Capítulo 3: Hasta siempre

— Quería anunciar esta noticia a todos los televidentes de tu programa, Nadja: me iré a Nueva York.

Fue tan impactante que nadie se lo esperaba. El anuncio de Ladybug cayó como un jarro de agua fría a todos los parisinos. París no tendría más a su superheroína. Se iría a Nueva York en busca de un futuro, como la chica de edad adecuada y perfecta que cursaría estudios superiores. Tampoco era un secreto que tanto Ladybug como Chat Noir habían crecido y no serían los eternos adolescentes que daban su vida por los ciudadanos y que iban combatiendo contra los akumas, sabían que tenían una vida fuera de las proezas heroicas.

Pero aun así, algunos tenían miedo de lo que llegaría a ocurrir en las próximas semanas o meses, o cuando Ladybug ya no apareciese más por la ciudad de París. La noticia fue retransmitida en el programa Cara a Cara, presentado por Nadja Chamack, ya que ambos héroes estuvieron invitados por petición de Marinette (siendo Ladybug, obviamente). No había que ocultar algo tan importante a la población si a las pocas semanas la gente notaría la ausencia de Ladybug, ¿no? De todas formas, tanto Chat Noir como Ladybug explicaron por encima los protocolos que se iban a seguir de ahora en adelante, en qué fecha aproximada se iría ella, y qué haría el héroe gatuno solo y cómo se solucionaría todo.

Por otra parte, tampoco es que ambos estuviesen cómodos dando esta información, pues la gran mayoría de la gente le tenía un gran aprecio y cariño a la chica con traje de mariquita de poderes purificadores. Los ojos de Chat Noir denotaban cierta tristeza a la vez que resignación, pero era lo que había y una marcha atrás por parte de Marinette era impensable.

El anuncio ocurrió a principios de julio, y para aquel entonces, Papillon había mandado dos akumas por semana en los dos meses que hubo de vacaciones: desde chicos frustrados que tenían que estudiar porque habían suspendido el curso, pasando por personas malhumoradas por el calor del verano o hasta trabajadores agotados en época estival, entre otros casos que llevaron a ciertas personas a ser akumatizadas por el portador de la mariposa.

¿Marinette estaba disfrutando de las vacaciones de verano? ¡Qué va! No sólo estaba combatiendo akumas a diestro y siniestro, también iba patrullando o ayudando a los ciudadanos con robos que se sucedían, conductas incívicas, accidentes de todo tipo y un largo etcétera. Era agotador ser superheroína casi a tiempo completo, porque si no era una cosa, ¡era otra!

Sin embargo, le quedaba algo de tiempo para estar con su familia, ayudar de vez en cuando en la panadería-pastelería, quedar con sus amistades, diseñando alguna que otra cosa, o hacer actividades lúdicas que se le ocurrieran. Aunque también tuvo que mirar páginas web de alquileres de apartamentos y casas que estuvieran a buen precio y más o menos cerca de la academia Dream Atélier, en las que se quedaba horas y horas comparando precios, metros habitables, almacenamiento, habitabilidad, luminosidad, espacio, los pagos de la casa, situación de la vivienda con respecto a la academia y otros servicios. Y, a parte, consultarlo todo con sus padres para que le dieran consejo, pues sería la primera vez que viviría sola, sin ellos.

¡Cuántos correos electrónicos tuvo que mandar, cuántas consultas, cuántas llamadas por el móvil o mediante videoconferencia! Por no hablar de los emails que recibía de Dream Atélier sobre la beca, el temario, el campus virtual y la web disponibles, la dirección del centro y un sinfín de papeleo y detalles más. ¡Creía que se iba a volver loca de un momento a otro, tenía tantas cosas en las que pensar y en las que hacer!

Tampoco dejaba de darle vueltas a los sentimientos que tenía Chat Noir por ella (bueno, más bien por Ladybug). Evidentemente, por mucho que él le asegurase que el amor que sentía lo convirtió en amistad, que ya formaba parte del pasado y demás, ella no se lo creía. Si lo dijo, por algo sería. Obviamente, Chat actuaba de la misma manera de siempre, con sus bromas, flirteos y su actitud chulesca tan reconocible. Pero Marinette se sentía tan mal por dentro, tan mal por él, no lo podía evitar. Y si él se había puesto una especie de coraza para ocultar sus sentimientos, también lo tenía que hacer ella para no mostrar algún signo de tristeza cada vez que lo veía. Luego también estaban, cómo no, los sentimientos que tenía ella por Adrien.

Desde que ocurrió lo del baile (y la puesta de bandas en general), no tuvo la oportunidad de ver a Adrien. Casi siempre estaba ocupado teniendo sesiones de fotos para anuncios promocionales, para las revistas o para las marquesinas, o yendo a alguna parte fuera de la ciudad, sobre todo para darse a conocer como modelo en algunas galas o desfiles de moda. Muy pocas veces estaba por París, y era una verdadera lástima, aunque quien más le echaba de menos era su mejor amigo Nino. Por lo tanto, muchos de los planes que tenían pensados sus amigos se realizaban con ella, Nino y Alya, y algún que otro compañero de clase que estuviese disponible en esos días. Pero Adrien nunca hacía acto de presencia o apenas mostraba señales de vida, y eso la entristecía.

Todavía recordaba esos momentos en la puesta de bandas que se quedaron muy impregnados en su memoria, como si de una película se tratase. Su amabilidad, la forma de dirigirse a ella, el tono de su voz, cuando se sintió agradecido al ver que Marinette intervino en el altercado entre Lila y Chloé… Su mente volaba hacia el instante del baile, estando abrazados y moviéndose lentamente siguiendo el compás de la música.

En su curiosidad, al día siguiente de su graduación, buscó por YouTube la canción de Bailar Pegados para volver a escucharla y mirar la letra traducida al francés para saber su significado, pudiendo comprobar que era una balada totalmente romántica. Y que, según la canción, la manera correcta y adecuada de bailar una balada era en la que los bailarines tuvieran que estar "pegados", una posición que Alya, ayudada por Nino, les obligó a adoptar tanto a ella como a Adrien. No sabía si era una coincidencia, dado que Alya no sabía ni una pizca de español, pero muy en el fondo se lo agradecía porque venía como anillo al dedo.

Desde ese entonces, no dejaba de tatarear la melodía cuando estaba muy animada, pero si supiera castellano, sabría que la cantaría a pleno pulmón. Le daba igual que fuera una canción en otro idioma o antigua, que incluso existía mucho antes de que ella naciera, pero le encantaba a fin de cuentas. Se conformaba sólo con la tonadilla, que le rememoraba únicamente buenos recuerdos con el amor de su vida. Sin embargo, también escuchar esa canción cientos de veces la hacía llorar de vez en cuando, sabiendo que en breve no lo volvería a ver, por lo que la balada en cuestión le daba tan dispares sentimientos según su estado de ánimo.

Los días pasaban a una velocidad vertiginosa y, de pronto, ya se encontraba en el último día que pasaría en París. Prácticamente todo estaba dispuesto para su marcha: su pasaporte y billete de avión, sus maletas, lo necesario para la academia y lo que necesitaba, en general, para empezar a vivir su nueva vida en Nueva York. Lógicamente, ya tenía una vivienda para ella, un loft muy coqueto que no estaba demasiado lejos de Dream Atélier, con una parada de autobús cercana, un supermercado, algunas cafeterías y pequeños comercios locales. El alquiler, la situación del edificio, la vivienda y todo lo que rodeaba al lugar le parecieron muy adecuados para ella y su familia. El loft lo arrendaba una mujer llamada Rachel, que pasaba de los cincuenta años pero que aparentaba menos edad, era bastante simpática y muy cercana. Ya hicieron el primer pago e incluso algunas pertenencias de Marinette estaban en Nueva York, puestas en grandes paquetes y dentro de la vivienda gracias a la casera que la ayudó sin ningún problema.

Hoy, en la tarde, tenía pensado en quedar una última vez con el señor Fu y con Chat Noir, ya que mañana tendría que irse al aeropuerto y marcharse de París. Desgraciadamente, el vuelo directo de París-Nueva York duraba más de ocho horas (¡casi nueve!), yéndose de París a las cuatro de la tarde para llegar a la Gran Manzana sobre las siete de la tarde en horario americano. Un calendario que tenía en la pared tenía tachados los días que faltaban con un rotulador rojo, y a cada día que tachaba, Marinette se sentía más agobiada y nerviosa. ¡Es la primera vez que tendría que volar tan lejos y sin su familia, totalmente sola!

La ingente cantidad de tilas que le preparaba su madre (e incluso Fu cuando lo iba a visitar) para que pudiera tranquilizarse era considerable. Afortunadamente tenía el apoyo de su familia, el guardián de los miraculous y sus amigos, con los que sabía que podía contar perfectamente.

En ese momento, Marinette estaba bajando por las escaleras de su habitación para irse al salón, y encontró a su madre en la cocina realizando la comida.

— Déjame que te ayude, mamá —pidió ella, acercándose a la nevera para ver qué había de beber.

— No te preocupes, cielo, ya casi está lista la comida —negaba con la cabeza Sabine, que ponía tomate triturado en la olla y le daba vueltas con una cuchara de madera.

— Los macarrones con carne y tomate se realizan en un pispás —decía Tom, que estaba colocando las servilletas y los platos en la mesa—. Pero si quieres ayudar… entonces coge los vasos, los tenedores y los cuchillos. Y, mientras, yo voy a por la fruta para el postre y a por una jarra de agua bien fresquita.

Al poco tiempo, la familia Dupain-Cheng ya estaba comiendo unos deliciosos macarrones y la muchacha pidió repetir, haciendo que su madre le sirviera un poco más en su plato. Tomó dos piezas de fruta (una pera y una manzana) y se quedó un rato en el salón viendo un concurso en la televisión con sus padres. Más tarde cogió un paquete de galletas de pepitas de chocolate para ofrecérselas a Tikki cuando subiera a su habitación. Antes de marcharse a su cuarto, les dijo a sus padres que estaría parte de la tarde y de la noche ocupada con unos cuantos compañeros de clase, para que no la esperasen a la hora de la cena pero que volvería pronto a casa.

— Me siento fatal por tener que mentirles a mis padres, pero quiero despedirme del Maestro Fu y de Chat Noir —contaba Marinette, sentándose en su diván rosa—. Por la tarde quedé con Fu y a la hora de la cena con Chat.

— ¿No se te hace curioso que Chat Noir quiera cenar contigo, Marinette? —preguntaba con suspicacia Tikki, mientras comía con tranquilidad una de las galletas.

— Me dijo que era como la "Última Cena" —Marinette puso un tono melodramático a propósito en las dos últimas palabras—. Meh, creo que será como si fuese una cena entre superhéroes…

— Pero… ¿no te llevará a algún restaurante o algo así, con vuestros trajes puestos y que os vea todo el mundo? —sospechó la kwami, cogiendo otra galleta del paquete.

— Lo dudo. Además, me dijo que quedaríamos en la Tour Eiffel. Pero no sé cómo y de qué manera cenaremos —su portadora se encogió de hombros, tampoco quería darle mucha importancia al asunto.

Pero, en verdad, estaba muerta de miedo. Miedo por el simple hecho de que Chat Noir volviera a decir algo con respecto a sus sentimientos por Ladybug, o que se atreviera a hacer una locura final porque sabía que era su última noche y ya no se verían más. No tenía miedo de él, pero sí de la situación en la que se podría encontrar Marinette y, más aún, estando a solas con el héroe gatuno. No obstante, cuando estuviera en Nueva York, probablemente todo ese tipo de sentimientos angustiosos que tenía se disiparían gracias a la distancia que había de por medio. Lógicamente no iba a olvidar a Chat Noir tan fácilmente, ¡era su compañero a fin de cuentas!

— Lo más importante es que estés tranquila, y ya verás que todo irá sobre ruedas —intentaba calmarla Tikki, sabiendo que por dentro estaba de los nervios.

Mientras Marinette asentía con la cabeza, decidió sentarse en la silla del escritorio y sacar uno de los tantos cuadernos de bocetos y dibujos que tenía. Pasaba las páginas hasta encontrarse con la última que estaba dibujada, cuya página tenía muchos trazos a lápiz y otras pequeñas partes coloreadas. Tikki se acercó al hombro de Marinette para curiosear el contenido de la hoja.

La chica empezó a examinar los bocetos de un traje que tenía en mente desde hacía mucho tiempo, portado por una figura femenina en varias posiciones, o con algunos trazos que iban centrándose en las piezas que tenían más detalle o relevancia. En la parte de arriba de la hoja ponía en mayúsculas "LADYBUG" escrito en un intenso color rojo con la caligrafía tan distintiva de Marinette, dando a entender que era una reinterpretación de su traje con un tinte más adulto.

— ¿Sabes, Tikki? Siempre me había preguntado si el traje se podría modificar llegado a un punto…

— Sí, dependiendo de los poderes que tenga la portadora o que hubiese un cambio relevante en ella. Pero también se modifica su traje o su arma, tomando en cuenta el contexto histórico de la época y sus particularidades socioculturales —explicó la kwami.

