba a dar un ataque de pánico.
— Adrien, liga con Marinette en la discoteca, no ahora, que hay que ponerse serios —decía Nino con guasa, ajustando el objetivo de la cámara.
— Habló el que dice que cuestiona su sexualidad gracias a mí —se burló Adrien mientras él y Marinette posaban como indicó el joven Agreste.
Nino les hizo un gesto con el dedo y les dijo que ya iba a hacer la foto. Marinette pudo sentir la cálida mano izquierda de Adrien en su cintura, casi a la altura de la cadera, su cuerpo estaba casi de perfil y su rodilla ligeramente inclinada, pero su rostro miraba al objetivo con una sonrisa tímida. Por otro lado, Adrien estaba de frente, con la mano sobrante cogiendo la solapa de su chaqueta, inclinando un poco la cabeza hacia Marinette con expresión dulce y la boca un poco abierta.
Después de tres flashes seguidos, Nino y Alya posaron (le dejó el bolso a Marinette, mientras que Adrien tomó entre sus manos la cámara de su amigo). Alya adaptó la primera pose de Marinette, sólo que mostró una pierna doblando un poco la rodilla, tocó con su mano derecha su labio inferior y con la izquierda agarró su propia cintura. Nino tuvo una pose más desenfadada, colocando una de las manos en el bolsillo de su pantalón y la otra entrelazando su mano con la de Alya por detrás, tocando casi la cintura de su novia. Ambos estaban muy sonrientes y se guiñaron un ojo cómplice el uno al otro. Con esa pose, Adrien les hizo una foto aunque no mirasen a la cámara, y luego la misma pose pero mirando al objetivo.
Seguidamente, las chicas posaron juntas, y después los chicos. Por último, les quedaba un selfie, haciéndose una foto los cuatro. Una vez que ya estuvieron satisfechos con los resultados y cómo aparecían en las fotografías, fueron corriendo al Salón de Actos, pues casi todo el mundo ya estaba allí.
Iban averiguando dónde estaban sus asientos mientras saludaban a sus compañeros. Marinette recordó que tenía que sentarse entre Juleka y Mylène, así que se colocó entre ellas posicionándose en su butaca. Juleka iba con un vestido largo estilo gótico de color negro con mucho encaje, sus manos estaban cubiertas por unos finos guantes negros de encaje que le llegaban a los codos, se hizo una corona de rosas negras para adornar la cabeza, y su rostro tenía un maquillaje bastante sombrío. Mylène, por el contrario, era un torbellino de colores: se alisó el cabello y se puso mechas azules y rosas, iba con un vestido marrón estampado de mandalas de diversos colores y tamaños, con unos pendientes de aro gigantes con los colores del arcoíris y unas cuñas adornadas con margaritas.
— ¡Marinette, estás preciosa! —dijo Mylène, dándole un beso en la mejilla a su compañera.
— Sí, estás genial —comentó Juleka, arqueando hacia arriba las comisuras de su boca.
— Gracias, chicas —masculló Marinette con timidez—. Vosotras sí que estáis guapísimas.
Sacó del bolso los papeles del discurso, revisando el texto con avidez y leyéndolo a toda velocidad, intentando no distraerse con las conversaciones que tenían sus compañeros a su alrededor. La sala estaba a rebosar, era grandísima: tenía las paredes en madera de roble, así como el suelo, más de setenta y cinco filas de butacas de color rojo aterciopelado, unos grandes altavoces en las cuatro esquinas de la estancia, por no hablar del escenario, que imponía mucho.
Las luces del techo empezaban a atenuarse, así que Marinette tuvo que dejar de leer. En una esquina del escenario aparecieron el director y los tres tutores encargados de los cursos que se iban a graduar. La profesora responsable de dirigir el curso de Marinette estaba preciosa, con un vestido blanco que le llegaba por las rodillas y unas sandalias con tacón alto, aunque iba con un maquillaje discreto y con el pelo suelto. El público aplaudió entusiasmado, sacando ya las cámaras de vídeo o fotográficas, además de sus smartphones, ya sea para grabar o hacer fotografías.
Primero empezó a hablar Damocles, dando la bienvenida a los presentes y presentando a los tutores de los cursos, además de felicitar a los alumnos que se iban a graduar. Su discurso no tomó más de media hora, en el que comentaba la trayectoria y los valores del instituto, lo orgulloso que se sentía del alumnado por haber ganado algunos campeonatos realizados en actividades extraescolares, entre otros temas que él consideraba de interés. Cuando terminó, le cedió la palabra a Colette Flament, que se acercó al atril en donde estaba antes hablando el director. Dijo lo satisfecha que estaba de sus alumnos, los progresos que habían tenido a lo largo de los años y los alentó a que siguieran sus sueños y persiguieran sus objetivos, para llegar a ser los adultos del mañana que esperaba la sociedad con los brazos abiertos.
La clase de Marinette prorrumpió en aplausos una vez que su tutora terminó su discurso, y tuvieron que escuchar los comentarios de los demás tutores de las otras clases. Cuando terminaron, el señor Damocles llamó a Alya y a Marinette a que subieran al escenario, fue entonces cuando ella sintió un escalofrío y notó que sus piernas parecían de gelatina. Sin embargo, las compañeras que estaban a su lado cogieron sus manos, apretándolas para darle ánimos y fuerzas. Agradeció el gesto con una sonrisa y se inclinó hacia adelante, pudiendo mirar a Alya que ya se estaba levantando.
Se levantó de su asiento y se reunió con su mejor amiga, que tenía los papeles del discurso y un pen drive de color verde en la mano, donde allí guardaba el montaje que hizo Nino para ponerlo en el proyector. Alya dejó que Marinette subiera primero por las escaleras y la siguió, ambas encontrándose en la tarima, solas, frente a un público que esperaba expectante las palabras que iban a decir. Divisó a sus padres a lo lejos, que la miraban muy ilusionados y su padre estaba grabando con la cámara. Luego a sus compañeros, cada uno con una expresión diferente. Nino filmaba, haciéndoles un gesto de aprobación con la mano a las dos. Y por último, fijó su vista en Adrien, que le guiñó un ojo y mostró una amplia sonrisa.
Marinette suspiró y, tomando aire y recibiendo una caricia suave en la espalda por parte de su amiga, comenzó el discurso junto con Alya. El tiempo pasó volando de forma muy amena cuando comentaban cosas y anécdotas del instituto, algún que otro chiste, comentarios de sus experiencias propias y las de sus compañeros, o hablando con emoción o seriedad según el contexto mientras avanzaba la charla. Finalizaron el discurso entre vítores del público y, seguidamente, pusieron el vídeo que montó Nino.
Escenas y fotografías sucedían en él con diferentes estilos visuales, mientras que de fondo sonaba una selección, que hizo el aspirante a DJ, de bandas sonoras de películas. Se veían excursiones y exposiciones con el grupo, salidas con los compañeros en un ambiente distendido fuera de las aulas (ya sea en el cine, en la discoteca, en una cafetería u otros lugares de ocio), y apoyándose cuando alguno de ellos iba a competiciones o concursos: Adrien en esgrima, Kim en atletismo, Max en un certamen de robótica… Nathaniel enseñaba sus dibujos premiados, o Marinette posaba junto con algunos de los diseños que realizó. Cada alumno aportó algo de lo que se sentía orgulloso y, por supuesto, aparecía en el montaje. El vídeo se acabó con la voz en off de Nino hablando sobre el poder de la amistad y el compañerismo, sobre la capacidad de esforzarse uno mismo y que nunca uno se debe rendir.
La gente se levantó de las butacas, aplaudiendo sonoramente, también Marinette y Alya se unieron a ello. Después de un rato, Damocles se acercó a las chicas, dándoles la enhorabuena por el discurso y les instó a que se bajaran para que la siguiente pareja de la otra clase subiera al escenario. Ambas amigas se dieron un afectuoso abrazo y descendieron por las escaleras a sentarse en sus asientos. Marinette oyó las felicitaciones de los compañeros que tenía más cerca, pero ella sólo sonrió con timidez. Casi se desplomó en la butaca y sintió que se desinflaba, después de toda la tensión que había acumulado. Sólo quedaba que la llamasen de nuevo para ponerse la banda y recibir el diploma, esperar que todos recibieran lo mismo y ya se daría por concluida la celebración.
Más minutos pasaron con las presentaciones de los otros dos grupos, hasta que se dieron por finalizados ambos discursos, así que apareció de nuevo el señor Damocles y los tres tutores. En una mesa larga, al fondo del escenario, estaban los diplomas por un lado (clasificados por cursos) y las bandas por otro, que eran de un color blanco con los bordes en rojo. El director se subió de nuevo al atril, informando de que llamarían a los alumnos, uno por uno en orden alfabético, a que se les entregaran tanto la banda como el diploma. Puntualizó también que los familiares o allegados se podrían acercar para echarles una foto.
— ¡Agreste, Adrien! —exclamó Damocles, sonando su voz amplificada gracias al micrófono y que resonaba en los altavoces.
El muchacho se levantó y se dirigió a la tarima, escuchando los aplausos de la gente. Colette le dio un beso en la mejilla, colocándole sobre los hombros aquella cinta blanca, y luego el señor Damocles le entregó el diploma que indicaba en qué año comenzó y finalizó la promoción de su curso. Adrien miró al público de frente con una sonrisa ideal y su tan llamativo guardaespaldas —el cual llamaba "Gorilla" cariñosamente— estaba delante de él echándole fotos.
— Ay… Es tan guapo… —susurró Marinette con ojos risueños.
— ¡Bourgeois, Chloé!
Una estirada Chloé subió con altanería al escenario y, aunque Marinette no le prestó mucha atención cuando estaba diciendo el discurso, pudo verla con más claridad y detalle: su pelo rubio hasta la cintura tenía unos rizos perfectos, el vestido de lentejuelas dorado era tan largo que apenas se veían sus zapatos, éste tenía unas grandes aberturas en las caderas insinuando que no poseía ropa interior, enseñando un gran escote de pico en la zona del pecho para lucir su aumento de busto (que recibió como regalo de su decimoctavo cumpleaños), teniendo así la talla 100. Una sonrisa falsa se vio entre sus labios, con un maquillaje bastante recargado y muy típico en ella.
— ¡Bruel, Iván!
El chico corpulento —que podría hacerle competencia al guardaespaldas de Adrien— se acercó al escenario con cara seria. Su atuendo consistía en un sencillo traje negro de chaqueta y pantalón, camisa marrón y corbata negra con un pequeño adorno plateado en forma de calavera. Con torpeza recibió el diploma y la banda casi le quedaba pequeña.
— ¡Césaire, Alya!
El padre de Alya se acercó a donde estaba su hija para hacerle fotos, una vez que le entregaron la banda y el diploma. Ella estaba radiante y hacía algunos gestos coquetos a la cámara. Se podía escuchar a sus hermanitas gemelas gritar su nombre, muy emocionadas. Nino, como no podía ser de otra manera, también le hacía fotografías y la piropeaba.
— ¡Couffaine, Juleka!
Su hermano mayor, Luka, fotografió a su hermana con su teléfono móvil cuatro veces: cuando subía, cuando recibía la banda y otra recibiendo el diploma, y la final con ambas cosas ya puestas. Juleka tuvo que hacer un sobresfuerzo enorme para ofrecer una amplia sonrisa con sus labios pintados de negro, su expresión parecía casi cómica.
— ¡Dupain-Cheng, Marinette!
Como si el asiento tuviera pinchos, Marinette volvió a subir al escenario con rapidez, cuidando de no tropezarse. Su tutora Colette le puso la banda con delicadeza y le dio un beso en la mejilla, mientras le susurraba un "Enhorabuena" a su alumna. Marinette le dio un beso de vuelta y luego se dirigió a donde estaba el señor Damocles, que la felicitó con sinceridad y le entregó el diploma. Su padre ya estaba con la cámara en mano para hacerle fotografías a su niña, y ella sólo sonreía mientras él le tomaba fotos. Algunos de sus compañeros también quisieron inmortalizar el momento, no por nada era la delegada y una de las alumnas más brillantes de su clase. Sintió que sus mejillas se teñían de rojo cuando Adrien sacó su iPhone para tomarle una foto.
