Hola a todas! Como han estado? Espero que bien. Bueno he aquí la siguiente parte del capitulo, trate de hacerlo lo mejor que pude, espero que les guste. Ahora, el siguiente capi ya lo tengo, solo es cuestión de subirlo, la pregunta aquí es… ¿capitulo siguiente? ¿o 2da parte del anexo? Ahí me lo dejan en PM o review. Sin mas les dejo leer, se cuidan les mando muchos besos y abrazos. Nos leemos.
~ 1 ~
Unos golpes ligeros se escucharon detrás de la puerta, el Patriarca dio autorización para que entraran, dos figuras se colocaron frente al escritorio, donde Shion se dedicaba a prestarle mas atención a los documentos que a los presentes quienes se mantenían en silencio absoluto.
Lo único que se escuchaba en ese momento en el que el silencio reinaba era la pluma que bailaba de un lado para otro y las hojas de papel que viajaban de la izquierda a la derecha. Una mujer de mediana estatura y cabellos rojizos, cuyo rostro se encontraba cubierto con una platinada mascara se encontraba esperando. A su lado se encontraba aquel joven que había estado haciendo jaleo en el Coliseo, ansioso por saber el motivo de la llamada de la personas que se encontraba por encima de los 88 Caballeros, su mirada iba de un lado a otro, siendo esta, la primera vez que se encontraba en el despacho.
-Marín- llamo a la mujer quien de inmediato se tenso -¿sabes para que te he llamado?- le pregunto sin despegar la vista de los documentos
-Si señor- respondió Marín –se debe a la falta de cuidado de Seiya al atacar a un civil en el Coliseo, ademas de hacer uso de su Cosmo solo por diversión
-Así es- comento Shion sin dejar de firmar los papeles -¿tienes algo que decir Seiya, caballero de Pegaso?
-Bueno, yo…- Seiya trataba de encontrar las palabras correctas para poder explicarse bien y que la llamada de atención se quedara solo en eso –Lo siento mucho señor, se que no es digno de los Caballeros usar el poder para el beneficio de uno mismo- Shion dejo por fin la escritura y miro fijamente al joven –Bueno señor, no volverá a pasar, le prometo que jamás volveré a causarle una molestia
-Eso espero- comento mientras entrecruzaba sus manos y apoyaba sus codos encima de su escritorio –pero eso no es lo mas grave- comento seriamente –el ataque que no pudiste dirigir bien, estuvo a punto de golpear a una persona
-Si; lo se, pero es que…
-Esa persona a la que estuviste a punto de impactar con tu Cosmo… era nada mas y nada menos que la señorita Athena- el rostro del joven palideció, se escucho un quejido proveniente de la joven –así es señor Seiya, usted al igual que los demás caballeros saben que Athena se encuentra en el Santuario…
-¡Pero no lo sabia!- se defendió de inmediato pero la intensa mirada del Patriarca lo hizo callar –Lo siento señor
-Patriarca- pidió la palabra Marín, Shion asistió –No avalo que Seiya se haya estado jactando de su poder frente a los novatos- se callo unos segundos –también repruebo que haya levantado su mano en contra de Athena- volvió a callar –pero también entiendo que Seiya no sabia que Athena se encontraba en el Coliseo
-Eso- respondió Seiya –no es mi culpa que ella estuviera ahí, ademas… escuche que fue capaz de detener los ataques de los Caballeros Dorados
-¿A que quieres llegar con esto Seiya?- pregunto directamente el Patriarca
-A que ella podía haber desviado mi ataque
-Pegaso- llamo Shion poniéndose de pie y caminado hacia la ventana –estas diciendo que es culpa de Athena el no defenderse…
-No dije eso- interrumpió a Shion
-Que es culpa de Athena el no darse cuenta de tu ataque y que eso haya provocado que casi la matas… ¿eso es lo que me estas queriendo decir?- pregunto amenazante
-Jamás levantaría mi mano en contra de Athena- comento de inmediato
-Patriarca, no quiero desafiar sus palabras- intervino de nuevo Marín –pero creo que esta exagerando al decir que Seiya casi mata a Athena- comento –yo no la conozco personalmente, pero he escuchado que es una joven muy imprudente.
