El sonido de una lata que rodo por la calle te llamo la atención, continuaste caminando para poder llegar a la parada del autobús. Afinaste tu oído lo mas que pudiste pero fue tu vista la que de nuevo te alerto que eras seguida de cerca. Te detuviste en un aparado para poder observar un conjunto de una falda rosa chillante junto con una blusa blanca, para nada era tu estilo, solo era para poder ver con la ayuda del vidrio del aparador aquel que te seguía.
No pudiste distinguir a nadie, aunque tal vez después de haber platicado con aquellas personas te había dejado algo paranoica. Suspiraste de alivio y cerraste los ojos durante unos segundos, tratando de calmarte, tratando de tener un poco de paz y de tranquilidad. De pronto, sentiste un mano que se había posado en uno de tus hombros, miraste de inmediato topándote con una mirada fija en ti.
.
.
.
-¿Se siente bien señorita?- te pregunto aquel joven de mirada lila, tu lo obsérvate sin decir nada -¿señorita "-"?
-¿Qué?... ah, si… no me pasa nada- respondiste -¿se te ofrece algo…?- trataste de recordar su nombre, pero no pudiste -¿pasa algo?
-No señorita- respondió –solo le traje esto- tomaste tú celular que habías olvidado en la mesa de la cafetería
-Ah!, ya veo- le ofreciste una sonrisa –muchas gracias- Jugueteaste con el celular entre tus manos mientras pensabas en decir algo mas o simplemente alejarte de ahí para poder seguir con tu camino.
-¿Va a algún lado en especial señorita "-"?- te pregunto
-Voy a la parada del autobús- respondiste mientras guardabas tu celular en tu pantalón
-¿Me permitiría acompañarla?- le miraste fijamente sin poder decir alguna palabra, pensando detenidamente aquella proposición -¿señorita?
-Claro- respondiste –si no es mucha molestia para ti
-Por supuesto que no- te respondió de inmediato -¿vamos?- ofreciéndote su brazo el cual aceptaste dudosamente
-Si… bueno….- fuiste lo único que pudiste responder
.
.
.
De nuevo sentiste aquellas miradas de las jóvenes sobre ti, murmurando y observando a tu acompañante. Desviaste un poco la mirada, aquel joven se encontraba serio, parecía sumido entre sus propios pensamientos. Tropeaste ligeramente con un pequeño bache que había en la banqueta lo cual hizo que perdieras un poco el equilibro
-Tenga cuidado mi señora- te advirtió
-Gracias Mü- respondiste
-Recordó mi nombre- te comento con una sonrisa, los colores subieron ligeramente a tu rostro
-Perdón- respondiste de inmediato mientras reanudaban su camino –no soy muy buena recordando los nombres de las personas
-La entiendo mi señora, pierda cuidado- te respondió -¿estamos cerca?
-Si, solo faltan dos cuadras mas y llegaremos- respondiste tranquilamente –te aviso que mi autobús tarda a veces casi una hora en pasar
-Entonces tendré mas tiempo para poder tener una platica con usted- te respondió tranquilamente
-Si tú lo dices- respondiste observando el suelo
Llegaron a la parada la cual se encontraba casi vacía, ambos tomaron asiento y se quedaron en un profundo silencio, al menos muy incomodo para ti. Desviabas la vista hacia una pequeña tiendita que se encontraba frente a la parada, miraste después hacia la calle en donde se encontraban algunas palomas que se encontraban buscando algo de comida. Buscaste entre las bolsas de tu chaquetilla de donde sacaste un pequeño pedazo de pan que habías traído del buffet al que habías ido con tus amigas. Lo despedazaste y comenzaste a arrojarlo hacia las aves que de inmediato se amontonaron para comer.
