Capítulo 3
Kaoru trató inútilmente de calmar la rigidez de sus dedos con su pequeño bolso negro. En el taxi, Enishi estaba sentado detrás del conductor, aparentemente tranquilo con todo. Había medio asiento entre ellos, pero Kaoru sentía que no había espacio entre ellos debido a la claustrofobia que su nerviosismo le provocaba. El sudor frío producto del estrés aún no había hecho su aparición, pero lo veía venir si no se controlaba. La caja de chocolates estaba en uno de los bolsillos de su abrigo, y se presionaba contra ella cada vez que el conductor daba un giro.
Por debajo de sus dedos Kaoru sentía las constantes vibraciones de su teléfono, anunciando los mensajes de texto de sus preocupadas amigas. Un zumbido de mensaje, luego otro como recordatorio, haciéndola sentir que su celular reventaba de mensajes cuando en realidad, tal vez le habían mandado una o dos preguntas. Como Enishi no había sacado el suyo, ya que el viejo motor del vehículo impedía la conversación, Kaoru decidió esperar también.
Todos los días, de camino al estacionamiento, Kaoru pasaba por tiendas y restaurantes exclusivos del centro. Había exhibidores, en algunos casos no, y a menudo se veía gente de traje a través de las ventanas discutiendo asuntos importantes mientras degustaban platos costosos. Ni en un millón de años ella hubiera adivinado que se detendrían frente a uno de esos santuarios de arte culinario, pero el taxi se detuvo y Kaoru pasó tanto tiempo confundida sobre lo que estaba sucediendo que un valet ya le había abierto la puerta y la miraba perplejo, ya que ella no se movía. Enishi pagó el taxi y salió, así que ella lo siguió. Aún aturdida, la chica dijo la única cosa que tenía sentido.
"¿Tenemos una reserva? No creo que podamos entrar sin una." Y tal vez un estado de cuenta, agregó mentalmente. Era esa clase de lugar que no ponía precios en el menú, porque si necesitabas preguntar eso era porque no podías pagarlo.
Enishi resopló divertido y siguió adelante, con Kaoru dando dos pasos por cada uno que él daba y maldiciendo en silencio a sus zapatos por el trote. La belleza duele, le había repetido Megumi cada vez que quería convencer a Kaoru de depilarse las cejas (u otras partes de su cuerpo que no se mencionarán).
El encargado que lo saludó tenía una pizca de pánico en los ojos que Kaoru reconoció, y lo guardó en su mente mientras éste se postraba ante Enishi. Sí, su mesa estaba lista. Sí, ¿podrían seguirlo, por favor? Sí, ¿querrían algo antes de comer? Sí, se le permitía revisar el abrigo de la dama. Kaoru sinceramente esperaba que el hombre no fuera a servirles, porque a juzgar por los temblores que tenía al agarrar su abrigo, no lo quería cerca con una jarra de agua.
"¿Vienes aquí a menudo?" Dijo Kaoru mientras ella misma empujaba su silla y se sentaba, mientras Enishi observaba al encargado tropezarse con una expresión satisfactoria antes de percatarse de la existencia de la chica.
"Primera vez para mí. Pero escuché que la comida es buena." A pesar de su altura, jamás dio la impresión de lucir desgarbado mientras tomaba asiento. La vela que estaba entre ellos parpadeó y proyectó suaves sombras sobre su rostro, y ella se preguntó de manera espontánea si cenaría con el mismo diablo esa noche.
Imaginación exagerada, se reprendió. "¿Te gusta probar comida en lugares como éste?"
"Viste el bar que frecuento. Estoy complacido siempre y cuando el servicio sea atento y mis necesidades satisfechas." Parecía estar en casa tanto en ese lugar como en el bar, y Kaoru decidió que probablemente era una cuestión de confianza. Enishi le recordó al vicepresidente de finanzas que ocasionalmente se reunía con el jefe de su jefe en la sala de conferencias de Recursos Humanos. Hajime Saitou era dueño de una confianza fría y refinada, pero ella nunca lo había visto cambiar de expresión, mientras que Enishi parecía tener todo tipo de emociones palpitando bajo la superficie.
