Te adelantaste unos pasos delante de Mü, frente a ti se podía alzar una pequeña villa o eso fue lo que viste, pues a lo lejos a tu mano izquierda se podía observar algunas casas. Miraste a tu derecha y pudiste percatarte de la presencia de un coliseo muy al estilo romano, mas adelante vistes algunas ruinas ademas de uno que otro templo. Volteaste a donde se encontraban los tres jóvenes que te habían llevado y te diste cuenta que a tus espaldas se encontraban aquellos templos que se erguían ante una imponente escalera que no tenia fin. Buscaste la gran estatua pero el imponente palacio que se encontraba en lo mas alto te impedía ver algo mas que eso.
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-Yo pensaba que el Santuario seria mas…. Imponente- susurraste mientras caminabas en medio de los tres jóvenes.
-Es imponente señora mía- te respondió Milo quien iba delante de ti –solo déjeme que le de un recorrido y se dará cuenta de mis palabras dichas hoy- te dijo mientras te dio una mirada fugaz
-Contigo ni a la esquina- pensaste dentro de ti
-¿Señorita Athena?- te llamo Camus quien se encontraba a tu lado derecho -¿no desea descansar? ¿no esta muy cansada de tanto caminar?
-No- respondiste, te diste cuenta de que no le pareció muy convincente tu respuesta tan corta –estoy acostumbrada a caminar…- pensaste muy bien lo que estabas a punto de decir, al final decidiste soltar tu duda -¿ya me puedo quitar la capucha esta?
-Aun no, solo soporte un poco mas de tiempo, pronto llegaremos- te respondió
-¿Vamos a subir las escaleras?- preguntaste con angustia, algo que los tres jóvenes percataron. Milo soltó la carcajada mientras que Camus y Mü solo sonrieron
-Tomaremos un atajo- te dijo Mü quien se encontraba a tu lado izquierdo –no se preocupe señorita, no tardaremos mucho en llegar.
Suspiraste por aquella respuesta, no esperabas que aun te faltara algo de camino, por un momento pensaste que alguna persona te llevaría en alguna especie de carruaje pero al contario, el lugar al que habías llegado era totalmente diferente a lo que habías estado imaginado días atrás.
Te levantes un poco la capucha para poder ver mejor aquel paisaje árido, totalmente diferente a lo que habías dejado hacia unas horas atrás. Delante de ti se alzaba un camino plano y lleno de tierra suelta y una que otra piedra que se encontraba al lado de la vereda.
-Acabo de anunciar nuestra llegada- comento Milo
-¿Cómo?- pensaste mientras seguías caminando –¿Les puedo preguntar algo?
-Por supuesto- te respondió Camus
-¿Por qué estoy en medio?- expusiste tu duda, pues de un momento a otro te encontrabas rodeada por ellos
-Cuestión de seguridad- te respondió Milo –así aseguramos que no va a escapar y que no se nos va a perder
-Como si pudiera correr- respondiste en murmullo
La platica ceso entre todos ustedes. Observaste que los tres jóvenes se encontraban sumidos en sus pensamientos, en una que otra ocasión escuchaste gruñir a Milo, mientras que Camus sonreía y Mü dejaba salir un suspiro. Sentiste que entre ellos había algo, que se estaban comunicando sin necesidad de tener que hablar y eso te hacia sentir excluida.
En ese momento te diste cuenta de algo que habías dejado pasar en ese momento… habías estado durmiendo tres días seguidos, tres días en los que tu familia lo mas seguro era que se encontraban buscándote. De pronto escuchaste que Milo estallo en carcajadas
-¡Eres un estúpido!- le grito Camus, notaste que se encontraba ligeramente sonrojado– ¡estúpido!- susurro
-¿Qué diablos les pasa a estos dos?- pensaste dentro de ti, miraste a Mü quien parecía querer soportar la risa, te vio y te sonrió dejando escapar la risa que mantenía guardada para él
-¡¿Tú también Mü?!- escuchaste que le reclamo Camus -¡¿de que lado estas?!
-De ninguno de los dos, pero no pude evitarlo- escuchaste que respondió sincero
-¿Qué va a pensar la señorita Athena?- comento aumentado la risa de ambos, no dijiste nada, solo callaste.
Solo sonreíste, sabias de antemano que no te dirían nada de lo que fuera que se hubieran dicho entre ellos, pero al ver la situación, en la que un Camus que desde que lo habías conocido se mantenía serio y frio, ahora se había mostrado molesto y sonrojado era algo digno de ver y la risa de los otros se te contagio a ti, no reíste en voz alta como ellos, solo sonreíste.
