Declaración: Los personajes de esta historia pertenece a sus respectivas autoras (Kyōko Mizuki e Yumiko Igarashi). Me encontraba terminando Psico cuando mi mente comenzó a jugar con un mundo de posibilidades. Ya saben, escrito por y para esparcimiento.
Ojos color mar
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By Gissa A. Graham
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Capítulo 4: Esmeraldas y mar.
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En 1916 muy pocos vehículos de motor se podían apreciar por las calles de cualquier país, la mayoría de ellos eran autos privados de gente que con cierta fluidez económica podía darse el lujo de pagar, los transportes público en general seguían siendo carruajes tirados por caballos, no obstante siempre existen circunstancias en las que la velocidad y la comodidad son relevantes para evitar una pérdida humana. Por ello en las calles neoyorquinas se dejaba ver de vez en cuanto ambulancias con motor de gasolina, precisamente uno de estos vehículos de motor se podía ver viajando a toda la velocidad de la que era capaz, iba del Circuito Broadway a los límites de Manhattan, las ambulancias a gasolina tenían siete años* de haber hecho su aparición, aún así ya eran tan conocidas como apreciadas por las personas.
Esa en particular se dirigía al hospital St. Jacob, llevando consigo a una joven actriz que había sufrido un grave accidente mientras ensayaba su próxima puesta en escena, misma que representaría su primer protagónico, a dicha chica le había caído unos reflectores directo sobre sus piernas desde la tramoya del teatro. Tras el trasporte médico se podía apreciar como un carro rojo, con cuatro individuos personificados al estilo renacentista, lo seguía también a toda marcha, todos los ocupantes eran compañeros de tablas de la accidentada, todos iban inquietos y muy estrenados aún por haber presenciado el accidente que casi mata a uno de ellos, a Terrence, quien precisamente iba al volante, pues era el propietario de dicho auto.
La ambulancia después de varios minutos llegó al nosocomio provocando una inmediata movilización de gente vestida de blanco que corría de un lugar a otro, unas cuadras antes de llegar al edificio se aparcó el Ford T Touring de Terry bajando todos los pasajeros. Entraron tras ser testigos de la movilidad médica, obviamente realizada para ingresar lo antes posible a Susana Marlowe, la joven quien sufrió el accidente, a una valoración y posterior para poder ser intervenida en una cirugía de emergencia.
La sala principal era un caos por lo que una enfermera condujo al cada vez más grande grupo de actores a una sala de espera un tanto más retirada de la entrada. Todos tenían los rostros congojados en especial Terry quien no podía con su sentimiento de culpa, aún cuando todos los que habían estado presentes durante el percance le decían que estuviese tranquilo que todos sabían eso fue un accidente, que nadie había sido responsable; no obstante él no podía con ese sentir de reproche y remordimientos, ella, esa joven rubia, se había lanzado con su pequeño cuerpo para evitar que las luces le callasen a él, ella se había arriesgado por él. Y su culpa creía más pues, si bien era cierto que Susana prácticamente lo acosaba todo el tiempo, más desde que supo que compartirían escenario como co-protagonistas, él la había rechazado categóricamente cuando ella le abrió su corazón un par semanas atrás, Susana le dijo que lo amaba y él le respondió fríamente, "Siento no poder corresponderte". Y como de costumbre, dio por zanjada la conversación dejándola sola sobre el escenario; por ello su gran pesadez pues sin importar que él la hubiese rechazado ella le había salvado la vida aún a costa de su propia integridad física.
En ese momento las palmaditas en los hombros que le brindaban sus colegas de actuación como señal de empatía y apoyo no le servían de absolutamente nada. No sabía qué hacer, ni siquiera sabía cómo rezar. Se levantó del asiento donde llenaba al rededor de dos horas en espera de un resultado favorable, se dirigió hacia la enfermera más cercana y pidió le indicara como llegar a la azotea. Tenía que despejarse de ese trance, necesitaba sentir el viento frío sobre su rostro para desentumecerse. Tenía que estar solo, alejado de todo y todos.
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Otra Navidad más se celebraría en el siguiente mes, con esta era la quinta que festejaría en familia, una muy pequeña de sólo dos integrantes, pero familia al final de cuentas, bueno si se tenían en cuenta a sus empleados de confianza ya eran cinco miembros, se sentía muy feliz, cuatro años de papá era lo mejor que le había sucedido.
