Hola a todos! ¿Cómo les va el clima? Acá ya con el friazo y la lluvia

Gracias de nuevo por sus comentarios a todas y cada una de las lectoras, bueno, les traigo el nuevo capitulo. Creo que este es un poco aburridon, bueno así lo sentí yo… si les aburre me dicen. Bueno, les dejo leer y ahí me comentan si les agrada o no.

~ 1 ~

Miraste de nuevo el cielo que se encontraba despejado, el suave pasto que se encontrada debajo de tu cuerpo relajaba un poco tu cansado cuerpo. Tratabas que la respiración volviera a su ritmo natural. No hacías mucho, pero nunca en tu vida pensaste que unas simples prácticas para aprender a controlar el tan fastidioso Cosmo fuera tan agotador.

Dos meses y medio… suspiraste ante ese pensamiento, nunca pensaste que el tiempo correría tan rápido mientras estuviste ahí. Tanteaste con la mano y tomaste tu celular, miraste la pantalla y abriste los ojos con la sorpresa que habías encontrado. Después de tanto tiempo habías encontrado señal, de inmediato marcaste el numero del celular de tu mamá y esperaste a que la llamara saliera, sonreíste triunfante al observar que la llamada se encontraba en proceso.

-Lo sentimos… su saldo se ha agotado. Le recomendamos realizar una recarga…

Te quedaste fría… escuchando el sonido intermitente de la llamada fallida, te dejaste caer de nuevo en el pasto. Desde que habías llegado no habías puesto un pie fuera del Santuario, no te aburrías pero estar siempre en el mismo lugar no era algo que te gustara mucho. Terminaste tu entrenamiento en el momento en que unas doncellas habían llegado a tu lado. Las seguiste de regreso a donde habías pasado todos estos días. Tu entendimiento del griego iba mejorando de poco a poco, Shion había resultado ser un gran maestro. Te llevaron hasta la entrada del Salón Principal, abriste la puerta pero no había nadie ahí, así que te encaminaste hasta el despacho principal.

-Shion- lo llamaste en el momento en que abriste la puerta -¿Me llamabas?

-Pase princesa- te dijo, te encaminaste hasta quedar frente al escritorio- comenzaremos con la lección de hoy

-Esta bien- respondiste

Cada tercer día de la semana Shion te daba clases para que aprendieras cada una de las constelaciones. Como Athena, tu deber era el saber cada una de las estrellas del cielo, cada constelación y su estrella guardiana, ademas de las relaciones entre los dioses.

-Su Orden Dorada se encuentra bajo la protección de las doce constelaciones que orbitan alrededor del sol y que se separan a razón de un mes- te comenzó a explicar mientras ponías atención o eso tratabas, la mariposa que volaba afuera había llamado tu atención -¿Señorita?

-Si Shion- respondiste de inmediato

-¿Cuáles son las constelaciones que orbitan con el sol?- te pregunto

-¿La de los dorados?- respondiste a modo de pregunta

-Preste atención por favor- dijo mientras se ponía de pie y se dirigía hacia la pared. Una parte se encontraba cubierta por una pequeña cortina para variar… roja. Detrás de ella había una pizarra algo manchada debido a las contables escrituras que se escribían y borraban.

-Shion- lo llamaste –¿Los chicos están regidos por los signos del Zodiaco?

-Así son conocidos por las demás personas- te respondió –La respuesta correcta es que están bajo la protección de las doce constelaciones.

La explicación fue algo pesada, demasiada información como para poder estar prestando toda la atención posible. Las estrellas de Antares y Spica eran las que mas recordabas… pero a que constelación pertenecían, bueno… con mas estudio en un futuro la podrías descubrir.

-¿Mü y Shura?- te pregunto Shion mientras mirabas al techo jugando con un lápiz entre tus manos

-Mü es el caballero de Aries y Shura el de Capricornio- respondiste tranquilamente

-¿Saga, Afrodita y Milo?- insistió mientras él te veía fijamente

-Géminis, Piscis y Escorpión- respondiste mientras alzabas el lápiz que se te había caído al suelo

-¿Aioros, Aioria, Aldebarán y Camus?

