Bueno, pues ahora ando con las ideas secas. Y como esto lo tenia ahí guardado pues mejor lo publico ahora y le doy una pausa a la historia. Es una historia dentro de la historia que estoy escribiendo. La manera en la que yo creo que se crearon las armaduras. Sin mas, los dejo leer.

~ Prologo ~

Hacia mucho tiempo, cuando la tierra era joven y buena y noble. Cuando en el cielo azul se mostraba el sol, tan bondadoso y cálido. Cuando el manto de la noche era adornado con estrellas y la luna iluminaba el claro con aquella pálida luz. Los dioses vieron que era bueno, que era hermoso y les encanto. Hicieron los animales que habitarían allí, crearon las aves que los deleitarían con varias tonadas de canciones dichosas para sus oídos. Pero aun faltaba algo, aquellos a quienes les heredarían la tierra sagrada que habían re-creado.

Así que Zeus, después de recomponer la tierra que habían creado los Titanes mando a crear en arcilla a los humanos. Poco a poco fueron esparcidos alrededor del mundo. La única condición que les habían impuesto a los humanos era la adoración. Ellos, como seres creados por dioses, tenían que adorar y elevar oraciones a ellos, quienes los habían creado. Así que cada vez que tuvieran un problema, que cosecharan en abundancia, que se sintieran feliz deberían de elevar adoraciones a ellos. Por esa razón, los humanos comenzaron a crear templos y casas de oraciones para ellos.

Los guerreros entrenados en la guerra adoraban a Ares, el conocimiento de la medicina era de parte de Asclepio, Zeus les brindaba protección y Poseidón era el encargado de calmar los mares para poder pescar, incluso Hades tenia sus plegarias, pues las joyas y cosechas provenían de debajo de la tierra; que era donde se encontraban sus dominios.

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~ 1 ~

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-Es tan estúpido- comento una hermosa mujer de cabellos rubios que bien podían ser confundidos con los mismos rayos del sol, sus ojos parecían dos pedazos del cielo. Su piel era como la porcelana y su figura era delicada -¿No lo crees así Deméter? Digo…. ¿Quién en su sano juicio trataría de escapar de uno de nuestros jabalines?- comento burlonamente mientras estallaba en risas

-Pues es aburrido- comento cansadamente la joven diosa de la fertilidad, esta se distraía agitando el vino que se encontraba en su copa. Sus cabellos rubios cenizos caían en cascada sobre sus hombros. Era bella, aunque no tanto como la joven con quien mantenían la platica –Afrodita debemos de hacer otra cosa, algo mas… interesante- miro a la joven diosa del amor con sus ojos color escarlata brillante

-¿Qué es lo que sugieres?- pregunto la rubia a su compañera –ya me canse de las fiestas que hace Dionisio

-¿Quieres bajar a la tierra?- pregunto Deméter –será divertido ver a los humanos comportarse delate de nosotras

-Saben bien nuestro padre y tu hermano no ve con buenos ojos que bajemos a la tierra, no debemos de interactuar con criaturas tan insignificantes

-Ya llego la hija favorita- susurro Afrodita a Deméter quien solo atino a reirce a carcajada melodiosa -¿Qué quieres Athena?

-Solo vine a buscarlas, la cena ya esta servida- comento la joven diosa

Después de dar aviso se retiro de inmediato. El vestido que llevaba puesto era de un hermoso blanco que resplandecía como la luz de la luna. Sus ojos eran de un hermoso color chocolate que destilaban seguridad e inteligencia. Sus cabellos chocolate claro y largos caían como cascada sobre su espalda y hombros, llenos de brillo y sedosidad a simple vista. Su figura era alta, era delicada y esbelta. Poseía una gran belleza la cual la hacia competir con la diosa del amor. Digna diosa de la sabiduría, de la artesanía y de la estrategia de la guerra. Cualidades otorgadas por su padre Zeus, el padre de todo. La hija favorita de él y eso ella lo sabia, y lo sabia muy bien.

