Disclaimer: Los personajes de Rurouni Kenshin les pertenecen a sus respectivos autores, editoriales y productoras. Es una historia destinada sólo al entretenimiento y sin fines de lucro.

Traducción del fic "For the birds" de AngelOfDeath10.

Portada de もて (pixiv). ID: 6451705.

¡EnixKao para el mes de los enamorados! ¡Disfruten!


Capítulo 1

Kaoru se detuvo ante la puerta, hirviendo de emociones e incomodidad, pero cuando un viento gélido sopló por debajo de su abrigo y su vestido, de manera instintiva cerró la puerta tras ella. Se acercó a la casi vacía barra del bar para mirar los "especiales." Todo era cerveza, la mayoría de marcas extranjeras, por lo que asumía viendo las letras en Chino al lado de las que tenían nombre en Inglés. El espejo detrás de las botellas estaba tan manchado que hasta su propio reflejo le pareció distorsionado.

"¿Tiene aceitunas?" le preguntó al cantinero que la miraba con incertidumbre. Ella parecía el anacronismo allí. Él asintió lentamente y ella se preguntó si entendía lo que le estaba diciendo. "¿Tiene vodka?"

"¿Qué se cree que es esto, señorita? Por supuesto que tenemos."

"Entonces quiero un vodka martini." Kaoru se sentó en un taburete de metal descamado y claramente oxidado mientras se sacaba el abrigo. Afuera había una niebla helada que se impregnaba en la piel, pero dentro de ese lugar se estaba tostando. Su cabello cuidadosamente rizado ahora estaba lacio por la humedad y el frío, por lo que sacó una cinta de su bolso y se lo ató en una cola de caballo.

La bebida llegó tan pronto como terminó con su improvisada peluquería. "Ponlo en mi cuenta." Dijo Kaoru, dejando que su estado de ánimo se oscureciera mientras se burlaba del cantinero con la bebida y se la tomaba de un sorbo.

Para su sorpresa, la bebida pasó suave por su garganta. Ese no era el material barato y de mala calidad que había usado para mezclar tragos en la universidad, y fue una sorpresa agradable comparada a lo que esperaba. Probablemente era la primera vez en esa noche que algo superaba sus expectativas. Viendo una mancha de su labial en el vaso de cristal, Kaoru se pasó el dorso de la mano por los labios. Una mancha color rosa melocotón se desprendió de ellos y usó una servilleta de papel para limpiarse la mano.

Las lágrimas querían volver a salir, así que luchó contra ellas con furia. Las manos de Kaoru apretaron la tela de su vestido en su regazo. Se suponía que esa noche iba a ser especial; esa noche esperaba flores y chocolates o tal vez alguna joya. Incluso había salido una hora antes de su trabajo para prepararse, sólo para encontrarse sola en ese vulgar bar del Barrio Chino a la hora en la que normalmente se acostaba en su cama los miércoles. Entre el alcohol y su cólera no sentía frío en lo más mínimo, y se deleitó con ello por un momento. La ira se sentía mucho mejor que la tristeza.

"Oye, pareces que necesitas algo de compañía." El hombre que se sentó junto a ella, sacándola de sus inquietantes pensamientos, parecía que alguna vez fue apuesto, y ahora con su mejilla marcada por una cicatriz le dirigió una mirada siniestra. Kaoru sintió que los pelos se le erizaban. Ese hombre significaba malas noticias con un traje caro.

"Ese asiento está guardado." Le dijo ella hostil.

"¿Ah, sí? ¿Para quién?" El hombre le sonrió y ella pensó en esos barcos petroleros que echaban sus tóxicos en el mar puro.

"Para mi abrigo." Dijo Kaoru con firmeza dándole la espalda. Lucía peligroso, pero con la noche que había tenido ya no le importaba. El tener que lidiar con un idiota en un bar vacío sólo sería la cereza de ese horrible día.

Obviamente, ésa no era la respuesta que el hombre esperaba, por lo que ella sintió su ira a sus espaldas. "De haber sabido que serías una perra, hubiera ido al grano y te ofrecería dinero por adelantado. Hablar con mujeres como si fuesen personas es inútil."

El manejo de la ira no era la especialidad de Kaoru. Toda la tarde había estado respirando hondo, pensando con lógica, tratando de hacer de lado sentimientos tóxicos que le hacían querer cambiar la realidad a su antojo. Se dio cuenta de que había llegado a un punto de ebullición, y se sorprendió tanto como el hombre cuando se giró sobre su taburete y le propinó un puñetazo en el rostro. El hombre tuvo suerte de que no llevara puestos sus anillos esa noche.