-Marín, yo no dije eso, fueron palabras de tu alumno
-Que usted puso en su boca- desafío la amazona
-Hay algo que… ¿Quién es?- Shion se vio interrumpido de nuevo por unos toques en la puerta
-¿Se puede?- pregunto una voz que ya había ingresado al Despacho
-Dhoko- le llamo Shion
–Vamos, no seas tan estricto con esto- intervino mientras abrazaba a Seiya por los hombros –el chico solo se estaba divirtiendo y Athena andaba de curiosa… ¿Qué crees que diría ella si estuviera aquí?
-Dhoko, te pediré que no te metas…
-¿Qué diría ella?- Shion suspiro y miro a su amigo y confidente
-Solo fue un accidente, por parte de él porque no supo manejar su puntería y por parte de ella por andar de curiosa
-Eso es… cierto- dijo Dhoko sonriendo –así que si es todo…
-No- comento Shion –a pesar de todo, Seiya debe de tener una amonestación
-Si de eso se trata- intervino de nuevo Dhoko –En la ciudad de Kalamata acaba de haber un terremoto. Las casas quedaron destruidas y la gente de ahí necesita de mucha ayuda
-Marín- llamo de nuevo el Patriarca –lleva a tus hombres junto con Seiya a Kalamata, ayudaran en todo lo que puedan
-Si señor- comento algo molesta la joven mujer
-Contigo ira Mü y Camus…
-Este Shion…- le llamo Dhoko –ellos están en… meditación- se le ocurrió decir a Dhoko
-¿Con Shaka?- pregunto incrédulo
-Si, veraz… ellos querían… ser seres iluminados y bueno, sabes que no debes de interrumpir su meditación y…
-Si, ya entendí- comento pensativo –entonces irán Camus junto Aioros, ellos son muy queridos allí y para ellos…
-¡Están de misión!- comento de nuevo Dhoko –veras, están ayudando en la casa hogar de los ancianitos y no pueden ir
-Entonces mandare a Aioria…
-¡No!- el rostro de Shion no entendía las renuentes de su amigo -Esta enfermo del estomago
-Dhoko...- le llamo –mas te vale que no los estés encubriendo por algo
-¿Yo?- pregunto inocentemente –claro que no- respondió mientras caminaba hacia la ventana -¿Por qué no envías a Cáncer y Tauro?
-¿Ellos?- pregunto incrédulo –de Tauro no tengo duda, pero Cáncer no es muy social que digamos
-Tú envíalos- dijo restándole importancia mientras sacaba a empujones a los otros dos
-¿A que venias Dhoko?- pregunto
-A nada- comento sonriendo de manera nerviosa
-Ya que vas para allá, avísale a Afrodita que necesito que venga, quiero que entregue unas solicitudes al gobierno y…
-¡No!- grito de inmediato
-¡¿Qué diablos te pasa Dhoko?!- le pregunto
-Nada- se defendió –yo creo que esta afuera, creo que se fue a ver a los niños del orfanato junto con Aioros, si… eso fueron a hacer
-Dios, estos muchachos hacen lo que se les da su gana- comento molesto el Patriarca, tomo asiento en su escritorio de nuevo –envíame a quien sea, pero rápido
-Claro Shion, yo me encargo
-Estos niños- susurro mientras continuaba firmando, se detuvo de improvisto -¿Qué no se supone que Aioros esta con… Camus?- negó con la cabeza –bueno, ya me escucharan
.
.
-Bien, perfecto Camus- aplaudió Aioria al francés mientras daba unos pasos hacia adelante –Todo esto… es tu culpa- lo acuso –si me hubieras dado a mi el mapa no estaríamos en esta situación
-Tu hermano me dio el mapa- le respondió fríamente al león dorado –si tanto dudas de mis habilidades, dinos el camino- le reto ofreciéndole el mapa
-Mala idea- se interpuso de inmediato Aioros –no creo que sea bueno que mi hermano nos guie
-¿Tienes alguna otra idea?- le pregunto Camus
-Solo espero que todo salga bien- comento Sagitario mientras veía como su hermano le quitaba el mapa al francés. Se tomo su tiempo analizando cada ruta.
