Konishiwa: Hola! Justo hoy hay capítulo nuevo! Espero que lo disfrutes y gracias por el apoyo!


Capítulo 2

"No es divertido." Kaoru observaba a Megumi desternillarse de la risa hasta que poco a poco se calmó. Las personas en la sala de descanso las miraban y Kaoru se sentía incómoda ante tanta atención mientras que a Megumi, como siempre, no le importaba en lo más mínimo. Dos personas junto al microondas susurraban entre ellas y Kaoru ya se veía venir algún chisme de oficina que no le gustaría nada.

"Deja que lo tenga en claro," Ya estaba más que claro para ella, pero poner más sal a la herida era una de sus grandes cualidades. "¿Fuiste sola al Barrio Chino en medio de la noche, casi te emborrachaste, y luego conquistaste a un extraño? ¡Clásico!"

Misao habría sido más empática, no se burlaría, y Kaoru deseó que su amiga trabajara en el mismo lugar. "Lo haces sonar peor de lo que fue."

Calmándose y secándose las lágrimas de risa, Megumi masacró su ensalada de pollo con un tenedor antes de responder. "Analicemos esto, no importa si estás emocionalmente vulnerable y autodestructiva desde tu último encuentro con Kenshin,"

"¡Oye!"

"Tú misma fuiste a parar en medio de un barrio peligroso, empezaste a emborracharte, hiciste enojar a un gángster y luego flirteaste con su amigo." Cuando lo decía de esa manera sonaba muy mal, la verdad.

Kaoru tenía pocas ganas de comer su sándwich, así que jugueteaba con él. "Puede que no sea un gángster…" Megumi tenía razón, probablemente lo era, pero no quería admitirlo.

"Y río para no preocuparme no sólo porque le diste tu dirección, sino porque también le dijiste que vivías sola y trabajabas todo el día." Megumi retiró un mechón hacia atrás y pinchó a Kaoru con su tenedor. Kaoru chilló y se frotó el brazo. "Si tu departamento no está vacío cuando vuelvas a casa, deberás considerarte afortunada."

Mientras se mordía distraídamente las uñas, un mal hábito de su infancia, Kaoru se preguntaba qué tanto Megumi trataba de asustarla y qué tan real era el riesgo. Su edificio era seguro, pero había visto entrar a mucha gente con la excusa de que sus amigos 'no contestaban el timbre.' Hasta ahora no lo había pensado así.

"Ese hombre debe estar muy bueno como para que te distraiga de Kenshin."

"¡Megumi!" Kaoru trató de sonar escandalizada.

"Entonces dime, ¿cuál es la descripción que le darás a la policía cuando tus cosas desaparezcan?"

"Ugh, basta ya." Kaoru vio la sonrisa astuta de su amiga y se preguntó qué tanto estaría disfrutando de esto. Cuando conocieron a Kenshin años atrás, Megumi hizo saber a todos que pensaba que era atractivo y llevó a cabo su juego agresivo para salir con él. Kaoru, con su timidez, de alguna manera se metió en la ecuación, aunque no podía decir que fue más allá de eso, y Megumi había estado pronosticando la fatalidad entre los dos desde entonces. Ahora que había sucedido y que la tentativa relación entre Kaoru y Kenshin estaba hecha jirones, ella fue la primera en querer estar para Kaoru, y aquello compensaba los comentarios celosos de antaño.

"No te dejaré en paz, al menos déjame saber cómo es." Megumi le acercó a Kaoru su sándwich, queriéndole decir que comiera algo. "¿Es como Kenshin? ¿Bajito, tierno, amable, simpático? Después de todo, ése es tu tipo."

Kaoru se preguntó si era un halago. Nunca había comparado hombres. "No tengo un tipo."

Su respuesta fue recibida con un resoplido. "Oh, por favor, tu historial dice lo contrario. En el colegio—"

"¡No hablemos de eso!" Kaoru no quería recordar sus errores cuando su situación actual era lamentable. "Además, no eres la indicada para hablar, aún le das falsas esperanzas a Sano. Él es un tipo agradable, bastante lindo y simpático."

