Hola a todos. Pues bueno… deseo agradecer de todo corazón a todas las personas que se dan el tiempo de leer mi fic. Gracias a Lilus de Geminis, Haaiah Linnae, PrincessVirgo por ser las primeras en dejar un comentario. Tambien gracias especialmente a Dame, mi buena amiga que siempre me da buenas ideas.
Punto dos: Aclaro, este capitulo es un poco largo, mucho mas que los anteriores, así que les pido paciencia para leerlo.
Punto tres: les agradecería mucho que me comentaran si les gusta como va la historia y que les gustaría que pasara mas adelante
Punto cuatro: he leído varios fic´s, así que respetare el nombre que la comunidad de fans de Saint Seiya le ha impuesto a Cáncer.
Ahora si… les dejo la continuación del capitulo anterior y de nuevo Miles de Gracias!
NadeshkoDarks
…
Te quedaste de pie frente a la habitación que te habían asignado. Miraste a todos los lados de aquella pieza en la que únicamente había una cama lo suficientemente grande como para que tres personas se acomodaran tranquilamente. Cubierta de una sabana blanca y almohadas acomodadas perfectamente. Caminaste hacia un balcón que solo se encontraba cubierto por una cortina roja, lo pensaste bien, te dabas cuenta de que el rojo era esencial en ese lugar, desde ahí pudiste observar todo el lugar aunque aun parecía un poco alejado debido a la altura en la que te encontrabas, respiraste la brisa suave y fresca, a ti llego un exquisito aroma a rosas, miraste por todos lados pero no pudiste observar nada. Regrésate a la habitación para seguir examinándola mas de cerca, fue cuando viste la mochila que Milo te había arrebatado, se encontraba en el suelo a lado de la cama, corriste dejando el libro sobre el colchón, levantaste la mochila y de inmediato la abriste para buscar que todo estuviera en su lugar.
La ropa que habías usado en la escuela, otros cambios mas que habías llevado, tus botas se encontraban perfectamente acomodadas. Tomaste entre tus manos la cajita que siempre llevabas contigo, ahora podría servirte de mucho. Te sentaste en el borde y miraste toda la habitación de nuevo… no había mucho, unos taburetes en las esquinas con jarrones, aunque solo uno de ellos con flores, para variar, rojas. Un sofá, una pequeña mesita con dos sillas… muy pocas cosas hacían que la habitación se viera mas grande de lo que en realidad era.
Una voz te saco de tus pensamientos en los que habías estado… no lo sabias, simplemente dejaste que tu mente viajara a otro mundo.
-Lo siento- respondiste apenada –no entiendo lo que dice- continuaste diciendo mientras aquella mujer tratada de que entendieras. Te hizo seña de que la siguieras y no muy convencida te levantaste de tu lugar cuando ella te tomo de la mano con delicadeza.
Te llevo a una habitación que se encontraba a lado de donde estabas. Este lugar se encontraba lleno de vapor, algo que de inmediato te trajo calor, un lugar cuyas paredes blancas así se mantenían, alguna que otra columna se alzaba frente a ti. Miraste a la mujer que te había llevado, solo te dio una reverencia y salió del lugar. Comenzase a caminar encontrándote con un juego de toallas y alguna que otra botella de jabón.
-Es un baño- susurraste mientras caminabas a lo que pensabas que seria la tina. Miraste que en el agua había varios pétalos de flor flotando -¿Qué no se cansan de poner el rojo hasta en el baño?- preguntaste a la nada
Regrésate a tu habitación y tomaste un cambio de ropa. Sacaste tus propios artículos de limpieza personal y regresaste a lo que según tu, era un "baño"
Te bañaste lo mas rápido que pudiste, ademas la corriente de aire que entraba de no sabias donde te hacia titiritar de frio. Poco a poco fuiste tanteando la profundidad de aquella "alberca", la cual no eran tan profunda, al menos podías tomar asiento tranquilamente y el agua te cubría casi hasta los hombros.
-Una se puede acostumbrar rápidamente a estos lujos- te dijiste, miraste hacia el techo jugando con los pétalos que flotaban en el agua –pensándolo bien, hay una cosa que no me queda claro aun… ¿Dónde demonios esta el baño?
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~ 2 ~
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Cepillabas tu cabello mientras por tercera vez te quitabas el exceso de agua. Miraste a tus espaldas, aun se encontraba aquel vestido blanco sobre la cama, aun así optaste por usar tu pantalón de mezclilla que se encontraba algo rasgado en las piernas, tus tenis y una blusa de manga corta en color lila. Guardaste tu ropa sucia en una bolsa y la metiste a la mochila la cual escondiste debajo de la cama. Unos golpes en la puerta llamaron tu atención, no reaccionaste y decidiste seguir cepillando tu cabello.
-¿Puedo pasar?
-Esa voz…Shion- pensaste –claro- la puerta se abrió y segundos después Shion ya se encontraba frente a ti
-Veo que ya tomo un baño- te dijo mientras veías que dirigía la mirada hacia el vestido que se encontraba aun doblado e intacto en la cama -¿se encuentra ya relajada?
-Si, muchas gracias- respondiste, el silencio se extendió por unos minutos
-¿Desea salir a conocer el lugar princesa?- te pregunto mientras aun mantenías tu vista en el suelo
-¿Puedo?- respondiste mientras lo mirabas por primera vez desde que entro
-Claro que si- te respondió de una forma en la cual solo pudiste sentir un amor y ternura hacia tu persona. Llamo a dos jóvenes doncellas y estas se presentaron ante ti realizando una reverencia –Estas dos jóvenes serán la que la guíen por donde debe ir, en dado caso le van a impedir que valla por lugares que no es conveniente que valla- lo miraste interrogadoramente –hay sitios señora mía a los que no debe de ir por el peligro que hay ahí, no sin la protección adecuada
-Ya- respondiste –pero no sirve de mucho, no es por nada, pero no entiendo nada de lo que ellas dicen, no hablo su idioma
-No es necesario, solo serán su escolta- te dijo tranquilamente sin borrar por ni un momento la sonrisa de su rostro
-Sin ellas no puedo salir… ¿verdad?- Shion sonrió mientras asentía –esta bien- escuchaste como le daba órdenes a las chicas que solo se dedicaban a asentir a todo lo que él les decía
–Ya esta señorita, estas doncellas la cuidaran y se encargara de que se encuentre aquí a la hora señalada
-¿Para dormir?- salió sin pensar de tus labios, escuchaste reír a Shion de una forma delicada por tu duda expuesta
-No señora mira, para que pueda conocer a su Orden- te dijo mientras tu te sentías morir de la vergüenza
-Una última pregunta- le comentaste, él espero pacientemente -¿Cómo le digo? Quiero decir… ¿Cómo me dirijo hacia usted?