— ¡Haprèle, Mylène!
Marinette bajaba por el otro tramo de escalera, viendo cómo su compañera subía a la tarima y recibía ambos objetos dados por la tutora y el director con una sonrisa bonachona, y le tomaban fotos su novio y su padre. Tom volvió a su asiento, no sin antes felicitar a su pequeña por el discurso y porque ya se había graduado.
— ¡Kanté, Max!
Ajustándose las gafas, Max se presentó con un traje verde botella, una camisa blanca a cuadros azul oscuro, con tirantes y pajarita a juego del mismo color que su traje. Orgulloso, mostró su diploma ante los presentes, ya que había recibido buenísimas calificaciones y se había esforzado mucho para llegar a lo más alto.
— ¡Kubdel, Alix!
Alix era la única chica que iba vestida con pantalón de vestir en vez de falda o vestido. Tenía ambos lados de la cabeza casi rapados, dejando en el centro de ésta un largo mechón de pelo rosa. El pantalón era negro, ajustándose bastante a su silueta, tenía una chaqueta negra con los bordes en verde y, en vez de llevar una camisa, tenía un bustier negro con encaje que se adaptaba a su pecho y le dejaba el ombligo al aire. Iba masculina y femenina a la vez, esa combinación casaba con ella totalmente.
— ¡Kurtzberg, Nathaniel!
Nathaniel era uno de los chicos que se había dejado el pelo largo, junto con Adrien y Nino (por ese orden). Recogió el diploma y la banda con una sonrisa tímida, su traje era azul cobalto, con una camisa blanca y una fina cinta roja a modo de corbata que lo hacía verse muy sencillo y humilde.
— ¡Lahiffe, Nino!
No hacía falta decir que Nino subió con todo su buen humor al escenario y empezaba a hacer expresiones graciosas cuando le hacían fotos con el diploma en las manos y la banda puesta en su hombro. Aunque a Alya le gustasen ese tipo de conductas en su novio, le dijo que tuviera un rostro más normal para hacerle una foto más seria para conmemorar ese momento con una instantánea.
— ¡Lavillant, Rose!
Típico de ella, Rose iba vestida de rosa palo con un vestido que le llegaba por las rodillas y fabricado con un tul bastante vaporoso. Todo su conjunto, desde los zapatos hasta sus accesorios, parecía inspirado en un espectáculo de ballet, su cabello recogido en un moño alto la hacía parecer más etérea aún.
— ¡Lê, Kim Chiến!
Kim destacaba con su llamativo traje de color rojo granate, aunque su camisa y cortaba eran blancas. Su peinado se asemejaba al de los futbolistas más famosos del mundo que jugaban este año, sobre todo para ir a la moda (y, además, él era el más chulito de la clase).
— ¡Raincomprix, Sabrina!
La última que quedaba por graduarse, Sabrina, subió a la tarima un tanto nerviosa. El estilo de su vestido recordaba al estilo de los años 80, de color morado con puntos blancos, con unos guantes hasta la muñeca en blanco, así como su cinturón, sus zapatos y el pañuelo que tenía en la cabeza a modo de diadema.
Una vez que estuvieron graduados los compañeros de su curso, les tocaba a los otros, por lo que tendrían que esperar más tiempo hasta que se acabara la ceremonia de graduación. Marinette pudo ver a otros alumnos recibiendo sendos objetos, como Lila o Kagami, vestidas tan dispares para aquel momento.
Mientras Lila tenía su largo pelo castaño totalmente alisado, con un vestido ceñido de color naranja y chocolate de rayas verticales con escote palabra de honor y con unos altos zapatos de tacón negros, Kagami mostraba un kimono ceremonial de color rojo, negro y morado, con sandalias a juego y con un recogido muy japonés adornado de horquillas de los mismos colores que su traje.
Y después de unos largos minutos con llamadas a los estudiantes que subían y bajaban del escenario, dio por concluida la puesta de bandas de los alumnos de último curso, finalizando así el señor Damocles con un pequeño refrán motivador para los chicos. Todo el curso de Marinette subió a la tarima para posar en grupo con las bandas puestas para que les hicieran fotografías a todos, mientras el público les aplaudía.
— Has estado fantástica, cariño —la abrazaba Sabine, una vez que ya se encontraba su hija en la zona de las butacas y algunos alumnos con sus familias salían del instituto—. ¿Ves por qué no tenías que preocuparte?
— El discurso ha estado de diez —dijo Tom, atusándose el bigote—. Alya y tú siempre hacéis un buen equipo en cualquier cosa que os proponéis. ¡Y… las fotos me han salido estupendas!
— Tu padre quiso enviarle a tu abuela Gina algunas fotos —rió por lo bajo su madre, mientras que Marinette recibía el abrazo de su padre.
— ¡Papá! —protestó Marinette.
— La impaciencia me pudo, pastelito —se encogió de hombros Tom a la vez que mostraba una sonrisita.
La familia Dupain-Cheng rió y decidieron que era hora de irse, pues dentro de poco sería la cena de graduación en el hotel Le Grand Paris. A Marinette no le hacía mucha gracia que Chloé se llevase el protagonismo, pero al menos las dimensiones del hotel eran buenas para la gran mayoría de los comensales que habían hecho la reserva para esa noche. Salieron a la calle y la chica le dio una última mirada a la fachada del instituto con algo de melancolía, sabiendo que añoraría esos fantásticos años con sus compañeros. Su padre le colocó una mano reconfortante en el hombro, comprendiendo los sentimientos que tenía su hija en ese momento y avisándole de que se tendrían que marchar ya para no llegar tarde. Ella sólo asintió con la cabeza, quitando una lágrima rebelde que había empapado ligeramente su mejilla.
No tardaron en llegar al hotel, que estaba decorado en color blanco y rojo, tal y como era la bandera del instituto que había en el exterior, así como las bandas de graduación que tenían en los hombros. Pancartas decorativas, cortinas, luces colgantes, globos, serpentinas que caían, lazos y flores de estos dos colores inundaban las tres salas dedicadas a la cena de graduación. Estaban invitados los tres cursos con sus familias, el profesorado y tutores correspondientes, y no podía faltar el director.
La familia de Marinette coincidió con la de Alya y la de Alix en una gran mesa redonda, cuyo mantel era rojo con los bordes en blanco. Las sillas eran cómodas, revestidas de una tela muy suave de color carmesí. Los cubiertos eran de plata, acompañados de platos de porcelana y cristalería de alta calidad. En el centro de la mesa, había un jarrón blanco lleno de rosas rojas y blancas. Las otras mesas tenían las mismas dimensiones, mezclando a varias familias, pero con los colores invertidos según estaban colocadas las mesas.
Qué casualidad que Chloé estaba con Adrien y Sabrina en la misma mesa… pero era de esperarse, seguramente fuera ella quien decidió las posiciones de cada quién. Al poco tiempo, una larga fila de camareros vestidos de smoking blanco llegaba con bandejas llenas de aperitivos variados, preguntando además qué querían de beber los comensales. Tom pidió un vino de los viñedos de Borgoña, mientras que su esposa y su hija eligieron agua. Los padres hablaban de temas variados, el hermano de Alix estaba consultando algo en el móvil sobre su próximo viaje a Egipto y las chicas intentaban entretener a las hermanas de Alya, pues estaban algo revoltosas y no les hacía mucha ilusión estar sentadas demasiado tiempo en las sillas, lo único que querían era jugar.
— Pequeñajas —las amenazó Alya con el dedo, lanzando miradas asesinas a Etta y Ella—, como se os ocurra molestar a los camareros o ir por debajo de las mesas a fastidiar a los demás, os llevaréis un buen castigo, ¿me habéis oído?
— ¿Es necesario que seas tan drástica con ellas, Alya? —preguntó Alix, rascándose la barbilla y mirando a las niñas, que adoptaban una pose aparentemente angelical—. Son niñas, después de todo yo me comportaría como ellas a su edad…
— Tú no las conoces bien, Alix —puso los ojos en blanco la hermana mayor de las gemelas—. Aún recuerdo el día en que ellas se empecinaron en ir a un parque de atracciones nuevo y no veas el follón que armaron.
— Así que os gusta la juerga, ¿eh? —mientras decía esto, Alix le daba cosquillas a Etta.
— Lástima que ellas no estén invitadas a la nuestra —comentó con malicia Alya y Ella hizo un puchero.
— Jooo, ¡no es justo! —chilló Ella, Etta le daba la razón a su hermanita—. ¡Nosotras también queremos!
— Pero es una fiesta de mayores, no podéis venir —intentó razonar con ellas Marinette—. Además, es sólo para los compañeros que nos hemos graduado. ¡Algún día vosotras también tendréis una fiesta tan chula como la nuestra!
— Vaaale —dijeron al unísono las gemelas, temblándoles el labio y resignándose.
— ¡Vamos, a sentarse ya! ¡Que los camareros nos traen el primer plato! —les instó a que se colocaran en las sillas su madre.
No podían quejarse del menú que ofreció Chloé, pues tanto el primer plato, como el segundo y el postre eran una auténtica delicia para el paladar. De por sí entraban por los ojos debido a su presentación, degustándolos daba la sensación de que se encontraban en el cielo. A su pesar, las tres chicas tuvieron que admitir que la cena estaba riquísima y que mereció la pena pagar por ella a pesar del elevado precio. A sus padres, de igual manera, les agradó el contenido de los platos y cómo estaban presentados de una forma tan magnífica.
Con un gesto de orgullo, Chloé se levantó del asiento cogiendo una copa de champagne y dándole toquecitos con un tenedor mientras se aclaraba exageradamente la garganta para que le prestaran atención. Una vez que la sala estuvo en silencio, comenzó a hablar.
— ¡Gracias a todos por venir! ¡Es un honor para mí y para mi papaíto poder celebrar nuestra cena de graduación en el hotel Le Grand Paris!
Ella empezó a aplaudir, seguida de su padre y al final todos estaban aplaudiendo, unos obligados y otros con entusiasmo. La rubia mostraba una gran sonrisa con una dentadura blanquísima. Después de los aplausos, continuó, pero alzaba la misma copa con la que llamó la atención hacía unos segundos.
— Propongo un brindis por todos los alumnos que se han graduado hoy. Así que, si sois tan amables, ¿podríais alzar vuestras copas?
— Me sorprende escuchar ese "si sois tan amables" en boca de esa arpía —susurró Alix, mientras que Alya y Marinette se aguantaban la risa.
— ¿No ves que está de anfitriona? —murmuró Alya, poniendo la mirada en blanco algo irritada—. Pero ya verás cómo esa amabilidad le durará poco. Me lo veo venir…
— ¡Por nosotros! —Chloé alzó su copa aún más alto, arqueando sus labios, que estaban pintados en dorado, tan arriba como le fue posible.
— Chicas, ¿queréis dejar de cuchichear y levantar los vasos? —las avisó Jalil, el hermano de Alix, que ya tenía su copa levantada.
A regañadientes y con desgana, las tres tenían sus vasos levantados mientras decían "¡Por nosotros!" aunque la parte divertida era chocar los vasos de unos y otros mientras decían "chinchín" y tragaban el contenido de las copas, que era de lo más variopinto: Alix una cerveza, Alya champagne y Marinette agua. Luego de esto, Chloé aburrió con un discurso que, sobre todo, halagaba a su propia persona y decía lo buenísima que era, por no decir que también lisonjeaba demasiado al director y al profesorado que estaba presente. Era un secreto a voces que Chloé los coaccionó para que le aprobasen todas las materias, y que pasasen de largo cuando Sabrina era la que le hacía los deberes y trabajos varios que se enviaban en clase.
Que te amenacen con desprestigiarte o echarte de tu trabajo gracias al alcalde de París no es que sea lo más bonito precisamente, y más que lo hiciera una niña mimada de papá como lo era Chloé. Realmente, no tenía ningún talento destacable y no le importaban para nada los estudios, todo lo conseguía a golpe de contactos y de su padre.