Miro el lugar donde se encontraban. En el inicio de un oscuro y aterrador bosque, detrás de ellos solo había un terreno solitario, lleno de piedras y rutas peligrosas y traicioneras. Habían salido de Grecia hacia poco mas de 6 días, de los cuales les había tomado un poco mas de 2 días y medio en llegar a Siria. Quien diría que serian mas grande de lo que ellos habían pensado, contando que ninguno tenia dominado el idioma árabe.
Se metieron hacia lo mas profundo, se dedicaron a explorar el sitio mas alejado de esa población, donde ninguna persona normal se atrevía a ir. En cuanto llegaron de inmediato comenzaron a buscar algún indicio de que la joven se encontrara por ahí, lo que llevo a los caballeros, después de vagar a una sola conclusión
-¿Ya terminaste Aioria?- le apresuro Camus quien mantenía sus brazos cruzados sobre su pecho –Aioria- le volvió a llamar
-Estamos perdidos, ¿no es así caballero?- confirmo Mü lo que nadie quería decir
-Debimos haber tomado otro camino- se unió Shaka a las criticas
-Ya me canse- comento Afrodita quien tomo asiento en el suelo –si seguimos así, jamás llegaremos a donde se encuentra la joven Athena
-No se desanimen muchachos- alego Aioros –lo mas seguro es que llegaremos pronto
-¡Lo tengo!- anuncio triunfal Aioria captando la atención de todos -¡iremos por aquí! Es más rápido, sencillo… ademas de ser un camino directo- el joven león mostro el mapa a sus compañeros mientras señalaba la ruta que había descubierto
-¡Imbécil!- le grito Camus mientras le arrebata el mapa, Afrodita dejo salir un suspiro de cansancio mientras que Mü solo negó con la cabeza
-¿Por qué la agresión Camus?- se defendió –acabo de encontrar una buena ruta y así me agradecen
-Dime Aioria- le cuestiono Afrodita -¿Qué línea elegiste?
-La azul
-¿Sabias que ese es un rio?- pregunto burlón sonriendo de medio lado –es imposible ir por ahí, ademas he escuchado por ahí que no eres un buen nadador
-¡Basta!- intervino Aioros tomando de nuevo su lugar de líder –retomemos el camino y trataremos de encontrar a Athena. Ella espera por nosotros
-No estoy muy seguro de ello- respondió Shaka
-Lo esta- aseguro de nuevo Sagitario.
Retomaron de nuevo el camino, el mapa lo revisaba cada cuando Camus y Aioros, el lugar era demasiado engañoso, entraron al bosque y comenzaron a tratar de memorizar el camino por donde iban. Un bosque realmente tenebroso, el aire de ahí se encontraba demasiado pesado, se sentían observados y vigilados, ninguno de ellos bajo la guardia en ningún momento.
-¿Qué pasa caballero?- le susurro Mü a Shaka quien se mantenía ocupado en su asunto
-Por mas que me esfuerzo, no puedo encontrar el Cosmo de Athena- le respondió mientras caminaba tan tranquilo con sus ojos cerrados –es imposible que lo mantenga escondido, no tiene control sobre el
-Tienes razón- le respondió el lemuriano –el día que Athena llego a Grecia se sintió de inmediato como se inundo el lugar con su presencia
-A menos que Apolo la tenga retenida en un lugar donde haya puesto una barrera
-Es lo mas seguro- confirmo Mü -¿Qué vas a hacer?
-Seguir buscando- comento –tarde o temprano la encontraremos
-Espero que sea mas temprano que tarde- se inmiscuyo Afrodita quien iba delante de ellos –Animo Shaka, si alguien tiene la paciencia suficiente para esa tarea, ese eres tu y por favor, hazlo antes de que se le ocurra de nuevo a Aioria tomar le mapa
-Hare mi mayor esfuerzo- respondió Virgo con una sonrisa
Cada uno de los caballeros dorados que se encontraban caminando notaban claros signos de fatiga, el cansancio se comenzaba a hacer notorio, agitados y desorientados, era cuestión de tiempo que sus fuerzas anímicas cayeran, si llegaban a dar con el lugar exacto, llegarían débiles.
