Hola a todos! Como les va? Espero que bien, he aquí la segunda parte, espero que no me vallan a matar. Gracias a todas las que han leído y les ha gustado este fic que salió de mi loca cabecita. Ahí me dicen que les parece y si habían pronosticado lo que seguía.

Bueno sin mas… espero que les guste.

.

.

~ 1 ~

El templo del Cangrejo dorado se podía ver cada vez mas cerca, tu respiración se encontraba muy agitada y el dolor de tu cuerpo se comenzaba a hacer más notorio. En tus ojos se podía leer claramente que necesitabas que esto terminara a la de ya. Uno de tus pies te jugo un mal paso, logrando que cayeras al suelo golpeándote ya tus lastimadas rodillas

-¿Se encuentra bien Athena?- te pregunto de inmediato Kanon que se apresuro a ponerte de pie

-Solo un poco cansada- le respondiste mientras regresabas a los escalones para sentarte en ellos

-Debería de dejar esto por la paz- te comento mientras te mirada de pie –ya esta muy lastimada, no podrá llegar mas allá…

-Ya Kanon- le interrumpiste –aprecio mucho que trates de cuidarme, a pesar de que son pocos los meses en los que nos conocemos- le comentaste mientras mirabas el reloj de fuego, la quinta llama se encontraba encendida aun –así que por favor… no me digas que pare- le dijiste tratando de sonar seria

-Espere un momento aquí- te dijo después de unos minutos de silencio –iré a avisar a Cáncer

-Claro- le respondiste mientras escuchabas como subía los escalones uno por uno dejándote sola con tus pensamientos.

.

.

Dejaste salir un sonoro suspiro de cansancio y trataste de ponerte de pie pero la fuerza de tus piernas fallaron. Era de esperarse que eso sucediera, tal vez Kanon tendría un poco de razón al igual que Mü… pero solo tenían un poco, tal vez un 0.0001% de razón. Sonreíste y de nuevo trataste de levantarte ayudándote con la pared de roca que se encontraba a tu lado. Subiste lentamente las escaleras faltantes, topándote con dos personas… a simple vista parecía que estaban discutiendo, ya que las poses de Cáncer te sacaban dudas… se pasaba una de las manos sobre sus alborotados cabellos, viste como se le cayo al suelo la careta para alzarla y golpear con ella una de las columnas de aquel templo.

Observaste que Kanon trataba de controlarlo pero parecía en vano, Cáncer se encontraba demasiado… "inquieto". Se callaron cuando se percataron de que te encontrabas a escasos metros de ellos. Respirabas entrecortadamente, ese momento de descanso se había vuelto contraproducente.

-He venido Mascara de Muerte de Cáncer- le comentaste mientras caminabas hacia él

-Eso si que no- te respondió a medio camino– ¡Mire como esta!- te recrimino mientras te veía de pies a cabeza –pensé que Kanon estaba exagerando pero veo que no- continuo –así que a mi no me meta en sus asuntos

-Es una orden Cáncer- le respondiste mientras mirabas a Kanon –nadie tiene derecho de decir que es lo que voy a hacer

-¿Y si muere?- te pregunto, te quedaste callada –Mire el estado en el que se encuentra, solo por un simple capricho- te dijo mientras se encaminaba hacia la parte trasera del Templo –yo no voy a ser como los demás, mucho menos como Saga, se ve a simple vista que el Géminis barrio el suelo contigo

-Cáncer- le llamaste deteniendo su caminar -¿A dónde crees que vas?

-A descansar- te respondió

-Regresa aquí y te metes a tu templo- ordenaste

-¿Tanto así quiere morir?- te pregunto mientras detenía su andar, afinaste tu vista pudiendo notar unas pequeñas llamas azules que danzaban alrededor del cuerpo del Cangrejo Dorado. No respondiste, pues sentiste un gran temor –Si es así señora mía… sígame- te dijo mientras reanudaba su camino hacia la parte trasera del Templo.

En tu mente se había formado una pregunta… ¿Por qué llevar a cabo la prueba fuera del Templo? ¿Por qué no hacerlo como los demás?

