2.-El juicio.
Eran prisioneros en su palacio. Su propio palacio hasta hacía unos días, cuando Hakuryuu se apoderó de él después de ganar la batalla. Ahora ni siquiera podían reencontrarse a solas, pues guardias se apostaban detrás de la puerta y su emperador los miraba ceñudo desde el dintel, mientras, detrás de él, listo para someterlo usando su magoi si se atrevía a hacer algo que no fuera lo acordado, estaba ese hombre.
Por lo menos solo sentía en él a uno de sus djinn, el que reposaba en el collar de su cuello. Ni su espada, ni el resto de sus joyas. Algo justo, le parecía, en caso de enfrentarse con él uno a uno, si tan solo tuviera la intención de hacerlo.
-Phenex…-apretó el amuleto que encontrara con el cadáver del príncipe Hakuren y uso sus poderes por segundo día consecutivo, esta vez para sanar a su hermano, que pese a los esfuerzos de los médicos de Kou y la Alianza no parecía mejorar, aunque la herida ya casi había cerrado, por lo menos por fuera.
-Kouen…-había reproche en los ojos de Koumei, pero podía entenderlo.
Sus sentencias serían dadas en un par de horas, y si la suya era, cómo lo esperaba, la decapitación, y la de él no, cómo rogó a Hakuryuu el día antes y que por su petición de curarlo sabía le concedería, Koumei no tendría excusa para dejarse morir, pues seguro creía, y no sabía que tan cierta era esa suposición, que si se suicidaba podría haber repercusiones para Kouha. Pero es que no podía cargar con su muerte. Con la de nadie más de su familia, por muy egoísta que fuera eso. Y Koumei era fuerte, aunque no lo aparentara, y al lado de Kouha podría superarlo.
Sinbad lo vio abrazar a su hermano y aunque sabía que no sería por última vez, desvió la mirada. Merecían ese momento a solas, pero mientras Ren Kouen tuviera unos de sus contenedores, era su deber considerarlo un hombre peligroso. Además, Hakuryuu había cometido la imprudencia de no llevar los suyos consigo, tal vez porque no se sentía capaz de usarlos contra su familia.
Algo había cambiado en él desde el día anterior. El destino, de cuya certeza estaba casi siempre consciente, había cambiado en las últimas semanas de un modo que no lo había previsto, aunque sentía que de algún modo, todo era por él, por algo que hizo, no que dejó de hacer, o alguna decisión que había tomado y que en ese momento no se le reveló cuan crucial era.
Pequeños errores se habían acumulado desde Magnostad, pero ahora, el único que tenía presente era no haber creído a Hakuryuu capaz de ser tan cruel como lo fue con su propia gente, con Alibaba… Una parte de él le decía que esa era una de las cosas que sentía, que el emperador de Kou había tocado el fondo y ahora comenzaba a salir de él. La otra, era Ren Koumei.
Él había ordenado capturarlo, vivo o muerto, no herido. Muerto solo si se oponía a ser apresado, pues era demasiado importante para dejarlo escapar. Vivo, rendido por su propia voluntad era lo que había esperado, pues Koumei era alguien razonable, que debía conocer su propia valía como una de las principales piezas de ese juego.
Y Yamato se había extralimitado.
Los miró una última vez luego de que Kouen le entregará el contenedor a Hakuryuu, y salió de la habitación. La incertidumbre del destino era horrible, pero por lo menos, en un par de horas, sabría que fue mal y podría comenzar a trabajar en corregirlo.
La sala de juicio de Balbadd estaba llena. Los reyes de la Alianza de los Siete Mares y los generales de Sindria estaban ahí para escuchar el juicio del cuarto emperador de Kou, quien, de pie a la cabecera de la mesa, miraba a los miembros de su familia, separados entre sí por sus invitados. Solo Hakuei estaba a su lado. Después de todo, ella entregó la cordillera de Tenzan para protegerlo.
-La sentencia para los cabecillas de la rebelión bajo las órdenes de los príncipes del Imperio de Kou será la remoción de sus cargos, la expropiación de sus bienes y el destierro en diferentes puntos del Imperio de Kou.