La noche cayo después de haber estado caminando sin siquiera saber la dirección correcta, se detuvieron en medio de la nada, Aioros y Afrodita se dedicaron a buscar algunas ramas para poder hacer una fogata, mientras que Shaka y Aioria se dedicaron a buscar algo que pudieran comer. Todos y cada uno de ellos se sentaron alrededor de la fogata, apenas y habían conseguido algunos peces con muy poca carne, cenaron en absoluto silencio. Todos y cada uno de los guerreros se encontraban sumidos en pleno silencio, alguno de ellos aun con el pescado en la mano, pero todos con la mirada fija en las llamas que se encontraban danzado con el viento que se estaba presentando en esa noche.
Un sentimiento de angustia se formo, de un momento a otro todos se pusieron de pie, Shaka fue el primero que salió corriendo de ahí seguido de los otros, después de que Camus se encargo de apagar la fogata siguió a sus compañeros.
-¿Por donde Shaka?- pregunto Afrodita quien se encontraba a la par de Virgo
-Al noroeste- respondió de inmediato –llegaremos entre 20 o 30 minutos
-Solo espero que no tengamos problemas- susurro Aioria quien se había ido a la cabeza del grupo.
.
~ 2 ~
.
Miraste fijamente a Apolo, este se encontraba caminado de un lado para otro, eso no te importaba mucho, solo que el calor que hacía en es lugar te estaba comenzando a molestar, el viento ardiente te estaba provocando un fuerte dolor de cabeza.
-Apolo- le llamaste pero él te ignoro –Apolo- le llamaste de nuevo –hazme caso de una vez Apolo
-¿Qué quieres?- te pregunto molesto
-Que me traigas una televisión- le pediste sonriente –quiero ver que pasa con Adela, a ver si ahora si le pide el divorcio a Rogelio por que anda con su amante
-¿Qué?- te pregunto sin haber entendido
-¿Qué no ves telenovelas?- le preguntaste, te volvió a ignorar –yo tampoco, pero esa la empecé a ver a medias y esta buena
-Guardia silencio Athena- te ordeno
-Me aburre el silencio- le respondiste –de perdido pon algo de música
-¡Que te calles!- te grito mientras te veía ferozmente
-No te enojes- le susurraste -que carácter te cargas- guardaste silencio por unos segundos para volver a hablar –Apolo
-¡¿Qué!?- te respondió -¡¿Qué demonios quieres?! ¡¿Por qué simplemente no te callas y esperas tu muerte?!
-Nada- le dijiste y sonreíste –Apolo- ya no te hizo caso y continuo mirando por la entrada de la cueva –Vas a perder y yo voy a estar en primera fila para ver eso…- una daga paso a tu lado, muy cerca de tu rostro
-Si vuelves a decir alguna estupidez, la próxima vez te matare- te amenazo
-Que pésima puntería- le respondiste mientras sonreías
Aquella daga te había sacado un gran susto, algo que jamás dirías. Desde que habías conocido a Apolo siempre te habías mostrado ante él como una mujer que no le temía, siempre era apariencia, aun así, no mostrarías tu lado débil. Te maldijiste por dentro, por no saber usar tú Cosmo más que para curar a las personas y para levantar una simple barrera que no sirvió de mucho.
Soplaste los flequillos que te cubrían tu rostro, pero poco te sirvió, se encontraba adheridos a tu rostro por culpa de las gotas de sudor que se habían formado gracias al clima al que estabas expuesto.
.
.
El lugar que habían estado buscando se encontraba frente a ellos, a unos cuantos kilómetros, se encontraban en el filo de una montaña. A lo lejos aquel sitio se veía imponente, rodeado de montañas y un bosque que podría ser traicionero. Una barrera se encontraba rodeándolo, no seria fácil, semejante a un palacio de los tiempos medievales, las torres se alzaban imponentes, las ventanas dejaban a la vista luces, lo cual indicaba que se encontraba habitado. De un salto bajaron aquella montaña y comenzaron a correr hacia la entrada de ese lugar.
