¡Hola chic s! ¿Cómo les va en este inicio de año? Espero que bien. ¿Qué les pareció el anexo? Habrá continuación, claro que si, pero después. Aquí les traigo la continuación de la historia. Ahí les encargo sus comentarios, sus opiniones son muy importantes para mi, sean buenos o malos, ayuda mucho. Sin más, los dejo leer y nos vemos para la próxima. Beso, Abrazo y Apapacho para todos.

~ 1 ~

.

Abriste los grandes ventanales para que el aire cálido se colara en tu habitación, tus cabellos sueltos comenzaron a danzar, la vista a los jardines era hermosa, se veía que Afrodita mantenía en orden aquel lugar.

Una doncella te llamo y te indico que era la hora de cenar. Amarraste las cortinas con unos finos listones y caminaste hacia la entrada, detuviste tu andar y desviaste la mirada hacia la cama, te regresaste y tomaste la estola de que le habías "confiscado" a Mü y la volviste a amarrar a tu cadera, vestías totalmente de negro, pantalon y blusa de tirantes ademas de botas. Pasaste tus manos sobre tus cabellos para alisarlos y caminaste directo al lugar donde se encontraban todos.

-¡Bienvenida Athena!- te gritaron Milo y Aioria mientras te arrojaban un poco de confeti

-Si quieren matarme de un susto poco les falto- les dijiste mientras tratabas de controlar el susto que te habían dado -ademas quiero alimento no papel colorido

-Vamos Athena- te dijo Aioria mientras pasaba su brazo sobre tus hombros –preparamos la cena nosotros mismos

-¡Ay, aja!- respondiste –primero se acaba el mundo antes de que ustedes se metan en la cocina- después de eso te comenzaste a reír mientras recibías las quejas de todos los dorados –ya calmados chicos, vamos a ver si no muero envenenada

-Todavía que le hacemos la bienvenida y así nos paga- te dijo Saga mientras tomaba asiento en su silla correspondiente

-Ya Saga, no te esponjes- comentaste mientras Shaka deslizaba la silla para que tomaras asiento –Vamos a comer en son de paz

-Hagan caso a la orden de Athena- escuchaste la voz de Shion hacer acto de presencia

-¡Hola Shion!- lo saludaste mientras agitabas la mano, Shion te sonrió y tomo asiento a lado Kanon y Dhoko

-Muy bien- comentaste mientras estaban todos sentados, a tu derecha Ángelo a tu izquierda Camus –a comer se ha dicho- ordenaste mientras las doncellas les servían a cada uno la sopa que se encontraba humeante

-Esa la hice yo- te comento Shura desde el fondo izquierdo del lado de la mesa

-¿De verdad?- comentaste, viste a todos y cada uno de los guerreros comer tranquilamente, así que debía de estar deliciosa –Bueno, a ver que tal cocinas mi querido Shura de Capricornio- tomaste una cucharada y soplaste para no quemarte. La introdujiste en tu boca y degustaste el sabor.

-¿Verdad que esta buena Athena?- te pregunto Aioros -¿Athena?- te volvió a preguntar. En tu boca el sabor de la sopa era extraño, algo pastosa, algo salada pero también algo desabrida, no había palabras para describir aquella sopa

-¿No le gusto Athena?- te pregunto Shura, notaste algo de nerviosismo en su voz

-Claro, es… deliciosa- comentaste cuando lograste tragar aquel bocado –muy rica Shura, muy rica

-¿De verdad?- te pregunto esperanzado, tú asentiste

-Entonces le va a encantar mi pasta italiana, no se compara con ninguna comida aquí preparada por ellos

-Claro Ángelo, lo que digas- respondiste -¿Cómo supieron que había llegado?- preguntaste desviando la atención de la comida

-Sentimos su Cosmo muy cerca, así que nos preparamos para recibirla- te respondió Dhoko con una sonrisa

-Que bien- respondiste y la platica ceso. Sin duda alguna seria una larga noche

.

.

Suspiraste en el momento en que regresaste a tu habitación. No era que no los quisieras, de verdad que los habías extrañado, que necesitabas escuchar de sus discusiones sin fundamentos, te hacían reír mucho, eso si… eran las personas mas fuertes y mas confiables que habías conocido, fueses Athena o no; habían demostrado que eran dignos de toda tu confianza. Pero en cuanto a sus dotes de cocina… si los Caballeros Dorados se podían casar, sin duda alguna a ellos les urgía, no eran muy buenos cocineros. Al menos Shaka, Camus y Mü se podían defender y sobrevivir pero de los demás mejor ni hablabas.

Había sido un muy hermoso detalle y habías probado cada uno de los platillos que ellos mismos habían preparado. Un detalle que nunca en la vida olvidarías, pero asegurabas que para la próxima reunión, si se trataba de cocinar, lo harías tu misma. Te dolía el estomago, pero las pastillas que habías tomado pronto acabarían con el dolor y la posible indigestión que te podría dar.