La cena acabó, pero aun así seguían en la sala, aunque los alumnos dejaron las mesas para hacer algunos corrillos debido a que en breve se irían a una discoteca a celebrar adecuadamente (como debía de ser) su graduación, entre música, bailes, cotilleos y bebidas.
— A ver, yo no quiero problemas de ningún tipo si a alguien se le ha olvidado su entrada con su consumición, yo aviso —decía Kim, sacando su ticket con desesperación.
— Las tenemos, no te preocupes —dijo Max con voz calmada—. Has sido muy cansino con el tema de la discoteca durante mucho tiempo, ¡creo que desde principio de curso!
— ¡Porque ahí SÍ que se va a celebrar nuestra graduación como Dios manda! —exclamó Kim, haciendo aspavientos con el dedo índice.
— Si tú lo dices… —murmuró Max, encogiéndose de hombros—. Yo no necesito emborracharme para pasármelo bien…
— A ver, levantad la mano los que tengáis los tickets, antes de irme a las otras dos salas para avisar a los cursos —decía Kim, viendo cómo todos levantaban la mano mostrando los boletos—. De acuerdo, entonces me voy para allá y vuelvo en un momento.
Mientras Kim se iba a las salas colindantes, el padre de Adrien se acercó al grupo con cierto aire misterioso y algo severo. Gabriel le dio un pequeño toque al hombro de su hijo para que éste se girara, el muchacho intentaba averiguar qué le quería decir su padre, que volvió a adoptar la misma expresión de poca ilusión en el rostro, cuando en la puesta de bandas y en la cena se lo veía normal, orgulloso e incluso hasta feliz. Se apartaron del grupo para poder hablar ellos dos.
— Adrien, ¿sobre qué hora piensas venir a casa?
— ¡Ah…! —el joven Agreste abrió mucho los ojos, pero algo aliviado por la pregunta—. Pues si dentro de poco darán las once de la noche, mientras que vamos a la discoteca y luego cierre… Quizás esté en casa para las cuatro o las cinco de la madrugada, no lo sé realmente… ¿Por qué?
— Mmmm… No me agrada demasiado que vengas tan tarde. Mucho menos que vayas por esas calles sobre esas horas para regresar a la mansión —negaba Gabriel con la cabeza, ligeramente molesto.
— Padre, no voy a molestar a Gori… —Adrien carraspeó al darse cuenta de que al conductor personal de la familia lo iba a llamar por el mote que le asignó—. Digo, no voy a molestar al chófer a altas horas de la madrugada para que me recoja. Ni siquiera quiero avisar a Nathalie. Bastante tienen ya de llevarme a los sitios y organizarme la agenda. Confía en mí, puedo solo… Incluso puedo pedir a alguien que me acompañe, si quieres quedarte tranquilo.
— Nunca has venido tan tarde, lo sabes, ¿verdad? —decía entre dientes el diseñador—. ¡Como mucho te he dejado en tus salidas hasta las una y media de la madrugada!
— Sí, y lo sé, pero… esto es especial. Por favor, compréndelo —le rogaba el rubio con voz suave—. Aceptaste que fuera a la discoteca hoy, no me dejes quedar mal delante de mis compañeros. Siempre he sido el que se iba primero de todas las salidas…
— ¿Es que acaso no entiendes que lo hago por tu seguridad? —Gabriel se repeinó con la mano, algo nervioso—. La gente sabe que eres modelo, pueden robarte, secuestrarte o…
— Sé defenderme, padre, para algo hice esgrima —le espetó su hijo.
— Señor Agreste —se acercó a ellos Nathalie, agarrando su bolso negro con ambas manos—, en breve debemos irnos. Mañana tiene que trabajar y no sería oportuno que nos quedemos tan tarde aquí.
— Está bien —asintió Gabriel—. Bueno, Adrien, ya sabes que no te quiero demasiado tarde en casa.
— Quiero que confíes en mí, soy bastante responsable —insistió Adrien, sosteniendo la mirada de su padre casi con desafío—. Tengo dieciocho años y sé lo que me hago, así que déjame que vaya a casa a la hora que yo crea que es más conveniente para mí.
El diseñador parecía que le iba a dar un dolor de cabeza en ese momento, pues colocó varios dedos en la sien mientras cerraba los ojos con algo de hastío. Si no quería montar un numerito delante de todo el mundo, tendría que ceder en la petición de su hijo. Se había dado cuenta, hacía mucho tiempo, de que Adrien ya era un hombre, aunque jovencísimo y sin apenas experiencias de la vida, pero era verdad que su hijo era un chico responsable que siempre lo hacía todo casi sin rechistar y que le obedecía en todo. Reconocía que esto de la paternidad a veces le llegaba demasiado grande y que, sin su esposa, era bastante difícil poder abarcarlo todo.
Así que suspiró y soltó por su boca un "De acuerdo" con muchísima desgana. El rubio musitó un "Gracias" antes de que su padre le dijera que se marchaba junto con Nathalie y el chófer a la mansión Agreste. Qué poco le gustaba a Adrien discutir con su padre sobre este tipo de cosas, como las salidas, los permisos y demás… Nino se acercó a su mejor amigo y le dio un abrazo dándole palmadas en la espalda, pues había visto toda la escena desde la distancia.
— Joder, tío, menuda tensión, ¿no? —preguntó Nino, todavía abrazado a él.
— Y que lo digas… —Adrien soltó aire por la boca con pesadez, agradecido por el apoyo de Nino.
— Bueno, ya está, ya pasó… —decía el chico de las rastas, dejando de abrazar al rubio—. Ahora te quiero a tope, a darlo todo en la pista, ¿me has escuchado?
— Sí… —asintió el joven Agreste, poniendo los ojos en blanco.
— Y si te ligas a una linda señorita, mejor que mejor… —dijo Nino con un tono muy pillín.
— ¡Nino!
Ambos rieron y se reunieron con el grupo. Kim llegó a los pocos minutos, diciéndoles a sus compañeros cuántas personas irían en total a la discoteca, porque algunos alumnos de los otros cursos se irían a sus casas o tendrían otros planes diferentes. Así que una vez que volvieron a revisarlo todo, decidieron salir a la calle, pero antes despidiendo a sus familiares y avisándoles a qué hora, más o menos, regresarían a sus hogares.
La discoteca no estaba muy lejos del hotel, sólo a unos quince minutos andando, por lo que se hacía ameno caminar por las calles mientras hablaban de sus cosas. El aspirante a atleta olímpico iba primero, ya que tendría que informar a los responsables de la discoteca sobre la reserva que hizo para hoy y cuántas personas entrarían. Como algunos no sabían dónde estaba el local, Kim hacía el trabajo de guiarles y comentarles cómo era la discoteca por dentro, la gran variedad de bebidas y combinados que se podrían consumir, la gente que trabajaba allí, el tipo de música que solían poner, entre otros detalles.
En un santiamén llegaron y se adentraron en el recinto, que era algo amplio y compuesto de dos pisos abiertos donde se podía ver la pista de baile sin problemas desde cualquier ángulo, y se podía acceder tanto al piso de abajo como al de arriba por las cuatro escaleras situadas en las esquinas del local. Las paredes eran negras y el suelo de madera de color oscuro, revestido con unas placas de cristal con iluminación por dentro de diversos colores. Había muchos sofás y sillones de color blanco, marrón y negro, así que había sitio de sobra para sentarse y relajarse, y algunos de estos tenían mesas de cristal para colocar las bebidas. La mesa de mezclas del DJ estaba entre el piso de abajo y el de arriba, más o menos a la mitad. Y, para muchos, el elemento importante era la barra, que era alargada y metálica, teniendo al fondo un sinfín de bebidas y con unos taburetes modernos en color negro y blanco.
Los porteros de la discoteca iban pidiendo tanto las entradas como los carnets de identidad para corroborar que no eran menores de edad. Asimismo, también instaban a que los chicos dejaran sus chaquetas y las chicas sus bolsos o alguna prenda en los percheros que había disponibles. Rápidamente, chicos y chicas iban situándose en sus sitios preferidos para sentarse y charlar cómodamente, o empezar a consumir sus bebidas. A decir verdad, la barra del bar estaba bastante llena por las peticiones de combinados y alcohol.
— Un refresco de cola, por favor —pidió Adrien al encargado de la discoteca, que iba sirviendo copas.
— Un daiquiri marchando —dijo Nino, alzando un dedo.
— Cuando puedas, ¿puedes ponerme un Sprite? —solicitó Marinette con algo de timidez, cerca de Adrien.
— Para mí un Martini con 7Up —decía Alya, agarrada al cuello de Nino por detrás, casi asustándolo.
Marinette y Adrien, de las veces que habían salido juntos con Alya y Nino o con los compañeros de clase, habían descubierto que eran los únicos (a excepción de Max) que no bebían bebidas alcohólicas, por lo que eran abstemios. La muchacha decía que no le gustaba el sabor del alcohol y que, evidentemente, no necesitaba consumirlo para divertirse, apuntando que sería una locura emborracharse si no sería capaz de controlar cuánta cantidad tomaría y no acordarse de lo que ocurriría después. En el caso de Adrien, el no consumir alcohol se debía a que tenía demasiadas calorías y se le estaba prohibido por la estricta dieta que tenía, aunque también admitía que no le agradaba demasiado beber bebidas alcohólicas. Así que, en resumidas cuentas, estaban en el mismo barco en relación a este tema.
Una noche tuvieron que soportar a Nino y a Alya comportándose de una forma excesivamente fogosa, llevaban unas copas de más en el cuerpo y se devoraban el uno al otro delante de ellos dos. Qué vergüenza pasaron, y eso que sólo estuvieron los cuatro en un pub, así que Adrien y Marinette tuvieron que ingeniárselas para ignorar dicho espectáculo. Cuando combinabas la mezcla de Nino, Alya y exceso de alcohol, ya tenías una ecuación matemática que resolver.
La chica de tez oscura tiró del brazo de su mejor amiga cuando consiguieron sus bebidas y la arrastró a uno de los sofás, mientras que Nino y Adrien las observaban con las copas en las manos.
— ¡Qué sexy que está, por favor! —emitió un gruñido juguetón Nino, refiriéndose a su novia.
— Ya sabes, agradéceselo a Marinette, que fue ella quien le hizo el traje…—decía Adrien, bebiendo un trago.
— Buah, ya te digo, chaval… —Nino lo imitó, bebiendo también—. Aunque… Marinette está para comérsela también, ¿eh?
— Madre mía, Nino —Adrien puso los ojos en blanco—. ¿No tienes ya a Alya?
— Sí, sí… Pero… Yo no iba por ahí precisamente… —el moreno movía las cejas de arriba abajo con rapidez mientras miraba de reojo a Adrien.
— Pfff —suspiró Adrien, dejando la copa en la barra—. ¿Ya estamos de nuevo? ¿Por qué, últimamente, os está dando por querer juntarnos a Marinette y a mí? ¿No veis que a la pobre le va a dar un patatús algún día de estos como sigáis así?
— ¿Es que acaso no te gusta Marinette? —preguntó Nino, dándole un pequeño codazo a su amigo con una gran sonrisa.
— Emmm…
— Esa no es respuesta, tío —negaba con la cabeza Nino—. O sí, o no. Ya puedes darme una respuesta convincente. Nada de medias tintas.
— Es que… Yo… Nino, ya sabes que a mí… Marinette es mi mejor amiga… —el rubio se rascaba la cabeza, algo incómodo—. No… tengo otros ojos para ella, es… amistad, simplemente.
— Las amistades pueden evolucionar a algo más grande —comentó Nino, cruzándose de brazos—. A mí y a Alya nos pasó, y en el momento más raro, fíjate tú. Así que de amigos se puede pasar a parejita, ¿sabes?
— Pero… tú ya sabes que me gusta otra chica… Y… —el muchacho de ojos verdes bajó la cabeza, apesadumbrado.
— ¡Y esa chica no se fija en ti para nada! ¡No te hace ni puñetero caso! —gruñó Nino, pero esta vez de indignación—. Si ya me lo comentaste esta mañana por Skype, que te declaraste ayer y esa chica ya estaba coladita por otro…
— Pero ella le pasa igual que a mí, nuestros amores no son correspondidos… —se lamentó Adrien.
