Hola de nuevo a todos! Como los trata este nuevo mes que ya esta a casi nada de terminar? Espero que bien, bueno muchas gracias a todas las que se entretienen leyendo el fic que es de todas ustedes. Me emociono mucho cada vez que recibo un review soy tan feliz! Bueno aquí la conti de la historia, espero que sea de su agrado. Nos vemos, se me cuidan y muchos besos de mi parte
~ 1 ~
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Poco a poco sentías que la conciencia regresaba a ti, querías abrir los ojos, pero sencillamente no podías, estabas demasiado cansada y lo único que querías hacer era seguir manteniéndolos cerrados y dormir aun mas. Sentías también los brazos muy pesados, trataste de moverlos y fue cuando escuchaste un ligero tintinar, un repique de algún metal, frunciste el seño aun sin abrir tus ojos y comenzaste a mover tus brazos que se encontraban suspendidos, lo sabias de antemano, te forzaste a abrir los ojos y poco a poco la visión regreso a ti.
Un lugar frio, húmedo y oscuro, apenas unas llamas se encontraban alumbrando aquel sitio, moviste de nuevo tus manos para por fin darte cuenta de que eran unos grilletes que te habían colocado en tus muñecas unidos a unas cadenas. Miraste por todos lados, no había nadie en ese sitio, un pequeño ruido se escucho y sentiste algo caminando por uno de tus brazos, desviaste tu rostro hacia tu izquierda y te encontraste con una gran rata que se acercaba a ti, te agitaste para tirarla y dejaste escapar un pequeño grito.
-Ya despertaste- escuchaste que te hablo una voz detrás de ti
-No, claro que no- le respondiste –todavía estoy dormida, idiota.
-Yo que tu, voy moderando la forma a la que te diriges a mi- te advirtió mientras se acercaba a ti y te tomaba fuertemente de tus cabellos –Puedo matarte cuando a mi se me de la gana- te advirtió –no me tientes princesita
-Suéltame desgraciado- le respondiste, lo hizo bruscamente -¿en donde estoy?
-En el calabozo- te respondió la persona que no querías ver en ese momento
-Señor- escuchaste que hablo Renné para arrodillarse de inmediato, mostrando respeto a su dios –acaba de despertar mi señor
-¿En donde estas?- repitió tu misma pregunta mientras le hacia un ademan a Renné para que se pusiera de pie –en mi templo Athena. En el calabozo, donde encierro a los traidores, a los que me quieren ver la cara
-Señor- Renné tomo la llave que Apolo le entrego y comenzó a liberarte de las cadenas -¿A dónde la llevo?- sobaste tus brazos, tratando de mitigar el dolor
-Tráela- ordeno
De un momento a otro te encontrabas siendo llevada a punta de estirones, en tus muñecas aun seguían aquellos grilletes y las cadenas, cada tirón que daba Renné tu te oponías, si querían llevarte iban a batallar. El pobre soldado hacia todas las fuerzas necesarias para no lastimarte, te miraba fríamente.
Tu sonreíste ante tu travesura, que bien sabias te podía causar problemas, pero poco te importaba, lo único bueno de ese momento era que le estabas haciendo la tarea imposible. De pronto se detuvieron y fue en ese momento en que dejaste de hacer fuerza, Renné aprovecho tu distracción y te jalo fuertemente, caíste en el suelo y lo miraste ferozmente.