Sus cuerpos se comenzaron a iluminar tenuemente, unos rayos dorados de luz se hicieron presentes en el cielo estrellado, los soldados que custodiaban la entrada perdieron su vista en el cielo para después darse cuenta de un gran destello que provenía del interior de aquel bosque. Los pasos acercándose a donde se encontraban los alerto y los primeros guardias se alistaron, apuntando sus lanzas a lo que fuera que saliera de ahí.
Los pasos se escuchaban cada vez mas cerca de ellos. Dos de aquellos guardias se acercaron a un mas, una fina capa de niebla se comenzó a asomar donde ellos se encontraban, todos desviaron su mirada hacia el suelo, los dos guardias se pusieron en alerta en cuanto se dieron cuenta de que sus lanzas se habían congelado. Una fuerte ráfaga de viento helado los golpeo.
La mayoría de ellos quedaron sin conciencia, uno de ellos salió corriendo hacia el interior del Palacio, corrió sin dar tregua a descansar por todo aquel pasillo, sin darse cuenta de que la técnica de Camus lo iba a congelar poco a poco.
-El cielo esta gris- comento Afrodita mientras caminaba a paso normal junto con sus compañeros –solo espero que no llueva
-Tranquilo amigo- le llamo Aioria –acabaremos con esto en menos de lo que canta un gallo
-Recuerden muchachos- hablo Aioros –solo vamos por Athena y nos regresamos
-Claro- comento Camus mientras seguían caminado tranquilamente
-Están moviendo a Athena hacia otro lado, ¿lo sienten?- pregunto Shaka
-Ya saben que estamos aquí- respondió Aioros –sirvió tu plan Camus- el aludido solo sonrió –ya saben Caballeros, entrar y salir
Continuaron caminado hasta cruzar la puerta. Aquel sitio se encontraba únicamente iluminado con velas, la visibilidad era pobre. No había nada, solo paredes que se alzaban imponentes, no había cuadros o esculturas. Unos pasos se comenzaron a escuchar, se iban acercando poco a poco, aquellos jóvenes revestidos ahora con sus armaduras doradas cesaron el paso y esperaron. Frente a ellos se encontraba una puerta de donde provenían aquellas pisadas, la puerta se abrió lentamente, aumentando el ansia de los Dorados.
De ahí salió un hombre de estatura mediana. Sus cabellos largos y negros caían por su espalda. Sus ojos rojo carmín resaltaban ante aquella visibilidad, su armadura platinada emitía un tenue brillo. Se encontraba cubierto de piernas y brazos, su pecto se encontraba adornado con una fina piedra verde esmeralda, sus hombreras no eran muy anchas, lo cual le permitía mayor movilidad. Un fino cinturón cubría su cintura, a diferencia de los cascos de los Dorados, el solo utilizaba una fina tiara, entre sus brazos se enredaba una estola blanca.
-Bienvenidos sean- saludo haciendo una reverencia antes ellos –Bienvenidos sean al Palacio de mi señor Apolo, soy Sebastián… Krieger Venium
-Deseamos que nos lleves a donde se encuentra Athena- tomo la palabra Aioros mientras se adelantaba unos pasos –no deseamos iniciar una pelea vana, solo llévenos a donde esta nuestra diosa
-¿La señorita Athena?- repitió Sebastián –Si, hace un momento estaba cenando junto a nosotros, pero su interrupción arruino la reunión- comento sonriente
-¿En donde esta Athena?- pregunto molesto Aioria –díganos ahora
-Que malos modales Caballero de Athena- le respondió burlón –mi señor demanda que se retiren de aquí y esperen su fin en su Santuario
-¿Si no lo hacemos que?- pregunto desafiante Leo
-Tendré que mostrarles… la salida- amenazo mientras juguetea con su estola
-Inténtalo…- amenazo Leo
-Alto ahí Caballero- intervino Afrodita –Así que… Venium… ¿cierto?
-Así es- respondió orgulloso
-Te lo diré una ultima vez- amenazo Aioros –vamos por Athena aunque tengamos que pasar sobre ti
-Vallan por Athena- ordeno Afrodita -¿o acaso hay algún inconveniente para jugar conmigo?
