Declaración: Los personajes de esta historia pertenece a sus respectivas autoras (Kyōko Mizuki e Yumiko Igarashi). Me encontraba terminando Psico cuando mi mente comenzó a jugar con un mundo de posibilidades. Ya saben, escrito por y para esparcimiento.


Ojos color mar

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By Gissa A. Graham

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Capítulo 4: Nueva York


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El mar, sólo veía mar a su alrededor, otra vez se encontraba en un barco cruzando el imponente Atlántico, claro que las dimensiones de éste no se comparaban, ni en velocidad ni en tamaño con aquel en el que navego tiempo atrás, éste era la mitad de tamaño que el Mauretania donde ya había realizado aquella travesía, en esa ocasión quería reunirse con su madre, pero ahora, iba en busca de una oportunidad para encontrar su camino, no tenía planeado que fuera así, en ese momento, pero después de la estúpida trampa en la que cayó en el establo todo lo adelantó. Él sólo iba a dejar a Teodoro, su yegua, después de cabalgar un poco esa tarde, y ese par de niñitas idiotas le tendieron esa trampa tanta simple para atraparlo, tan estúpidamente simple que no se creía. Sin embargo no les resultó, claro ¿cómo si él se dejará atrapar? Lo único que consiguieron fue darle la excusa perfecta perfecta para hacer ese viaje, para decidirse a ir a América, a Nueva York, a Broadway.

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~Flash Back ~

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Ya era tarde, las clases hace tiempo que había llegado a su fin, pero sobre aquella colina aún se podían ver a un par de estudiantes, un castaño y una pelinegra, para fortuna de ellos, él se escabullía muy bien por todos lados, por su parte ella era tan tímida que pasaba desapercibida por todo mundo, hasta por las monjas, ese parecía ser su camuflaje, sin embargo siempre hay alguien a quien le importamos por lo que nota todos tus movimientos, en el caso de la muchacha ese alguien era su novio, con el cual ya llevaba casi un año juntos, por ello cuando él partió a estudiar al Real Colegio San Pablo ella lo siguió, no obstante ahora la chica no se hallaba en esa colina con su novio sino con otro joven completamente distinto, y realmente no era que el joven inglés estuviese mínimamente interesado en ella, era simplemente que ella lo seguía, buscándolo por todos lados para poder platicar con él. En un principio Terrence la ignoro, le molesto sentirse acosado, luego no le cayó tan mal, al final se dijo que si ya tenía un amigo, no sería tan malo ahora tener a una amiga, por eso, y sólo por esa razón es que conversaba con Annie alguna que otra tarde.

Después de un rato de platica la joven partió hacia el dormitorio de chicas despidiéndose con un simple "Hasta luego Terry." El mencionado por su parte sólo asintió con la cabeza para recostarse sobre el pasto pasando un brazo bajo su cabeza a forma de almohada. Casi de inmediato otro joven, que había visto juntos a la pareja de estudiantes, se acercó para sentarse junto al castaño tendido sobre el pasto.

—Como que ya te he visto varias veces con Annie¿no lo crees?

—Sólo sigo tu consejo –dijo Terrence restándole interés—, hago amigos.

—¿Seguro que sólo amigos? –con una sonrisa burlona le preguntó Anthony.

—Es novia de tu primo ¿no es cierto? –aclaró sin darle mayor importancia–,y aunque no me lleve del todo bien con él, no me metería con su novia.

—Sí, es la novia de Archie, y cada vez que se da cuenta de que hablan te odia más.

—Ella habla, yo escucho, eso es todo.

—¿Quieres decir que tú nunca pláticas, que te limitas a escuchar? –ingenuo pregunto.

—De hecho es así–confirmó.

—¿Cómo? ¿Sino te interesa porque tanta platica?

—¿Tanta? Sólo han sido como cuatro veces, que se yo –volvió a denotar su auténtica falta de interés en el tema.

—Eres tú, eso es demasiado –bromeó el rubio.

Terry comenzó a reír acomodándose para sentarse.

—Sabes no es mi tipo, demasiado tímida, suenan muy divertidas sus historias eso es todo –dijo aún sonriendo.

—¿Annie, divertida? ¿Qué, te platica de sus clases de piano?, ¿de cómo le va en "Modales"? –Anthony cada vez se interesaba más por esa extraña amistad–. La conozco desde hace como cinco años, o más, y nunca he visto nada divertido en ella. A parte de una que otra caída por estar viendo a Archie.

—¿Cómo que desde hace cinco años? –esa aseveración llamó la atención de Terry.