-Como usted quiera señorita- te respondió mientras te hacia una reverencia –si me disculpa, tengo que terminar unos asuntos
-Gracias Shion- le respondiste, él sonrió, se inclino de nuevo hacia ti y salió de lo que en ese momento era tu habitación
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Sentir los rayos del sol sobre tu rostro te hizo sentir momentáneamente libre. Detrás de ti se encontraban ambas doncellas, las cuales ya te estaban comenzando a incomodar, pues si te detenías se detenían, si avanzabas ellas avanzaban. Tomaste un camino que te llevo a un campo de hermosas rosas, los colores te parecieron los más vivos y hermosos que habías visto en tu vida. Estas flores no se comparaban en nada a las que habías visto en las florerías ni en las tiendas del súper mercado, donde apenas tenían el agua suficiente como para poder sobrevivir.
Escuchaste murmurar entre las doncellas, pero no hiciste caso alguno, al fin y al cabo no entendías nada. Te arrodillaste para poder acariciar aquellas hermosas rosas, la fragancia que emanaban eran embriagadora y relajante, los pétalos de estas eran suaves al tacto. Acercaste una de ellas a ti para oler mejor la fragancia que emanaba, aspiraste hasta que tus pulmones se llenaron de aquel perfume. Te pusiste de pie y buscaste entre tus bolsas de tu pantalón el celular para poder tomar una foto de aquel hermoso campo.
-¿Se encuentra perdida señorita?- te llamo una voz, la cual logro sobresaltarte
-No… solo estaba… viendo las flores- respondiste mientras mirabas a aquel hombre.
Frente a ti se encontraba un joven, si pensaste que Shion poseía lindos rasgos este hombre lo sobre pasaba de sobre manera, sus facciones eran perfectas en todo los sentidos, su altura y su porte infundían en ti un gran poder y presencia, tus ojos viajaron hacia el lunar que se encontraba en su rostro, sorprendentemente hacia que su belleza se elevara, sus largos cabellos de un excéntrico color celeste se movían al compas del ligero viento que soplaba en ese momento, sus ojos del mismo color que su cabello se encontraban remarcados por unas hermosas pestañas negras. Incluso las ropas sencillas que llevaba puestas no le restaban nada de galanura. Después te diste cuenta de que las doncellas que te acompañaban miraban el suelo, se veían algo asustadas.
-¿Le gustan las flores?- te pregunto después de unos minutos en silencio
-Son hermosas- respondiste desviando la mirada hacia el campo florido, pues la mirada de aquel hombre era severa y parecía que te escrutaba de pies a cabeza
-Lo son- te respondió mientras se colocaba a tu lado. Escuchaste que hablo algo, dirigiéndose a las doncellas, ellas respondieron –aunque la mayoría de las personas no aprecian la belleza de las flores. Reniegan de ellas por sus espinas y fragilidad
-Es como el espíritu de la mujer- le respondiste sin dejar de ver el campo
-¿Así? ¿En que forma?- te pregunto
-Una mujer sin espíritu guerrero es como una rosa sin espinas- le comentaste mientras lo veías tratando en esta ocasión de sostenerle la mirada mas de un par de segundos –no valdría la pena siquiera admirarla
-Bella definición- te respondió sonriéndote, al parecer le había gustado la forma en la que habías respondido -¿Cuál de todas le gusta más?
-Cualquiera es hermosa y me gustan todas- respondiste –aunque creo que me gustan mas las blancas, negras y azules- le respondiste –desde que un amigo me obsequio un ramo con ese color de rosas me han gustado
-Ya veo- te respondió mientras seguía mirándote, de vez en cuando mirabas hacia el campo, pues la mirada que poseía era muy fuerte –Tiene gustos muy exactos
-De hecho yo trate de plantar muchos rosales en mi casa- le dijiste para poder sacar un tema a la platica, encontrar a alguien que hablaba tu mismo idioma y se veía que le habías caído bien, o al menos eso parecía era algo que te hacia sentir menos extraña –puse muchos rosales, los cuide, regué como debía de ser, los abone, ablande la tierra. ¿Sabes que paso?
-Dígame- te dijo mientras te escuchaba
-Florecieron, pero las flores fueron muy pequeñas. Nada comparado con estas rosas- comentaste, pues las rosas eran muy grandes
-Tal vez la tierra no era la indicada- te respondió –aunque a veces hay que cuidar de ellas hasta que se acostumbren a la tierra en la que se encuentran enraizadas
-Anda, no sabia- le comentaste
Estuvieron en silencio, no lo sentías ya tan incomodo, pero los temas de conversación no salían a flote. Miraste de reojo, al parecer se encontraba en su mundo.
-Me llamo "-", un placer- te presentaste mientras le extendías la mano, él te vio sorprendido
-Un placer- te respondió mientras aceptaba el gesto –yo soy Afrodita
-Mucho gusto Afrodita- respondiste. Escuchaste una voz que había interrumpido el momento de conversación, ambos miraban el origen de donde provenía, de nuevo e ahí el idioma que no entendías. Afrodita le respondió de manera tranquila mientras le explicaba algo o eso era lo que pensaste.
Aquel hombre que había llegado era mas o menos de la misma altura que Afrodita, tal vez le ganaba por el cabello alborotado que tenia. Lo miraste bien, no era tan atractivo como el joven con el que conversabas pero al menos no estaba como para tirar a la basura. Sus cabellos eran cortos y de un color azulado oscuro, sus ojos te miraban fijamente. De un momento a otro te dio una sonrisa que no sabes si te dio escalofrió por el miedo o porque se vio picaresca.
-Así que "-"… ¿no?- no supiste si era una pregunta o afirmación, solo asentiste sin decir nada –no me digas que también te gustan las flores
-¿Es pregunta o afirmación?- le preguntaste a modo de susurro
-¿Cómo?- te dijo –hable mas alto que no la puedo escuchar
-Nada- respondiste de inmediato mientras escondías tu mirada en las flores
-No seas grosero Mascara- escuchaste que Afrodita le recrimino mientras el otro se reía ante el comentario –discúlpalo "-", a veces tiende a ser algo descortés con quien no debe o simplemente grosero
-¿Mascara?- pensaste –para apodo que tiene, bueno…
-Me llamo Ángelo- te saco de tus pensamientos mientras te extendía la mano de manera amistosa
-Mucho gusto- le respondiste mientras aceptabas el gesto, Ángelo sacudía tu mano con gran fuerza que logro sacarte una sonrisa –así que traes guardaespaldas… no creo que te sirva de mucho
-Algo así- le respondiste
-Bueno, la platica esta muy buena, pero Afro y yo tenemos cosas que hacer- te comento mientras comenzaba a caminar por donde había llegado
-Nos vemos después señorita- se despido Afrodita mientras te regalaba una rosa blanca
-¿No se ira a enojar la persona que cuida estas rosas?- le preguntaste mientras la tomabas
-Créeme que no- te lo dijo mientras se dedicaba a alcanzar a su compañero
-Valla….- soltaste cuando ya no se encontraba en tu campo de vista –en verdad que son unos tipos raros
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-Y dime "-" ¿de donde eres?- te pregunto Aioria mientras te seguía impidiendo el paso.