.

.

-Buenos días Shaina- saludaste a la Caballero de plata quien se encontraba en el Coliseo rodeada de varios soldados

-¿Athena?- te pregunto mientras te detenías a unos pasos de donde estaba –Ya saben lo que tienen que hacer, mas les vale que lo hagan al pie de la letra, si encuentro una sola falla… les juro que lo van a pagar caro

-¡Si señora!- respondieron a Shaina, miraron hacia ti y te dirigieron una reverencia, la cual correspondiste inclinando un poco tu cabeza

-Ya sabia yo que tenias madera de general- la saludaste mientras te acercabas a ella

-Y yo ya estaba enterada de que había llegado al Santuario desde hace 5 dias atrás

-¿Cómo lo sabes?- le preguntaste extrañada –esos son exactamente los días en que he estado aquí

-Desde el momento en que piso las tierras griegas su Cosmo se esparció- te comenzó a explicar mientras caminaban –así que desde ese día la habíamos estado esperando

-¿Y quien les decía que yo iba a venir al Santuario?- preguntaste burlonamente, pero la risa de Shaina fue contagiosa –a la mejor venia de visita

-Si claro, de visita y se queda en el Santuario- te comento mientras continuaban caminando -¿Qué tal el recibimiento de los Dorados?

-Muy hermosa- le respondiste mientras mirabas por todos lados –pero… en cuanto a la cocina…. Mejor que sigan con su trabajo de guerreros y que busquen una esposa

-¿Esposa? ¿Ellos casados?- Shaina estallo en risas mientras tu hacías lo mismo

-De verdad Shaina, porque no creo que sobrevivan si siguen cocinando así

-Athena, Athena… de verdad que ya se extrañaba su presencia- te comento

-Yo también te extrañe Shaina, tu carácter me infunde mucha seguridad- le comentaste sinceramente, ella pareció no entenderte –lo que pasa Shaina, es que si estoy contigo y tengo alguna idea o plan lo puedo hacer.

Ver como llegas a imponerte a todos sin que duden de tus palabras es algo que no todas las mujeres pueden hacer. Me infundes mucha confianza, es bueno tenerte como amiga

-Es un honor para mi señorita Athena, que me tenga en alta estima- te comento

-Sabes que es verdad- le respondiste mientras la tomabas de las manos –Shaina sabes…

-Señora- escuchaste que llamaron, ambas voltearon a ver a un soldado que se encontraba frente a ustedes –hay problemas con los hombres que mando a la rivera

-Estos inútiles- susurro Shaina tremendamente molesta. Al menos ya sabias a quien requerían –Lo siento, tengo que ir a hacerme cargo

-Claro- le respondiste.

Continuaste caminando, ahora que no tenias a nadie que te cuidara podías ir tranquilamente hacia el Coliseo, lugar que te tenían prohibido, ya que ahí se llevaban las batallas de entrenamiento y con la suerte que tenias; como te había dicho Saga, podías salir lastimada. Así que sin mas caminaste lo mas rápido que pudiste a aquel coliseo, ahí una batalla se estaba llevando a cabo. Comenzaste a bajar por los escalones buscando un asiento para ver mejor.

-¿Qué?- te preguntaste en el momento en que sentiste una manta encima de ti

-No es bueno que reciba los rayos del sol- escuchaste que te dijo Afrodita

-Hola- le respondiste, tratando de ocultar tu nerviosismo. Sabias que te habían agarrado en tu movida -¿Qué haces aquí?

-Vengo a ver a los que se van a postular para las armaduras de Bronce- te comento mientras te indicaba que te sentaras en medio –Voy a ver quien de ellos vale la pena

-¿Mas abajo?- preguntaste esperando a que pudieras bajar un poco mas para ver la acción mas de cerca, viste que Afrodita te sonrió y te negó con la cabeza

-Desde aquí se ve mejor- te dijo, tú suspiraste

De verdad que esos hombres eran muy buenos. Demasiado para que fueran humanos, verlos combatir de esa manera, era mejor que ver las películas de acción o la lucha libre. Pero aun así era emocionante. Mas cuando un chico de cabellos castaños muy vivarás se encontraba en su racha

-¡¿Quién de aquí me puede dar una buena batalla?!- escuchaste que pregunto mirando a todos los presentes -¡Alguien que sea lo suficientemente valiente!

-Que confianza se tiene- le comentaste a Afrodita -¿Lo conoces?

-Si- te dijo claramente –es el alumno de Marín

-¿Marín?- preguntaste sorprendida -¿Marín es maestra?

-Claro que si- te dijo –hay ocasiones en las que lo entrenaba Aioros- te comento mientras veía fijamente a aquel muchacho –es una lastima que un mocoso como él sea el caballero de Pegaso

-¿Es un caballero?- volviste a preguntar –Una se va y cuando regresa se entera de muchas cosas que una no sabia. ¿Por qué no vas Afrodita?

