Iba a comenzar con otro episodio diferente, pero ya que mi compu esta con el síndrome de "pantalla a punto de salir la niña del aro" pues mejor subir este capitulo antes de que la envíen a reparación y no pueda publicar. Gracias a todos y pues… a ver que les parece este cap. Ahí me dicen lo que les parecio… ahora si, a leer. ;)

Miraste por el balcón desde donde apenas se podía observar que el cielo se estaba comenzando a aclarar, las pocas estrellas que aun se encontraban en el firmamento estaban amenazando con desaparecer. Te adentraste de nuevo y te despojaste de tu camiseta la cual usabas como pijama, te colocaste un leotardo color café claro y después un pantalón rosado pálido… ni loca usarías el traje como lo usaban las amazonas, te daba vergüenza que te vieran así, ademas de que no querías andar como si usaras los calzones por fuera. Amarraste la pañoleta que Marín te había dado a tu cadera. Te colocaste unos sencillos guantes que te había dado Shaina… ahora si no tenías duda de que eran de piel.

-¿Cómo diablos se pone esto?- te preguntaste cuando no supiste colocarte las hombreras junto con el peto que cubría tus pechos.

-Déjeme que la ayude- escuchaste que te hablo Shion, quien se encontraba en el marco de la entrada de tu habitación

-Es que no puedo- le dijiste mientras tomo aquella protección y te la coloco muy fácilmente

-¿Esta segura aun de seguir con esto?- te pregunto mientras ajustaba bien la protección, firme pero que no te molestara

-Si- le respondiste claramente. En tu voz había un deje de nervios que pudiste ocultar perfectamente

-Si esa es su decisión, no tengo opción alguna que obedecer sus ordenes diosa mía- te dijo con voz preocupada, no dijiste nada y terminaste de colocarte las zapatillas que te había prestado Marín –será acompañada por Kanon a la primera casa, después de que salga victoriosa se dirigirá de inmediato a la casa que sigue, en ese momento será escoltada por el caballero que acaba de vencer

-No quiero- le respondiste

-Es una orden Athena- te respondió de manera severa –el caballero dorado y Kanon la acompañaran casa por casa- te miro fijamente, sabias que aun faltaba algo por decir –en caso de que su vida corra peligro Kanon intervendrá sin tener que esperar por su consentimiento

Ya no dijiste nada mas, solo escuchaste esa última advertencia. Shion te quito de las manos aquellas zapatillas con un pequeño tacón, colocándote unas zapatillas de piso la cual comenzó a entrelazar entre tus piernas hasta que termino por colocártelas. Te encamino hacia la Sala del Trono Principal… cuantas veces habías estado ahí y ese día… esa mañana, la sentías tan ajena a ti. En ese sitio se encontraba Kanon, vestido como la primera vez que lo viste, con esas ropas que lo hacia ver como un soldado cualquiera. Camisa manga corta azul, pantalón beige y las mismas zapatillas que estabas utilizando… aunque pudiste ver que no se encontraba esperándote con esa sonrisa de siempre, no… se encontraba serio, ansioso… preocupado.

Salieron de ahí y se encaminaron hacia el pasillo que los llevaría directo al jardín que siempre visitabas, de ahí caminaron unos paso mas, el tramo se te hizo enorme, parecía que estabas caminando kilómetros y kilómetros… a tu lado Kanon no hacia el camino mas sencillo, el silencio estaba incomodándote demasiado. Las personas que se encontraban ahí, cada uno de los soldado que había madrugado te observaban insistentemente, viéndote como si fueras algo extraño.

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~ 2 ~

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Se detuvieron frente a las escaleras que te llevarían a la primera casa. Kanon aun permanecía detrás de ti, esperando a que comenzaras con la tarea que te habías impuesto. Respiraste profundamente mientras comenzabas a dar los primeros pasos hacia Aries. Miraste el cielo, aun no pasaban de las 6:30 de la mañana… las escaleras que se intercalaban entre si eran pequeñas y estrechas.