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-¿De verdad?- pregunto Hestia, pues no creía las palabras de la joven diosa

-Nunca mentiría con ese tipo de cosas- respondió Athena –esas dos siempre suelen escapar ala tierra de los humanos

-Así son esas dos- respondió la diosa del hogar domestico –si esto sigue así la familia del Olimpo será destruida por sus estupideces

-Lo se- respondió Athena –de verdad que no se porque demonios se mezclan con los humanos, son seres bajos, que se arrastran entre el fango y su inmundicia

-Vamos niña, no seas tan duros con ellos- comento Hestia –continua caminando, estoy siendo llamada para ayudar a una mujer

-Déjala. Si su destino es el de fracasar pues que así sea- comento Athena a su compañera.

Hestia se alejo con una sonrisa mientras que Athena continúo caminado en los jardines del Olimpo. Athena siempre se mantenía alejada del contacto de los humanos, simplemente porque no le gustaba mezclarse con ellos, si le rezaban o pedían de su ayuda, simplemente mandaba a sus doncellas que servían en su templo para que acudieran a su llamado. Aunque a pesar de todo, siempre le gustaba jugarle bromas a los humanos, al igual que los demás dioses, bromas en las cuales les echaba a perder alguna pintura, hacer quedar mal a los capitanes y generales cuando explicaban alguna estrategia de guerra, eso siempre la hacia reír, no sabia que bromas gastaban los demás dioses, pero ella se conformaba solo con eso, con dejarlos en ridículo, recordándoles que eran solo humanos.

-¡Hey Athena!- le llamo un joven de cabellos rubios y ojos plateados, de hermoso cuerpo y bello rostro -¿Qué estas haciendo?

-Nada- respondió la joven -¿Por qué el interés Eros?

-¿quieres venir con nosotros?- pregunto una mujer mas joven que ella, muy bella y delicada

-Hebe, si nuestro padre se entera de que estás haciendo otras cosas en lugar de estudiar se va a molestar mucho- respondió la diosa de la guerra

-No seas aburrida, ven con nosotros- la llamo Eros. Ambos dioses la tomaron de la mano y la llevaron a una fuente apartada de los jardines.

En esa fuente, como en otras. Los dioses vertían algo de agua y este se transformaba en un espejo el cual reflejaba las vidas de los humanos. Poco a poco apareció un reflejo, Athena dejo salir un suspiro de cansancio, ignoro los comentarios del dios del amor y de la diosa encargada de servir a los dioses. Este reflejo llamo la atención de Athena, en él había una mujer que se encontraba recolectando algunas verduras de su huerto, detrás de ella había unos niños de no mas d años, ambos se veían que tenían ropas sucias y desgatadas al igual que la mujer. Athena veía cuidadosamente la imagen, la mujer hacia lo que podía para rescatar algo que valiera la pena, apenas tenían algunas en su canasta la cual llevo a venderlas. Después de unas horas la mujer las vendió consiguiendo unas cuantas monedas, las cuales le fueron robadas por un grupo de hombres que ademas la golpearon. Esa noche sus pequeños quedaron sin probar alimento y ella herida por aquellos sujetos.

Athena salió de ahí, caminando calmadamente mientras que Eros y Hebe reían estruendosamente. Regreso a su estudio y comenzó a sumergirse en sus tan anhelados libros. Pero no podía concentrarse, la mirada y las suplicas de aquella mujer resonaban constantemente en su cabeza. Otros días mas pasaron, cuando por azares del destino escucho una platica entre Hera y Afrodita, ambas riendo porque un hombre había encontrado a su mujer en la cama con su hermano, termino en tragedia pues ambos hombres murieron dejando a la mujer sola y ciega, ellas lo habían tomado a la ligera, pero Athena se había horrorizado ante aquellas palabras de las diosas, hombres perseguidos por ejércitos enteros, familias que habían perdido sus cosechas otras mas que les habían robado