— Cierto, dudo mucho que la Ladybug de Egipto o de la Grecia Antigua vistieran con el mismo traje que el mío —rió Marinette, sacando un lápiz de un estuche rosa—. No me imagino a Khepri o a Hyppolitia de esa forma, la verdad.

— Entonces, ¿así quieres verte a partir de ahora? —preguntó Tikki, señalando los bocetos.

— Tenía esa idea en mente… Creo que el traje que llevo ahora no lo veo apropiado, ya que he crecido… y me vendría bien un cambio que se adapte a mi nueva situación, y verme más adulta también con él —respondía Marinette, analizando cada uno de los detalles del traje con ojo crítico.

— Incluso quieres hacerte un cambio en el peinado, por lo que veo —indicó el pequeño ser rojo, apuntando con su manita un dibujo que comprendía la cara y el pelo en diferentes ángulos.

— Así sería más difícil que me relacionaran, ¿no te parece? Ya no se vería tan evidente, que llevando dos coletas tanto tiempo siendo Ladybug y Marinette tiene sus riesgos —se rascaba la cabeza la muchacha—. Pero, ¿se puede hacer?

— Claro, no te preocupes —aseguró Tikki, encantada con las ilustraciones de la nueva Ladybug—. Más o menos lo quieres así, ¿no?

— Sí, creo que lo que tengo aquí es el diseño definitivo —Marinette tomó el cuaderno entre sus manos con la boca algo torcida.

— Sin embargo, sería conveniente que te transformaras cuando estuvieses en Nueva York. Por ejemplo, cuando te apetezca ir por la noche a patrullar o conocer la ciudad para adaptarte a ella —sugirió Tikki.

— ¡Una nueva superheroína llega a la ciudad de Nueva York! —exclamó Marinette con voz teatral, como si estuviese presentando el inicio de una película de superhéroes—. Y por lo otro que dices, pues sí, tienes razón. Al final me tendré que acostumbrar y adaptar al sitio cuando esté allí, porque prácticamente todo será nuevo.

— Mientras no tengas miedo a lo desconocido, todo irá bien, seguro que sí. Eres muy valiente, Marinette —Tikki se acercó a la mejilla de la chica para darle un tierno besito.

Ella la tomó entre sus manos, acariciándola cuidadosamente, y de nuevo reanudó la revisión del traje, destacando algunos detalles con lápiz o con colores rojos y negros, mientras escuchaba los últimos éxitos musicales que había en Francia a través de Spotify. Su habitación sólo tenía lo indispensable, muchas de las cosas que había en su cuarto y que necesitaba ya las tenía empaquetadas y enviadas a su próximo domicilio en la Gran Manzana. Dos maletas grandes, una mochila y un bolso era lo único que tenía preparado para llevar en el avión. Su ordenador de sobremesa se encontraba en Nueva York, así que todo lo tenía que hacer mediante su tablet o su smartphone.

El Maestro Fu y ella habían quedado en la casa de él, como iba siendo habitual en sus reuniones. Sería una despedida tranquila, con algunas recomendaciones por parte de Fu mientras tomarían algo refrescante. Al ver que le quedaba poco tiempo para irse, cerró su cuaderno y guardó sus lápices de colores, bastante satisfecha de los últimos retoques a los bocetos de su nuevo traje, y guardó su móvil en el bolso. Dando un último vistazo a su cuarto y teniendo lo necesario preparado, bajó por las escaleras de forma acelerada y vio que estaba sola en la cocina, pues sus padres le avisaron con antelación de que irían al supermercado.

En pocos minutos, había preparado un té verde con menta para Fu, que lo acompañaría con unos hielos para que estuviera más fresca la bebida. Por otro lado, para ella se hizo un batido de leche, fresa y plátano. Los guardó en unos vasos térmicos dentro de una fiambrera de tela, y también cogió un paquete de galletas que tanto le gustaban a Tikki. Cerró la puerta tras ella y la kwami se escondió en el bolso de su portadora, mientras Marinette bajaba las escaleras del edificio para salir a la calle.

El cielo estaba despejado, sin ninguna nube que acechara aquella linda tarde. Una marquesina digital indicaba los últimos días de verano con su fecha y hora, pero la gente aprovechaba los pequeños momentos del estío para disfrutarlos en el exterior. Siendo sinceros, a Marinette le hubiese encantado quedar con el guardián de los miraculous en alguna terraza para observar el ambiente y el paisaje parisino, pero… ¿cómo iba a hacerlo, si podría encontrarse con alguien conocido? ¿O cómo podrían hablar de temas relacionados con los miraculous, Ladybug, Chat Noir y Papillon sin ser descubiertos? Era un riesgo que ambos no podían permitirse correr.

Afortunadamente, los días eran más largos y anochecía mucho más tarde, por lo que podía deleitarse con los rayos del Sol que iban bañando ligeramente su piel a estas horas de la tarde. No tardó mucho tiempo hasta llegar a la estancia del Maestro Fu, que la acogió con una gran y amplia sonrisa mientras le abría la puerta caballerosamente.

Con alegría destapó los envases de las bebidas y le ofreció al anciano su té, a la par que ella cogía su batido, que estaba extremadamente delicioso. Fu fue a la cocina a traer unos cubitos de hielo y unas pajitas de colores para beber mejor el contenido. Por otro lado, Tikki y Wayzz estaban situados en la mesa, cercanos a donde estaban sus portadores y observándolos con atención mientras compartían las galletas de chocolate que trajo Marinette para su kwami.

— Hoy es tu último día —dijo Fu con voz calmada, removiendo con la pajita los hielos que tenía su té—. ¿Estás contenta?

— Sí, sí lo estoy, aunque algo nerviosa, para qué engañarte —comentó Marinette, sorbiendo el batido para saborearlo.

— Has hecho un gran esfuerzo y grandes sacrificios para llegar hasta donde has llegado, tanto siendo Ladybug… como siendo Marinette. Ya verás que recogerás los frutos de lo que has sembrado, confío en que todo saldrá a pedir de boca —le daba palmaditas en la espalda el anciano con suavidad.

— Gracias por los ánimos, es difícil tomar este tipo de decisiones, pero ya no hay vuelta de hoja —sonrió débilmente la chica, dejando el vaso en la mesa.

— A veces, las decisiones son complicadas cuando están implicadas terceras personas, o cuando tienes un puesto de responsabilidad. Pero por algo te elegí para ser la portadora del miraculous de la mariquita, así que descuida. Confío plenamente en ti, en tus capacidades y cómo sobrellevarás todo.

La mirada de la muchacha no estaba fija en ninguna parte, más bien en el vacío, pensando en sus cosas, aunque escuchaba sin problema al Maestro Fu. Todavía no tenía asimilado que dentro de unas horas se marcharía. Su mente cavilaba mientras movía distraídamente el contenido de su vaso con la pajita de forma lenta y mecánica. El señor de pelo canoso le acarició la espalda sin previo aviso, pero eso a Marinette no le molestó en absoluto porque sabía que era un gesto de apoyo y que lo hizo para reconfortarla. Ella sólo mostró una sonrisa imperceptible, cogiendo su batido para darle otro sorbo.

— No tengas miedo al futuro. Sé que es duro tener que separarte de tus amigos y de tu familia, o no hacer las rutinas y tareas a las que estabas acostumbrada. Sólo ten confianza en ti misma —le aconsejó Fu, observando el rostro de la joven.

— Se ve que todavía no he asimilado todo esto, y me queda menos de un día. En unas horas tomaré un avión rumbo a Nueva York… y no sé lo que me encontraré —suspiró Marinette, mirando a los ojos a Fu.

— Pues… Te encontrarás con nuevas aventuras —dijo Wayzz, a la vez que Tikki estaba asintiendo—. Tu nueva ruta no ha hecho nada más que comenzar.

— Además, hay que tener en cuenta que cuando habías dicho en el programa de Nadja que te ibas a Nueva York… en fin, da alas a pensar de que Papillon podría trasladarse a Nueva York para perseguirte, que puede ser una posibilidad —apuntó Tikki, haciendo que todos reflexionasen por unos segundos.

— Sí, es una posibilidad —afirmó Wayzz, poniendo su patita verde en su mentón—. Para Papillon, tu miraculous es más importante que el de Chat Noir, aunque necesite de ambos para realizar su deseo. El poder de la creación es poderoso, no lo olvidemos. Por eso, puede que tengas que seguir siendo Ladybug… pero en otra ciudad y en otro ambiente. Aun así, estamos contigo.

— No lo sé, el hecho de que Papillon me persiga a cualquier parte del mundo es un tanto… desesperado, ¿no? —dijo Marinette, un tanto nerviosa.

— Ese hombre es capaz de hacer cualquier cosa, y sabemos que el principal objetivo eres tú y tu miraculous —decía Fu de forma pensativa, bebiendo su té helado—. Creo entender que él ve en ti rasgos más fuertes que en Chat Noir. No es un secreto que Chat Noir siempre anda protegiéndote y él es el blanco de bastantes desencuentros con los akumas, pero eso se debe a que eres tú quien los purifica, de ahí a que se te dé más importancia a ti que a Chat Noir.

— Pero también Chat Noir es poderoso y útil, el poder destructor que tiene él con su Cataclysm no tiene parangón —asentía Wayzz—. Sabe combatir estupendamente y es muy ágil. Él también tiene una gran responsabilidad, aunque mucha gente, incluso Papillon, lo mire como alguien de segunda y no a tener muy en cuenta.

— Sois un equipo y ambos os complementáis. Los dos sois necesarios e importantes. Esto es lo que le digo muchas veces al muchacho cuando hablo y quedo con él —comentó Fu, haciendo que Marinette tuviese un ligero tirón en el estómago por la curiosidad.

— ¿Has… quedado con él? —preguntó ella, algo sorprendida.

— Por supuesto, aunque mucho más tarde que tú y con menos frecuencia, si nos ponemos a comparar. Tengo algunas pesquisas sobre el entorno del chico y por eso soy más cauteloso, aunque esto último no se lo he dicho. Espero que no se lo reveles y que guardes para ti este detalle —Fu miró a Marinette con cara de circunstancias, como dándole un toque de atención.

Marinette se quedó mirando a Fu con los ojos como platos y la boca ligeramente abierta. ¿La familia, amigos o entorno de Chat Noir son sospechosos y por eso Fu actuaba con cautela? ¿Había riesgos con Chat Noir, no se podría confiar en él? Sentía cómo se le revolvía el estómago, pero en vez de curiosidad, de dolor por esos pensamientos.

— Tranquila, no te preocupes. El problema no es él, son otros asuntos que no te atañen. Él es un buen chico, créeme, que por algo lo elegí y no a otro muchacho. Pero hay ciertas cosas y aspectos de la vida que no se pueden controlar, por eso cuando se trata de él tengo que ser más… sibilino. Y debido a eso hablo más con él por teléfono que quedando en persona, algo que me desagrada un poco, pero en este caso no puedo hacer mucho —explicaba el Maestro Fu mientras juntaba las yemas de sus dedos.

— ¿Tan mal está Chat Noir? —inquirió la muchacha de oscuros cabellos, sintiéndose triste.

— Digamos que es… complicado, por así decirlo. Por ejemplo, tiene un padre demasiado exigente y autoritario —el hombre de rasgos asiáticos suspiró—. Pero mejor no revelo más aspectos personales de él, eso es mejor que te lo diga el chico en persona cuando se sienta en plena confianza contigo… o cuando ambos hayáis decidido revelar vuestras identidades, algo a lo que estás bastante reacia a hacer por el momento.

— Lo siento, pero pienso que no es conveniente hacerlo… Si descubrimos nuestras identidades, sería un peligro para las personas que queremos. Y no quiero que ocurra una desgracia, no quiero tener riesgos —negaba con la cabeza Marinette.

— Bueno, a lo largo de la historia, algunos Chat Noir y Ladybug de otras épocas sí supieron de sus identidades: unos cuantos fueron compañeros, otros amigos, incluso familiares. Por no decir que hasta llegaron a ser pareja —Tikki emitió una sonrisita, provocando que Marinette enrojeciera.

— ¿Yo, pareja de Chat Noir? —chilló Marinette, roja como un tomate, haciendo que los kwamis y Fu rieran.

— De una manera u otra, Ladybug y Chat Noir siempre logran estar juntos, dependiendo de los lazos que les unan —soltó Fu, bebiendo cuidadosamente su té mientras miraba fijamente a Marinette—. Aunque no siempre son amorosos, pero la gran mayoría sí lo llegan a ser.

— Ay, si supieras la verdadera identidad de Chat Noir… —decía Wayzz con misterio y con un brillo interesante en los ojos—. Porque tanto el Maestro como yo sí lo sabemos…

— La gracia está en que ellos lo descubran, Wayzz —comentó Fu con una sonrisa pilla que no ocultaba en absoluto, sabiendo que Marinette estaba enamorada de Adrien—. Ése será su momento, y no hay que adelantar o forzar las cosas… Todo a su debido tiempo, amigo mío.

— ¡Ahhhhh! ¡Sois malos! —Marinette se tapaba la cara con las manos debido a la vergüenza suprema que estaba pasando—. Que… que a mí… ¡me gusta Adrien! ¿Vale?