-¿Sabes cuanto cuesta este pantalón?- le preguntaste furiosa al notar que tu pantalón se había rasgado de la rodilla ademas de mojado y aterrado
-No me importa- te dijo
-Me costo un ojo de la cara- le respondiste mientras te incorporabas y te acercabas a él –me vas a pagar el triple de lo que me costo
-Athena, esas son cosas materiales- te interrumpió Apolo, lo miraste
-Es esfuerzo de mi trabajo, es un pantalón de marca, no son nada baratos
-No suenas como una diosa- te respondió sentado desde su trono de piedra gris que se encontraba adornado con varias gemas, una alfombra roja se extendía hasta las escaleras y el pasillo –suenas mas humana, no va contigo hermana
-Si crees que con eso, esta cosa- apuntaste hacia Renné –se va a salvar de pagarme mi pantalón estas muy equivocado. Me importa poco si no les pagas bien o solo te dedicas a explotarlos, pero de que me paga me paga
-Athena déjate de estupideces- te dijo seriamente mientras te miraba –dime porque Athena…. ¿Por qué me traicionaste?- no respondiste, él callo esperando tu respuesta, pero solo recibió de ti tu silencio –Athena, traicionaste a tu amado hermano, a tu propia sangre
-No somos hermanos idiota- le respondiste mientras te parabas frente a él –no compartimos ni madre ni padre
-Nuestros lazos van mas a allá de compartir familia humana- te dijo mientras se ponía de pie y bajaba hasta donde te encontrabas –Somos hijos de Zeus y como tal, debemos de estar unidos hasta el final
-Te equivocas- le respondiste –no te debo nada y si no quise entregarte el Cetro fue porque no me dio la gana
-Athena- te susurro
-No me gusta que me digan que es lo que tengo y no tengo que hacer- le sonreíste
Observaste que Apolo te sonrió y poso su mano en tu mejilla derecha. De un momento a otro sentiste un ardor en esa mejilla, caíste al suelo debido a la fuerza del golpe que habías recibido. Apolo te había abofeteado, sentiste de inmediato un ardor en los ojos, pero no ibas a llorar, tomaste aire y levantaste la mirada hacia aquel hombre
-¡Estúpida!- te grito mientras te levantaba tomándote de tus cabellos -¡Tu lo quisiste así Athena!
-¡Suéltame!- exigiste pero no se notaba que no iba a ceder
-¡No Athena, ya no voy a ser el estúpido que complacía todos y cada uno de tus deseos!- grito cerca de tu oído mientras te jaloneaba de un lado a otro -¡Tu quisiste darme la espalda!- te dijo para llevarte arrastrándote hacia una ventana, la cual daba hacia el exterior -¡todo esto Athena, este bonito paisaje se va a ir al demonio!- revelo mientras te volvía jalonear para poder arrojarte de nuevo al suelo
-Idiota- le respondiste mientras masajeabas tu cabeza –la vas a pagar caro
-No Athena, eso si que no- te respondió iracundo –Ahora, tus peones tendrán que venir por ti con el Cetro… claro, a menos que quieran verte con vida
-Lo dudo mucho- le respondiste mientras te ponías de pie –ellos no te van a dar ni la hora, no después de que les di la espalda. Créeme Apolo, te quedaras como novio de rancho, vestido y alborotado
-Llévala al calabozo y la encadenas de nuevo- escuchaste que le ordeno a Renné, quien de inmediato tomo las cadenas y te jalo bruscamente
-A la orden señor
-Si en la remota posibilidad de que ellos vinieran- le dijiste antes de seguir con tu camino –no vendrán por mi cielo… te van a moler a palos
Ya no viste la sonrisa burlona en el rostro de Apolo, ni mucho menos escuchaste la carcajada que soltó en cuanto abandonaste aquella sala.
Solo sentías como eras jalada y como tus muñecas resentían aquel contacto con el metal, miraste la parte afectada, se encontraba ligeramente roja, pronto comenzarían a sangrar si no te retiraban de inmediato aquel duro metal, en todo el camino no cruzaron palabra alguna, incluso cuando te regresaron a tu cómodo y lujoso calabazo no hubo burlas por parte de aquel guerrero traidor.
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~ 2 ~
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Shion se encontraba caminado de izquierda a derecha y viceversa, desviaba la mirada de cuando en cuando hacia Kiki quien se encontraba sentado en la esquina del Despacho, llorando en silencio su error, por no haber podido proteger a Athena, por haberle fallado a su maestro.
Unos golpes sonaron de inmediato y sin esperar la orden se adentraron, la mayoría de los Caballeros Dorados se encontraban ahí, excepto por Tauro y por Capricornio que se encontraban de misión hacia dos días atrás. Shion se quedo observando a cada uno de los que habían entrado; algunos con armaduras otros en ropas normales. Todos y cada uno de ellos comenzaron a hablar, algo que termino con la paciencia de Shion, el cual los callo a todos elevando la voz aun mas que ellos.