Caminado por donde tus pies te llevaban te habías encontrado con otras tres personas, una de ellos demasiado escandalosa. Aioria, un chico de cabellos rubios cenizos cortos, sus ojos verdes denotaban energía y sagacidad. Había un chico mas que se le parecía en físico, solo que su cabello era aun mas oscuros al igual que sus ojos, el nombre de él era Aioros, mientras que el ultimo chico era también cortos cabellos negros y ojos a juego, su nombre era Shura y estos últimos dos eran un poco mas calmados que la persona que en ese momento se encontraba atosigándote con todas las preguntas habidas y por haber.
-Soy de "-"….
-Ya veo- te dijo interrumpiendo tu respuesta -¿y que te parece el lugar?
-Es… bonito- respondiste no muy segura de ti
-Ya veo… ¿quieres que te muestre el resto de lugar?
-¡Aioria!- escuchaste que le regaño el otro chico que se parecía mucho a él
-¿Qué?- respondió –solo trato de ser amable
-Mide tus palabras hermanito- escuchaste que le siguió recriminando
-¿Son hermanos?- la curiosidad te gano y terminaste por preguntar
-Así es- te respondió Aioros –es mi hermano menor, tendrá que disculpar su forma de ser, demasiado… explosiva
-Metiche es la palabra que buscas Aioros- intervino Shura, tu reíste ante la respuesta de él
-Tiene mucha energía, solo es eso- trataste de excusar a Aioria
-Por favor, no lo defienda que no vamos a poder ser capaces de soportarlo mas tiempo- te pidió de nuevo Shura
-Envidioso- le respondió Aioria
Observaste como los tres se habían enfrascado en una discusión en la que el pobre de Aioria no iba a salir bien parado. Te agradaron mucho, pues se veía que desde el momento en que te habían hablado lograron hacer que te sintieras cómoda con su presencia, aunque demasiadas preguntas para tu gusto. Las doncellas que te acompañaban se habían quedado unos metros alejadas de ti, esperando a que terminaras de hablar con ellos. Agradecías a tu suerte, que todos hablaran tu mismo idioma ya no te hacia sentir extraña.
-Dígame señorita- Shura interrumpió tus pensamientos -¿no cree que debería de usar la energía que tiene para la tarea que le encomendaron?
-¿Yo o él?- preguntaste a modo de broma
-El inútil de este gato- comento haciéndose referencia a Aioria quien se molesto
-Pues yo creo que si. Porque…
-¡Lo vez!- te interrumpió Shura -¡hasta la señorita sabe que tienes que trabajar!
-Pero…
-Nada de peros Aioria- comento su hermano, tu veías la escena divertida –a lo que te mandaron que tienes que estar listo para la ya sabes que
-Pero si ya la…
-¡A trabajar!- le ordeno su hermano
-Bueno chicos- los llamaste a los tres –fue un placer conocerlos. Pero en vista de que tienen trabajo que hacer y yo los estoy entreteniendo me retiro.
-¡No te vallas! ¡no me dejes solo con estos dos!- te rogo Aioria, su actitud infantil te resultaba divertida y eso él lo notaba
-Si me quedo creo que terminare en medio de una batalla- comentaste pues las ropas de estos tres eran sencillas, pantalón y camisa manga corta, un simple peto de algo que se asemejaba a la piel los cubría en el pecho, ademas de unas rodilleras y unas coderas.
Estrechaste la mano de los tres y te despediste de ellos besándolos en las mejillas. Continuaste con tu camino a paso apresurado sin darte cuenta de que los jóvenes con los que antes habías estado platicando se habían quedado estáticos, habían cesado su platica y se encontraba mirando fijamente por donde te estabas yendo.
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~ 3 ~
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Un ruido estruendoso se dejo escuchar cerca de donde estabas tú. Las doncellas de inmediato se acercaron a ti. Buscaste con la mirada y encontraste que muy cerca de donde estabas se elevaba una nube de polvo, caminaste unos pasos pero una de las doncellas te lo impidió. Recordaste que Shion te había hablado de los lugares peligrosos y que no debías de acudir sola, pero la curiosidad te estaba matando.
-Ya les dije que no me voy a acercar mucho, solo quiero ver que paso- insistías mientras aquellas doncellas te jalaban de ambas muñecas pero apenas haciendo el mínimo de fuerza –No les entiendo nada- respondiste ante lo que ella decían, sabias que era un no, pues meneaban la cabeza de manera negativa -¿Qué tal si alguien esta herido? Solo voy a ver y luego si no hay nada regreso
Entre tanto jaloneo y replicas que dabas la fuerza cedió hacia un lado y ese lado no te favoreció a ti para nada. Pues cuando ellas aplicaron un poco mas de fuerza después de que habías cedido un poco te jalaron, provocando que besaras el piso.
Te quedaste en el suelo mitigando un poco el dolor que sentías en una de tus rodillas, porque para la suerte que te cargas te habías dado con una piedra que estaba incrustada en el suelo. Cuando alzaste la vista te percataste de que había dos pares de pies delante de ti.
Una voz gruesa y llena de poderío resonó, escuchaste que las doncellas emitieron un pequeño grito que lo ahogaron. Uno de ellos te dio la mano para ayudarte a poner de pie, dudosa la aceptaste. Poco a poco te fuiste parando, observaste que las doncellas se encontraban arrodilladas.