-Lo malo de alimentar a una paloma es que las otras ven y se amontonan alrededor- comentase a Mü quien solo se dedicaba a observarte
-Es normal, si hay alguien que les facilite la comida se amontonaran para poder recibir lo mas que quieran- te respondió
-Voy a la tienda- anunciaste
-¿Desea que la acompañe?- te pregunto de inmediato
-No- respondiste de inmediato –voy y vengo
-La espero aquí señorita- te comento
Sentiste que esa respuesta fue una advertencia, contaba con que volverías y no tratarías de escapar de su presencia. Entraste a la tienda y desde la ventana pudiste observar a Mü, se encontraba con los ojos cerrados, parecía estar muy concentrado, pues las dos chicas que habían llegado se encontraban siendo ignoradas por el joven. Tomaste una bolsa que contenía dos piezas de pan y pagaste.
-¿Quieres?- ofreciste un refresco en lata al joven que en cuanto sintió tu presencia abrió sus ojos para observarte con una cálida sonrisa
-Gracias- la tomo para después ponerse de pie –tome asiento
-Claro- respondiste. De inmediato comenzaste a despedazar el pan en pequeñas migajas para arrojarlas a las palomas.
El silencio de nuevo invadió el espacio entre ambos. Te entretenías alimentando a las aves mientras que tu acompañante solo se mantenía a tu lado sin hacer el mas mínimo ruido, sin tratar de hacerte platica. Después de una larga espera divisaste que el autobús amarillo algo maltratado se acercaba a donde estabas. Te pusiste de pie mientras que Mü volvía a prestarte la atención debida.
-Gracias por haberme acompañado- hablaste para llamar su atención –no era necesario pero de cualquier manera te lo agradezco
-Para mi fue un placer haberme dejado que la acompañara- comento
-Bueno…- observaste que el camión se comenzaba a bajar las personas y las que se encontraban ahí comenzaron a subir -… ya me voy. Gracias de nuevo
Lo pensaste unos segundos y optaste por despedirte de Mü besándolo amablemente en la mejilla, tal y como hacías con todos tus amigos. Mü se quedo estático y aprovechaste ese momento para subir al autobús y tomar asiento en el ultimo asiento que para tu suerte se encontraba aun vacío. Abriste de inmediato la ventana mientras comenzabas a buscar tus audífonos para conectarlos de nuevo a tu celular. El camión avanzo y te despediste de nuevo de Mü agitando tu mano, él te regreso el gesto.
.
.
.
~ 2 ~
.
.
.
Te encontrabas guardando todas tus cosas en la mochila, había pasado ya tres días desde que te habías encontrado con aquellas personas. Ya no habías vuelto a saber de ellos y la sensación de que alguien te estuviera siguiendo había desaparecido. Te quitaste la bata doblándola cuidadosamente para guardarla adentro de una pequeña bolsa.
-¿Cómo te fue el fin de semana "-"?- te pregunto Leonel el joven de ojos tan azules como el cielo y cabello rubio
-Eso se pregunta el lunes Leonel, no a mitad de semana- le respondiste mientras comenzabas a caminar fuera del salón de clases
-No había tenido oportunidad de hablar contigo, las guardias me tienen muy ocupado
-Deberías de cambiarlas- respondiste mientras bajabas las escaleras de la universidad
-En cambio tu deberías de trabajar en esa oficina.
-Trabajo de lunes a viernes…. Tengo los dos fines de semana libres- te defendiste –Que linda- te respondió irónicamente -¿Qué vas a hacer?
-¿Cómo?- preguntaste al no entender su pregunta
-¿Ya tienes con quien ir al baile de fin de curso?
-No voy a ir- respondiste de inmediato
-¿Por qué? ¿Acaso nadie te ha invitado?