—Sí, los Brigthon son amigos de la familia desde que llegaron a Chicago hace como diez, eso dice la Tía abuela. ¿Por qué te asombra?, ¿qué no te cuenta todo?

—Haber dime esto, ¿De casualidad alguna vez has visto a Annie trepar un árbol o lanzar una cuerda? –preguntó intrigado pues la pelinegro le había contado otros datos.

—Jajajaja –el rubio no pudo evitar carcajear– ¿Annie?, jajaja, con lo tímida y controlada que es. Primero su madre la cuelga antes de dejar que haga algo tan poco femenino.

Terrence se puso más serio, esa chica al parecer le estuvo contando cosas falsas, pues en definitiva confiaba mucho más en la palabra de Brown.

—¿Y Annie, siempre ha sido hija de sus padres? –Anthony lo miro extrañado– ¿Quiero decir que sino vivía antes con otros parientes?

—No sé si antes vivía con alguien más, pero desde que ella tiene seis, que sus padres llegaron a Chicago, vive con ellos.

El castaño se levantó muy enojado maldiciendo y diciendo otras vulgaridades propias de los barrios bajos ingleses, al tiempo que negaba con la cabeza.

—Por eso soy como soy, por eso prefiero no tener amigos y mejor cabalgar con Teodoro que perder el tiempo en pláticas idiotas –le molestó de sobremanera pensar que se había dejar engañar por una jovencita hipócrita.

—Terry ¿que te pasa? –también de un salto el rubio se levantó algo contrariado por la actitud de su amigo.

—Pasa, que esa niñita me quería ver la cara de estúpido contándome montones de historias sobre que fue adoptada, que se sacrificó por una amiga, que ama trepar árboles y la naturaleza por el hermoso lugar que creció entre el bosque, y no sé cuánta pendejada más –el rubio no creía lo que escuchaba, esa historia se le hacía conocida– ¿Ves Tony? Por eso siempre estoy solo, y tu primo Archie mejor haría en alejarse de ella que de seguro es una más que va tras la fortuna ducal.

Después de decir aquello salió con pasó firme, no hacía su habitación sino hacia la calle, tenía que sacar su frustración en una buena pelea callejera, otra vez había confiado en la gente equivocada únicamente para que lo volvieran a defraudar, eso era lo que le molestaba, que había bajado la guardia, con Anthony funcionó pero no todas las personas eran sinceras. Se escapó del colegio como hace rato no lo hacía, fue a buscar una pelea para sacar su decepción por estar rodeado de gente hipócrita e interesada.

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~End Flash Back~

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Así fue como descubrió que Annie Brigthon sólo era una mentirosa que inventó una larga historia de orfanatos en medio de las montañas, cerca del lago Michigan, para que fueran amigos, al final ella y Eliza Legan se unieron, la primera para esperarlo con su carita de "no rompo un plato" en el establo, la segunda para llevar a las monjas hasta allá a la hora acordada, pues después de estarlo vigilando por semanas ya conocían sus hábitos.

Luego el escándalo, la pelea con Archie, ya que comenzaban a llevarse bien. La necedad de Annie por pedir a las monjas que exigieran al Duque que Terry se casara con ella por lo sucedido. El único que le creyó a Terrence fue Tony, su amigo, y un poco Stear, pero eso ya no importaba, mejor ya no estar en ese internado, ya no estar en Inglaterra, ya no ser más un Grandchester, pues ni su padre quiso apoyarlo. Bueno mejor marcharse en ahora que también rumores de guerra circulaban por Europa.

Por la lontananza del mar comenzó a aparecer la dama de cobre, la Estatua de la libertad le daba la bienvenida a Terrence Graham por segunda ocasión en menos de un año.

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Un dicho popular reza "No hay fecha que no se cumpla ni plazo que no se alcance". Eso lo tenía claro el señor Jonhson, pues ya había pasado un año desde aquella promesa que le hizo a su hija. Ya se terminaba 1914, en ese momento, sentado en su sofá festejando Navidad esos pensamientos le inundaron la cabeza. La Navidad era signo de que el Año Nuevo se veía a la vuelta de la esquina. El tiempo se había ido volando, más aún con la empezada guerra en el viejo continente, misma que llevaba ya cinco meses. Con esa noticia, él tuvo que cruzar el Atlántico para ir por todos los chicos Andley incluida la vieja Elroy.