— Mira, ella se pierde el estar contigo. Olvídate de ella, conoce a otras chicas preciosas, divertidas, inteligentes… Te hará bien… —Nino colocó una mano en el hombro de su amigo, se veía algo preocupado—. No me gusta verte sufrir, tío.
— Nino, no puedo quitármela de la cabeza —decía Adrien, cerrando los ojos intensamente con frustración—. Ella es increíble, es preciosa, es divertida, es inteligente, como tú dices. Mi corazón es sólo para ella.
— Te estás complicando mucho la existencia con esa chica, Adrien. Todo esto te lo digo por tu bien, pero creo que deberías de dejar de obsesionarte con ella —el chico de piel oscura le apretaba el hombro como gesto de apoyo—. Quizás entablando conversaciones con otras mujeres… puede que encuentres a alguien que llene ese vacío, que te haga sentir especial, que te valore, no sé.
— Sé que lo dices con buenas intenciones, Nino, pero… no creo que pueda servirme de mucho lo que me estás diciendo, lo siento —volvió a suspirar el joven Agreste, y miró a la chica semi-asiática de soslayo—. Y… ¿por qué Marinette?
— Porque, de entre todas las chicas de nuestra clase, ella es un gran partido. Guapa, amistosa, graciosa, lista, creativa, tiene un corazón de oro… —enumeraba Nino con los dedos de la mano—. ¿Te puedo decir más cualidades buenas de ella, o mejor paro?
— Sé que ella tiene todas esas cosas, y más —sonrió Adrien, girando su vista a Nino.
— Che, que por algo me enamoré platónicamente de ella. Pero Alya tiene robado mi pobre corazoncito. Por no decir que me tiene totalmente dominado, sobre todo en la cama… —Nino empezó a babear.
— No es necesario que me des detalles de tu vida sexual ahora mismo, Nino —resopló Adrien, intentando cerrarle el mentón a Nino porque vio cómo Alya cruzaba las piernas y se veía tan sugerente con ese vestido.
— ¿Y tú cuándo dejarás de ser el soltero de oro? —preguntó Nino, con la mirada fija en su novia.
— Cuando… crea conveniente —Adrien tuvo que ponerse delante de Nino, cruzándose de brazos—. ¿Quieres dejar de comerte a Alya con los ojos? Pareces un pervertido.
— Ay, Adrien… Cuando tengas novia, entonces sabrás… ciertas cosas —sonrió su mejor amigo, enmarcando una ceja—. Pero… ¿qué puedo esperar de un tío que es virgen?
— ¡Nino! —protestó el rubio.
— En fin, que te digo que mejor te olvides de esa amiguita tuya, porque llevas demasiados años detrás de ella. Y yo sigo insistiendo con lo de Marinette —asentía Nino con la cabeza mientras se colocaba bien las gafas rojas.
— ¿Por qué?
— ¡Porque hacéis una pareja muy bonita! Tú modelo y ella diseñadora de moda. Ojos verdes y ojos azules. Pelo rubio y cabello negro. Ambos sois guapos, inteligentes, buena gente… Bueno, vale, puede ser algo superficial, pero… Alya y yo nunca dejaremos de ser cansinos con vosotros y tratar de juntaros. Puedes protestar todo lo que tú quieras… pero yo pronostico esto: algún día, vosotros dos, estaréis juntos. Sé que el destino hará eso, lo presiento. Y ella será el amor de tu vida —sentenció él, cogiendo su copa para beber.
Adrien se le quedó mirando un buen rato mientras Nino tragaba su daiquiri. ¿Por qué esa insistencia con Marinette? ¡Él únicamente amaba a Ladybug! Y, en el caso de que saliera con Marinette, prácticamente lo haría por despecho por no conseguir a la chica de la cual estaba profundamente enamorado. No sería justo para Marinette y tampoco sería justo iniciar una relación a distancia… sería demasiado doloroso. Curiosamente, Marinette y Ladybug compartían el mismo destino: Nueva York, aunque desconocía a qué se dedicaría su Lady.
Y, aunque no se había puesto a analizar profundamente, Marinette y Ladybug se parecían: ambas tenían el pelo oscuro y los ojos azules, usualmente llevaban dos coletas (aunque últimamente la muchacha se hacía otros peinados), y un timbre de voz ligeramente similar. Pero era imposible, absolutamente imposible que Marinette fuera Ladybug. ¿La dulce y tímida Marinette sería la aguerrida y valiente Ladybug? En cuestión de actitud, eran algo dispares. Aunque, mirándose a sí mismo, Chat Noir y Adrien eran completamente opuestos a decir verdad. Negó la cabeza, descartando esa posibilidad.
Nino vio cómo su amigo movía la cabeza negativamente, así que decidió cogerle la muñeca y llevárselo a donde estaban sentadas las chicas, en un sofá blanco. Adrien se iba a sentar, cuando el DJ del lugar se fue a su puesto y encendió los altavoces con su mesa de mezclas. Tenía un pinganillo, por lo que podía hablarles desde su posición.
— ¿Qué pasa, alumnos del Françoise Dupont? —preguntó el DJ, de tez negra y con la cabeza rapada, mirando a su público que empezaba a vitorearlo—. ¡Hoy estamos de fiesta! ¡Voy a hacer que se muevan esos esqueletos al compás de la música!
— Me está cayendo bien el pinchadiscos —se rascaba la barbilla Nino, mirando al hombre con mucho interés.
— Esta noche os traeré canciones que hemos escuchado muchos de nosotros en nuestras casas, cuando intentábamos competir en un conocido certamen contra otros países para ver cuál era la canción ganadora. Sí, chicos y chicas, ¡hoy os pondré música de Eurovisión! —declaró éste, alzando ambos brazos en forma de puños.
— ¡Guau, Eurovisión! —aplaudía Nino, con los ojos muy abiertos—. ¡Esto promete!
— Repasaremos durante estas horas algunos de los grandes éxitos del concurso, desde baladas hasta música más cañera, o incluso absurda. ¡Así que espero que este gran público sepa apreciar la música de los diversos países que han pasado por Eurovisión!
Detrás del DJ había una televisión gigante, que se encendió y presentó el logo clásico de Eurovisión. De pronto, en la discoteca retumbó la canción típica de todos los años con la cual se iniciaba el certamen, Te Deum. La gente se levantó de los asientos, algunos dejaron sus copas y fueron a la pista de baile para empezar a moverse cuando iniciase una de las canciones, ya sea por parejas o por grupos.
Cuando se escuchó la primera canción, llamada Euphoria, salía la actuación de la artista por la pantalla, con subtítulos en francés y en inglés para que se entendiera la canción o por si algunos querían cantarla. Nino se levantó rápidamente del sofá junto con Alya para empezar a bailar los dos. Estaban tan juntos que parecía que se habían fusionado sus cuerpos. Marinette dejó el refresco en la mesa y se dirigió a donde estaban Juleka, Max, Alix, Nathaniel y Rose, que cantaban y movían las manos de una forma un tanto mística y lenta con algunos golpes en seco, imitando a Loreen, la cantante de dicha canción.
La verdad es que todo lucía bastante pintoresco, cada persona hacía una cosa diferente y eso gustaba, aunque algunos de los presentes no prestaban tanta importancia a la música y preferían perderse entre tragos de alcohol. Adrien miraba a la gente con detenimiento, colocando su mirada en Kagami y Luka, que estaban hablando de una forma animada. Después, su mirada estaba en Lila, que charlaba de una manera demasiado altiva delante de un grupo de muchachos que la observaban como si estuvieran lobotomizados. Chloé no era de las que bailaba mucho, prefería estar sentada en el piso superior junto con Sabrina y le mandaba a que fuera a la barra a pedir las bebidas.
Se quedó en el sofá, sólo observando a la gente y bebiendo de vez en cuando su refresco, hasta que sólo quedaron pocas gotas. Para aquel entonces, ya habían pasado unas once canciones bastante diversas en cuanto a estilos musicales e idiomas. De vez en cuando miraba de soslayo a Marinette, que siempre se la veía rodeada de gente, nunca bailando sola o en pareja, sino en grupo, aunque en otras ocasiones dejaba de bailar y descansaba, sobre todo en aquellas canciones que eran lentas o pertenecían a baladas.
¿Por qué Adrien no bailaba desde que llegó a la discoteca? Quería reponer algo de fuerzas, ya que ni se echó la siesta ni descansó lo suficiente como para estar "a tope", como le decía Nino esta mañana. Y, por eso, quería tomar bastante cafeína para poder aguantar toda la noche mientras estuviese en ese lugar. Realmente sí tenía ojeras, pero el maquillaje (como se suele decir) hace milagros. Su mejor amigo a veces miraba en dirección al sofá con cara de reproche, sorprendido por el hecho de que Adrien no arrancase a bailar, éste sólo le respondía encogiendo los hombros seguidamente de un gesto de la mano que decía "Luego te lo explico".
Después de que hubiesen pasado dos canciones más, Nino y Alya se acercaron a Adrien, algo preocupados.
— ¿¡Tío, qué leches te pasa!? —preguntó Nino, con la voz algo alta debido al volumen de los altavoces. Mientras tanto, Alya decidió darle un abrazo al rubio porque intuía que el chico lo necesitaba y Adrien se dejó abrazar—. Me prometiste que estarías dándolo todo en la pista, ¡y no te has movido de ahí desde que estamos aquí!
— Nino, estoy algo cansado —explicó Adrien, intentando que Nino entendiera y respondiendo al abrazo de Alya—. No he podido descansar, ni dormir un poco, nada de nada. Estoy en el sofá para reposar un poco y he tomado esta Coca-Cola para aguantar lo que pueda. Si hasta me he puesto anti-ojeras para disimular…
— ¿Entonces no vas a bailar, Adrien? —preguntó Alya antes de que su novio dijera algo.
— Claro, pero un poco más tarde —respondió él, sonriéndoles a modo de disculpa—. ¡No os preocupéis!
— Ay… —se quejó Nino, dándole a él un abrazo por sorpresa—. No me gusta verte así, bro. Que vale que esté con mi nena bailando o con la peña de nuestra clase, pero que no estés tú…
— Tranquilo, Nino —Adrien abrazó a Nino más fuerte, y el chico rió—. En poco tiempo estaré a tope y nos marcaremos unos buenos bailes, ya verás.
— Eso espero, tío —dijo Nino, que se incorporó—. Bueno, nos vemos de nuevo, ya sabes…
Nino hizo un gesto con las manos como si estuviera disparando con dos pistolas, para luego agarrar la cintura de Alya y se dirigieron de nuevo a la pista de baile. Como tenía sed, Adrien se fue a la barra de la discoteca a pedir otro refresco de cola, el segundo de la noche. Marinette estaba allí, observando a Nino y a Alya, que bailaban como si no hubiese un mañana, con una cara divertida mientras bebía licor de mora sin alcohol. La chica carraspeó cuando notó que Adrien estaba a su lado, con intención de hablar.
— ¿Licor de mora? —preguntó él con voz curiosa.
— Sí —asintió ella, agitando un poco el vaso—. Pero sin alcohol, ¿eh?
— Ya lo sé, somos los raros del grupo que no bebemos alcohol —rió Adrien, dándole un trago a su refresco.
— ¿Vas a beber Coca-Cola toda la noche?
— Me temo que sí —suspiró Adrien—. Quiero estar despierto toda la noche, porque ayer no dormí muy bien…
— Oh, vaya —lamentó Marinette, tapándose un poco la boca con las manos—. Lo siento mucho.
— No pasé una buena noche, no podía dormir, daba vueltas en la cama… —Adrien cerró los ojos, apoyando la espalda en el borde de la barra con la copa en la mano—. Ni siquiera mi aspecto es impecable…
— Pe-Pero… Si tú… estás… muy guapo esta noche —balbuceó la chica de pelo azabache, envalentonándose un poco por decirle que estaba guapo—. ¿Por qué… dices eso?