-Tranquilícense y hablen de a uno por uno,- ordeno y todos guardaron silencio en ese momento -todos me desesperan y no los puedo entender para nada- les dijo mientras tomaba asiento en su escritorio –Shaka, toma la palabra- el aludido dio un paso adelante
-Si señor- respondió y tomo algo de aire –Hace unos pocos minutos sentimos una perturbación del Cosmo, mas enfocado, en el Cosmo de Athena
-¿Cuál es tu pregunta Shaka de Virgo?- le pregunto directamente al Caballero
-Nosotros nos preguntábamos… ¿Qué fue lo que paso? ¿Por qué el Cosmo de Athena se desvaneció? ¿Qué fue lo que paso con el frágil escudo de la diosa?
-Athena se encontraba levantando una barrera, para protegerlos de la ira de Apolo; lamentablemente, no sirvió de mucho- explico Shion mientras los caballeros lo miraban fijamente –Apolo se presento, por eso la barrera…
-¡¿Qué fue lo que dijo?!- interrumpió Afrodita, la severa mirada del Patriarca lo hizo callar –lo siento señor- se disculpo
-Como les decía antes de ser interrumpido- comento –Apolo regreso por Athena y se la llevo, no estoy muy seguro pero puedo imaginarme en donde esta
-Dime Shion- hablo Dhoko llamando la atención del Patriarca -¿Qué sabes tú, que nosotros no?
El Patriarca se tenso ante aquella pregunto, observo que todos le miraban fijamente, a pesar de que Shaka mantenía sus ojos cerrados, podían sentir la presión que el joven ejercía. Se puso de pie y se encamino hacia la ventana, observo todo el Santuario, un silencio tenso se formo en la habitación, silencio que solo se rompía con los sollozos del pequeño Kiki, el Caballero de Aries desviaba la mirada hacia donde se encontraba su aprendiz, después de salir de ahí llevaría a su alumno hacia su templo.
-Athena- menciono para mirar hacia el cielo, desvió la mirada hacia su alumno quien lo veía fijamente -tú lo sabes Mü, ella te lo confirmo- el aludido asintió
-¿Qué fue lo que te dijo la diosa Athena?- le pregunto Aioria
-Habla Mü- le exigió Milo, el aludido solo desvió la mirada hacia el suelo
-Athena jamás nos traicionaría- tomo de nuevo la palabra Shion -¡Nunca nos vendería al enemigo! ¡Jamás pasaría eso por su mente!- les grito a los jóvenes quienes respingaron –nuestra diosa lo tenia todo bien planeado. Ella sabia que Apolo iba a acabar con la tierra y para eso necesita el Cetro de Niké.
Sabe mejor que Athena lo que ese Cetro significa, el control de la tierra. Por eso Athena iba a ganar tiempo, lo suficiente para poder armar una estrategia y poder combatirlo; pero ustedes… - se volteo para quedar frente a los jóvenes que mantenían la cabeza agachada -¡Ustedes se atrevieron a llamarla traidora! ¡A su propia diosa! ¡A quien juraron proteger!
-No nos dijo- susurro Aioros –solo le dijo a Mü, no es nuestra culpa que Aries sea el confidente de la diosa Athena
-No me lo dijo- respondió el carnero llamando la atención de todos los presentes
-¿Qué quieres decir?- le pregunto Ángelo
-Yo me di cuenta, el Cetro que tomo Apolo no era el original, era una copia hecha por mi maestro
-Apolo al no haber visto jamás el Cetro de Niké, al jamás haberlo tenido en sus manos era mas sencillo engañarlo- comento mientras tomaba asiento de nuevo en su escritorio –Es una habilidad de todos los Aries la creación de las Armaduras, hacer una copia exacta no era difícil
-Lo que te pidió fue mantenerlo en secreto…. ¿no es así Shion?- le pregunto Libra, el solo asintió –y luego dices que soy yo el que la consiento
-Esto no se trata de consentirla o no- se defendió –la confianza de Athena había sido depositada en mí, no podía traicionarla
-Debió de habérnoslo dicho- comento Ángelo mal humorado –se nota que le gusta hacer las cosas antes de pensarlas
-Entonces Shion- volvió a hablar Dhoko -¿Cuándo salimos?
