.
Ojos color mar
.
By Gissa A. Graham
.
.
Capítulo 7: Encuentros
.
El frío era muy severo ese día, mucho más a esa hora en que la tarde se confunde con la noche, nuevamente Terrence maldecía el clima «En verdad tiene que caer tanta nieve» pensaba mientras caminaba para llegar a su destino, el hospital St. Jacob. Lunes y martes eran sus días de descanso, aunque a una semana y media de estrenar tenía que ir al menos medio día uno y completo el otro, no obstante ese lunes en particular había salido a propósito a las seis para llegar al hospital antes de las siete, traía consigo algo que tenía que devolver, sólo que no estaba muy seguro de llegar y simplemente preguntar por la enfermera Johnson, menos con toda la carga de chismes que giraban en torno a él después del accidente. Así que se detuvo a reflexionar por un rato analizando las posibilidades, creyendo que lo mejor era esperar por la llegada de la rubia.
Por ello ya dentro del lugar pero desde una distancia relativamente lejos de la sala de enfermeras, con una gran bufanda y una boina, el actor veía como las asistentes médico hacían su arribo al nosocomio de una a una o en reducidos grupos. Mientras que otras enfermeras se disponían a salir, todas impecablemente vestidas en su total de blanco, bueno algunas con acogedores abrigos en otros tonos.
—«Creo que esto no fue buena idea, ¿cómo la reconoceré o la llamaré?¿cómo sabrá que soy yo?» – se cuestionó mentalmente el actor.
Además, cuando notó la hora ya eran siete y diez.
—«Esto fue una idiotez» –se dijo algo malhumorado.
Ya iba de salida, pues por la mañana había llevado sus acostumbradas flores a Susana, así que ya no pretendía regresar a verla de nuevo. Salió del edifico atravesando el pequeño patio frontal, a punto de llegar a la reja un fuerte golpe en el pecho lo hizo trastabillar y caer, jalando consigo a la cosa, más bien, a la persona que lo había golpeado.
De momento Candy no comprendió que sucedía, un instante atrás corría para llegar lo más rápido posible a su trabajo y al otro caía al piso sobre el, reconfortante, cuerpo de alguien.
—Lo siento, que distraída que soy –se apresuró a disculparse la enfermera, quien dejó de hablar al darse cuenta sobre contra quién había chocado, puesto que aunque Terry llevaba gorro y bufanda esos ojos los reconocería en cualquier sitio –. «Sí, un trozo de mar está ahí escondido, a veces es calmo, como ahora, otras inquieto, unas más temible» –se decía a sí misma sin poder dejar de verlo dejando que los segundos transcurrieran.
—"Enfermera pecas", no me digas que pretendías buscar mis brazos.
Artículo Terrence un tanto ofuscado por la situación pero con la necesidad imperiosa de hablar y bromear para evitar el incómodo momento, por lo que incitado por esa travesura la abrazo. De inmediato Candice se tensó poniéndose color grana, con lo que al instante la soltó sonriendo para que comprendiera el juego, luego la empujó levemente para poder levantarse y posterior ayudarle a ella a hacer lo mimo.
—Oye, ¿cómo iba a buscar un abrazo si ni siquiera sabía que estabas acá?
—Tal vez me espiabas, o ¿eres tan atolondrada que otra vez vas tarde y no veías al frente? –sonrió más amplio con ese pequeño sarcasmo.
—¿Pero qué dices? que esas dos veces que no llegue a tiempo han sido culpa tuya –lo señaló.
—¿Mía? —cuestionó levantando una ceja y auto señalándose.
—Oh sí.
—No, más bien yo creo que ha sido tu hambre.
Ella se volvió a adquirir un tono rosado, pues tenía razón, incluso en esa ocasión ese fue el motivo. Comió con sus amigas en el restaurante cercano, pero ella fue la única que pidió postre por eso tuvieron que dejarla sola las otras, sino todas llegarían tarde y serían amonestadas.
—Bueno, me voy –muy apresurada hecho a correr.