A estas fechas ya el patriarca estaba de regreso de su viaje por Africa, había dicho un año para su presentación y se había llevado dos. A veces George sentía odiar a ese rubio irreverente que le dejaba toda la carga de trabajo a él. Pero por algo le pagaban tan bien, de eso no podía quejarse, por eso él y su hija podían darse una buena vida. Y ahora ella quería estudiar para trabajar. No es que fuera malo, sólo que en la sociedad que él se movía por su relación con los Andley no veían con buenos ojos a una mujer con expectativas de independencia.

Él que había crecido en ese ambiente tan ácido donde todo era criticado, sabía que Candy sufriría de las más tremendas críticas, que si la tía abuela antes no la aceptaba, una vez que se enterase de como su hija tenía todas las intenciones de trabajar menos lo haría. Y su rubia que seguía pensando en el joven Brown, y viceversa. Por eso le pidió un año, todo ese tiempo trato que desistiera de querer estudiar enfermería, pero tan necia como era y con las ganas de ayudar al prójimo que siempre tenía, por supuesto que nunca se retractó de su decisión.

Los jóvenes Andley ya tenían cinco meses en Chicago, y comenzarían sus estudios universitarios pronto, el tiempo para el esperado reencuentro se acercaba, bueno, por lo menos tenía la certeza de que Albert estaría del lado de ellos y apoyaría lo que Anthony quisiera, y George sabia que ese chico quería buscar a Candy puesto que otra vez lo había interrogado hasta el cansancio, como su hija lo había interrogado sobre el rubio.

—«Bueno mejor a tranquilizarme que ya cruzare ese puente cuando llegue el momento».

Se dijo así mismo el pelinegro al momento de ver como Candy intercambiaba regalos con los empleados, otra vez George Johnson sonreía, gesto que en los últimos dos años había adoptado como lo más natural, era cada día más feliz con esa vida a la que ya estaba irremediablemente acostumbrado.

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Invierno, y en Nueva York, eso era igual a frío intenso, como aborrecía ese clima, en Londres jamás había pasado por un invierno tan crudo, tal vez de niño cuando vivió precisamente en este país norteamericano, pero de eso tanto años que ¿cómo recordarlo? Además de esa época del año no sólo odiaba el clima sino las estúpidas festividades, todos celebrando felices y deseando hipócritamente felicidad y buenos augurios a los demás. Él sabía cuan falso era todo eso pues para él siempre había representado lo mismo, fiestas de la aristocracia, reuniones sociales donde convivía con gente, que si bien había visto toda su vida londinense, nunca le habían caído bien como él a ellos tampoco, pues todos en el fondo sospechaban que él era un bastardo y de tal manera era tratado.

Pero en esta ocasión, sí tenía algo para celebrar, esta Navidad había sido benévola, muy benévola con Terrence Graham, ese año había renunciado por fin a su apellido paterno que le pesaba como plomo, había dejado ese insulso internado en el cuál vivió por al rededor de ocho años y lo mejor, ya estaba realizando su sueño, ser actor, después de seis meses en aquel país, de estar tocando puertas logró que lo aceptarán en una compañía, no era muy grande, apenas comenzaba a ganar fama con obras shakesperianas, pero ¿qué importancia tenía aquello si ya se encontraba adentro?, claro que casi era un adorno más sobre el escenario, y que su sueldo era peor que el que tenía como lavaplatos o camarero, o ayudante de cocina, sin embargo esos tres empleos anteriores eran los que le habían colocado los pies sobre la tierra, los que lograron lo que un colegio religioso no pudo, enseñarle algo de humildad; con esos empleos donde él era el que servía y no al revés comprendió lo mucho que utilizó el glorioso apellido de su padre para hacer y deshacer cuanto quiso, que su rebeldía valía un sorbete ante su nueva vida, su nueva realidad, supo lo que era ganarse el pan y la vivienda día a día, lo que que costaba ahorrar un poco de dinero.

En un comienzo también odio sólo poder obtener esos empleos, pero era más su orgullo de seguir con capital y así no tener que pedir ayuda a nadie, de saber que él solo había logrado todo, luego tanto su orgullo como su odio cedieron ante la idea de quedarse sin techo y comida, de nunca poder encontrar trabajo de actor, pues finalmente no tenía ni estudios, ni experiencia en ese ramo. Así que aceptó lo que tenía a la mano y que a la vez le permitía tiempo para buscar camino en la actuación. Fue de tal manera que comenzó a tocar puertas de teatros. Lo mejor que consiguió por un tiempo fue que un actor muy veterano le diera unas cuantas clases, además de que fue lo único que pudo pagar, empero aprendió a desplazarse, a modular su voz, a gesticular.

