¡Último capítulo!

Lady-Cin: ¡Me alegra que te esté gustando! ¡Espero que este último capítulo no sea la excepción! ¡Saludos!

Blackcat: Estoy encantada con traducir bellos fics en inglés, para disfrute del fandom en español. ¡Y esta autora tiene unas historias que no se pueden ignorar de lo geniales que son! ¡Espero que este último capítulo sea de tu agrado!

¡Gracias a LoluS por su voto de confianza!

Toda mi gratitud a AngelOfDeath10 por su permiso y buena onda. ¡Vayan y denle amor a sus otras historias!


Capítulo 4

La mujer Kamiya estaba exagerando, pero Enishi descubrió que quería que se preocupara por él, por lo que la dejó ser. Su preocupación y estrés la tenían con el rostro colorado y sudado, tanto que se soltó el cabello mientras subían al departamento, para placer de Enishi. Todo ese cabello oscuro arremolinándose a su alrededor le hizo pensar en la primera vez que posó sus ojos en ella, viéndose tan indefensa y angelical.

"¡Muévete, maldición! ¡Tengo que hacer algo con ese brazo!" Claramente, se encontró a sí mismo disfrutándolo. Sabía que no tenía nada que ver con las mujeres mandonas, habiendo conocido suficientes de ese estilo entre los miembros de su mafia, pero le parecía muy atractivo ver a esta mujer dándole órdenes.

La herida le escocía, pero él se había preparado endureciendo su brazo, y además, no había penetrado tan profundamente como ella pensaba. Ella tomaba torpemente sus llaves, dejándolas caer y maldiciendo antes de abrir por fin la puerta. Lo primero que hizo Kaoru al entrar fue quitarse los zapatos de una patada y arrojarlos a través de la habitación. Cuando cerró la puerta y lo miró, él se sorprendió de lo pequeña que parecía ahora.

"¡Siéntate!" Despojándolo de su chaqueta, lo llevó rápidamente hacia el sofá de su sala de estar. "No puedo hacer nada si necesitas puntos, pero puedo limpiarlo y desinfectarlo, así que espera."

Ella se dirigió a lo que él asumía era su baño, y luego procedió a contemplar su hogar. Si la apariencia de Kaoru era buena, eso no se reflejaba en su departamento. Las ropas estaban desparramadas por todos lados, y detrás de él en el sofá había una toalla. Vasos de agua vacíos cubrían su mesa ratona junto con revistas de ejercicios y modas. La cocina tenía un aspecto vacío, característico de una persona que no cocinaba a menudo, y él pensó que al menos compartían eso. Las estanterías no contenían libros, pero sí muchos portarretratos de personas sonrientes junto a una Kaoru con diferentes edades y realizando diversas actividades.

No había basura, y olía agradablemente a jazmín, pero quedó impactado con la abrumadora sensación de desorden. Su propio hogar parecía un convento en comparación. Pero si era honesto, dejando la violencia y la bebida, su vida de verdad parecía la de un monje. Enishi resopló. En su mundo, donde las grandes personalidades y la vida lujuriosa eran la norma, su estilo de vida discreto era una locura para las personas a su alrededor.

Cuando Kaoru volvió, Enishi supo que tenía que resolver un enigma. Su cabello suelto se arremolinaba a su alrededor mientras avanzaba hacia él, en una mano llevaba medicamentos, y con la otra se ventilaba en dirección a su blusa púrpura que ahora tenía desabrochados los botones superiores. Sus labios hacían una mueca de preocupación, luciendo húmedos y llenos, mientras que sus mejillas sonrosadas enfatizaban una mirada que en diferentes circunstancias la hubiera descrito como erótica. Mientras le pedía que se levantara la manga, él automáticamente comenzó a arremangarse del lado equivocado antes de darse cuenta. Ella hizo que se inclinara hacia adelante y apartó los vasos de la mesita para utilizarla de área de trabajo. Un torrente de palabras enojadas salía de su boca dirigido a su atacante, a él, y a sí misma mientras Enishi no hacía ningún esfuerzo para resistirse a mirar hacia su blusa abierta.

"¡… y de todas las cosas estúpidas que podían sucederme en San Valentín, no puedo creer que esté aquí limpiando una herida de cuchillo sin siquiera conocerte! ¿En qué estoy pensando? Mis amigas me dijeron que nada bueno saldría de una cita con un extraño, ¿pero las escuché? ¡No! ¿Por qué no las escucharía teniendo razón, cuando soy tan tonta por pensar que mi intuición podría estar equivocada? Tan pronto como conozco a alguien, sin importar las circunstancias, me encuentro en este tipo de situación. Como Yahiko y el prestamista. O Sano y sus deudas de juego. ¡Y luego están Aoshi, Misao y Soujiro, soy tan tonta!"