Era justo. Y lo que Sinbad le prometió a Kouen para que se entregará.
-Las princesas Ren Hakuei y Ren Kougyoku no sufrirán castigo alguno, dada la rendición voluntaria de sus ejércitos.
Un modo escueto de decir que ambas traicionaron a su emperador por sus hermanos, aunque Kougyoku lo hiciera después de pelear.
-El príncipe Ren Kouha será privado de su ejército, pero no de su rango, y es condenado al exilio.
Kouha apenas si levantó los ojos de la mesa, pues no le preocupaba su suerte sino la de sus hermanos.
-El príncipe Ren Koumei será privado de su cargo como comandante del ejército del Este, más no de su rango, y su sentencia será el exilio.
Koumei tenía cerrados los ojos, y era difícil saber si la sentencia le había afectado en lo más mínimo.
-¿Alguien tiene algo que añadir?-Hakuryuu quería estar seguro de la aprobación de sus aliados en ese momento, ya que no esperaba mantenerla dentro de unos minutos.
-Yo.
Sinbad se volvió a quien había hablado. Nadie esperaba que alguien lo hiciera, ni él. Solo sabía que el juicio no iría según lo esperado.
El rey de Kina se levantó y con su usual descaro miró a Hakuryuu, que se limitaba a preguntarse qué podría querer ese hombre.
-Deseo que la sentencia del príncipe Ren Koumei se lleve a cabo en Kina.
Por qué era el punto, pero no parecía dispuesto a decirlo de una vez, sonriendo como estaba.
-No.-la respuesta rápida, cortante, asustada, no le pasó desapercibida a nadie.
-Koumei-onichan…
Kouha, casi frente a él, no podía creer la expresión de su cara más que su repentina negativa. Al lado de Yamato, Ja´far compadecía al príncipe, preguntándose si se daría cuenta que, pese a que ese fuera el hombre que lo hiriera al capturarlo, no estaba en posición de opinar al respecto. Y junto a Kouen, Sinbad observaba con disimulo el modo en que la mano del otro hombre se había tensado sobre su muslo.
-¿Por qué debería acceder a esa petición?-hasta ese momento, no sabía que Sinbad quisiera mantener como rehén a alguno de sus primos. Despojados de sus contenedores y en el exilio debía ser más que suficiente. Además, el tono de Koumei… no recordaba haberlo escuchado nunca.
-No quiero un rehén, si es lo que teme su Majestad. Quiero desposarlo.
-¡No!
El asombro fue general. Ni siquiera Sinbad esperaba eso, aunque explicaba muchas cosas.
Olvidando su papel de juez por la mirada desesperada, aterrada de Koumei, Hakuryuu lo confrontó.
-¿Qué le hace creer que merece la mano de un príncipe de Kou? ¿Qué yo se la daré?-al demonio la Alianza. Koumei parecía a punto de un desmayo y Kouen, aunque su gesto permaneciera impasible, desprendía un aura de peligro difícil de pasar por alto.
-Que no tiene ningún motivo para negármela, y sí para complacerme.- Yamato quería saber si Koumei había dicho algo, pero aparentemente no. Era demasiado altivo, demasiado digno. Debió querer que fuera un secreto que llevarse a la tumba.-Después de todo, ésta es solo una formalidad, pues ya he consumado el matrimonio.
Koumei cerró los ojos y se estremeció mientras que Hakuryuu se cubría la boca con una mano, asombrado, y sus hermanos menores alternaban entre el horror, después de comprender sus palabras, y la furia.
-¿Lo violaste?- unos hilos rojos, más rápidos que una serpiente, se enredaron en el cuello y brazos del rey de Kina.- ¿A un doncel herido? ¿A un príncipe bajo la custodia de la Alianza?
A veces, los presentes olvidaban que Ja´far no solo estaba entre ellos por ser su estratega, como lo fuera Koumei de Kou, sino porque de tener la oportunidad y el motivo, podría matar a cualquiera de ellos, incluido su rey y señor, que en esos momentos se levantaba con calma y avanzaba hacía donde estaban.