-Leo… este… Acuario- pensaste muy bien la respuesta, pero se te había olvidado con tanto nombre –creo que Aldebarán es de Cáncer y Camus de… ¿Libra?

-Incorrecto señora- te recrimino Shion –por eso le digo que ponga atención

-¿Por qué para Kanon y Saga solo hay una armadura?- preguntaste tomando desprevenido a Shion

-¿Por qué pregunta eso?- te respondió

-Pues… porque la primera vez que vi a todos, pues estaban usando una armadura que creo pesa el doble de lo que ellos pesan y pues… Kanon no estaba usando mas que un simple traje…. Muy bonito por cierto- le respondiste tratando de hacerte entender

-Bueno… lo que pasa es… ¿Cómo se lo explico?- te comento mientras sonreías al ver a Shion nervioso pues siempre se encontraba tan tranquilo –vera señorita Athena.. lo que pasa es que solo hay una armadura de Géminis y se le otorgar a aquel que pasa la prueba

-Entonces… ¿Kanon no paso la prueba?- preguntaste

-No es eso, es que…

-Déjalo así Shion- le pediste mientras ampliabas tu sonrisa –algún día lo entenderé.

-Señorita- te respondió a modo de satisfacción –de verdad que su curiosidad no conoce los limites

-Algo así…

En ese momento fueron interrumpidos, tres soldados se habían presentado frente a Shion, mostrando una reverencia, en el momento en que observaron que te encontrabas ahí se arrodillaron. Te despediste de Shion y de las personas que habían llegado y te encaminaste a tu habitación la cual al final pasaste de largo, optando mejor por tomar un baño y relajarte un poco más.

.

.

Te secaste el cabello después de haberte bañado muy rápido pues la corriente de aire que aun no sabias de donde provenía te hacia temblar de frio. Te encaminaste hacia el balcón y miraste… nada más que tierra árida y seca, mas adelante se podía ver el pequeño pueblo de Rodorio, tu vista se desvió a la derecha de tu gran habitación, ahí… de pie, dentro de un enorme armario de madera y puerta de cristal se encontraba un cetro. El Cetro de Nike, el cual siempre acompañaba a Athena en todas las batallas y en su día a día. Te acercaste a él y abriste la delgada puerta traslucida, posaste tu mano sobre el cetro y trataste de sacarlo de ahí, pero como siempre… te fue imposible, demasiado pesado para que pudieras tomarlo incluso con ambas manos.

-Maldición- susurraste, cerraste fuertemente la puerta y te encaminaste hasta tu cama.

Cepillaste tus largos cabellos y los amarraste con una simple trenza. Caminaste entre los pasillos de aquel sitio con el cual ya te encontrabas familiarizada, aun no del todo, pero los primeros pasillos te los sabias de memoria. Te quedaste quieta al escuchar unas voces resonar hacia donde te dirigías.

-Lo se, pero cuando llegamos se encontraba con la chiquilla esa- escuchaste que le comentaba un soldado al grupo con el que estaba

-¿Estaba Athena?- pregunto uno de ellos

-Así es, pero no tiene nada de especial- continuo diciendo y de nuevo afinaste tu oído lo mas que pudiste –los rumores que se esparcen por todo el Santuario son ciertos- completo

-¿De que no es la autentica diosa?- comento el otro

-De que es Athena es Athena… pero no siento nada en especial, incluso el caballero mas débil de la orden es mas poderoso que esa mocosa

-¿Cómo podemos estar seguros que esa mocosa es Athena?- pregunto otro

-El Maestro no permitiría que nadie usurpara el lugar de la diosa, incluso creo que la esta entrenando el mismo para que pueda despertar el Cosmo

-Tan débil y patética- comento uno de ellos a modo de burla mientras los demás se comenzaban a reír –yo que los caballeros Dorados no la protegería. No es digna ni siquiera de dirigirle la palabra

Las voces se comenzaron a perder entre los pasillos, te quedaste ahí, aun escondida tratando de regular tu respiración, te encontrabas molesta. Era lo mismo que habías estado escuchando desde que habías llegado a ese lugar, no había un día en el que caminaras entre los pasillos y escucharas ese tipo de comentarios hacia tu persona, optabas por decirle a Shion… informarle todo lo que ellos decían a tus espaldas, no lo hiciste… no por temor de lo que le pasara a ellos, por ti que los mandara a trabajar el triple, lo hacías para no colocarte como alguien que no fuera capaz de hacer nada sin tener a nadie que te ayudara.