-Nos quedaremos aquí- ordeno –nadie saldrá hasta que la estrategia este lista
-¡Pero Patriarca!- se quejo Kanon -¡no podemos dejarla!
-¡Nadie saldrá de aquí!-dijo estrellando sus manos sobre el escritorio, los caballeros dieron un paso hacia atrás a excepción de Dhoko quien le mantenía la mirada -¡Y no te atrevas a desafiar mis ordenes Dhoko! ¡Nadie sale de aquí sin mi permiso! ¡quien lo haga será acusado de traidor!
-¿Algo mas que quieras decir Gran Patriarca?- le pregunto Dhoko
-Nada, ahora retírense y esperen a mis ordenes
-Mü, llévate al niño y cálmalo- le ordeno al joven que de inmediato tomo a Kiki entre sus brazos.
Los jóvenes dorados salieron del despacho. Dhoko miro fijamente a su Patriarca, quisiera o no, quien llevaba las riendas en ese sitio era Shion. Mü salió casi después de tomar a Kiki en silencio.
"Solo recuerda Shion, se nos encargo a los dos. Por eso tenemos de nuevo nuestra juventud"
Dicho esto, Dhoko salió de ahí dejando mas molesto a Shion, él lo sabia. Ambos habían estado presentes cuando se les encomendó la búsqueda de la diosa, cuando se le encomendó el cuidado. En cuanto escucho cerrar la puerta, se dejo caer en su silla, tenia muchas cosas en que pensar, mas que estar lidiando con los berrinches de 10 muchachitos.
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~ 3 ~
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Mü acariciaba los cabellos rojizos del pequeño lemuriano, de vez en cuando dejaba salir un suspiro mientras dormía en la cama del mayor. Había tardado casi toda la tarde en que dejara de llorar y que se dejara de culpar, pues no había sido su culpa el que Athena hubiera sido llevada de ahí, ademas el guerrero que se había aparecido era mucho mas fuerte que el pequeño aprendiz.
Salió de la habitación y se dirigió hacia su cocina en la parte privada del Templo de Aries. No era un lugar muy lujoso, apenas y tenia una mesa de madera cubierta por un mantel blanco algo anejado con sus 4 sillas. Un pequeño fregadero donde dejo el vaso de leche vacío y el plato donde antes había un pequeño lonche de jamón y queso. Una alacena de madera apenas de dos puertas con algunos platos y vasos. A la derecha un pequeño Frigobar. Lavo los trastes sucios y tomo asiento en la mesa.
Después de unos momentos en completo silencio escucho unos golpecillos en la ventana que se encontraba por en el fregadero, levanto la mirada topándose con una persona, la cual, nunca pensó que estaría ahí. Se puso de pie y salió por la puerta trasera de la cocina.
-Buenas noches Caballero de piscis- saludo el lemuriano -¿en que te puedo ayudar?
-¿Cómo esta tu pequeño aprendiz?- la pregunta tomo por sorpresa a Mü
-Mejor- respondió –hace dos horas que duerme. Tarde un poco en hacerlo entender que no tenia la culpa de nada
-Debió sentirse fatal- le comento mientras miraba hacia el cielo estrellado –no es por nada Mü, pero la pequeña flamita de Cosmo no podía oponerse al tipo ese
-Lo se- respondió sonriente al descubrir el nuevo apodo que Afrodita le había puesto a su alumno –Pero imagino que ademas de preocuparte por mi alumno has venido a decirme otra cosa- el joven de cabellos celestes sonrió
-Hemos sido llamados- soltó de golpe –una reunión
-¿Ahora?- pregunto sorprendido
-Ahora mismo- le confirmo -¿me acompañas?