-Debería matarte como a todos esos cerdos de sangre azul con que acabe antes…
-Ja´far.-solo Sinbad parecía dispuesto a detenerlo. Pero no hasta que apretara otro poco.-Suéltalo. Debe responder por sus actos.
Aun mascullando, Ja´far obedeció. Era un crimen que ese bastardo se fuera a salir con la suya luego de lo que había hecho…
Hakuryuu buscó a Koumei con la mirada, y notó que Yamuraiha le pasaba un brazo por los hombros y le ofrecía un poco de agua, que él rechazó.
Lo que Yamato había hecho era espantoso, no solo por abusar de alguien herido, de un enemigo vencido que no podía defenderse, sino por su condición. Un doncel, lo mismo que una doncella deshonrada, era una ofensa que debía repararse, aun si nadie más que el agraviado lo sabía, y con mayor razón si se había hecho pública, como ésta.
-Koumei-dono…-no quería hacerlo, pero debería acceder a lo que ese hombre pedía. Sus leyes lo apoyaban, la moral que le habían inculcado lo orillaba a eso, aunque ahora le gritará que estaba mal entregarlo a su violador.
-Hakuryuu, no puedes entregarle a Koumei…
A gusto de varios, Kouen incluso había tardado en intervenir, aunque ahora que Hakuryuu era el emperador poco pudiera hacer, pues además había recuperado su lugar como cabeza de la familia.
-Antes que casarme con él me mataré.-Koumei lo había interrumpido, exaltado, y se había levantado se su asiento.
-Desvirgué a un príncipe imperial, no puede…
-¡Tú no hiciste eso! Abusaste de mí, sí, no una, sino muchas veces, pero mi virginidad la entregué yo por mi voluntad a quien la merecía.
Hakuryuu, que ni por un segundo había dudado del honor de Koumei hasta antes de esa reunión lo miró, primero sorprendido, pero apenas iba a mudar el gesto a censurante, Kouen lo detuvo con una mirada. No te atrevas decía, y no se atrevió a contrariarlo. Yamato, disgustado, endureció el gesto y parecía a punto de decir de algo cuando Kouen volvió a hablar.
-Emperador.-esta vez, su tono era duro, solemne, como lo ameritaba que Koumei a duras penas pudiera contener las lágrimas.-No puede entregarle a ese hombre al consorte viudo de su fallecida Alteza Imperial, el segundo príncipe de Kou, Ren Hakuren.
La voz de Kouen resonó en la habitación mientras todas las miradas se clavaban en él, en un silencio perturbado solo por los sollozos de Koumei, que por fin se había quebrado y lo miraba negando con la cabeza.
Ese era su secreto. Nadie más debía saberlo.
-¿Qué dijiste?-lo había escuchado, pero Hakuryuu quería estar seguro de que no fue una alucinación. Kouen no le respondió, solo levantó el rostro, altivo.- ¿Qué pruebas tienes de eso? ¿Por qué nunca lo supe?-¿Por qué no se lo había dicho el día antes, quería gritar, cuando lo convenció de que había amado a sus hermanos tanto como él, de que su muerte le dolió tanto como a él?
-Su majestad, el emperador Hakutoku, el primer príncipe imperial y yo éramos los únicos que lo sabían. Pero sus Altezas fueron asesinados antes de que la ceremonia oficial se llevará a cabo, y por respeto a sus voluntades, se ocultó el acuerdo, firmado en secreto, entre nuestras familias.-omitió, pues eso ya no le incumbía a nadie, que Hakuren insistió en hacerlo pues no soportaba la culpa de haber deshonrado a Koumei.-No se hizo público pues su Alteza no deseaba hacerlo antes de estar seguro que volvería con vida de conquistar un calabozo.