— Mírame bien —el joven se giró hacia ella, acercando su cara a la de Marinette, y sus mejillas empezaron a teñirse ligeramente de un rosa intenso aunque Adrien no lo notó—. ¿No ves nada extraño debajo de mis ojos?
— E-Eh… —tartamudeaba Marinette, pensando en lo bonitos que eran los ojos verdes del chico—. Yo… Yo… ¡Te veo… e-estupendamente! ¡No… No veo nada ra-raro!
— ¡Me sorprende que no lo sepas! —decía él muy sorprendido, señalando sus propios ojos—. ¡Me he tenido que poner maquillaje para ocultar las ojeras!
— Oh… —Marinette se sentía avergonzada por no haberlo adivinado—. Pu-pues… ¡No… No se nota! ¡Te… Te has ma-maquillado muy bien!
— Supongo que… ¿gracias? —Adrien se encogió de hombros—. Recursos que tienen los modelos para verse bien…
Marinette decidió beber de golpe el contenido que le quedaba en el vaso para disipar sus nervios. Odiaba ponerse así cuando estaba cerca de Adrien, tantos años estando con él y todavía tartamudeaba cuando él se acercaba demasiado o Adrien le dirigía la palabra. Aunque no siempre se ponía así, pero a veces el cerebro le mandaba señales inoportunas, cambiándole así el chip y comportándose como si fuese la Marinette adolescente de catorce años que estaba locamente enamorada de Adrien.
Notó que éste le mandó una cálida sonrisa y comprobó que en tres tragos terminó su Coca-Cola. Ambos dejaron los vasos en la barra y, sin esperarlo, Adrien tomó la muñeca de Marinette para que fueran a la pista de baile. Nino y Alya se alegraron al ver a sus amigos integrarse, y Nino le dio un fuerte abrazo al rubio, que sólo reía y le decía que era un exagerado y que ya estaba con ellos. Alya le guiñó un ojo a su amiga, además de darle un ligero codazo.
Empezó a sonar una canción en la que muchos de los alumnos comenzaron a alborotarse y miraron la pantalla, pues era una música que les sonaba muy familiar e incluso formó parte de un vídeo viral de internet. La canción se llamaba Get Away y pertenecía al país de Moldavia, que participó en el año 2010. Nino se frotaba las manos y pedía a los demás alumnos de su curso que le siguieran. Adrien se veía más motivado y compartía miradas cómplices con Nino, hasta que empezó a sonar un saxofón.
— ¡Todos a imitar a Epic Sax Guy! —exclamó Nino, haciendo como si tuviera un saxo entre las manos y lo tocaba.
Algunos con risas y carcajadas, hacían lo propio, imitando al saxofonista de la actuación. Sí, Adrien estaba disfrutando del baile y, a decir verdad, se movía bastante bien con unos movimientos increíbles. Su compañero le seguía el juego, intentando seguirle, pero era Adrien quien tenía más ritmo. Nino estaba muy feliz, se le notaba en el rostro mientras bailaba. No era un secreto, los tres sabían muy bien que Adrien era un excelente bailarín, aunque él siempre explicaba que esto se debía a las veces que veía las coreografías de los grupos de k-pop y j-pop, y gracias a su máquina de Dance Dance Revolution o de su consola jugando al Just Dance. Marinette se quedaba embobada mirándolo mientras que bailaba tímidamente al lado de Alya.
Terminó la canción al poco rato y muchos de los que estaban allí prorrumpieron en aplausos. Parecía que Adrien por fin sentía los efectos de la cafeína en su cuerpo, y propuso algo: bailar con todas las chicas de su clase, una por una, cuando sonase alguna canción lenta. Rose se ilusionó mucho, Juleka sonrió débilmente, Mylène rió divertida, Alix lo miró con demasiada extrañeza, Alya movía rápidamente sus cejas con una sonrisa pícara y la pobre Marinette palideció. Chloé, al escuchar las palabras de Adrien, bajó rápidamente por las escaleras y se agarró al cuello de él.
— ¡Adriancito querido! ¿A que serás el primero en bailar conmigo? —preguntó ella con voz chillona.
— ¿¡Qué!? Pero… ¿¡tú de qué vas!? —Lila apareció de la nada, con cara de pocos amigos.
— Pfff, pero si tú ni siquiera eres de nuestra clase —la chica de cabellos rubios se acercaba más al cuerpo de Adrien, como si fuera posesión suya—. Sólo dijo de NUESTRA clase, ¿te enteras?
— Mira, pues yo he estado con él un par de ocasiones, ¿sabes?—mientras Lila decía esto, se agarró a uno de los brazos de Adrien, casi tirando de él—. Así que creo que yo también podría bailar con él, ¿no es así, Adrien?
— Chicas… Esto… —el chico no estaba demasiado contento por el hecho de que dos chicas se estuvieran peleando por él.
Kagami escuchó todo lo que pasaba, así que dejó de estar con los compañeros de su clase para acercarse. Se situó al lado de Marinette, y quiso preguntarle si alguien iba a hacer algo, pues Chloé y Lila estaban tirando de cada extremo de los brazos de Adrien y éste, para quedar bien y no crear más conflicto del necesario, no ponía fin a ello. Las dos chicas ya iniciaron una marabunta de insultos y parecían preparadas para darse un par de guantazos.
Aunque no le gustaba meterse en conflictos de ninguna clase, Marinette sacó a la superheroína que llevaba dentro —no por nada era Ladybug, y en muchas ocasiones Tikki le decía que ella era Ladybug sin necesidad de poseer la máscara. Se interpuso entre ellas y les lanzó una dura mirada a ambas.
— ¿¡No veis que estáis dando un espectáculo aquí!?
— ¡Nadie ha pedido tu opinión! —bramaron las dos, que por una vez se habían puesto de acuerdo.
— Pues perdonad, pero estáis actuando de una manera que nos está dando a todos bastante vergüenza ajena —el dedo acusador de Marinette las señalaba con rabia—. Y al pobre Adrien lo tenéis entre la espada y la pared. Si os comportáis así, ¿creéis que Adrien querría bailar con vosotras?
Lila y Chloé se miraron con odio, pero también lanzaron ese tipo de mirada a Marinette, que tenía los brazos en jarras. Kagami y Alya estaban situadas detrás de Marinette, ejerciendo una especie de apoyo, y Nino miraba con alerta a Adrien, pues la situación era demasiado tensa. Lila dejó de agarrar a Adrien, se fue a la barra de la discoteca a coger un vaso lleno de un combinado y volvía a la pista de baile con paso ligero. La muchacha se temía lo peor, ya que la italiana tenía preparada la copa para tirársela directamente a ella, y con buenos reflejos pudo esquivar el líquido derramado, aunque Chloé no tuvo buena suerte y le empapó parte del vestido.
— ¡SERÁS HIJA DE…! —chilló la rubia, abalanzándose sobre Lila.
La muchacha de cabellos castaños recibió un cachete en la mejilla, que le dejó una marca roja. Lila gritó de rabia y tiraba de los rizos de Chloé, haciéndole bastante daño. Algunos alumnos animaban en la pelea, incluso apostando dinero o copas para ver quién sería la ganadora de esta curiosa lucha. Adrien se quedó patidifuso al ver la escena, fue Luka quien le tomó por el brazo para que pudiera salir del corro que se había creado alrededor de las dos jóvenes.
— Madre mía, ¿qué he hecho? —se preguntaba a sí mismo, horrorizado.
— No es culpa tuya, Adrien —lo intentaba tranquilizar el hermano de Juleka, Kagami se acercó a ambos muchachos—. Sólo que Lila es así, y si no… que te lo diga mi novia.
Kagami asintió con la cabeza, dándole la razón a su pareja. Colocó ambas manos en los hombros del muchacho para poder reconfortarlo, algo que a Luka no le molestó pues sabía que Adrien y ella eran buenos amigos. Hacía poco que Kagami y Luka decidieron ser novios, y a veces pasaban por dificultades por culpa de la familia de la japonesa, pero aun así estaban determinados a seguir juntos.
— Lila es una chica demasiado impulsiva, por no decir que es bastante mentirosa —comentaba Kagami, parecía una geisha con su precioso atuendo japonés—. Algunos ya la tenemos calada y sabemos de qué pie cojea, pero… sigue en las mismas. De verdad, no es tu culpa, Adrien. Sé que te gusta agradar a todos…
— Jeje, incluso te dejo que bailes con mi chica sin ningún tipo de problema —Luka le guiñó un ojo al joven Agreste, que sonrió con modestia—. No te calientes la cabeza. Para terminar, he de decirte que bailarás con las personas que tú quieras, no debes de sentirte obligado por las exigencias de las chicas. Tú decides, tú eliges.
Adrien miraba desde la distancia a las dos chicas que se estaban peleando, Marinette intentaba apartar a Chloé de Lila y lo mismo hacía Alya con la italiana, pero las uñas de Chloé eran tan largas que Lila se llevaba algunos arañazos en el rostro, mientras que Alya y Marinette intentaban esquivar todos los ataques que lanzaba la rubia con las uñas. Sabrina no ayudaba para nada a su amiga, prefería estar escondida en la planta de arriba. Él miró a Luka y a Kagami, que asintieron con la cabeza, y se dirigió al gentío hasta ponerse enfrente de las dos jóvenes mujeres, que andaban diciéndose palabrotas la una a la otra. Ambas miraron al muchacho, cuyo semblante estaba bastante serio.
— Quiero que dejéis de pelearos ahora mismo —el tono de sus palabras parecía el de un padre regañando a sus hijas.
Chloé, con el vestido manchado del líquido derramado por Lila, se zafó del agarre de Marinette de una forma violenta. Le chirriaban los dientes y respiraba rápidamente. El rímel de sus pestañas estaba corrido por las lágrimas que caían en sus mejillas. Daba un aspecto lamentable, comparándolo con su anterior apariencia tan glamorosa y provocativa.
— Adrianín, fue ella quien… —señalaba ella con el dedo índice a Lila, haciendo un puchero con la boca.
— Me da igual —dijo Adrien con firmeza, cruzándose de brazos—. Exijo que os disculpéis. Y Marinette también merece una disculpa, lo único que quería era que la fiesta estuviera en paz. Pero con vuestras tonterías lo habéis estropeado todo.
— ¿Perdonarla, a ella? —preguntó Lila, con cara de amargada—. Que no hubiese interferido, para empezar.
— Ella tiene todo el derecho del mundo de meterse en cualquier pelea, si con eso consigue que haya calma de una vez por todas —sentenció Adrien, mirando de soslayo a Marinette—. ¡Vamos! ¡Disculpaos!
— Pe-Pero…
— ¡Si no os disculpáis, no bailaré con vosotras! —amenazó el rubio, provocando que Lila y Chloé anduviesen con prisa hasta Marinette.
Con muchísima desgana y algo de rabia, se "disculparon" con la chica de cabellos negros. Luego lo hicieron entre ellas, pero se notaba el odio en sus ojos. Chloé marchó escalera arriba muy enfurruñada, lanzándole una mirada dura a Sabrina por no haberla ayudado. Por otra parte, Lila se fue iracunda al cuarto de baño. De nuevo, se creó otro momento incómodo en la sala, aunque la música estuviese sonando de fondo. Uno de los operarios del local se acercó con una fregona a limpiar los restos de la bebida vertida en el suelo.
Adrien miró a Marinette con agradecimiento, ella sólo le respondió con una tímida sonrisa. Cuando ella lo defendió, le recodó tanto a su Lady… Esa forma de hablar, ese tono que empleaba cuando veía algo injusto, la voz que defendía a los desamparados… No, no podía ser posible, el destino no sería tan cruel para ponerle a Ladybug delante de sus narices. Después de que pasaran los minutos, Adrien decidió bailar primero con Rose una balada, que ella aceptó con mucho gusto e ilusión. Sin embargo, para las canciones rápidas, bailaba con el grupo de su clase, sintiéndose más animado después del incidente.