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Delante de ti había una enorme puerta que se alzaba majestuosamente, el camino se te había hecho realmente corto cuando aquellos jóvenes se comenzaron a reír, a pesar de no haberte enterado de la causa te habías divertido.
Aquella puerta se encontraba tallada a mano, pues las figuras ahí plasmadas eran demasiado perfectas, en lo mas alto había unos angelitos revoloteando, mientras en el resto de aquella superficie había ordas y ondas de varios tamaños y otras formas. Milo y Mü abrieron aquella pesada puerta para que pudieras pasar, no te moviste de tu lugar, sentías que dentro de aquella puerta había algo grande, de un poder que estabas segura podías palpar si estirabas tu mano.
-Adelante señorita- te invito Camus mientras te prestaba su mano para que la tomaras.
Sin darte cuenta, colocaste tu mano sobre la de él, te guio al interior mientras veías embelesada aquel lugar. Un sitio que se encontraba con paredes algo amarillentas por la edad, pero que aun así se alzaban majestuosas y llenas de poder y gloria. Los grandes ventanales se encontraban cubiertos por largas cortinas rojas amarradas por un listón blanco, permitían que la luz del sol del medio día se colara por aquel lugar. Frente a ti se encontraba una enorme silla que era separada del suelo por una fila de 5 escalones, esa silla era revestida por una tela roja aterciopelada, su cabecera se alzaba unos centímetros mas, la madera se podía ver lustrosa y brillosa, adornada con algunos detalles dorados. Mas abajo, al lado derecho de aquella silla se encontraba otra mas. Igual de majestuosa pero se podía distinguir que era un poco mas pequeña en altura.
Detrás de aquellas sillas se encontraba una gran cortina roja. En medio de aquella sala había una alfombra que comenzaba desde aquellas escalinatas de la gran silla, la seguiste y miraste que la estaba pisando, te alejaste de inmediato y seguiste mirando hasta que viste que se perdieron en la entrada de la puerta que acabas de haber pasado.
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Sentiste que Camus te libero de la mano, no prestaste atención y seguiste mirando por todos lados, los pilares con floreros emanaban una rica fragancia, encontraste aquella sala demasiado grande.
-¡Santidad!- escuchaste que dijeron al unisonoro, te volteaste a ver y los vistes de rodillas frente a una persona que se encontraba envuelta en una bata azul y con una mascara en su rostro
-Me alegro que hayan llegado con bien- escuchaste que hablo, algo dentro de ti te puso a pensar que tal vez era una persona con alguna horrible cicatriz que escondía con esa mascara.
Ese hombre se acercó a ti mientras observabas que los otros tres aun permanecían arrodillados con el rostro agachado. Retrocediste unos pasos hacia tras sin que te dieras cuenta. Ese hombre se coloco frente a ti. Trataste de que la capucha que aun mantenías puesta te cubriera aun más tu rostro.
Esa persona termino de cerrar aun mas la distancia y con mucha delicadeza te despojo de la capucha, no fuiste capaz de sentir el tacto de la tela rozar con tu cabello. Lo observaste con mucho detalle, esa mascara te daba algo de miedo, esa mascara azul de verdad te intimidaba, el detalle en color rojo no lograba que te hicieras sentir mas tranquila.
Cuando te despojo de la capucha observaste que dio tres pasos atrás y de inmediato se arrodillo ante ti.
-Bienvenida sea Princesa Athena- te respondió de manera solemne mientras los otros tres se habían puesto de pie y mostraban una reverencia hacia ti
-Gracias- respondiste algo dudosa, apenas en un pequeño susurro.
-Pueden retirarse- comento aquel hombre cuando se puso de pie –los quiero a todos reunidos aquí dentro de 7 horas
-¡Si señor!- respondieron los tres al unisonoro.
Observaste que salieron de esa gran sala sin siquiera darte una mirada de despedida. Ahora te encontrabas sola, con aquel hombre y sin una opción clara para poder escapar de ahí. Aferraste aquella tela que te habían colocado para tratar de protegerte mas.
-¿Desea tomar algo?- te pregunto aquella persona que se había quedado en silencio, observándote detenidamente
-Si- respondiste de nuevo en susurro, tu valentía te estaba comenzando a fallar. Aquella persona se acerco a una mesa que no habías visto, sirvió algo de liquido en una copa y te la acerco –Gracias- susurraste de nuevo mientras aceptabas el gesto.