Por no dejarlo públicamente viudo. Por no dejarlo vulnerable a su madre, de la que ya sospechaba en aquel momento, en especial si ella llegaba a creer que podía estar embarazado, con que lo que a la muerte de todos ocuparía un lugar privilegiado en la línea sucesoria, que sería defendido con fiereza por su hermano…
Ambos lo sabían, pensó Koumei, pero Kouen no debió haberlo dicho. Podría haber sido una opción que lo liberará de ese hombre si no lo conociera, si no supiera cuan obstinado y cruel podía ser. Si tan solo le hubiera contado lo que él le había hecho en vez de que querer ahorrarle la pena de saber lo que le pasó, y que ahora les arrojaban de ese modo al rostro, en público, humillándolos.
Sinbad, que no se había movido de atrás de Ja´far, presionó sus hombros cuando lo sintió tensarse. No podía dejar que matará a Yamato, no aun, pues había cosas que debían culminar.
-El contrato se encuentra entre mis pertenencias, en Kou.
-Es cierto, Hakuryuu.-Hakuei nunca lo había visto, pero recordaba el modo en que sus hermanos trataban a Koumei, la deferencia de Hakuyuu, el apego de Hakuren. El dolor en los ojos de Koumei luego de sus muertes, que fue a partir de ese momento cuando comenzó a dejar de dormir, y que algunas veces lo había visto llorando, y no solo en sus tumbas, aun cuando no fuera su aniversario de muerte, en el cual, sin importar que, siempre los había visto ahí, rindiéndoles tributo.
Hakuryuu la miró por un instante, derrotado, antes volverse a Koumei. Si tan solo dijera algo, si tan solo se volviera a negar… lloraba y no podía reprochárselo, pues él mismo deseaba hacerlo. Se sentía impotente, débil, un inútil. Desconocía tantas cosas de su propia familia y volvería a fallarle a su hermano, pues no podía defenderlo…
-Yamato-oh, lo que hizo es despreciable…
-Debería matarlo.
Amarkan, Darius Leoxes y Ja´far secundaron la sentencia de Kouen con un asentimiento.
Debería. Sí, pero no podía. Era parte de la Alianza, y era por la Alianza por lo que había ganado la guerra civil que comenzó. Volver Kina parte de Kou, no dejar nada del cuerpo ese hombre con el poder de Zagan era lo que deseaba hacer, pues su rencor siempre había sido contra Kouen, nunca contra Koumei, quien pasaba desapercibido, una sombra detrás de su poderoso hermano, eficiente, callado, luchando a su modo por cumplir los sueños de sus propios hermanos. De su cónyuge.
Pero estaba Sinbad, y no sabía cómo se tomaría que matará a uno de sus aliados, aunque en ese momento lo mirara casi con tanta dureza como Kouen. Y Sinbad era demasiado poderoso para enfrentarlo solo, aun sin sus contenedores, sin sus ejércitos y su poder. Su carisma era abrumador y tenía el don de hacerte perder en su resplandor, de arrastrarte en su camino, y solo Kouen, de entre todos los que conocía, era capaz de no dejarse arrastrar por él. Pero él mismo le había arrebatado el poder y estaba a punto de dictar sentencia en su contra…
-Debería.-concedió Yamato, súbitamente serio desde que Koumei hablará.- Pero si su Alteza está embarazado, eso no cubrirá su deshonra.
El nuevo golpe fue demasiado para todos los Ren, no solo para Koumei, que se dejó caer en su asiento. A Kouha debió sujetarlo Sharrkan, y a Kougyoku la reina Artemyra, a pesar de que ella solo quería ir al lado de su hermano. Kouen, mirándolo con un odio que no creyó volver a sentir luego de Gyokuen, apretó la quijada.
-Eso es imposible.-Hakuryuu deseaba aferrarse a la esperanza, de lo contrario, ¿cuántas veces más podía maldecir a su destino?
-Lo herí en el pecho, no el vientre.-la actitud de ese hombre era escalofriante.-Y como él mismo lo dijo, no lo viole una, sino muchas veces.
Koumei cerró los ojos y trató de analizar la situación. Entregado a él, esperando a su hijo… la posibilidad era demasiado horrible para considerarla siquiera. Al otro lado de la mesa estaba Kougyoku, y si bien le habían quitado el alfiler de Vynea, otro sujetaba su peinado y sería más fácil quitárselo a ella que a Hakuei-dono su abanico.