-Sabe que no es necesario que lo haga- te comento Kanon casi llegando a la mitad del camino

-Sabes que si- le respondiste

-Apenas esta subiendo las escaleras y ya se encuentra agitada- te comento

-Solo estoy fuera de forma- le respondiste y se quedaron callados de nuevo por un momento hasta que volviste a cortar ese silencio –si esta es la manera en la que les voy a demostrar no solo a ti, ni a los dorados… incluso a los otros… si de verdad soy Athena… entonces no habrá problema alguno

-Yo siempre la he visto como la diosa que se nos encomendó cuidar- te dijo mientras seguían subiendo las escaleras, el templo de Aries se comenzó a ver en tu plano de vista

-Y te lo agradezco Kanon- le respondiste –pero aun así, tengo que hacerlo

Ya no hablaron mas y continuaron subiendo el resto de las escaleras. El templo de Aries se alzaba majestuoso, lleno de poderío, te intimidaba el solo ver la fachada por fuera, ya te imaginabas como se sentían las personas que llegaban a ese lugar. Tus nervios aumentaron y sentiste que tu respiración se comenzó a agitar, sabiendo claramente que no era por haber subido tanto escalón.

Kanon se detuvo, dejando que subieras los 5 escalones que te darían el acceso al templo del carnero. Caminaste llena de confianza y decidida a entrar a donde se encontraba el primer caballero

-Athena… ¿se encuentra bien?- te pregunto Kanon que de inmediato se acercó a donde estabas

-Si… solo que olvide…- susurraste mientras posabas tus manos sobre tu rostro

-¿Cómo pudo olvidar que la defensa de Aries es el Muro de Cristal?- te pregunto tratando con todas sus fuerzas no reírse, pues aun seguías sentada en el suelo

-Déjame…- le susurraste molesta y avergonzada. Sentías que tu nariz ardía, claro el golpe te lo habías dado de lleno.

Te pusiste de pie con la poca dignidad que aun te quedaba, claro... ibas decidida al todo por el todo y que te das de lleno con una pared invisible. Analizaste el lugar por el que se extendía, miraste a Kanon quien te había sonreído por primera vez, te lleno de paz… regresaste a la tarea que te habías impuesto. Pasaste la mano sobre aquella muralla, cerraste los ojos los cuales abriste de inmediato pues un repique fuerte se dejo escuchar, buscaste con la mirada y te encontraste con una gran torre la cual era la primera vez que la veías. Unas llamas se comenzaron a encender dentro de aquella torre.

-Es el reloj de la torre- te dijo Kanon – el Maestro Shion le ha puesto un tiempo limite- continuo explicándote, callaste para que siguiera – tiene doce horas para poder pasar por cada una de las casas

-Genial- susurraste –ahora hasta tiempo me ponen

Volviste a concentrarte en tu tarea y lo sentiste… había un punto que se encontraba a unos metros a tu derecha… el punto mas débil de aquella técnica, si lo deshacía podrías pasar la primera prueba.

Te encaminaste hacia ese sitio y encendiste tu Cosmo lo mas alto que pudiste, poco a poco la pared se comenzó a desestabilizar, pronto comenzó a ondear y amenazaba con romperse. Después de unos largos minutos lo lograste, el estallido de esa pared se asemejo a un cristal rompiéndose en mil pedazos, claro que también te empujo hacia el suelo. Te pusiste de pie y te adentraste a aquel templo que se encontraba aun oscuro, apenas iluminado por unas cuantas luces de velas.

-¡Mü de Aries!- gritaste al no verlo cerca -¡Caballero Dorado de Aries! ¡Aparece frente a mi y ponme a prueba!- exigiste de inmediato.

Unos pasos comenzaron a resonar dentro de aquel templo con pilares a donde volteabas, piso de mármol perfectamente liso y encerado. Frente a ti, poco a poco la imagen de Mü se comenzó a presentar, vestido con su imponente armadura de carnero dorado y su capa blanca que se movía ligeramente al compás de sus pasos, su casco lo mantenía bajo su brazo izquierdo.