Como surgió otra canción lenta, el joven Agreste le pidió a Kagami un baile con él. Luka levantó el pulgar hacia arriba, no importándole en absoluto que el muchacho se llevase a su novia para bailar. El rubio tomó la mano de Kagami, llevándosela a la pista de baile mientras Luka los observaba con una expresión curiosa. Con una típica pose destinada a los bailes lentos, se empezaron a mover lentamente. Kagami, con la mano que tenía puesta en el hombro de Adrien, le dio un ligero apretón y él rió.
— Parece que las aguas volvieron a su cauce… —comentaba ella con voz suave.
— Sí, eso parece, y espero que siga así —suspiró Adrien, marcando el paso al ritmo de la canción.
— Me alegra ver que Marinette te defendiera —soltó Kagami, con una pequeña sonrisa en los labios.
— Sí, es una gran amiga… —asintió el joven, y las luces de la pista le confirieron un brillo especial en los ojos al acordarse de Marinette.
— Adrien, creo que estás algo ciego, pero en fin… —esta vez fue Kagami la que suspiró.
— ¿Ciego? —preguntó él, no entendiendo mucho—. ¿De qué?
— No, nada… —negaba con la cabeza la japonesa, pero enmarcó una ceja que dejó al chico algo descolocado.
— Bueno, no quiero insistir mucho en sonsacarte información, pero está bien… —el tono de Adrien era de fingido aburrimiento, pero ella lo notó y rió un poco.
— Sabes que soy algo discreta en ciertos temas, así que no voy a ser como tus amigos Nino y Alya… —murmuraba Kagami con una sonrisita.
— Oh, no… ¿tú también? —Adrien abrió demasiado los ojos—. ¿Tú también estás con lo de Marinette, Kagami? ¿En serio?
— Yo es que lo veo tan evidente…
— Pues estás equivocada… Marinette es sólo una amiga para mí, de mis mejores amigas. De hecho, a mí me gusta… otra chica —decía el chico, intentando salir del paso.
— Claro, claro… —Kagami puso los ojos en blanco.
— ¡Kagami! —la regañó él y la joven volvió a reír.
La asiática no sacó más el tema para no incomodar a su amigo, por lo que siguieron bailando hasta que la canción terminó. Luka se acercó a ellos dos con una sonrisa sincera y empezó a bailar con ella, dejando a Adrien solo. En las siguientes canciones lentas que iban surgiendo a lo largo de la noche, el muchacho decidió bailar con Mylène, Juleka y Alix, una por una, que aceptaron con mucho gusto y hasta llegaron a divertirse bailando con el chico.
Chloé miraba desde la distancia, junto con Sabrina, cómo Adrien bailaba con las demás compañeras de su clase. La chica de cabellos pelirrojos decidió bajar por las escaleras para pedirse un combinado de ron con Coca-Cola, cuando Adrien se le acercó para bailar. La cara de Chloé era un poema al verlos bailar y charlar mientras lo hacían, preguntándose cuándo le tocaría a ella. ¿Quizás sería de las últimas, por el altercado con Lila y Marinette? Además, se sentía algo traicionada por Sabrina, aunque luego ésta la ayudó a limpiar un poco el vestido y recomponer su maquillaje, pero que la dejase sola y sin apoyo… Como no quería pensar más, decidió seguir bebiendo Baileys de su copa con un rictus en la boca.
Sabrina subió a donde estaba su amiga al terminar de bailar con Adrien y de pedir su bebida, mientras tanto sus compañeros hacían un baile extraño con los dedos simulando que tenían un bigote, dado que la canción hablaba de bigotes y mostachos, canción que presentó Francia en el año 2014 y que a Chloé le pareció estrafalaria cuando vio el certamen, creyendo que harían el mayor ridículo en Europa.
Pero sus oídos y ojos empezaron a horrorizarse cuando una canción española con tintes de reggaetón sonaba por los altavoces de la discoteca, y ella estaba a punto de protestarle al DJ pero Sabrina le dijo que mejor no llamase la atención para que la cosa no fuera a mayores.
Por otra parte, Nino estaba extasiado cuando comenzó a escuchar la canción y vio al cantante con su puesta en escena tan extravagante, arrastrando a Adrien para que la bailasen juntos, sólo ellos dos.
— ¡Tío! ¡Esta es nuestra canción! ¡Hay que bailarla! —le pedía Nino, juntando las manos.
— ¿En serio, Nino? —preguntaba Adrien, incrédulo, mirando la pantalla con demasiada extrañeza.
— ¡Venga, va, bro! ¿Qué te cuesta? —seguía implorando Nino, poniéndole ojitos.
— ¡Porque eres tú, que si no llegas a ser tú, ni lo haría borracho!
— ¡Ese es mi Adrien! —exclamó Nino, chocando las manos con su amigo.
Y el baile que iniciaron ellos dos fue lo más hilarante que hubiesen visto los ojos de Marinette y Alya. La novia de Nino sacó inmediatamente el móvil para grabarlos, ya que en ese momento Adrien y él estaban moviendo sus caderas y sus pelvis de forma demasiado provocativa, casi chocándolas entre sí. Adrien movía exageradamente el trasero y Nino ponía morritos, sabiendo que estaban haciendo el ridículo para hacer reír a ambas muchachas.
Alya parecía que le iba a dar algo, lo único que hacía era reír mientras grababa, llegaba a un punto en el que tenía que tocarse la barriga y le dolía de tanto carcajear. Marinette a veces se tapaba la cara con las manos de la risa y la vergüenza que le hacían pasar los muchachos. Ver a Adrien con esas pintas no era muy habitual, pero cuando él y Nino se ponían así, de esas maneras, todo era risas. Nino tocaba el pelo de Adrien con fingida sensualidad y su amigo tenía puesta una mano en su cintura, atrayéndolo mucho hacia él, siguiendo el compás y haciendo un movimiento pendular con sus caderas.
Marinette, que tenía un refresco de limón en las manos, casi escupe el contenido de su boca cuando entre ellos se decían "Te quiero" de una forma muy teatral, fingiendo seriedad y amor. Alya no podía más, no podía respirar del ataque de risa que tenía y el móvil le temblaba entre sus dedos.
Los dos amigos se separaron para bailar una estrofa que indicaba cuatro pasos. El primer paso, que decía "el brikindans", intentaban hacer un movimiento de breaking dance con los brazos como si fuesen unas pequeñas olas. En el segundo paso, "el crusaito", ambos cruzaron las piernas. Con el tercer paso escucharon decir "el maiquelyason", por lo que Nino hacía un intento de Moonwalking en el que Adrien lo hacía perfecto, imitando al rey del pop. Por último llegaba el cuarto paso, "el robocó", en el que simularon ser un robot moviendo sus brazos y cabezas de forma muy divertida.
Así siguieron Nino y Adrien, sin tener ningún tipo de vergüenza alguna, tomándose a cachondeo la canción y simulando los típicos movimientos del reggaetón y perreando a su manera. Mientras, algunos de sus compañeros se reían de lo que hacían estos dos alumnos de su clase, algo sorprendidos porque el famoso modelo Adrien Agreste bailase de esas maneras, y otros iban animando a los dos muchachos e incluso imitándoles.
La canción terminó y algunos aplaudieron a esa particular pareja, incluso les llegaron a vitorear con silbidos. Los dos se abrazaron y se desternillaron de risa, Nino estaba muy orgulloso de su mejor amigo, esta era la vitalidad que quería ver en Adrien. El rubio necesitó algo de líquido en el cuerpo, estaba sediento y se fue a la barra para pedir licor de manzana exento de alcohol. Nino se acercó a Alya plantándole un buen beso en los labios, dejando a la chica perpleja, y luego le dijo algo al oído de forma sugerente. Marinette únicamente se encogió de hombros y siguió bebiendo, regresando a uno de los sofás para descansar brevemente. Sorprendida, vio cómo Adrien se sentó junto a ella, pero afortunadamente iniciaron una conversación banal con anécdotas sobre cómo estaba yendo la fiesta, el baile que hicieron él y Nino, entre otras cosas. No vieron a Nino y a Alya durante un largo tiempo, y no sabían dónde estaban, pero tampoco es que les importase demasiado porque el local era algo grande y había bastante gente.
El joven de rubios cabellos visualizó a Lila entre la multitud, así que avisó a Marinette para decirle que estaría sola porque bailaría con la italiana. Ella sólo sonrió, viendo cómo su amor le pedía bailar a Lila. Pensaba que Lila no se lo merecía, pero conocía a Adrien, y sabía que él era demasiado bueno, que no trataba mal a las personas y hasta les daba una segunda oportunidad. Sin embargo, el semblante de Adrien, cuando estaba bailando con Lila, era serio y Lila intentaba lisonjearlo de todas las formas posibles, pero eso a él le resbalaba. La canción finalizó y la despedida entre ellos fue algo fría.
Al rato regresaron Alya y Nino, con una conducta demasiado acaramelada. Marinette y Adrien no quisieron pensar qué podrían haber hecho sus amigos cuando se ausentaron, pero no era difícil de adivinar dado que la pajarita de Nino estaba mal colocada y con la camisa hacia afuera, y el pelo de Alya estaba algo revuelto y tenía ausencia de brillo de labios en la boca.
Alya le susurró al oído de su amiga, pidiéndole el favor de que si podía acompañarla al cuarto de baño para poder arreglarse y ella asintió con la cabeza. Se despidieron de los chicos y, al entrar por la puerta del aseo de las chicas, escucharon unos ruidos extraños a pesar de que estaba desierto. Giraron las cabezas a donde provenían los sonidos, y detrás de la puerta encontraron a Alix y Kim… ¡besándose como si no hubiera un mañana!
— ¡Ostras! —murmuró Alya, con los ojos como platos.
Kim y Alix fueron sorprendidos por las chicas y decidieron salir a toda pastilla del cuarto de baño entre risitas. Marinette y Alya se quedaron paralizadas en el sitio, hasta que Alya reaccionó. Mientras que Alya se estaba pintando los labios de un rojo intenso, su amiga estaba en el inodoro. Cuando la chica de tez morena decidió que ya estaba más o menos presentable, salieron y se encontraron a Adrien bailando con Chloé una balada. La primera reacción que tuvo Alya fue una mueca de asco, seguida de decepción, y miró de reojo a Marinette, que no reaccionó de ninguna de las maneras, estaba indiferente.
— Marinette… —comenzaba a decir Alya, no sabiendo muy bien qué decir—. ¿No te ha molestado que Adrien haya bailado con la gran mayoría de las chicas?
— No —contestó de forma seca ella, tocándose la pulsera.
— Todavía no ha bailado contigo —apuntó Alya, yéndose a donde estaban los percheros para dejar su bolso.
— Ni contigo —puntualizó Marinette.
— Ya, pero…
— ¿Crees que tengo celos? —preguntó la chica del traje rosa, cruzándose de brazos.
— Eh… No lo sé… —masculló Alya—. Pero como sigues enamorada de él…
— Adrien es libre de hacer lo que quiera —se encogió de hombros, acercándose a la barra para pedir una consumición—. Es adulto, y no es de mi posesión.
— ¡Ya lo sé, pero…! —Alya puso una mano en la frente con frustración, mientras miraba de reojo a su amiga—. Marinette, ¿cuándo se lo dirás?
— No pienso declararme hoy. Alya, ya te expliqué que no funcionaría… Odio las relaciones a distancia, me volvería loca —Marinette sostenía una copa de refresco de naranja entre sus manos con firmeza—. Y no creo que Adrien me corresponda.
— Pero todo esto te está haciendo daño —le decía Alya mientras esperaba su pedido de ginebra y tónica—. Sigues enamorada de un chico que no sabes si puede corresponderte.
— Pues puede que… algún día abra los ojos y me olvide de Adrien —dijo Marinette, dándole un ligero un sorbo a su copa—. Yo me iré en breve a Nueva York, y él se quedará aquí, en París.
— Marinette… —susurró Alya, con algo de tristeza.
— Vámonos al sofá, ¿de acuerdo? —sentenció Marinette, con una sonrisa afligida.