Lo seguiste en completo silencio, miraste alrededor de la casa; no había nada, solo una pared de roca que se alzaba imponente, impidiendo ver mas allá de lo evidente, no había nada, ni una pequeña hierba que animara con su color el sendero que estaban caminando. Te deshiciste la coleta para volverla a amarrar mas fuertemente, en verdad que el camino era largo, cuando te diste cuenta se encontraba en el patio trasero de la casa de Cáncer.

-Muy bien princesa- te llamo mientras detenía su andar unos pasos alejado de ti, lo miraste fijamente –la siguiente casa es la del León… si quiere seguir con su locura tendrá que salir de aquí….

-Ah eso he venido- le respondiste mientras volvías a retomar el camino, pero frenaste en el momento en que sentiste que no te podías mover -¿Cáncer?

-Dígame princesa- te respondió mientras te veía sonriendo con burla -¿acaso no puede caminar?- te pregunto mientras veías que en tu cuerpo se había formado un aro que se comenzaba a multiplicar –Esos aros señora no se pueden romper así como así- te explico –para eso, tendrá que aumentar su Cosmo para que pueda liberarse

-¿Estas loco?- le preguntaste en voz alta –Vine a pelear no a perder el tiempo

-Claro que no- te dijo mientras caminaba hacia su Templo –el tiempo ya lo perdió, la quinta llama se va a apagar y apenas va en la casa 4. Ademas yo no peleo contra mujeres

-¡Cáncer!- grietaste al darte cuenta de que te era imposible mover siquiera tus brazos -¡quítame esto…. Ahora!

-Quíteselo usted misma- te dijo mientras tomaba asiento en sus escalones –ahí me avisa cuando lo haga

-¡Ángelo!- le volviste a reclamar

-Por cierto…- te comento tranquilamente –es Fuego Fatuo, si no se lo quita en poco tiempo pues… como le digo delicadamente….- no lo veía pero sabias que se estaba burlando de ti –ah si… si no lo destruye, quemara su alma

-¡¿Qué?!- le respondiste -¡Eso si que no!... ¡Ángelo, ven aquí y quítame esto! ¡Enfréntame como un hombre! ¡Cáncer! ¡Ángelo!

-A mi no me va a meter en sus jueguitos mentales- te dijo con burla –échele ganas que le hecho porras desde la barrera- termino de decirte mientras te dejaba haciendo berrinche y medio.

.

.

~ 2 ~

.

.

Subiste las escaleras mientras que Kanon solo se dedicaba a andar detrás de ti, por supuesto que te encontrabas aun mas cansada, pues a pesar de que con Cáncer no habías "luchado" contras su técnica mas poderosa, llamada Ondas Infernarles, si te habías cansado había sido por haber hecho explotar tu Cosmo en un solo momento, mas que por sobrevivencia, por el coraje que te había hecho pasar el guardián de cáncer, que a media prueba se había quedado dormido.

Te encontrabas tratando de concentrarte, los aros te rodeaban desde los hombros hasta los pies… sentías el ardor de ellos, pero tenias que ignorarlo, tenias que saber como salir de la pesada prueba que te había impuesto el guardián de la cuarta casa, sentiste como el dolor desapareció en un solo momento. No había nada, sentías el universo correr por todo tu ser, te sentías una con la naturaleza pero a la vez sentías que no existías, una llama se encendió dentro de ti, algo quería explotar y cuando estabas a punto de hacerlo, un sonoro ronquido te llamo la atención mandado al demonio todo aquel sentimiento.

Tu furia aumento cuando te diste cuenta de que Cáncer se encontraba dormido apoyado en una de las columnas externas de su templo, Kanon solo te vio con una profunda preocupación, pero preocupación por su compañero, de un momento a otro los aros azules que poco a poco se cerraban mas sobre tu cuerpo desaparecieron, como si una suave ráfaga de viento los hubiera extinto.

Pensaste que durante el lapso de 40 minutos que te estuviste quejando el otro se había quedado dormido.

Lo único que escuchaste después que le habías encarado era "¿ya acabo?, siga adelante, a mi déjeme dormir. Si tiene tiempo, me invita a su funeral" y sin mas… se adentro al Templo dejándote sola con un coraje de los mil demonios.