-Mü de Aries, a su servicio diosa mía- te respondió mientras se arrodillaba ante ti

-Deja de hacer eso Mü- le respondiste seriamente –sabes a lo que vine

-A enfrentarme, señora mía- te dijo mientras se ponía de pie y se colocaba el casco sobre su cabeza –a pasado la primera prueba, pero veo que eso no es suficiente para usted- te dijo –entonces señora Athena… tendrá que enfrentarse a mi técnica mas poderosa… La Revolución Estelar

-Lo se- susurraste –ya lo había investigado- tragaste pesadamente la saliva que sentías se había acumulado en tu boca

-Aunque…- te hablo Mü –no es necesario que lo haga mi señora. Desde el momento en que la vi por primera vez supe que era usted la diosa que se nos había encargado traer a este lugar…

-Te diré lo mismo que le acabo de decir a Kanon- le interrumpiste –yo no me sentiré en paz hasta saber que lo que dicen es verdad. Anda, lanza tu ataque mas poderoso contra mi que yo seré capaz de atraparlo con mis manos y destruirlo

Mü suspiro, te diste cuenta de que para él, la prueba que te habías autoimpuesto se había convertido en su carga. Se alejó a unos metros de ti, el templo en el que te encontrabas era enorme y amplio. Se detuvo y se coloco su casco, te miro por ultima vez y viste que movió sus labios, susurrando unas palabras que no habías podido entender.

Te preparaste y comenzaste a encender tu Cosmo, tal y como te lo había estado mostrando Marín, Shaina y sobre todo Shion. La base de todo era la concentración, dejar de pensar y solo dedicarte a sentir lo que había a tu alrededor. Abriste los ojos y miraste fijamente a Mü. Un profundo miedo te invadió en el momento en que levanto ambos brazos y apuntaba directamente hacia ti. Una pequeña bola de luz se formo en sus palmas abiertas y salió disparada hacia ti, te tomo desapercibida, recibiste el golpe sin siquiera meter las manos, saliste disparada hacia atrás, casi a la entrada de la casa de Aries.

-¡Athena!- escuchaste que tanto Kanon como Mü habían gritado y se acercaban a paso veloz hacia ti

-¡Déjenme!- detuviste la carrera de ambos con un grito -¡no se acerquen a mi!

-Pero…- susurro Mü

-Ella tiene razón- te apoyo Kanon mientras te incorporabas una vez mas y comenzabas a caminar hacia el interior de la casa –si la ayudamos en cada momento, no podrá ser capaz de pasar la prueba que ella misma se a impuesto

-Athena- volvió a llamarte Mü

-Vuelve a tu lugar Mü y atácame cuantas veces sea necesario- le ordenaste mientras caminabas de nuevo al lugar al que estabas antes de salir volando por el ataque de tu caballero –solo una oportunidad… una solo oportunidad y te mostrare que puedo sostener tu poder mas fuerte en la palma de mis manos

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Volviste a salir disparada, tu cuerpo se estrello contra la pared de fuerte y duro mármol. Suspiraste cansada, las gotas de su sudor resbalan por todo tu rostro y cuello para perderse en el inicio de tu poco escote. Jadeaste en busca de aire, te encontrabas agotada y eso que aun no pasabas de la primera casa. Te incorporaste de nuevo… ya no sabias cuantas veces habías salido disparada por el poder de Mü.

-Por favor señorita Athena- te hablo Aries –ríndase ya y desista de esta locura

-No- volviste a susurrar –aun no… ya casi, solo unos intentos mas… solo… un poco mas y… seré capaz

-Por favor… ya mostro valentía y determinación- trato de persuadirte

-¿Verdad que lo viste Kanon?- trataste de buscar apoyo en el hombre que solo se había dedicado a esperar a que terminaras -¿verdad que lo tuve en mis manos y luego salí volando?

-Si… por uno momento señorita- te apoyo después de unos minutos de silencio

-Ahora Aries- volviste a encararte con el caballero –una vez mas y en esta ocasión podre tomarlo entre mis manos

Mü volvió a suspirar e hizo lo que le habías ordenado. Volvió a atacarte y de nuevo saliste disparada unos metros hacia atrás, volviste a ponerte de pie… una y otra vez mas. El ataque de Mü era demasiado poderoso, por mas que hacías arder tu Cosmo no podías, sabias que estabas a punto de hacerlo solo era cuestión de tiempo. Después…. Después de tanto tiempo perdido en ese lugar lo hiciste… después de haber caído 7 veces mas lo pudiste hacer… entre tus manos se encontraba aquella esfera de energía que Mü se había estado encargando de lanzarte.

-¿Y ahora que hago?- pensaste mientras tratabas de mantener bajo control aquella energía que parecía tener vida propia, queriendo escapar de tus manos

El poder de esa energía aumentaba al igual que tu ansiedad. Estabas comenzado a retroceder paso a paso, la presión en tus brazos estaba aumentado, sabias que si no te deshacías de eso ibas a salir perdiendo, con la poca energía que te quedaba la arrojaste hacia uno de los pilares que se encontraba a lado de Mü que solo se había dedicado a observar lo que estabas haciendo. La esfera paso a escasos centímetros del rostro del guardián de Aries quien se quedo sorprendido.