No te ibas a doblar tan fácilmente, no ahora que ya casi estabas resignándote a quedarte ahí, porque no veías por donde salir de ahí y mucho menos tenias fecha para regresar con tu familia. Caminaste hacia un salón que estaba a unos metros de donde te encontrabas aun escondida. Cuando llegaste pasaste de largo al guardia, uno de los que se dedicaban a hablar a tus espaldas. Entraste a una gran biblioteca que tenia cientos de libros.

Buscaste no mas de media hora y no encontraste nada, así que mejor optaste por volver a tu habitación a matar el tiempo o de perdido a tratar de pasar el siguiente nivel en el PSP que habías encontrado en una de las bolsas que tenia tu mochila.

-¿Athena?- te llamo una voz conocida para ti, cuando miraste hacia atrás en tu rostro se dibujo una gran sonrisa

-¡Camus!- lo saludaste mientras te acercabas -¿Cómo estas? Ya tenia mucho rato que no te veía- le reclamaste

-Lamento mucho haberla dejado sola todo este tiempo- te comento mientras te regalaba una de sus sonrisas que tanto habías extrañado

-¿Fuiste a un trabajo?- le pregustaste pues se encontraba vestido con aquella armadura dorada mientras su capa se movía ligeramente cuando hacia algún movimiento

-Así es- te respondió –un trabajo que me encargo el Santo Maestro ¿Qué es lo que esta haciendo aquí?

-Buscando un libro- le comentaste, él te observo fijamente –un diccionario, pero no lo encontré y andar buscando en todo el salón, como que no me da ánimos

-¿Por qué no la ayudaste?- le pregunto al guardia que se puso tenso al escuchar el tono de voz de Camus

-Yo señor… lo que paso es que… no puedo dejar la guardia- respondió tembloroso

-Camus… ¿tu no tienes un diccionario que me prestes?- le preguntaste tratando de salvar la pobre vida de aquel hombre, aunque muy dentro de ti sabias que se lo merecía

-Tengo que realizar un trabajo mas- te respondió mientras te ofrecía su brazo para escoltarte de nuevo hacia tu habitación –después yo mismo le llevare el libro que desea, mientras tanto le pido por favor que se quede dentro de su habitación

-Ok- respondiste desganada mientras caminabas con él

.

.

~ 2 ~

.

.

Mirabas el libro mientras hacías unos apuntes en unas hojas que le habías pedido a Shion. El libro se encontraba abierto en la pagina en la que te habías quedado desde hacia tres días atrás, 5 capítulos traducidos, no completos pero si lo que te pareció lo mas importante

-Athe… Athena- susurraste mientras leías sin ayuda del diccionario que te había llevado Camus –bueno.. al menos ya se unas palabras de memoria- te dedicaste a tratar de traducir aquellas palabras que aun no entendías por completo –Las penalidades de Athena- comprendiste después de haber traducido –se ve interesante…

Único capitulo que tradujiste de principio a fin… pensaste que tal vez seria una manera de que pudieras comprender mejor lo que significaba o mejor dicho…lo que tendrías que pasar si algún día… (muy lejano por cierto, que era como lo veías) llegabas a despertar como la diosa de la guerra justa.

-Athena es el ejemplo mas grande de amor y sacrificio de la era- leíste con el pensamiento –junto con sus guardianes custodian la paz del mundo

Suspiraste y leíste por encima toda la historia que no te pareció en nada importante y te detuviste en una hoja en especial.