Subiste los escalones echando humo, por lo cual no te diste cuenta de que Cáncer te observo perderte en la primera curvatura de aquellos escalones que te llevaban hacia la casa de Leo, tampoco te percataste de que se encontraba molesto por no haber conseguido retenerte el resto de las horas en su Templo. Cuando ya no te vio se adentro a su Casa para esperar a que terminaras.

.

.

-¿No quiere descansar primero?- escuchaste que Aioria aun trataba de persuadirte con sus buenos modales.

-Ya párale quieres- le respondiste ya cansada -¿acaso me tienes miedo?- intentaste persuadirlo

-No caeré en su trampa princesa Athena- te dijo adornando su hermoso rostro con una sonrisa ladina, llena de confianza –Mascara de cáncer me aviso como trataría de obligarme a pelear con usted

-Mira que entrometido- susurraste mientras mantenías la vista fija en las esmeraldas del joven caballero de Leo

-Mire, mejor la invito a pasar a la parte privada de la Casa de Leo, tomamos una tacita de té o café, lo que prefiera y la acompañamos con unas galletas que le robe a Camus- te dijo mientras te empujaba hacia una parte diferente de la casa

-Se me esta acabando el tiempo- le respondiste mientras tratabas de oponer resistencia para que te llevara a ese sitio

-¿Acaso no quiere que le muestre la parte privada de Leo?- te volvió a preguntar

-No- le respondiste

-¿No sabe que todos los Templos tienen una parte privada?

-¿De verdad?- preguntaste con mucho interés y de eso Leo se había dado cuenta, pues tu curiosidad era demasiada –No lo sabia

-Claro que si- te dijo de nuevo mientras dejabas de oponer fuerza y comenzabas a caminar con tu propio paso –Tenemos una salita privada, cocina, baño, cuarto y en mi caso un cuartito de juegos

-Que padre- respondiste mientras tratabas de imaginar la parte privada del Templo del León

-Lo ve… mejor vamos a mostrarle todas las partes privadas de los templos y luego nos vamos a comer todos juntos, dejamos que Kanon haga sus deberes y…

-Saga tenia razón- le respondiste, Aioria te miro mientras detenían su paso

-¿Sobre que?- te pregunto con duda

-De algo- le respondiste mientras caminabas hacia la puerta que te llevaría hacia la parte privada de Leo

-¿Me puede decir que es ese algo?- te pregunto de nuevo, notaste que la curiosidad de Aioria estaba en aumento –Señora Athena, me dice- te ordeno

-Si tanto quieres saber- le respondiste mientras detenías tu andar, en tu rostro se formo una sonrisa traviesa, había caído en tu trampa –Saga me dijo que de entre todos los dorados eras el mas débil y por eso evitabas pelear y realizar misiones

-¡¿Qué Saga dijo que?!- escuchaste que grito Aioria, desviaste la mirada hacia Kanon que solo negó con la cabeza mientras observaste una sonrisa en su rostro, pues había entendido tu plan a la perfección -¡¿Qué va saber Saga de mi?! ¡Le podría ganar con una mano atada a mi espalda!

-¿Entonces porque te niegas a ponerme a prueba?- le preguntaste –Saga no me dejo pasar así como así, me evaluó y me dijo que tenia muchas oportunidades de pasar ilesa por todas las pruebas

-Esta bien- te respondió mientras caminaba de nuevo hacia el Templo –venga conmigo, su prueba será detener mi Colmillo Relámpago

-¿Por qué no el Plasma Relámpago?- le preguntaste mientras corrías para poder alcanzarlo –esa es la técnica mas poderosa

-¡Es mi Templo! ¡Es mi signo! ¡Son mis técnicas! ¡Yo se cual usar contra ti! ¡No me tiene que decir cual usar y cual no!- escuchaste que te decía mas que enojado, ofendido por las palabras que habías puesto en la boca de Saga

-Ya Aioria- le respondiste en voz baja mientras tratabas de soportar la risa –No te esponjes, no es para tanto.

-¡Ahora Athena!- escuchaste que te grito desde un extremo del sitio -¡Tiene que detener mi Colmillo Relámpago si quiere pasar por aquí!