-¿Disculpe?- te pregunto extrañado

-Quiere un reto, porque no vas tu- le animaste -¡Ey aquí!- te pusiste de pie y comenzaste a gritar, el chico te presto atención -¡Aquí hay uno que te puede ganar!- viste que el joven rio -¡¿Aceptas el reto?!

-¡Que baje!- te respondió

-Ya esta- le respondiste –Anda, ve y demuéstrale que hay niveles

-Mi señorita- escuchaste que te susurro –se ve que es la diosa de la guerra- te dijo mientras te dedicaba una sonrisa y se encaminaba hacia el centro.

Te quedaste con la boca abierta. Sabias que aquel muchacho era buenísimo, demonios era el mejor peleador que habías conocido, bueno, no era que conocieras a muchos peleadores, pero lo que había estado haciendo era digno de admirar, pero si él peleaba entonces Afrodita se encontraba danzando élegamente, porque a eso no se le podía llamar pelear, no cuando lo único que hacia era moverse gentilmente y esquivar cada uno de los ataques del muchacho. Aquel joven se encontraba respirando agitadamente pero Piscis se encontraba fresco como una lechuga. Te pusiste de pie y bajaste los escalones restantes para ver mas cerca

-Deja de moverte- escuchaste que le ordeno a Afrodita, pero no hizo caso y solo se movió ligeramente hacia la izquierda cuando aquel joven le amenazo con una patada

-¡Vamos Afrodita!- le gritaste llamando la atención de ambos combatientes

-Regrese a su lugar- escuchaste que resonó una voz en ti, miraste a todos lados buscando la fuente pero no la encontraste

-Hola- preguntaste en voz alta

-Me comunico vía Cosmo- escuchaste de nuevo que te llamaron – Ahora, regrese por favor a su lugar, en un momento término con esto

-¡que emoción!- respondiste gustosa –ahora me puedo comunicar vía pensamiento

-¡Meteoro de Pegaso!- escuchaste que el joven grito, cuando miraste viste que un destello azul se dirigía hacia ti. Cerraste los ojos. Escuchaste que una columna estallo

-¿Esta bien?- te pregunto, abriste los ojos, te encontrabas en el regazo de Piscis

-Si- respondiste, alzaste la mirada, aquel joven se encontraba entre escombros de lo que habías escuchado -¿Esta bien?

-De pie, nos vamos de aquí- escuchaste que te dijo seriamente.

.

~ 2 ~

.

El camino lo recorrieron en completo silencio, a pesar de que caminabas a lado de Afrodita este se encontraba molesto. Sabias que habías metido las cuatro en el momento en que lo desobedeciste, no había sido tu intención, pero estaba hecho, oficialmente se encontraba lo que le sigue de molesto.

-Perdón Afrodita, no era mi intención- le susurraste, desviaste la mirada cuando te topaste con la de él, evidentemente furioso.

-Por esa razón le dije que no se alejara de donde le había dicho que se quedara

-Pero no pensé que fuera a pasar eso, no soy adivina

-Y eso casi le cuesta la vida- te dijo de manera dura, tu solo miraste al suelo –Si pudiera manejar su Cosmo no habría problema, pero aun no es capaz de defenderse

-No pensé que fuera tan peligroso- le respondiste –Por favor. No le digas a Shion

-Tengo que infórmale- te dijo seriamente

-Me va a castigar- le dijiste pero parecía ser que Afrodita ya no quería seguir hablando, sabias que te iba a ir muy mal –Por favor Afrodita, no le digas…

-¿A quien?- escuchaste una voz familiar

-Contigo quería hablar Aioros- escuchaste que le hablo Afrodita

-¿Qué pasa?- pregunto seriamente

-Ese muchacho que ayudaste a entrenar a Marín estuvo a punto de matar a Athena

-¿Seiya?- pregunto sorprendido, te vio a ti y luego miro a su compañero –¿Cómo paso eso?

-Athena estaba en el Coliseo…

-Y pues ese muchacho se las andaba dando de muy fuerte, así que le dije a Afrodita que le bajara los humos- interrumpiste a Piscis –y pues estaba sentada a la mitad y como quería ver mejor me baje y pues ese muchacho le lanzo algo y pues casi me da a mi

-¿Qué lanzo?- pregunto seriamente

-Meteoro Pegaso- le respondió Afrodita a Aioros

-Ese niño… me va a oir- escuchaste muy enojado a Aioros

-¡Mü!- gritaste cuando lo viste descender de las escaleras que llevaban directo al Salón Patriarcal -¡ayúdame!

-¿Qué le pasa?- te respondió mientras te colocabas detrás de él -¿Athena?

-Afrodita me quiere acusar con Shion y Aioros también- le comentaste, observaste que suspiro -¿tu también?