Marcharon al asiento lentamente, observando cómo Nino y Adrien charlaban animadamente después de que este último hubiese bailado con Chloé hace unos escasos instantes. Alya no dejaba de mirar a su amiga con gesto de preocupación, parecía como si Marinette estuviese rota por dentro. Ella y su novio no dejaban de emparejarlos y envolverlos en las situaciones más disparatadas posibles, o cuando conversaban soltaban algunas frases para incomodarlos. Realmente querían que fuesen pareja, propiciar ciertas circunstancias para ver si por fin surgía la magia, la chispa, algo. Nino y Alya sabían que Marinette estaba locamente enamorada de Adrien, pero por parte del chico no sabían qué sentía realmente por Marinette (al menos Alya).
De hecho, Alya estuvo durante un mes insistiéndole a su amiga y diciéndole que se declarase en la puesta de bandas, que le expresara sus sentimientos a Adrien y que le diera por saco a la distancia, porque eso se resolvía perfectamente ya que el muchacho poseía dinero a montones y podría visitarla sin problema, podría quedarse en un hotel y pasarían el tiempo juntos. Pero Marinette se negaba en rotundo, y cada vez que Alya sacaba el tema su compañera se ponía más triste. Marinette había derramado muchísimas lágrimas a causa de Adrien, por no ver un avance, una luz de esperanza o una señal que le indicasen que el chico tenía un especial interés por ella. Sólo era su buena amiga, su mejor amiga, y nada más.
Los pensamientos de la chica fueron interrumpidos por Nino, que instó a que los demás bailasen con él la canción Hey Mama que sonaba en ese momento, y porque el tal "Epic Sax Guy" volvió a participar en Eurovisión el año pasado con su grupo. Adrien volvía a mostrar sus dotes en el baile, tan fantásticas. Se movía demasiado bien en la pista, daba muchísimo gusto verlo bailar que podías quedarte horas y horas observando cómo hacía sus coreografías improvisadas. Nino miraba con orgullo a su mejor amigo, satisfecho al ver cómo Adrien lo daba todo en la pista de baile.
— Tío, ¿por qué te mueves tan bien? —preguntaba Nino, poseyendo un saxofón imaginario entre las manos.
— ¿Ya te expliqué que me he zampado miles de vídeos de coreografías de grupos japoneses y coreanos, y por los videojuegos de baile que tengo? —le respondió con otra pregunta Adrien, girándose sobre sí mismo.
— Pues a mí me han dicho esta curiosidad: que si un chico baila genial, en la cama debe de ser un dios —soltó su amigo con una sonrisita.
Marinette casi se tropieza al escuchar estas palabras mientras bailaba y Alya puso una mirada interesante, clavándola en la entrepierna del rubio con una ceja arqueada. Adrien se quedó sorprendido por lo que dijo Nino y únicamente rió.
— ¿De verdad? ¡Lo dudo mucho! ¿Qué tiene que ver? —inquirió el rubio, siguiendo el ritmo de la música.
— Oh, pues yo lo veo claro, amigo mío. Esos movimientos precisos de cadera, esa agilidad que tienes, por no decir la fuerza o la habilidad al bailar… ¡Traslada todo eso a la cama! ¡Volverías loca a cualquier chica que estuviese contigo! —explicaba Nino con una risa burlona.
— Umm, tiene sentido —apostilló Alya, siguiéndole el juego a Nino—. Si un hombre posee buenas actitudes y aptitudes para el baile, tendrá grandes probabilidades de ser muy bueno en la cama. ¿Tú qué opinas, Marinette?
La aludida se puso blanca como la leche y paró de bailotear. ¿Por qué tendría Alya que preguntarle eso? ¿Por qué? ¡La iba a matar! Los tres se quedaron mirándola con expresión expectante para ver qué respondía, Marinette se sentía demasiado observada y sus mejillas adquirieron un tono carmesí intenso.
— Yo… E-Esto… Yo… —balbuceaba Marinette, bastante nerviosa—. ¡O-Opino igual que Adrien!
— ¡Buah! —dijeron a coro la pareja, estaban algo decepcionados, pero Adrien respiró aliviado.
— Pues yo digo que… —Adrien movía las rodillas con mucha soltura— la chica que esté conmigo puede sentirse afortunada de tenerme, pero ya será ella la que me dé nota cuando me acueste con ella.
— Uhhhhhhh —la expresión de Alya y Nino cambió por completo a una demasiado pillina.
— Peeeeeero —seguía contando el rubio, dando bandazos con las caderas—, como soy virgen, no me veo como un experto en las artes amatorias ni nada parecido.
— Bueno, bueno, eso es cuestión de práctica, chaval —asentía Nino—. Pero como sabes bailar muy bien, pues ya llevas mucho avanzado para luego moverte con buen ritmo en la cama, o en el sofá, o encima de la lavadora, o en el coche, o en…
— Nino, para ya, anda —pidió Adrien cuando la canción ya estaba terminando.
— ¡Vale, vale! —respondía él con una sonrisa bobalicona.
Después de esta charla tan extraña —así lo pensaba Adrien— seguían bailando las canciones siguientes, ya fuese entre ellos cuatro o con los demás compañeros de clase en grupo. Alguna que otra chica le preguntaba a Adrien si quería bailar con ella y él no ponía impedimentos a aquellas peticiones. Nino y Alya bailaban emocionados y contentos, a veces con las copas en la mano, pero Marinette intentaba por todos los medios no sentir la angustia que tenía en la garganta. Si bien se lo estaba pasando genial con sus amigos y con los alumnos de su clase, tener enfrente a Adrien y tener aquellos sentimientos amorosos por él, sabiendo que no lo llegaría a ver durante tres largos años… Y que Adrien nunca llegaría a saber lo que sentía por él… era muy doloroso para ella. Pero tenía que aparentar ante los demás que se encontraba bien, pintarse una gran sonrisa en los labios y demostrar que era la Marinette de siempre.
A lo lejos vieron que Chloé actuaba de una manera extraña, parecía que se había pasado de copas y estaba más que con "el punto". Sus andares recordaban a los de un pato mareado, sin un rumbo fijo. Y se veía que su objetivo era, nada más y nada menos, que Nathaniel. El pelirrojo estaba tan normal, bebiendo y hablando en un sofá con Max sobre las matemáticas llevadas a la arquitectura y a las Bellas Artes. Desafortunadamente, le pilló por sorpresa el acto de Chloé… pues le estaba tirando del cuello de la camisa por detrás.
Él se giró y la miró con cara de consternación, sin saber muy bien qué hacer. La situación fue a peor cuando la rubia se acercaba tanto a la cara de Nathaniel que echaba una peste a alcohol tremenda. Y, sin venir a cuento, le plantó un beso en la boca de una manera torpe mientras reía. Nathaniel, entretanto, estaba tan asqueado que se largó del sofá rápidamente, mientras que Chloé decía entre risitas "Ven, Nathaniel, amor mío" e intentaba perseguirle por toda la discoteca y el chico buscaba protección en algún lugar o entre la gente para poder despistarla. ¡Menudo espectáculo estaba armando la hija del alcalde de París!
Pero al poco rato, tuvo que ausentarse unos cuantos minutos para ir al cuarto de baño, ya que tenía ganas de vomitar y Sabrina se fue detrás de ella para ayudarla. Muchos de los presentes miraron todo lo que hacía Chloé con vergüenza ajena y, hasta que ella no entró al baño de las chicas, hicieron como que nunca había ocurrido aquel percance. Nathaniel respiró aliviado y prefirió estar en el piso de arriba con un grupo de gente para estar más tranquilo.
Varios minutos pasaron, entre bailes, charlas y bebiendo, hasta que Adrien le comunicó a Nino que quería bailar con Alya cuando comenzó a sonar una canción lenta. Fue bastante curioso ver a esta particular pareja bailar, mientras que Nino y Marinette conversaban de temas de lo más variados y miraban de vez en cuando a los susodichos. Alya exageraba sus movimientos como si estuviese bailando un vals, provocando las risas de su acompañante de baile. Sin embargo, Nino le propuso a Marinette bailar juntos aunque fuese por un rato, ella aceptó sonriéndole y su bailoteo fue bastante divertido y entretenido a pesar de la balada romántica que sonaba por los altavoces.
Después de aquello, seguían bailando canciones rápidas, tomaban sus bebidas o se sentaban en el sofá para observar a la gente o entablar entre ellos diferentes temas de conversación. Era increíble que pasasen tan rápido los minutos y las horas cuando uno se lo pasaba tan bien, que el DJ anunció que ya pondría la última canción porque cerrarían la discoteca en breve. Algunos alumnos protestaron, pero viendo la hora que era (el reloj indicaba que eran casi las cinco de la madrugada), tuvieron que aceptar que la fiesta llegaría a su fin.
Alya miró rápidamente a Nino, que captó su mirada, y luego la dirigió a Adrien y Marinette. Desde que llegaron a la discoteca, él no había bailado con ella ninguna canción lenta, pero sí lo hizo con todas las alumnas de la clase y con algunas chicas más. Nino sólo carraspeó y se levantó de su asiento, cogiendo la mano de Alya para bailar la última canción.
Empezaba a sonar una tonadilla lenta, escuchándose algunos violines y un piano. Marinette se sentía algo triste, era la última canción y, aunque se lo hubiese pasado bien bailando, riendo, charlando o bebiendo, sentía que le faltaba algo, pero no sabía el qué. El rubio se incorporó del sofá y tosió ligeramente.
Ella levantó la mirada, y vio cómo Adrien le tendía la mano. Sí, lo que sonaba era una balada romántica. Sí, parecía que Adrien le estaba pidiendo bailar. Y sí, no se había dado cuenta, hasta ahora, de que no había bailado con él desde que inició la fiesta en la discoteca. La última canción y el último baile. No sabía si estaba paralizada, sorprendida o qué, pero sólo miraba la mano de Adrien con cierta estupefacción.
— ¿Me concedes este baile, Marinette? —preguntó de forma amable el joven con una sonrisa.
Ella tragó de forma ruidosa y miró al muchacho de dorados cabellos a los ojos, encontrándose con esos preciosos ojos verdes. Suspiró, con una mano cerca del pecho, y asintió tímidamente con la cabeza. Adrien enseñó sus dientes con una sonrisa más amplia, viendo cómo Marinette se levantaba lentamente y aceptaba coger su mano. Se dirigían al centro de la pista de baile y las luces de la discoteca se atenuaron para añadirle a la situación una atmósfera muy romántica.
Los dos no supieron que Alya chilló ahogadamente a varios metros de distancia. Más se emocionó cuando Adrien colocó delicadamente una mano en la espalda de Marinette y con la otra cogía la mano de la chica suavemente, empezando a moverse con lentitud. Parecía que emitía los sonidos de un pterodáctilo, y apretaba muchísimo el cuello de Nino con ambas manos, casi haciéndole daño.
— ¡Ninoooooooooooo! ¡Míralooooooooos! —decía Alya, observando a Marinette y Adrien con avidez.
— Ya, ya los veo —asentía él, algo incómodo porque las uñas de Alya se le incrustaban en la piel de su cuello—. Me alegro mucho por ellos, sí.
— ¡Tenemos que hacer algoooo! —exclamaba su novia, emocionada—. ¡Hay que arrejuntarlos más! ¡Bailan demasiado despegados!
— ¿Sugieres que nos acerquemos? —preguntó Nino mientras arqueaba una ceja.
— Por supuesto —respondió Alya con una sonrisa pillina.
— Se nota que te conozco demasiado bien —dijo Nino, dándole un beso en los labios y apretándole la cadera.
Disimuladamente se acercaron a la pareja que, efectivamente, no es que estuviesen muy cerca el uno del otro. Adrien no quería que Marinette estuviese incómoda con él a la hora de bailar, e intentaba tratarla de buenas maneras cuando la llevaba por la pista, la guiaba con los pasos y no pretendía invadir su espacio. Sí es cierto que no pudo evitar el sonrojo de la muchacha, o cómo a veces su mirada era algo huidiza. Pero él, como un buen caballero, entendía perfectamente cómo se podría sentir, de tantas veces que Alya y Nino intentaron sacar temas de conversación algo inusuales, e incluso temas picarones, sobre Adrien o ella.