-Creo que no fue una buena idea… hacerlo enojar- te susurraste a ti misma mientras sentías algo de temor naciendo desde el interior.

.

.

Habías investigado que el Plasma Relámpago de Leo era una de las técnicas mas poderosas, sino es que era la mas poderosa del repertorio del Caballero Dorado, pero ahora que sentías el Colmillo Relámpago del mismo Caballero era algo que no podía ser comparado. La fuerza con la que esta se estrellaba en tu cuerpo, la velocidad a la que salía disparada era algo que te estaba dando demasiados problemas, sin duda alguna, las técnicas de Leo eran una de las mas rápidas, ahora ya sabias por qué y también sabias que no querías enfrentarte al Plasma Relámpago de Aioria.

Se suponía que esta técnica enviaba una onda de energía en el suelo, este explotaba y servía para paralizar al enemigo, pero que saliera directamente de sus manos y se estrellara contra tu cuerpo era muy diferente.

-¿Ya tuvo suficiente Athena?- te pregunto mientras te miraba desde su lugar

-Aun no- le respondiste, tratabas de tomar aire para poder seguir intentando tomar aquellos rayos de energía en tu manos, tal y como lo habías hecho con la técnica de Mü –ya falta poquito Aioria, otro mas y lo podre detener

-Athena- te dijo mientras caminaba hacia donde te encontrabas arrodillada, en el suelo, respirando entre cortadamente –mejor deténgase y quítese esa absurda idea

-¡No!- gritaste mientras te incorporaste pero volviste caer al suelo -¡Todavía no!

-¿Por qué insiste tanto?- te pregunto cuando se arrodillo delante de ti, levantaste la mirada para encontrarte con las esmeraldas de Leo –Dígame porque insiste tanto en pasar las Doce Casas Athena

-Solo aumenta el dolor y la culpa de cada uno de los Caballeros que se tienen que enfrentar a usted- escuchaste que Kanon se había unido a los comentarios del León Dorado

-No quiero ser débil- respondiste en susurro clavando la mirada al suelo –no quiero se catalogada como una intrusa, como una inútil

-Ser una diosa….- volvió a hablar Aioria –nacer como una diosa es algo mucho mas difícil que lo que nosotros hacemos. Así que las personas que crean que no sirve para nada, que solo se encuentra perdiendo el tiempo aquí tendrán que cambiar de opinión cuando se den cuenta de lo que ha hecho

-Aja… como no- respondiste manteniendo aun la mirada en el suelo.

Sentiste de pronto un Cosmo cálido cubrir todo tu cuerpo, alzaste de nuevo la mirada y te topaste con una sorpresa, Aioria había colocado ambas manos a tu lado para comenzar a cubrirte con su propio Cosmo.

-Sera mejor que recupere un poco de fuerza para que siga adelante- fue lo único que te dijo para seguir con su tarea.

.

.

Según te había estado comentado Kanon mientras seguían subiendo las escalinatas con rumbo al Templo de Virgo, que Aioria de Leo era uno de los pocos caballeros que podía usar su Cosmo para poder minimizar el dolor y cansancio de las personas. Su Cosmo era algo curativo, pues los dolores de tu cuerpo habían cedido mucho y los raspones y heridas que en tu cuerpo se habían formado habían desaparecido.

Aunque para ser sincera aun sentías un poco de agotamiento físico. Cinco templos habías cruzado, siete templos te estaban esperando y habían pasado ya casi siete horas por lo cual únicamente te quedaban cinco llamas en todo su esplendor. Miraste el cielo que se encontraba iluminado por el sol, algo dentro de ti indicaba que el medio día ya había pasado desde hacia tiempo, aunque el tiempo… en ese momento no había palabra mas odiada que el tiempo.

¿Qué era lo que Shion quería conseguir? ¿Por qué te había impuesto un tiempo limite? ¿Qué acaso confiaba en que terminarías antes de las doce horas? Si hubieras sido criada ahí como lo habían hecho con Shaina y Marín, tal vez ya estuvieras en Acuario pero eras una simple mortal comparada con ellas.

.

.

~ 3 ~

.

.