"Y olvidadizo, malo con el dinero, y con un historial irregular respecto a sus empleos. Necesita repuntar un poco antes de que le prometa algo." Megumi masticó un poco más de pollo antes de seguir molestando a Kaoru. "Ya nos desviamos demasiado, ¿cómo es él?"

Había una razón por la cual Megumi trabajaba en el departamento legal, y era su tenacidad. "Es distinto a Kenshin: alto, de pelo blanco, con anteojos, musculoso."

"No suena tan malo, ¿pero es mucho mayor?"

"No, es que sólo tiene el cabello blanco. Puede pasar con personas jóvenes, o tal vez se lo decolora." Kaoru al fin le dio un mordisco a su almuerzo, sintiendo que la comida pasaba lentamente por su garganta seca. Nada era apetitoso después de esa cena con Kenshin. "No era muy hablador."

Durante la pausa que le siguió a la conversación, Megumi continuó comiendo mientras Kaoru pensaba en lo confusa que se había vuelto su vida. La noche anterior estaba segura de que se casaría, tendría un par de niños y viviría en los suburbios donde Kenshin pudiera establecerse con su clínica de terapia del habla. Aún si perteneciera a un futuro lejano, parecía muy posible, y hasta deseable. Hoy, todo lo que veía frente a ella eran seis meses más de alquiler, un trabajo con el que se sentía bien, y una cita con un probable criminal.

Oh, Dios, ella iba a ser esa amiga. La de los problemas dramáticos en la vida. Nunca antes había sido esa amiga, ella siempre había sido la que reconfortaba a esa amiga.

"Sabes, no dijiste ni una vez que no irás a esa extraña cita." Megumi cerró su contenedor de plástico y lo dejó a un lado. "No puedes considerar seriamente ir a algún lado con ese hombre, ¿verdad?" No había desdén en su voz, sólo preocupación.

"Bueno…" No había garantía de que él apareciera, de todos modos. No había causado la mejor de las impresiones, con lo que seguramente pensaba que era una mujer tonta de la cual se olvidaría pronto. "No... quizás… no lo sé." Algunos colegas pasaron a su lado en pandilla y riendo, haciendo que Kaoru quisiera arrojarles su sándwich por ser felices y despreocupados.

Megumi no respondió, pero al delgada línea de sus labios expresaba su descontento con la indecisión de Kaoru.


Viéndolo en retrospectiva, el comentario que él había hecho sobre su forma de vestir conservadora caló hondo en su mente. Kaoru no podía ni mirar el vestido que usó esa noche sin cierto tinte de dolor, así que hizo todo lo posible en hacer lo contrario esta vez. Reemplazó el rizador por la plancha, y después de domar su cabello, lo enrolló en un moño por detrás de la cabeza, dejando que unos mechones enmarcaran su rostro y suavizaran sus rasgos. "Más apretado y más corto" era el lema que utilizaría ahora, así que optó por una blusa suelta de color púrpura en la parte superior complementando con una falda negra.

Recordó haber comprado esa falda años atrás para usarla en la oficina, pero luego vio que expondría mucho sus muslos y sería inapropiado para el horario laboral. Esto no le había sucedido en la escuela, y sonrió al recordar a su estricta profesora, regla en mano, decidiendo según el largo del dobladillo si enviarlas a casa o no. Siempre le fue fácil enrollarla después de la inspección, por lo que nunca tuvo problemas.

Labial oscuro, delineador y un toque de rubor, con eso ya estaba lista para cualquier cosa, o por lo menos eso era lo que pensaba. No usaría ningún calzado chato, así que sacó unos zapatos que había comprado con Misao semanas atrás. Misao, quien se consideraba a sí misma terminalmente baja, sólo usaba tacones, ya que de esa manera podía mirar a la gente a los ojos. Normalmente, Kaoru no compraba nada que le garantizara ampollas, pero si iba a hacer algo fuera de lo normal, lo mejor sería ponérselos. De color rojo oscuro que casi parecía negro, primero puso un poco de vaselina en la parte posterior de cada zapato que daba al talón para luego colocárselos, notando lo diferente que se veía todo a esa altura.