-¿Ahora que hizo?- te pregunto

-Nada- le respondiste, sentiste la mirada de Afrodita –Bueno… a la mejor hice algo malo, pero no es para tanto

De nuevo comenzaste a relatar toda la historia, sin mas seguiste caminando hacia el Salón Patriarcal juntamente con Aioros, Afrodita, pero ibas a lado de Mü, como si se tratara de tu escudo, sentías que si algo pasaba y era malo el primero en sentirlo seria Mü, sonaba feo, pero mejor él que tu. Al llegar se encontraron con Camus y Shaka, ambos revestidos con sus armaduras, habían recién llegado de las misiones que les había encomendando Shion

-Athena- te saludaron ambos haciéndote una reverencia

-Bienvenidos chicos- les respondiste -¿Cómo les fue?

-Bien Athena. Gracias por preguntar- te respondió Shaka

-¿Sucede algo?- pregunto Shion, te escondiste detrás de Mü quien solo atino a sonreír y mirar al Patriarca -¿Ahora que hiciste muchacha?

-Nada- le respondiste

-Entonces dígame algo…-te pregunto Camus, te asomaste ligeramente -¿Por qué esta escondida detrás de Aries?

-Porque aun quiero vivir- respondiste

-Athena… dígame, ¿Cuántas veces le he dicho que acate todas las ordenes que le dan los Caballeros Dorados?- tu te quedaste callada ante el sermón de Shion.

El resto de los caballeros se quedaron, Mü por obvias razones de escudo humano al igual que Afrodita y Aioros que eran los que te acusaban, Shaka y Camus observaban desde atrás, mirándote burlonamente, incluso los corriste de ahí pero no te hicieron caso

-Patriarca, he llegado- escuchaste que se anuncio otro mas

-Aioria- le llamo Shion -¿no pudiste esperar un poco mas?

-Ya escuche demasiado, no puede culpar a Athena por ser curiosa- te defendió

-Tu si me entiendes- le respondiste mientras corrías a su lado, te oculto entre su capa y miro a los presentes –me sorprende que ustedes no hagan nada para defenderla y evitar la llamada de atención del Patriarca

-Aioria- escuchaste que le llamo Shion

-Pero se quedan a ver como la pobre de Athena tiene que ser de nuevo regañada por el Santo Padre, el ser curiosa no tiene nada de malo

-Aioria- escuchaste que volvió a llamarle Shion mientras le miraba atentamente desde detrás del escritorio

-No me sorprendería que de nuevo se quiera ir del Santuario…

-Aioria, basta- volvió a repetir Shion mientras daba pequeños golpes al escritorio con sus dedos de la mano derecha

-Me sorprende de ti Mü y de ti Shaka- viste que los apunto con su dedo –Deberían de defender su curiosidad. En lo que a mi me comprende…

-Estuvo en el Coliseo Aioria- le respondió Afrodita, trataste de esconderte mas con la capa de él –casi recibe un impacto de lleno

-Sabe manejar su Cosmo- le respondió restándole importancia

-Pero eso fue temerario- escuchaste que intervino Mü

-Lo que deberíamos de hacer es entrenarle para que pueda defenderse- anuncio triunfal el león dorado, levanto su capa y te miro -¿Qué le parece la idea?

-Excelente- le respondiste con una sonrisa

-¡Caballero de Leo!- escuchaste que el humor de Shion había estallado –Mucho agradeceré que no me restes autoridad frente a Athena y también que no te metas en lo que no te importa

-Pero Patriarca…

-Pero nada- le respondió Shion y te miro –Athena, por favor venga conmigo

Apenas diste unos pasos para acercarte al Patriarca cuando un escalofrió recorrió todo tu cuerpo, te detuviste y las voces de los Caballeros que se encontraban ahí contigo las dejaste de oír, sentías que el aire que respirabas se había vuelto pesado, tu respiración se agito y una presión en el pecho se hizo presente.

-¿Sienten eso?- les preguntaste –Se siente algo… no se, tengo un mal presentimiento

-Mü- escuchaste que ordeno Afrodita –con Athena, Caballeros

-En el Jardín Privado de Athena- escuchaste ahora la voz de Camus

-Vallan a revisar, Mü cuida de Athena- ordeno de nuevo Shion, lo miraste salir por la puerta y el resto de los Santos Dorados abandonaron el Salón.

Te quedaste con Mü. Se veía tenso, te apartaste un poco de él y te sentaste sobre el escritorio, una luz brillante y dorada rodeo a Mü, para cuando abriste los ojos ya se encontraba revestido con su armadura y su capa blanca ondeaba ligeramente. Te acercaste a él, lo supo en ese momento, te cubrió con su capa y te acerco a él, salieron de ahí y se dirigieron hacia el origen de aquel presentimiento.