-¡Alto!- ordenaste mientras te alejabas de aquel que te ayudo a ponerte de pie, pues el otro hombre estuvo a punto de abofetear a una de ellas –No espero que entiendas, pero ellas no tienen la culpa, fui mi insistencia el que hizo que me callera… ellas solo deseaban guiarme a otro lugar
-Déjalo ya Saga- llamo el otro hombre que había permanecido en silencio únicamente observando todo lo que pasaba
El otro hombre murmuro algo, te diste cuenta de que las doncellas temblaron y se comenzaron a alejar de ahí dejándote sola con ellos. ¡Gemelos! Pensaste de inmediato al verlos. De una gran estatura y porte de realeza. Ambos de cabellos largos y azulados, un hermoso azul que te había dejado con la boca abierta. Sus facciones eran delicadas y bellas, pero eso no impedía que el carácter que ambos emanaban te intimidaran, mirada fiera y profunda. Ambos se te quedaron viendo y finalmente te hablaron
-¿Se encuentra bien?- te pregunto al que habían nombrado Saga
-Si- respondiste algo temerosa
-¿Se puede saber que esta haciendo aquí?- te pregunto el otro que te había ayudado a ponerte de pie. Vestían similar a aquellos tres jóvenes que te habían atosigado con tanta preguntas
-Solo… caminaba- respondiste tratando de calmar tus nervios. Fue cuando te diste cuenta, uno de ellos, el que se llamaba Saga… sus ojos y cabellos eran de una tonalidad mas oscura –me llamo "-"- te presentaste mientras trababas de no morir en la vergüenza por tremenda presentación
Ambos comenzaron a reír a carcajada limpia después de unos segundos que te presentaste. No supiste como reaccionar, si reír como ellos ya después de un momento tenso o molestarte porque claramente, se estaban burlando de ti.
-Valla manera de romper el silencio- comento uno de ellos el cual ya se te había olvidado quien era, aunque era porque no se había presentado
-Si… bueno…- ya no supiste que decir, la vergüenza te gano
-Soy Kanon- respondió mientras aun quedaban algunos atisbos de risa en él –este es mi hermano Saga, aunque… ya lo conociste. Es algo… sobreprotector
-Fue una falta de respeto- comento Saga -¿Qué fue lo que hizo que esas mujeres la arrojaran al piso?- pregunto ya mas calmado
-Pues es que… allá- apuntaste a la dirección donde se había producido aquel fuerte estruendo –se escucho un ruido muy fuerte y quise ir para ver si no hay alguien que se halla lastimado.
-Así que era por eso- comento Kanon a quien distinguías claramente por su voz que era un poco mas suave que la de su hermano y sus cabellos al igual que sus ojos tenían una tonalidad mas clara
-Yo pensé que era otra cosa- comento Saga
-¿Qué me practicaban bullyng?- preguntaste tratando de romper la incomodidad del momento
-¿Qué le hacían que?- pregunto Saga extrañado mientras que Kanon se mantenía en silencio esperando tu explicación. El rostro de ambos era un poema, claramente no sabían a que te referías. Sin quererlo te reíste
-Lo siento- respondiste –pero es que no pude evitarlo- trataste de controlarte
-Camina "…" que el lugar no esta cerca- te ordeno Saga quien te tomo de la mano y te obligo a caminar
-¿A dónde vamos?- preguntaste temerosa
-A donde quería ir- te respondió Kanon mientras se acercaba a tu lado
La platica que de pronto se comenzó a desarrollar con ellos te hacia ir mas tranquila, descubriste que solo tenían una apariencia fuerte pero los pocos minutos te bastaron para darte cuenta de que no era tan serios, tenían un humor un poco pasado, pues sus ironías y sarcasmos hacían gala de presencia en ambos. Supuestamente estaban en un encargo ordenado directamente por Shion, a lo que tu mente te llevo a una clara explicación…. Aun no hacían nada de lo que el pobre de Shion les había encargado. Saga y Kanon… las únicas dos personas que te habían recordado a tus amistades que habías dejado en tu tierra natal. Fue cuando lo pensaste, Saga solo te iba a defender de algo que no le pareció un comportamiento digno y tú te metiste para salvar a las otras dos… bueno, mejor eso que tener algo malo en tu conciencia.
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-Eso es lo que causo el terremoto- te indico Saga mientras te hacia ver al culpable
Te habían llevado hasta un sitio, aquel lugar que habías visto cuando habías llegado. El coliseo que ahora no te parecía pequeño, sino, todo lo contrario, era enorme, muchas personas se encontraban en ese lugar, aunque la mayoría de ellos parecían soldados, pues la forma de vestir era muy similar a la de los gemelos que ahora se encontraban como tus guardaespaldas.
-Oye Saga- llamaste al joven que de inmediato te presto atención -¿Por qué ellos usan casco y ustedes no? ¿Qué no se supone que también son soldados?
-¡¿Cómo ellos?!- te respondió claramente ofendido -¡por supuesto que no! ¡soy muy superior!- te respondió, pero esa forma de hacerlo, tan llena de arrogancia y clara superioridad te hizo reír –Ademas de confundirme con Saga todavía se burla de mi
-Claro que no- respondiste mientras cesabas la risa pero manteniendo tu sonrisa hacia esa persona –En mi vida he sido amiga de 6 gemelos, bueno… tres pares. Todos eran idénticos a simple vista, como ustedes- explicaste –pero se distinguirlos muy bien. Saga- remarcaste el nombre
-Te gano- dijo Kanon mientras te llamaba, le prestaste atención y alzo su mano para que imitaras el clásico gesto de "dame cinco"
Acto que no le provoco la mas mínima gracia al gemelo que se adelanto unos pasos mientras murmuraba algo en el idioma que no entendías, aunque dentro de ti te decía que estaba de mal humor por haberle ganado. En esta ocasión fue Kanon quien te tomo de la mano ayudándote a bajar cuesta bajo impidiendo que fueras a caer.
El lugar en si se encontraba en ruinas, algunas que otras estructuras aun se mantenían a flote y otras más descuidadas estaban por caerse, alrededor había algunos grandes pilares que se alzaban aun después de tantos años.
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-Mira que decir que soy igual a estos- susurro Saga que aun se encontraba molesto, indignado por tu comparación
-Ya supéralo- respondiste naturalmente.
-Lo vez Saga, ya supéralo- te apoyo Kanon
-Si lo vieras de la manera en la que yo lo veo… también dijo que pertenecías a esa misma clase de soldados Kanon- remarco Saga
-Ah no, eso si que no- comentaste mientras te adelantabas unos pasos y te colocabas frente a ellos, caminado de espaldas hacia el frente
-Te vas a caer… otra vez, para variar- te dijo Saga mientras te mostraba una sonrisa traviesa
-Tarado- pensaste, todavía no eran tan íntimos como para llamarlo de esa manera en voz alta –Yo no dije Kanon… yo dije Saga
-¿Así que me esta poniendo al mismo nivel que ellos?- te reto siguiéndote el juego, viste como Kanon suspiro
-Se supone que eres como ellos- le respondiste mientras mantenías el paso –vistes de la misma manera ¿miento?