-Las penalidades que tuvo que pasar Athena desde la época del mito han sido grandes, dolorosas pero al final siempre sale victoriosa- seguiste leyendo en voz baja –Ofrecida al mar para calmar la tempestad… ¿Qué esa no fue Andrómeda?- te preguntaste a ti misma, decidiste continuar con tu lectura –pasar por lagunas de fuego y desafiar a la misma muerte. Las enredaderas de espinos sobre su cuerpo, las caricias de los rayos no fueron nada en comparación a la prueba mas dolorosa que tuvo que enfrentar Athena…. Anda… todo era lindo hasta que me topo con todo esto –comentaste a la nada -¿Por qué no pueden ser personas normalitas?

Continuaste leyendo mientras pasabas hojas tras hojas, miraste las hojas regadas en la cama, hasta que un pedazo de lectura te sorprendió, lo leíste y releíste hasta que comprendiste lo que quería decir.

"Pasar sobre todos sus guardianes para remarcar dos cosas: que ella era la diosa Athena que había bajado para ayudar a los humanos a enfrentar la furia de cada uno de los dioses, moriría por ellos y pelearía por ellos, por esos humanos que le habían enseñado lo que significaba el amor"- releíste en voz alta mientras tratabas de acomodar la idea que en tu mente se había formado

"La segunda para poder despertar por completo el poder que había dentro de ella y enfrentarse sin temor a las adversidades que se aproximaban sin pausa. Con manos desnudas y vestida con un manto semejante a las hojas de los arboles se alzo victoriosa de cada prueba de los hombres guerreros

.

.

Caminaste de un lado hacia el otro en tu habitación. Tomabas de nuevo las hojas que habían sobre llamado tu atención. Las releíste una y otra vez.

-Si lo que pienso es cierto… significa que…- pensaste un momento –bueno, tengo que tomarlo con calma.

Te sentaste en el piso y seguiste traduciendo el resto de las páginas que faltaban. Un día y medio mas paso, solo salías para lo mas básico… bañarte, comer junto con Shion pues los caballeros dorados no se habían presentado desde aquella cena de bienvenida, Shion te había comentado que solo se reunían para comer así cuando él los llamaba o había algo que festejar, como en esa ocasión. Ademas de seguir con tu entrenamiento que te había impuesto para el despertar de tu Cosmo, el cual lo hacías con toda la fe del mundo, pues si era cierto lo que habías pensado te serviría mucho.

-Oye Shion- le llamaste después de terminar la clase de estrellas guardianas de cada uno de los caballeros -¿tienes algo acerca de las técnicas de los dorados?

-¿Para que la necesita?- te pregunto mientras se quedaba de pie

-Pues para…- los nervios te estaban traicionado, como decirle que lo querías para poder confirmar los ataques mencionados en aquel libro –Como diosa tengo que saber la debilidad y la fortaleza de cada ataque

Se encamino hacia un estante en donde había varios pergaminos enrollados, miro con determinación y de entre todos ellos tomo dos rollos, los cuales te entrego con una sonrisa

-Aquí puede encontrar todo lo que necesita- te comento mientras los tomabas, esos rollos pesaban un poco mas de lo que imaginabas –Con dedicación y esfuerzo todas sus dudas serán respondidas

-¿Por qué nadie aquí puede hablar de una manera simple para una mortal como yo?- le preguntaste fingiendo molestia, agradeciste y saliste de ahí con ambos rollos.

Te encaminaste de inmediato a tu habitación corriendo por todos los pasillos, en cuanto llegaste desenrollaste el rollo y lo dejaste en el suelo. Mucha información… demasiada para tu gusto. Miraste y trataste de obtener toda la información que te pudiera servir… apuntes en varias hojas, algunas pegadas en la pared.

-Listo- susurraste –ahora… solo espero que salga como yo planeo- comentaste a la luna la cual se asomaba por tu ventana en ese noche, una luna mas grande de que habías visto desde que habías llegado.

.

.

Te dejaste caer en el suelo piedroso… te encontrabas al limite. Pero al menos tu plan había funcionado. Le habías entregado los rollos a Shion después de haberlos leído mas de tres veces, asegurándote de que no se te hubiera pasado absolutamente nada. Te pusiste de pie y regresaste al Salón Principal… miraste las escaleras que tenias que subir todos los días, pero nunca las habías odiado tanto como ese día en el que sentías que las piernas te temblaban. Entrenar con Marín y Shaina era algo con lo que apenas podías y solo era para aprender a controlar mejor tu Cosmo… que seria de ti si se te requiriera que aprendieras a pelear cuerpo a cuerpo… de seguro esas dos ya te hubieran matado.