Caíste de rodillas mientras recuperabas el aire que habías perdido, las gotas de sudor caían de tu rostro hacia ese suelo limpio. Sentías que tus manos ardían al igual que alguna que otra parte de tu cuerpo, limpiaste tu sudor de la frente con tu brazo, Kanon se acerco a ti ofreciéndote un pañuelo

-Gracias- le dijiste mientras limpiabas tu rostro –ya viste… lo hice Kanon

-Si señorita- te dijo mientras te sonreía y te ofrecía la mano para que te pusieras de pie, apenas lo conseguiste, las piernas te temblaban

-¿Cuánto me tarde?- preguntaste recordando la Torre de Fuego

-57 minutos- te respondió seriamente

-Vamos a redondearlo a una hora- le comentaste mientras trabas de caminar dos pasos sin tratar de caer al suelo

-Señorita- llamo Mü tu atención, cuando miraste a verlo lo encontraste arrodillado ante ti dejando su casco en el suelo –perdóneme por haber levantado la mano en su contra.

-Lo hiciste porque te lo ordene- le respondiste mientras comenzabas a caminar hacia la salida –luego hablamos, tengo que acabar con esto antes de doce horas

-¿Aun piensa seguir con esto?- te pregunto alarmado

-Nunca dije que esta era la primera y la ultima prueba Mü- comentaste –anda Kanon… que llegaremos a la segunda casa después de media hora si nos seguimos quedando aquí

-A la orden señorita- te respondió.

Saliste de ahí apoyándote en Kanon, solo para mantener el equilibrio y recuperar un poco las fuerzas. Mas escaleras… pensaste cuando llegaste al principio del segundo sendero que comenzaba al salir de Aries.

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~ 3 ~

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Mü no había regresado a la casa que le correspondía cuidar, te habías pasado hablado con Aldebarán mas de media hora para convencerlo de lo que estabas tratando de hacer, lo siguiente que paso había sido que no habías podido hacer nada contra él.

De entre todos los caballeros, el Caballero de Tauro era el mas poderoso en cuanto a fuerza física se trataba, pero la técnica de Aldebarán era otra cosa, no era lo mismo haberlo leído a estar tratando de enfrentarlo… o mejor dicho, tratar de detenerlo con tus propias manos, las cuales sentías arder, como si estuvieran cubiertas de fuego.

-¿Se encuentra bien señorita Athena?- te pregunto aquel hombre corpulento

-Si- respondiste agitada mientras te encontrabas arrodillado en el suelo

-Yo creo señorita que seria mas sencillo que dejara esta locura y solo sentarse…

-Por supuesto que no- respondiste de inmediato

-Los caballeros que siguen son mas fuertes…- te comento mientras tratabas de ponerte de pie –crecimos juntos, fuimos separados para entrenar y ganar el derecho a la armadura que hoy llevamos puesta- te conto calmadamente mientras solo escuchabas atentamente –cada uno de nosotros sabemos quien tiene mas desarrollada sus habilidades.

-Lo se… pero…- trataste de responder –Lo se… ¿sabes realizar la Supernova Titán?- sorprendiste a todos los que se encontraban presentes -¿la sabes realizar Aldebarán? La prueba indiscutible de que eres Tauro

-No creo que sea prudente que la utilice contra usted

-Solo atácame con ella- le comentaste mientras te presentabas frente a él –así como lo hice con la Revolución Estelar, así hare lo mismo con el Supernova

-¡¿Mü?!- escuchaste que le pregunto alarmado, el caballero solo asintió en afirmación –si así lo desea señorita Athena

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Saliste disparada contra el cuerpo de Mü y Kanon, los cuales se encontraban detrás de ti a unos metros de distancia. El contacto contra la armadura de Aries y el cuerpo de Kanon solo hizo que el dolor en tu espalda aumentara un poco mas. Trataste de ponerte de pie para continuar con tu tarea. En tu mente solo había dos cosas

1.- Tratar de no gastar mas tiempo, pues la hora correspondiente a Tauro ya había pasado, no habías visto el reloj, pero algo dentro de ti lo sabia.