-¿Qué te pasa Athena?- llamo una voz cantarina a la diosa de la guerra la cual se encontraba con la mirada perdida en el cielo

-Nada Niké, solo pensaba- le respondió a la joven de cortos cabellos rojos como el fuego y de pequeña estatura, tomo asiento a lado de Athena quien se mantenía bajo la sombra de un gran árbol

-Te conozco Athena, somos amigas desde hace muchos siglos, a ti te pasa algo, cuéntame, ¿Qué te atormenta?- insistió la pequeña divinidad, Athena soltó un suspiro y decidió hablar con su única y verdadera amiga

Athena dejo salir todas sus dudas, todos sus pesares, los cuales tenían que ver con el mundo de los humanos mas que su vida como deidad, Niké la escucho tranquilamente mientras que Athena hablaba sin parar

-Te estas interesando por los humanos- respondió la diosa de la victoria –no es malo Athena, es bueno que te comiences a comportar como una verdadera diosa, el preocuparse por ellos no es malo, es todo lo contrario

-Pero solo son humanos- respondió Athena mientras que Niké la animaba a seguir con su explicación –veras, no me parece justo que mis hermanos y tios se la pasen burlándose de las desgracias que ellos mismos les provocan a los humanos

-¿Y tu no has hecho igual?- le pregunto astutamente Niké

-Si, pero lo mio es diferente. Yo solo lo hago para que recuerden que no pueden ser mas poderosos que un dios, pero nunca les he hecho mas daño que el de romper con su orgullo

-En eso tienes razón, pero también te has divertido a costa de ellos- le respondió seriamente Niké –si no quieres ser como ellos Athena entonces toma tu papel como diosa y cuídalos- termino de hablar Niké para seguir con su camino.

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~ 2 ~

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Llevaba días meditando las palabras que le había hecho sonar Niké, sabia que también había hecho mal, pero no tanto como los demás dioses que se la pasaban provocando desgracias a los demás. Salió de sus aposentos y observo como Ares y Afrodita se encontraban reunidos alrededor de una de las fuentes, suspiro, lo mas seguro era que se encontraban gastando otra broma, para variar.

-Athena, ve con nosotros- la llamo Ares, ella paso de largo pero aun así este la tomo de la muñeca y la acerco

-No seas amargada hermanita- le comento Afrodita quien la animaba a mirar

-La función esta a punto de comenzar- le dijo Ares.

Era de noche, pues el manto nocturno ya se encontraba en el cielo. Un hombre corría con todas sus fuerzas mientras entre sus manos llevaba una canasta hecha de paja, venia siendo perseguido por un monstruo cuyo cuerpo era de cabra, cuartos traseros de una serpiente y tres cabezas, una de un macho cabrío, la segunda de una serpiente y la tercera de un león… todo un ejemplar de una Quimera. El hombre dejo la canasta dentro de las raíces de un árbol y se encaro hacia la criatura, peleo con mucha valentía contra aquel monstruo, tenia todas las de ganar en el momento en que corto la cabeza de la serpiente, Ares y Afrodita estaban molestos mientras que Athena sonreía. Pero entonces Ares logro quitarle todas las fuerzas a ese hombre el cual cayo de inmediato ante la embestida de aquel ser. Un llanto se escucho, dentro de aquella canasta se encontraba un pequeño bebé, estos gritos llamaron la atención de la criatura.

Camino hacia donde se encontraba la fuente de aquel ruido y de un jalón saco aquella canasta, el hombre saco fuerzas de su flaqueza y lucho de nuevo para salvar a ese bebé que sin duda alguna Athena podía decir que era su hijo. La quimera asesino al hombre destrozando su cuerpo en pedazos, cuando hubo terminado devoro al bebé. Ares y Afrodita solo se burlaban del hombre, pero Athena había callado.