Suspiraste cansada… estabas frente a la entrada del Templo de Virgo, miraste a Kanon quien te indico de nuevo con un gesto de su mano que te adentraras para después el seguirte, miraste de nuevo al interior del sexto templo… dejaste salir de nuevo un suspiro y por fin diste dos pasos mas para después regresar a donde te encontrabas.

No era que le tuvieras miedo a Shaka, claro que no… solo que si te había ido como en feria con Saga (contado que Saga se mostraba siempre amable contigo, claro; cuando lo veías que no era mucho) no querías saber como te iba a ir con Shaka, guardián que sabías de antemano no te apreciaba mucho y si lo hacia tenia que tener ese sentimiento guardado en el fondo pero muy en el fondo, casi en lo mas escondido de su corazón, porque como te hablaba no era algo muy lindo de su parte.

Después de darle tantas vueltas al asunto decidiste pasar a Virgo con paso apresurado, el silencio que reinaba en ese lugar era demasiado pesado, aunque algo dentro de ti te alertaba que el hombre que vigilaba ese lugar era muy fuerte, tal vez, el mas fuerte de todos los Dorados.

-Bienvenida a la Sexta Casa Athena- escuchaste una voz suave pero llena de poderío –Al Templo de Virgo

Te quedase callada, verlo de pie frente a ti mientras inclinaba su cabeza a modo de respeto no hacia que tus latidos disminuyeran, al contrario… sentiste que comenzabas a sudar y eso que aun no habías hecho nada.

-Hola Shaka- saludaste, aunque tu voz sonó entre nerviosa y temerosa

-Es mi deber como Caballero de Athena decirle que debe de dejar esta absurda prueba- te dijo mientras caminaba hacia ti –no gana nada mas que lastimar su cuerpo y dejar un profundo dolor en el corazón de los Caballeros que están aquí para protegerla

-Te lo dijo Cáncer y Leo- le respondiste

-No- te dijo seriamente –es algo que uno como Caballero ya lo sabe

-Shaka….- le llamaste, te diste cuenta de que tenia su atención puesta en ti a pesar de que aun mantenía los ojos cerrados -¿quieres mirarme por primera vez?

-¿Disculpe?- te pregunto, notaste sorpresa en su voz

-Por favor Shaka… abre los ojos- pediste amablemente, después de unos minutos que a ti te parecieron horas accedió a tu petición –Son bellos- le susurraste –tienes unos ojos muy hermosos Shaka

-Lo siento princesa- te respondió –pero creo que esa no es una manera de referirse a mi mirada

-¿Te parece mejor que te diga que están feos?- le respondiste sonriendo –claro que no Shaka, tus ojos azules… son en verdad hermosos. Destilan fuerza y seguridad en ti mismo. Ademas se asemejan a los de Shion y Dhoko

-¿En que forma?- te pregunto pues se notaba que habías dado en el clavo

-Parece que en ellos se esconde una gran sabiduría milenaria a pesar de que solo tienes unos años mas que yo ¿Por qué los mantienes cerrados?- le preguntaste la duda que te había estado rondado desde el momento en que habías llegado al Santuario, desde el momento en que lo viste

-De esta manera me concentro- te respondió, lo alentaste a que te explicara mas claro, sin tanto rodeo –Concentro todo mi Cosmo y lo libero en el momento en que abro mis ojos.

-Se dice que todo aquel que ve los ojos de Virgo se enfrenta a la muerte, por eso cuando pelean con él lo hacen con todas sus fuerzas, antes de que abra sus ojos y termine con todo- escuchaste a hablar a Kanon detrás de ti

-Ya veo- respondiste mientras mirabas fijo a Shaka –es una perdida tener tan hermosa mirada si ese es su significado… que la mirada de alguien signifique muerte no es nada mas que una perdida de tiempo

-Es para proteger la paz, esperanza, al mundo y a las personas que habitan en él, pero sobre todo… es para protegerla a usted- te dijo convencido aunque notaste que había un poco de irritación en su voz

-¿Qué ves en mi Shaka?- le preguntaste descolocándolo una vez mas -¿ves a la diosa Athena? ¿o ves a una niña?