-No es eso- aceleraste el paso para dejarlo atrás –solo que no me gusta perder el tiempo en esas cosas, ademas…- detuviste tu andar –no me gustan los vestidos
-Anda… - te detuvo –ven conmigo al baile
-¿Es pregunta o una orden?- preguntaste sarcásticamente –ya te dije que no voy a ir. Invita a otra chica, anda… ve y busca una en tu harem
Cuando volteaste ya no encontraste a Leonel. Suspiraste y continuaste caminado. Palpaste tu rostro, lo sentías algo tibio. Estabas enamorada de Leonel desde el momento en que comenzaste a notar su presencia en el salón de clases. No eras una de sus amigas mas cercanas y eso al principio te ponía mal, con el tiempo y sin saber el porque, poco a poco te fuiste acercando a él.
En ocasiones te preguntabas si él se daba cuenta de lo que tú sentías, pues cada favor que te pedía lo hacías sin pensarlo dos veces.
.
.
.
.
Apenas llegaste a la biblioteca de la universidad arrojaste la mochila y tu bolsa con la bata a una silla para apartar un cubículo. Te encaminaste y buscaste entre todos los títulos buscando algo que respondiera a tus dudas. Los demás estudiantes que se encontraban ahí desviaban la vista de vez en cuando hacia a ti. Pronto tu cubículo se encontró con varios libros de mitología y historia.
Colocaste el celular para verificar la hora. Comenzaste a hojear el libro que parecía mucho más delgado. Comenzaste a leer una biografía que había de Athena mientras comenzabas a tomar notas en una pequeña libreta que recién habías comprado.
Buscaste y búscate, devorando cada libro, haciendo notas y mirando de vez en cuando al reloj. Pero por mas que buscaste no encontraste algún indicio de que Athena hubiera tenido guerreros que hubieran luchado por ella. Ningún hecho documentado de que hubieran existido guerreros que se hubieran conocido como súper humanos, a lo mucho Hércules o Perseo. Pero de ellos lo único que sabias era que pertenecía a la imaginación de algún antiguo griego que había escrito de ellos.
La Illiada y la Odisea fueron dos libros que devoraste en cuestión de una hora, haberlos leído anteriormente había ayudado, pues saltabas las partes que en verdad no te servían de mucho, pero aun así no habían podido encontrar algo que te ayudara a creer en aquellas personas. Suspiraste. No era que en verdad creyeras, pero anhelabas que algo así hubiera sido digno de haber sucedido.
-Así que aquí estas- te susurro una voz que provoco que te asustaras, ahogaste el grito para no molestar a las personas que se encontraban ahí
-¡¿Qué esta haciendo aquí Martha?! – preguntaste en susurro algo molesta
-Pues buscándote- respondió manteniendo el volumen de su voz- vamos afuera, este lugar me estresa
La seguiste mientas dejabas los libros en un carrito. La bibliotecaria se encargaría después de acomodarlos. Miraste tu celular, te diste cuenta de que te habías pasado de la hora que te habías marcado.
-¿Hoy no vas a ir a ensayar?- te pregunto ya estando fuera del edificio
-Si, solo que me tome mucho mas tiempo- respondiste mientras comenzaban a caminar rumbo de nuevo a la universidad
-Por eso siempre te decimos que no leas cuando estas aquí- te recrimino –te clavas demasiado que hasta olvidas que tienes cosas que hacer
-Al fin y al cabo….
-Nada de al fin y al cabo- te interrumpió –"-" sabes que contamos contigo, no podemos hacer la presentación sin ti
-Si pueden, que no quieren es otra cosa- respondiste mientras atravesaban las puertas de un pequeño gimnasio que se encontraba ocupado solo por otras cinco chicas.
-Hasta que llegas "—" solo faltabas tu- te llamo Mayra –acabos de escoger el ultimo tema que vamos a bailar
-La ultima vez que dijiste ultimo tema ya llevábamos 7 coreografías distintas, cuando solo dijiste que haríamos una sola coreografía
-Si, pero sabes que nos aman- te respondió mientras comenzaba a dar saltos de alegría, suspiraste… no sabias de donde era que sacaba tanta energía
-¿Ahora cual fue la que agregaste?- preguntaste mientras te dirigías a una pequeña cortina que ellas mismas habían improvisado
-Simarik- respondió orgullosa
-Mayra…. Se supone que somos bailarinas árabes- comentaste mientras te colocabas un pants gris
-Si
-¿Qué no se supone que Simarik la canta Tarkan?- volviste a preguntar
-¿Y eso que?