Cuando acercaste la bebida a tus labios notaste un sabor ligero a alcohol, olisqueaste el contenido y efectivamente… era vino tinto o algo así, el caso era que el alcohol no estaba contemplado para mitigar la sed de haber estado caminando toda la santa mañana. Ni siquiera tocaste el liquido con tu lengua, solo fingiste tomar un pequeño trago.
-Sea bienvenida de nuevo diosa Athena- te llamo aquel hombre sacando de tus pensamientos etílicos –mi nombre es Shion y soy el Patriarca de este lugar- de nuevo mostro una ligera reverencia hacia ti
-Me llamo "-" y pues… no sé que hago aquí- le respondiste sinceramente
-¿El vino no fue de su agrado?- te pregunto, en ese momento supiste que te había descubierto
-Yo no bebo alcohol- respondiste –ni siquiera si es un vino para comer, no estoy acostumbrada
-Ya veo- escuchaste que te respondió de manera seria, un escalofrió te invadió, pues no sabias si se había molestado o algo mas. Tomo la copa de entre sus manos y la dejo donde antes se encontraba, te sirvió otra copa mas con un liquido anaranjado y te lo entrego –jugo de naranja mi señora.
-Gracias- lo tomaste, bebiste un poco solo para tantear que en realidad fuera lo que había mencionado. Suspiraste mientras te dabas cuenta de que era así.
-Espero que esta vez haya acertado señora mía- tu asentiste mientras bebías un largo trajo de jugo, en verdad estabas sedienta
Estuvieron sumidos en un largo silencio, demasiado incomodo para ti, miraste al hombre que aun te observada detalladamente, era esa mascara la que hacia el aire mas tenso, pero tampoco era como si le pudieras decir con toda la confianza del mundo que se quitara aquella cosa que te daba miedo. Que tal si de verdad tenia una enorme cicatriz, sabias que no eras mal educada, pero también sabias que en lugar de verlo a él, observarías insistentemente aquella marca.
-Es mas joven de lo que esperaba- te dijo rompiendo aquel incomodo silencio
-¿Cómo?- fue lo único que pudiste mencionar –tengo 23 años
-¿De verdad?- menciono aquel hombre, al menos pudiste notar que se había sorprendido al revelarle tu edad. De nuevo se sumieron en un largo silencio roto de nuevo por Shion -¿Le incomoda mi presencia señora?
-No es eso…- respondiste de inmediato mientras jugabas con la copa vacía entre tus manos –solo es… lo que pasa es…..
-Entiendo- te respondió.
Viste como se acercó de nuevo a aquella mesa en la que se encontraban las bebidas y se despojo de un casco. Fue cuando te diste cuenta de que se despojaría de la mascara que tanto te incomodaba, escuchaste cuando la dejo en la mesa. Miraste para otro lado, no querías ser irrespetuosa.
-Señora Athena… ¿se siente mas tranquila?- te pregunto. Cuando dirigiste tu mirada hacia el te quedaste helada. Ese hombre era parecido a Mü, contando unas diferencias muy marcadas. El cabello de esta persona era largo y de un verde muy hermoso, sus ojos era lilas y su piel se encontraba clara y fresca, ademas de poseer un rostro de los mas hermosos que habías visto en tu vida. Y aquellos lunares de un color totalmente diferente
Te quedaste pensando en la supuesta cicatriz que pensaste que tendría en su rostro, no había nada, solo una sonrisa cálida y tranquila que hacia que tu cuerpo y tu alma se llenaran de paz.
-Te pareces a…Mü- respondiste mientras salías de tus cavilaciones –lo siento, no era mi intención- te disculpaste de inmediato
-No se preocupe- te respondió sonriéndote -se preguntara que es lo que esta haciendo aquí ¿no esa así?
-Desde hace mucho- respondiste, Shion se acercó a ti y te quito la copa de tus manos.
-Dese hace mucho tiempo señora, la habíamos estado esperando… a que volviera con nosotros- comenzó a hablar mientras tu solo escuchabas, tratando así de poder tener una respuesta –Desde el momento en que nació me di cuenta de que tendría que traerla a este lugar, su lugar de origen. Desafortunadamente no pude hacerlo a tiempo, pues su localización fue demasiado difícil de encontrar. Hace algunos meses pude dar con usted y después de tantos años decidí que tendría que traerla aquí para que por fin pudiera tomar el papel que se le designo desde hacia muchos años.
-Perdón que te interrumpa- comentaste mientras tratabas de que la fatiga de tus piernas no te distrajera -¿Cómo sabes que soy Athena? ¿No puede haber una equivocación? ¿Alguna confusión?