Descansaste tu cabeza en la orilla de aquel lugar en el que siempre te bañabas, miraste fijamente el techo de aquel sitio y pensaste en cada una de las posibilidades de volver a tu vida anterior, solo había una y de eso dependía tu plan, un plan que era una hoja de doble filo.

.

.

~ 3 ~

.

.

Subiste tu pantalón por tercera vez en lo que te dedicabas a buscar tu cinturón. No podías llegar tarde a la cena que le habías pedido a Shion que hiciera. Cepillaste tus cabellos y los amarraste en una coleta alta.

Tomaste tus hojas y las llevaste contigo hacia la cena en donde se encontraban ya todos y cada uno de los Caballeros de la Orden Dorada. Se veían algo extraños, pues verlos sin armadura te resultaba algo extrañamente familiar. Ropas sencillas griegas de la antigüedad, cada uno de ellos se encontraban en un pequeño grupo en especial, Milo y Camus parecían llevarse bien como siempre, Afrodita y Ángelo se encontraban en una esquina alejados de los demás, Kanon y Saga se encontraban hablando con Shura y Aioros, Aioria se había acercado a donde Milo se encontraba, Aldebarán hablaba mientras que Mü sonreía y Shaka se encontraba apoyado en la pared como siempre, con sus ojos cerrados. Aun no se habían percatado de tu presencia.

Las doncellas se encontraban acomodando la mesa, sirviendo la comida y las bebidas, ajenas a las personas que se encontraban en ese lugar. Caminaste unos pasos, adentrándote en el comedor principal, pero ellos ni en cuenta de que les estabas mirando.

Las risas aumentaban en algunos grupos, en otros se formaban discusiones que divertían a las personas que estaban con ellos. A simple vista parecían personas normales de no mas de veinti tantos años. Acomodaste un mecho detrás de una de tu oreja mientras te acercabas a dejar los papeles a la mesa.

-¿Qué falta de respeto es esa?- escuchaste una voz muy familiar para ti

-Patriarca- escuchaste que de inmediato respondieron mientras se formaban

-La señora Athena aquí frente a ustedes y ni una muestra de respeto- regaño a las personas que se encontraban ahí

-Con todo el respeto Patriarca- escuchaste que llamo Shaka –es muy difícil saber cuando Athena se encuentra cerca, su Cosmo aun no esta desarrollado del todo

-Cuida tus palabras Shaka- escuchaste que reclamo Shion

-Déjalo Shion- interviniste –Shaka tiene razón, pero no estamos aquí para que los regañes- continuaste –mejor vamos a cenar todos juntos

-Señorita- te susurro Shion

-Bueno, si Athena dice que es hora de cenar, entonces cenaremos- escuchaste a Dhoko mientras se dedicaba a tomar asiento en la mesa –Anden chicos, con confianza que la señorita ya nos dio el permiso de comer

-Dhoko….- escuchaste que susurro Shion

-Rápido niños, a comer que se enfría

La forma en la que hablaba Dhoko siempre te hacia reír, era como si todo le pareciera simple, sin ningún contratiempo. Todos y cada uno de los dorados tomaron asiento después de que tu lo hiciste, Shion había hecho que Dhoko se pusiera de pie, aunque eso no impidió que dejara la pierna de pollo que muy feliz estaba devorando.

.

.

-Supe que todos se convirtieron en guardianes dorados muy jóvenes- dijiste para romper el hielo de la cena –son increíbles

-La verdad… es que si- te respondió Aioria mientras sorbía de su copa de vino

-Tu maestro fue tu hermano Aioros… ¿verdad?- le comentaste

-Así que se hizo fan mía y ahora sabe todos mis secretos- te respondió mientras te reías ante su respuesta

-Claro que no- le dijiste mientras introducías un pedazo de carne en tu boca

-Ha investigado muy bien señora Athena- te comento Dhoko mientras seguía devorando su cena