-¿Viste como quiso enfrentarse a la Quimera?- pregunto Ares a su amante mientras ambos estallaban en risas

-Lo se, que hombre tan estúpido- respondió ella –pudo haber dejado que se comiera al pequeño bastardo y él haber escapado

-Era su hijo, no lo iba a dejar solo- susurro Athena, pero nadie la escucho

-Que hombre tan iluso- respondió Ares –lo bueno que lo despoje de su Cosmo interno, de no ser así hubiera matado a la Quimera

-¿Cómo pudiste Ares?- llamo Athena, las carcajadas disminuyeron su sonido

-¿Qué dices?- le pregunto

-¡¿Cómo has podido hacer eso?! ¡¿No te da vergüenza?!- estallo Athena

-¿Estas llorando Athena?- pregunto burlonamente Ares -¿Estas llorando por esas insignificantes vidas?

-¡Eres un maldito Ares!

Athena estallo en furia y se fue encima del dios de la guerra violenta, Ares no pudo defenderse de la ira de la diosa Athena, esta lo golpeaba tan fuerte como podía mientras que Afrodita gritaba horrorizada. Ambos dioses de la guerra, solo que en esta ocasión Athena no dejaba que Ares respondiera a sus golpes. Hefesto tomo a Ares del suelo en cuanto Cratos tomo entre sus brazos a Athena quien forcejaba para seguir golpeando a Ares. Ambos fueron llevados a donde se encontraba Zeus esperando por ellos.

-Pueden retirarse- ordeno Zeus a los dos dioses que habían llevado a los señores de la guerra. Miro a ambos jóvenes mientras aun destilaban odio entre si -¿alguno de ustedes me puede explicar porque estaban peleando en el jardín?- pregunto con voz calma que helo la sangre de ambos hermanos

-Athena se me lanzo encima padre, sin explicación alguna- Ares fue el primero que respondió mostrando todos y cada uno de los golpes que la joven le había dado –es una salvaje padre, no merece estar con nosotros

-Athena… ¿Qué me puedes decir ante esto?

-Que pude haber librado al Olimpo de un idiota como este- respondió serena mientras mantenía la mirada de su padre -¿Por qué no le dices la causa Ares? ¿o prefieres que sea yo la que lo diga?- Ares se tenso al escuchar la amenaza de ella

-No hice nada padre, le juro que estaba tranquilo con Afrodita. Entonces ella llego y comenzó a golpearme….

-Asesino a un hombre mortal utilizando a una Quimera y no conforme con eso hizo que la Quimera devorara a un pequeño bebé- comento Athena

-No es verdad padre- se limito a decir Ares

-Ares, sabes que esta prohibido meterse en la vida de los humanos. Ellos nos deben respeto y adoración, ayudarlos es nuestro deber. No hacerles la vida mas dura. Que no se vuelva a repetir

-Así se hará padre- respondió Ares realizando una reverencia

-¿Eso es todo?- pregunto indignada Athena -¿Es todo lo que vas a decirle?

-¿Qué quieres que haga hija?- pregunto Zeus calmadamente –son solo humanos

-Era una vida que apenas comenzaba a vivir

-No diré mas Athena- llamo Zeus –si sigues inmiscuyéndote mas con ellos tendré que castigarte. Por ahora, retírate.

Athena salió de ahí junto con Ares quien solo se dedicaba a mirarla de manera burlona. Camino hacia sus aposentos y desato toda su ira. Si su padre no hacia nada por ayudar a los humanos ella no se quedaría con los brazos cruzados. Haría lo que le había dicho Niké, tomaría su lugar como diosa de la sabiduría y ayudaría a los humanos. Mas aun cuando a sus manos llego una carta. Una guerra estaba a punto de comenzar, una guerra donde Ares y otros dioses mas estaban interviniendo, pues criaturas estaban por ser convocadas.