-Yo…- esperaste a que su respuesta llegara –frente a mi esta una niña que aun no acepta el destino que tiene que llevar

-¿Por qué?- volviste a preguntar

-Por qué de ser así, no estaría arriesgando su vida. Tratando de pasar los Doce Templos Sagrados, poniendo a prueba la paciencia de sus custodios- te comenzó a decir, ya no había duda, habías molestado a Virgo de gran manera –Imponiendo una culpa por levantar la mano contra la diosa a la que hemos jurado proteger

-Ya veo- respondiste calmadamente mientras tratabas de recuperar tu oído, pues Shaka había elevado la voz –así que… ¿piensas que es una perdida de tiempo?

-Así es- te dijo

-¿Me vas a poner a prueba?- le preguntaste, viste que se tenso al escucharte decir esas palabras -¿o simplemente me vas a ignorar y dejarme pasar?

.

.

-Athena… le mostrare los Seis Mundos, si es un humano común y corriente caerá en uno de estos mundos y vagara eternamente- sentiste que tu sangre abandonaba tu cuerpo, no había sido buena idea llevar a Virgo hasta ese extremo –Pero si es una diosa, si al menos posee un Cosmo fuerte y poderoso lograra salir ilesa y entonces la reconoceré como una diosa… como mi diosa Athena.

Escuchaste que Shaka menciono Seim Samsara y sentiste que perdías el conocimiento, que tu alma salía de tu cuerpo y viajaba a otro sitio. "Los Seis Mundos son lo sitios a donde se es enviado de acuerdo a tus obras en este mundo. El primero es el Infierno, el océano de Fuego, estanque de sangre, montaña de agujas"

Cada una de las palabras que habías escucho de labios del rubio las habías visto tan nítidamente, incluso fuiste capaz de sentir el calor ardiente ademas del olor a sangre y ver a lo lejos aquellas montañas llenas de cuerpos muertos.

"El segundo es el infierno de la hambruna. Los que caigan en este mundo estarán en los huesos y con el estomago inflamado, siempre buscaran comida y saltaran sobre carne muerta y pasaran los días devorando y devorando". Mientas recitaba aquellas palabras fuiste capaz de ver muchas personas, todas y cada una de ellas como Shaka las había descrito, una pequeña mancha se formo a lo lejos, no supiste si fue el asco por ver parte de carne y sangre cayendo por todos lados o ver a esas personas devorar algo que no querías saber que era, pero sentías que estabas a punto de desmayarte y unas nauseas se apoderaron de ti. Seguiste cayendo.

"El tercer infierno es el de las bestias y ya sabe que aquí el fuerte devora al débil." Este mundo no te estaba causando tanto impacto como los otros pues las bestias a pesar de que se encontraban peleando entre si, devorándose al caído no era tan impactante, hasta que fijaste tu mirada en un punto, donde un pobre hombre daba vueltas en el suelo, hasta que poco a poco su cuerpo se transformo en una horrible y temible bestia. Habías visto con este tres mundo y lo único que pensabas eran en salir de ahí y abandonar ya todo.

"El cuarto mundo es el de la Asura, todo el tiempo habrá sangre y muerte. Aquellos que caigan en este mundo tendrán que estar peleando día tras día sin final" Las nauseas aumentaron acompañado de un fuerte dolor de cabeza y unas grandes ganas de devolver todo lo que había dentro de tu estomago. El ver la sangre y la forma cruel en el que las personas se enfrentaba entre si no te había caído nada bien, menos cuando te diste cuenta de que humanos peleaban contra demonios.

"Felicidad, ira y tristeza. Siempre sacudido por las emociones ese es el inestable mundo de los humanos" Este mundo era un poco mas "ameno" que los anteriores, pero ver los rostros de las personas expresando cada una de las emociones que Shaka te había mencionado aumento tu terror, sentías que estabas al borde del pánico. Un mundo muy tétrico.

"El ultimo mundo es el cielo. Donde puedes caer siendo una bestia o un fantasma hambriento o en el infierno con un solo pensamiento. El sitio mas peligroso de todos es el cielo." Fue cuando comprendiste lo que Shaka quiso decir, a pesar de que el cielo no había nada mas que la figura de una estatua de Buda, se sentía un aura que oprimía el alma, el corazón. Te abrazaste a ti misma y te dejaste caer en el profundo abismo.