Kaoru seguía sorprendida mientras miraba al hombre perder el equilibrio y caerse al suelo. El cantinero había retrocedido hasta una esquina y se negaba a mirarla a los ojos, fue así que ella supo que se había metido en un problemón. Luego vio al hombre meter la mano en su abrigo como hacían en las películas antes de sacar un arma, farfullando amenazas incoherentes. La furia en su rostro se desvaneció al ver por sobre el hombro de la chica y sus manos dejaron lo que estaba haciendo para levantarse y sacudirse.

Una mano sobre su hombro envió un sacudón a Kaoru de la cabeza a los pies, y sólo el hecho de que su mandíbula estaba fuertemente apretada impidió que diera un grito de sorpresa.

"Gein." La voz masculina que escuchó tras ella pronunció su nombre como una suerte de advertencia, con lo cual el otro hombre mantuvo su distancia mirándolos con ojos furiosos a ella y al hombre que tenía su mano posada sobre su hombro.

"¡¿Pero qué te importa?! Es sólo una perra presumida que se dejó caer en nuestro-" Obviamente, en ese lugar había algo más que lo que pensaba.

"Cállate." La voz era seca, dominante. El hombre llamado Gein hizo lo que se le dijo, esperando. "Ahora busca otro lugar para quedarte por un rato." Maldiciendo por lo bajo, Kaoru no se permitió a sí misma respirar normalmente hasta que su agresor saliera afuera. Sólo quedaron dos o tres clientes en el establecimiento, y si ninguno de ellos se volvió para mirarlos, entonces Kaoru debía asumir que estaba sola en todo sentido.

La mano dejó su hombro, pero el hombre permanecía allí, y al fin Kaoru se dio la vuelta insegura de si agradecerle o ignorar toda la situación. El cantinero había salido de su esquina y estaba sirviendo whiskey para el hombre. El cabello blanco debería implicar edad avanzada, pero su piel era lisa y no parecía mucho mayor que Kaoru, quien llevaba sus veinti tantos con menos gracia de lo esperado, a juzgar por el incidente.

"Te ofrecería una bebida, pero no estoy seguro de que seas el tipo de mujer que lo aceptaría." Él se volvió a ella con una sonrisa en los labios, y Kaoru trató de descifrar sin éxito si sus ojos eran azules o verdes. Unas gafas oscuras y delicadas se posaban en su nariz, y era tan musculoso que su traje no lo ocultaba. Nada en él tenía sentido, así que tomó otro trago de su martini.

Vio que todo había terminado. Levantó su trago y se dirigió hacia su lugar en la esquina donde había estado antes de darle vida dramática a ese recinto, pero Kaoru sintió que las palabras se desprendían de ella, producto del vodka.

"No te acepto la bebida, pero allá hay una mesa de billar."

"¿Es una invitación?" Se detuvo y la miró con una ceja arqueada.

"Es una observación." dijo Kaoru, sintiéndose menos valiente de lo que aparentaba.


El primer juego se llevó a cabo en silencio. Kaoru siguió bebiendo de su copa, y en cierto punto cuando ya estaba masticando su aceituna, otra copa apreció con dos aceitunas en vez de una y el vaso parecía hasta más limpio que el anterior. El hombre dominó el juego, con aquellos extraños ojos fijos en cada tiro con precisión geométrica. Sin trucos, sin movimientos elegantes, sin burlas, sólo bola tras bola embocando en las esquinas. Kaoru se alegraba de no haber apostado nada. Varias partidas pasaron de la misma manera antes de que ella se animara a hablar.

Cuando la bola 8 desapareció en una de las esquinas, dejó salir algo de triste admiración. "¿Dónde aprendiste a jugar así?"

"Es sólo cuestión de práctica y observación." Replicó él como si fuera la única respuesta.

"¿Entonces puedo hacer eso también?"

Él la observó, sus ojos la recorrieron de pies a cabeza como evaluando su capacidad. La frialdad de su mirada la incomodó. Poniéndose derecha, enfrentó desafiante su juicio.

"Potencialmente." Acumuló las bolas y las organizó hábilmente, y ella se preguntó por qué todo el mundo la subestimaba. "Gané, así que es tu turno."