-Son ropas para andar trabajando- te dijo
-¿Y porque no están trabajando?- preguntaste
-Porque todavía no quiero acabar el trabajo- te comento
-Entonces eres un irresponsable- contra atacaste
-No he terminado el trabajo porque USTED- te recalco la palabra –quiso venir a este lugar
-No te pedí que me trajeras…. ¿o si Kanon?- pediste ayuda al segundo gemelo
-A mi no me metan en su discusión- susurro mientras miraba al cielo
-¿Por qué no eres como Kanon? Así de tranquilo
-Él es manipulador- contradijo
-Yo no soy manipulador- se metió en la platica –no como tu, que eres un mandón
-Solo mantengo el orden, uno de los dos debe de ser ordenado y no dejar las cosas regadas por todos lados
-A veces dejar las cosas así es una forma que tenemos los genios de acomodar nuestras cosas- decidiste intervenir
-Lo vez- comento Kanon –"-" me da la razón
-Son un par….
-¿Un par de que?- intervino una voz grave que interrumpió a Saga
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¡Por todas las deidades habidas y por haber! El hombre que se había atrevido a intervenir en tan "amena" plática era un gigante. Fácilmente pasaba la estatura de Saga y Kanon. Pero delante de él se habían quedado muy pequeños y que decir de ti, se supone que eras alta, pero desde que habías llegado… ¡cielos! Te sentías insignificante. Era un hombre que fácil sobrepasaba los dos metro, corpulento y de tez morena, en tu vida habías visto a una persona así que te dejara totalmente sorprendida y muda al respecto.
Ambos gemelos se encontraban aun conversando con él, aunque parecía que el de mayor estatura parecía que los estaba regañando, pero no se veía que a los otros dos los intimidara. Sus cabellos era de un negro profundo y eso era todo lo que podías ver.
-¿Y si le hace algo a Saga y Kanon?- te preguntaste mentalmente –si les hace algo será mi culpa por venir aquí…- pero hasta ahí dejaste tus pensamientos de culpa y suicidio… la sonora y estruendosa carcajada de ese hombre te saco de concentración. Los gemelos no reían pero al menos mantenían una sonrisa en su rostro –Debo de dejar de ser paranoica…- te susurraste a ti misma
-Te quedaras con Aldebarán- te dijo Saga mientras se acercaba a ti -¿me escuchaste?
-¿Qué?- volviste a preguntar
-Ademas de problemática distraída- comento a modo de sorna
-¡Yo no soy distraída!- le respondiste ofendida
-Te vas a quedar con Aldebarán "-" unos momentos hasta que manden por ti, no te vallas a alejar de él- continuo Kanon que también se había acercado, miraste a ese hombre que te saludo agitando su mano y regalándote una sonrisa, correspondiste de la misma manera
-¿No es peligroso?- preguntaste mientras tu mente te había traicionado otra vez. La risa de ambos no se dejo esperar
-No es capaz de matar ni a una mosca- te respondió Kanon
-Nos vemos señorita- te comento Saga
-Claro- te acercaste a él para despedirte como siempre lo hacías, con un beso en la mejilla al igual que con Kanon
Te alejaste para acercarte a la nueva persona con la que te habías quedado a cargo. "El beso mas puro que uno puede recibir" susurro Kanon… "el de una diosa" completo Saga, frases que no pudiste escuchar ya que te encontrabas a unos metros caminando con Aldebarán, miraste hacia atrás, aun estaban ahí, agitaste la mano para despedirte por segunda vez de ellos. No te regresaron el gesto pero viste que sonrieron.
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-¿pudo soportar a esos dos señorita "-"?- te pregunto Aldebarán cuando aun seguían caminando, pues el silencio entre ustedes reinaba por sobre todo el lugar
-Son agradables- le respondiste sinceramente
-¿Esta lastimada?- te pregunto al observar que de repente cojeabas debido al dolor de la rodilla que te habías lastimado cuando caíste
-Me resbale y me pegue- respondiste tratando de esconder la verdad
-Debería de tener cuidado señorita- te dijo –estos lugares son muy peligros y traicioneros
-Si, me lo dijo Shion- respondiste
-¿Conoce al Patriarca?- te pregunto, tu asentiste –un hombre muy sabio y honorable, ademas de valiente e inteligente
-Demasiado joven también- respondiste
-¿Lo vio sin mascara?- te pregunto algo sorprendido
-Si- respondiste, pero algo dentro de ti sabia que el hombre no se iba a quedar satisfecho con la respuesta tan corta, no que va… si decidiste contarle por decisión propia y no por su mirada insistente y fija en ti –es que… cuando lo vi con la mascara me dio miedo. Y pues él se dio cuenta y se la quito para entrar en confianza ¿Por qué?- preguntaste
-En muy raras ocasiones el Patriarca muestra su rostro- te menciono de manera analítica mientras se dedicaba a mirar el cielo –Bueno, ahora que esta a mi cuidado, que es un honor muy alto…- reíste ante la manera en la que menciono aquellas palabras –pues le mostrare el lugar para que no ande de curiosa y después se meta en problemas
Te quedaste fascinada ante todo lo que Aldebarán te mostraba a su paso. Muchos, demasiados soldados para tu gusto se encontraba entrenando, realizando tareas o simplemente reunidos analizando alguno que otro plano.
Los ruidos que escuchabas eran provocados por ellos, ¡tenían una fuerza fuera de lo común!
Te encontraste con algunas mujeres que se dedicaban a entrenar un poco mas lejos de donde te encontrabas. Aldebarán te acerco un poco, él se quedo a unos metros mientras tu te acercaste hasta quedar en la cerca de madera que separaba ese lugar del resto. Las mujeres de ahí tenia el rostro cubierto por una mascara griseada, ellas utilizaban un pantalón mas pegado a sus piernas pero a diferencia de los hombre ellas utilizaban un leotardo ademas de solo usar hombreras y rodilleras, alguna de ellas utilizaban guantes.
Te quedaste con la boca abierta cuando una de ellas se encontraba peleando con otras dos "Dios mio" salió de tus labios cuando observaste que de una patada mando a una de ellas a estrellarse contra una columna de concreto. No supiste si te sorprendiste porque la chica que salió disparada se estrello contra aquella columna y la rompió a la mitad o porque la otra poseía una fuerza descomunal.
Ante ti aparecieron dos mujeres, una de rojos cabellos vivos y otra de verdes cabellos en tono limón. Ambas te tomaron por sorpresa, en ese momento Aldebarán se presento ante ellas, la forma en la que te recibieron no fue muy grata, sino un poco fría y dura. Aldebarán te menciono que la de cabellos rojos se llamaba Marín y la otra chica Shaina. Ambas caballeros femeninas y que después podría presentarme bien con ellas, pues no les gustaban que interrumpieran sus entrenamientos.