—… —Wayzz y el Maestro Fu se miraron con mucha complicidad, aguantándose las ganas de soltar carcajadas.

— ¡No os riáis de mí! —gritaba ella, muy avergonzada, todavía con las manos ocultándole la cara—. ¡En… En la vida seré yo pareja de Chat Noir! ¿Me oís? ¡El único hombre de mi vida es Adrien, aunque sea un amor imposible!

— Si ella supiera… —murmuró el kwami en forma de tortuga a su maestro, acercándose a su oído.

— Venga, Marinette, tranquilízate —dijo Fu con expresión bonachona, apartando los brazos de la joven para ver el rostro colorado de Marinette—. Lo mejor que podréis hacer es mantener ese buen compañerismo y amistad que os tenéis el uno al otro. Y con el tema de los asuntos amorosos, eso sólo os concierne a vosotros dos y decidir qué queréis hacer con vuestras vidas sentimentales…

Los nervios y la congoja de Marinette eran palpables en su cara. Tanto Fu, como Wayzz y sobre todo Tikki sabían lo enamorada que estaba de Adrien, lo frustrada que se sentía por no ver señales de esperanza para tener ese "algo más" o que él no la correspondía de la misma manera. Sin embargo, no les dijo ni a Fu ni a Wayzz que Chat Noir se le había declarado cuando ella le comentó sobre su salida a Nueva York, y que desde ese entonces no había ni un sólo día en el que sintiera una losa pesada en la espalda, cargando con una culpa que no tendría que tenerla… aunque no podía evitarlo por más que quisiera.

¿Cuándo se le iría ese asqueroso nudo que tenía en la garganta y que no le dejaba respirar cada vez que pensaba en Chat Noir? ¡Hasta se sentía culpable por dejarle solo en París! Por el momento, sólo suspiró con pesadumbre, totalmente derrotada por el torbellino de pensamientos que había en su mente, pensamientos contradictorios, culposos, de toda índole.

— A veces me recordáis a mis amigos Nino y Alya, que sueltan comentarios algo subidos de tono para unirnos a Adrien y a mí, haciendo que nos sintamos incómodos —masculló Marinette, retirándose un mechón de pelo y colocándoselo detrás de la oreja con nerviosismo—. Sobre todo a mí.

— No creo que el Maestro Fu y Wayzz lleguen a ese nivel —dio una pequeña risita Tikki.

— Bueno, no la estamos convenciendo de que se vaya con Chat Noir, ella es libre de elegir al chico con el que desea estar —dijo con simpleza Fu—. Sólo comentábamos que, en la gran mayoría de los casos, las personas portadoras de ambos miraculous se unen como pareja amorosa en un determinado momento.

— Ni te presionamos con ese tema. Si estás enamorada y deseas estar con Adrien… —decía Wayzz.

— Pero él no me corresponde de vuelta. Menos lo hará si estoy en Nueva York… Tengo que ser realista, él nunca me amará y siempre seré su eterna mejor amiga, no hay vuelta de hoja —volvió a suspirar ella con la cabeza gacha.

— Como siempre, el destino ya se encargará de eso, nunca falla. Quizás, en un futuro no muy lejano, llegarás a estar con la persona que menos te esperarías, quién sabe —con voz misteriosa, el guardián de los miraculous se atusaba su barbilla.

— Sí, puede que mi destino no esté ligado al de Adrien… —murmuró Marinette, cerrando los ojos y haciendo un mohín—. Qué irónico, puede que al final acabe con Chat Noir, si lo pintáis así…

— El sino no fuerza las cosas a su antojo, sólo las presenta a los implicados con ciertos detalles y señales, y de ahí surgen las decisiones que tomarán cada uno de ellos —explicó Fu, tomando el vaso de té entre las manos—. Únicamente debes aceptar tu destino con los brazos abiertos, como si fuese tu mejor amigo.

— Pero… ¿el destino se puede cambiar, verdad? —preguntó Marinette, recordando las enseñanzas que le dio el Maestro Fu hacía unos años—. Mi miraculous y el de Chat Noir podían modificar algún aspecto del pasado, ¿cierto?

— No creo que sea una buena idea combinar los miraculous para que la suerte esté de tu parte y conjurar un hechizo para que Adrien se fije en ti, Marinette —Fu alzó una ceja mientras sorbía su té—. Ya sabes que estas joyas no se pueden utilizar para el beneficio propio y con usos egoístas, pero sí para el bien común y el de toda la humanidad.

— Ah, uh, me desvié completamente del tema, jejeje —avergonzada por el despiste, Marinette también cogió su vaso para beber su batido.

— No te angusties por los asuntos amorosos, lo que debes hacer es disfrutar de la vida, y el amor ya vendrá cuando tenga que venir. Sin prisas —el anciano hizo un gesto de pausa con la mano, como si estuviese frenando a alguien—. Lo importante ahora son tus estudios y centrarte en lo que es más importante, querida.

— Está bien —asintió Marinette con la cabeza y luego se encogió de hombros.

— Hablando de Chat Noir, ¿tienes tu kwagatama?

De forma inmediata, Marinette enseñó el kwagatama que tenía en el cuello, pues estaba oculto bajo su camiseta azul. El símbolo del Ying, teñido de color rojo intenso, se sostenía con un cordel negro y estaba suspendido en el aire ya que Marinette había cogido el collar entre sus dedos. Luego volvió a ocultarlo debajo de su camiseta una vez que Fu lo visualizó.

— Se lo daré hoy, tal y como me dijiste —comentó la chica de oscuros cabellos, bebiendo un trago de su batido—. Él sabe que se lo entregaré esta noche.

— Cierto, quedaste con él —Fu movió la cabeza en un gesto afirmativo—. ¿Vais a hacer algo importante, a modo de despedida entre vosotros dos?

— Digamos que Chat Noir había pensado en una cena… —decía Marinette mientras iba poniendo los ojos en blanco.

Wayzz hizo una cara extraña que incomodó a Marinette, haciendo que tuviera un ligero tic en la pierna por el nerviosismo. Otra vez no, ¡ya había tenido suficiente por hoy!

— Ah, vaya, conque una cena… —murmuró Wayzz con tono interesante.

— ¡Sí, y no es una cena romántica! —exclamó alterada—. Umm… creo.

— No lo creemos, supongo que no querrá que estés incómoda en ese momento —negaba con la cabeza el guardián de los miraculous—. Chat Noir nos ha explicado lo que pasó cuando le comentaste lo de tu marcha a Nueva York…

— ¡¿Qué… qué os comentó?! —la expresión de Marinette fue de pánico total.

— Bueno, pues… Que tenía unos grandes sentimientos por ti, y se te declaró —explicó Fu, confirmando las sospechas de la chica—. Sin embargo, no quiere romper ese compañerismo que os unía tanto. Viendo que no le estabas dando ninguna esperanza a lo largo del tiempo, se aferró a vuestra amistad únicamente y conservó eso hasta el día de hoy.

Dolor en el pecho, sentía demasiado dolor, su corazón palpitaba con tanta fuerza que creía que le saldría por la boca. Colocó una mano en la zona, sintiendo los latidos mientras suspiraba con amargura. Qué ganas de llorar más inmensas, no quería sollozar, pero le temblaba tanto el labio que tuvo que morderse el labio inferior. Tikki se acercó a Marinette para sostener con sus patitas el rostro de su portadora, intentando infundirle ánimo.

Miró a Fu con desconcierto, con ojos acuosos, casi al borde del llanto, y una lágrima traviesa asomó por una de sus mejillas. Viendo que Marinette se estaba empezando a derrumbar, Fu la abrazó con ternura.

— Sí, así fue —balbuceaba Marinette, mientras se sorbía la nariz e intentaba tranquilizarse después de haber estado llorando un buen rato, todavía en los brazos del Maestro Fu—. Chat me dijo que yo le gustaba mucho. Nunca le tomé en serio, nunca creí que me amaba, siempre pensé que sólo jugueteaba, que flirteaba conmigo porque era un ligón y que interpretaba un papel como superhéroe.

— Pues… si supieras su verdadera identidad… quizás te llevarías una grata sorpresa al ver quién es realmente —dijo Wayzz, sonriendo.

— Es un chico con un gran corazón y muy bondadoso. Siempre anda buscando el bienestar de los demás. Y muy detallista cuando se lo propone —explicaba Fu las bondades de Adrien mientras acariciaba el pelo de la muchacha—. Pero no te culpo, Marinette, tú únicamente tenías (y tienes) ojos para Adrien. Fijarte en Chat Noir te hubiese supuesto tener un conflicto interno, es comprensible.

— Lo siento, pero es que desde ese día… me duele… No sé… buscar las palabras exactas a este nuevo sentimiento, o varios sentimientos, es… complicado. Sólo sé que es doloroso. Los siguientes días después de aquello, cuando notaba cómo Chat Noir me sonreía, o luchaba a mi lado… yo sólo pensaba que… detrás de esa sonrisa o esa mirada… él estaba destrozado por dentro —comentaba Marinette con un nudo en la garganta y los ojos rojos de haber llorado.

— ¿Piensas que él no lo ha superado? —preguntó Wayzz.

— No lo sé, pero creo que no —respondió ella, negando con la cabeza—. Me siento mal por ello. No entiendo esta tristeza, o lo que sea que me esté pasando cada vez que lo miro.

— Intenta no martirizarte por ello —la aconsejó el kwami de Fu.

— ¿Y si… algún día… llegase a estar akumatizado? —los ojos de ella se abrieron de par en par, horrorizados.

— Adr… —Fu carraspeó fuerte, casi se le escapaba el nombre de Adrien—. Ujum, el muchacho ha pasado por mucho en su vida, sí, pero ha sabido arreglárselas perfectamente a la hora de manejar y calibrar sus emociones. No te preocupes por ello.

Se llevó ambas manos al rostro, evitando emitir un sollozo. Con un suspiro, se soltó del abrazo de Fu para incorporarse mejor en el asiento. Su batido no estaba tan fresquito como antes, y comprobó que Fu ya había terminado su té hacía bastante tiempo. Intentó llevarse la pajita a los labios y sorber el líquido con tranquilidad mientras su mentor la miraba con ternura.

Pasaron algunos minutos en los que Marinette sólo escuchaba la conversación a tres que mantenían Wayzz, Tikky y Fu sobre temas variados, algunos más serios y otros más triviales. No quiso decir ninguna opinión, como mucho sólo asentía con la cabeza de manera distraída. Terminó rápido su batido y se levantó, llevando consigo los vasos para lavarlos en el fregadero y guardarlos en la fiambrera de tela. Regresó a la estancia y se sentó de nuevo, con una actitud más tranquila que notaron los presentes.

— Hoy es mi último día aquí —declaró Marinette, tocando instintivamente el kwagatama a través de la tela de su camiseta—. Así que intentaré ser lo más amable que pueda con Chat Noir. Incluso si me hace un chiste sobre gatos que me llegue a enrabietar, pero se lo perdonaré. No quiero que me recuerde como la persona que lo trató de una forma cruel. Y tampoco es que esté orgullosa de haberle dado calabazas en todo este tiempo.

— O como decís la juventud de hoy en día… ¿cómo era? —Fu puso una cara de concentración, intentando adivinar la palabra—. ¿"Friendzone"?

— Algo así —se encogió de hombros Marinette, sonriendo un poco por oír en boca de una persona tan mayor una palabra tan característica de la jerga juvenil.

Las risas de los cuatro fueron interrumpidas por el sonido de las campanadas del reloj de pared, y todos vieron la hora que era. Marinette sentía que era el momento de marcharse, para ir de nuevo a su casa, dejar las cosas de la merienda en la cocina y esperar a Chat Noir en la famosa torre de París.

— Bueno, querida, creo que es mejor que vuelvas a casa —Fu colocó una mano en el hombro de Marinette—. Así te preparas un poco, te tranquilizas y pasas una noche amena con Chat Noir. Te aseguro que te lo pasarás bien con él.

— Supongo que sí, debería irme —asintió la muchacha, levantándose lánguidamente.

Tiró el paquete vacío de galletas al pequeño cubo de basura que había en la cocina y, después de eso, colgó su bolso en el hombro y cogió la fiambrera de tela en una mano, mientras Fu limpiaba la mesa rociándola con un producto de limpieza y pasándole un paño. Marinette tocó el pomo de la puerta, pero no la abrió por si su maestro tendría que decirle unas cuantas cosas antes de marcharse.

— Toca despedirnos, ¿no es así? —preguntó Fu, obteniendo un asentimiento por parte de su pupila—. Te vuelvo a repetir: no es necesario que estés así de preocupada, todo saldrá bien.

— Lo sé… —musitó Marinette en voz baja, acariciándose un brazo.

— Lo único en lo que tienes que pensar ahora es en tu viaje y en tus estudios. Serás una gran diseñadora de moda, ya lo verás. Aprenderás mucho, conocerás a gente totalmente diferente, estarás en un nuevo ambiente, saborearás lo que es la independencia… pero también tendrás que manejar la responsabilidad. Aunque no hace falta decirte eso, pues tus padres te habrán aconsejado muy bien —expresó Fu con una sonrisa cándida.