"Estaba pensando en que me recuerdas a uno de los vicepresidentes de mi compañía." Kaoru se dio cuenta de que estaba sentada simplemente mirándolo mientras que un mozo, que por suerte era otro hombre, les había traído agua y los menús para luego desaparecer.
"¿Debería sentirme halagado?" Sus ojos se fijaron rápidamente en los de ella antes de volver al menú.
Kaoru dejó que su atención se posara en su propio menú. "No lo conozco bien, sólo me dio la impresión." Cordero sonaba bien, pero el menú consistía en su mayoría de filetes elegantes. No era vegetariana, pero ese lugar era prácticamente un paraíso carnívoro y la idea de comer un gran trozo de carne hacía que su estómago se revolviera.
Bajando el menú y dedicándole toda su atención, lo cual era desconcertante dado su interés e intensidad, le preguntó con suavidad, "¿Entonces cuáles son tus impresiones sobre él?"
¿Cómo me ves? Él quería saber y ella se lo dijo. "Bueno, es responsable por varias personas, pero es muy bueno manteniendo la calma y el control. Tiene una gran memoria para los detalles, quiero decir, yo no soy nadie y me llamó por mi nombre cuando quiso preguntarme algo… realmente me impresionó. Y da un poco de miedo." La voz de Kaoru se apagó al final y se aclaró la garganta antes de tomar un poco de agua. Sabía a limón.
"En vista de eso, supongo que no me molesta la comparación." Parte de su boca se inclinó en una sonrisa y Kaoru reprimió el impulso de suspirar de alivio.
Kenshin nunca te llevó a lugares como este. Le susurró su mente con una mezcla de irritación y melancolía. El dolor seguía fresco en su interior, haciendo que se concentrase en el asunto en el que estaba con determinación. Definitivamente, la pata de cordero.
"¿Ves algo que quieras?" Enishi no dio indicación de que se refiriera a otra cosa que no fueran sus opciones de cena, pero había una sensación incómoda en ella que le decía que él no era alguien que se expresara de manera directa.
Pensó que se aburriría con la chica. Ahora estaba mucho más nerviosa que antes, pero no había nada en su miedo que la hiciera lucir insípida. La conversación se centró en el trabajo una vez que llegaron las ensaladas, y era demasiado divertido verla avergonzarse, ya que obviamente quería preguntarle cosas pero no estaba segura de cómo expresarse.
"¿Te gusta tu trabajo?" Las mejillas de Kaoru se colorearon de manera atractiva, y él permitió que siguiera asumiendo lo peor, ya que debió haber adivinado que su trabajo diario no era estrictamente legítimo.
Clavando su tenedor en un tomate cherry, consideró revelarlo todo para ver cómo la chica reaccionaba. Sería algo poco propio de él, ese tipo de honestidad, pero había algo tan puro en ella y quería ver cómo ella reaccionaba ante un mundo mucho más complejo que el suyo.
"Es lo que quería, así que no me puedo quejar. Las ventajas de estar en la gerencia, por así decirlo, son materiales." Hizo un gesto mostrando su alrededor y ella le dedicó una sonrisa apenada.
"¿Nunca pensaste en ser otra cosa? Mi padre siempre estaba decepcionado porque no me hice cargo del negocio familiar. Pero la instrucción en artes marciales no deja mucho dinero." Inmediatamente, Enishi la evaluó como luchadora: delgada, sin tanto músculo como para representar una amenaza en cuanto a poder, pero si tenía velocidad lo compensaría y tendría potencial en una pelea. El competidor en él quería luchar contra ella y comprobar qué tan fuerte era, pero algo en su mente le decía que si se le acercaba lo suficiente como para luchar cuerpo a cuerpo, perdería el interés en la batalla y…
"¿Por cuánto tiempo entrenaste?"
Kaoru suspiró, soplando los mechones en torno a su rostro. Él volvió a desear que se dejara el cabello suelto. "Toda mi vida, pero dejé de hacerlo al entrar en la universidad. Trabajaba en el dojo durante los veranos, y de vez en cuando a tiempo parcial en la ciudad como instructora, pero el ritmo de vida se tornó pesado y me encontré haciéndolo cada vez menos."