Con casi veinte minutos de sobra, Kaoru se sentó en su cama y trató sin éxito de no meditar. ¿Sería peor si él apareciera o si no lo hiciera? ¿Su vestimenta era muy formal? Podía fingir no estar en casa en caso de no querer seguir adelante. ¿Había cargado su teléfono? Sus amigas le habían pedido que se comunicara con ellas en algún momento de la noche, ¿pero cómo podría excusarse tantas veces para ir al baño sólo para mandarles mensajes a Tae, Misao, y Megumi? ¿Y si Kenshin llamaba? ¿Quería que la llamara? Tres días habían sido suficientes para pasar de estar loca a triste y luego volver a estar loca.

Cuando el timbre sonó, contra todo pronóstico, a las 8 en punto, Kaoru se levantó de un salto impulsada por la adrenalina y la preocupación y caminó hacia el intercomunicador junto a su puerta. A pesar del hecho de que no planeaba hacerlo pasar a su departamento, miró el estado desordenado de sus cosas con consternación y se preguntó por qué tenía un bloqueo mental con la cocina y la limpieza. No era como si estuviera acumulando suciedad, pero tampoco era un modelo de hogar el suyo. Un desastre por dentro, tal y como ella se encontraba en ese momento.

"¿Hola?"

"Soy Yukishiro." Su voz sonaba neutral, sin revelar nada.

"Ya bajo." Kaoru temía que el temblor de su cuerpo se haya escapado en sus palabras mientras se ponía un abrigo y una bufanda. Hora de ver qué le deparaba la noche.


Enishi sabía que tendría que aguantar las quejas de Gein al día siguiente, y no se sorprendió al verlo comenzar su alharaca cuando se reunieron. La reunión era para discutir algunos asuntos con una pandilla en el territorio contiguo en donde la nueva construcción de un parque había borrado los límites de los espacios donde operar. La inevitable violencia incrementaba hasta el punto en que sobornar al policía de turno no era suficiente. La situación era tensa y no necesitaba de la histeria de Gein para enojarse más.

Cuando el auto arrancó con Gein como conductor, Enishi supo que no viajaría tan tranquilo como lo había anticipado. Seguramente era una sutil indirecta de su socio Heishin, quien podría haber hecho fácilmente que Otowa condujera. El por qué Heishin continuaba provocándolo de esa manera hacía que Enishi pensara sobre el futuro de la organización.

"…nunca te involucras, no sé por qué tuve que irme cuando—"

"Sólo olvídalo."

"Y viste cómo iba vestida, ella lo quería. Hubiera tenido una gran noche de no ser por ti."

Gein era una rata, pero una útil, por eso Enishi aún no se deshacía de él. "Puedes distinguir a un policía encubierto a una cuadra de distancia, pero aún sigues sin poder leer a una mujer, parece."

"¡Tengo muchas mujeres!"

Enishi ya no escuchaba mientras que Gein seguía parloteando, en parte porque Gein no decía nada que Enishi quisiera escuchar, pero principalmente porque no quería pensar en el juicio y asalto de Gein a una mujer porque honestamente lo molestaba. Esas migrañas que lo volvían loco sólo aparecían cuando pensaba en su familia, pero esa chica le recordaba tanto a su hermana que la idea de Gein apuntándola con un arma le provocaba el mismo dolor.

"Cállate." No lo dijo en voz alta, pero no necesitaba hacerlo. Gein podía ser un idiota con las mujeres, pero había pasado mucho tiempo con Enishi como para captar cuándo su jefe andaba de humor peligroso. La música cobró vida y Gein se concentró en el camino.