2.- Si lo que habías pensado era cierto… entonces…

-Solo tengo que redirigirlo hacia otro lado, una columna, una pared- pensaste mientras te encaminabas de nuevo a tu lugar –nunca seré capaz de detenerlo como la técnica de Mü, solo tengo que… concentrar mi Cosmo en los brazos… solo en esa parte, aumentarlo en esa parte de mi cuerpo…

Y hasta ahí se quedaron tus pensamientos, de nuevo saliste disparada con la técnica de Aldebarán. Una de las hombreras de tu protección se había partido a la mitad, ahora uno de tus hombros se encontraba expuesto al aire libre.

Y de nuevo, aun con tu cuerpo tambaleante, aun con pocas fuerzas… seguías de pie, eras demasiado orgullosa como para darte por vencida cuando ya ibas en la segunda casa.

-A pesar de ser una diosa, aun es una niña señorita Athena- te dijo Aldebarán, en ese momento recordaste todos los rumores que corrían alrededor del Santuario, todas esas palabras hirientes

-¡Solo ataca!- gritaste furiosa, tomando por sorpresa a Tauro. Él así lo hizo envinado otra esfera de luz.

Tu sangre había comenzado a hervir después de aquel comentario que había hecho Aldebarán, sin querer, había dado en el clavo y gracias a eso, tu cansancio había disminuido. Un Cosmo dorado cubrió ambos brazos, tú no lo notaste pero el resto de los presentes si. Te cubriste el rostro con tu brazo derecho, soportando el ataque y cuando menos lo pensaste… agitaste tu brazo, como si te sacudieras de algo que te molestaba, la energía salió disparada hacia la pared que se encontraba a tu derecha.

Un fuerte estruendo se dejo escuchar en todo el lugar acompañado de una gran sacudida. Una nube de polvo se dejo esparcir por aquel templo sagrado. Apenas podías mantenerte en pie, doblaste un poco tu cuerpo y apoyaste tus manos en tus rodillas tratando de regular tu respiración. Alzaste la mirada hacia el Caballero de Tauro, este se encontraba sorprendido de tu hazaña, a los pocos minutos la sonora risa del guardián se escucho en toda la casa, una sonrisa se dibujo en tu rostro.

-De verdad… en verdad eres Athena, pequeña- te dijo aun entre risas –nadie puede detener mi ataque

-Digamos que… fue un ataque de ira- respondiste mientras regulabas tu respiración –aunque me tomo mucho tiempo… ¿Kanon?- lo llamaste

-Media hora- te respondió, sonreíste al saber la respuesta, te habías sentido orgullosa de ti misma –de la siguiente llama, creo que solo le queda… unos 30 o 15 minutos de la tercera hora.

-Demonios- susurraste mientras comenzabas a caminar –me largo, Mü regresa a tú casa, Kanon… andando.

Aries y Tauro se quedaron en la salida de la segunda casa, te negaste a que te siguieran a la tercera casa, la casa de Géminis. A tu mente regreso aquello que habías investigado. El Caballero Dorado de Géminis era uno de los mas poderosos pues sus ilusiones acababan con sus oponentes antes de hacer gala de sus ataques. Sin duda alguna, seria el primero de los mas difíciles oponentes que tendrías que enfrentar. Miraste tus manos mientras seguías subiendo las escaleras a paso lento… aun te ardían, mucho.

Levantaste la mirada hacia la cima de ese segmento de la escalera, la casa se alzaba imponente, llena de poderío y de gloria, igual que las dos casas que habías dejado atrás. Kanon te seguía solo unos pasos detrás de ti, no te habías dado cuenta de que su mirada se encontraba llena de temor y angustia, le preocupaba la locura que estabas cometiendo.

-Kanon- lo llamaste –Saga… ¿es fuerte?- le preguntaste

-Si- te respondió –creo que… en mi opinión

-¿Tu también eres fuerte?- le preguntaste

-Creo que si- te volvió a responder no muy seguro de la razón de tus preguntas

-Si en realidad yo soy Athena… te prometo una cosa Kanon- él te observo sin decir nada, solo subiendo las escaleras en silencio absoluto –Te prometo que te convertiré en el Caballero Dorado de Géminis, ese es tu destino al igual que el de Saga

-Solo hay una armadura, Saga siendo el mayor…

-Yo también soy mayor que mi hermano, pero eso no tiene nada que ver- continuaste hablando –Tú y él protegerán la casa de los gemelos

-Que cosas dices Athena- te respondió mientras subían los últimos escalones

-Llegamos- susurraste cortando la platica de momento

-¿Cómo se encuentra?- te pregunto

-Bien… aun sigo viva- le respondiste mientras entrabas a la casa de los gemelos.