Caminaste a lado de Aldebarán quien te mantenía entretenida con las explicaciones de porque ellas usaban mascara, algo entendiste que es para esconder que son mujeres y que aun así pueden demostrar la misma valentía y fuerza que los hombres. Aunque a tu parecer, eran más fuertes que los hombres que conocías, aunque solo eran tus amigos y familiares.
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~ 4 ~
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Sabias que no había sido una buena idea haber seguido a un pequeño perrito de la pradera que había salido de su nido debajo de la tierra. También sabias que ibas a meter en problemas a Aldebarán por haber escapado de su cuidado.
Pero después de que te dejo sentada en una roca, con el sol a todo lo que daba y abandonada por al menos media hora ya te habías cansado de esperar y ese pequeño roedor había sido una forma buena de quitar el aburrimiento. Pero esa condenada rata se te había perdido de vista y terminaste en un lugar donde había unos pocos arboles que se alzaban frondosos y con la brújula mas perdida de lo que en principio estabas.
Calculabas mas o menos la hora, ya debían pasar de las 4 de la tarde o tal vez eran las 5… A veces el tiempo se te había largo otras veces corto… todo dependía si te encontrabas con alguien o estabas sola.
Dejaste salir un sonoro suspiro, al fin y al cabo ya te habías perdido, no había nada que hacer mas que esperar a que Shion se diera cuenta de que no estabas en tu habitación y te mandara a buscar, recibir un regaño peor de los que tus padres te daban y ahora si… podrías decir que ni la rencarnación te ayudaba.
Caminabas a paso lento, sumida en tu mundo…
-Si va por ahí terminara perdida- te sorprendió una voz, no pudiste contener el grito que ese susto de causo –no hice nada para que usted profiriera ese tipo de grito señora.
-Me asusto que me llamaran de improviso- respondiste mientras tratabas de contener el aliento
-No la llame- te respondió tranquilamente –solo le advertí
El silencio reino en ese momento. Frente a ti se encontraba un hombre joven vestido con una túnica blanca muy al estilo budista. El joven se encontraba meditando debajo de la sombra de un árbol, poseía una hermosa cabellera rubia larga y sedosa a simple vista. Simplemente de todos los que habías conocido hasta este momento, él se podía colocar fácilmente en los primeros tres lugares, pues poseía una belleza increíble, el hombro derecho y parte de su pecho se encontraban al aire libre, demostrando que poseía un hermoso color de piel marfil. Sus ojos se mantenían cerrados y aun así, sentías que te observaba fijamente. Diste unos pasos hacia la dirección de donde habías llegado para seguir tu camino, claramente habías molestado a aquel joven
-Si va por ahí regresara al punto en el que comenzó- te detuvo apenas diste unos pasos, diste otros pasos mas –Le dije que por ahí era peligroso
-¿Seria tan amable de decirme entonces por donde voy?- preguntaste fastidiaba por el comportamiento de ese joven
-Si no sabe el punto al que desea llegar no podrá nunca tomar el camino correcto para llegar ahí- te respondió, suspiraste pues el comportamiento de él lo único que hacia era agotar tu paciencia
-Quiero ir a donde estaba antes… creo que era un coliseo o algo así- dijiste con la esperanza de que te respondiera claramente
-Si no sabe con exactitud donde se encontraba vuelve al principio- te dijo
-Hijo de toda tu…- pensaste tratando de calmarte, soltaste el aire calmadamente y volviste a analizar como preguntar, total, la esperanza muere al ultimo –Estaba con Aldebarán en un centro de entrenamiento con varios soldados. ¿Seria tan amable de decirme el camino por el cual regresar, por favor?
Silencio total después de esa pregunta. "Mato al muy desgraciado si se quedo dormido" pensaste mientras hacías uso de todo tu auto control que poseías en ese momento, mira que quedarse dormido mientras mantenía una conversación con otra persona, aunque no fuera una conversación amena. Tu pie izquierdo comenzó a repicar contra el suelo de ese lugar, apenas se podía escuchar los sonidos. Miraste para todos lados, caminaste unos pasos para darte cuenta de las opciones que tenias para poder salir de ahí, claro… sin la ayuda de la persona que ahora se encontraba plácidamente dormido.
-La paciencia no es una de sus virtudes- te llamo de nuevo
-La cortesía no es algo de lo cual haga uso de gala joven- respondiste, tu paciencia se había agotado con esa ultima frase que él había dicho
-La meditación es la mejor manera de poder tener una respuesta mas clara a lo que es una incógnita que se desconoce- te hablo mientras se ponía de pie y se acercaba a ti
-Si crees que te tengo miedo estas muy equivocado- le respondiste retadoramente mientras observabas claramente que era muchos, muchos centímetros mas alto que tu
-El miedo es una cualidad que la podría salvar de cometer actos impropios- te respondió –ahora le pido…- continuo hablando ya que no habías podido decir nada a su respuesta –que tome asiento debajo de uno de estos arboles y medite, poco a poco su respuesta llegara
-¡Hijo de toda tu…!- pensaste mientras tratabas de soportar la ira y las ganas de golpear a ese tipo.
Te sentaste de mala gana debajo de un árbol mientras veáis que él había regresado a donde lo encontraste y a la misma posición. Lo único que te llamo la atención fue que había caminado hacia ti manteniendo los ojos cerrados, sin haber titubeado y sin haberse tropezado
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Te moviste de nuevo bajo aquel árbol… ¡que meditar ni que nada!
Ya se te habían dormido las piernas por quien sabe cuantas veces, el hormigueo que sentías era doloroso, ya no sabias si era porque mantenías las piernas dobladas o era el golpe que te habías dado cuando te caíste, el punto era que ya te dolían. Tu atractivo de atrás lo sentías ya plano, entumido y cansado… te removiste un poco tratando de encontrar alivio. No habías podido mantener los ojos cerrados, los abrías cada tres minutos, intento atrapar a ese joven en caso de que te quisiera dejar a tu suerte… eso si que no, si él se iba tú te ibas con él. Dejaste salir otro suspiro, ya te querías ir, pero él no daba signos de querer irse pronto, el sol estaba a punto de ocultarse por completo, pues el cielo se estaba comenzando a teñir de colores escarlata.
-¡Me voy!- sonaste exasperada -¡Ya no aguanto mas!
-Paciencia…
-¡Me vale un reverendo cacahuate la paciencia!- le interrumpiste
-Ese vocabulario no es propio de una dama- te comento severamente
-No me importa- le respondiste ya cansada –sabes, fue un grato placer "platicar contigo"- remarcaste las últimas palabras –pero me largo, yo misma encontrare el camino
-¿Problemas con la señorita?- se unió una voz mas a donde estaban.