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~ 3 ~

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-Debes de hacerlo Athena- escucha que la animaba Cratos, el dios de la fuerza

-Si padre se entera….

-¿No estas cansada de todo esto?- le pregunto el joven a la mujer que se encontraba –de todos los hermanos que tengo, tu eres a la que mas amo, pues te mantenías al margen.

-¿Entonces? ¿Por qué yo Cratos?- pregunto Athena mientras miraba fijamente a su hermano quien mantenía sus manos entre las de él

-Porque de todos, algo me dice, que serás una de las diosas mas amadas, aun mas amada que nuestro padre. Athena, tienes que estar ahí

-Nunca lo he hecho

-Para todo hay una primera vez y créeme… yo estaré ahí cuando lo hagas.

Athena no lo pensó mas y dejo que la noche cayera en el Campo del Olimpo, se escondió entre las sombras y camino hasta llegar a un salón muy especial. El Salón Terrestre, ahí se encontraban muchas figuras de barro y en medio un circulo trazado con finas líneas de oro. Athena reunió su Cosmo y poco a poco la habitación se fue iluminando hasta que un gran resplandor lleno el lugar, para cuando la luz natural de las velas ilumino de nuevo el sitio, Athena ya no estaba ahí. Zeus sintió un fuerte pesar en su corazón y despertó de su sueño, sentía que algo no estaba bien, que algo le había sido arrebatado pero no hizo mucho caso, volvió a dormir y espero a que la luz del sol del nuevo día llegara para poder buscar lo que sabia, le habían arrebatado.

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Poco a poco comenzó a abrir los ojos, pues las voces de hombres resonaban a su alrededor, ademas de los sonidos del metal chocando uno con otro no hacían mas que aumentar su dolor de cabeza. Se quiso mover un poco pero en ese momento se dio cuenta… se encontraba amarrada junto a un gran tronco de un árbol, parpadeo varias veces mientras sus ojos recibían los rayos del sol. Se dio cuenta de que se encontraba en un campamento.

-Veo que la señorita acaba de despertar- escucho la voz un soldado

-Desátame ahora mismo- ordeno Athena

-Eso es imposible, hasta que venga…- el hombre ceso de hablar pues el relinchar de un caballo le llamo la atención –mire, esta de suerte, mi señor acaba de llegar

Bajo del caballo negro y se encamino hacia donde ella se encontraba. Lo miro atentamente, era un hombre fuerte y alto. Vestia apenas un ligero faldellín con un pecto de bronce algo dañado. Su rostro era serio pero aun así era muy bello, sus ojos eran como dos posos negros sin fondo alguno, su piel era morena y sus cabellos cortos oscuros se dejaron a la vista al ser despojado de su casco, en su cintura descansaba una espada que sin duda alguna había estado utilizando

-¿Cuándo despertó?- pregunto de inmediato mientras veía fijamente a la mujer

-Acaba de hacerlo general- comento aquel soldado

-Desátala y llévala de inmediato a mi tienda- dicho esto el joven se retiro de ahí

Athena fue levantada a la fuerza, ya había escuchado de la rudeza de los hombres, pero nunca se espero que fuera tanta, así que cuando le volvieron amarrar las manos y la llevaron a jalones a la tienda de aquel hombre no dijo nada, total, venia a ayudar y no a provocar una guerra.

-Así que…- la llamo aquel joven quien secaba su rostro después de haberlo lavado con agua -¿Qué estabas haciendo en el campo del norte?- ella no respondió, solo lo miro desafiante, ningún hombre mortal la intimidaría –te estoy haciendo una pregunta mujer

-Me perdi- respondió sencillamente, observo que aquel hombre la miraba atentamente, como si quisiera saber algo

-Perteneces a la realeza- afirmo mientras que Athena permanecía callada -¿eres alguna doncella de los enemigos?- ella negó -¿Cuál es tu nombre?