-Ninguna confusión- te respondió claramente –Nunca me permitirá darle el destino de la diosa a cualquier persona, solo a la persona que rencarno como ella. En este caso, usted- ibas a preguntar algo, pero Shion te respondió sin siquiera haber expuesto tu pregunta –Desde eras mitológicas Athena se ha presentado en la tierra, la primera con su persona real después a manera de rencarnación. Esta rencarnación se presenta en la tierra cada determinado tiempo.
En ese tiempo, la persona que rencarnación como Athena tiene que pasar por varias pruebas para mantener el orden y la paz de la tierra a salvo de cualquiera que quiera perturbarlas. Athena no podía luchar sola, así que desde la primera guerra eligió a determinadas personas para que la siguieran al campo de batalla.
-¿Por qué?- preguntaste, te dejaste caer al suelo para sentarte y escuchar mejor la historia de Shion -¿Por qué luchar con otras personas? ¿Por qué rencarnar de nuevo?
-Hace muchos años mi princesa- comenzó aquel relato –los dioses se divertían a costa de los humanos, les gustaba hacerlos sufrir y padecer. Después de un largo tiempo, uno de ellos se indigno y trato de detener a los suyos, pero poco caso le hicieron. Decidido bajar a la tierra y luchar en la guerra que los dioses les había declarado a los humanos.
En un principio los humanos no deseaban tener de aliada a una de las diosas que tanto los había hecho padecer, pero poco a poco, entre cada batalla la diosa se fue ganando un lugar entre ellos. Pronto se dio cuenta de la calidez, amor y amistad que había entre ellos, aun después de tanto padecer, aun después de estar tan lastimados por la guerra aun tenían tiempo de convivir en armonía unos con otros, eso fue lo que hizo que el corazón de la diosa se abriera.
Fue así como Athena, diosa de la estrategia y la guerra limpia comenzó a comandar tropas, las cuales poco a poco iban ganando terreno. En estas batallas la diosa conoció a un hombre, un gran General, cuyas tierras y riquezas las dispuso siempre para su pueblo, este hombre era hijo de reyes y de linaje guerrero. Fue así como conoció a Athena y se acercó a ella –Shion saco de ente sus ropas un libro el cual comenzó a hojear deteniéndolo en una pagina en especifico, te lo entrego mientras continuaba su relato, mientras tu observas aquel dibujo –este hombre se enamoro de la diosa, pero también hubo mas personas que terminaron con ese sentir hacia la mujer que empuñaba la espada con gran maestría y valor. Esto hizo que Athena se entristeciera, pues sabia que la vida de los humanos no es la misma que la de los dioses. Así que encerró su corazón bajo llave y decidió privarse del amor.
-¿Qué paso entonces?- preguntaste, Shion te sonrió alegre
-Lo que paso después princesa… fue que el hombre no dejo de amar a Athena así que sin mas, decidió seguirla hasta la muerte. Él al igual que los otros que se encontraban con Athena para dar fin a la guerra decidió pactar que siempre estarían con ella, hasta el fin del mundo y de los tiempos. Esto enterneció el corazón de la diosa que les dio el poder de ser más que unos simples humanos. Les mostro el poder que yacía dormido en el interior de ellos y a expulsarlo para poder defender a los mas débiles, la diosa viajo a un lugar en especial y dio su sangre y vida para que los mejores herreros de la antigüedad confeccionaran armaduras que no solo lo protegieran de los golpes de lanzas, sino también de la ira de los dioses.
-¿La ira de los dioses?- preguntaste mientras terminabas de hojear el libro y volvías a la pagina que originalmente te había dado Shion –la verdad no creo que a los dioses les pareciera algo lindo que después de que Athena se hubiera revelado todavía les hubiera enseñado a usar el Cosmo y ahora una armadura
-¿Conoce el principio del Cosmo?- te pregunto sonriente
-Algo así, me lo explico brevemente Camus y Mü- respondiste –bueno, después… ¿Qué mas paso?- preguntaste
-Vera señorita mía- continuo su relato –Athena eligió varios elementos, los mas fuertes para proteger a esos hombres que la seguían a la muerte. Adamantio, diamante y oro… fueron elegidos por ella misma. El artista herrero comenzó con su trabajo, armaduras que fueran capaces de proteger el cuerpo de quien las portan pero al mismo tiempo, guerreros que solo se dedicaran a pelear por aquella diosa y lo que protegia y no por beneficio propio. Las armaduras tomaron forma de las estrellas que seguían al sol y los portadores las usaron con honor y valor.