.

.

-¡¿Qué acaso la quieres matar?!- escuchaste que Kanon le reclamaba a Shaka, alzaste la mirada lentamente, te encontrabas en el frio suelo

-Fue decisión de la misma Athena- respondió Shaka seriamente, manteniéndole la mirada a Kanon

-¡Tú y Saga son iguales!- volvió a reprocharle a Virgo

-Esto es algo entre ella y sus Caballeros- te preguntaste como era que Virgo se mantenía frio ante los comentarios de Kanon.

Te incorporaste del suelo, tus brazos aun temblaban, no sabias si de miedo o de cansancio. Apenas y podían sostener tu peso, sentías tu cabeza dar vueltas o tal vez era que el piso de la casa de Virgo se movía mucho. Después de mucho tiempo te pusiste de pie y caíste al suelo, a pesar de que se escucho el sonoro golpe que te habías dado después de haber caído de sentón ninguno de los dos se habían dado cuenta.

Comenzaste a caminar apoyada con la pared para poder salir de ahí. Al menos habías sobrevivido y de nuevo viste las escaleras que te encaminaban al siguiente templo. La casa de Libra.

.

.

~ 4 ~

.

.

Subir los escalones se te dificulto aun mas después de haber visto tanto mundo loco que Shaka te había mostrado. Apoyaste la espalda en la pared de roca que se encontraba alzándose a los lados de aquella larga escalinata. Miraste hacia la casa que habías dejado atrás, tal parecía que aquellos dos Caballeros aun se mantenían hablando entre ellos dos y se habían olvidado de ti. Desviaste ahora la mirada hacia el Templo de la Balanza, aun faltaban un largo camino, dejaste salir otro suspiro mas y sin darte cuenta miraste la Torre de Fuego.

Solo te faltaban a lo mucho como 4 horas y media para que el tiempo limite llegara a su fin, ya te habías dado por vencida, pues aun te faltaban la mitad de las casas para poder llegar hasta donde se encontraba Shion, el Salón del Patriarca.

Continuaste ascendiendo poco a poco, en una de esas tu pie resbalo y caíste al suelo, en verdad, que de todos los que habías enfrentado Shaka había sido el que mas se lo había tomado en serio, aunque Saga no se quedaba atrás. Comenzaste a gatear en las escaleras, poco a poco ibas subiendo, pues sentías que si te volvías a parar te caerías o por fin terminarías por sacar todo lo que habías cenado la noche anterior y hasta lo que no habías comido.

-¡Hija!- escuchaste que grito Dhoko cuando te vio llegar al final de la subida. Apenas y te podías poner en pie -¡Hija mía!- corrió hasta ti

-Ya llegue Dhoko- le dijiste cuando volviste a perder el equilibrio

-Te tengo pequeña- te susurro cuando te detuvo entre sus brazos para llevarte al interior de la casa

-Ya casi Dhoko- le susurraste

-No cielo- te llamo cariñosamente –conmigo no vas a ponerte a prueba

-Dhoko- le susurraste –pareces mi padre

-Eso es lo que voy a hacer para ti- te dijo sonriente mientras te llevaba a una habitación, te recostó en una suave cama

-Pero si tienes mas o menos mi edad- le volviste a responder mientras lo seguías con la mirada –tal vez un año mas que yo

-Más de 200 años- te dijo mientras se acercaba a ti con una vasija y paños limpios

-Si como no- le respondiste mientras cerrabas los ojos –me estas vacilando Dhoko

-Descanse y damos la prueba por terminada- te dijo mientras sentías como colocaba un paño húmedo en tu frente y con otro comenzaba a limpiar tu rostro

-Pero aun no…- te trataste de incorporar pero el mareo de nuevo te invadió

-Enfrentar a Saga ya habla de mucho, pero soportar la técnica de Shaka, el Seim Samsara…. Es de valientes- te dijo mientras volvía a colocar el paño sobre la frente

.

.

.

.

.