-¿Como vamos a bailar una canción turca como si fuera árabe?- respondiste mientras salias de detrás de las cortinas
-Como siempre lo hacemos "-"
.
.
.
.
.
Preferiste callar y dar por terminada la platica. Sabias que ya era demasiado con estar en ese club improvisado que habían fundado Mayra y Martha, así que tener un debate acerca de si la canción era no era la adecuada no era algo que te pareciera algo atractivo como para pasar el tiempo.
Lo único bueno que le veías a la practica de la danza tipo árabe era el haberte deshecho de alguno kilos extras, aunque aun te faltaba unos mas, pero algo era algo.
Pasar el tiempo en el club de danza era algo que disfrutabas mucho, aunque no sabias para que. Al principio lo practicabas para cuando llegara el tiempo de tener novio tendrías una buena figura. También pensabas en un buen regalo en la noche de bodas para el día que te casaras, pero desde esos pensamientos habían pasado 5 años y seguías siendo virgen hasta de los labios. Pues ni siquiera habías podido dar tu primer beso.
.
.
.
~ 3 ~
.
.
.
Estiraste tus brazos, las dos de la mañana se encontraba marcada en el reloj que se encontraba anclado en la pared de tu habitación. Volviste a comenzar a teclear en tu computadora, el viento que se colaba en tu ventana se había vuelto un poco mas fuerte, las hojas en tu cama comenzaron a esparcirse sobre esta. Optaste por oprimir el botón de Guardar como… en la pantalla.
-Genial- susurraste cuando te viste sorprendida por el fallo de electricidad -¿Por qué en este preciso momento se tuvo que haber ido la luz?- te preguntaste
Te pusiste de pie y comenzaste a buscar la laptop, forzarte la vista lo mas que pudiste, la oscuridad era demasiado para tus ojos. Siempre se te había hecho muy fácil manejarte en esas situaciones, pues ver en la oscuridad era algo sencillo para ti, pero en esta ocasión, era una oscuridad casi impenetrable.
El sonido de unos pasos se escuchó fuera de tu habitación. Llamaste a tu mamá, pero no obtuviste respuesta alguna, comenzaste a caminar para llegar a la puerta pero te golpeaste el dedo pequeño del pie derecho, ahogaste una maldición y te agachaste para masajear el pequeño dedo. Secaste una lágrima que había escapado de uno de tus ojos. Te erguiste y comenzaste a palpar la cama para ir tomando distancia, optaste por arrastrar los pies para no volver a tener un accidente.
Volviste a llamar a tu mamá y al no obtener respuesta llamaste a tu papá, las únicas dos personas que se levantaban en las madrugadas. Palpaste la puerta hasta que diste con la perilla, la giraste lentamente y abriste la puerta dejando solo una pequeña abertura.
.
.
.
Por más que intentaste ver algo, no pudiste. La oscuridad invadía por completo el lugar. Tomaste un respiro y te agachaste hasta el suelo para comenzar a gatear por el piso. Los pasos aun resonaban por todo el lugar, intentaste ir a la habitación de tu mamá pero optaste por mejor asomarte por la ventana. Comenzaste a gatear y al cabo de unos segundos tu cabeza topo con la pata de la silla, reanudaste tu camino hacia la sala para poder llegar a tu objetivo: la ventana.
Volviste a topar ahora con el sillón individual, dejaste eso de lado para por fin llegar a la ventana. Te pusiste de pie muy lentamente y corriste la cortina. Pero al igual que el interior de tu casa el exterior se encontraba invadido por la espesura de la oscuridad.
