Abriste los ojos pesadamente, a tu alrededor solo había una profunda oscuridad, te encontrabas rodeada de lagunas de fuego liquido, el calor que sentías era insoportable, tu mirada se encontraba borrosa, cuando lograste enfocar tu vista pudiste darte cuenta de que no te encontrabas sola. Intentaste moverte pero te fue imposible, te encontrabas amarrada ¿Qué eran? ¿Cadenas? ¿Alguna soga? No lo sabias con exactitud, solo sabias que morías por moverte un poco.
Notaste que tus largos cabellos se mantenían pegados a tu rostro por el sudor que resbalaba hasta el cuello, te sentías cansada y con pocas fuerzas.
Esa persona se acerco a donde te encontrabas, acaricio tu mejilla con el dorso de su mano, viste su sonrisa, burlona… llena de prepotencia; no supiste el porque, solo sabes que te lleno de coraje y de ira. De pronto escuchaste unos ligeros golpeteos, algo estrellándose, debían de ser lo suficiente fuertes para que fueras capaz de escucharlos. Sentiste como tomo tu barbilla fuertemente para hacerte levantar el rostro, sus labios se acercaban lentamente los tuyos.
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Te miraste fijamente al espejo, algunas ligeras ojeras, apenas perceptibles se comenzaban a asomar por debajo de tus ojos. Tenias ya algunos días soñando el mismo sueño, noche tras noche. Apoyaste las manos sobre el tocador y comenzaste de nuevo a recordar el incidente que habías tenido hacia dos semanas atrás, lo que mas te preocupaba había sido la platica que habías tenido con ellos después de que te habían ayudado y te habían escoltado de nuevo a tu hogar….
-Ay- escapo de tus labios al sentir como un fragmento de un vidrio perteneciente a una botella que había sido quebrada era retirado de tu brazo izquierdo
-Lo siento mucho, mi intención no era lastimarla- se disculpo de inmediato Mü mientras comenzaba a limpiar la poca sangre que salía de la herida
-No pasa nada- mentiste –solo me tomaste desprevenida.
-Termine- escuchaste hablar de nuevo a Mü, observando como había colocado una venda limpia en tu herida
-Gracias- susurraste mientras fijabas la mirada en el suelo.
La luz de tu casa había regresado y te encontrabas en la calle. Sentada en la banqueta mientras tratabas de entender todo lo que había ocurrido
-Eso seguirá pasando, como le dijimos antes… será mucho mas sencillo protegerla en el Santuario- respondió Camus a tu duda no expuesta, lo miraste pidiendo una explicación.
-Es porque es la rencarnación de Athena- en esta ocasión te respondió Milo –el que vino a molestarla es un simple peón que escapo. Pero pronto vendrán los verdaderos problemas.
-Señorita Athena- te llamo Mü quien se encontraba sentado a tu lado –por favor, venga con nosotros al Santuario
-Es que ya se los dije….- respondiste mientras mirabas el concreto de la calle –yo no soy Athena… no creo que sea por eso que esa persona vino a tratar de matarme… solo..
-Entonces deme una sola razón de lo que pudo haber traído a ese peón hasta aquí para tomar su vida- te exigió Milo cuando te interrumpió.
Pensaste en todas y cada una de las posibilidades de el porque ese hombre había aparecido frente a ti y la razón por la que deseaba acabar con tu vida, pero no encontrabas una razón buena, es mas… ni siquiera lo habías visto en tu vida.
Suspiraste y tocaste deliberadamente la herida en tu brazo.
-Lo ve…. No sabe porque- te respondió Milo –Pero yo si… y eso es porque usted es Athena, la diosa que protege el mundo.
-Pero….
-Milo por favor, respeta a la señorita- te interrumpió Camus y se dirigió a ti –por mas que usted busque una explicación a esto no habrá ninguna.
-¡Pero…! Pero…. Es…. Imposible- tus palabras perdieron la fuerza, te pusiste de pie y comenzaste a caminar con dirección hacia tu hogar, te detuviste a mitad de camino y regresaste con ellos –Esta bien… supongan que les creo…
-No podemos hacer eso- respondió seriamente Milo –no es suficiente con que lo suponga. Tiene que creerlo.