El hombre que había llegado mantenía una sonrisa en su rostro, se encontraba frente a ti. Era casi de la misma altura que el rubio, de cabellos cortos y castaños, piel bronceada y lindas facciones. Aunque su mirada era diferente, parecía que había mucha sabiduría detrás de ese joven rostro, casi como la de Shion. En ti nació un sentimiento, parecido al que te infundía Shion… calma y la relativa seguridad de que con él estarías a salvo
-Maestro- comento aquel joven que se puso de pie, aun con los ojos cerrados
-¿Te dio problemas Shaka?- pregunto el hombre que había llegado, la forma en la que hizo la pregunta te hizo reír, algo burlona
-No maestro. Solo que es un poco… inquieta- respondió, aquel hombre rio con fuerza -Intente que meditara, pero como le digo maestro, la paciencia es un don que aun le falta por desarrollar.
-¡Que don ni que nada!- pensaste mientras lo observabas fijamente
-Señorita mía- te hablo aquel hombre -¿Qué fue lo que hizo para sacar de concentración al hombre mas calmado del Santuario?
-Solo le pedí que me dijera por donde regresar- respondiste aun molesta –pero nunca me dijo nada claro- aquel hombre volvió a reír de nuevo
-Pero que señorita tan traviesa- respondió –venga conmigo… yo Dhoko la llevare de nuevo a sus aposentos para que descanse un poco y este lista para la noche
-Como sea- respondiste mientras caminabas unos pasos adelante aun molesta, acción que provoco que la risa de Dhoko aumentara
-Por favor señorita, espere- te llamo feliz de la vida –Shion me va a matar si llega sin mi, ya se deshizo de sus doncellas
-Yo no fui- respondiste –las asusto Saga- respondiste, luego callaste al saber que habías metido las cuatro patas, Dhoko te observo y luego volvió a reír
-Mira que Saga, siempre tan delicado- comento –ademas de escapártele a Aldebarán, el pobre estaba bien preocupado- comento para seguir riendo
-Es que se tardo y yo me desespere y pues…
-Como dijo Shaka… la paciencia hija mía, no es algo tuyo- te dijo para continuar riendo, en esta ocasión tu lo acompañaste.
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Cuando llegaste no esperaste a que Shion te recibiera entre sus brazos, analizando que estuvieras bien. Tal parece que se había enterado de que te habías literalmente escapado de tus doncellas y de uno de sus soldados. pediste disculpas y te dedicaste a contar que te habías perdido y que la culpa no había sido de las doncellas ni de Aldebarán. Pareció entenderlo, Dhoko se burlaba de Shion quien se podía apreciar que se había preocupado a mas de dos kilómetros.
-Vamos Shion, estaba dentro del Santuario- escuchaste que le dijo Aldebarán mientras caminaba detrás de ti y del Patriarca quien te llevaba a tu habitación posando sus manos sobre tus hombros –no le iba a pasar nada, no es culpa de ella que sea curiosa
-Por eso mismo no quiero que ande sola, pudo haberse lastimado- comento Shion
-O perdido- respondió Dhoko haciendo que recordaras el incidente de hacia minutos atrás
Shion te dejo y aviso que volvería por ti cuando fuera el momento. Te rogo que no salieras de ahí hasta que el mismo viniera por ti. Los ojos de él no te dejaron otra opción mas que obedecer. Te diste otro baño rápido y cambiaste tus ropas.
En la cama había otro vestido, diferente al que habías dejado o al menos eso parecía. Aunque preferiste usar unas mallas que te llegaban un poco más arriba de la rodilla y una blusa celeste algo holgada la cual amarraste con un cinturón a tu cintura… optaste que no lo usarías y dejaste solo la blusa. Te colocaste las botas haciendo un dobladillo para que quedaran por debajo de tus rodillas y cepillaste tu cabello. Ya después buscarías un lugar para lavar tus cambios pues era el último que tenias que estaba limpio.
Esperaste por unas horas o eso te pareció, pues estabas sola, encerrada y no había nada que te llamara la atención, claro… el libro que te había dado Shion. Te acostaste en la cama y lo buscaste en la mochila. Lo abriste en la primera pagina la cual decía…..
¡No tenias la menor idea de lo que esta escrito ahí! ¡Todo estaba en griego!
Suspiraste pesadamente… si se suponía que eras Athena, ¿porque diantres no entendías nada de lo que había escrito ahí? Hojeaste todo el libro, esperando a que la Divina Providencia te iluminara y que de un momento a otro el libro se volviera entendible para ti. Después de unos minutos dejaste el libro encima de tu cabeza, no habías entendido nada mas que Alpha y Omega… y eso no ayudaba mucho.
Unos toques de nuevo se hicieron presentes en tu habitación, te incorporaste y no fue necesario que dijeras algo, en la entrada de la puerta se encontraba Shion, esperando por ti. Te alisaste de nuevo el cabello y saliste disparada hacia donde se encontraba.
-¿De nuevo el vestido no fue de su agrado?- te pregunto paternalmente
-Es que no soy muy fan de los vestidos- respondiste sinceramente –pero si quiere me cambio rapidito…
-Si se siente mas cómoda así, entonces no se lo ponga- caminaron por el largo pasillo que de repente había aumentado de longitud, te encontrabas nerviosa y eso Shion lo había notado –no pasa nada princesa- te llamo –vera que las personas que va a conocer son de la mayor confianza.
Asentiste mientras te dejaba cerca de donde se encontraba aquella sala que ibas a pisar por tercera vez en el día. Miraste por una de las ventanas y la noche ya se había asomado. Escuchaste como si una formación se hubiera hecho presente, eso aumento tus ansias y nervios.
Shion se asomo de nuevo y te tendió la mano para presentarte por fin a aquellas personas que supuestamente eran tu Orden.
-Caballeros Dorados, ante ustedes… La Diosa Athena- te presento mientras te colocaba frente a ellos.
¿Qué fue lo que te sorprendió? Que en el momento en que te presentaron ante ellos como Athena habían colocado sonoramente su puño en el lado izquierdo de su pecho donde originalmente se encuentra el corazón, habían agachado su cabeza mientras te recitaban "Diosa Athena".
Eso no había sido. Lo mas seguro era que se encontraban revestidos por armaduras doradas, podías apostar tu vida a que eran de oro puro y no solo se encontraban cubiertas de pintura. Ademas… esas capas blancas los hacían verse como grandes guerreros, príncipes de batallas ancestrales.
No era nada de eso… lo que en verdad te había sorprendido era el rostro de aquellos que habías conocido en la tarde y con los que habías estado platicando amenamente… bueno, con casi todos… quitando al rubio que te había hecho la tarde de cuadritos. Mü, Camus y Milo también se encontraba ahí, serios, con porte y elegancia… todos… excepto Kanon.