Kaoru golpeó las bolas con tanta fuerza que éstas se desparramaron por todos lados de forma caótica. Se sintió bien causar algo de caos, y miró al hombre de manera fiera. "Entonces te mostraré mi potencial. Y si gano, pagarás mi cuenta."

"Me ofrecí de todos modos." Su lenguaje corporal era despectivo, pero dio unos pasos hacia ella y miró la mesa con interés. La chaqueta que llevaba puesta la arrojó sobre una silla, y se arremangó las mangas. Se vislumbró un rastro de tatuaje cerca de su codo y Kaoru sintió una punzada de preocupación, mientras que unas campanas de advertencia en su interior le decían que juntara las piezas. Algo en ese hombre en ese bar y a esa hora de la noche no parecía normal.

"Pero ahora bajo mis propios términos." Kaoru pensó en los momentos previos a esa noche, sentada en una mesa viendo cómo se derretía una vela mientras una de sus comidas favoritas se enfriaba frente a ella. Kenshin se había ido hacía tiempo, y había cerrado la puerta tan firmemente en su cara que ella no tuvo más que dos opciones: revolcarse de dolor o salir adelante. Bueno, tal vez no tenía control sobre su corazón, pero ahora tenía control sobre este momento.

Mientras Kaoru se concentraba en cada tiro, con la mente comenzando a navegar entre vodka y aceitunas, observó que el hombre peliblanco acechaba en las sombras y examinaba la mesa. Atrevida, Kaoru se aseguró de inclinarse hacia adelante mientras él se ubicaba frente a ella, para ver si la miraba, y quedó impresionada al ver que no lo hizo. Nunca había sido coqueta, pero la lejanía de ese hombre le hacía sentirse segura incluso cuando el alcohol la hacía sentirse también osada. Dulce, eso fue lo que Kenshin dijo que ella era, dulce, pura y demasiado buena para él. Ella no le había pedido ser nada, él por sí solo había hecho todas esas suposiciones sobre ella y lo que necesitaba.

"¿Vas a tirar o no?"

Kaoru se dio cuenta de que había vuelto a caer en los enredos de su mente, y terminó su racha con un rasguño mientras volvía a la realidad demasiado aturdida como para seguir pensando en el juego. Pensó que estaba en problemas cuando de inmediato él colocó la bola sobre la mesa, sin duda su plan de juego se desarrollaba como él quería.

"Ves los tiros," dijo el hombre. "Y tienes una mano firme, pero no estás enfocada. Pensé que querías competir."

Kaoru quería decirle unas excusas, quería que ese hombre entendiera por qué ese día no estaba siendo ella misma. "Ha sido un día duro."

"Déjame adivinar," Colocó otra bola y luego se apoyó contra la mesa mientras se quitaba las gafas para limpiarlas. "Estás vestida para una cita. Conservadora, eso quiere decir que es mayor que tú. No tienes anillo, por lo cual es tu novio. Te engañó o te dejó, o ambos. Y tres días antes de San Valentín, nada menos. Qué difícil." Su sarcasmo era evidente.

"No lo entiendes." Se sentía burlada y lastimada. "Lo esperé todos estos años. Fui paciente, comprensiva, y aun así perdí contra un recuerdo. ¿Acaso has esperado años por algo que se vuelve cenizas frente a ti?" Si Tomoe todavía fuese de carne y hueso al menos tendría defectos, y tal vez Kaoru en comparación sería diferente o mejor. Pero como Tomoe estaba muerta, prácticamente era considerada una santa y Kaoru perdería con ella siempre. "Se me permite lamentarme sin que tengas que burlarte."

Volviendo a ponerse los anteojos, la miró atentamente. "Puede que te entienda un poco."

"Y ahora si me disculpas, tengo un juego que ganar y una bebida que terminar." Era muy posible que no consiguiera las dos cosas, pero Kaoru lo quería todo esa noche.

Sin embargo, no se sorprendió al no conseguir otro turno, ya que él había finalizado el suyo y con eso, ganado el juego. Ella murmuró algo de haber sido estafada y él la acompañó hasta su puesto antes de que lo desafiara a otro condenado juego. Mientras él iba a buscar sus bebidas a la mesa de billar, ella se tomó el tiempo y la oportunidad de admirar lo apretados que eran sus pantalones. Kenshin no era el único hombre en el mundo, y ya no necesitaba fingir que lo era. Una parte de su mente le gritaba traición, y se aferraba al supuesto de si Kenshin le hubiera dicho lo que nunca sucedería. En eso, el peliblanco se sentó junto a ella.