Kaoru acentuaba cada palabra recriminándose y dando patadas en la mesa con su pierna, sacudiéndola mientras limpiaba la herida y aplicaba crema antibacterial con un pedazo de algodón. Era angosta pero profunda, y aún brotaba sangre mientras le colocaba los vendajes.

"Esto debería ser suficiente hasta que llegues a un hospital, o adonde sea que quieras ir." Miró por la ventaba donde las parpadeantes luces rojas y azules reflejaban la presencia de la policía y de una ambulancia. "Puedes quedarte un poco más, si no quieres irte ahora mismo. ¿Te gustaría tomar agua o té?"

De repente, pareció darse cuenta del estado de su departamento, porque recogió todos los vasos vacíos de una vez y los abrazó, como si quisiera que se fusionaran con su cuerpo para sacarlos de vista.

"Tomaré un poco de té."

Considerando que el plan original era dejarla en la puerta de su casa y olvidarse de ella, Enishi tuvo el presentimiento de que habían traspasado el punto donde tenía que olvidarla. No podía decir si estaba disgustado por eso o no, pero sus hormonas despiertas proclamaban buenas noticias desde el corazón del jefe de la mafia.


¡Idiota! Aún sabiendo que era una mala idea, Kaoru no pudo evitar llevarlo a su casa. Estaba herido, necesitaba ayuda, y Kaoru no podía resistirse a ayudar a quien estaba en problemas. Por mucho que se regañara a sí misma, su corazón suave y sus buenas intenciones hacían que no sintiera ninguna alarma, ya que nunca había vivido una mala experiencia. Yahiko terminó el colegio exitosamente, Sano estaba (casi) libre de deudas, Aoshi había salido de su disfuncional situación familiar, y Misao y Soujirou estaban terminando con las reparaciones de su casa en los suburbios. Cada uno llevaba una buena vida, y ella se había convertido en amiga de todos cuando originalmente comenzaron como casos de mala suerte que entraban y salían de su vida.

Enishi era diferente.

Kaoru no podía apostar por ello, pero Enishi era diferente. No parecía un esquivo de la buena suerte como Sano, o un príncipe de hielo con corazón de oro como Aoshi. Nada en él mostraba vulnerabilidad. Incluso herido, era indiferente a la hora de buscar atención médica (ella habría salido corriendo para vacunarse inmediatamente contra el tétanos) y parecía más peligroso que cuando lo conoció. Él era el tipo de persona que no se asustaba en una calle oscura. Él era el tipo de persona que tomaba riesgos calculados, aunque saliera herido. Peor aún, él era el tipo de persona que la miraba con ojos sugestivos mientras ella limpiaba su herida.

Mientras encendía la tetera eléctrica y buscaba un par de tazas, Kaoru reflexionó sobre lo que sabía de Soujirou. El chico sonriente que había salido del mundo de Enishi siempre había sido silencioso sobre los detalles de su vida antes de conocer a Misao. La única pista que le había proporcionado a Kaoru era un comentario sobre lo poco relajante que eran esos días, y que la confianza era de un valor sin precio.

¿Había venido Enishi con ella como muestra de confianza? ¿Aquello la preocupaba?

"¡Espero que te guste el jazmín! Es todo lo que tengo." Su padre hubiera estado decepcionado de sus dotes como anfitriona. Tenía galletas en el armario, pero nada que ponerles encima, y no tenía golosinas o pasteles que ofrecerle. Muy tarde pensó en los chocolates en su abrigo, pero por su incómodo aterrizaje seguramente habían quedado aplastados; tendría que llevar ese abrigo a la tintorería pronto.

Kaoru depositó los vasos en el fregadero y se lamentó tanto del estado de su departamento como del hecho de que él estaba allí cuando ese no era el plan. Mientras él hojeaba casualmente una de sus revistas, con la camisa arremangada y un pie apoyado sobre una de sus rodillas, se preguntó qué pensaba de ella. ¿Se veía como el desastre que se sentía? Miró hacia abajo, hizo una mueca y se abotonó la parte superior de su blusa. En el momento le pareció natural, pero al menos eso explicaba por qué había estado tan absorto mientras ella lo curaba. Peinándose con una mano, Kaoru deseó tener un poco de la desenvoltura de Megumi o la calma de Tae. Mientras vertía el agua en las tazas se dio cuenta de que tenía que arreglárselas con lo que tenía.

"Tengo algunas galletas, pero como comimos me imaginé que no estarías interesado."

Kaoru se sentó en el borde del sofá, con las rodillas tan apretadas que podrían sostener una moneda sin preocupaciones. Se alertó mientras Enishi tomaba más espacio para pasar su brazo casualmente por el respaldo del sofá y hacía contacto visual con ella en lo que tomaba un sorbo de su té caliente.

"¿No te duele?"

"Sólo cuando me molestas con eso."

"¡Bueno, discúlpame por estar preocupado!" Él resopló y tomó otro sorbo de té, lo que le dio a entender que se estaba burlando de ella. "Oh, muy gracioso. Veo que necesitabas ser apuñalado para hacerte contar chistes esta noche."