—Oye, tu recipiente —le dijo Terry mostrando lo que traía.
—Mañana, arriba, antes de las siete.
Grito la enfermera sin detener su andar ingresando al edificio, aunque unos segundos le tomó darse cuenta que le dijo donde y cuando encontrase, lo que la hizo detenerse ipso facto, llevarse ambas manos a la boca para luego encogerse de hombros.
—¡Ya qué! –habló resignada o ¿emocionada?
Continuó con lo suyo mientras otra vez el novel actor se queda sorprendido por cómo actuaba esa pequeña rubia.
—Mañana será entonces –se dijo en voz alta.
…
Al día siguiente Terrence regresaba al St. Jacob por la tarde, pues en la mañana hizo su rutina, la que incluía tener que aguantar una sarta de gritos de la señora Marlowe, él mismo se cuestionaba com era que soportaba aquello, sin embargo regreso intentando ser notado lo menos posible. Había conseguido salir a las seis protestando no sentirse bien, desde el accidente le tenían cierta consideración que él no había aprovechado hasta entonces.
Subió discreto todas las escaleras creyendo ser el primero en llegar, incluso ya iba buscando su cigarrera del interior de su capa, empero al abrir la puerta sintió el acostumbrado y odiado frío, pero también un sutil aroma a ¿rosas? que no había notado antes, claro que no pues por alguna extraña razón que Candy no supo explicarse a sí misma, ese día se había enjuagado su cabello con un mezcla de agua de rosas.
Con ese delicado olor supo que ella ya se encontraba esperándolo. En efecto, ahí dándole la espalda estaba su "Enfermera Pecas", sólo había una diferencia sustancial, su cabello, lo traía suelto, él creyó que por eso nunca antes había notado el aroma que en ese momento se expandía con el aire, también notó algo sorprendente, que la señorita Johnson poseía una increíble y, al parecer, indomable caballera rizada. Candy en ese momento comenzó a acomodarse su pelo como solía utilizarlo, más bien, como su nana Ely la obligaba a llevarlo, pero al final tenía que admitir que era más cómodo que sus colegas cuando estaba trabajando.
—¡Vaya sorpresa!
Terry quería verla de frente con el cabello suelto así que habló con lo primero que se le ocurrió para llamar su atención, su deseo se cumplió la chica se giró, él quedó encantado en ese preciso instante y para siempre con esa visión, la enfermera lucia espléndida con su nuevo abrigo rojo, su cabello rubio y rizado que bailando con el viento contrastaba con esa ropa, al igual que su piel clara. En medio de ese rostro unas pecas como rocío y, para terminar unos increíblemente risueños ojos verdes.
—Llegaste temprano –habló la enfermera sacándolo de su mundo.
—Salí pronto del teatro –sin perder su postura aseguró– Así que además de rubio tu cabello es muy ensortijado, casi que puedo…
—No empieces o no te comparto lo que traje hoy –lo interrumpió volviendo a sujetar su cabellera en un moño alto.
—Pues dime que me compartirás y yo decidiré que me entretiene más –dijo pícaro, con un toque de doble sentido en su voz.
Ignorando ese cosquilleo que sintió ante la insinuación, Candice tomó una bolsa de papel que había colocado sobre el piso. Saco otro recipiente mostrando un tradicional cheesecake neoyorquino.
—¿Otra delicia de tu nana?
—Exacto.
—Muy bien, otro día me burlare de tu cabello.
—Oye Te… –quedo callada un segundo, pues no sabía cómo dirigirse a él, ya que ciertamente no habían sido presentados– …te puedes ir olvidando de los postres si quieres convertirme en objetos de tus burlas.
—¿Acaso esa es otra invitación para compartir comida?
Ella vio esa hermosa sonrisa retorcida y se dio cuenta que hubiese sido mejor decir Terry o Terrence que salirse por la tangente.
—Ya, come.