— Sí, todo será tan nuevo que ni me dará tiempo a quejarme porque tendré que hacer esto o aquello —rió con pocas ganas Marinette, sus labios estaban algo torcidos.

— No dudes en contactar conmigo para cualquier duda o consulta —el anciano señaló su teléfono móvil con el dedo índice—. El hecho de que estés fuera del país no significa que vayas a estar desorientada cuando te asalten las incertidumbres. Pero eres libre de hacer lo que quieras, pues a fin de cuentas eres una persona adulta. Seguro que actuarás sabiamente cuando las ocasiones lo requieran.

— Muchas gracias, Fu —agradeció Marinette, sabiendo que tenía el completo apoyo del Maestro Fu—. Intentaré… no molestarte mucho.

— Realmente deseo que te vaya todo bien —sonrió él y luego señaló al kwami de la tortuga con un gesto de la cabeza—. Y Wayzz igual, ¿verdad?

Wayzz asintió con su pequeña cabecita de color verde, posado en el hombro del guardián.

— No dejes de ser la Marinette risueña, decidida y alegre que yo conozco… Últimamente te he visto tan melancólica y triste que no es normal en ti —Fu acercó su mano a la mejilla de Marinette para acariciarla, ella no protestó ante aquel gesto.

— Ya… ya se me pasará. No te preocupes por mí —le aseguró la chica—. Intentaré dar el cien por cien.

— Mira por tu bienestar, siempre. Que nada ni nadie te acongoje. Con una actitud excelente y con lo maravillosa persona que eres, conseguirás hacer todo lo que te propongas. Mucho ánimo, mi niña —mientras decía estas palabras, Fu le dio un abrazo muy sentido.

A Marinette le costó reaccionar de manera rápida, pero a los pocos segundos le correspondió de igual manera, percibiendo cómo el pequeño y encorvado cuerpo del anciano le transmitía una paz y tranquilidad tan características en él. Wayzz y Tikki, entretanto, se dieron un abrazo a modo de despedida y se deseaban lo mejor. El maestro y su discípula rompieron aquel abrazo, y, con unas palabras de despedida y frases de ánimo, Marinette abandonó el edificio para volver a casa a tiempo.


— Ufff… estoy muy nervioso.

Chat Noir estaba esperando a Ladybug en la Tour Eiffel como habían acordado, en lo más alto de aquella estructura. Llevaba transformado un cuarto de hora y tenía absolutamente todo preparado para cuando ella decidiera aparecer. Pero estaba tan impaciente y nervioso que lo único que hacía era dar vueltas y vueltas, y sólo quedaban unos cinco minutos para que diese la hora.

Se acercó a la barandilla para ver el paisaje nocturno y por si divisaba a la superheroína parisina, pero no la identificaba saltando sobre los tejados de las casas. Había intentado dejarlo perfecto para que ella se llevase un bonito recuerdo. Esperaba de todo corazón que le encantase este detalle, pero sabía, muy en el fondo, que Ladybug sólo lo miraría como un compañero y amigo, aunque con esta cena Adrien no tenía dobles intenciones.

Desde el día en el que le confesó a medias sus sentimientos (sabiendo que le había mentido como un bellaco), notó algo de evasión por parte de la muchacha. Inquieta, incómoda, más parca en palabras. Los diálogos entre ellos no eran tan fluidos, la dinámica a la que estaban acostumbrados no era exactamente la misma. Por mucho que él pusiera de su parte, de ver que estaba todo bien, hacer chistes, lo que fuese para volver a los viejos tiempos… y lo que veía en ella era algo verdaderamente extraño.

La rabia contenida de Adrien por haber realizado aquel estúpido error (porque para él lo era, aunque ya no tenía sentido echarse atrás) la encauzaba practicando con el piano, tocando las teclas de manera intensa, con velocidad, como si la culpa de todo la tuviese el instrumento. En las sesiones de fotos y desfiles de moda apenas se concentraba, estaba como ido o posaba más serio de lo normal. Y en esgrima actuaba de forma casi agresiva en los combates contra los contrincantes, sorprendiendo a muchos de los alumnos que compartían la actividad extraescolar con él o al profesor que enseñaba dicho deporte.

Pero tenía que regular esos sentimientos negativos de alguna manera para intentar estar lo más tranquilo posible, no le daría el gusto a Papillon a que lo akumatizara… porque no sólo serían problemas para Adrien y su padre, sino para Ladybug también porque no la podría ayudar como Chat Noir. Y tampoco quería enfrentarse a ella, no de esa manera, no así.

— ¿Y si… no aparece? ¿Y si me deja plantado? ¿Y si…? —se preguntaba a sí mismo, con el ceño fruncido.

Muchas eran las probabilidades de que Ladybug no hiciese acto de presencia. Tampoco la culparía, era humana, y parecía que ella puso tierra de por medio por las actitudes que evidenciaba en las últimas semanas de vacaciones. No quería pensar mal de ella, pero estaba en su derecho en no querer acudir, por mucho que Adrien intentase pedirle que viniera (siempre con delicadeza y tacto, nunca obligándola). Pero si al final ella decidía no venir… no podría ocultar el gran vacío y dolor que sentiría su corazón.

Sin embargo, escuchó el característico sonido del yoyó desenrollándose, dándole entender que Ladybug había llegado y estaba en la torre.

— ¿Y si dejas de hacerte suposiciones erróneas? —la voz de Ladybug estaba cerca de él, y resultaba que Chat Noir le daba la espalda.

— ¡Ladybug! —se sorprendió Chat Noir, girándose para verla.

— ¿Pensabas que no iba a venir? —preguntó Ladybug con las manos en las caderas y una ceja arqueada que no se veía por culpa de la máscara roja con puntitos negros.

— No pensé que… me estuvieses escuchando —él se encogió de hombros, sintiéndose avergonzado.

— Se te escuchaba quejándote desde aquí, como para no enterarse… —exageró ella.

— Lo siento, perdona —Chat cerró los ojos y se inclinó un poco hacia adelante, suspirando.

— No, perdóname tú a mí… —negó con la cabeza Ladybug.

Adrien abrió los ojos para encontrarse con una Ladybug incómoda, mirando a la ciudad con un dedo pulgar mordido y pensando qué podría decirle, ya que parecía que no encontraba las palabras adecuadas o qué actitud tomar frente al muchacho. No obstante, el rubio sólo la miraba, intentando averiguar qué le estaba pasando por la cabeza o qué podría comentar, aunque se hacía una ligera idea.

— ¿Por qué… debería de perdonarte? —preguntó él, con una expresión de extrañeza—. ¿De qué?

— De… De mi actitud estas últimas semanas, ¿vale? —Marinette tenía un nudo en la garganta, pero aun así quiso explicarse y contar la verdad, deseando internamente que su voz no temblara a la hora de hablar—. No es fácil que tu compañero te confiese sus sentimientos, que te diga que le gustabas desde hacía mucho tiempo y te sientas culpable…

— ¡No! —exclamó Adrien, haciendo que ella diera un respingo y le mirara—. No… no eres culpable de nada, ¿vale?

— Perdón, pero… no puedo evitarlo —Ladybug sonrió débilmente, como si le pesaran los labios y estuviese haciendo un sobreesfuerzo—. Recuerdo cosas, situaciones, vivencias, conversaciones…

La superheroína se llevó una mano al rostro, parecía asqueada de sí misma. No quería llorar, no ahora, no en el último día en el que se verían. Dio un largo suspiro lleno de amargura y su vista se dirigió al suelo, evitando mirar a Chat Noir. Su corazón latía a mil por hora y su cuerpo empezaba a temblar, aunque de forma imperceptible para su compañero. Provocar, sin querer, una escenita o una discusión allí mismo era lo que menos quería que pasara en aquel instante.

— Siento que te he hecho daño, mucho daño, durante estos años. Creo que me equivoqué al juzgarte en algunos aspectos tuyos como superhéroe… o como persona. Pero entendía que… interpretabas un papel, porque cuando no eres Chat Noir te comportas de forma diferente, según tú —contaba ella mientras se acariciaba sus propios brazos.

— Sí, es verdad… Chat Noir y yo… somos casi polos opuestos —la mueca de Chat Noir era irónica, pensando que si Ladybug supiera quién había detrás de su máscara negra quizás se desmayaría—. Pero no me has hecho daño, yo me hice ilusiones y me aferré a una esperanza vana de que algún día te fijases en mí. Realmente soy yo el que he actuado como un idiota.

— Pero yo te dije que no cambiaría nada, que no te juzgaría, que todo seguiría igual que siempre, que no te…

— Lo sé, pero es inevitable —la paró él y posó una mano en el hombro de la heroína, haciendo que la chica se estremeciera ligeramente—. Una cosa es que en un primer momento te lo hayas tomado de una manera y luego, más tarde, empieces a recapitular y reflexionar sobre lo ocurrido… y eso ha sido lo que te ha pasado. No te culpo por ello, de verdad, te entiendo perfectamente.

— De verdad que lo siento muchísimo —se disculpó Marinette, tratando de que el nudo en la garganta desapareciera… pero seguía ahí—. He actuado con crueldad, no te lo merecías.

— No has sido cruel —aseguró Adrien, mostrándole una tímida sonrisa aunque los ojos, a través de la máscara negra, estaba un tanto opacados—. En realidad, no has hecho nada malo… Sólo que… pusiste un poco de distancia entre nosotros por lo que ocurrió e ir a lo estrictamente necesario cuando andábamos combatiendo.

— Pero no quería herir tus sentimientos —dijo Ladybug, mirando con decisión a Chat Noir—. Nunca he querido herirte de ninguna de las maneras, ni siquiera luchando aunque estuvieses controlado por un akumatizado. Pero… yo… no quiero mentirte, porque a veces te he seguido el juego... y puede que, sin querer, haya jugado con tus sentimientos.

— Lo de seguir el juego ya formó parte de la dinámica que teníamos, y estaba bien así…

— ¿A qué precio, Chat? ¿A hacerte más daño? —preguntaba con rabia la chica, apretando fuertemente los dientes—. ¿A que te construyeras castillos en el aire? ¿A que la decepción fuera más enorme si te rechazaba? ¿A que un día pudieses estar akumatizado por mi culpa?

— Tú no me has rechazado directamente, ni me has dicho "No quiero nada contigo", "No quiero ser tu novia" o cosa similar —contestó el héroe gatuno, un tanto hastiado.

— Es que no me estoy refiriendo a lo de ahora o a lo de hace meses, me estaba yendo a años anteriores, incluso cuando éramos unos novatos en esto de ser superhéroes, ¿me entiendes? ¡Estoy hablando de cuatro años enteros! —exclamó Ladybug, cerrando los puños cerca de su pecho.

— ¿Y qué? ¿Qué más da ahora? ¡Lo hecho… pues hecho está! No tienes que sentirte culpable de nada y por nada, punto. Ni me has mentido, ni has sido cruel, ni nada similar. ¿Piensas que te guardo rencor, que te odio? —inquirió Chat Noir, que sin querer apretaba de más el hombro de su compañera pero sin llegar a hacerle daño.

Ladybug hizo un mohín lleno de tristeza, evidenciando que se sentía culpable de todo: de cómo se comportó años atrás y estos últimos meses, su actitud esquiva, ciertas conversaciones que tuvieron, y un largo etcétera. Ver a su Lady así de dolida hacía que a Adrien se le encogiese el alma. Si él tuviese que encontrar al culpable de esta situación, no sabría decir quién era, o cuál o qué situación propiciaba esto. Probablemente estaba ciego por idealizar a Ladybug, aun así estaba al tanto sus fortalezas y algunos de sus puntos flacos, por lo que la conocía en gran medida. Sin embargo, como ella apuntó en más de una ocasión, no la conocía en su vida diaria, no sabía su nombre, cuál era su cumpleaños, sus ilusiones, sus gustos, sus anhelos, su futuro… Evidentemente todo sería mucho más fácil y diferente si se conocieran en su forma civil… pero también cabía la posibilidad de que no se gustasen, una vez reveladas sus identidades.

¿Por qué las cosas del amor y del corazón eran tan complicadas? Quizás, si fuese un chico normal como los demás, si no echase de menos a su madre, si no echase en falta el cariño de su padre, si fuese más sociable y saliese más, si supiese comportarse con la gente, si no estuviese encerrado entre las cuatro paredes de su mansión o atareadísimo en sus actividades extraescolares o con su carrera de modelo… todo sería muy diferente.

Finalmente, ver cómo el labio inferior le temblaba a Ladybug y percibir cómo una gota de agua proveniente de sus ojos caía por el moflete de ella… fue suficiente para que dejara de contenerse y la estrechó entre sus brazos con fuerza.

— Eres una persona humana, que sientes y padeces, igual que yo. ¿Que es una lástima no ser correspondido? Efectivamente, pero hay que saber lidiar con ello y aceptarlo, sin más remedio. Eso es lo que tuve que hacer —le murmuró en el oído mientras la escuchaba sollozar—. Sin embargo, valoro tu amistad por encima de todo, y eso es con lo que me quedo. Que me amases sería lo más milagroso que me habría pasado en la vida, ¿sabes? El inconveniente es que no se puede conseguir todo en la vida, y tú quieres a otra persona.