Kouen seguro sería condenado a muerte, y si no hubiera creído hasta esa mañana que su sumisión ayudaría en la suerte de Kouha, cuya sentencia ya estaba dictada, se habría suicidado la primera vez que ese bastardo entró a su tienda, y, aprovechándose de que deliraba por la fiebre y el dolor, lo tomó sin más. Ahora lo tenía claro. No saldría de ese salón. No quería la certeza de que acabaría con otra vida además de con la suya, y sobre todo, no quería ser entregado a él.
-¿Por qué lo hizo, Yamato-oh?-la voz de Kouen traslucía la ira contenida.- ¿Por qué no solo reclamarlo como su premio?
-Nunca me lo habrían entregado. Es demasiado importante. Su valor como estratega.-ese era otro punto que le impedía a Hakuryuu declarar su decisión, pues en un verdadero exilio, el conocimiento de Koumei no tenía valor.-Aunque personalmente no me importa. También se habrían podido negar por aquello de que "la familia Ren es la más noble del mundo".-Las palabras de Koumei vueltas en su contra eran una cruel ironía.-Y hay más reyes en la Alianza que podrían estar interesados en él. Por eso debía asegurarme de que no pudieran negarse. Por qué incluso si ya estuvo casado antes, o si no está embarazado, reclamaré mi derecho sobre él.
-Ya respondió por que no se limitó a pedirlo. Ahora diga porque lo hizo.
Koumei no quería escuchar. Estaba mejor sabiendo solo que lo hizo, atribuyéndolo a su valor estratégico en esa guerra, a la lujuria, un capricho o su bajeza, pero no quería saberlo…
-Por el mismo motivo que obtuve mi contendor. Para poder tener derecho a él, el poder de tomarlo si no había otro modo de conseguirlo, para que fuera mío. Por qué lo amo.
El golpe, aun dado con todas las fuerzas que tenía en ese momento, no logro más que girarle el rostro al rey de Kina, que se preguntaba cuando fue que Koumei llegó hasta él, aunque sin extrañarse de que Yamuraiha y Hinahoho no lo hubieran detenido. Más bien, una parte de él estaba satisfecha porque era el primer contacto que Koumei tenía con él por su voluntad.
-¿Cómo te atreves a decir que me amas?- Koumei se erguía ante él, mirándolo con odio.-Si tan solo tuviera mi abanico, te cortaría con él la garganta antes de clavármelo en el corazón…
Las lágrimas arrasaban de nuevo sus ojos, pero antes de que él pudiera tocarlo se echó atrás. Quería matarlo, matarse y terminar con todo, pero ahora no podría, ni siquiera su idea inicial, pues su arrebato había echado a perder su plan y cuando regreso a su asiento pudo ver como Hakuei escondía su abanico en su regazo y Kougyoku guardaba en su manga el alfiler de su cabello.
-Está claro que el Koumei-dono no desea casarse con usted. Qué no solo lo ultrajó a él, sino que insultó a la familia Ren, la memoria de un príncipe imperial… pero si esta embarazado, como asegurá, le será entregado en matrimonio, bajo ciertas condiciones.-en ese caso, el castigo de su primo se le antojaba excesivo.-Hasta ese momento, su sentencia, lo mismo que la de Ren Kouha se verá aplazada, dado que se convertirá en su acompañante.
Guardián era más correcto. Sus hermanas lo consolarían, pero Kouha era el único que tenía la fuerza para someterlo si intentaba algo contra su vida, y según había oído, la fortaleza para acompañarlo.
-Ren Kouen.-ahora que había encontrado el valor para hablar, haría lo que tenía que hacer.-Tu sentencia debería ser la muerte, como líder de la insurrección y responsable de esta guerra.
El agradecimiento en los ojos de Kouha por permitirle estar con Mei cambio rápidamente al odio por sus palabras, y Kougyoku se obligó a mirar a Kouen, sin esconder el rostro por cobardía, por si acaso él la miraba. Solo Hakuei, negándose a creer que Hakuryuu permaneciera firme en su resolución, lo miraba tranquila.