No objeto nada más, ambos comieron de ese pastel de queso hasta terminar todo al tiempo que platicaron de diversas cosas como de sus comidas favoritas, quién sabía cocinar que o de porque siempre andaba ella tan apurada, ambos jóvenes se la pasaron riendo y bromeando, para fortuna de la rubia en esa ocasión no se le hizo tarde, pues Terry, como buen inglés que suele tener mejor sentido de la hora, le indicó cuando faltaban cinco minutos para que se fuera a comenzar su día, más bien noche, laboral, pero antes de que ella desapareciera por la puerta.
—Mañana me toca a mí traer el postre, pues ya te debo dos –dijo lo más casual y desenfadado que pudo.
La pequeña rubia coloreo un poco sus mejillas de rosa, algo que estando con el muy atractivo joven le sucedía a menudo. Ella sólo asintió un par de veces con la cabeza.
…
Al siguiente día él llevo una tarta de manzanas, algo más inglés, como él. No habían acordado una hora pero ambos aparecían en ese frío lugar antes de las seis treinta. La platica iba sobre trivialidades cuando Candy se animó a cuestionar.
—¿Aún no te dejan ver a Susana?
Terrence transfiguró su cara de feliz y desenfada a una inexpresable desviando su vista hacia los otros edificios circunvecinos.
—Prefiero no hablar de eso.
—La has de querer mucho –dijo sin poder contenerse, no le gustó cómo se sintió su pecho al mencionar aquello; Terry rodó su rostro para verla con ojos al parecer molestos–. Bueno, todos los días has venido a ver cómo se encuentra y traes flores, yo sólo di…
—Susana no es mi novia, ni nunca lo fue. No la quiero como cuentan los medios, más bien los chismes –respondió enfático—. Pero tengo un deber moral con ella por salvarme de que esas luces me cayeran a mí. Venir a verla y traerle flores es mi manera de decirle gracias y que siempre contará con mi apoyo. ¿Lo comprendes? –no supo bien porque pero Terry sintió que tenía que explicar la situación.
—Sí, comprendo –mencionó algo afligida pues esa situación era por demás complicada. Entonces se le ocurrió algo– ¿Quieres verla?
—Sabes que lo tengo prohibido por su madre.
—Pero no por mí –al decir aquello hizo un gesto gracioso con los labios, cosa que le dio mucha ternura a Terrence.
—¿Qué planeas?
—Mañana te dejaré pasar. Hoy no porque tengo que verificar los horarios para que no haya nadie presente.
—Pero eso es arriesgar tu empleo.
—Para tu fortuna trabajo por gusto.
—¿Cómo que por gustó? —inquirió.
—Sí, mi papá me deja hacerlo a pesar de gozar de buena solvencia económica. Al principio se negó, lo intentó disimular pidiéndome un año para que lo pensara, o más bien para que él lo asimilará, como sea puedo trabajar y no hay problema por arriesgar mi empleo.
—Entonces, realmente trabajas por gusto. No me lo creo.
—¿Cómo que no te lo crees?
—Veras, de donde yo vengo que una mujer trabaje por el simple hecho de querer hacerlo no es bien visto, dicha mujer se convierte en una marginada por los demás, pues una dama sólo se tiene que dedicar a ser eso, a ser una dama.
—Ni me lo digas. Yo sé de sobra eso –dijo suspirando con resignación y teniendo toda la atención de él–. No es que sea de una familia prestigiosa, pero por el empleo de papá Georgie, y mi propia experiencia, sé cómo es mucha de la gente de esferas sociales altas, no toda claro –dijo recordando a sus amigos y a cierto rubio que ya hacia días que no tenía presente–, el mundo de apariencias en el que algunos de ellos vive, donde todo es quedar bien a costa de humillar a los que creen inferiores –la cara de sorpresa de su interlocutor la hizo asegurar–. Tú perteneces a esa clase, ¿cierto?
—No, yo no lo soy –extrañado cuestionó— ¿Por qué lo dices?
—Tienes una pose muy arrogante, eres muy engreído, y bueno, esa capa roja no es precisamente barata.