Duele. Cómo le dolía decir eso. Amar sin ser amado. Amar sabiendo que la persona a la que amas no está interesada en ti y tiene puesta su mirada en alguien más. Que no eres correspondido. Que sólo eres un compañero y un amigo. Que todas las razones que te ha dado la persona, como la distancia, el no saber quiénes son, no conocerse realmente o no saber si se gustaban en la vida real… son hándicaps enormes de por qué no iniciar una relación amorosa. Ladybug, como siempre, tan lógica e inteligente. Y él… pensaba más con el corazón, siendo menos racional.

— Qué tonto e idiota soy, ¿verdad? —se preguntó a sí mismo Adrien, oyendo los lloros de Ladybug—. Enamorarme de mi compañera de aventuras, a la cual no conozco en realidad. Y no quiero que me ames para darme el gusto a mí, tienes que ser sincera con tu corazón. Mereces a alguien que te quiera, te valore y que esté contigo siempre. Es más verdadero que ames a un chico normal de la calle que conozcas y esté pasando el tiempo contigo, conociéndote y sintiendo su apoyo, que a un superhéroe que sólo lo ves cuando hay un peligro cerca.

— Ch-Chat… —gimió Marinette con voz ahogada, sintiéndose débil y diminuta envuelta en los brazos de Chat Noir—. Lo… Lo siento-to tanto…

— Qué fácil sería si nos conociésemos sin las máscaras… No sé si alguna vez nos habremos cruzado con nuestras identidades civiles, o hayamos coincidido en alguna ocasión —él intensificó mucho más el abrazo, no queriendo apartarla de su lado—. Incluso haberte salvado sin tú estar transformada o viceversa. No lo sé…

Adrien se sorprendía del temple que tenía en ese momento, ni se había derrumbado delante de Ladybug o se había puesto a llorar junto con ella. La única persona que mostraba cierta "debilidad" en ese instante era ella, colmada por la situación y por esa incesante sensación de culpabilidad que llevaba arrastrando desde hacía tiempo. Por lo pronto, lo único que podía hacer como Chat Noir era confesarse —en cierta manera, pero también mintiendo— y consolándola con algo de contacto físico, como por ejemplo abrazándola.

Hoy su Lady olía a un aroma afrutado, como a cerezas. Inhaló su olor, que provenía de su cabello, lentamente y así le ayudaba a centrarse y seguir calmado, para así poder transmitirle esa seguridad y tranquilidad a ella. Podría estar abrazado a ella por horas, le encantaba estar así, aunque hubiese sido mejor en otras circunstancias y no con este panorama.

La heroína levantó la cabeza, revelando sus ojos rojizos por el llanto y él, sin dejar de abrazarla, retiró unas cuantas lágrimas con el pulgar de la mano derecha, intentando no hacerle daño con la uña en forma de garra.

— Ojalá supiera quién es ese chico del que estás enamorada… Porque le diría más de cuatro palabras. ¿Acaso no sabe lo que se está perdiendo, por no fijarse en esta increíble chica que tengo a mi lado? ¡Debe de estar ciego, alucino muchísimo de que no se haya fijado en ti! —las palabras de él intentaban ser de… ¿ánimo, tal vez?

— Mira… Es… complicado… —decía Ladybug, sorbiéndose la nariz e intentando que su voz no temblara más—. Pero… no puedo decirte quién es. Si lo supieras… quizás sabrías algo importante y revelador de mi vida personal. No debemos saber cosas íntimas y personales, no debemos saber nada el uno del otro. Nuestras… identidades deben ser secretas…

Chat Noir dejó de abrazar a Ladybug para poder observarla, no obstante, ambas manos estaban colocadas en sus hombros. Ella no decía nada nuevo bajo el Sol, eso estaba más que claro, y era un discurso con el que siempre había estado enfatizándole una y otra vez: que sus identidades permaneciesen secretas a toda costa. Pero… ¿algún día podrían conocerse de verdad, sin sus trajes y máscaras? Aunque si ella se iba a Nueva York… tal posibilidad quedaba totalmente descartada.

— Somos superhéroes, Chat Noir… No nos queda otra elección —sentenció Ladybug, cerrando los ojos y con la cabeza gacha.

— Te comprendo, Ladybug —dijo Chat Noir, acariciando con suavidad los hombros de la heroína—. Y comprendo más o menos por lo que andas pasando, aunque no me lo llegue a imaginar del todo. Pero quiero que dejes de sentirte mal y culpable. No quiero que sientas lástima o pena por mí.

Ladybug lo miró con ojos afligidos, había dejado de llorar y de tiritar. Conociéndola someramente, sabía que ella aún tendría esos sentimientos de culpabilidad, pero él ya no podía hacer nada. Le hubiese gustado preguntarle si, finalmente, se había declarado a ese muchacho que tanto le gustaba, pero sería hurgar más en la herida. A lo sumo, Adrien veía que lo más conveniente era dejar el tema y pasar a otra cosa para que pudiesen estar más a gusto y animados.

— Será mejor que nos dejemos de comer la cabeza, tú la primera. Si seguimos así, esta conversación nos va a incomodar y a doler más a los dos. Creo que ya es suficiente —declaró él, mostrando una sonrisa—. Oh, ahora que me acuerdo, ¿no teníamos una cena pendiente?

La muchacha dio un respingo, se había olvidado totalmente de que habían quedado en la Tour Eiffel para cenar. Y ellos estaban tan campantes hablando de las desgracias que tenían en su vida afectiva, amores no correspondidos y corazones rotos. Miró cómo su compañero se restregaba esas manos enguantadas con mucha avidez e ilusión, y luego indicó que le siguiera.

Al otro lado de la torre, se encontró dos alfombras negras con un estampado poliédrico en blanco, un par de fiambreras blancas con forma cuadrangular, unos vasos tematizados de ellos mismos (ya que en París sacaron mercancía de dichos superhéroes) y una nevera portátil de color negro. Entre las dos alfombras, había un altavoz portátil que seguramente sería para escuchar música, además de 4 farolillos de color blanco colocados en cada esquina y alrededor de las alfombras para que no estuviesen en penumbra y pudiesen ver.

Marinette se quedó a cuadros, contemplando aquel particular escenario, mientras que Chat Noir parecía muy satisfecho consigo mismo.

— ¡TA TA TA CHÁN, TACHÁN! —exclamó Chat, presentando el lugar con un aspecto muy cómico—. ¿Qué te parece?

— Es… es… ¡Es magnífico, Chat Noir! —contestó ella, sintiéndose mucho mejor y encantada con la decoración.

— Entonces… ¿estás contenta de haber venido? —preguntó el muchacho, guiñándole un ojo, y ella empezó a sonreír y a reír—. Bueno, creo que eso me lo tomaré como un sí. ¡Venga, a sentarse!

Ambos se sentaron en las alfombras, que tenían el tamaño del largo de una persona aproximadamente y podían tumbarse perfectamente. No obstante, Chat Noir abrió la nevera portátil para sacar una botella de cristal cuyo contenido tenía burbujitas pero era incoloro. Hizo un gesto de la cabeza a Marinette para que acercase el vaso y pudiese verter el líquido, haciendo también lo mismo con su vaso.

Observó el vaso de cristal de color rojo con puntos negros repartidos por todo el vaso, así como una silueta negra de ella —aunque con una apariencia mucho más joven— y unas bonitas letras que decían "Ladybug" en color negro, blanco y rojo. El de Chat Noir era idéntico, salvo que era de color negro, con huellas de color verde chillón, su silueta en color verde en la misma tonalidad y su nombre en blanco, negro y verde.

— Mmmm, ¿a qué sabe? —preguntaba Ladybug, olisqueando por el borde del vaso.

— Es gaseosa con un ligero toque a limón… —respondió él mientras ella ponía una cara de extrañeza—. No tiene alcohol, es un simple refresco, jeje. ¿Te pensabas que te iba a emborrachar?

— No creo que llegases a esos extremos —negaba con la cabeza Ladybug.

— Además de que soy abstemio, el alcohol y yo… no nos llevamos muy bien —reveló él y luego hizo una mueca con la lengua de forma desagradable.

— Jaja, yo igual, el alcohol no me gusta para nada, ¡es asqueroso! —Marinette también sacó la lengua y arrugaba la nariz, asqueada.

— ¡Somos unos raritos, My Lady! Bueno, al menos la gente no verá a una Ladybug borracha cantando La cucaracha agarrada a una farola o a Chat Noir vomitando por las esquinas porque se pasó de copas —contaba Chat Noir, imaginándose de manera hilarante cómo se verían ellos estando ebrios como una cuba.

— ¡Qué exagerado eres, por Dios! —reía Ladybug, dejando el vaso a un lado y se interesó por la fiambrera—. ¿Puedo abrirla? Tengo hambre…

— Es verdad, tampoco es plan de cenar tan tarde. Ábrela, ábrela, a ver si te gusta —instó él, animándola a que abriera la fiambrera.

Al retirar la tapa blanca, vio que había varios departamentos y diferente comida de la cual servirse. Cogió un fino y sencillo tenedor de plata, que estaba en el lateral de la fiambrera, y se dispuso a observar el contenido de la caja: aceitunas, jamón, queso, zanahorias, tomate, lechuga, sushi, ternera y caracoles. Viendo la comida, el estómago de Marinette emitió un leve rugido.

— ¡TA-DA! ¡MIRA QUÉ RICO, MY LADY! —gritó Chat Noir, con una expresión infantil en el rostro que daban ganas de achucharlo—. Mira, en este compartimento tienes ensalada de lechuga, con sus rodajitas de zanahoria, sus tomatitos cherry, unas buenísimas aceitunas rellenas de anchoa, todo eso aderezado con sal, pimienta, algo de miel, un tanto de vinagre balsámico y aceite de oliva virgen extra.

Marinette se quedó perpleja por la tan detallada explicación de Chat Noir con respecto a la ensalada. ¿Haría lo mismo con el resto de comida? Aunque no hacía falta decir que tenía una pinta exquisita…

— Por otra parte, aquí tenemos algo más sencillo: jamón ibérico de bellota y queso curado manchego, traídos desde España. Sólo los paladares más expertos pueden apreciar esta delicatesen. Esta sección es más como un aperitivo, así que te recomiendo que pruebes esto primero y luego la ensalada, pero es sólo una sugerencia, y...

— ¿Chat?

— Dime.

— ¿Vienen de España? ¿Esto es de importación? —sospechaba Ladybug, con una ceja enmarcada.

— Sí, al menos casi todos los ingredientes que hay en la ensalada, además del jamón y el queso, ¿por? —explicó el chico con sencillez y no dándole mucha importancia.

— ¿Sabes que esto es carísimo? ¡¿Sobre todo el jamón?! —Marinette, con nerviosismo, apuntaba con el dedo el jamón loncheado y perfectamente presentado.

— ¿Y? —Adrien sólo se encogió de hombros.

— ¿Te lo puedes permitir? —preguntó la muchacha, incrédula.

— Sí, ¿y? —suspirando, Chat Noir no entendía el estupor de la heroína.

Marinette decidió que mejor no hablaría más sobre la procedencia de la comida o sobre el precio por el que tendría que haber pagado Chat Noir para que pudiesen degustar dichos manjares. Así que, viendo que Ladybug no diría nada al respecto, continuó con su explicación culinaria, señalando una porción bastante mayor situada en la fiambrera.

— Los dos compartimentos que están al lado se basan en la comida japonesa: uno de ellos tiene trocitos de carne de ternera con salsa teriyaki, y el otro tiene sushi. El sushi al estilo uramaki, para ser más exactos, y tiene arroz, alga nori, aguacate, pepino, surimi y cebolla frita por encima. ¡Está para chuparse los dedos, My Lady! —Chat Noir besó sus dedos y luego los extendió con la palma abierta, alejando la mano de su boca—. ¡La comida japonesa es lo más!

— Madre mía, qué pinta más buena tiene todo… —el estómago de Marinette volvió a hacer un ruido.

— Y el quinto "plato", muy francés y muy típico de nuestra tierra… Escargots de Bourgogne beurrés. ¿A quién no le gustan los caracoles, eh? Bien grandotes, con su mantequilla, su ajo, su perejil, su chalota y todo ello bien salpimentado. ¡Sano, sano… y rico, rico! —Chat parecía encantadísimo con la cena—. Ah, y luego tenemos postre, pero está en la nevera para que conserve su frescura.

— Uff, no sé cómo has aprendido a hacer todo esto, pero está estupendo… —dijo Ladybug con el tenedor en la mano, con ganas de atacar a una aceituna para devorarla.

— Uy, ojalá pudiese hacer estas maravillas culinarias, pero el chef que tenemos en casa fue el que… —empezó a explicar Chat Noir, pero fue interrumpido por el chillido ahogado de su compañera.

— ¿¡Tenéis un chef!? —los ojos de Marinette eran tan grandes como platos de café.