¿Cuándo fue la última vez que entrenó adecuadamente? Él se mantenía en forma, pero había pasado un año o dos desde la última vez que alguien tuvo el atrevimiento de entrenar con él. Enishi le había roto un brazo al tipo que pensó que le enseñaría al jefe una o dos cosas en la práctica, y desde ese entonces nunca más lo desafiaron. Con Heishin respirándole por el cuello, tal vez tendría que hacer demostraciones para recordarles a sus hombres que todavía era fuerte. Volviéndose hacia Kaoru, se percató de que ella le había hablado de su familia mientras él contemplaba realizar una demostración de fuerza.
"Nunca pensé que una casa pudiera estar llena de tantas cosas, pero el dojo era peor. Todavía extraño a mi papá." Los restos de sus ensaladas fueron retirados y Kaoru dijo lo que él tanto quería evitar. "¿Qué hay de tu familia?"
"No tengo familia." Apuró las palabras, haciéndolas sonar severas. La mirada piadosa que ella le dirigió lo molestó, y quiso dar más detalles. "Murieron cuando era más joven."
"Eso suena solitario." Ella no lo miró y dirigió su mirada hacia un lado. Enishi quería responderle, pero parecía que ella ni siquiera estaba hablando de él. Recavando por su mente, recordó que ella había dicho que su padre murió en su adolescencia. La soledad no se le había ocurrido como opción durante años, pero tal vez encontraría rastros de ella si se permitía tiempo para examinarse interiormente. Tener un profundo sentido de mortalidad o filosofía no había sido compatible con sus elecciones de vida hasta ese momento.
"Pienso que la soledad es una opción." Fue todo lo que pudo decir, pero no le pareció satisfactorio.
Curiosamente, sus palabras hicieron que su compañera de mesa pasara de una triste introspección a una radiante sonrisa dirigida a él. No por primera vez en esa noche, se recordó que, como hombre heterosexual, su capacidad de razonar estaba haciendo cosas ridículas. Quería complacerla y distraerla, pero también quería su total atención. Cuando el mesero apareció con la comida en ese momento, lo que hizo que ella desviara la sonrisa hacia su plato, le lanzó al hombre una mirada tan venenosa que no fueron interrumpidos por el resto de la velada, incluso cuando sus vasos de agua se vaciaron.
Kaoru tuvo, considerando las cosas, una de las mejores citas desde que empezó a salir con chicos. La noche había sido agradable, surreal. Apenas tenía un pelo de la cabeza fuera de lugar, y todo en lo que podía pensar era en cuán deliciosa había sido la comida y cómo no hubo pausas en la conversación. Incluso sin saber a qué se dedicaba él específicamente, o cómo era su familia en términos generales, algo pudo saber del hombre que la acompañaba hasta la entrada de su edificio:
No le gustaban los dulces. (Había rechazado todos los postres.)
Insistía en que las cosas se hicieran a fondo. (A pesar de no querer, se empecinó en que se le presentara a la chica una bandeja de postres, aún estando ella llena.)
Era derrochador. (Muchas sobras de su plato fueron a parar directamente a la basura.)
Su atención al detalle era impresionante. (Al principio, el nervioso camarero le había traído el abrigo equivocado, pero era tan parecido que Kaoru no lo había notado hasta que Enishi lo hizo.)
Era más amable de lo que él mismo pensaba. (Mientras él se burlaba de la idea de actuar como un caballero, cuando Kaoru lo mencionó, actuó de esa manera durante toda la noche. Hasta se aseguró de caminar por el lado de la calle de la acera mientras regresaban a su casa.)
Después de "retocarse" y responder los mensajes de sus amigas de una sola vez, Kaoru estaba segura de que había esquivado una bala en lo que respectaba salir a cenar con un desconocido. Enishi podía ser un sinvergüenza, pero si nadie le dijese lo contrario, ella lo asumiría como el gerente superior de una de las compañías de la ciudad. La idea de que fuera un gángster hasta le parecía absurda. Con esos pensamientos dando vueltas por su cabeza, parecía mucho menos ridículo que estuviera nerviosa sobre si le daría un beso de despedida. Kaoru tocó su caja de chocolates en su bolsillo y trató de decidir si quería eso, y cuando ella le echó un vistazo a través de sus pestañas, volvió a impactarse con su buena apariencia y fuerte presencia. A tres edificios del suyo, él agarró sus manos con fuerza y la encaró de repente mientras Kaoru trataba de recuperar el aliento que se le había escapado al ser arrastrada por él.