Completamente distraído de la importante reunión que tendría en breve, Enishi reflexionó sobre cuán perturbador era el Día de San Valentín para toda la organización. Entre las reglas de la organización estaba la promesa de respetar a las mujeres y familias de los miembros, cosa en la que él ni había pensado antes, pero hasta los hombres más duros con los que había trabajado tenían esposas o novias con las que pasar esas fechas. Nadie se pedía el día libre, pero muchos no estaban disponibles uno o dos días antes del 14. A Enishi le parecía un día inútil y de mal gusto, pero se conocía a sí mismo lo suficiente como para no descartar participar por culpa de esa mujer Kamiya.

El querer complacerla apestaba a debilidad, y con Heishin husmeando además, no estaba seguro de permitirse una grieta en su armadura como aquella mujer. Al evocar su rostro, más que hermoso, y sus intentos ridículos y torpes para llamar su atención (inclinarse sobre una mesa de billar, por favor) Enishi descubrió que le estaba costando encontrar objeciones contra el hecho volver a verla. Tal vez la semejanza con su hermana era sólo producto del licor y aquella inocente interacción una ilusión manipuladora.

"Ya llegamos, señor." Gein se comportaba más amable cuando pensaba que el ánimo de Enishi estaba inestable. De pie y afuera en el frío, como si el clima no lo afectara, la mole conocida como Kujiranami se encontraba allí para entrar con el jefe. Una mujer con un abrigo de piel real también se encontraba allí: Yumi sin duda, había visto fotos de ella en el pasado.

"Llama a Heishin y dile que quiero verlo cuando las negociaciones concluyan."

"Sí, señor."

Sin perder tiempo, salió del auto hacia las bajas temperaturas, y se enderezó antes de empezar a caminar. Shishio no era alguien a quien se le podía tener esperando, ni siquiera por Enishi.


Habían pasado muchos años desde que la última vez que tuvo algo parecido a una cita. A pesar de ser relativamente joven como para estar al frente de su propia organización, ése había sido un objetivo que él había perseguido de manera despiadada y determinada. No tenía ni tiempo ni energía para algo tan vulgar como el romance; si quería sexo, podía obtenerlo de maneras más baratas que el andar engalanando con cenas y regalos. En su época adolescente, siendo ya un maestro en el robo, uno de sus colegas más viejos había pensado en poner a sus hijas en su camino. En un mundo como ese había que casarse con los de su misma clase para así mantenerse en la familia tanto tiempo como fuera posible. Las pocas veces que las llevó a cenar y fingió estar interesado en sus compras caras fueron para él una colosal pérdida de tiempo que sólo hizo que redoblara sus esfuerzos por permanecer en la organización. Cuando uno mismo no contaba con tiempo, no se le podía pedir que lo tuviera para otra persona.

Se decía a sí mismo, mientras conducía, qué sólo hacía esto motivado por la curiosidad. Los chocolates para ella estaban colocados en el asiento del acompañante, comprados en una tienda aglomerada de hombres preocupados y desconcertados. Todos tenían una mirada inquisitiva en los ojos, como si los chocolates fueran la respuesta a un enigma que les urgía resolver. Para Enishi sólo eran calorías vacías, y no estaba seguro de por qué uno tenía que comprar chocolates cuando algo como un filete era más caro y más útil. Se encogió de hombros ante esa locura.

Temprano.

Todo eso: la indecisión, la reserva, los chocolates, el estacionamiento… y aún era temprano. Ponerse nervioso por eso era impensable. Podía controlar cualquier situación, pues había planificado la noche con eficiencia – buscar a la chica, comer, llevarla de vuelta a casa — pero las nociones radicales que había absorbido escuchando a los hombres frenéticos en esa tienda seguían en su mente. ¿Y si era alérgica al chocolate? ¿Y si no le gustaba? ¿Y si se ponía sensible y él tenía que consolarla? No estaba preparado para tal escenario. A Enishi le gustaba que su mundo fuera predecible, y por ende controlable, pero esa mujer Kamiya era algo desconocido.