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La noche era la única testigo junto a la luna y las estrellas, todos y cada uno de los jóvenes dorados se encontraban reunidos, sentados alrededor de una fogata. El bosque se encontraba un poco alejado del Santuario y sus alrededores, no había nadie ahí mas que aquellos guerreros de elite.
-Buenas noches Caballeros- saludo Mü mientras que Afrodita solo asintió con la cabeza, ambos tomaron asiento en el suelo pastoso, el cual se encontraba algo húmedo debido al sereno que comenzaba a caer.
-Ya era hora- comento Ángelo –se tardaron años
-Ahora que estamos completos, podemos comenzar- tomo la palabra Dhoko –muy bien, en este momento vamos a decidir quienes serán los que vallan por mi niña
-Pero el Patriarca dijo que no saliéramos de aquí- comento de inmediato Mü
-No seas así Mü- comento de nuevo Ángelo –vamos a romper a las reglas, pero por favor que no valla este- apunto a Aries –el niño bueno no es capaz de desobedecer al Patriarca
-Seremos acusados de traidores- volvió a comentar Mü
-¡Pero Athena esta secuestrada!- comento Aioria -¡Mü se sensato por una vez en tu vida!
-No sabemos en donde se encuentra Athena
-Hablo el que faltaba- comento de nuevo ironizando la frase Ángelo –el otro niño bueno y obediente del Santuario, el gran Shaka de virgo
-Se llama sensatez- respondió Virgo
-Se llama cobardía- respondió el cangrejo dorado
-De cualquier manera, será muy difícil salir de aquí sin que se entere el Patriarca
-¡No Camus, tú no!- comento Milo -¿vas a dejas a Athena sola? ¿Sin tu apoyo?
-Te recuerdo que tú también le negaste el saludo anteriormente- le respondió
-¡A callar!- ordeno el mayor de todos –Desde este momento les digo, voy a desobedecer la orden de Shion, el que no quiera hacerlo ni arriesgarse…- desvió la mirada hacia Mü y Shaka –tienen tres para salir de aquí e ir de chismositos con él, los demás se quedan.
-¿Por qué no empieza viejo?- le ordeno Ángelo, cuando sintió la mirada de Dhoko opto por callarse y mirar lo interesante del pasto
-Bueno, ya que todos están de acuerdo- comento al ver que ninguno de los dorados se había ido –Haremos lo siguiente. Solo 6 de ustedes irán, buscaran a Athena, acabaran con todo lo que tenga planeado Apolo. Rescatan a la princesa, salen de ahí y se acabo.
Silencio total en la pequeña junta. Nadie había entendido el plan del Antiguo maestro de los Cinco Picos, se escuchaba tan seguro de él mismo, pero en la mente de los jóvenes se habían formado demasiadas dudas, dudas que no querían ser expresadas por temor a un regaño del Caballero de Libra. Las miradas iban de un joven a otro.
-¿Me lo repite?- pregunto Saga –porque me quede en la parte de que buscamos a Athena y ya no sé que mas
-Muchachitos estos- susurro -¿Cómo puede ser que no hayan entendido un plan tan maravilloso y fácil como este?
-No se explico bien- respondió Kanon
-Para comenzar- intervino Aioros –no es por ofenderlo Maestro, pero no sabemos donde se encuentra el Templo de Apolo
-Con esto- dijo Dhoko mostrando un pequeño rollo de papel en sus manos
-¿Le robo al Patriarca?- le pregunto Ángelo soltando una risa
-No lo llamaría robar- se defendió –lo llamo pedirlo prestado. Después se lo regresare, cuando ustedes regresen con Athena
-¿Quién ira?- pregunto Milo
Dhoko comenzó a verlos, explicar que se debían de quedar la mitad de la orden para que Shion no sospechara le llevo mas de dos horas, contando que Cáncer, Leo y Escorpión lo interrumpían cada 5 minutos. Los caballeros elegidos debían de ser tranquilos, calculadores y sobre todo, discretos. No debían de llamar la atención de nada ni de nadie, entrar y salir sin ser vistos. Todos y cada uno de ellos se sentían que llenaban con mucho orgullo aquellos requisitos. No por nada habían recibido entrenamiento desde pequeños y habían ido a tantas misiones solos.
