Disclaimer: Los personajes de este fic son de J.K.

"Este relato participa en la Tabla: Tóxicos y despechados de TanitBenNajash de la casa Zabini, los reyes del ponche de huevo"


Marinero

Al principio no era nada, un mocoso más que aparece cada año en Las tres escoas con las hormonas revolucionadas, un chiquillo que piensa que sabe ligar y le lanza miradas lascivas con sonrisas coquetas. De vez en cuando aceptaba alguno que otro halago de buena manera, otras veces le vaciaba la cerveza de mantequilla en los pantalones para que se enfriara y en contadas ocasiones le dedicaba uno que otro beso no sin antes asegurarse de que ya era mayor de edad, lo que al final resulto ser mentira. Con el tiempo el muchacho se convirtió en alguien importante y madame no lo advirtió hasta que fue demasiado tarde.

Ese fin de semana, Rosmerta escucho una conversación que habría preferido ignorar.

Las risitas de las chicas que estaban frente a la barra la distrajeron de mirar al objeto de su afecto que como siempre estaba sentado en una de las mesas del fondo de la taberna, una preciosa rubia y una pequeña morena hablaban un poco demasiado alto.

—¡Lo hizo Pansy te lo juro!

—Que no, que no, tienes que mostrarme el recuerdo, si no jamás voy a creerte.

—Pervertida.

—Calla tú lo eres más, es que es el colmo, Zabini parece no tener sentido de la decencia.

—¿Y tú sí?

—Ya sabes que para mí Draco es el único.

Daphne soltó una risilla entre divertida y exasperada.

—Mejor que no lo sea linda, porque él ya probo con muchas otras —dijo pasando un rizo rubio tras su oreja.

A la morena se le agrio el gesto, pero no dejo que el golpe hiciera efecto y levanto el mentón orgullosa para soltar:

—Pero que pésimo gusto tiene ese hombre, primero engatusa a la Weasley que además de pobre es traidora a la sangre ¡y ahora con Nott! El muchacho más impopular de nuestro curso, todo flacucho y sombrío…

—Para tu información Theodore es muy… —Daphne se quedó callada buscando algo a favor del Slytherin.

—No encuentras nada bueno en él —señalo Pansy con un gesto de superioridad.

—Tiene ojos bonitos —aseveró.

La camarera había escuchado suficiente, su sonrisa coqueta se desvaneció y cambió por una expresión de fría amabilidad. Camino sin contonearse hasta el lugar de Blaise y dejo la cerveza de mantequilla sobre la mesa azotando el tarro contra la madera provocando que la espuma se desbordara.

—¿Sucede algo amada mía? —Pregunto el italiano levantando las cejas y sonriendo con picardía.

Rosmerta apretó los dientes, se pensó ridícula por sentirse de aquella manera, llena de celos y envidia por la juventud perdida.

—Se terminó Blaise —contestó tajantemente y fue a refugiarse en la cocina.

Al italiano se le borró la sonrisa, salió corriendo de Las tres escobas y aporreo la puerta trasera del establecimiento.

—¿Qué sucede amada mía? Por favor dame una explicación.

Madame, temerosa de que alguien pudiera verlos hizo pasar al muchachito a la cocina.

—La explicación es que eres demasiado joven para mí, un chiquillo inexperto que no sabe el significado de lealtad —murmuro enojada la camarera.

Blaise se quedó descolocado por unos segundos.

—¿Qué he hecho que te hizo pensar eso?

—Ginebra Weasley, Theodore Nott y quien sabe quién más.

—Pensé que nuestra relación era abierta, ya sabes, sin compromisos —se excusó el joven.

—Yo también pensaba eso —Madame lo miró significativamente.

—Quieres decir que tú... ¿te enamoraste de mi o algo así? —dijo el muchacho con burla en la voz.

Rosmerta comenzó a llorar al notar el tono de su joven amante.

—No llores, perdóname, es que me parece irreal que me quieras, yo no estoy buscando nada serio ahora ¿sabes? Y menos co… —Blaise se detuvo, estaba cagandola a lo grande.

—Olvídalo Blaise, por favor vete y no regreses —dijo la mujer.

—Entiendo, no lo haré.

Con el paso del tiempo Madame logró recuperarse de aquel fugaz amorío con el jovencito, pero la herida de sentirse menospreciada no se borró, incluso después de aquella disculpa que Blaise le mando por carta años más tarde.