— ¡Adrien! —los saludó Nino, a pocos centímetros de la pareja, bailando con su novia.
—Ey, hola —contestó Adrien, haciendo un gesto con la cabeza.
— Por Dios, Adrien —se quejó Alya, acercándose mucho a ellos—. Te he estado analizando toda la noche y he de decirte que eres pésimo para las canciones lentas.
— ¿Perdona? —inquirió Adrien mientras Marinette frunció el ceño.
— Sí, sí. Así no se bailan, hombre —negaba con la cabeza la chica de las gafas—. Mejor así…
Y Alya, sin despegarse de Nino —que tenía ambas manos en las caderas de la muchacha—, levantó los brazos e hizo lo siguiente: las manos de Marinette las puso en el cuello de Adrien y las manos de Adrien en la cintura de Marinette. A todo esto, los muchachos implicados tenían los ojos como platos y casi la boca completamente abierta, viendo el atrevimiento de su amiga y ellos no podían hacer nada debido a la impresión del momento, estaban totalmente paralizados.
— Ah, así está mucho mejor —asentía Alya muy sonriente, satisfecha consigo misma—. Bueno, Nino, nos vamos a lo nuestro. Os dejamos. ¡Seguid bailando, que estáis muy monos! ¡Estáis para echaros una foto! ¡Parecéis una parejita de enamorados!
Alya hizo un giro sobre sí misma, como si estuviese bailando ballet, y tanto ella como Nino se colocaron en otra parte de la pista de baile. Marinette tenía el rostro de mil colores diferentes, creyendo que se desmayaría ahí mismo, sintiendo tan cerca el cuerpo de Adrien contra el suyo, tocando parte de su cuello y de su pelo dorado, y notar las manos de él en su cintura… Por otro lado, Adrien sacudió ligeramente la cabeza, todavía sin asumir del todo lo que había pasado.
Miró a Marinette con los ojos abiertos, encontrándose con los de ella, que estaba algo asustadiza. Pero a los pocos segundos, suspiró y le sonrió a la chica, encogiéndose un poco de hombros. Marinette sonrió débilmente, intentando no ser presa del pánico por la situación en la que se encontraba. No obstante, Adrien pensó que sería bueno que volviesen a bailar aunque fuese con esta nueva pose que les adjudicó Alya, así que se empezó a mover de nuevo y la muchacha seguía sus pasos.
Marinette parecía que estaba en las nubes, que todo era un sueño, a pesar de la vergüenza que sentía. Bailar con Adrien de esa forma era algo tan magnífico, su adolescente interior gritaba de alegría y de júbilo. Quería que ese baile durase para siempre…
— ¿Sabes a lo que me recuerda esto? —inició una conversación el rubio, mirándola y sacándola de su ensoñación.
— ¿A qué? —preguntó ella, sorprendida de no titubear.
— A cuando Chloé nos invitó a su hotel para hacer una fiesta. ¡Fue hace unos cuantos años! ¿Te acuerdas?
Rió al acordarse de aquello. Chloé los había acogido en una fiesta celebrada por ella, en su hotel, demostrándoles lo tan "amable" que podía ser. Adrien bailaba con Marinette una balada que puso Nino, y Alya se acercó a ellos para juntarlos mucho más. Recordó que estaban en la misma posición que en la de ahora, pero Marinette ponía —por aquel entonces— su cabeza en el cuello del muchacho, bailando lentamente. ¿Cómo no iba a recordarlo? Aunque claro, no era lo mismo, pues ahora lo que vivían era una fiesta de graduación en una discoteca… pero la situación casi era calcada, si se ponían a comparar.
— Sí, veo que te acuerdas —sonrió Adrien, viendo el gesto pensativo de su compañera.
— Ajá. Con Alya haciendo de las suyas, como siempre —decía ella mientras ponía los ojos en blanco.
— Por cierto, quería darte mi enhorabuena… de forma más personal —cambió de tema el muchacho, siguiendo con el baile—. Me alegró muchísimo que hayas sido aceptada en la academia. ¡Seguro que serás la mejor de la promoción!
— Oh, gracias… —se sonrojó un poco Marinette—. Viniendo de ti, es todo un halago.
— Te irá genial, ya lo verás. Y aprenderás de los mejores profesores —comentaba Adrien de una manera muy amigable—. Ojalá estuviera allí para apoyarte, e incluso ayudarte en lo que pudiera si lo necesitases. Pero me pilla bastante lejos, lo siento mucho…
— No pasa nada —negaba con la cabeza la chica de cabellos negros—. Pero te lo agradezco, es muy amable por tu parte.
— Te echaré de menos… —murmuró Adrien con algo de melancolía.
Marinette sentía cómo su corazón se encogía. ¿Adrien había dicho eso? ¿Realmente la iba a echar de menos, la iba a extrañar? Se mordió el labio inferior con una sonrisa, agradecida por aquellas palabras. Aunque sólo fuese su mejor amiga, el hecho de que pronunciase esa frase era muy valioso para ella, porque significaba que la apreciaba mucho en su vida y la valoraba.
Fue repentino, no le dio tiempo a reflexionar del todo bien lo que hacía. Sólo supo que lo abrazó con mucha fuerza, acomodando su cabeza en el hombro de él, mientras seguían el ritmo acompasado de la música. En cualquier caso, a Adrien no le importó en absoluto la reacción que tuvo Marinette y le correspondió el abrazo, acercándola más a él, guiándose por la canción. Y entendió perfectamente ese gesto, ese abrazo que Marinette le proporcionó.
El perfume amaderado del chico la embriagaba, la hacía perderse en un mundo de fantasía. Únicamente tenía los ojos cerrados, oliendo su fragancia, respirando profundamente, sintiendo su cuerpo moviéndose al compás de la música, bailando así con el chico de sus sueños. Se sentía demasiado a gusto, arropada entre esos brazos, como si la estuviese protegiendo de cualquier mal. Sólo existían ellos dos en la pista de baile, nadie más, y quería retener este momento en su memoria para siempre.
Desgraciadamente, todo lo bueno tiene un final, y la canción terminó, dejándoles una sensación extraña cuando decidieron mirarse a los ojos y se fueron separándose poco a poco, mientras el público asistente aplaudía por la bonita balada escogida, que se llamaba Bailar Pegados y fue presentada por España en el año 1991.
No sabía el porqué, pero Adrien juró que sintió la presencia de Ladybug en algún lugar de la sala. Que estaba con él. O que la mismísima Marinette era Ladybug y, por ende, era Ladybug la que bailaba con él. Probablemente tendría alucinaciones, porque no era normal sentir eso. Quizás sería el cansancio de estar tantas horas despierto y sin apenas dormir, o la cafeína de las bebidas que tomó, incluso el haberse dejado llevar por el baile y lo que iba sintiendo en esos momentos…
— Perdona por haberte abrazado así, sin más —se disculpó ella roja como un tomate, mirando el suelo.
— Ah, no tiene importancia —se rascaba la nuca Adrien, algo apurado e intentando quitarle hierro al asunto—. Me ha gustado que me abrazaras, supongo que habrá sido porque te dije que te echaría de menos…
— Sí, así fue… —asintió Marinette, que le dio un vuelco el corazón cuando escuchó que le gustó que le abrazara, y viendo que Alya se iba acercando a ellos junto con Nino—. Porque yo…
— ¡Chicos! ¡Ya se ha acabado lo que se daba! —exclamó Nino interrumpiendo a Marinette, con la chaqueta en la mano e iba llevando en el hombro el bolso de Alya—. Me ha encantado veros tan acaramelados…
— ¡Hubiera faltado un beso, y ya hubiera sido…! —Alya iba imaginándose la escena, juntando las manos y colocándolas en una de sus mejillas mientras miraba el techo con cara de enamorada.
— Vaya, ¿que unos amigos no pueden bailar, incluso abrazados? —preguntó con ironía el rubio.
— Parecíais novios —respondieron a coro Nino y Alya, cruzándose de brazos.
— Sí, sí, lo que vosotros digáis —les daba la razón de los tontos el joven Agreste, que se dirigía a los percheros a coger su chaqueta y Marinette hacía lo propio con su bolso de loto.
Todos los alumnos de los tres cursos estaban en el piso principal, recogiendo sus cosas. Algunos estaban bastante borrachos, unos cuantos chicos tenían las corbatas colocadas como diademas, o las camisas manchadas ya sean de las bebidas, algún vómito o incluso pintura de labios de alguna chica con la que se habrían besado. Por la parte de las jóvenes mujeres, la gran mayoría no podían aguantar con los zapatos de tacón, así que algunas iban descalzas con sus zapatos en la mano. También muchas no tenían el maquillaje perfecto, o el peinado algo descolocado.
A los pocos minutos, todos habían salido de la discoteca. Como la gran mayoría no iba a hacer lo mismo, tomaron rumbos diferentes: unos querían ir a otra discoteca o pub para continuar con la fiesta, otros deseaban regresar a sus casas, o irse con sus parejas a hacer ciertas cosas. El coche de Nino quedaba cerca de donde estaban, y se ofreció a llevar a Marinette y a Adrien a sus hogares, ya que él pasaría el resto del fin de semana con Alya de escapada romántica.
Nino dejó primero a Adrien a las puertas de su mansión —Adrien, afortunadamente, tenía las llaves de su casa—, y por último dejó a Marinette enfrente de la panadería-pastelería de sus padres. Ambos agradecieron el gesto de su amigo pues fue un gran detalle que él quisiera transportarlos, y Nino simplemente sonrió y les decía que eso es lo que hacen los amigos.
Marinette llegó a su casa, escuchando el silencio que había en el salón a excepción del tic-tac del reloj y los ronquidos de su padre en la habitación de matrimonio. Sin hacer ruido y con los zapatos quitados, subió las escaleras que llevaban a su dormitorio. Abrió su bolso para que Tikki saliera, pero estaba dormida, así que la tomó entre sus manos y la dejó en una pequeña almohada situada en el diván. Tenía demasiado sueño, pero sacó las pocas fuerzas que tenía para desvestirse, ponerse el pijama, quitarse todos los accesorios, soltarse el pelo y quitarse el maquillaje del rostro. Inmediatamente se fue a la cama y, cuando se arropó con las sábanas, lo único que hizo fue tatarear bajito la canción de Bailar Pegados como si de una nana se tratase, hasta que se quedó dormida, recordando ese bonito baile que tuvo con su amor platónico.
Nota de la autora: ¡Hola de nuevo, queridos miraculers!
Hoy es 14 de febrero, San Valentín y, como regalito de este día tan especial para algunos, os traigo nuevo capitulillo de este humilde fic que hago.
En esta ocasión, la mano ha dado más pulsaciones en este mes, pues este capítulo me ha ocupado nada más y nada menos que 43 páginas en Word. ¿Cómo os quedáis? Yo todavía alucino con la cantidad de páginas que escribo en un mes.
Por lo que habéis leído, que querido abarcar la celebración de la graduación de los compañeros de Marinette. También me he parado a describir mucho las vestimentas, pero es porque en Fanfiction no deja poner imágenes (es una lástima). Tampoco deja poner enlaces de YouTube de canciones (de hecho, creé una lista de Spotify de más de 6 horas con las canciones de Eurovisión). Pero es lo que hay.
Y por cierto, ¿por qué canciones de Eurovisión? Bueno, digamos que este concurso es algo que compartimos los españoles con los franceses y demás países de Europa, por lo que muchas canciones las hemos escuchado los europeos cuando se celebra el certamen. ¡Es como si fuesen unos JJOO de la canción, pero a nivel europeo! Así, no hago algo demasiado inverosímil o inventado...
Una vez más, os recomiendo que me sigáis en mis redes sociales (sobre todo Twitter) para no perderos las imágenes que hago de los capítulos del fic, algún que otro spoiler o comentarios de referencia con algunas cosas de esta historia.
En el próximo mes, tendréis el tercer capítulo, como será siendo habitual. ¡Y que no se os olvide comentar este episodio, darle a vuestros favoritos, me haríais muy feliz!
¡Muchos besitos!