Dhoko sabia que seria muy arriesgado, no solo significaba ir en contra de las ordenes de Shion, el Patriarca, sino ir como traidores, claro, si recuperaban a Athena, pues podrían ser perdonados, pero la mas mínima falla equivaldría traición y solo había un castigo para los traidores: muerte.
Miro de nuevo a los Caballeros, todos eran muy jóvenes, mas que rescatar a Athena, era ir para pedir perdón por haber dudado de la chica, querían demostrar su lealtad para con ella. Todos, incluida ella, eran demasiado jóvenes, las equivocaciones eran parte de su vida, poco era también el tiempo que habían estado conviviendo. Todos se encontraban callados, se podía cortar la tensión con un cuchillo, se sentía en el aire. La luna se encontraba ahora en su punto mas alto. Observando silenciosa.
-Muy bien jóvenes Caballeros que protegen al mundo- hablo Dhoko –se que todos son muy buenos, pero en esta misión se pone en riesgo la vida de la diosa Athena, tendrán que ir los mejores
-Claro señor- hablo Milo -¿Quiénes serán? A parte de mi, claro que necesito de buenos compañeros
-¿Quién dijo que ibas a ir tu?- le desafío Ángelo
-Calmados- les ordeno Dhoko, ambos se callaron pero siguieron mandándose miradas de odio, el maestro suspiro y se llevo su mano a su rostro, tratar con esos niños era muy difícil
-Maestro, ¿se siente bien?- le pregunto Saga, él solo asintió
-Ya niños a callar- volvió a ordenar a pesar de que se encontraban en silencio –muy bien, cuando nombre a los elegidos, no quiero escuchar replicas por nadie y eso va para todos- fijo su vista en Escorpión y Cáncer –los que se queden deben de encubrir a sus compañeros
-Si señor- respondieron todos, esperando a que el Maestro eligiera
-Mü de Aries- fue el primero en ser llamado, se puso de pie –Aioria de Leo- el aludido sonrió y se coloco a lado de su compañero –Shaka de Virgo- el rubio se sorprendió ante su mención, pero aun así se coloco con sus compañeros –Aioros de Sagitario- se puso de pie y le hizo una reverencia al mayor, su hermano le sonrió –por ultimo Camus de Acuario y Afrodita de Piscis- ambos se colocaron frente al Maestro
-¡¿Por qué ellos?!- pregunto sorprendido Milo al no ser nombrado
-¡¿Qué tienen ellos que yo no?!- se unió Mascara de Muerte a las quejas
-Porque son sus habilidades son las que en este momento se necesitan- explico Dhoko –ademas, ellos tienen buena relación con Athena
-De ser así, debería de ser yo el enviado…. ¡Yo la secuestre!
-No lo digas de esa manera- comento Kanon, el escorpión dorado sintió las miradas de todos los presentes
-Sonó muy pervertido- término de hablar Saga
-Como les decía….- retomo de nuevo el control Dhoko –deben estar seguros de hacerlo, esto significa traición y a menos que traigan a Athena a salvo, no podrán ser perdonados
-Lo comprendemos señor- hablo Camus
-Aioros, tu serás el líder- ordeno Libra mientras asentía y le entregaba el mapa –yo y los demás nos arreglaremos para poder distraer a Shion y que no se de cuenta
-¿Y si lo hace?- pregunto Mü ocultando el nerviosismo de su voz
-Yo asumiré toda la responsabilidad- se aseguro Dhoko
Solo le dedicaron una reverencia al Antiguo Maestro para poder regresar a la parte privada de sus templos y alistarse para salir. Dhoko le tendió una hoja con el sello y la firma de Shion a Aioros, una orden de salida, otra que había tomado "prestada" y que luego la repondría. Mü se despidió en silencio de Kiki sin despertarlo, al igual que los demás alistaban los últimos detalles.