Como plus extra, además de permitirle ahorrar una considerable cantidad de dinero, su experiencia en el restaurante le sirvió para dos cosas más, obtener alimento gratis y aprender a cocinar, algo que necesitaba mucho pues le ayudaba ahorrar gastos, y claro a no morir autointoxicado, además le gusto cocinar por lo que lo hacía bastante bien, lástima que no tenía con quién compartirlo. Sólo tenía dos amigos, Albert, el empleado del zoológico que le ayudó en una pelea callejera allá en Londres y del cual ya no sabía nada, y Tony, Anthony, con el cual se escribía esporádicamente desde que él regresó a Chicago. De amigas y novias prefería apartarse, después de lo de la joven Brigthon no deseaba saber absolutamente nada al respecto, no obstante.

—Hola Terry, otra vez fumando sólo en la azotea.

«Otra vez preguntando lo obvio niñita» –primero pensó eso para luego amable responder— Sí, me gusta estar solo Susie.

—Sí, la vista es muy linda desde acá.

—«Eres tan predecible que ni un apodo decente se me ocurre para ti» –sin ánimos de platicar pregunto– ¿A que viniste?

—Ah, si, Robert quiere verte, está preguntando por ti.

—Muchas gracias.

—Oye, pero tal vez…quieras platicar –eso último lo dijo en un susurro pues Terrence tan pronto escucho que era buscado se dio vuelta, aventó su cigarro y se fue–. Siempre tan esquivo.

La chica suspiro resignada, Terry tenía poco de haber entrado a la compañía Stratford, Susana Marlowe era la joven que subió a buscarlo, no por encargo sino por qué sabía dónde encontrarlo y era una oportunidad para hablarle, ella misma se califica como la afortunada en ser la primera en verlo, pues le abrió la puerta cuando toco, por esa insignificancia ya creía ser la dueña del muy apuesto inglés, lo seguía a todos lados, intentaba hacerle platica, que se diera cuenta de su existencia, cosa que hasta el momento no conseguía, aunque en la mente loca de la rubia ella pensaba, entre otras absurdeces,

«Él siempre me dice Susie, bueno casi todos me dicen así, pero él es nuevo seguramente lo hace con otras intenciones.»

La realidad, Terrence la trataba con mucha condescendencia por creerla como una niñita a la que tenían que explicarle con cuidado las cosas, pues en más de una ocasión la atrapado mirándolo con la vista perdida y sin comprender lo que él le decía, entonces era amable para resolver el problema pronto, luego le cortaba la platica y seguía con lo suyo. Era obvio que a la chica le interesaba él, como también era obvio que él siempre le rehuía. Todos en la compañía notaban ese juego del gato y el ratón, Susana buscándolo por doquier, mientras que Terrence intentaba pasar desapercibido.

En un comienzo hasta cómico podía parecer aquello, luego fue cansado, después fastidioso, esta llegar al punto de ser fastidioso trabajar con ella, así que sencillamente él siguió siendo amable y nada más, él creyó que así podría seguir por un tiempo indefinido sólo enfocándose en su actuación pues Terry iba escalando a paso lento pero seguro en esa pequeña compañía que cada día obtenía más renombre al igual que él y por nada perdería esa oportunidad ya que los papeles pequeños llagaron, dejó de ser casi parte de la utilería para entrar verdaderamente en escena.

Un año completo le tomó hasta que logró que su rostro apareciera en los afiches publicitarios, su papel era de únicamente dos escenas, al principio y al final, pero había llamado tanto la atención, sobretodo entre las féminas que, no sólo lo incluían en el cartel sino que su sueldo aumento. Lo malo, Susana también era participe de ese reparto. El creía que sólo tendría que aguantarla un poco más, sí había soportado ocho años de internado y cinco de hermana Grey, Susana era nada en comparación.

Imperfectamente nada es como se planea, con su primer protagónico, también llegó la tragedia a su vida, con lo que Susana no se iría tan fácil de su lado como él deseaba.

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Continuará…

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Gracias por perderse en mis letras.

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De mis letras:

El siguiente por fin es el encuentro, ya ansiaba escribirlo. Me encantaría publicar más capítulos seguidos pero los voy subiendo conforme los escribo.

Gracias por estar presente de una forma u otra y por regalarme de su tiempo: Guest, Guest 2, Dora, Skarllet Northman, Sol Grandchester, Eli, Vane W. G., Vialsi, Anmoncer1708, Angy–uchiha, Becky7024, M, Solsiere, Dianley y Maquig.

Nos leemos.