George analizó su vida en ese tiempo y todo lo que había tenido que vivir y los reclamos que tuvo que escuchar por parte de los Andley, completamente todos ellos le habían dicho algo en su momento; la señora Elroy le demandó explicaciones por haber aceptado adoptar a una delincuente mal influencia para sus queridos sobrinos; los queridos sobrinos le reprocharon hasta en la más mínima oportunidad el no querer darles información precisa al respecto de la persona que adoptó de Candy, hasta que finalmente desistieron, claro, menos Anthony, más discreto que antaño pero sin quitar el dedo del renglón seguía muy insistente en el tema. Finalmente William Albert, su dolor de cabeza, le hecho en cara que creyera que el sería un mal tutor sin permitirle una oportunidad de probar lo contrario. Lo bueno de esa última charla con Albert fue que al fin el rubio Andley se había hecho cargo de su puesto como patriarca, aunque ahora le reclamaba su presencia para ponerlo al corriente. Sin embargo agradecía que para su salud física y mental cada vez era menos necesario físicamente, «Bendito Dios por el teléfono» pensó el elegante hombre en agradecimiento.
Lo que le inquietaba de sobremanera es que el puente que no quería cruzar ya se podía ver en su camino. Albert ya le había comentado que era momento de contarles a sus sobrinos sobre el paradero de Candy. No quería, en verdad que se negaba a que eso sucediera, más en ese momento en que su rubia, como le decía de cariño, ya se encontraba trabajando de enfermera, de sólo pensar en el escándalo que significaría si se llegaba a continuar con una relación formal entre su hija y Anthony la cabeza le comenzaba a dar vueltas, y no era que el escándalo le preocupada sino por lo que su hija padecería, incluso el joven Brown sufrirían, que lograran estar juntos sería muy complicado por decir lo menos.
—Papá Georgie –una bella joven rubia, de dieciocho años con un rostro salpicado por pequeñas pecas lo abrazo desde atrás, abarcándolo a él y al respaldo del sillón individual donde se encontraba– Espero que pronto cenes y lo hagas bien, últimamente te he visto algo desmejorado. Le deberías decir al señor William que te de más tiempo libre.
Dijo la rubia mientras rodeaba el sillón para verlo de frente, evidentemente ella desconocía quién era el mentado Tío Abuelo Andley, y aunque supiera no hubiese puesto mayor atención ya que sólo había visto una vez a Albert cuando la salvo de la caída de esa cascada cuando ella contaba con catorce años.
—¿Cómo, tú no comerás antes de irte?
—No, comeré con Amber y unas compañeras cerca del hospital –como era su costumbre, hizo un puchero al decir aquello en señal de disculpa por no poder acompañarlo.
—Sabes hija te ves mucho más hermosa con tu cabello suelto, e incluso así con ese moño alto sujeto por tu cofia y no con esas horribles coletas –le comentó muy contento porque su hija de dieciocho años al fin comenzaba a comportarse como una señorita y no como una niñita traviesa.
—¿Pero que tienen todos contra mis coletas? Todo mundo las crítica –volvió a hacer pucheros–. Bueno, lo hacían pues ya nadie me deja que me las hagas, la nana Ely me peina todos los días, como niña pequeña, para asegurarse que no me las haga nuevamente.
—Es para que vayas presentable a tu empleo –se escucho que gritaron desde algún lugar cercano a la estancia– Para que luzcas como señorita y no como una niña.
Candy abrió la boca indignada para que posterior ella y George sonrieran ante el reclamo de la señora Morgan.
—Ya entendí nana –contestó la joven también en con un grito.
—Y tampoco te vendría mal un poco de maquillaje –dijo Amber quién entró al lugar–. Lista, ¿nos vamos?
—Al menos aún comparten el mismo horario, así no me inquieta tanto que estén en el turno nocturno.
Se despidieron con un beso en la mejilla, luego Brian, el papá de Amber, las llevo hasta el hospital St. Jacob, su sitio de trabajo donde estarían de siete de la noche a siete de la mañana.
…
Llegaron con una hora y media de anticipación pues, como le comentó a su padre, merendarían antes de la jornada laboral con una amigas. Sin embargo fue inesperado lo que encontraron al llegar, aquel lugar parecía que se estaba preparando para ofrecer una obra de teatro o hacer un carnaval, hombre y mujeres ataviados con clásicos trajes renacentistas aparecían por doquier. Las chicas se sorprendieron pero no tuvieron que preguntar nada pues en cuanto sus compañeras las vieron las llevaron a la sala de enfermeras para contarles lo del accidente acontecido en la compañía Stratford, de que era precisamente la protagonista de la próxima obra, "Romeo y Julieta" quien había sido la involucrada. Y sin poder evitarlo también hablaron del protagonista masculino.
—Terrence Graham está aquí –comentó una.
—Es incorrecto decir esto en este momento pero, se ve guapísimo, aún con su cara afligida –otra secuela a la primera y así continuaron.
—Al parecer los rumores son ciertos, sí está con esa chica Susana, sólo hay que ver lo acongojado que se encuentra.
—Dan ganas de abrazarlo y consolarlo.
—Sí, de besarlo hasta que olvide el accidente.