Cuando llegaron a aquel pequeño lugar te percataste que los jóvenes se encontraban de pie en la entrada, mirando algo o a alguien en específico

-Ya era hora- escuchaste esa voz que tan conocida te era desde sueños atrás –le dije a tus peones que te llamaran, pero me dijeron que no y no se han movido de la entrada

-Apolo- respondiste mientras caminabas a donde estaba, Mü trato de impedírtelo pero te negaste –mira que te tomas muchas confianzas, ya nomas te falto entrar directo a la cocina y tomar algo para comer

-Tardaste mucho en llegar Athena- te dijo mientras se ponía de pie pues estaba sentado en una de las bancas que había ahí –un hermoso jardín hermana, muy hermoso

-Athena, atrás- te advirtió Camus

-No soy capaz de ponerle una mano encima a mi amada hermana- le dijo Apolo, lo miraste bien, ahora se encontraba vestido con una túnica blanca larga con adornos en hilos rojos resplandecientes como la sangre, una cinta de color amarilla le cruzaba por su cintura y aun estaban ahí, esos ojos color oro aun permanecían ahí –he visitado otros templos, pero déjame decirte Athena que el tuyo es el que posee los jardines mas hermosos que he visto, ni siquiera mi Santuario los posee

-Bueno, es hay que agradecerlo aquí a mi querido Piscis -le respondiste –Afrodita es el encargado de hacerlo.

-Ya veo- te dijo seriamente -¿Por qué tardaste tanto en venir Athena? ¿acaso sentiste temor? ¿miedo?

-Estaba en el baño Apolo- le mentiste -¿Apoco crees que siendo diosa no tengo aun necesidades básicas?- le respondiste agresivamente

-Athena…te faltan modales- te dijo mientras se agachaba a cortar una pequeña flor azulada –pero no vine a eso…

-Yo se a que viniste- le respondiste mientras te acercabas mas a él –pero tengo un par de condiciones

-¿Cuáles son?- te pregunto mientras se acercaba a ti y colocaba la flor entre tu cabello

-Primero que nada, no les vas a hacer nada, esto lo planee yo y nadie mas que yo

-Athena- te llamo Shaka (quien mantenía sus ojos abiertos, solo cuando tu te encontrabas presente) -¿a que se refiere?

-Nada cielo- le respondiste para mirar de nuevo a Apolo –Volviendo a lo otro… yo me quedare aquí hasta que crea que no les vas a hacer nada

-¿Vendrás conmigo?- te pregunto

-No me pienso quedarme aquí, mucho menos donde vives tu- le dijiste restándole importancia, tratando de sonar segura de ti misma –prefiero mi mundo, al que pertenezco, recuerda Apolo que yo fui criada en el mundo normal, no en el Santuario

-¿Algo mas?- te pregunto, tu negaste

Tomaste asiento en una de las bancas, de inmediato sentiste que la Orden Dorada se situó detrás de ti, cuidándote, te percataste de que Apolo los miraba sin perder detalle alguno, así que saciaste su curiosidad y se los presentaste a cada uno por nombre y constelación, algo que no le hizo mucha gracia al dios pues tan pronto como terminaste se dio la media vuelta y continuo observando los jardines.

-Athena- escuchaste que te llamo Shion

-Ah, por cierto él es el Patriarca de aquí- le avisaste –Gracias Shion

-Espero que sepa lo que hace- te dijo mientras se retiraba y se colocaba unos pasos alejado de ti

-Yo siempre se lo que hago- le respondiste –o eso espero

-¿Qué hace el Cetro de Niké aquí?- te pregunto Aioros

-Se lo voy a entregar a Apolo- respondiste mientras las quejas de los dorados no se hicieron esperar -¿pueden callarse?

-De cualquier manera no lo puede tomar- te recordó Aioria –no se lo podrá entregar aunque lo quiera

-Eso lo veremos- le respondiste

Te acercaste a aquella vitrina y la abriste, miraste fijamente aquel tesoro, desviaste de nuevo la mirada a Apolo, quien permanecía en silencio y esperando a ver que tus palabras fueran ciertas, desviaste la mirada hacia los Guerreros Dorados te veían con decepción, algo que no soportaste y regresaste la atención a aquel cetro.

Acercaste tu mano hacia él, en efecto; una barrera de electricidad la bloqueo, no te ibas a dar por vencida fácilmente, empujaste mas tu propia mano para poder llegar a aquel artefacto, cuando por fin lo rodeaste con tu mano una gran energía comenzó a emanar a tal punto que te encontraste rodeada de una fuerte corriente de aire, algunos rayos de electricidad rodeaban tu cuerpo y tu Cosmo creció mas allá de lo que pensaste, tus cabellos comenzaron a revolotear de manera violenta.

-Ya lo tengo- le respondiste a Apolo, te acercaste lentamente a él, te encontrabas agitada y tu mano se encontraba adolorida pero sobre todo lastimada.