-Dime tu nombre señor de la guerra y yo te dire el mio- respondió desafiante

-Te degollaría si no fueras mujer- le respondió furioso –pero si tanto quieres saber, soy Koren, rey de las tierras de Átrax y General de las armada de la misma ciudad

-Ya veo- respondió sencillamente, un rey entre hombres

-Deberías de mostrar mas respeto mujer- comento arrogantemente –ahora dime tu nombre pues el mio ya lo sabes

-Mi reino se encuentra en el Olimpo, yo soy la diosa de la Guerra y la Defensa, aquella que otorga la Sabiduría…. Mi nombre es Athena

El hombre después de escuchar aquello comenzó a reír tanto, mientras que la ira de Athena aumentaba a cada momento, después de eso, unos soldados mas entraron a la Tienda de Koren, después de escuchar lo que su rey les conto ellos también comenzaron a reírse. Eso hizo que la paciencia de Athena se agotara.

Un fuerte viento se comenzó a presentar, los caballos comenzaron a inquietarse al igual que los hombres que se encontraban fuera del campamento, pero aquellos que se encontraban en la tienda del rey cesaron sus risas, el primero en percatarse de que algo extraño pasaba fue el mismo Koren. Cuando desvió la mirada hacia la joven, esta se encontraba rodeada de un halo de luz blanca brillante y sus cabellos danzaban al son del viento.

-Una diosa, es la diosa verdadera- susurro mientras los otros dos hombres se arrodillaban ante ella

-¿Desea su majestad seguirse burlando de mis palabras?

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Athena no dio mas explicación que la de haber bajado con los humanos para poder ayudarles en la guerra que estaban librando. En el momento en que estuvieron hablando, Koren jamás deshizo las amarras de las muñecas de Athena, pues era por la causa de sus semejantes que la guerra había estallado.

Jamas los dioses entenderían el sufrimiento de los humanos, jamas entenderían por qué ellos ya no daban sus oraciones y plegaria, eran los rebeldes, los que habían decidido luchar para acabar de derrocar a los dioses. Así fue como Athena se convirtió en un prisionero de guerra, cuya suerte seria destinada a los demás hombres, el resto de los Generales, los otros reyes que se habían alzado a luchar. Así fue como Athena permaneció encerrada dentro de una tienda, donde todos los soldados sabían que se encontraba, amarrada a una estaca que se encontraba clavada en el suelo, claro que ella podía deshacer aquello pero de nada serviría.

Tenia que ganarse la confianza de aquellos hombres para poder luchar a lado de ellos y darle en el orgullo a Ares.

27 dias transcurrieron para poder conocer a todos y cada uno de los reyes que la iban a juzgar, cada uno de ellos había ingresado a la carpa para verla mas de cerca. Ella solo miraba sus rostros, observando la hermosura y la profundidad de sus miradas.

Descubrió que Calisto rey de Kalapodi era muy seguro de si mismo. Moses rey de Bricinia era muy tranquilo y que Óbelos gobernante de Feres destilaba mas sabiduría que el resto de los demás. Los gobernantes de Naxos, los reyes Quinn y Phoebe tenían gran parecido no solo físico, sino también emocional. Leander rey de Cime era inquieto y Soterios futuro rey de Metone era algo creido. Un contraste muy fuerte entre Ío rey de Eketla; pues este destilzaba traquilidad y serenidad, sin contar que fue el único que se arrodillo antes ella y le sonrió sinceramente. Zarek rey de Delio era el mas alto de todos y se veía que era de corazón noble. Brontë era un joven jovial y su reino se encontraba en Ereso, por ultimo recibió la visita de Adonis este ultimo era el que poseía el rostro mas hermoso de todos, gobernate de Corincos.

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Fue llevada a la tienda principal del rey Koren, quien la esperaba junto a los otros reyes. La colocaron en medio de todos ellos, quienes la volvieron a evaluar con la mirada, a pesar de que se encontraba sucia y mirada cansada, aun se podía sentir en ella el aura de deidad.