Todas rieron menos Candy quien dejó de poner atención a lo que decían desde que escuchó el nombre del actor, recordó cuando lo vio por primera vez en aquel cartel afuera del teatro, como ansío conocer esos hermosos ojos color mar, como esa única imagen de una ilustración logró que le pidiera a su papá que la llevara a ver el espectáculo, sin embargo para su mala suerte desde los asientos que consiguieron no pudo apreciar bien a aquel chico, no había logrado siquiera identificar el color de sus ojos, se le veía bien, y escucho con claridad su voz tan profunda, tan potente; verlo y oírlo en el escenario fue una de las mejores experiencias, el joven llenaba todo con su presencia. Desde entonces se había regañado a sí misma por ser tan ilusa al querer ver a alguien a quien seguramente jamás conocería en persona, con quien nunca podría mantener una charla, así dejó de pensar en el actor, hasta ahora que sabia que estaba ahí en el mismo edificio que ella, pero, al parecer, para saber el estado de salud de su novia. La enfermera se encogió de hombros, «Sólo es un hombre más, que más da si lo conozco o no.» pensó de forma racional y dejando eso en segundo plano les habló a sus compañeros que al parecer habían dejado de interesarse en la comida.
—Como ustedes seguirán aquí, yo voy a buscar algo para alimentarme.
Las demás jóvenes sólo voltearon para verla salir y continuaron con sus cotilleos, incluida Amber.
La rubia guió sus pasos hacia la pequeña cafetería del hospital, el plan original con sus amigas era ir a un restaurante a una cuadra del hospital, pero ya no había tiempo, sólo le quedaba media hora antes de que empezara su horario laboral. Para su pesadez y aumentar su hambre la cafetería se encontraba abarrotada, más gente del medio actoral y uno que otro chismoso atiborraban aquel sitio, por lo que con calma se acercó a Stella, una amable señora de las que atendía ahí con quién se llevaba muy bien, le pidió le preparaba un emparedado rápido y sencillo para no quedarse con el estómago vacío durante su jornada de trabajo, la señora acepto preparándolo de inmediato.
La pequeña rubia con su valiosa carga buscó donde comerlo sin embargo a donde quiera que se dirigía se encontraba con mucha gente, el tiempo se le acababa, vio el reloj de la sala de espera, veinte minutos. En la sala de enfermeras igual, todavía seguían con su platica. Al no encontrar donde pode comer en paz su humor desmejoraba cada vez más, así que tomó su abrigo y salió en dirección de la azotea.
Abrió sin mucho esfuerzo la puerta que daba al exterior, el aire gélido le golpeó inmediatamente al rostro lo que provocó que por un momento creyera que eso de salir a comer ahí afuera sólo era buena idea con otro clima que no fuese invierno, no obstante su hambre era mucho más importante que el frío que sintiera.
Camino un poco, cuando de momento se quedo estática, frente a ella recargado de la baranda viendo al infinito estaba el "Rey de Francia", sí, ese era el chico del afiche del "Rey Lear", únicamente veía su espalda y parte de su perfil pero ella sabía que era él, el misterioso joven de los ojos melancólicos de color mar, lo observó detenidamente, como lo había hecho con el cártel sin saber a bien cuánto tiempo tardó en contemplar su figura; se encontraba caracterizado, vestido con un traje al parecer que simulaba la ropa del siglo XV, ya no era el "Rey de Francia" ahora era "Romeo", el amante apasionado; era Terrence Graham, el joven que alguna vez quiso conocer en persona y que por ello le pidió a su padre que la llevara al teatro sólo para verlo actuar; en aquella ocasión, como todos, quedo cautiva de su interpretación, suspiro por lo bajo mientras sentía a su alocado corazoncito brincar en su pecho. «¿Qué hacer?» Se preguntó. Por poco se gira para regresar por su camino y no molestarlo, además sus mejillas de seguro estarían rojas para presentarse así ante él, pero ella quería ver esos ojos, quería verlo de frente, aparte se le veía tan triste, claro que si su novia estaba en cirugía ese sería su semblante. Tal vez reconfortarlo un poco, camino insegura hacia él.
—«Mejor sí me regreso y le dejó solo» –pensó a punto de devolverse.
—¿Quien anda ahí? –tarde pues él ya la había oído.
—«Esa hermosa voz» –recordó el teatro cerrando muy brevemente los párpados, aún así tomó aire para llenarse de valor mostrándole su rostro todavía un poco sonrosado–. Lo siento, no fue mi intención molestar, sólo vine a comer –le enseñó ingenuamente su emparedado a medio envolver.