-Sin embargo, tu muerte solo traerá más división a este imperio, lo volverá más débil. Por eso solamente serás despojado de tu cargo como comandante supremo del ejército de Kou y renunciarás públicamente al título de emperador que has usurpado.
Dio una pausa para que Kouen pudiera asentir, aunque sin mostrar lo extrañado que estaba por su piedad, así como Hakuryuu tampoco lo hacía con que, el día antes, él le había mostrado la verdad de muchas cosas que no conocía y la de quien era en realidad, así como el daño que le había causado al Imperio; y ahora, lo que acababa de pasar, su impotencia para darle a Yamato una sentencia que considerará justa más allá de las leyes por temor a sus propios aliados, le hacía ver su debilidad. Su incompetencia.
Sin poder evitarlo miró a Sinbad, que atendía a sus palabras como un espectador más, tan solo esperando, sin ningún gesto en particular.
-Además, por el bien del Imperio de Kou…-las palabras amenazaban con ahogarse en su garganta, e incluso Koumei, en medio de su tragedia personal, estaba atento a él. Eso le dio valor.-yo, Ren Hakuryuu, me desposaré con él.
Aun luego de lo que acababa de pasar, la mayoría de los presentes se extrañaron, y no tanto por su decisión como por su grado de parentesco. Solo para quienes venían de Heliohapt y su propio imperio eso no tenía la mayor importancia, pues de no haber interferido Gyokuen, lo esperado era que el príncipe heredero, llegado el momento, se hubiera casado con Hakuei, su hermano con Koumei, por elección, y tal vez, si Kouen aún no había tenido un matrimonio político, o éste en cuestión no era tan importante, con Hakuryuu, justo como éste ahora declaraba.
Sinbad sonrió, a pesar de que, por algún motivo, sentía que tenía motivos para no hacerlo. Solo era el flujo del destino retomando su cauce, alterado por Al Thamen.
Hakuryuu, completamente sonrojado, los miró, retándolos a que alguien se opusiera a su decisión, aunque no hacía más de cinco minutos que la hubiera tomado. En un inicio, solo había pensado en perdonarlo, desterrarlo junto con sus hermanos y cargar únicamente él con el peso del Imperio para no quedarse completamente solo, sin su familia, como le dijo Aladdin, pero todas esas pequeñas intrigas amenazaban minar una autoridad que aún no tenía afianzada, y con destruir a su familia aun cuando él se había negado a hacerlo.
-Felicidades por su matrimonio, Emperador.-el primero, único en hablar, fue el rey de Kina.-Pero creo que ahora es el momento de acordar las condiciones del mío.
-Solo si mi primo espera a su hijo.-Hakuei estaba decidida a no dejar que ese hombre siguiera turbando a Koumei, preocupada por su salud, pues aun no sabía que Kouen lo había curado con Phenex.
-Ya les he dicho que aun si no está embarazado reclamaré mi derecho sobre él.-era obstinado, y Kouen cada vez se sentía menos capaz de seguir soportándolo, aunque supiera lo que iba a decir, y una parte de él no pudiera sino estar de acuerdo, como estaba seguro igual le pasaba a Koumei.- No creo que a la gente de Kou le parezca que su emperador acepté que la honra del hermano de su esposo este mancillada, lo mismo que el honor de la familia Ren, en vez de desposarlo con un rey aliado.
Hay estaba, lo que temió Koumei apenas Hakuryuu dijo que se casaría con Kouen. Suspiró cansado, vencido. Por lo menos, ya no mencionaban a Hakuren. No hubiera soportado que el argumento de ese bastardo fuera que a la gente de Kou no le haría gracia saber que al consorte viudo de un príncipe imperial lo había violado el enemigo.
Para ese hombre, que estuviera o no preñado era solo cuestión de tiempo, y, por el honor de su familia, de su nación, lo único que le quedaba ahora era negociar las condiciones de su venta e impedir que ese hombre siguiera amargándoles la vida.
Lamento la tardanza con la actualización... pero los meses pasados después de iniciar el proyecto fueron horribles para mí, y después, mi mal constante siempre ha sido procrastinar. Espero les haya gustado.