-Era verdad- te susurro mientras te observaba –no te aceptaba

-Ya te lo había dicho- le respondiste mientras le ofrecías aquel báculo -¿lo vas a tomar o no?- le preguntaste, lo único que querías hacer en ese momento era descansar

-Claro- te dijo, en el momento en que lo tomo una fuerte onda de energía se hizo presente en el lugar arrojando a todos, excepto a ti y a Apolo –Athena, con esto… ahora soy yo el que gobierna la tierra y…

-Si, si lo que digas, sabes… no es que te eche del lugar pero quiero descansar- le interrumpiste su discurso, no estabas de humor y presentías la bronca que te echarían los dorados en cuanto se fuera –Ya tienes la varita del destino, has lo que se te de tu regalada gana y a mi no me metas en eso

-Tendrás tu protección hermana- te dijo para luego mirar a los Dorados y desaparecer de ahí con un destello blanco

-Si siguen haciendo eso, me voy a quedar ciega- dijiste mientras tratabas de recuperar la poca visón que te había dejado aquel flash y te dejaste caer en la primera banca que viste

-¿Cómo pudo hacer eso?- te pregunto Aioria -¿Cómo pudo traicionarnos?- te pregunto de manera doliente -¿sabe acaso lo que acaba de hacer?

-Lo siento Aioria, pero no eres quien para que te de explicaciones- le respondiste tratando de que tu voz no sonara cortada sin siquiera mirarlo

-Nunca espere esto por parte de usted- escuchaste hablar a Camus mas frio de lo normal

-¿Alguien mas tiene alguna queja? ¿algo que reprocharme?- preguntaste sin siquiera mirarlos, sabias que caerías en el momento de ver en sus rostros la decepción

-Me equivoque con usted- dijo finalmente Shaka

Escuchaste los pasos salir de ahí, poco a poco se fueron alejando. Dejaste salir un suspiro, no supiste si de cansancio o de dolor, al saber que ellos en este momento se encontraban decepcionados, heridos y traicionados. Sentiste una mano sobre tu hombro, miraste y te encontraste con la mirada de Shion, ahí se encontraba él, con su aura tranquilizante y su "todo estará bien", no lo dijo, pero lo sentías. Te llevo a tu habitación y caíste de inmediato en un sueño profundo.

.

~ 3 ~

.

Parpadeaste varias veces y miraste el celular que se encontraba a lado de tu cama. Suspiraste, al menos no había estado tan mal, solo habías dormido toda la tarde, te pusiste de pie y caíste de nuevo en el borde de la cama, te encontrabas mareada. La hora de la cena había pasado desde hacia cuatro horas.

Saliste de ahí y pensaste en ir a la habitación de Shion, pero siendo un poco mas de la media noche estaría ya dormido. Caminaste hacia fuera, al único lugar donde no serias capaz de encontrarte con nadie, no tenias ánimos de ver las miradas de enojo que caerían sobre ti. El aire nocturno fresco golpeo tu rostro en el momento en que saliste hacia donde se encontraba la Gran Estatua de Athena, te sentaste en el suelo, observándola fijamente. ¿Qué es lo que ella pensaría de ti después de haber hecho lo inimaginable? Por mas que la veías no podías encontrar semejanza alguna entre ella y tu, abrazaste tus piernas a tu cuerpo y apoyaste tu mentón sobre ellas.

-Sabia que la encontraría aquí- escuchaste una voz detrás de ti, te pusiste de pie –Debería de estar durmiendo

-Mü- respondiste de inmediato –solo estaba… caminando- te quedaste callada unos momentos mirando hacia todos los lados que no fuera el ver a aquel caballero revestido de su armadura -¿Qué haces aquí?- le preguntaste mientras caminabas hacia el borde de aquel lugar y te apoyabas en la barda que te protegia de caer al fondo

-Termine mi guardia- te respondió tranquilamente –sentí que su Cosmo se encontraba alterado y me encamine hacia aquí

-Debiste ir a dormir- le dijiste viendo hacia el horizonte cubierto del manto nocturno –yo ya dormí mucho así que estaré aquí hasta que me de sueño otra vez

-Entonces me dirá- te dijo, tu cuerpo se tenso al escuchar aquellas palabras - ¿por qué entregar el Cetro a Apolo?

-Es algo que…- trataste de explicarte –Mü, no lo entenderías

-¿El que?- te pregunto mientras se colocaba a lado de ti -¿por qué entregar el Cetro? ¿o por qué entregar una replica falsa?

Lo miraste fijamente, te había sorprendido en gran manera, algo de eso ya te había dicho Shion, pero claro, eras de las que dicen "ver para creer" y pues…

La advertencia del pequeño fallo que te había mencionado Shion era verdad, de alguna u otra manera Mü se había dado cuenta de lo que habías hecho y no dudabas que ya había ido con el chisme con los demás. Y ahora ahí lo tenias, mientras tu tratabas de calmarte él te miraba fijamente con una sonrisa, con esos ojos cálidos y sin culpas.

-¿Cómo lo supiste?- le preguntaste

-No es fácil engañar a una persona que como entrenamiento tuvo que enfocarse en la forja de las Armaduras- lo miraste y el continuo –El Cetro de Niké no es la excepción, ademas, el Cosmo que emano estaba empalmado con el del Patriarca

-Eres bueno- le respondiste -¿los demás lo saben?