El impulso del momento causó que Kaoru trastabillara con sus tacones, pero él detuvo su caída para que pudiera estabilizarse. Era la primera vez que se tocaban, y de inmediato ella notó sus manos callosas y cómo parecían irradiar calor. Los pensamientos complejos sobre cuán rápido iba todo y sus sentimientos por Kenshin dificultaban saber lo que quería. Él la atrajo hacia su propio cuerpo y se inclinó para susurrarle algo al oído.
"Nada de policías."
Enishi empujó a Kaoru, y normalmente eso no sería suficiente para desequilibrarla, pero con esos tacones y el abrigo apretado, Kaoru sólo pudo dar dos pasos antes de caer sobre su trasero en un pequeño callejón entre dos edificios. Antes de poder gritar, se volvió con ojos furiosos hacia Enishi, sólo para verlo enzarzado en un mortal abrazo con un hombre que claramente quería asesinarlo con un cuchillo que llevaba.
Se separaron, y Enishi siseó algo entre dientes a lo que el otro hombre rió antes de soltarle un grito. Kaoru tuvo que apartar sus ojos por un momento para poder ponerse de pie, y reprimió el impulso de sacar su teléfono y pedir ayuda. Nada de policías, le había dicho él, y sentía demasiada adrenalina en sus venas como para cuestionarlo.
Todo lo que podía ver era un contenedor de basura y un montón de cartones húmedos en el callejón, pero nada útil. Casi temerosa de lo que vería, mientras la pelea proseguía a unos metros de ella, Kaoru dirigió la mirada allí para ver a Enishi y al hombre del cuchillo todavía abrazados en mortal danza. Por un momento sus ojos se cruzaron, los de Kaoru desesperados y los de Enishi fríamente calculadores, pero Enishi pareció haber tomado una decisión y bloqueó el cuchillo con el antebrazo mientras atacaba a su oponente con su otro puño de manera tan fuerte que, al caer el hombre, Kaoru temió que Enishi lo hubiera matado delante de ella.
"¡Oh, DIOS mío!" Se apresuró a chillar Kaoru, ahora que el atacante había sido derribado, viendo que todavía respiraba.
Controlando su respiración, Enishi la miró casi con desdén. "Dijiste que hacías artes marciales, así que seguro no te sorprende ver una pelea." Parecía enojado, pero a Kaoru no le importó, tenía derecho a estar furioso después de tener a un hombre atacándolos al azar. Asumiendo que era al azar, cosa que ella no podía asegurar.
"¡No es eso, tu brazo!" El cuchillo que había bloqueado seguía incrustado a un lado de su antebrazo, debajo del codo. Al percatarse de aquello, Enishi agarró el mango y lo sacó de su carne con un gruñido y lo guardó en su bolsillo luego de tapar la hoja. Inmediatamente, la ropa alrededor de la herida se humedeció. Las sirenas que se escuchaban lejanas rompieron con la conmoción de Kaoru.
"¡Dije que nada de policías!"
"¡No los llamé!" Exclamó Kaoru moviendo los ojos frenéticamente, y cuando otra pareja estaba acercándose a ellos para preguntarles si estaban bien, se aferró al brazo sano de Enishi y lo llevó a su edificio. Al principio él arrastraba los pies, lo que hizo que ella se girara hacia él y le gruñera. "Bueno, ¿te quedarás aquí para darle tu declaración a la policía, o vendrás conmigo?"
Con los ojos abiertos de par en par, finalmente el muchacho aceleró. Kaoru ya podía sentir su trasero adolorido por la caída en el callejón, y saludó a lo lejos a la preocupada pareja diciéndoles que estaban bien mientras corrían hacia la entrada del edificio.
"Sólo quiero que sepas que si esto no fuera una emergencia, no te hubiera invitado a entrar. No soy ese tipo de chica." Kaoru marcó rápidamente el código de seguridad de la puerta.
Y aún ni siquiera podía decir que era la peor cita en la que había estado.