El no vestía una armadura como los otros, en cambio las ropas que llevaba le hacían verse igual de imponente que el resto de sus compañeros… parecía un rey de la mitología que no era intimidado por nadie, se alzaba orgulloso y vanidoso.
Cada armadura era distinta a la otra, pero aun así parecían llenas de un inmenso poder.
-Permítame presentárselos Princesa- hablo Shion mientras aun permanecías en silencio –de derecha hacia la izquierda…
-Mü… Aldebarán… Saga y Kanon- comenzaste
-Ángelo- respondió Shion mientras habías callado y continuo con las personas que habías olvidado -Aioria, Shaka y Dhoko…- te comento
-Milo- interrumpiste, el nombrado solo te sonrió al igual que el Patriarca, al ver que habías callado continuo
-Aioros y Shura- te comento mientras estos te miraban con una sonrisa que correspondiste
–Camus y Afrodita- terminaste mientras los nombrados te sonreían.
-¿Ya los conocía?- te pregunto mientras te observaba
-En la tarde cuando salí a caminar y pues anduve por ahí….- y hasta ahí te quedaste.
Esa había sido la razón por la cual habían sido tan ambles contigo, bueno… al menos la mayoría de ellos te habían tratado bien. Porque ellos ya sabían que eras la supuesta rencarnación de la dichosa diosa. Tu sonrisa se borro de tu rostro, muy en el fondo te sentías mal, te habían hablado por obligación y no porque les habías agradado.
-¿Se encuentra bien princesa?- te pregunto Shion, en ese momento te diste cuenta de que tu mirada había viajado hacia el suelo
-¿Qué?- susurraste
-¿Se siente mal señora?- insistió Shion, levantaste la mirada encontrándote con aquellos jóvenes que te observaban fijamente
-Estoy bien Shion… no me pasa nada- respondiste tratando de que tu voz no sonara triste o melancólica
-¿Hay algo que le moleste?- volvió a insistir, en ese momento llego una de las doncellas diciendo algo que de nuevo no entendiste
-Eso es lo que aun me molesta. No entiendo nada Shion- trataste de bromear pero tu animo te traiciono
-Es hora de cenar- te dijo
-No tengo hambre Shion- respondiste –prefiero ir a mi habitación a descansar un poco
-No ha comido desde que llego y no voy a permitir que la princesa se valla a la cama sin probar alimento
-Pero de verdad…
-Nada de peros- te dijo serio
-Esta bien- respondiste derrotada.
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El lugar al que te llevaron era un salón que se encontraba a lado de la Sala Principal o así te habían dicho que se llamaba. La mesa que se encontraba ahí estaba cubierta por un mantel blanco, milagrosamente no había nada rojo ahí… claro, hasta que estuviste mas cerca y viste una ligera banda roja que pasaba por el centro de la mesa. Suspiraste.
Todos los jóvenes caballeros se acomodaron en las sillas correspondientes, esperaste a que tomaran asiento, así que caminaste hacia una de las grandes ventanas para esperar tranquilamente
-¿Señorita Athena?- te volvió a llamar Shion, ya te estabas acostumbrado a ese nombre -¿No va a tomar asiento?
-Si- respondiste caminando hacia la mesa –solo quiero ver que asiento va a quedar libre
-El asiento que le corresponde es a la cabeza- te comento mientras te llevaba a tu asiento, a tu lado derecho estaba Kanon mientras que al izquierdo se encontraba Milo, frente a ti, en el otro extremo estaba Shion. Todos de pie frente a su silla, esperando por ti.
-¿Ya me siento?- preguntaste mientras Shion asentía, en el momento en que te acomodaste, Kanon y Shion tomaron asiento y casi después el resto.
Los alimentos comenzaron a ser servidos mientras las doncellas caminaban de un lado al otro dejando la comida y sirviendo las bebidas. Shion dio orden para comenzar a comer y todos lo hicieron de inmediato, miraste tu plato, se veía apetitoso y tomaste el tenedor para probarlo.
Muy sabroso, aunque eso no abrió tu apetito. No supiste cuanto paso hasta que decidiste picar de nuevo el guiso y darte cuenta de que un poco de sal no le haría mal. Trataste te tomarla pero te fue imposible
-Que demonios…- pensaste al ver como esta se movía ligeramente, escapando de tu mano -¿un fantasma?- imaginaste y trataste de tomarla de nuevo, pero la sal volvió a escapar de tus manos
-¿Pasa algo?- te pregunto Kanon con una sonrisa
-La sal se mueve- dijiste como si fuera lo mas lógico del mundo -¿eres tu?
-Yo no tengo el poder de la telequinesis- te respondió
Miraste a tu alrededor hasta toparte con unos ojos lilas conocidos para ti… Mü te sonrió mientras la sal aun escapaba de tus manos, involuntariamente la sonrisa que había desaparecido de tus labios se volvió a dibujar en tu rostro. Después de un tiempo, lograste capturar la sal y condimentar tu cena
-Athena- te llamo Saga que se encontraba un tanto alejado de la mesa
-Si- respondiste de mejor humor
-Bueno…
-Dice Saga que si ya le va a explicar lo que quiso decir en la tarde- termino de explicar Kanon
-¿Explicar lo de la tarde?- repetiste hasta que llego a ti la palabra mencionada en la platica –Bullyng- llamaste la atención de todos –quiere decir que Saga creía que estaban abusando de mi de manera física
-¡¿Qué quien estaba abusando de Athena?!- pregunto alarmado Milo
-Nadie, solo que Saga pensó que las doncellas habían abusado de mi…
-¡Y fueron unas mujeres!- comento igual de alarmado
-Milo por favor, serénate- escuchaste que le ordeno Camus
-¡Pero querían abusar de Athena! ¡Y unas mujeres!- continuo -¡Santidad, haga algo al respecto!- pidió
-No se lo que estas pensando, pero no es eso Milo- le comentaste mientras sentías que los colores subían a tu rostro
-¡¿Qué le hicieron señora?!- continuo
-Milo de Escorpio- escuchaste que lo llamo Shion –Tranquilízate y termina de cenar
-Y deja de imaginar cosas- intervino Kanon –quien estuvo ahí fuimos Saga y yo, tu no viste nada
-Son unos acosadores- comento Camus mientras seguía comiendo tranquilamente
-Lo dice uno de mis secuestradores- susurraste llamando la atención de él
-Al menos lo acepto- te respondió seguro de él mismo
-Athena fue abusada por unas doncellas, hay que cambiarlas de inmediato- te diste cuenta de que Milo aun seguía en sus pensamientos
-Shion, cambia a Milo de lugar- le pediste mientras que el resto de los caballeros mirada con pena al pobre muchacho que aun no salía de su shock.