—Entonces crees que también soy de los que miran a los demás como poca cosa –su complicado carácter lo puso enojado y alerta en un santiamén–, que yo soy de los que sólo se preocupan por sí mismos, crees qué…
—Un momento, no pongas palabras en mi boca que yo no he dicho –lo encaró molesta–. Si creyera que eres egoísta no te estaría proponiendo arriesgar mi empleo para que vieras a alguien que probablemente te importe menos que esta tarta que nos estamos comiendo.
Con esas palabras Terrence se calmó de inmediato, comprendió que no lo juzgaba que sólo mencionó lo evidente. Bueno ya no era el chiquillo del San Pablo, el rebelde adolescentes que quería ser sólo él mismo, ya era él mismo así que aplicó las lecciones de humildad que la vida le había enseñado.
—Lo siento –ella lo vio con los brazos cruzados esperando una disculpa más amplia–. El tema Susana me estresa. Y… tal vez algún día también te cuente porque ya no soy de una clase privilegiada –la rubia hizo gestos en señal de que no estaba convencida–. Y sí prometo traerte un pastel de chocolate, que creo es tu favorito, olvidas mi comportamiento.
—Muy bien –los ojitos le brillaron ante la propuesta–, pero también me contaras y yo te contaré mi historia.
—Eres una chantajista muy temperamental.
El novel actor terminó por aceptar la propuesta de encontrarse con la actriz con ayuda de Candy, así fue como comenzó a visitar a Susana por las noches, no estaba mucho con ella, sólo unos diez minutos máximo, lo malo de eso fue que ya no podía ver a la enfermera Johnson como antes, ya no comían postres, mas se complicó a partir del tercer día que la madre de Susana lo descubrió, pero a diferencia de lo que él creyó que sucedería la señora Marlowe le agradeció el gesto ya que notó que su hija se animaba con las visitas. Y claro que el entusiasmo de Susana cambio pues es esa loca mentecita se construían castillos de arena en el aire al confundir gratitud y apoyo con muestras de amor.
…
Los días pasaron muy lentos para ambos jóvenes, no verse los puso un tanto tristes, pues a pesar de sólo tener unas semanas de amistad ya se extrañaban. Ese día era lunes por la noche, el momento de cambio de enfermeras.
—Candy, ya viste esa nota pegada en el pizarrón.
—¿De que hablas, Lucy?
Distraía cuestionó la rubia que no sabían de que habían estado hablando sus compañeras.
—¿Cómo se llama?, ¿cuéntanoslo todo?– preguntó Julie acercándose misteriosamente.
Candice sólo las vio con un signo de interrogación grabado en su rostro.
—Últimamente estás muy distraída, más atolondrada de lo normal, llegas temprano –comenzó a enumerar la primera enfermera con los dedos de una de sus manos–, sonríes ridículamente, suspiras y tienes la vista perdida.
—Dinos ya quién es tu pretendiente.
—¿Pretendiente? —preguntó la pecosa sorprendida.
—No lo niegues, dinos ya cuál es su nombre.
—«Terrence»– pensó la pecosa, pero ante la idea se sonrojó y cambio el tema–. No sé de qué hablan así que mejor dime lo que tengo que ver.
—Termináramos por enterarnos –respondió Lucy mientras la observaba con ojos escudriñadores, para luego regresar al tema de inicio–. Hay una nota que un niño dejó hoy temprano, dijo que era para que todas las enfermeras la viesen, que alguna tendría que entender.
—¿Y qué dice la nota?
Julie acercándose a donde se encontraba dicha nota empezó a leerla.
—Dice: «Para la enfermera "P". El chocolate sabe mejor los días "M", en lugares altos y con frío. Atte. Un Mocoso Engreído» –termino de leer, por suerte ni Julie, ni Lucy vieron la cara de Candy al escuchar el remitente atentas a la pizarra como si aquella nota pudiese darles la respuesta que querían–. Hasta ahora nadie sabe a quién va dirigida. Ninguna enfermera cuyo nombre o apellido empiece con "P" lo ha reconocido.
—Voy a hacer mis rondas. La verdad no le encuentro sentido a eso.