-En lo absoluto- respondió –será divertido jugar al Corre que te atrapo
-Aioros ve por Athena- le susurro Piscis –yo me encargo
-No será el único- le respondió Sagitario
-Por eso te digo…- Afrodita se coloco frente a los demás –no creo que Apolo solo tenga un guardián, yo me hare cargo de este y los seguiré después
-No te dejare solo compañero
-Tienes que ir por Athena- le susurro –yo los seguiré- miro al joven que se encontraba observándolos –Déjalos pasar yo me quedare aquí
.
~ 3 ~
.
Los jóvenes restantes caminaron lentamente hacia la puerta, Sebastián solo los miraba burlón, como sabiendo de antemano su victoria contra el Caballero Dorado de Piscis. Se escucho el cerrar de la puerta, se miraban fijamente, el mas mínimo movimiento seria fatal, sobre todo si no era pensado.
-¿Cuántos son?- pregunto Afrodita directamente, su rival sonrió –te menciono que no tengo la suficiente paciencia para esperar ¿Cuántos son?
-Contándome a mi- respondió burlón –somos 5. Solo uno de tus compañeros podrá llegar a donde se encuentra mi señor, los demás morirán
-Si eso significa liberar a Athena, lo aceptaremos gustosos
-El otro sufrirá mas pero de cualquier manera morirá. Después Athena olvidara todo y vivirá a lado de mi señor y nosotros… seremos sus guerreros
-Claro- comento Afrodita –si antes no te mato
Sebastián rio ante el comentario de Afrodita. Comenzó a caminar lenta y pausadamente hacia su rival, el cual se despojo de su capa blanca la cual le estorbaría demasiado. Sebastián dirigió su estola hacia el rostro de piscis el cual era únicamente protegido por su casco, este salió volando en el momento en que recibió el impacto al momento del regreso aquella estola logro rozar la mejilla de este. Sebastián sonrió y Afrodita solo limpio el fino hilillo de sangre que se encontraba deslizándose en su bello rostro.
Sebastián comenzó a dirigir su ataque con ayuda de aquella estola la cual se estrellaba en el suelo abriendo una gran brecha, Afrodita esquivaba el ataque a una velocidad impresiónate, velocidad que Sebastián no era capaz de seguir, a pesar de eso sonreía. Se alejó a unos metros de él quedando frente a frente, Sebastián de nuevo tomo el primer golpe y una vez mas Afrodita lo esquivo sutilmente, los ojos de Krieger de Venium buscaron a su oponente.
Lo siguiente que sintió fue un gran golpe en sus piernas, Sebastián no tuvo oportunidad de protegerse pues los golpes con los puños que le asestaba Piscis le daban de lleno en su pecho y su abdomen, los golpes de Afrodita eran fuertes y precisos. Venium decidió cubrirse con su estola pero Afrodita esquivo el golpe que iba directo a su pecho, la visibilidad de Sebastián se nublo por las ondas del cabello de su oponente, cuando se percato de su rival este le había golpeado su espinilla fuertemente, Afrodita apareció detrás de él para derribarlo con una patada y un golpe con la mano abierta sobre su espalda que logro derribarlo al suelo
-¿Creíste que podrías paralizarme a mi, con este sutil veneno?- le pregunto burlonamente
-Así que…- se puso de pie –también eres usuario de las toxinas
La platica ceso, en menos de un parpadeo se encontraba frente a Afrodita asestando todos los golpes, siendo la repetición de lo que había pasado hacia solo unos minutos atrás, los puños de Sebastián se encontraban llenos de ira, pero Piscis no se iba a dejar que lo trataran de esa manera, basto solo un pequeño descuido, unas milésimas de segundos para que Afrodita cambiara de lugar y fuera él quien tomara el mando
Los puños se estrellaron entre si, ambos se separaron unos metros y cuando Sebastián quiso atacar de nuevo a Afrodita este se defendió con un muro de rosas rojas, las cuales dejaron a la vista una ligera niebla carmesí, pero ahí no paro, Afrodita dirigió de nuevo aquel torbellino de rosas hacia su oponente, el cual con su estola formo un muro el cual lo protegió por un momento
-Rosas Diabólicas Reales- invoco de nuevo Piscis, esta nueva horda se estrello en el muro de Sebastián, el cual sonrió ante su logro –Rosas Piraña
Este nuevo ataque tomo por sorpresa a Sebastián, el cual solo se percato del momento en que su muro se destruyo con aquellas rosas, el resto se impacto de lleno en su cuerpo, destruyendo algunas partes de la armadura. La ligera niebla carmesí inundo el suelo, Sebastián respiraba agitadamente, no había esperado ese ataque por parte de su oponente. La mirada de aquel guerrero del sol destilaba furia. Un nuevo impacto de rosas rojas había sido invocado, apenas tuvo la fuerza suficiente para poder esquivarlo, la niebla roja aumento. Se deshizo de su estola y de un momento a otro apareció detrás de Afrodita y se dedico a golpearlo, segundos… segundos eran lo que bastaban para poder revertir papeles entre ellos, la velocidad de ese combate era sobrenatural.