-¿Hay alguna prueba concreta que me diga que soy la persona que buscan?- preguntaste seriamente mientras tratabas de tomar el control –Menciónenme una sola prueba concreta
-Bueno…. Sabemos solo lo que nos dijeron- murmuro Milo en voz baja, notaste que se encontraba dudoso
-Lo ven- respondiste –solo los mandaron a ciegas y encontraron a la primera persona con las características que vieron
-Nos lo indicaron que es muy diferente- intervino Camus, sentiste que la poca seguridad que habías conseguido estaba por desaparecer, pues este hombre aun permanecía sereno
-¿Cómo?- preguntaste
-Por el Cosmos- te respondió, solo lo observaste seriamente esperando a que continuara con su explicación –no todas las personas poseen un Cosmos como el suyo Athena- te respondió –a pesar de que aun no ha sido entrenada para poder usarlo, posee una energía muy perceptible
-Aja…- fue lo único que pudiste decir mientras tratabas de entender las palabras que había dicho Camus
-Creo que no te entendió- escuchaste que Milo le murmuro a Camus
-Si nos acompaña al Santuario podrá encontrarse con la persona que nos envió y él mismo será capaz de darle las respuestas que usted desea- escuchaste que te dijo Mü
-¿Y que me secuestren y me vendan al mercado negro?- preguntaste irónicamente mientras dejabas salir un bufido –Claro que no. De aquí no me muevo
-¡¿Por qué no entiende que la queremos proteger?!- te pregunto exasperado Milo mientras comenzaba a caminar en círculos
-Menos voy a ir si voy con el mas raro de todos- murmuraste
-¡¿Qué?!- te respondió Milo ofendido
-Cálmate Milo- le ordeno Camus, tu solo los miraste fijamente
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Estuviste discutiendo con los tres jóvenes, colocando todos los pros y contra de ir con esas personas que apenas habías conocido. No podías ir de viaje con tres personas que conocías hacia unos días, los cuales te habían estado contando una historia de hadas desde el momento en que se habían conocido. Aunque también estabas analizando lo que te había pasado ahora, horas atrás.
Ellos te habían salvado y casi mataban al pobre hombre que te había lastimando, no podían ser tan malos, o al menos tratabas de tranquilizarte con ese pensamiento.
-Esta bien, iré con ustedes- respondiste después de fijarte que ya habías estado fuera de tu casa durante horas
-Gracias señorita- te respondió Camus
-Nosotros la cuidaremos con nuestra vida- completo Mü
-Con una condición- completaste tu frase
-Ya sabia que había sido muy fácil- escuchaste a Milo, viste como los otros dos lo observaron acusadoramente -¿ahora que? ¿Qué dije?
-Cállate Milo- escuchaste que ordeno Camus
-¿Cuál es su condición señorita?- te pregunto Mü
-Dentro de dos semanas habrá un evento
-¿Qué evento?- te pregunto molesto Milo
-No te metas Milo- reprendió Camus, tu optaste por mantenerte al margen y continuar con lo que ibas a decir
-El fin de curso. Aun no me voy a graduar, pero tengo que estar presente. Solo eso… ademas…- agregaste antes de ser interrumpida –tengo que terminar la quincena para que pueda recibir mi pago del trabajo completo
-Dos semanas es mucho tiempo- murmuro Milo quien mejor opto por sentarse en la banqueta
-Lo prometo, ademas…- pensaste muy bien lo que ibas a decir, sentiste la mirada de los jóvenes –Nada… solo tengo que pedir un poco de tiempo y después iré
-¿Esta segura?- te pregunto Milo
-Segura- respondiste –bueno… tengo que entrar para dormir un poco… mañana tengo escuela.
-Claro señora- te respondió Camus mientras hacia una reverencia al igual que Mü
-Bueno… nos vemos
Te despediste para caminar de inmediato al interior de tu casa y cerrar la puerta con llave. Caminaste lentamente, la luz de la calle se colaba por la ventana de tu sala, era sencillo ver y caminar hacia tu habitación. Te dejaste caer sobre tu colchón y te tapaste de inmediato con tu cobija, cerrando los ojos tratando de conciliar el sueño al menos por unas horas.
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~ 2 ~
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Subiste al autobús que te llevaría al trabajo dado que ese dia no habías tenido clases, pues en la noche seria el gran evento en el cual, al finalizar, tendrías que irte con ellos y todo por dos razones….
Saben donde vives y serian capaces de ir por ti y llevarte aunque sea arrastrando, sobre todo ese Milo.
Les habías prometido que lo harías, la mala manía que tenias de prometer y cumplir al pie de la letra.