— Ups… Esto… emmm… ¿Sí? ¿Tenemos un chef en casa? —respondió él, rascándose la nuca con nerviosismo.

— Veo que… eres una… caja de sorpresas —Ladybug parecía algo descompuesta—. Ya faltaría que la gaseosa o el postre fueran caros…

Chat Noir prefirió no oír aquel comentario, sabiendo muy bien que, evidentemente, toda la comida que había traído era bastante cara, incluyendo la bebida y el postre. La verdad es que el chef le hizo un gran favor atendiendo sus peticiones y haciendo caso a lo que deseaba poner en la fiambrera, se notaba que lo hizo con mucho esmero, pues cada comida estaba colocada en cada departamento con una presentación delicada y preciosa. Afortunadamente, de esto no se enteró Gabriel y sólo quedó entre el chef y Adrien.

Cogió su copa negra y la alzó a la altura de su cara, muy sonriente.

— ¡Brindemos! —exclamó él y Ladybug le siguió, cogiendo su vaso rojo—. ¡Por nosotros y, sobre todo, por ti!

— ¿Por qué? —preguntó la muchacha, interesada por tal enfatización.

— Porque mañana te vas, y deseo que tengas un buen viaje, que hagas muchos amigos en Nueva York, que aprendas mucho… y que te vaya muy bien —respondió Chat, ampliando más su sonrisa.

— Gracias… —agradeció ella, conmovida—. Bueno, pues… ¡está bien! ¡Por nosotros!

Los vasos chocaron con un tintineo y bebieron de ellos. A Marinette le encantó aquel refresco, con sus burbujitas haciéndole un breve cosquilleo en la garganta y con ese toque a limón que lo enriquecía aún más. Veía a Chat Noir muy complacido e iba notando que la observaba para saber si le gustaba, así que ella asintió con la cabeza para darle una respuesta afirmativa.

— Bueno, mientras comemos y demás, voy a poner música —propuso Chat Noir, toqueteando el altavoz—. ¿Prefieres que ponga algún canal de radio o la música que tengo metida en mi móvil? Tengo varios géneros y una gran variedad de canciones…

— Humm, espera… A ver tu altavoz, quiero ver cómo es… —decía Ladybug, cogiendo el altavoz para mirarlo mejor.

— Ah, vale, como quieras —aceptó él, no importándole mucho que ella cogiera aquel aparato y mientras tanto sacó su teléfono móvil para mirarlo con tranquilidad.

Cuando Marinette empezó a mirar mejor y con más detalle el altavoz, se dio cuenta de que pertenecía a una prestigiosa marca dedicada a equipos de sonido, un modelo Denon Heos 7. Recordó haberlo visto por la sección de electrónica en una ocasión, cuando fue de compras con sus padres al centro comercial, y su precio rondaba los 600 euros aproximadamente. Medía como unos 22 centímetros de largo y no pesaba demasiado, unos 3 kilogramos a lo sumo. Era sobrio y moderno al mismo tiempo, con un color negro precioso. Se notaba que era un altavoz de buenísima calidad.

Ahora quedaba lo siguiente: ¿Qué hacía Chat Noir con este altavoz tan prohibitivo? Ella, desde luego, no se lo podría permitir. ¿A caso él procedía de una familia muy adinerada? ¿Tenía un buen puesto de trabajo que le permitiría tener esos caprichos y que muy pocas personas pueden tener al alcance de la mano? ¿O… era un ladrón?

Y, sin quererlo, emitió un alarido muy estridente.

— ¿¡PERO QUÉ HACES CON UN ALTAVOZ CARÍSIMO!? —las manos de Ladybug temblaban ligeramente, sosteniendo el altavoz portátil.

— ¿Qué pasa? —el tono de Chat Noir pasó a ser monótono, la pantalla de su smartphone brillaba y se proyectaba en su cara con un tono azul blanquecino.

— ¿ES QUE ESTÁS MONTADO EN EL DÓLAR O QUÉ? —chilló ella, muy escandalizada, tener algo tan ostentoso entre las manos le daba miedo.

— Querrás decir "montado en el euro", que es nuestra moneda, pero en fin… —Chat Noir seguía sin darle importancia, sólo estaba mirando su móvil.

— CHAT NOIR, CONTESTA, ¿DE DÓNDE HAS SACADO ESTO? —preguntó alteradísima, como si tuviese una bomba de relojería. Pero viendo que Chat Noir no le hacía el mínimo caso, se acercó a él y vio, más alterada aún, que las manos del chico manejaban un iPhone X—. ¿ESO ES UN IPHONE X?

— ¡Ey, no se miran las cosas personales, cotilla! —la regañó el muchacho, acercando su smartphone al pecho para que no viera lo que tenía en la pantalla.

— E-Eres… ¿rico? —inquirió la superheroína, temiendo recibir una respuesta no muy agradable.

— Ah… —suspiró el joven y le dedicó una mirada tranquilizadora—. Sí, mi familia es adinerada gracias a la profesión de mi padre… y también por mi trabajo. Pero no te daré más información, tú misma dijiste hace unos cuantos minutos que no tendríamos que saber detalles íntimos de la vida del otro.

— Oh, perdón —se disculpó ella, cayendo en la cuenta—. Sólo que… me ha sorprendido, nada más.

— No pasa nada —negó con la cabeza y le echó otro vistazo al móvil, cambiando rápidamente las imágenes que tenía de fondo de pantalla y de bloqueo por si acaso—. En fin, ya sabes un poco más sobre mí. Pero… vamos a hacer un empate, ¿cuál es tu marca de móvil?

— ¡Eso es injusto! ¡No puedo competir contra un iPhone! —se quejaba Marinette, haciendo un puchero—. Vaaaaale, tengo un Huawei Mate 10 Lite, ¿contento? No es la gran cosa, pero al menos no me va tan mal con él.

— Ohhhh, un móvil chino, qué gracioooso —canturreó el rubio mientras mostraba sus dientes.

— ¡Chat Noir! ¡No te burles! —Ladybug le dio un codazo, algo molesta pero también estaba riéndose por la actitud de su compañero.

— No me estoy burlando, jeje. Venga, dime qué quieres escuchar, que tengo de todo… menos reggaetón, claro, así que no me lo pidas —cuando Chat Noir nombró aquel género musical, puso los ojos en blanco—. Odio ese estilo de música con toda mi alma.

— Mmm… —pensaba ella, colocando la mano en la barbilla, pero no se le ocurría nada—. No sé, te dejo elegir lo que quieras.

— Bueno, ya que crees que tengo gustos refinados y que soy el chico más pijo del lugar, te pondré esto —decía con sorna Chat Noir, yéndose a las carpetas de audio para elegir el género musical que ya tenía pensado desde hacía muchísimo tiempo—. Luego no quiero quejas.

Con una sonrisa burlona, encendió el altavoz y subió el volumen de una manera aceptable, y con su móvil, como si fuese un mando inalámbrico, ejecutó la primera canción: Für Elise de Beethoven. Las primeras notas del piano eran tan características en esa pieza musical que Marinette estuvo maravillada, reconocía perfectamente la canción. La de veces que se imaginó a Adrien tocándola con el piano…

— ¿Música clásica? —preguntó, muy sorprendida.

— Efectivamente —asintió él, contento—. ¿Qué te parece?

— Pues que… parece que estemos en un restaurante de lujo —respondió ella, cruzando las piernas y cogiendo la fiambrera, abriendo la tapa de nuevo.

— ¡Jajajajaja! —rió con ganas Chat Noir—. Bueno, la comida lo merece, y las vistas son impresionantes, así que te lo puedo dar por válido. Veo que tienes hambre, así que vamos a cenar. ¡Que aproveche y espero que te guste!

— ¡Gracias! ¡Que aproveche! —dijo Marinette, que sí pudo coger, por fin, una aceituna con el tenedor y llevársela a la boca.

La noche pasó entre anécdotas, comentarios sobre lo riquísima que estaba la comida y la bebida, o con las explicaciones de Chat Noir sobre las piezas musicales que iban sonando a lo largo de la cena. Por lo que pudo observar Marinette, Chat tenía muchos conocimientos de música, sobre todo la clásica. No sabía si él tocaba algún instrumento o había estudiado en el conservatorio, pero viendo el afán que tenía Chat y cómo comentaba las canciones, la melodía, el ritmo, si había un coro o algún cantante de ópera, si entraban un grupo de instrumentos de cuerda o lo que fuese, hacía que Marinette sintiera más simpatía por su compañero.

Una vez terminada la cena, Chat Noir sacó de la nevera portátil dos cuencos llenos de fresas troceadas con nata montada por encima, y le ofreció a Ladybug una cucharilla de plata para ingerir aquel rico postre. ¡Qué bonito se veía Paris de noche, en las alturas, en tan buena compañía, con una agradable música de fondo y comiendo unas riquísimas fresas con nata! Desde luego, Chat Noir era un chico muy detallista, Fu y Wayzz no le mintieron para nada con respecto a él. Si bien esto era una cena de despedida entre amigos, también cabía decir que… parecía una cena romántica.

Sacudió ligeramente la cabeza al tener este pensamiento y palpó su yoyó, ya que al lado de éste tenía colgado un saquito pequeño donde guardaba su kwagatama. Deshizo el nudo y abrió la bolsita, cogiendo el colgante con el símbolo del Yin en él. Se lo entregó a Chat Noir, colocándoselo en el cuello con mucho cuidado. El muchacho toqueteó con suavidad aquél símbolo de color rojo y le dirigió una sonrisa amable a Ladybug.

— Lo cuidaré como un tesoro, My Lady. Te juro que no lo perderé y no le pasará nada, confía en mí —prometió él, cerrando el puño en donde tenía el kwagatama—. Lo utilizaré sabiamente.

— Sé que lo harás. Y sé que París estará a salvo contigo, de eso no tengo la menor duda —esbozó una sonrisa Marinette.

Chat Noir suspiró con conformismo y cogió su iPhone para ver la hora, su expresión no era de agrado. Dejó el móvil a un lado y se levantó mientras se rascaba la nuca, bastante apenado. Marinette entendió que esta quedada había llegado a su fin, muy a su pesar porque se lo estaba pasando realmente bien. Ella también se levantó y le dio su saquito, que él guardó en una de las cremalleras de su traje negro junto con el kwagatama.

— Bueno, supongo que… tenemos que despedirnos. Es algo tarde… y necesitas descansar para tu viaje… —la voz de Chat Noir bajó una octava más grave, se podía ver algo de tristeza en sus ojos.

— Sí… —asintió ella, cabizbaja.

— Esto… No quiero que pienses mal, pero… ¿Puedo… darte un beso?

Aquella pregunta pilló totalmente desprevenida a Marinette, no se esperaba para nada que Chat Noir fuese tan lanzado. ¿Todavía sentía cosas por ella? ¿No había dicho que ya sólo la consideraba su amiga? El chico la miraba con ojos tristes y, a la vez, esperanzado. La correa en forma de cola se movía con nerviosismo y las orejas estaban gachas, sus manos estaban detrás de la espalda. De fondo sonaba el Lago de los Cisnes de Tchaikovsky.

Ella carraspeó, sintiendo sus mejillas arder por aquella propuesta. Adrien dio dos pasos hacia adelante, quedando a escasos centímetros de Ladybug. Vio esos ojos azules cristalinos enmarcados en aquella máscara roja con puntos negros, esos ojos que no se cansaría de ver horas y horas.

— Sólo es un beso en la mejilla, nada más —aclaró él, observando la inquietud de la heroína.

— ¡A-Ah, vale! —Marinette se sintió ridícula—. E-Eh… ¡No hay problema!

Fue entonces cuando notó los labios de Chat Noir en su mejilla. El corazón de Marinette dio una fuerte sacudida, como si un rayo lo hubiese golpeado. Su cuerpo estaba paralizado de la impresión, notando ese beso tan delicado en aquella zona, sabiendo que el muchacho la estaba tratando con respeto y dulzura.

Marinette no pudo evitar llevarse una mano a la boca y que una lágrima cayera en la otra mejilla, mientras que Chat Noir, en ese beso, la envolvía entre sus brazos. Más que un gesto amistoso… parecía un gesto romántico por parte del chico, pero eso a ella no le molestó. Sin embargo, ¿por qué se sentía tan triste, tan culpable? Quizás, si las cosas fuesen de otra manera… ¿podría haberse enamorado de Chat Noir?

Las ideas preconcebidas que tenía de él habían desaparecido totalmente en ese momento. En toda la noche no había dejado de ser amable, simpático, educado… Y, en cierta manera, y no sabía el motivo… le recordaba muchísimo a Adrien. Pero era imposible, aquellos chicos eran como el agua y el aceite, ¡totalmente opuestos! De ninguna manera, detrás de ese traje y esa máscara negra, iba a estar el amor de su vida, imposible que fuese Adrien… ¡no tenía sentido!

Sollozó pensando en esa idea y pensando también en que no volvería a ver a ambos muchachos. Chat Noir, con delicadeza, dejó de besar su mejilla y vio apenado cómo Ladybug lloraba en silencio.

— Por favor… no llores… —pidió su compañero, quitándole las lágrimas.