Después de decir aquello Candy salió corriendo, ya que no quería ser descubierta con la radiante sonrisa que apareció en sus labios.
Al día siguiente, martes, los jóvenes se encontraron en la azotea nuevamente para disfrutar del ya prometido pastel de chocolate, ninguno comentó nada con respecto de la nota pues ambos entendían que por las circunstancias era mejor no ser relacionados, ya sea para no saber quién lo había dejado pasar o para que la prensa no inventara más chismes. Iniciaron una amena plática, pero en un momento determinado Candy, con su acostumbrada manera de ser, lo cuestionó.
—Sé qué tal vez te molestes, pero…
—¿Pero? –la animó a continuar.
—Bueno es que, espero no te moleste mucho mi pregunta.
—¿Quieres saber sobre mi pasado? –sin esperan respuesta siguió–. Pues soy inglés, mi padre es británico y mi madre americana. Vivía en Londres en…
—No. realmente no es eso. Bueno, me gusta que cuentes de ti, pero…
—No lo piensen, sólo dilo.
—He visto tu carácter estos días, me has dicho que No quieres a Susana, pero también he oído a la señora Marlowe –él volteo puso los ojos en blanco–. ¿Te piensas casar con ella?
Decirlo fue más duro de lo que creyó, su pecho se oprimió. Terry no la miraba, pasó alrededor de dos minutos cuando habló.
—No lo quisiera hacer, y no estoy seguro de hacerlo. Tampoco me agrada que me estén obligando a hacer algo forzadamente. También me sobre enfada que me lo griten, pero… –volteo lento para ver los ojos verdes junto a él– No sé qué hacer, me siento muy, muy culpable y ver a la señora Marlowe así, devastada no ayuda a que mejore mi ánimo, ni Susana con su cara de lo siento y mucho menos saber que por mucho tiempo ya no tendrán un empleo para sustentarse.
—Te casaras –aseveró la pecosa siendo ella esta vez la que evitaba verlo.
Sin embargo Terrence estiró su mano para tomar su barbilla y hacer que lo mirara otra vez.
—No creo llegar hasta ese punto, pero sí tengo que ver por ella –bufo resignado– por ellas. Un tiempo tendré que pagar los gastos, eso limita mis opciones.
—No te casarás.
—Oye, no te alegres tanto "Enfermera entrometida" –dijo tocando la pecosa nariz con la punta de su índice, ella hizo un puchero.
—No es que me alegre, bueno sí, por ti, porque no las abandonaras y al mismo tiempo no te forzarás a hacer cosas que no quieres.
—Eso espero. ¿Sabes? Estoy muy presionado por todos lados, el teatro, la prensa, las Marlowe. Me siento como si fuera el relleno de un gran emparedado –sonrió y a propósito cambio el tema viendo su reloj–. Ya faltan cinco, mejor vete.
Candy se incorporó sonrío.
—Gracias por confiar en mí, Terrence Graham.
—Gracias a ti por escucharme Enfermera Johnson.
Y se fue dejándolo con más esperanzas sobre lo que podría mejorar su destino, sólo que él desconocía que las Moiras ya habían planeado algo más para Susana y para él.
.
Continuará…
.
Gracias por perderse en mis letras.
.
.
.
De mis letras:
Hola hermosas lectoras, tuve tiempo así que aqúi otro capítulo. También comento que en un vistazo rápido que le di a la página principal me di cuenta que son muy, muy, muy escasos los Ffics de Terry ¿dónde están escritoras terrytanas?
El próximo capítulo será el 24, junto con su regalo navideño, mientras felices fiestas y abrazos virtuales a todas.
Gracias infinitas a quien me lee, o pone mis historias entre sus favoritas, también quien médica un poco de su tiempo en un review.
Dejimar, Guest, Eli, Scarlett Northman, Arya Stark (muchas gracias), Lila Venezuela, Monicaibez, Yagui, Maquig, Dianley, Sol Grandchester, Elisa Lucia (al triple), Guest, Vane W. G, CWG, Anmoncer, CWG again , muchísimas gracias por estar presentes.
Nos leemos.