Miraste el reloj, apenas marcaban las 2:20 de la tarde, así que decidiste bajarte unas manzanas retiradas de tu trabajo para poder caminar tranquilamente y poder tener en claro tu mente. Miraste hacia el cielo, se encontraba nublado y amenazaba con llover en cualquier momento, te gustaba mucho ese tipo de clima y pensar que tal vez seria la ultima vez que lo verías. Suspiraste.
Te habías estado montando toda clase de películas en tu mente, desde la típica en la que te van a dormir con cloroformo y despertar amarrada a punto de que tus órganos sean vendidos a un mercado negro…. Otra en la que se te secuestraban y le pedían una fortuna a tu familia…. La otra en la que tus conocimientos de defensa personal, llamada karate salían a relucir y les ponías una golpiza ademas de que te suplicaban piedad… y la otra, en donde te observabas ataviada con un enorme y esponjoso vestido rojo con holanes blancos, una corono en el centro de tu cabeza y cientos de joyas, digna diosa y estos tres tipos a tus pies
Suspiraste de nuevo, todas y cada una de las escenas que había en tu cabeza había sido creado por todas las películas y libros que habías estado leyendo desde que tenias 14 años. Te detuviste un momento para entrar al cajero automático, insertaste la tarjeta y tecleaste tus 4 dígitos, corroboraste que el sueldo ya hubiera sido depositado. Miraste la libreta que siempre cargabas y la abriste, tu cuenta de hace quince días se encontraba en 7860, consultaste tu saldo y ahí se encontraba…. Saldo disponible: 10,350
Saliste muy feliz, sin retirar nada mas que 500 pesos. No era que fueras tacaña pero estabas juntado la cantidad suficiente para poder comprar un auto y dejar de andar batallando tomando el autobús y en algunas ocasiones el metro subterráneo. Guardaste el dinero en la cartera y afianzaste mas tu mochila que únicamente contenía tu lonche y alguna que otra cosa que habías echado antes de salir de tu casa.
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Llegaste como siempre saludando a todas las personas que conocías, le diste las buenas tardes al guardia que atendía la recepción del lugar. Conversaste un momento con él acerca del clima y que te habías salvado por unos minutos de que la lluvia te agarrara en pleno camino. Te recomendó que subieras al comedor a hacer tiempo el lugar de quedarte en la calle.
Subiste las escaleras para entrar a tu lugar de trabajo. Un trabajo en donde solo te dedicabas a agendar citas y no hacer nada mas aparte de platicar con tus compañeros de trabajo. Te sorprendiste la facilidad con la que te entendiste con ellos.
Luis era un chico demasiado maduro para su edad, pero te llevabas muy bien con él porque fue el que te enseño a como tomar las llamadas y como agendar las citas. Siempre te gusto verle puestos los pequeños aretes de piedra a sus orejas, lo hacia lucir muy bien. Por su parte Alex era un chico un tanto escandaloso, pero que siempre te daba muestras de afecto, los abrazos y besos en la mejilla no te faltaban desde que habías ingresado a ese sitio. Jesus era un poco mas grande que ustedes, pero en él encontrabas el apoyo y te sentías protegida cuando aquellos dos se pasaban de empalagosos. Después venían Nati y Angeles, dos chicas con las que tener una conversación normal era de lo mas relajante, aunque en algunas ocasiones solo te dedicabas a escucharlas, ya que en el tema del amor y noviazgo eras una completa desconocida.
Tomaste asiento y empezaste a agendar las citas, siendo ese, tal vez el ultimo dia en que trabajarías y tendrías comunicación con ellos. Aunque muy en el fondo no deseabas dejarlos, pero ya no sabias que era lo que la vida y el destino te tenían preparada.
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-¿Te pasa algo "-"?- te pregunto Jesús
-No- respondistes –solo que me da mucho gusto haberlos conocido y que me hayan tratado tan bien desde el primer dia en que llegue aquí
-¿Ya no vas a trabajar con nosotros?- te pregunto Alex mientras te abrazaba con fuerza –yo no quiero que nos dejes "-"
-Claro que no los voy a dejar- respondiste, aunque dentro de ti sabias que era una vil mentira, pues sabias que esta era la despedida –Solo que tenia muchas ganas de decírselos
-¿Entonces porque parece que quieres llorar?- en esta ocasión quien te cuestiono fue Luis, te miraba fijamente -¿nos vas a dejar?