-Sé que Mü, Aldebarán, Milo, Camus, Aioria, Afrodita y Ángelo obtuvieron su armadura a los 7 años de edad- comentaste mientras tomabas un poco de jugo –Aioros y Saga a la edad de los 9… creo que Shura también la obtuvo a los 7 y Shaka a los 6 años

-Valla que no ha perdido el tiempo en balde- te comento Aldebarán mientras bebía su segundo tarro de vino

-¿Por qué Aldebarán tiene tarro?- pensaste mientras asentías –Como no tengo nada que hacer, pues me pongo a leer- retomaste la palabra -Shaka resulto ser el mas vivo de todos, mira que convertirse en caballero a los 6 años, ya tenia mucho talento- comentaste

-Gracias Athena- te respondió –fue algo muy sencillo para mi- te dijo lleno de orgullo mientras sonreías al haber acertado en un halago para el rubio

-Ay si… fue muy sencillo- escuchaste que Milo lo repitió a modo de burla –claro, como no sale de su templo a vivir la vida, por eso le fue sencillo

-Me alejo de esos pensamientos absurdos- escuchaste que le respondió

-Amargado- contrataco Milo

-Paren ya niños- ordeno Dhoko mientras cesaban tu entretenimiento

Pensaste en decir tus pensamientos que se encontraban dentro de tu mente desde hacia días atrás. ¿Qué seria lo que ellos pensarían? La pregunta quedaba en el aire, habías pasado una buena cena, entretenida con el comportamiento de cada uno de ellos, unos hablando mas que otros, pero al fin y al cabo la cena había sido amena. No era que no apreciaras cenar a solas con Shion pero el estar rodeaba de varias personas mas, casi de tu edad hacia la cena aun mas divertida, pero ahora… había llegado el momento en que el motivo de la cena tendría que ser revelado.

-Chicos- llamaste -¿me podrían poner un poco de atención?- pediste. En ese momento el silencio se hizo presente en la sala. No había ninguna clase de ruido, todos se habían callado, esperando pacientemente a que continuaras.

-Señorita- te llamo Shion al observar que te habías quedado en silencio, sin haber dicho nada –Díganos por favor.

-Si… lo que… bueno…- tartamudeaste, pues las miradas habían recaído en ti y pues eso te había dudar un poco

-Athena- te llamo Dhoko -¿pasa algo malo?- pregunto dejando su lado juguetón para ponerse serio

-Bueno… se me ocurrió algo…- dijiste mientras te parabas de la mesa y comenzabas a caminar unos pasos para alejarte de ahí

-Continúe princesa- te animo Shion

-Se supone que soy Athena…

-De nuevo con lo mismo- te interrumpió Milo

-Pensé que ya habíamos hablado de eso Athena- te dijo Camus

-Si lo se…- respondiste mientras comenzabas a caminar de un extremo del comedor a otro

-¿Por qué tan nerviosa Athena?- te pregunto Aioria mientras se reía de ti –ya se que soy guapo, pero no es para que haga una tormenta en un vaso de agua

-¡Aioria!- gritaste en conjunto con Aioros, Saga y Shura

-¡¿Qué?!- se excuso, lo ignoraste de inmediato para retomar tu punto de vista

-Bueno… quiero afrontar la prueba de Athena, la que hizo cuando bajo a la tierra y peleo por primera vez contra los dioses

Lo dijiste tan rápido que no supiste si te habían llegado a entender y esa era la razón por la que en ese momento te miraban fijamente o porque no creían las palabras que habían salido de tus labios temblorosos… tu mirada se desvió hacia donde se encontraba Shaka… incluso él había abierto los ojos… así que lo mas seguro era la segunda opción por la que se habían quedado en shock.

.

.

-No- te respondió seriamente Shion mientras te observaba fijamente

-Pero…

-¡Nada de peros!- te dijo en voz alta, te habías sorprendido, pues desde que habías llegado nunca te había hablado de esa manera

-Athena, hija mía…- te llamo Dhoko, observaste que Shion suspiro y oculto su rostro entre sus manos que mantenía apoyadas en la mesa -¿Por qué quieres hacer eso?