Entonces fue que se vieron frente a frente, ella al fin pudo ver esos ojos que tanto la inquietaron, dejó de respirar un segundo, o quizás más. No, en definitiva no eran como en la ilustración, estos eran más intensos, más brillantes, más misteriosos, era como ver un trozo de mar ahí escondido. Terry por su parte notó como lo miraba, extrañamente no se sintió incómodo como le solía suceder cuando alguien, regularmente mujeres, lo veían con esa vehemencia, sino que también la vio a los ojos, la respiración también se le pauso, eran los ojos con el verde más intenso que había visto en su vida, como un par de piedras preciosas, tan claros, tan limpios, tan alegres, el sólo contemplar esa mirada le hacia sentir bien, cómodo, tranquilo. Empero, un parpadeo de parte de ella hizo que la conexión se rompiera, provocando que recordarán volver a llenar su pulmones con oxígeno.
—¿Vienes a comer aquí? –cuestionó el actor para desviar la atención, su propia turbación no permitió notar la de ella y viceversa.
—Bueno… –Candy agacho un poco la cabeza apenada por la situación – veras, por ahora estoy en el horario nocturno —miro su reloj— en cinco minutos… –, dijo asombrada, luego ante ese descubrimiento olvido que el chico frente ella era él que tanto quiso conocer, hizo pucheros y molesta casi grito–. No puede ser.
Le dio rápidamente tres mordidas a su comida enfocada en su hambre y en que no podrían comer nada más por doce horas, a menos que se escabullera a la cafetería, por estar molesta casi se atraganta. Terrence la observo asombrado y comenzó a reír, luego a carcajear.
—¿Qué te sucede? –preguntó con la boca llena la enfermera.
Él se calmo, pero aún sonriendo dijo.
—Enserio tienes hambre.
—Claro –tragó–, será mi único alimento en doce horas. Se supone que comería antes, pero… –no le podía decir que porque sus compañeras hablaban de él no había podido comer decentemente– en fin. Disculpa si te he molestado, en serio no fue mi intención, creí que estaría vacío aquí arriba –volvió a apenarse un poco.
—Bueno no siempre se ven a chicas con pecas bailarinas en la cara.
—¿Pecas bailarinas? –la enfermera se llevó la mano libre al rostro asombrada.
—Sí, eres muy pecosa. Cuando comes así de rápido tus pecas parecen que bailan de tanto que se mueven –y comenzó a reír nuevamente.
—Te burlas de mí –dijo indignada, su conmoción inicial por verlo quedo borrada ante esa descubrimiento–. Y yo que creía que te encontrabas triste y preocupado.
Terry detuvo su reír de improviso, recordó lo vivido horas antes, el porque estaba ahí, su gesto cambio en un segundo.
—Oh lo siento nuevamente, búrlate de mis pecas si quieres –dijo Candy rápidamente en cuanto notó el cambio.
El actor la vio directo a los ojos, sonrío, esos ojos esmeralda lo hacían sentir sosegado.
—No estaba, estoy preocupado –respondió–. Pero gracias "Pequeña Pecosa", has hecho que este momento sea más amable.
—Oh no –la rubia volvió a ver su reloj–. Siete diez, me van amonestar.
Giró ciento ochenta grados para salir literalmente corriendo hacia las escaleras, pero antes de bajar volteó para aclarar.
—Por cierto no soy "Pequeña Pecosa" soy la enfermera Johnson –luego continuó corriendo pero recordando que él se había burlado de ella gritó –oíste "Mocoso engreído", soy enfermera diplomada.
Terry volvió a reír, a carcajear, luego se calmo.
—¿Hace cuanto que no me reía con esa naturalidad?
Se preguntó en voz alta, suspiro muy profundo, recordó su realidad, tenía que regresar para saber sobre si ya había salido Susana de cirugía esperanzado en que todo hubiese ido muy bien. Antes de bajar miró la azotea, luego hacia el cielo nocturno.
—Señor al parecer no me has abandonado, me mandaste a un ángel blanco para calmar un poco mi sentir.
Posterior a eso continuó con su camino para enterarse de la cruel verdad, Susana había perdido una de sus piernas, probablemente nunca más podría volver a caminar, mucho menos a pisar un escenario.
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Continuará…
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Gracias por perderse en mis letras.
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Notas:
*La primera producción en masa de ambulancias basadas en automóviles se produjo en 1909 en Estados Unidos por la James Cunningham, Son & Company de Rochester en Nueva York.
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De mis letras:
Aquí, el encuentro, como notarán me encanta jugar con lo sucedido en el anime, ahora la azotea tiene otro significado. He de confesar que parte por la que quise escribir esta historia paralela es porque quería describir cómo se conocieron y como nació esa amistad que se transformó en amor. Unos capítulos más adelante Anthony regresará a escena.
Gracias hermosas lectoras por estar presente de una forma u otra y por regalarme un poco de su tiempo.
Skarllet Northman, Tete, Dora, Eli, Beckham7024, Sol Grandchester, Anmoncer1708, Dianley, M, Vane W. G., Maquig, Phambe, Guest, Esme y Lady Lyuba, gracias por sus letras.
Nos leemos.