-Ya les dije que no Luis- volviste a mentir mientras te abrazaba muy fuerte -¿Luis?
-Sabes que cuentas con nosotros para lo que sea…. ¿verdad?- tu solo asentiste mientras sentías que ya no podías contener las lagrimas
-Déjalos "-", ya sabes que son unos sentimentales- intervino Nati mientras te quitaba de encima a Luis -¿siempre si vamos a ir al cine mañana verdad?
-Claro- volviste a mentir, con cada mentira sentías que el corazón se apretaba contra tu pecho –recuerda que a mi me toca poner la mitad de las entradas
-Claro y nosotros pagamos lo mas caro- intervino Jesús –Siempre lo mas caro son las palomitas y el refresco
-No se quejen, son hombres…. Deberían de pagarnos todo a nosotras- comento Ángeles mientras provocaba la risa de todos
-Bueno chicos, los veo mañana- te comenzaste a despedir, sabiendo que seria para siempre –Apenas voy a llegar con tiempo a la escuela. Provecho a la hora de la comida
-Anda "-" te vas con cuidado- te dijeron Luis y Alex.
Bajar las escaleras fue lo mas difícil que hiciste. Te despediste del guardia y comenzaste a caminar por el camino que te llevaría a tomar el metro, aprovechaste que las escaleras se encontraban desiertas y oscuras, dejaste que un par de lagrimas rodaran por tus mejillas mientras te apoyabas en la pared.
Llegaste a la escuela y lo primero que hiciste fue dirigirte hacia el baño para poder lavar tu rostro con agua y tratar de despejarte un poco. Te viste por ultima vez y saliste de ahí. Te cambiaste de ropas y te fuiste al encuentro con tus amigas de la universidad.
-Anda "-", no seas así… solo por esta vez- te trato de convencer Ivonne
-Ya te dije que no- respondiste –no me puedo quedar a la fiesta porque ya tengo algo que hacer.
-¿Qué es lo que tienes que hacer que es mas importante que quedarte y tener la posibilidad de tener un novio?- te insistió –anda, no seas así de mala
-Ya te dije que no Ivonne- volviste a responder –ya te dije que tengo algo que hacer, ademas a mi no me interesa tener novio
-Siempre dices lo mismo- dijo Ivonne dándose por vencida
No era tu intención portarte así con ella, pero al menos era verdad. Aunque la verdadera verdad era que no sabias en que momento se iban a presentar aquellas personas, pero muy dentro de ti rogabas que se les hubiera olvidado aquella idean fantasiosa y hubieran encontrado a otra ingenua.
Trataste de olvidar eso por unas horas, tratando de enfocarte en toda la fiesta que estaba a punto de comenzar. Tenias que admitirlo, te estabas divirtiendo, pero al igual que cenicienta…. La hora había llegado
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Te escabulliste a escondidas, mirando por todos lados para no ser sorprendida por tus amigas que insistían demasiado en que te quedaras. Sujetaste mas fuerte tu mochila mientras comenzabas a caminar a paso acelerado por el patio de la universidad, la noche ya se había asomado desde hacia 2 horas atrás.
Caminaste entre las calles, maldijiste tu suerte ya que las farolas seguían sin funcionar, recordaste la petición que firmaste para que el camino fuese iluminado pero tal parecía que no había sido suficiente. Sentías una opresión fuerte en tu pecho, la respiración se volvió agitada, mirabas para todos lados, algo paranoica y te detuviste en el centro del parque que se encontraba a unas cuadras de tu universidad.
Dejaste salir un grito de terror en el momento en que sentiste una mano posarse sobre tu hombro. Te dejaste caer en el suelo y te abrazaste a ti misma.