— Te echaré de menos… — murmuró ella—. Lo siento, me da… algo de tristeza irme.

— Pero tienes que hacerlo… Vas a luchar por tu futuro, y eso es lo más importante —dijo Chat Noir, abrazándola—. Yo también te extrañaré… como no tienes idea.

— Ojalá vinieras conmigo, pero sé que no puedes —esa idea cruzó por su mente, pero era imposible.

— No puedo, My Lady, ya me gustaría a mí acompañarte —tuvo que negar él, acariciando las coletas de la heroína.

— Esto es injusto…

— Lo sé…

Se abrazaron un momento, escuchando el Lago de los Cisnes, que llegaba a su fin. Chat Noir rompió el abrazo y se apartó de ella, no sin antes darle una caricia en la mejilla a Ladybug. Se fue a rebuscar una cosa en una gran bolsa negra de tela, hasta que su mano mostró una majestuosa rosa roja que no presentaba una sola espina. Acercándose a Ladybug, se la entregó en sus manos, que dio un suspiro ahogado por la sorpresa.

Ella alzó la cabeza, encontrándose con la sonrisa de Chat Noir.

— Chat…

— Tú eres mi mejor amiga, Ladybug… Y quiero que te quedes con esa rosa, para que te acuerdes de mí —explicó el rubio, sus ojos verdes tóxicos brillaban más que nunca a través de la máscara—. Sé que la rosa se marchitará, pero puedes conservarla en agua o a través de las páginas de un libro, como desees… pero no la tires. Al ver esa rosa, me he acordado mucho de ti, a lo que representas… y cómo combina con tu traje.

Ella miró la rosa con detenimiento, acariciando los pétalos de aquella flor cuyo color era exactamente igual al de su traje de superheroína. Marinette conocía el significado de las flores, sus tipos y sus colores, y sobre todo qué sentimientos representaban cuando se entregaban a la persona a la cual se le entregaba. Las intenciones y sentimientos de Chat Noir, en esa rosa, estaban más que claros.

— La conservaré… —aseguró Ladybug, oliendo la flor que emitía una agradable fragancia—. Gracias por esta cena, Chat Noir… Gracias… por todo. No te olvidaré.

— Yo tampoco te olvidaré, bichito —Chat Noir empleó uno de los motes que a Ladybug le hacían tener emociones encontradas, entre el cariño, la gracia y la molestia.

— Ni yo, gatito —contraatacó ella con otro apodo, riéndose.

— Eh, ¡genial! —exclamó él, uniéndose a su risa—. ¡Al menos ya estás riendo!

— Yo… tengo que irme… —anunció Ladybug, mirando de soslayo la rosa y luego a Chat Noir.

— Sí, es tarde y debes dormir —Chat Noir la acompañó hasta el borde de la barandilla, viendo cómo ella sacaba su yoyó y lo iba extendiendo—. Cuídate mucho, My Lady.

El objeto mágico de Ladybug se enganchó a una farola cercana y tenía puesta la vista hacia el frente. No obstante, antes de marcharse, giró la cabeza para mirar a Chat Noir una última vez, todavía con los dedos aferrándose en el extremo del cordel del yoyó.

— Hasta siempre, Chat Noir.

Lo último que pudo ver Adrien fue un sutil destello azul en los ojos de Ladybug, que desapareció en un reflejo rojo que duró sólo un segundo. Fue entonces cuando las rodillas del muchacho flaquearon, harto de aguantar el tipo, y cayó de rodillas al suelo. Un fuerte golpe indicó que sus puños pegaban la superficie con muchísima frustración. El llanto salió automáticamente a través de los ojos y la garganta del chico, simulando el maullido lastimero de un gato herido.

Se llevó la mano al pecho, le dolía, era un dolor punzante. Ya no tendría ninguna posibilidad de ganarse el corazón de Ladybug, porque no estaría en París. No volvería a verla, admirar su belleza, escuchar su fabulosa voz, impresionarse con su valentía e inteligencia.

Y, con una voz temblorosa, dijo:

— Hasta siempre, amor mío.


— Marinette, hija mía, tranquilízate —pidió Sabine, al lado de su marido.

La zona en la que se encontraba Marinette, junto con sus padres y algunos de sus compañeros, era la sala de espera del aeropuerto en done podían ir los pasajeros con sus acompañantes. Ya había facturado, se habían llevado las maletas, comprobado los documentos necesarios para el vuelo y sólo tenía el equipaje de mano recomendado. Los minutos iban pasando y quedaba poco para que la muchacha volase rumbo a Nueva York.

Estaba muy nerviosa y triste, a pesar de que la estaban acompañando. Se levantó muy temprano, apenas durmió porque su cabeza no dejaba de pensar en Chat Noir y en todo lo que pasó en la cena, en analizar sus propios sentimientos con respecto a él y a Adrien, en observar aquella preciosa rosa roja… o en llorar hasta que se quedó profundamente dormida, después de haber pasado unas cuantas horas despierta con esa oleada infernal de sensaciones tan contrapuestas.

No había desayunado, y la comida del almuerzo la tenía en la garganta, sin poder digerirla bien, su estómago estaba totalmente revuelto. Tenía unas necesidades tremendas de vomitar y volver a llorar, incluso le dolía algo la cabeza. Aunque no le gustaba hacer esto, se empastilló a escondidas de sus padres para ver si se minimizaban los efectos de los dolores de cabeza y de la angustia que estaba experimentando.

A parte de sus padres, habían acudido para despedirse Alya, Nino, Juleka, Rose, Mylène, Alix y Luka. Los otros alumnos no pudieron venir debido a las vacaciones de verano que pasaban con sus familias u otros quehaceres. Kagami no logró acudir tampoco, ya que estaba practicando esgrima porque iba a participar en una competición a nivel europeo, y Adrien…

— Qué lástima que Adrien no pudiera venir —susurró Rose a Juleka, que la tenía cogida de la mano de forma afectuosa.

— Si tiene una sesión de fotos y ha coincidido con esto, pues qué se le va a hacer… —se encogió de hombros Alix mientras negaba con la cabeza.

— Ya, él quería venir, pero bueno… —repitió el mismo gesto Luka—. También a Kagami le hubiera gustado estar aquí para despedirse de Marinette, pero le ha sido imposible.

— Pobre, entrenando mucho, ¿verdad? —preguntó Mylène, recibiendo una respuesta afirmativa del hermano mayor de Juleka.

Alya abrazaba a su mejor amiga para que pudiese tranquilizarse, notaba cómo su cuerpo temblaba por los nervios. Desconocía por completo el motivo por el que su amiga se comportaba así, no era típico en ella. Recientemente, en estas últimas semanas, estaba muy ausente, poco centrada, la felicidad y alegría que destilaba Marinette con anterioridad estaban bajo mínimos, no parecía ella en absoluto. Había algo que no sabía, pero no quería presionarla para que se lo dijera.

Lo único que hacía Alya era abrazarla y consolarla con palabras de ánimo, diciéndole que todo saldría bien, que hablarían seguido por Skype a pesar de la diferencia horaria, y que no perderían el contacto por nada del mundo, porque para eso estaban las redes sociales. También sus compañeros iban hacia Marinette para hablar con ella, animándola de igual forma.

— Venga, Marinette, ¡anímate, mujer! —exclamaba Nino, que tomó el relevo de Alya—. Jo, ¡si Nueva York mola una barbaridad! ¡Ya quisieran muchos y muchas estar en tu lugar!

— Ahá… —asentía Marinette débilmente y con la mirada perdida.

— Mira, vas a estar en una de las ciudades más importantes… ¡DEL MUNDO! —contaba el aspirante a DJ—. ¿Tú sabes lo que es eso? ¡Y vas a estudiar en una academia de prestigio, en la de Gabriel, gracias a tu esfuerzo, no lo olvides! ¡Disfruta de esta oportunidad y aprovéchala!

— Uhum…

— Ay, Marinette… No sé qué te pasa, pero anímate… Sí, ya sé que nos echarás de menos, a tus padres, París… Es normal… —decía Nino, abrazándola más fuerte.

Su novia estaba bastante preocupada, Sabine y Tom observaban el rictus de su hija, y los demás, creyendo que iba a ser una despedida emotiva… estaba siendo deprimente.

Sin embargo, una persona en específico veía a través de los ojos y la actitud de Marinette, y sabía que no estaba del todo bien. Así que cogió su mano y les dijo a los demás si podría pedirles un tiempo para hablar con Marinette. La chica, por otro lado, se sorprendió al ver que Luka la arrastraba lejos de sus amigos y su familia para hablar más tranquilamente y a solas, cerca de una de las esquinas de la sala y se sentaron en los asientos libres que había.

Los rayos del atardecer inundaban la cristalera con un tono anaranjado, confiriéndole a Luka una actitud más seria y madura, a pesar de sus 20 años de edad.

— Luka… yo… —balbuceó ella, sin saber qué decir.

— Shhhh, tranquila, necesitas calmarte —dijo Luka, acariciando la mejilla de Marinette con mucho cariño.

— No… no deberías… —Marinette cerró los ojos, sintiendo la suave y varonil mano del chico en la piel de su rostro.

— Sí, lo sé, estoy siendo excesivamente cariñoso —parecía que Luka sabía de antemano lo que iba a decirle—. Pero lo hago para que te haga bien, tienes los nervios a flor de piel…

— Pero… Kagami… —el tono de Marinette denotaba preocupación, sentía que Luka estaba actuando de una forma más cercana.

— Kagami lo sabe, así que por eso no debes preocuparte —aseguró el hombre de estética rock—. Yo no le guardé ningún secreto, y le conté que hace un tiempo tú y yo teníamos mucha química y nos gustábamos.

A Marinette le dio un ligero pinzamiento en el pecho, sintiendo una sensación desagradable al pensar en ella, Luka, Kagami y Adrien al mismo tiempo. Este hombre siempre acertaba, parecía que tenía una diana incorporada para darle justo en su corazón. Los ojos de Luka se veían de un turquesa más intenso que de costumbre, gracias la gruesa línea negra que coloreaba sus párpados.

Su pelo negro, degradado de un azul claro en las puntas, le llegaba por la cintura y le caía sobre los hombros. La estética punk y rock seguía presente en su apariencia, dándole un aspecto rebelde. A parte de los agujeros en las orejas, también tenía uno en la ceja, en la nariz y en el borde del labio, y para complementar su apariencia macarra, tenía un tatuaje de notas musicales que le llegaba desde el brazo hasta el cuello.

Pero nunca hay que juzgar un libro por su portada, como se suele decir, porque detrás de esa apariencia, se encontraba un chico divertido, sensible, amante de la música, amable e incluso espiritual, ya que hacía meditación. Muchas veces expresaba sus sentimientos y pensamientos a través de las canciones que él componía, dotándole a sus creaciones de una belleza sin igual. Esta habilidad le hizo valer para que Jagged Stone se fijase en él y le convirtiera en uno de los teloneros de su nueva gira de conciertos, todo un honor para Luka al ser su cantante favorito.

Estas características que poseía Luka hicieron que la brújula de Marinette apuntase a una dirección sin rumbo fijo, desde un primer momento lo tenía en Adrien, pero al conocer al hermano de Juleka… todo se había desbarajustado. Hubo un tiempo en el que sólo estaba pendiente de Adrien, que lo adoraba, que únicamente existía él… Sin embargo, al ver que con el joven rubio no tenía posibilidades de ser "algo más", se empezó a fijar más en Luka.

Había atracción en ellos, eso era evidente. Llegaron a quedar muchas veces, incluso a solas, compartiendo momentos muy agradables y charlando sobre sus aficiones y cosas en común. Admitió que le gustó e incluso barajó la posibilidad de que iniciasen una relación, pero nunca ocurrió, ninguno dio el paso. ¿El motivo? El corazón de Marinette seguía con dudas, todavía albergaba esperanzas en Adrien, lo seguía amando. Y eso Luka lo notaba, así que decidieron quedarse como buenos amigos, simplemente, aunque se gustasen mutuamente.

Lo bueno de esta relación de amistad es que Luka le daba consejos a Marinette de cómo canalizar sus sentimientos y emociones, sobre todo a través de la música, ya sea bailando, escuchando, cantando. La chica también le confesó que estaba enamorada de Adrien, y él no tuvo inconveniente por este detalle. Al contrario, intentaba animarla a que diera pasos hacia adelante para acercarse a Adrien, conocerle y que se sintiera a gusto con él para que se le fuera la timidez y la vergüenza. Además, Luka conocía a Adrien de haber tocado juntos en el Festival de la Música (en el que su madre, Anarka, quedó akumatizada y se convirtió en Captain Hardrock), de estar en algunas quedadas y se comunicaban asiduamente, tenían bastante confianza, y sabía que el chico era más conveniente para ella de lo que podría ser él.