-Si lo que trataba de hacer era confundir incluso al mismo Apolo- te dijo –y a su Orden Dorada, lo hizo. Nadie lo sabe Athena, si no lo dijo sus razones tendrá

-No le iba a dar el Cetro así como así a Apolo, no me gusta que me den órdenes

-Sabe también que con esto….-suspiro tratando de encontrar las palabras correctas -En el momento en que Apolo descubra que es una imitación vendrá molesto

-Eso lo se- le comentaste mientras mirabas el cielo –mira, allí esta tu constelación

-Athena.

-Claro que lo se Mü, sin querer hacerlo acabo de declararle la guerra a Apolo

-¿Qué es lo que va a hacer?- te pregunto, te encaminaste hacia la estatua mirándola fijamente -¿Athena?

-Pelear- respondiste –como sea que se pelee. No soy buena en este tipo de guerras, donde el uso de armas y tanques y bombas no son requeridas

-Desde la era del mito, Athena prohibió las armas a sus guerreros

-Eso no se me hace justo- respondiste –pero si es ley, no soy quien para romperla. Una pregunta Mü- le llamaste -¿cuento contigo? ¿Estas conmigo?- viste que el joven de cabellos lilas se arrodillo ante ti

-Hasta la muerte- te agachaste hasta su altura y le sonreíste

-Gracias.

.

.

No era secreto para nadie ver a tus guardianes evitarte lo mas que podían. Después de unos días mas, el resto de la orden había llegado y lo primero que les informaban era que habías perdido aquel Cetro, todos y cada uno de ellos apenas y te reverenciaban, incluso Milo y los Gemelos hacían lo que fuera por no encontrarse contigo en el camino, de eso te habías dado cuenta, en el momento en que te dirigías hacia el despacho de Shion te topaste con Aioros que venia junto a Shura, ellos te vieron a lo lejos y tomaron otro camino, por favor, como era posible que fueran para la cocina, de verdad que estaban bien enojados contigo.

Ahora te encontrabas en el mismo sitio donde Mü te había descubierto, Shion se encontraba frente a ti, esperando a que llevaras a cabo tu gran prueba. Suspiraste y subiste los escasos escalones colocándote frente a la gran estatua.

-Muy bien Athena- te dijo Shion –ahora, encienda su Cosmo poco a poco

-¿Me va a doler?- le preguntaste haciendo que liberara una sonrisa

-Claro que no- te dijo –su Cosmo despertó con su idea, eso fue algo que no esperábamos pero que nos beneficia mucho

-¿Y servirá?- le preguntaste –no es que le tenga miedo a Apolo, pero seamos sinceros Shion… ¿el escudo durara mucho?

-Lo suficiente mientras armo una estrategia, antes de que se dé cuenta de que el Cetro es falso

-Solo espero vivir- dijiste mientras subías las mangas de tu chaquetilla negra hasta tus codos –ok Shion… cuando digas.

-Ahora

En el momento en que te ordeno activaste tu Cosmo, poco a poco este se fue expandiendo, miraste al suelo donde te encontrabas, se encontraba ligeramente dorado. Según Shion, si podías levantar una barrera que protegiera al menos el Santuario y las 12 Casas tu hermano Apolo seria incapaz de poner un pie sobre el lugar. Esperabas que esa barrera te protegiera de Apolo y de la ira de los Caballeros, pues dudabas que Mü sirviera como escudo contra todos ellos.

Te relajaste poco a poco, mientras sentías que la barrera se comenzaba a alzar sobre todo ese lugar, no había mucha diferencia, pero sentías que estabas consiguiéndolo. Solo tendrías que estar ahí de pie, durante unas horas o días… tal vez semanas…. Rogaste que no fueran meses, porque dudabas que soportaras tanto tiempo de pie

Después de comprobar que no caerías desmayada, Shion te aviso que regresaría a su despacho para poder planear el contra ataque en el peor de los casos. Asentiste y te quedaste de pie, sola, mirando hacia el cielo. El día dio paso a la tarde y esta a la noche.

-Athena- te llamaron y abriste los ojos, te encontrabas descansando

-Mira Mü, se mueve mi cabello- le hiciste notar pues el Cosmo hacia danzar tus cabellos que se encontraban atados en una coleta baja –y eso que no hay viento

-¿Cómo se siente?- te pregunto directamente

-Cansada- le respondiste –no se si voy a soportar toda la noche.

-Tendrá que hacerlo- te dijo

-Cuando me postule para la vacante de diosa nunca me dijeron que iba a tener que desvelarme teniendo que levantar una barrera- Mü rio ante tu comentario -¿te quedas a hacerme compañía?

-Lo siento pero no puedo- te dijo –pero mi aprendiz se quedara contigo, Kiki

A lado de él apareció de la nada un pequeño niño de no mas de 8 años. De cabellos cortos y alborotados color zanahoria, sus ojos grandes y llenos de inocencia, dos pequeños lunares en su frente al igual que Mü y Shion. Una camisa sin mangas de color verde seco y unos pantalones que en sus mejores días había sido blanco ahora se encontraba algo percudido. En su brazo derecho había un brazalete que no dudabas que era de oro.