Aclarándose la garganta, Enishi salió del auto y se encaminó hacia la entrada del pequeño complejo de departamentos donde ella vivía. No era un vecindario ni bueno ni malo, y no era uno que pudiera visitar profesional o personalmente. Sólo había residencias, comercios, y restaurantes que lo proclamaban como un suburbio de paso. Todo lo que había en esa parte de la ciudad eran niños jugando a ser una pandilla y atracos ocasionales.

Encontró el número de su departamento entre el montón de timbres y presionó dos veces. Era posible que ella no estuviera en casa. Podría, y probablemente debería, haberse arrepentido de interactuar con él en un bar turbio días atrás. Por suerte, nadie de su organización sabía dónde estaba o qué hacía, porque si ella no le abría la puerta, pasaría una gran humillación.

"¿Hola?" Su voz era un chillido que bien podía ser producto de una interferencia o de sus propios nervios.

"Soy Yukishiro."

"Ya bajo."

Mientras esperaba, una pareja salió riendo del edificio entre besos y arrumacos. Se detuvieron en seco cuando lo vieron, y él se recordó no fruncirle el ceño a la gente. Ese comportamiento en las personas era de esperarse esa noche. Reanudaron sus risas al pasar a su lado y Enishi suprimió las ganas de resoplar por la estupidez en la que se estaba metiendo.

"No pensé que vendrías." Él la miró y pensó en lo diferente que se veía esa noche. Todo en ella parecía una invitación. Sus piernas, sus caderas, su escote, y su peinado. A todo eso lo vio de un vistazo antes de que ella se pusiera el abrigo. Quería decirle que se dejara el cabello suelto, como cuando se conocieron, pero sólo asintió en su dirección saludándola.

"Estacioné al otro lado de la calle. A menos que prefieras que vayamos en taxi." Sólo había mencionado la segunda opción porque ella parecía lista para salir huyendo, aunque con esos tacones no iría muy lejos.

Ella dudó antes de responder. "No sé adónde iremos a comer. ¿Sería caro tomar un taxi?"

"No te preocupes por eso." La idea de que ella pagara lo molestaba tanto como su propia actitud. Su hermana solía decirle que necesitaba ser más amable con las mujeres, pero nunca antes lo había sentido de esa manera.

Sacó su teléfono y recordó los chocolates que tenía, ya que necesitaba una mano libre para marcar. Se lo entregó, y al ver que ella no lo tomaba de inmediato, se impacientó.

"¿Y bien? Querías chocolates, ¿no?" Trató de mantenerse inexpresivo, pero sabía que su exasperación ya se había notado.

"Gracias." Sus ojos se ensancharon al recibir el regalo, y lo examinó con placer mientras él pedía un taxi. Antes parecía un poco asustada, incluso aterrorizada, pero ahora era toda sonrisas y dulzura mientras acariciaba el envoltorio del paquete. ¿Tan fácil era?

Esperaron afuera cerca de la acera y él observó que sus alientos formaban nubes debido al aire gélido. Iba a hacer frío esa noche, y el reciente clima húmedo sólo significaba hielo en los caminos. Los zapatos de ella podrían no tener buena tracción, se encargaría de controlarlo. Una voz en su cabeza le decía que le ofreciera el brazo, pero hizo a un lado ese sentimentalismo.

"Te ves bastante sombrío."

"¿Qué?" Se volvió hacia ella, viendo una chispa en sus ojos que no había visto cuando lo saludó en la puerta.

"Zapatos negros, traje negro, camisa negra… "

Él gruñó. "Hm. Es lo que tengo. Esto o un conjunto deportivo naranja."

Esa brusca respuesta fue recibida por una sonrisa divertida de parte de la chica. Enishi tuvo la incómoda sensación de que ella la pasaría mejor que él en esa cita, y eso no le gustaba ni un poco.