-Soy Athena, diosa de la guerra- se presento antes de que alguno de ellos dijera palabra alguna

-Eso ya lo sabemos mujer- comento burlonamente Soterios mientras sonreía –de no ser así, no habríamos dejado a nuestras tropas y venido hasta acá

-¿Qué esta haciendo aquí mi lady? ¿Qué asuntos la trajeron a nuestro mundo mortal?- pregunto educadamente Ío

-Ya le había dicho a Koren lo que me trajo a este lugar- todos los presentes la miraban –he venido a ayudar en la guerra que han iniciado mis hermanos en su contra…

-¿Y que te hace pensar que queremos tu ayuda?- pregunto Quinn o Phoebe, a decir verdad Athena no pudo distinguirlos del todo bien

-Por que los están matando, muy pronto ya no tendrán mas soldados que les ayuden en este guerra- aseguro

-¿Y como estas tan segura de eso?- pregunto Moses -¿Qué nos asegura que no nos estas engañando?

-Les estoy diciendo la verdad- respondió Athena mientras los demás callaban

Un largo silencio se hizo presente, un silencio que incomodo a la diosa de la guerra.

-Deberíamos dejar que nos ayude- rompió el silencio Zarek, obteniendo la mirada de todos los presentes –no me miren así, saben que su ayuda seria muy beneficiosa para todos

-¿Qué nos ayude o que nos robe la información?- comento sarcásticamente Soterios mientras los demás lo escuchaban –yo digo que la matemos para mostrarles a los dioses que ellos también pueden morir

-Los dioses son inmortales Soterios- le recrimino Ío- ademas, sea o no un dios, es una mujer y te detendría antes de que cometieras una bajeza de esa calaña

-Ío tiene razón- intervino Brontë – no puedes asesinar a quien quieras Soterios, ademas Zarek también tiene razón, ella es la diosa de la guerra, podríamos preparar mejores estrategias y así alcanzar la victoria

-¿Sera de fiar?- pregunto Leander –ademas, ¿Qué es lo que ganas Athena con ayudarnos?- esa pregunta la tomo por sorpresa

-Solo estoy cansada- respondió la joven

-¿Cansada de que?- pregunto Adonis -¿de que se cansa un dios?

-De ver como los demás han estado jugando con la vida de las personas a las que supuestamente tenemos que ayudar. Cansada de ver como la vida de las personas que no se pueden defender son arrebatas- suspiro y bajo la mirada la suelo al recordar sucesos que había sido obligada a ver –cansada de que eso provoque la risa de los míos y no se pongan en el lugar de ustedes

-Eso me basta para mi- rompió Óbelos el silencio que se había formado –no veo mentira en sus ojos, yo creo que dice la verdad

-La decisión es tuya Koren- comento Sibyl al escuchar el punto de vista de cada uno de los monarcas –Tu la encontraste, tu decides…. ¿La ejecutamos como una advertencia a los demás dioses de que no pueden tenernos siempre dominados o la usamos de aliada y llevamos esta batalla a la cima de la victoria?- Koren miro a todos sus compañeros de armas, después de un tiempo de pensar llego a una decisión

-Esta bien, seras nuestra aliada- Athena sonrió para su interior, el primer paso estaba dado, pero no lo que seguía –pero no podrás utilizar tus bendiciones de diosa

-¿Qué quieres decir?- pregunto Athena temiéndose lo peor

-Iras al campo de batalla y lucharas como uno de nosotros, a golpe de espada y lanza, te protegerás con tu escudo.

-Espero que sepa montar un caballo señora de la guerra- comento burlo Soterios

-Si así quieren que lo haga, lo hare

-Eso espero ver- comento Calisto –Solo le recuerdo que no es muy bienvenida por los soldados

-No me importa- respondió Athena

-Entonces….- Sibyl deshizo las amarras de cuerda –bienvenida a la guerra Athena