-¿Se encuentra bien Athena?- escuchaste que te preguntaron de manera preocupante, alzaste la mirada lentamente para toparte con unos ojos que permanecían esperando tu respuesta
-¿Camus?- susurraste al darte cuenta de quien había sido la persona que te había dado el buen susto
-¿La asuste señorita?- te pregunto mientras tratabas de recuperar el aliento
-¿Qué si la asustaste?- escuchaste que Milo llego a entrometerse –me hubieras dejado a mi, yo que soy mas lindo, mas guapo y mas sexy
-Milo- escuchaste que susurro Camus, sentías que el joven se estaba conteniendo
-Con esa cara tan fea que tienes- sentiste que la vida de Milo corría peligro, pero tal vez y solo tal vez, no le pasaría nada –hasta yo me hubiera desmayado, mira que voltear y ver una cara de ogro… yo comprendo a Athena, por eso grito
Lo siguiente que escuchaste fue un fuerte golpe que mando a Milo unos pasos hacia atrás. Camus te tendió su mano para ayudar a ponerte de pie, la cual algo dudosa aceptaste, estabas segura que apenas lo había tocado pero ya te había entrado dudas de la fuerza de aquel golpe. Comenzaron a caminar mientras mirabas atrás para ver que Milo aun se encontraba tratando de tomar aire
-¿Estará bien?- preguntaste algo temerosa
-No se preocupe señorita- te respondió –esta acostumbrado, solo fue una caricia
-¡Camus! ¡Maldito!- escuchaste que grito Milo
-Solo ignórelo, no le preste atención- te comento Camus de lo mas tranquilo, ignorando las amenazas de muerte de aquel joven que venia unos metros atrás.
Sonreiste un poco, la manera en la que estas dos personas se llevaban te parecía de lo mejor. Ibas tan metida en tus pensamientos que no te diste cuenta en el momento en que Camus te sonrió con solo ver tu apariencia relajada y divertida por el momento
-¿A dónde vamos?- preguntaste a Camus mientras detuviste el paso
-Bueno, vamos a….
-Athena- te llamo Milo, volteaste mas por inercia que por el nombre, lo ultimo que vistes fue cuando Milo chasqueo los dedos delante de ti y perdiste el conocimiento.
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~ 3 ~
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La cabeza te daba vueltas, los ojos los sentías pesados, entre abriste los ojos con mucho pesar. Escuchaste unas voces que se encontraban muy lejanas a pesar de que algo dentro de ti te decía que se encontraban frente a ti. Trataste de afinar tu oído para tratar de entender las palabras
-Eres un estúpido Milo- creíste escuchar la voz de Camus –debiste de ser mas delicado
-¡Iba a escapar! ¡¿Qué querías que hiciera?!- escuchaste que reclamo Milo
-Hay maneras de tratar a las personas- escuchaste la voz de la única persona que te faltaba ver en esa noche… Mü –recuerda quien es la persona por la que hemos venido
-¡Pero si la vamos a llevar!- reclamo de nuevo Milo
-La estas secuestrando- corrigió Mü a su compañero
-¡¿Me estas llamando secuestrador?!- pregunto ofendido
-¿Entonces porque la desmayaste?- escuchaste que le pregunto Camus
-Pues eso fue… para… que…. ¡lo que importa es que la llevamos!
Escuchaste que Camus le seguía reclamando al igual que Mü, pero tu volviste a caer rendida a aquel poso negro. De nuevo al mundo de la inconsciencia.
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Sentiste que eras movida ligeramente del hombro. Trataste de abrir los ojos, pero sentías que los rayos del sol se habían instalado en tus parpados. El movimiento gentil siguió hasta que escuchaste una voz que te trajo a la realidad de golpe de una manera delicada y sublime…
-¡Ya llegamos! ¡Athena despierta! ¡ya es hora de ir al Santuario!- los gritos de Milo lograron despertaste de golpe, levantándote de inmediato. La velocidad con la que te despertaste y de manera inesperada logro que te golpearas con algo en la cabeza
-Milo…- escuchaste que susurro Camus -¿Por qué eres tan estúpido?
-Gracias por tu ayuda Milo- ahora el que respondió fue Mü, de una manera en la que te dio un escalofrió
-¿Esta bien señorita "-"?- te pregunto Camus mientras se acercaba hacia ti
-Si, gracias- respondiste mientras tratabas de mitigar el dolor del cabezazo que te habías dado contra Mü –oye… ¿estas bien?- le preguntaste
-Claro señorita- te respondió de inmediato –lamento que haya despertado de esa manera, no volverá a ocurrir –en ese momento te diste cuenta de que ambas miradas de los dos jóvenes se encontraban atravesando el cuerpo de Milo –pero hemos llegado y es mejor que comencemos a partir
-Esta un poco frio…- susurraste al sentir un aire algo fresco demasiado como para estar en pleno verano
-Es que…- viste que Mü estaba algo preocupado, miraste a Camus quien miraba a otro lado en el que no te encontraras con él. Milo solo se había quedado en la entrada de la puerta…
En ese momento reaccionaste. Miraste a tu alrededor y te diste cuenta de que te encontrabas en un cuarto que no era tuyo. Las paredes se encontraban algo amarillentas y en el piso había algunas almohadas aun tiradas ademas de una sabana. Miraste la cama en la que te encontrabas sentada, no era demasiado cómoda y la sentías algo gastada, ademas de la cobija con la que te encontrabas cubierta, algo gastada y con un olor a viejo.