La guerra siguió hasta las ultimas consecuencias. Durante el trayecto, estos hombres fueron conocidos como Caballeros de Athena, estos guerreros fueron reconocidos como grandes personas de juicio y rectitud, ademas de que la diosa les otorgo un titulo en especial, entre ellos, el titulo que mas destaca es el Caballero mas fiel de Athena. Pero como todo tienen un principio… todo tiene un fin.
El cuerpo de Athena fue asesinado por uno de los dioses, sus guerreros poco pudieron hacer. Con lo ultimo de su energía, Athena guardo a aquellos caballeros que seguirían siendo guardianes del mundo, mientras que ella regresaría a la Tierra cada cierto tiempo. Con esto, la guerra de la edad mitológica se acabo. Cada 200 años Athena regresa para enfrentar las penalidades, pero en el siglo 13 se rompió con esta creencia.
-¿Por qué?- volviste a interrumpir
-La Athena de ese entonces murió muy joven, los escritos dicen que murió a la edad de los 16 años- palideciste al escuchar la noticia –después de ahí, el mundo cayo en desesperación, después de 100 años, Athena volvió a nacer para poder tener en paz la tierra. Por eso ahora… después de 243 años, la rencarnación de Athena se encuentra sentada en el piso del Gran Salón escuchando un relato que data de memorias atrás.
-Un relato que no me convence- respondiste mientras observabas con detalle el dibujo en el que había una mujer de pie rodeada de unos hombres que se encontraban arrodillados antes ella -¿trece?- preguntaste mentalmente –pero volvemos a lo mismo… ¿Por qué asegura que soy Athena?
-Por esto- te dijo mientras te extendía su mano
La aceptaste dejando el libro en el suelo. No supiste exactamente que fue lo que hizo, pero lo que sentiste en ese momento te dejo sin habla. Tus cabellos comenzaron a flotar sin siquiera haber una ráfaga de aire en el lugar, la bata que Shion y sus cabellos imitaron a los tuyos, miraste a tus manos, ambas posadas sobre las de él, pero un halo de energía blanca las rodeaba, miraste a tu alrededor, sucedía lo mismo, observaste que el halo que envolvía a Shion de un color purpura resonaba al compas del tuyo o eso creíste. Sentiste que algo dentro de ti quería salir, explotar en ese momento, sentías una gran paz, una tranquilidad enorme.
-¿Ahora lo cree?- te menciono Shion mientras aun te mantenía sujeta de tus manos –un Cosmo tan cálido y lleno de paz no puede ser emanado por otra persona que no sea la misma Athena- en ese momento dejo libre tus manos mientras aquella energía misteriosa se fue así como había llegado
-¿Dónde esta?- preguntaste mientras veías tus manos y cuerpo
-Necesita entrenamiento para poder liberar su Cosmo a su voluntad
-Te doy el beneficio de la duda- respondiste mientras alzabas el libro que habías dejado en el suelo –gracias, muy bonita historia
-Quédeselo- te respondió –léalo para que pueda entender mejor su papel como Athena
-Gracias- respondiste mientras tratabas de meterlo a tu mochila, fue en ese momento en que te diste cuenta… ¡tu mochila se la había llevado Milo!
Mientras la buscabas con la mirada, con la esperanza de que la hubiera dejado por ahí abandonada llegaron tres jóvenes vestidas con finos vestidos blancos. Hablaron algo con Shion pero no entendiste absolutamente nada de lo que habían dicho, ellas hicieron una reverencia y se acomodaron una de las salidas que ese lugar poseía.
-Princesa- te llamo –las doncellas me informan que sus aposentos ya están listos y que también le han preparado un baño para que se limpie de la tierra y las impurezas
-Gracias, pero…
-Señorita, por favor acompáñelas- te dijo suavemente, aunque notaste que era una orden y se veía a la perfección que no le gustaba ordenar mas de dos veces
-Esta bien- respondiste
-Después podrá conocer el Santuario o descansar. Dentro de unas horas será llamada para que sea presentada a su orden
-¿Qué orden?- preguntaste mientras detenías tu paso
-La orden de Caballeros que han protegido a Athena desde la era mitológica
-¿Caballeros… de… Athena?- susurraste, Shion logro escucharte. En ese momento las palabras de uno de tus secuestradores vino a tu mente, te habían dicho que eran Caballeros de Athena y que habían mas de tres -¿de verdad existen?- pensaste
-Para ese momento señorita necesita estar descansada
-Claro- respondiste y te dedicaste a seguir a aquellas doncellas que te llevarían a tu habitación… o eso esperabas.