"Eres muy apuesto." El hombre se congeló en el trayecto de su copa a la boca y la miró mientras ella rasgaba una servilleta de papel. "Cada vez que conozco a un hombre guapo, éste siempre trae problemas consigo. Mi amiga Tae piensa que soy afortunada, como si los hombres apuestos llovieran y llegaran siempre a mi vida, pero ellos siempre quieren algo más. Y soy tan tonta que los ayudo."

"¿Me estás preguntando qué es lo que quiero?" Dejó su whiskey, que a esa altura ya tenía el hielo derretido, y juntó las manos. Kaoru estaba bebiendo su tercer trago y él aún seguía en el segundo (que ella había visto). No quería ponerse borracha ni terminar la noche con ese chico, pero por alguna razón, tampoco quería irse de allí. Luces fluorescentes parpadeantes, asientos sucios, olor a agrio y todo… coincidía con cómo ella se sentía por dentro.

Kaoru apoyó su cabeza sobre la palma de su mano y dejó que su codo la apoyara tanto a ella como a su decepción. "Sin ofender, pero por una vez no me importa lo que alguien más quiera." Se sintió culpable al decirlo en voz alta, como si estuviera violando alguna ley del universo. ¿Dónde estaba escrito en piedra que ella debía pensar en los demás a expensas de sí misma?

"¿Entonces qué es lo que quieres?" El hombre se echó hacia atrás, esperando perezosamente por su respuesta. Una pequeña sonrisa se dibujó en su boca y ella se preguntó si él estaba disfrutando aquello.

Kaoru pensaba en ello, seriamente. ¿Qué era lo que quería? La respuesta durante los últimos cinco años había sido 'Kenshin', pero ahora ya no era una opción, estaba en blanco. Kaoru estaba consternada consigo misma por no poder responder esa pregunta. Su rostro pensativo se volvió hacia una ventana, como contuviera la respuesta. Afuera seguía neblinoso y la luz de las farolas se difuminaba, haciéndole sentir que no había nada más allá de ese bar. Si de lo único que podía estar segura era del aquí y del ahora, entonces tal vez necesitaba comenzar a pensar en sus propias demandas de la vida.

"No quiero estar sola el Día de San Valentín."

El hombre levantó su vaso sólo para volver a bajarlo, después bebió su whiskey y entrecerró los ojos mirándola. "¿Como una cita?"

"No lo sé. Me preguntaste qué quería. No quiero pasármela llorando por un chico mientras miro películas malas por la televisión. Quiero salir a comer, quiero chocolate, y quiero sentirme como si todo valiera la pena."

Hubo silencio entre los dos y Kaoru hizo a un lado los trozos de servilleta. Seguramente él pensaba en lo tonta que era. Cuán lamentable y desesperada parecía. Era una mala idea y no había manera de que él la considerara.

"Te llamaré un taxi." Sacó de su bolsillo un celular de aspecto costoso y empezó a marcar. Colocando la mano sobre el auricular, le preguntó, "¿Tienes un bolígrafo? Escribe tu dirección." Le empujó una servilleta con su vaso aún húmedo mientras él seguía hablando a la compañía de taxis.

Kaoru se complació de no haber roto tanto la servilleta al escribir. El papel húmedo no era la mejor superficie para escribir. "Kaoru Kamiya." Leyó él una vez que colgó el teléfono.

"Sí, soy yo. También tengo tarjetas de presentación, pero no las llevo encima porque es vergonzoso. Es sólo Recursos Humanos, no voy a muchas reuniones externas." Observó que él no le había recitado a la compañía de taxis la información que ella le había pasado. Su mente estaba demasiado borrosa como para darse cuenta de las implicaciones de aquello.

"Enishi Yukishiro." Dobló la servilleta y se la guardó en el bolsillo antes de agarrar una aceituna de su trago y comérsela, mientras ella lo miraba sorprendida. "Te recogeré el sábado a las ocho. Si no estoy allí a esa hora, sólo olvida que nos hemos conocido."

Susurrando, e insegura de cómo llegaron a ese punto, Kaoru dijo lo único en lo que podía pensar.

"¡¿Por qué?!"

Enishi le hizo una seña al cantinero que asintió y le sirvió más whiskey. "Quizás porque me recuerdas a alguien…" fue todo lo que dijo.