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-La estaba esperando- te respondió Saga en el momento en que habías pisado aquel templo, igual de hermoso que los dos anteriores –Bienvenida a la Casa de Géminis

-Saga- susurraste, el verlo con la armadura… imponente y lleno de confianza. Era muy difícil no preguntarte si ibas a salir viva de esa prueba

-Comenzaremos con su prueba señorita Athena- tu asentiste de inmediato, tratando de calmar tus nervios –Explosión de Galaxias, Otra Dimensión... dígame señorita Athena… ¿Cuál de los dos de mis ataques mas poderosos debo usar en su contra?

-Yo… bueno… yo, no…- susurraste mientras sentías que el temor invadía tu cuerpo, demasiada seriedad por parte del Caballero de Géminis.

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-¡Explosión de Galaxias!- escuchaste que resonó en todo el templo de géminis. Saliste disparada hacia una de las paredes de aquel templo. El fuerte golpe logro que te doblaras de dolor

-¡Saga!- escuchaste que grito el menor de los gemelos

-Es una prueba que la misma Athena ha elegido, no me queda mas que usar toda mi fuerza para cumplir el propósito de Athena.

-Si sigues así, lo único que harás será enterrar a Athena- le reclamo

-Calla Kanon- escuchaste que respondió, apenas lograste levantar la vista para ver que Kanon se encontraba frente a ti –Soy yo quien protege este lugar, solo yo se si la persona que se encuentra aquí es digno de pasar por esta casa para seguir con su camino, sin importar que esa persona sea la misma Athena

-¡Saga!

-Déjalo Kanon- le comentaste mientras tratabas de mantener el equilibrio –él tiene razón, este templo… le pertenece a él. Así que lo que él diga es ley

-Pero Athena…- te trato de persuadir –tengo ordenes del Maestro de terminar si esto pone en peligro su vida

-Por favor Kanon- le rogaste –no me puedo dar por vencida aun… no aun… no cuando…. Cuando se que puedo hacer algo por mi vida… algo para los demás

-Señorita- escuchaste que susurro, terminaste de quitarte las hombreras que ya se habían destrozado por completo –Comprendo

-Andando Saga- le dijiste –podemos seguir con esto, al fin y al cabo… ya no complete la tarea en doce horas

-Como pida señora- te comento

Fuiste arrastrada unos pasos hacia atrás, estabas a punto de tomar aquella técnica de Saga, lo mismo que había pasado con Mü… solo un poco más de tiempo y de esfuerzo. La esfera de energía que se encontraba en tus manos, empujándote se estaba extinguiendo, pero antes de que eso sucediera otra mas llego para empujarte unos metros hacia atrás, sentías tus manos arder, como si sostuvieras fuego.

Otra y otra mas… poco a poco Saga comenzó a atacar sin mostrar piedad alguna, la energía aumentaba más y mas, ejerciendo mas presión conforme pasaba los minutos. De un momento a otro la energía fue disminuyendo y la presión cediendo, cuando por fin la energía ceso, caíste de rodillas al suelo. Tú respiración se encontraba agitada, apoyaste las manos en el piso. Escuchaste que Saga se acercaba a ti, deteniéndose y arrodillándose para quedar a tu misma altura, se despojo del casco y con la capa que llevaba puesta limpio el sudor que adornaba tu frente.

-Levántese Athena- te dijo mientras te ofrecía la mano –una diosa nunca debe de arrodillarse ante un mortal.

-Pero…- susurraste

-De pie Athena… y camine hacia la cuarta casa, la Casa del Cangrejo Dorado

-Saga…- volviste a susurrar –yo no… no te vencí, aun no.

-Pero se ha enfrentado a mí con valentía y eso es mas que suficiente para mi

Sonreíste ante la afirmación de Saga, te ayudo a ponerte de pie. Buscaste con la mirada a Kanon quien ya se encontraba en la salida del tercer templo esperando por ti.