-Lo leí en un libro que me dio Shion cuando llegue- respondiste en voz baja

-¿Qué libro le diste Shion?- le pregunto mientras el mencionado aun seguía con su rostro oculto -¿Shion?

-Nada- escuchaste que le respondió, era la primera vez que lo escuchas furioso

-Athena- te volvió a llamar Dhoko

-Es que ya estoy harta- respondiste tratando de exponer tu punto de vista –todos los días, desde que llegue me he topado con personas que lo único que hacen es hablar mal de mi… que si soy una chiquilla, que no hago nada, que no soy Athena, que esto, que el otro… sencillamente ya me tienen cansada

-¿Quién la ha estado insultando?- te pregunto Shura, el primero que había hablado después de tu gran declaración

-No importa, lo que pasa…

-Con todo el respeto Athena… claro que importa- te dijo el español –nadie puede hablar mal de la diosa Athena ni siquiera entre nosotros se nos perdonaría una ofensa como tal

-El punto es que… deseo hacer esa prueba. La que la Athena de la edad mitológica hizo… enfrentar a sus guardianes para probar que ella era una persona digna de confianza- te excusaste

-Es digna de confianza- te dijo Mascara de Muerte que se apoyaba tranquilamente en la silla –los demás no importan, ninguno de nosotros tiene problema con eso y si le molestan esos tipos… los eliminamos y ya quedo

-Cáncer- llamo Dhoko, el nombrado ignoro la llamada de atención

-Gracias, supongo- respondiste, no entendías como pensaba Ángelo –a mi si me importa… así que hay dos opciones…

-Athena…- te volvió a llamar Dhoko esperando a que continuaras

-O me dejan hacer la prueba o me largo de aquí- amenazaste

-No sabe hablar griego- te respondió Aioria quien se había mantenido callado

-Y no tiene dinero- le apoyo Milo

-Trabajo y me largo- respondiste –no tengo miedo a trabajar.

-Tiene agallas- comento Aldebarán

-Desde que me entregaste el cetro de Nike… no lo he podido tomar con las manos Shion, es demasiado pesado para mi- te dirigiste solo a él

-Cuando aprenda a controlar su Cosmo podrá hacerlo- te respondió mientras te miraba seriamente

-¡Pero he entrenado! ¡Incluso Marín y Shaina me han ayudada y hasta ahora no lo puedo sostener!- respondiste elevando la voz

-Mi respuesta es no

-¡Shion!- gritaste

-¡Ya le dije que no!- te respondió furioso -¡No voy a permitir que se ponga en peligro únicamente porque los comentarios alrededor de usted la molestan! ¡No voy a cambiar de opinión! ¡¿Entendió?!

Lo miraste fijamente, un par de lágrimas de coraje e impotencia resbalaron en tu rostro, la única manera en la que definitivamente ibas a probarle a los demás y a ti misma que eras Athena… pero tu plan había fallado. Shion, la personas mas calmada que habías conocido, aquella persona que había hecho todo lo posible para que te sintieras cómoda era la única persona que no te entendía en ese momento.

-¡Quiero hacerlo!- volviste a pedir mientras las lagrimas de coraje seguían resbalando en tu rostro, los Caballeros solo te observaban sin decir nada

-¡Ya le dije que no! ¡Es mi palabra final!- te volvió a gritar, en verdad se encontraba furioso -¡Regrese a sus aposentos y no salga a menos que le autorice!

-¡¿Entonces para que demonios me trajeron?! ¡Yo me encontraba muy feliz con la vida que llevaba!- respondiste furiosa -¡Ojala nunca me hubieran traído aquí! ¡Ojala nunca los hubiera conocido!

Después de haber gritado todo lo que sentías, todo lo que habías estado guardado conforme los días avanzaban te regresaste a tu habitación. Cuando llegaste te comenzaste a desvestir arrojando la ropa con mucha furia al suelo, te dejaste caer al suelo y comenzaste a golpearlo, los sollozos que habías contenido salieron en el momento en que te diste cuenta de que te encontrabas sola…

Sola en esa habitación… sola en un país que no conocías…. Sola en un lugar donde nadie te conocía, donde nadie te apreciaba… sola, porque así era como habías estado desde que habías llegado. Sola.