Un fuerte estruendo se escucho y la niebla roja se fusiono con el leve polvo que se había alzado.
-Dime Afrodita- tomo la palabra -¿Qué es lo que le has hecho a estas rosas?
-¿Tanto así quieres saber?- pregunto agitado, un destello se formo en su mano –esta rosa Sebastián… ¿es por ella que preguntas?
-¡Solo dime!- exigió mientras se ponía de pie, su respiración entrecortada y su cuerpo golpeado le dificultaba el estar erguido
-Las Rosas Diabólicas te llevan a una muerte dulce e indolora- le comento mientras arrojaba aquella rosa seguida de un torbellino
Sebastián trato de esquivarlas, pero no pudo. Cayo al suelo, ahora sabia el por que su cuerpo se encontraba entumido, se encontraba débil y no le respondía como el deseaba. Todo se debía a aquellas rosas, esas malditas rosas y a esa maldita niebla que inundaba el sitio, sin duda alguna el lugar estaba impregnado con un delicado y dulce olor, pero ese era el olor de la muerte. Pero al estar sumido en sus pensamientos, ese momento de distracción le costó caro, una fuerte horda de Rosas Diabólicas le impacto directamente estrellándolo en la pared. Su vista se encontraba nublada
-Maldito- le susurro –te maldigo a ti y a tus malditas rosas- escupió entre dientes –si no fuera por el hechizo de tus malditas flores ya estarías muerto
-Estas otras- le mostro entre su mano una flor mas –estas rosas negras… Las Rosas Piraña, destruyen todo lo que esta en su camino. Y tú… no eres la excepción
-¡Estúpido!- le grito Sebastián
-¡Rosas Piraña!- grito Afrodita, las rosas negras rodearon al Caballero de Piscis, describiendo una forma elíptica, de un momento a otro estas salieron disparadas hacia el guerrero que se encontraba en el suelo.
-Senbon Venium- invoco Sebastián, unas finas agujas violáceas se impactaron contra cada una de las rosas negras que había invocado Afrodita. Sebastián sonrió -¿Qué pasa Afrodita? ¿Pensaste que solo sabía defenderme con golpes?
-Tenías un as bajo la manga- respondió el de ojos azules
-Nunca reveles todas tus técnicas, sino hasta el final
Se puso de pie de un momento a otro, su cuerpo se vio protegido por varias pequeñas esfera diminutas de luz, Afrodita ceso su ataque, el saber el arma del enemigo hacia que cambiara su forma de pelear. Pero fue ese momento el que aprovecho Sebastián, las pequeñas esferas se fueron afilando hasta tomar la forma de aquellas agujas moradas, las cuales cayeron como una lluvia violeta sobre Piscis, este solo dejo salir un grito de dolor, Sebastián se acercó al cuerpo del caballero que tenia dificultades para ponerse de pie, esto no le basto; invoco otra lluvia aun mas intensa sobre el Caballero indefenso.