Sueños….. Sabias que eran sueños pero eran demasiado reales, escuchabas gritos y explosiones, pero no sabias exactamente de donde provenían. Te encontrabas ataviada con un solo vestido, miraste de nuevo tu ropa, pero no era un vestido, era un camisón de seda blanco que te llegaba apenas unos centímetros más arriba de la rodilla, conocías el lugar donde te encontrabas, ese lugar era con el que habías soñado antes de llegar al Santuario.

En el sueño estabas atada a una roca, pero ahora te encontrabas libre, caminado descalza sobre el suelo que se encontraba caliente, las lagunas de fuego se encontraban a tus lados.

Corriste hasta donde se alzaba una gran puerta, la abriste de par en par y frente a ti se encontraba aquella persona con la que habías soñado antes. ¿Cómo lo conociste? La bata roja adornada con una estola color azul rey que se paseaba entre su cuello y sus brazos aun se mantenía ahí, en su cintura seguía aquella cinturilla de tela negra. Era alto, demasiado alto, mucho mas que tu, te acercaste… efectivamente apenas y le llegabas a sus hombros.

-Observa bien princesa Athena- escuchaste que te dijo –ahí esta aquellos que dieron su vida por ti- trataste de ver pero frente a ti se encontraba solo una oscuridad que te impedía ver mas allá de tus manos

Este hombre… lo encaraste pero no pudiste distinguir su rostro, había algo que impedía que lo vieras, que lo pudieras reconocer. La palabra que habías entendido… muerte. Alguien había muerto por tu culpa, abriste los ojos, claro.. Aquellos que estaban dispuestos a morir por ti eran aquellos que se jactaban de ser los mas poderosos… los Caballeros Dorados y ahora se encontraban muertos y la culpa era tuya y de nadie mas.

Sentiste que las lágrimas comenzaban a resbalar por tu rostro, poco a poco miraste hacia atrás, la oscuridad cedió y frente a ti se encontraban no solo los cuerpos de los Caballeros Dorados apilados uno sobre otro, el de Shion y lo mas impactante… el de tus amigos y familia… en tus ojos se reflejo terror, impotencia, angustia, dolor.

-Ay Athena…- volviste a escuchar la voz de aquella persona a tus espaldas, sentiste sus manos sobre tus hombros –si tan solo fueras mas fuerte, sin tan solo dejaras de fingir que eres una diosa… eso no hubiera pasado

-No es verdad- susurraste entre sollozos

-Claro que es verdad… si están muertos es por tu culpa

-¡No!

-Es tu culpa Athena… es tu culpa "-"…únicamente tu culpa, sus muertes pesaran sobre tu conciencia y las llevaras hasta el día en que seas consumida por la locura

Te sentiste ahogar entre aquellas palabras, el seguía riendo aun mas fuerte mientras que tus sollozos aumentaban mas y mas, el miedo, la culpa… tu cuerpo se encontraba a punto de estallar.

.

.

-¡Athena! ¡Athena!- escuchaste la voz de alguien familiar para ti, abriste los ojos topándote con una mirada violeta –¿estas bien "-"?

-Shion- susurraste mientras lo enfocabas bien -¡Shion!- en el momento en que lo reconociste te incorporaste de la cama y lo abrázate escondiéndote en su pecho

-Tranquila Athena- te susurro mientras acariciaba tus largos cabellos los cuales se encontraba alborotados –solo fue una pesadilla, solo eso

-Shion…. Es mi culpa- volviste a susurrar mientras te aferrabas mas a él

-Calma hija, calma- trato de tranquilizarte, trataba con toda la paciencia del mundo que dejaras de llorar

Si esa había sido una pesadilla, había sido demasiado real. Te removiste entre el pecho de Shion, miraste por el balcón…. Lo conocías, era la habitación que habías estado habitando desde hacia meses… los recuerdos de haber cruzado las casas de los Dorados… el ultimo había sido el de Libra, lugar donde te habías dado por vencida... no, el cansancio te había ganado.

-No pude Shion- le susurraste mientras te acurrucabas mas en él

-Eso no importa princesa- te comento mientras cedías de nuevo al cansancio, esperado y rogando que no volvieras a tener una pesadilla como esa. Al fin y al cabo, no habías podido demostrar que en verdad eras digna de ser llamada Athena.