-Él es Kiki- te informo Mü mientras lo veías desde aquel sitio –es mi aprendiz y será quien te haga compañía toda la noche

-Mü, no seas explotador de niños- le dijiste mientras lo veías con el seño fruncido –nunca lo espere de ti Mü

-Athena- te dijo mientras reía –Kiki es mi aprendiz, algún día espero que se convierta en un caballero y la proteja al igual que yo

-Por favor señorita Athena- escuchaste hablar al pequeño –déjeme ser su guardián

-Lo ves- te dijo Mü

-Esta bien- le dijiste a ambos

Después de que Mü se despidiera de ti te quedaste con Kiki, el niño se encontraba nervioso, no sabias si era por tu presencia o porque de verdad el niño tenia miedo de quedarse en vela toda la noche.

El segundo día llego, la noche se había ido rápido, después de que te habías encargado de romper el hielo con el niño la platica no ceso. Te habías enterado de que había sido abandonado cuando apenas era un bebé y que Mü lo había encontrado y desde ese día lo había criado e instruido. Ahora sabias que era Kiki de la constelación de Apéndice. Reíste ante esa afirmación logrando que el niño se molestara, de ahí te conto que controlaba la telequinesis y que algún día quería ser como su maestro.

-Kiki de Aries- le habías dicho –suena bien ¿verdad?

-Claro que no señorita- te dijo de inmediato –primero tengo que ser un caballero de plata antes de heredar la Armadura de mi maestro

-Kiki, ve a lo grande- le comentaste mientras reías –ten por seguro que serás muy fuerte y muy guapo- le dijiste mientras le guiñabas el ojo, lo que provoco que un fuerte sonrojo adornara el rostro del niño –Kiki, no te pongas rojo, no soy pedófila ni nada por el estilo

-¿Usted cree que podre ser...?

-¿Guapo?- le insististe –Claro que si, serás todo un galan de telenovelas y ademas serás muy fuerte, tanto que podrás derrotar a Mü en un abrir y cerrar de ojos

-Le puedo hacer una pregunta- te dijo

-¿Qué se te olvido preguntar en la noche?

-¿Por qué esta vestida así?- te dijo haciendo claro énfasis en tu vestimenta, pantalón, blusa y chaquetilla

-Porque usar vestido no es lo mio- le respondiste –sabes Kiki, a diferencia de ti, no me siento como la diosa que todos esperan. Dudo mucho que algún día sea lo que esperan que sea, es imposible para mi

-¡Puede hacerlo!- escuchaste que te dijo en voz alta mientras se colocaba frente a ti y te miraba decidido -¡Solo tiene que dar todo de usted y lo demás vendrá como recompensa! ¡Nunca dude y siga adelante!

-Palabras sabias para un niño de tu edad- le dijiste después de analizar bien las respuestas del niño –Gracias Kiki- el niño te sonrió

-¿Quiere algo de desayunar?- te pregunto

-Solo un vaso de agua por favor- le dijiste

El niño bajo corriendo los escalones, en el momento en que había llegado al suelo se escucho algo desquebrajarse. Ambos miraron por todos lados y algo te impulso a ver hacia el cielo, lo que viste te dejo sorprendida. Unas grietas se comenzaban a formar y de un momento a otro la barrera se destruyo cayendo ante ti pedazos de cristal. Kiki se coloco frente a ti con los brazos extendidos. La barrera había caído y frente a ti y al niño se encontraba un hombre que conocías, ahora revestido de una armadura plateada y resplandeciente, con dos alas en su espalda. Similar a la de Aioros.

-Aun lado mocoso- escuchaste que le ordeno a Kiki quien se mantenía frente a ti, cuidando que no te pasara nada.

-¡No lo hare!- escuchaste que grito, lo cual logro sacarte de tu asombro

-Tu lo quisiste- dijo aquel hombre que envió un rayo de energía purpura hacia el niño, este salió disparado contra la columna

-¡Kiki!- gritaste pero en el momento en que quisiste ir a ayudarlo este se puso en tu camino -¡quítate Renné!- ordenaste, mas el solo sonrió hipócritamente

-Oblígame princesita- te reto mientras te tomaba de la muñeca y te detenía

-Tú lo quisiste así- le respondiste y lanzaste tu puño con tu mano libre, el cual lo detuvo sin mucho esfuerzo

-¿Eso es todo?- te volvió a preguntar burlonamente

-No la lastimes Reneé- escuchaste la voz de Apolo quien se encaminaba hacia ti y te tomaba fuertemente de la barbilla –llévatela

-¡Athena!- escuchaste que te gritaron

-¡Shion!- respondiste y fue todo lo que hiciste pues un golpe en tu abdomen te dejo sin aire para pasar a la oscuridad.