Un día de estos, cuando el grupo de clase fue a animar a Adrien en un campeonato de esgrima, Luka fue a acompañar a su hermana, y pudo ver a Marinette, que también estaba allí. Fue en ese entonces cuando vio a Kagami, que también participaba, y sintió algo especial por ella, más fuerte que cuando conoció a Marinette. Ahí supo que se había enamorado de ella, como un flechazo. Desde ese entonces, intentó hablar con la japonesa y entablar conversaciones, acercarse e interesarse por sus gustos, congeniar y empatizar… hasta que un día, el amor floreció entre ellos, correspondiéndose mutuamente. Tanto Marinette como Adrien se alegraron por ellos, aunque Luka y Kagami tenían que mantener su relación casi en secreto e ir con pies de plomo por culpa de la familia Tsurugi, la cual hacía más complicada la situación.

La historia entre Luka y Marinette fue breve y un poco extraña, sin besos en los labios o caricias románticas, sin ser novios, aunque había ese "algo" que no se podía definir con exactitud. Pero el cariño y el apoyo estaban ahí, siempre, y lo que hacía el joven era, simplemente, consolar a su amiga y animarla.

— No tuvo…

— Ningún tipo de celos —negó con la cabeza Luka—. De hecho, me dijo le hubiese extrañado si yo no me hubiese fijado en ti. Te tiene en alta estima y te aprecia muchísimo, Marinette. Incluso piensa que estuvo bien en que te sintieras atraída por mí…

— Bueno, eso es porque eres un chico muy especial, no hay muchos como tú —apuntó Marinette, todavía con el corazón bombeando rápidamente.

— Por supuesto, faltaría más. Por eso tengo a la mejor novia del mundo, y a la mejor amiga del mundo —diciendo esto, Luka la abrazó con fuerza—. Para que vosotras también os sintáis especiales, yo también lo tengo que ser, ¿no?

— Jaja, sí —rió con timidez.

— A ver, estás mal porque no ha venido Adrien, ¿verdad? —como siempre, Luka acertando de lleno, y ella sólo esquivaba su mirada—. Me lo suponía, no sólo es por los nervios del viaje, o que estarás en Nueva York tres años, lo que te pesa es él…

Marinette cerró los ojos, derrotada. O Luka interpretaba fenomenalmente las expresiones corporales de las personas, o percibía el aura de la gente… o sabía leer mentes, una de esas tres cosas. Luka posó las manos en los hombros de Marinette, mirándola con mucha empatía y cariño, intentando entender por lo que estaba pasando.

— Sí… es así, Luka —confirmó ella—. Siento tanta angustia, no poder verle se me va a hacer duro. Lo quiero tanto…

— Lo sé… Y no le has contado que le quieres, ¿cierto?

— No, ya sabes los motivos —dijo Marinette, mordiéndose con nerviosismo el labio inferior.

— Podrías habérselo dicho, por ejemplo en la puesta de bandas, pero te contuviste. Y te entiendo perfectamente. Sería muy doloroso para ti tener una relación a distancia, cuando lo que necesitas es contención, cariño, diálogo, presencia… de la persona que amas —decía esto el joven hombre, retirándole un mechón de pelo que tenía cerca de la nariz.

— Alya me lo dijo millones de veces, pero no le hice caso. No me atreví, no veía que fuese el momento adecuado. Y que no, no me veo en una relación de miles de kilómetros… Y… tengo miedo de que me rechace —movía la cabeza a los lados como signo de negación—. Seguro que tiene a otra chica en mente…

— Eso no lo sabes si no se lo has preguntado, a no ser que quieras quedarte con la duda de si él ama a otra chica… —se encogió de hombros él.

— Habrá conocido a tantas modelos… Más hermosas que yo, con mejor cuerpo que el mío, con mucho dinero… Yo sólo soy… —balbuceó la muchacha, explicando sus inseguridades.

— Una chica talentosa, creativa, inteligente, risueña y con un gran corazón —enumeró Luka, apuntando con un dedo al pecho de Marinette, a la altura del corazón—. Si eso lo he podido ver yo, las cualidades tan maravillosas que tienes, creo que Adrien también. No todo es lo físico… la personalidad y el alma cautivan mucho más.

— Pero sólo soy su gran amiga… y nada más —dijo Marinette, con tono de derrota—. Ya no tengo ninguna esperanza, Luka. Supongo que… tendré que olvidarme de él, tomaremos caminos diferentes, no coincidiremos nunca porque él estará en París y yo en Nueva York. Y sé… que me va a costar mucho.

— Lo que quiero que tengas presente es que nunca te infravalores, ¿de acuerdo? Eres una chica maravillosa, Marinette, que se te quede en esa cabecita de chorlito que tienes —Luka toqueteaba la sien de la muchacha, divertido, provocando que ella riera con ganas—. ¿Eh, Ma-Ma-Ma-Marinette?

— ¡Luka! ¡No te metas conmigo, jajajaja! —carcajeó Marinette, que ya estaba recibiendo cosquillas en los costados por parte de su amigo mientras él repetía el nombre de Marinette como si fuese un tartamudo.

De fondo, los amigos y los padres de Marinette se alegraron de escuchar las risas de ambos jóvenes, y cómo la chica de pelo azabache recuperaba la sonrisa. Al poco tiempo, Luka y Marinette se fundieron en un tierno abrazo, lleno de sentimiento, llegando a apaciguar los nervios y el malestar de la muchacha. Cuando Luka se retiró un poco, acarició las dos mejillas de Marinette con los pulgares con mucho mimo mientras la miraba con ternura.

— Todo va a salir bien, verás que sí —dijo Luka—. Y en cuanto a las cuestiones amorosas… psé, quizás conozcas a alguien en Nueva York, quién sabe.

— Gracias por ayudarme, Luka —agradeció Marinette, con las mejillas sonrosadas.

— Me tendrás siempre, aquí —Luka llevó la mano de Marinette al pecho de él, que latía tranquilamente—. Te quiero, ¿lo sabes?

— Sí, lo sé —asintió con la cabeza, entendiendo totalmente el significado de ese "te quiero"—. Yo también te quiero.

— No perdamos el contacto, ¿vale? Que, afortunadamente, internet es nuestro aliado para este tipo de situaciones —mientras contaba esto, Luka estaba rebuscando en una bandolera que tenía, hasta que sacó un pen drive—. Toma esto, seguro que te gustará.

— ¿Qué tiene dentro? —preguntó Marinette, curiosa.

— Contiene canciones que creé yo y algunas reinterpretaciones de canciones ya existentes de otros artistas, vamos, covers —explicaba Luka, contento por darle un trocito de lo que era su mundo: la música—. Algunas hablan de situaciones por las que había atravesado en mi vida, otras son odas a la amistad, a la paz o al amor, unas cuantas también fueron pensando en ti…

— Luka…

— Y hay otra canción… que recuerda al amor que tienes por Adrien —Luka sonrió cuando Marinette se quedó con la boca abierta al escuchar eso—. Sí, no me pongas esa cara, ya sabes que soy el guitarrista de los sentimientos. Cada vez que te acuerdes de él, escucha esta canción, te hará sentir mucho mejor. Este es mi regalo.

— No sé cómo darte las gracias, de verdad —dijo ella, emocionada.

— Sonriendo, disfrutando y siendo feliz, Marinette —le guiñó un ojo—. Venga, será mejor que nos vayamos con los demás, te quedará poco para coger ese avión.

Regresaron con el grupo que, viendo las pantallas de las salidas de los vuelos, supieron que a Marinette le quedaba poco tiempo para quedarse con ellos. Así que la muchacha recibía cariños, abrazos y ánimos de cada uno de los presentes, e incluso algunos detalles y regalos para que Marinette se acordase de ellos en su estancia en la Gran Manzana. Juleka le regaló una gargantilla de tintes góticos, con pedrería morada, finas cadenas de plata y encaje negro. Su novia, Rose, le fabricó una pulsera hecha de perlitas en diferentes tonos de rosa, con corazones de cristal iridiscentes colgando de entre algunas bolitas. En el caso de Alix, le ofreció unos guantes rosas fosforescentes de imitación de cuero con tachuelas negras, con abertura en los dedos. Por otra parte, Mylène le entregó un pasador para el pelo hecho por ella misma, con margaritas fabricadas en tela y botones de colores. Nino le dio un disco de mp3 con sus remixes favoritos y temas musicales que había compuesto en el ordenador, además de las sesiones de DJ hechas por él.

Alya, de parte de todos sus compañeros, le otorgó un álbum de fotos, donde estaban compilados muchísimos momentos que habían compartido con el grupo de clase, ellas dos, los cuatro (refiriéndose a las dos, además de Adrien y Nino), o con otros amigos y conocidos. Este detalle emocionó a Marinette, abrazando fuertemente a Alya por este increíble regalo. Tener fotos de sus compañeros y seres queridos le encantó, y seguramente recurriría en muchísimas ocasiones a esta compilación de fotografías para acordarse de ellos y evocar viejos recuerdos.

En última instancia, los padres de Marinette le entregaron una pequeña estatuilla de la Tour Eiffel hecha de aluminio, para que siempre rememorase sus orígenes, en dónde había nacido y cuál era la ciudad que la había visto crecer. Los abrazó con mucho afecto y ternura, los iba a echar mucho de menos, pues eran su padre y su madre, a quienes quería con locura y les debía todo, la vida. Sabine no reprimió sus lágrimas, se le hacía difícil despedirse de su hija, que de golpe y sin darse cuenta… era toda una señorita. Por otro lado, Tom miraba con ojos amorosos a Marinette, dándole un cariñoso y cálido beso en la frente, mientras le decía "Mi niña, te quiero mucho".

— Debo irme —anunció Marinette con ojos acuosos, que señaló con la cabeza las pantallas de los vuelos—. Tengo que estar una hora antes de que despegue el avión, e ir al control de seguridad, pasar por la zona de embarque, y esas cosas…

— Cuídate, cariño —le deseó Sabine, abrazando una vez más a su hija, junto con su marido.

— Cuando puedas nos llamas, ¿vale? —dijo Tom, dándole besitos en la parte alta de la cabeza.

— Sí, lo haré —aseguró Marinette, sonriéndoles de la mejor forma que podía.

Una vez que se despidió emotivamente de sus amigos y de sus padres, de recibir muestras de ánimo, afecto y entusiasmo por parte de ellos, Marinette se adentró sola en la zona de embarque, pasando por todas las zonas protocolarias, curioseando en las estancias para hacer tiempo, hasta que se montó en el avión. Su asiento, que era bastante cómodo, le tocó cerca de la ventana, así que podría ver el paisaje con tranquilidad.

Las azafatas de vuelo indicaban las instrucciones que debían de seguir los pasajeros en caso de emergencia, entre otros detalles que necesitasen para que el trayecto fuese lo más agradable posible. Y, antes de darse cuenta, el avión despegó… rumbo a Nueva York.


Nota de autora: ¡Hola de nuevo!

Casi tardo dos meses en hacer capítulo, odio los bloqueos inspiracionales, ¡muchísimo! Además, no estaba pasando por una buena época, y ahora ando así así. Así que... ¡perdonad por el retraso!

Ya Ladybug no andará por París, nos trasladaremos en la Gran Manzana, Nueva York, con nueva gente y nuevas aventuras. ¿Qué le deparará a Marinette? ¿Y qué hará Adrien sin su Lady? Tranquilidad, que nuestro gatito encontrará la manera para irse allí y no dejar sola a nuestra protagonista.

Si os habéis dado cuenta, la escena de la cena es un Glaciator 2.0, si es que hasta tomé los diálogos y los modifiqué un poquito. ¿Por qué esto? Digamos que en este fic el episodio y los acontecimientos de Glaciator no ocurrieron exactamente, de hecho, no hubo ninguna escena del balcón tanto Marichat como Ladynoir, aquí digamos que se solucionó de otra manera, por eso los toques de Glaciator aquí. Espero que os guste cómo adapté algunas cosas en este capítulo.

Y sí, como ya hemos conocido algunos a Luka, me tomé la libertad de ponerlo en este capítulo y darle un pequeño trozo para él (sí, ya sé que apareció en el capítulo anterior, y es pareja de Kagami, de hecho), pero hay una pequeña historia de fondo entre Marinette y Luka, que habéis podido leer. No han sido novios, ni se han acostado, ni nada similar, sólo que había atracción, se llevaban estupendamente pero no hubo oportunidad u ocasión de lanzarse a la piscina y decir "Venga, salgamos". Así que ahí se quedó.

Hice dos fanarts que se pueden ver tanto en mi Twitter como en mi cuenta de Wattpad, tanto de la escena de la cena como la apariencia adulta de Luka, consolando a Marinette en el aeropuerto. También hice una lista de reproducción en Spotify de lo que escucharon Ladybug y Chat Noir en la cena, os lo recomiendo para que disfrutéis de la música clásica 3

Por lo demás, ya sabéis, seguidme en Twitter para que no os perdáis los fanarts, adelantillos y previews, entre otras cosillas que son del fic, o fangirlear de Miraculous Ladybug, por qué no.

Espero que en mayo pueda volver a actualizar (si no me ocurre lo mismo que en este capítulo, ains) y traeros el capítulo 4 de Miracle Romance.

¡Que no se os olvide comentar, darle a favoritos, ponerlo en vuestras listas y esas cosillas, que me haríais súper feliz! 3

Abracitos gordos :3