-¿Te duele Afrodita?- le pregunto burlón -¿Lo sientes? ¿Sientes tu cuerpo entumido?- Piscis no respondió y solo lo miro con furia –A diferencia de ti Afrodita, que solo te atienes a la dulce fragancia de tus marchitas rosas yo… Yo prefiero elevar toda la toxicidad de mis Senbon… cada una de esas agujas esta cargada de veneno de la mas alta calidad
Afrodita trato de golpear a Sebastián con el dorso de la mano pero Sebastián lo esquivo lentamente. Apoyo su bota sobre la cabeza de Afrodita, restregándolo en el suelo, el Caballero de Piscis trato de ponerse de pie, pero el peso de su enemigo se lo impedía. De pronto Sebastián dejo de ejercer la presión cuando se dio cuenta de que piscis no hacia nada por defenderse. El Cosmo de Afrodita se comenzó a elevar, esto tomo por sorpresa a Sebastián, una presión lo alejo de ahí y de inmediato invoco aquellas agujas envenenadas, un fuerte lluvia se dirigió hacia el caballero Dorado que se encontraba de pie, con su bello rostro sucio por la tierra, sus cabellos revueltos… su flequillo le cubrió los ojos, Sebastián no se percato de la mirada llena de furia del Pez Dorado. La Armadura Dorada de Piscis comenzó a emitir un brillo dorado, el cual impidió que aquellas agujas siquiera lo tocaran.
-¿Qué es eso?- pregunto Sebastián -¡No importa lo que hagas Afrodita! ¡De cualquier manera vas a perder!- grito Sebastián mientras una nueva lluvia de agujas eran dirigidas hacia el cuerpo de Afrodita -¡Toma esto! ¡Senbon Venium!
Afrodita alzo la vista, su Cosmo aumento al máximo, el lugar comenzó a temblar. Su armadura tomo aun mas brillo y aquella lluvia que iba dirigida a su persona se desvió hacia ambos lados, sin siquiera tocarlo. Antes de que el ataque de Sebastián concluyera, invoco su ataque, entre aquel rio de agujas se abrió paso una luz dorada que se impacto de lleno en el cuerpo de Sebastián. Este sintió aquel impacto, su ataque ceso y desvió su mirada hacia la parte afectada.
Ahí se encontraba aquel ataque, una fina rosa blanca cubierta por un resplandor dorado que lo único que hacia era aumentar la belleza de esta, un pequeño rio de sangre resbala por su pecho. Afrodita se acercó a paso lento hacia él, su armadura no perdía el brillo.
-Rosa Sangrienta- le comento mientras Sebastián caía de rodillas al suelo –Esta rosa blanca absorberá tu sangre directamente del corazón, cuando se torne roja… morirás
-Aun… aun tenias… una arma… como esta- afirmo Sebastián entrecortadamente –me sorprendes… y pensar… pensar que habías… - tosió escupiendo algo de sangre –que habías revelado… todas tus técnicas
-Nunca reveles todas tus cartas, sino hasta el final- le comento Afrodita mientras limpiaba un fino hilillo de sangre que brotaba de su ceja izquierda y labio inferior
-Dime una cosa…- pidió, su vista se había nublado y la persona que tenia frente a él se veía algo borroso -¿Por qué… porque tu armadura… brilla tanto?
-Porque nosotros… los Caballeros Dorados, tenemos la virtud de despertar el 7mo Sentido- explico Afrodita mientras caminaba hacia la salida.
La puerta se cerro y Sebastián se había quedado solo, mirando a la nada. Sin duda alguna, había sido solo su culpa, el haber subestimado al enemigo. Si tan solo hubiera sabido de todas sus técnicas, lo mas seguro era… que de cualquier manera hubiera muerto. Algo tenia aquel guerrero, no le importaba estar sufriendo, no… lo único que le importaba era terminar de pelear para poder acudir a su diosa. Sonrió amargamente, al fin y al cabo iba a morir y ya nada podía hacer para evitarlo.
Su armadura, de la cual estaba orgulloso se encontraba destrozada, al igual que su cuerpo. Y ahora una Rosa Sangrienta se encontraba adornando su pecho, maldijo a Afrodita una vez mas, lo maldijo por hacer hecho de aquellas bellas rosas unas armas mortales. La rosa se había teñido por completo de rojo, ahora gotas y finos hilos de liquido carmesí resbalaban por los pétalos. Había llegado la hora de morir, no solo por aquella rosa, sino, aspirando aquel dulce aroma… el aroma de la muerte.