Ropas de civil eran las que llevaban puestas, llevar la armadura llamaría demasiado la atención, aunque llevar en su espalda algo de gran tamaño ya llamaba la atención.
Se encontraron en la única salida y entrada con la que contaba el Santuario, el reloj marcaba casi las tres de la mañana y eran; ademas de los soldados, las únicas personas que caminaban por ese sitio. El guardia, a pesar de conocerlos les pidió la orden, cuando la reviso se la entrego de nuevo a Sagitario, después de una reverencia, los Caballeros salieron a su destino.
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~ 4 ~
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Respirabas agitadamente, tu boca era la que buscaba algo de oxigeno, sentías tu garganta seca. Ya no sentías el dolor de tus brazos, te encontrabas muy cansada, habían sido ya 15 días encerrada en ese sitio, apenas y te alimentaban. Cerraste los ojos y echaste tu cabeza hacia atrás para tratar de aliviar el dolor que sentía tu cuello. Miraste la ventana, un pequeño pájaro se poso en ella, lo mirabas al revés, pero al menos te alegrabas que la vista había mejorado mucho, esa pequeña ave había alegrado tu día. Verla dar pequeños saltitos te hacia sonreír.
El sonido de la puerta abriéndose espanto a aquella ave, te enderezaste y pudiste observar que un soldado se acercaba a ti, ya no era Renné, te había dejado de visitar, pues cada que iba a llevarte la comida le hacías rabiar, porque sabias de antemano que no te podía poner una mano encima.
-¿Ahora que?- te atreviste a preguntar, sin embargo no recibiste una respuesta.
Solto las cadenas y caíste al suelo húmedo, tus rodillas golpearon fuertemente el piso y sentiste un fuerte dolor. Te comenzó a jalar con ayuda de las cadenas y te llevo fuera de ahí. El exceso de luz lastimo tus ojos, que ya se habían acostumbrado a la poca luz del calabozo en el que te encontrabas. No tenias fuerzas para forcejear, solo te dejaste llevar.
Aquel soldado te dirigió hacia un elegante comedor, donde se encontraba una grana mesa, podías asegurar que era aun mas larga que la que compartías con tu orden dorada. En ella había manjares de toda clase, tu estomago comenzó a realizar ruidos, solo rogaste que Apolo no los escuchara. Se encontraba sentado ahí, junto a Renné y a otros 4 mas, revestidos con sus armaduras plateadas. El soldado te acerco lo suficiente hacia Apolo.
-Bienvenida hermana Athena- te saludo, tu volteaste el rostro hacia otro lado, no querías verlo -¿Cómo estas?- no respondiste -¿Te comiste tu propia lengua?
-Estúpido- respondiste ante su burla
-Valla, parece ser que para insultar tienes fuerzas- te respondió mientras sorbía un poco de vino de su copa -¿nos acompañas a comer?- te invito –la puedes ayudar Damián
-Si señor.
Un joven de estatura similar a la de Renné se puso de pie y rodeo la mesa, su cabello era rubio como los rayos del sol y lacio, sus ojos eran como dos gemas verdes y su piel perlada. Su armadura platinada no era tan asombrosa como las de tus guerreros, claro que no, las armaduras de tus guerreros los superaban y por mucho. A diferencia de la de Renné, esta no poseía alas.
-Tome asiento señorita- te ordeno, tu te quedaste de pie -¿pasa algo señorita?
-¡Siéntate Athena!- te grito Apolo –Si no lo haces tu…. Lo hare yo- te amenazo
-Ya Apolo, no grites, me duele la cabeza- le respondiste tratando de ocultar tu nerviosismo
-Lo vez, fue sencillo- te dijo mientras seguía comiendo
Frente a ti colocaron de inmediato un plato de comida, las doncellas que trabajan para Apolo vestían algo corto, demasiado para tu gusto. Tu estomago comenzó a rugir en el momento en que el olor de la comida se paseo por tu nariz, se te hizo agua la boca, casi sentías el sabor de aquellos manjares y el vino que te habían servido podría calmar la sed que tenias, a pesar de que no eras bebedora ni de vinos de mesa, pero podrías hacer la excepción.