-Demonios- susurraste –no se me nada
-¿Asustada princesa?- escuchaste un susurro que provoco un escalofrió que recorrió toda tu columna -¿acaso no iba a salir?- escuchaste de nuevo aquel susurro que no sabias de donde provenía
.
.
.
.
Escuchaste la risa de aquella persona que se encontraba cerca de ti pero a la vez tan lejos. Una tenebrosa caricia recorrió el contorno de tu brazo, no pudiste hacer nada más que quedarte estática. Sentiste como esa mano tomo un mechón de tus cabellos para luego dejarlo libre. Sabían que se encontraba a tu lado, sentías el calor de su cuerpo y escuchar su respiración.
Abriste la puerta de la entrada de tu casa en el momento en que sentiste que aquella presencia se había alejado de ti. Saliste de tu casa muy cuidadosamente dejando libre la puerta, mas el sonido de que haya azotado nunca llego a tus oídos, logrando que tu ansiedad aumentara. Caminaste unos cuantos pasos hacia adelante.
Bajaste hacia la calle con mucho cuidado, caminado en línea recta; mas por instinto que por buscar el camino. Sabias que era cuestión de menos de un minuto llegar a la avenida. Cesaste tus pasos, de nuevo sentiste aquel escalofrió en tu cuerpo, miraste hacia atrás de ti, sabías de antemano que no podrías ver nada debido a la oscuridad, pero tu instinto te ordenaba mirar.
Poco a poco, un pequeño punto de luz rosa se podía observar muy lejos de donde te encontrabas, pero en lo que menos lo pensaste ese punto se convirtió en una esfera de luz, abriste los ojos debido a la sorpresa o tal vez al miedo, en ese momento no lo sabias, lo único que cruzo por tu mente era el hecho de quitarte de ahí.
Te hiciste a un lado cayendo en el suelo frio, en tus manos se incrustaron algunas piedrecillas, apenas y habías salvado tu vida. Sin pensarlo dos veces te pusiste de pie y comenzaste a correr, ya no te importaba si las piedras se incrustaban en tus descalzos pies y hasta te habías olvidado que solo llevabas puesta una larga camiseta negra holgada, tus cabellos se enredaban en tu rostro o al menos eso era lo que sentías.
Mirabas cada que podías detrás de ti, alguno que otro rayo de color rosado se dirigía hacia ti, pero cada uno de estos solo pasaban a tu lado, iluminado tu camino, aquella persona que se había adentrado a tu casa aun te perseguía, lo único que escuchabas era su risa. De pronto escuchaste un sonido, era como si hubieran desprendido una cinta adhesiva de un solo golpe, logrando que se escuchara ese sonido, pero en cambio lo único que sentiste fue que algo se enredo en una de tus piernas, esa tela jalo de ti logrando que cayeras al suelo.
El fuerte golpe logro que lo que fuera que estuviera en el suelo se incrustara dentro de uno de tus brazos, pues el ardor que sentías era muy fuerte, poco a poco eras arrastrada hacia aquella oscuridad, deseaste gritar pero no salió alguna palabra de tus labios.
Un chasquido logro que las luces de las calles se encendieran. Frente a ti se encontraba un hombre maduro, de cabellos oscuros, ojos de un impresionante color carmín, lo cual logro que tu miedo incrementara. A pesar de que te encontrabas aterrada no pudiste pasar por alto el como vestía.
Un peto en su pecho y unas hombreras anchas. Ademas de un casco muy gastado o eso pensabas. Unas rodilleras y un par de guantes. Lo que te había hecho caer era una cadena que sostenía entre sus manos, la mano izquierda abandono la cadena y viajo a su espalda, de donde saco una daga.
-Ultimas palabras- anuncio mientras observabas su cínica sonrisa.
-Yo….- susurraste pero tu atacante no logro escucharte
Cerraste los ojos, con solo una duda en tu mente… ¿Por qué tú?