Él levantó las cejas y señaló, "El humor es una herramienta que las personas utilizan para tranquilizar a los demás. Veo que mis esfuerzos no tuvieron éxito."

"Haces que contar chistes suene deprimente."

"Por lo general, no me siento con la obligación de tener que tranquilizar a las personas a mi alrededor." Rápidamente tomó otro trago, como para mantener su boca cerrada. Por la tensión en sus labios, Kaoru pensó que acababa de admitir algo que normalmente no hacía. Tal vez ese encanto sencillo que sus amigas tanto decían que tenía, había funcionado en alguien como Enishi.

"Pareces ser alguien que se convirtió en adulto antes de tener la oportunidad de ser un niño."

"No estás tan errada."

A pesar de sí misma, Kaoru se sintió derretir. Imaginarlo como un niño pequeño hacía que su interior se suavizara. Pero en lo que tenía que concentrarse era en el moretón en su trasero y en los algodones ensangrentados en la basura, pero Kaoru tuvo dificultades, ya que la imagen que empezaba a formarse en su cabeza coincidía con una probable infeliz infancia de él.

"¿Y a qué jugabas cuando eras un niño? Trato de imaginarte… ¿eras delgado o gordito?"

"Supongo que jugaba lo mismo que los demás niños. Era muy delgado. Mi hermana siempre trataba de hacer que comiera más."

Su tono se había dulcificado al mencionar a su hermana, pero luego su máscara se desmoronó. Debía ser difícil para él recordar a su familia, y ella trató de ser más comprensiva. "Bueno, ciertamente has mejorado tu apetito. Casi te comiste todo el filete, y eso era más carne junta de la que he visto en años."

"Mantener mi actual condición física requiere de altas calorías y proteínas."

"Recuerdo de cuando solía entrenar todo el tiempo, pero haces que todo esto de la comida suene lúgubre. ¿Hay algo que te emocione?"

Realmente él estaba pensando en ello, Kaoru se dio cuenta de aquello sobresaltada, cuando se quedó completamente quieto. Cerró los ojos lentamente, como si fuera una computadora de alta frecuencia procesando una solicitud complicada. Hizo sonar sus nudillos distraídamente, hasta que al fin pareció volver a la realidad.

"Una buena pelea, un buen trago, y algo más, pero no necesitamos hablar de ello." Sus ojos la devoraban, y ella pudo sentir un sonrojo traicionero en sus mejillas. Él decía cosas que no debieran ser tan impactantes en comparación a cómo ella las estaba tomando. Tal vez no estaba hablando de ella. Ya no estaba del todo segura.

Las luces intermitentes del exterior se desvanecieron y tan pronto como ambos lo notaron, Enishi se levantó y tomó su abrigo de la silla.

"El té estuvo bueno, me iré ahora."

Kaoru quería protestar, pero no podía pensar en una sola razón para pedirle que se quedara sin que tuviera un matiz sexual. "Espero que le prestes atención a ese brazo. ¿No estarás en peligro al volver a casa?"

"No más de lo usual."

Ella lo siguió hasta la puerta mientras él se acomodaba las mangas y se ponía la chaqueta.

"Cuídate, Kamiya, no eras el objetivo, y es poco probable que alguien de mi mundo se vuelva a cruzar en tu camino, a menos que te lo busques." Con una leve mueca, agregó. "Me hiciste un favor esta noche al traerme aquí, no lo olvidaré."

"No te preocupes; me alegra que al final todo haya salido bien." Él ya estaba por irse y Kaoru pensó por un momento si, después de todo aquello, se arrepentiría. Rápidamente, llegó a la conclusión de que si iba a arriesgarse, tenía que hacerlo a lo grande.

Agarrándolo por las solapas, Kaoru tuvo que cubrir una gran altura, ya que ahora no llevaba zapatos. Cuando ella lo atrajo para cubrir su boca con la suya, descubrió que los labios del muchacho eran tan suaves como pensaba. Lo que comenzó como algo casto se convirtió en algo escandaloso mientras permanecían en la puerta abierta y él deslizaba su lengua dentro de la boca de la chica, en tanto su brazo sano rodeaba su cuerpo con fuerza. Ambos sabían a jazmín y Kaoru se deleitó con la sensación de estar rodeada de masculinidad y deseo. Cuando se separaron, Kaoru se obligó a respirar con calma mientras Enishi se acomodaba los anteojos. Él tragó en seco antes de permitir que una sonrisa se asomara por la comisura de su boca.

"Tampoco olvidaré eso."

Mientras Kaoru cerraba la puerta y él se iba, se apoyó contra ella y suspiró. Al menos sabía que había vida después de Kenshin. Sacó el chocolate maltrecho de su abrigo, prendió al televisión y rescató lo que pudo de ese desastre viscoso. Había sido un buen Día de San Valentín.

.

FIN

.