Te levantaste y miraste por la ventana. El lugar que se mostro ante tus ojos se encontraba demasiado pintoresco para ti. Debajo de aquel edifico se encontraba un mercado donde se podía vender de todo o era algo que paso por tu mente, alguna que otra lona que te impedía ver lo que mas había. Construcciones de cemento algo ya gastadas. Abriste la ventana y te asomaste para ver un poco mejor.
A lo lejos, se podía observar algunas ruinas o eso era lo que te parecía ver, pero lo que mas te llamo la atención fue una estructura que se asemejaba a unas largas escaleras y en cada punta algunas casas ¿o serian templos? No pudiste saberlo desde ahí, pero en lo mas alto, donde se alzaba una colina se encontraba un enorme palacio y mas arriba de ese palacio parecía haber una estatua de algo o de alguien.
Pronto comenzaste a atar cabos, si ellos habían dicho que eras Athena, estaba algo fresco a pesar de ser verano, escuchabas algunas palabras que los comerciantes gritaban, un idioma que no entendías pero estabas mas que segura que no era ingles o francés.
-¿En donde estamos?- preguntaste a modo de susurro mientras les dabas la espalda a esos tres chicos
-Grecia- te respondió Mü temeroso de tu reacción
No dijiste nada, no te dignaste en voltearte para encararlos y reclamarles. Sentiste que los colores de tu rostro te dejaron, sentiste que tus piernas estaban a punto de perder su fuerza. Estabas en Grecia… a cientos de miles de kilómetros de tu hogar.
-¿Cómo es que llegue hasta aquí?- volviste a preguntar mientras tratabas de recordar en el momento en que habías llegado hasta ese lugar
-Bueno, señorita…- te trato de explicar Mü –lo que pasa es que…
-Milo la desmayo y es por eso que no se dio cuenta de que estuvo viajando con nosotros durante tres días- te explico Camus
-¡¿Me secuestraron?!- gritaste al saber por qué habías llegado hasta ahí -¡¿Se atrevieron a secuestrarme?!- caminaste furiosa contra Mü y Camus quien se mantenían unos pasos atrás
-No es que la hallamos secuestrado señora- te trato de explicar Camus mientras se escudaba detrás de Mü –es culpa de Milo- te indico de inmediato al culpable de tu situación, lo miraste y sentiste que Milo se puso rígido
-Bueno… solo es… no es como lo esta imaginando- se trato de excusar, trato de escapar pero el pobre se había topado con pared
-¿Entonces?- le preguntaste lo mas amenazante que pudiste
-Es que… si no la hubiera desmayado se hubiera escapado y entonces… como le digo, no es que me guste mucho, pero no quería jugar al corre que te atrapo
-¿Y no se te ocurrió mejor manera que secuestrarme?- volviste a preguntar
-Bueno, no es algo así como secuestro, es algo así como… que la trajimos de una forma en la que no deseaba venir pero que era necesario. Así que no quedo de otras mas que cargarla como saco de papas y aventarla para acá
Por mas que te contuviste no pudiste y terminaste dándole una sonora bofetada al pobre muchacho que no lo vio venir. Solo viste que sus ojos reflejaban sorpresa, tu respiración se volvió agitada y poco a poco volviste en ti. Ese hombre había detenido a ese hombre que estuvo a punto de acabar con tu vida, temiste por tu propia vida… Milo era demasiado fuerte como para que te defendieras sola.
-Tiene la mano pesadita señora mía- te sorprendió que hablara un tanto burlón mientras se sobaba su mejilla, aunque tu mente estaba trabajando al mil por hora para poder escapar en caso de que fuese necesario –pero en ese caso…. ¡¿Por qué nomas me pego a mi?!- te reclamo un tanto infantil -¡También cachetéese a Camus! ¡Siempre soy yo el que tiene que aguantarse los golpes!
-Te lo tienes bien merecido- le respondiste -¡Si me vuelves a llamar saco de papas te va a ir peor!
-¡Todo es tu culpa Camus!- Le grito Milo después de que se te quedo viendo unos segundos sorprendido
Lo ultimo que viste fue como Milo se abalanzo sobre Camus para tratar de golpearlo.