-No tengo hambre- dijiste, ignorando el dolor punzante de tu estomago el cual repercutía en tú garganta
-Mientes- te dijo –puedo escuchar como ruge tu estomago
-No quiero morir envenenada- le dijiste, no ibas a perder el poco orgullo que te quedaba -¿ya te resignaste a que no van a venir?- le preguntaste burlonamente
-Vendrán- te dijo mientras robaba de tu plato unas rodajas de tomate y se las llevaba a su boca –tarde que temprano tendrán que venir por su diosa
-Si es que no son unos cobardes- intervino Renné
-En eso tiene razón- le alabo Apolo –dime Athena… ¿Qué se siente tener cobardes a tu servicio?
-¿Qué se siente que te hayan visto la cara?- le regresaste la jugada
-Juegas con fuego Athena- te comento –si te saque de ahí es para que recapacites. Entrégame el Cetro y perdonare tu traición anterior, todo quedara olvidado y cumpliré mi promesa… salvare tu vida
-Vete al demonio Apolo- le respondiste desafiante, observaste que Apolo tomo con mas fuerza el cuchillo de su mano
-Athena….
-¡Señor!- interrumpió un soldado la platica -¡problemas señor!
-¿Que pasa? ¿Por qué entras así?- escuchaste que Apolo estaba molesto
-Nos… inva…- ya no pudo decir nada mas, se había congelado por completo
-¿Qué diablos esta pasando?- bravo Apolo y te dirigió la mirada
-A mi no me veas, yo no se nada- le respondiste sonriente
-Ustedes a defender- les ordeno a Apolo, se pusieron de pie y se colocaron sus cascos –Tú vienes conmigo- te dijo mientras te tomaba del brazo derecho y te sacaba de ahí
Recorrieron un camino que se encontraba alumbrado por luces y velas, el pasillo se encontraba lleno de estatuas y pinturas al oleo. Llegaron a una puerta que se encontraba hecha de hierro, aunque al parecer Apolo la pudo empujar con una sola mano. Bajaron por unas escaleras, este sitio se encontraba alumbrado por una antorcha cada cuantos metros, era oscuro, aun mas oscuro que el lugar donde te habías encontrado anteriormente.
La temperatura comenzaba a subir, casi al final pudiste observar una luz roja, cuando llegaron ahí te quedaste anonadada, parecía el interior de un volcán. En medio había una pequeña laguna de fuego, pues piedras fundidas había en el, en medio se encontraba una escalera de piedra la cual subiste a la fuerza, Apolo no eran de los que tenían mucha paciencia, pues a pesar de que te oponías él te jalaba sin mucho esfuerzo. Cuando estuvieron en la cima, empujo una palanca, un fuerte ruido se escucho y de pronto una gran piedra plana comenzó a descender, otro fuerte estruendo se escucho cuando choco con el borde, Apolo no perdió el tiempo y te amarro a aquella roca.
Observaste sus ojos, esos ojos que te habían hipnotizado ahora se encontraban danzantes, se encontraba preocupado. Sonreíste de medio lado
-¿Asustado hermanito?- le preguntaste burlonamente
-Te dije que vendrían por ti- te recordó –ademas, no le tengo miedo a un montón de patéticos humanos
-Entonces… ¿Por qué tan nervioso?
-¡Escúchame Athena!- te dijo mientras te apretaba fuertemente tu rostro con su mano izquierda -¡ni tu, ni ellos van a quitarme lo que por derecho es mio!
Dicho esto te soltó y elevo la piedra, te encontrabas atada de pies y manos, un grillete mas se encontraba aprisionado tu cuello, aquella piedra quedo suspendida en el aire al lado izquierdo de Apolo, sentías el calor intensamente. Dentro de ti te sentías aliviada, porque a pesar de todo, habían venido por ti, por obligación o por que te extrañaban, eso no importaba, lo que en verdad importaba era que pronto, muy pronto saldrías de ahí. ¿Cómo lo sabias? Sencillo… ellos son los Caballeros Dorados de Athena. Los hombres mas fuertes del mundo.