Que te era lo que habías hecho para que la persona que se encontraba frente a ti quisiera acabar con tu vida. Abriste de nuevo los ojos, querías ver, sabias lo que te esperaba, ya te habías hecho la idea de verle jugar con aquella arma, la cual rozo tu brazo abriendo una fina herida de la apenas y había dejado salir un pequeño hilo de color rojo carmesí. Mientras que aquel hombre reía sin parar. Lo mas extraño era que a pesar de estar aterrada te sentías muy tranquila.
Apenas lograste escuchar algunos sonidos, algo se había incrustado en el cuerpo de aquella persona, unas pequeñas luces de color rojo, aquel hombre se arrodillo debido al dolor que en ese momento sentía.
-Se puede saber…. ¿Cómo es que pensaste que podías dañar a mi señora sin atenerte a las consecuencias?- escuchaste una voz muy familiar para ti
-Milo- susurraste lo suficientemente alto para que él te escuchara
-No se preocupe Athena- te respondió regalándote una de sus sonrisas –ahora que estamos aquí ya nadie podrá lastimarla
-¿Estamos?- volviste a preguntar en susurro
-Le dije ante señora….- escuchaste una voz diferente, miraste a tu lado derecho. En la barda de la casa se encontraba apoyado muy tranquilamente Camus con sus brazos sobre su pecho –estamos aquí para cuidar de usted
-¿Le ayudo?- te pregunto Mü quien te ofrecía su mano para poder ponerte de pie, trataste de sonreír pero no pudiste, solo le tendiste la mano
-Gracias- respondiste dándote cuenta de que aun estabas asustada
-Venga conmigo por favor- te pidió de nuevo Mü mientras colocaba encima de ti una chaqueta color chocolate sobre tus hombros y te alejaba de ahí –encárgate del resto Milo y no le des problemas a Camus
-¡Yo nunca le doy problemas a Camus!- grito molesto –ya verán cuando esto termine- murmuro para si mismo
Apenas podías caminar, las piernas te temblaban, las sentías de gelatina. Si no fuera porque Mü se encontraba a tu lado ya hubieras caído de nuevo al suelo.
-¡Nunca!- escuchaste que grito aquel hombre que te había hecho pasar unos minutos de lo peor
-Señorita "-"…. ¿le pasa algo?- te pregunto Mü pues habías cesado el paso, dirigiste la mirada hacia donde antes estabas
-¿Qué le van a hacer?- preguntaste al observar como Milo y Camus se encontraban con aquel hombre
-¡Dilo!- escuchaste que exigió Milo
-Señorita, por favor…- te rogo Mü pero hiciste caso omiso.
Una fuerte opresión surgió en tu pecho, al punto de hacer jadear fuertemente en busca de aire, pues sentías que no tenías el suficiente oxigeno. Pusiste detallada atención en la mano derecha de Milo, pues la mantenía un poco mas elevada, mientras que con la otra mano sostenía de la armadura o de la camisa a aquel hombre, aunque eso en verdad no te importaba mucho.
Una luz roja comenzó a destellar de la mano de Milo, haciéndote recordar lo que hace unos momentos había ocurrido.
-¡Detente!- gritaste con todas tus fuerzas deteniendo lo que Milo hubiese hecho
Las miradas recayeron sobre ti, Milo soltó a aquel hombre que no tardo nada en desaparecer de ese sitio. Los dos jóvenes restantes se acercaron hacia ti mientras tratabas de controlar los latidos de tu corazón. Ambos se veían imponentes, ademas de enojados, lo cual hacia de nuevo que tu temor aumentara.
De pronto te diste cuenta de que Milo y Camus ademas de Mü se habían arrodillado ante ti, no supiste como reaccionar. Solo te quedaste de pie mientras los tres recitaban en voz alta y con la mirada fija en el suelo…
-Perdónenos por haberla puesto en peligro diosa Athena