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~ 4 ~
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No sabias si te encontrabas furiosa o simplemente mandar al demonio el mal humor y comenzar a ver con toda tu atención posible todo lo que había en ese lugar. Mü te había cubierto con una manta color arena que te cubría bastante el rostro. Al menos sentías que el frio que te había estado comenzando a calar había disminuido.
Detrás de ti se mantenían con paso firme aquellos tres jóvenes, te habías dado cuenta de que Milo era quien cargaba con tu mochila, la cual por mas que le pediste no te la quiso entregar.
Mientras caminabas ibas mirando a cada puesto, sin darte cuenta de que un pequeño se aproximaba a ti. Cuando sentiste que te habías topado con él, ya se encontraba en el suelo, el pequeño aparentaba un poco mas de dos años, la madre al verlo en el suelo corrió hacia donde te encontrabas, pero el niño ya se encontraba llorando. Lo levantaste y le sacudiste las ropas.
-Anda, no llores- le pediste mientras tratabas de calmarlo –los niños valientes no lloran, anda… deja de llorar- seguiste insistiendo mientras le acariciabas la cabeza, el pequeño poco a poco se calmo.
La madre te pidió disculpas o eso es lo que según Camus te tradujo. Solo le sonreíste al niño de nuevo mientras le acariciabas el cabello. Continuaron con su camino, un camino que después de dos horas ya lo estabas comenzando a odiar, aquel lugar que habías visto desde la ventana te habían dicho que era el famoso Santuario. El pueblo que después de una hora te habían dicho que se llamaba Rodorio se veía a la lejanía, la cuesta arriba te estaba cansado demasiado
-Espero que el que me estén haciendo caminar hasta allá no sea por nada- comentaste mientras te quitabas de encima la capucha para que el poco sol que había te calentara
-Le aseguro que no será así- te respondió Camus mientras te volvía a colocar la capucha
-No la quiero- dijiste mientras te la volvías a quitar
-Debe de traerla hasta que lleguemos al Salón del Patriarca- te dijo mientras te colocaba de nuevo la capucha, te diste por vencida.
-¿Quién es el Patriarca?- preguntaste mientras seguías subiendo por la colina
-El hombre que resolverá todas sus dudas- te contesto Mü, lo miraste y él al igual que Camus y Milo te regalaron una sonrisa.
Decidiste guardar silencio mientras continuabas ascendiendo hacia el famoso Santuario. Poco a poco dejaron atrás la vista del pueblo y las colinas verdes para comenzar a caminar por un camino mas difícil, lleno de polvo y piedras. La tierra parecía estar seca y un gran abismo se encontraba a unos metros de donde te encontrabas.
Ese abismo se encontraba divido en dos, brindando una entrada. Diste una vuelta mientras caminabas para admirar la altura de ese lugar. Era demasiado lejos y alto.
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-¡Alto ahí!- detuvo tu andar un hombre que venia acompañado de varios mas, retrocediste unos pasos hacia atrás mientras que ellos se adelantaron
-¿Se puede saber a quien le están deteniendo la entrada?- pregunto lleno de arrogancia Milo, tu aun te mantenías detrás de ellos, escondida
-Señor Milo- escuchaste que le respondió –Señor Camus, señor Mü- saludo a los otros dos restantes –saben que solo le esta permitido el paso a los Santos
-Esta persona fue llamada directamente por el Patriarca- comento Mü
-La persona a la que le están negando el paso es a Athena- termino por completar Camus
-Athena- escuchaste que repitieron todos los que se encontraban ahí
-Perdone diosa Athena- escuchaste que se disculpo el hombre que anteriormente te había detenido el paso –adelante, pasen
Continuaron caminando, miraste que aquellos hombres siguieron arrodillados aun después de que habías avanzado unos pasos. En verdad que estaban obsesionados con eso de Athena, pero si en ese momento te servía para que no te hicieran nada, pues… bienvenida sea la diosa de la sabiduría.
Cuando por fin lograste pasar aquel control de visitantes como le habías puesto, te diste cuenta de que tendrías que subir unos escalones mas. Desde ahí pudiste ver que las escaleras donde se encontraban aquellas casas eran mas largas de lo que a la vista anterior habías imaginado.
-Bienvenida al Santuario Athena- te comento Mü en el momento en que miraste todo el lugar.