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-Athena… ¿puedo pasar?- te volvió a preguntar Shion por tercera vez, no respondiste, al contrario, te cubriste por completo con las sabanas

Escuchaste que volvió a golpear ligeramente, pidiendo autorización de entrar en tus aposentos. Te envolviste aun mas entre las sabanas, escuchaste que la puerta cedió, seguido de unos pasos que resonaban en tu habitación. Abriste un poco tu sabana y fue cuando viste una sombra que se proyectaba en la pared que se encontraba frente a ti.

El colchón se hundió cuando Shion tomo asiento a tu lado. Trato de quitarte la sabana pero no pudo, pues la mantenías aferrada, eso no impidió que acariciara tu cabeza de forma gentil… de manera paternal

-¿Esta dormida señora?- te pregunto, pero no respondiste -¿mi señora?- te volvió a hablar –por favor…- te rogo. Aun mantenía acariciando tu cabeza, poco a poco tu cuerpo comenzó a temblar… estabas cediendo ante la presencia de Shion

Así permaneció un tiempo, segundos… minutos, tal vez horas; no lo supiste, solo sabias que esa caricia te mantenía calmada y todo el resentimiento que sentías en contra de él se estaba esfumando por completo. Después de aquella discusión no habías salido de tu habitación en días, habías comido sola, no habías asistido ni siquiera a las clases que el mismo Shion te impartía.

-Sé que aun esta molesta- rompió el silencio de nuevo –pero compréndame que lo hago por su bien- te comenzó a explicar –tampoco me excuso de haberle gritado, pero espero que me pueda comprender- lo escuchaste suspirar –no es fácil para mi princesa haberle escuchado decir aquellas palabras tan a la ligera, sin saber lo que en realidad significan…

-Claro que lo se Shion- le respondiste mientras te quitabas la sabana que cubría tu rostro –por eso fue la razón que las dije, no fueron a la ligera, investigue todo

-Esa fue mi culpa señora- te dijo apartando su mano de tu cabeza, pues te habías acomodado a lado de él –no debí haberle facilitado aquellos papeles

-De cualquier manera los iba a conseguir- le respondiste –pero Shion… quiero que me entiendas

-He tratado de hacerlo… estoy tratando de hacerlo señora, pero entiéndame que no es sencillo- te dijo mientras acariciaba tus cabellos revueltos –he estado rodeado únicamente de varones que yo mismo los vi crecer. Es difícil para mi tratar el carácter de una mujer, sobre todo si es el de la diosa que se me ha encomendado cuidar

-Pero Shion…- susurraste mientras te dejabas apapachar

-Lo que pasa mi niña es que no puedo hacerme la idea de ponerla en peligro

-No lo haces Shion… solo que quiero ver de lo que soy capaz de hacer

-Pero lo que desea hacer es ponerse en peligro a si misma- te comenzó a explicar mientras te recostaste en las piernas de Shion, como si se tratara de tu padre, no lo pensaste, solo lo hiciste, sin saber que el Patriarca del Santuario se encontraba tranquilo ante ese gesto, reanudo sus caricias en tus cabellos –no puedo permitirle que enfrente a su orden dorada. No cuando sé que ellos pueden lastimarla, un golpe mal dado puede quitarle la vida o lastimarla gravemente

-Pero no me va a pasar nada- respondiste mientras comenzar a tranquilizarte y empezar a rendirte al sueño

-Mi hija amada- te susurro –no quiero ponerte en riesgo, tomaría mi propia vida en mis manos si le llegara a pasar algo

-No me pasara nada- apenas respondiste pues el sueño te comenzaba a vencer

-Pero si eso es lo que desea, no me queda de otra que rendirme a tus ordenes. Les ordenare a los Dorados que la pongan a prueba- te dijo mientras sonreías ante tu victoria –solo espere dos semanas mas y podrá realizarla

-Gracias Shion- apenas te escuchaste, pero parecía que Shion si lo había hecho pues te había sonreído.

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-Athena- te llamo Kanon distrayéndote de tus recuerdos de días atrás

-¿Qué paso?- respondiste

-Estamos por llegar al Templo de Cáncer…- se callo y te analizo -¿aun planea seguir con esto?

-Hasta el final- respondiste mientras caminabas para subir los cinco escalones que te daban la bienvenida al templo de Mascara de Muerte