Ojos color mar

.

By Gissa A. Graham

.


.

Capítulo 11: Una visita inesperada

.


No era su imaginación, ni tampoco parte de su sueño, en definitiva alguien se encontraba tocando la puerta de su departamento y ese alguien cada vez lo hacia de manera más desesperada. Terrence miró rápido su reloj de bolsillo que dejó a un lado de su cama para saber a qué hora lo habían despertado con tanta desconsideración, las seis con veinte de la mañana. Con pesar, después de proferir una maldición, grito un escueto "Voy", principalmente para que quien fuese dejara de tocar o no sólo seria él el despierto sino todos sus vecinos.

En verdad Terry se sentía muy cansado pues llevaba noches sin dormir adecuadamente. Esa noche tampoco había sido la excepción, las emociones vividas unos días antes le estaban cobrando factura, de por sí no era de sueños profundos, y si a eso se le agregaba estar ya de regreso en los ensayos para volver a las funciones de "Romeo y Julieta", su cuerpo en verdad que reclamaba por un descanso más completo.

Por fin se desperezó, después del grito habían parado los golpes. Como era su costumbre invernal esa día también traía doble pijama de franela pues una no le era suficiente en ese frío de Nueva York, menos tomando en cuenta que su departamento carecía de chimenea, sí, se lo repetía a diario «Odio el invierno en Norteamérica». Otra vez los golpes en la puerta, presuroso tomó su bata, otra gruesa protección contra el clima, otro grito

—Ya voy –seguido de otra maldición por lo bajo.

Con enojo abrió la puerta. Su enojo se esfumó en un santiamén, frente a él apareció una chica rubia enfundada en un abrigo blanco como el resto de sus ropas, aún con su cabello acomodado en un moño alto pero sin su cofia, se dio cuenta que jamás la había visto sin su uniforme, por un segundo se la imagino con sus rizos sueltos y con un vestido, pero la ansiedad en el pecoso rostro lo regresó al presente.

—¿Enfermera Pecas? –dijo muy, muy sorprendido, ni por fantasía se imagino que sería ella.

—Yo, lo siento, pero —se ruborizó el hacer la siguiente pregunta– ¿podría pasar? Me apenaría mucho que me vieran a esta hora por aquí.

—Por supuesto –abrió aún más la puerta permitiendo la entrada.

Un día antes Candy se había reencontrado con sus amigos los Andley, a quienes había extrañado horrores en especial los primeros años, ellos tuvieron una larga charla donde George les termino por explicar toda la situación de la adopción, los primos, en especial Anthony, como de costumbre, se molestaron por lo que consideraron un engaño al no decirles nada a pesar de sus constantes preguntas. Luego de la primera impresión y el leve enojo degustaron sus alimentos entre risas haciendo del encuentro algo más ameno hasta que Candy se tuvo que retirar con lo que los chicos descubrieron que ella trabajaba como enfermera en un hospital, lo que impresionó a todos pues sabían que George ganaba lo suficiente para tener una vida casi lujosa y no permitir que su hija hiciese eso, pero finalmente no lo tomaron a mal.

Por eso la noche anterior la rubia no pudo ver a Terry como ella ya había planeado hacer para saber sobre cómo se encontraba el actor, pues tenía días sin verlo, por eso muy temprano al ya no tener aparentemente más quedarse en su empleo tomó la repentina decisión de ir a verlo, por lo que salió una hora antes pidiéndole a Amber la cubriera, claro que su amiga lo hizo a regañadientes pues no le agradó la idea de que Candy fuese sola al departamento de un hombre, no obstante fue convencida por la pecosa.

La chica entró al pequeño lugar un tanto asombrada, uno de que el lugar fuese tan pequeño y modesto, Terry no parecía ser una persona de bajos recursos, por el contrario, siempre se le veía bien vestido, también poseía un bonito y moderno auto, además de que su porte destilaba elegancia. Lo segundo que llamó su atención fue lo increíblemente bien ordenado del lugar.

—Lo siento, creo que te desperté.

—Por fin decidiste declararme tu amor "Pequeña pecosa" –dijo el muy ladino, pero más que por burla para relajarla pues con esa era la segunda vez que ella se disculpaba y seguía con el rostro muy rojo.

Pero ante el asombro del actor ella no contesto con sus acostumbradas peleas verbales sino que agacho la mirada, la enfermera en verdad que se sentía avergonzada pues como era su costumbre Candy actuó sin tomar en cuenta las consecuencias de sus actos, si bien era cierto que se encontraba muy preocupada por el castaño estar a esas horas en el departamento de soltero de un hombre y haber entrado prácticamente a escondidas no era nada positivo para su reputación o la de su familia, bueno eso ya se lo había advertido Amber, pero aún así ahí estaba.

—¿Qué ocurre "Pecosa"?, ¿pasó algo malo?

—No –se mordió el labio nerviosa, ahora que tenía a Terry frente a ella en un ambiente tan intimo, no sólo la hacia sentir fuera de lugar, sino que algo en su interior se llenaba de calidez–. Creo que no fue lo mejor venir.

—Hey espera –el joven la tomó de un brazo al ver que ella pretendía irse– ¿Qué sucede? ¿Estabas preocupada por mí? –ella asintió sin mirarlo, las emociones que sentía era nuevas, muy diferente a las vividas al ver a Anthony de nuevo. Terry le tomó del hombro para darle confianza–. Estoy bien, juró que no me he emborrachado, además lo de Susana ya está aclarado –eso provocó que ella alzara el rostro para verlo a los ojos–. Hace dos días me llamaron a declarar, ahora sabemos que alguien la aventó.

—¿Pero quien pudo hacer algo tan horrible –dijo ella con cara de asombró y llevando sus manos a la boca.

—Alguien que está trastornada psicológicamente, por eso no será juzgada ya que será atendida en un hospital.

—¡Qué horror!

—Bueno, ¿te gustaría tomar una taza de té?–el joven cambio repentinamente de tema obviando que no pretendía hablar más de aquel tema, Candy lo comprendió y no indagó más.

—Yo creo que mejor me voy, ya te vi y sé que te encuentras bien.

Sonrío muy amplio ya mucho más relajada de encontrarse ahí y saberlo bien.

—¿Sí te has dado cuenta que son alrededor de las seis y media de la mañana verdad? –mencionó Terry metiendo sus manos en los bolsillos de su bata sin saber muy bien que hacer con ellas, en ese momento se percató de lo inadecuado de la situación, ella no debería de estar ahí, sola, con él, pero tampoco podría dejar que se fuera a esa hora sin compañía.

—Sí, salí un poco antes para pasar a verte.

—Para que así tu papá note tu ausencia –adivinó él, ella hizo un puchero.

—Acertaste, por eso me tengo que ir.

—No, no te irás a esta hora tú sola. Dame unos diez minutos y yo te llevo.

—No, no es necesario.

—Tampoco era necesario que vinieras hasta acá y lo hiciste –y para relajarse él mismo sonrío de lado–. Al menos si hubieses venido a declararte…

—Eso sólo en tus sueños Terry.

Eso lo hizo reír ampliamente la enfermera estaba de regreso con su humor habitual, luego se centró en cómo ella lo llamo por su diminutivo con lo que se acordó.

—Por cierto, sé que no te llamas "Pecas" —la chica puso los ojos en blanco por lo que el joven se apresuró a decir antes de ser interrumpido–. Sí, ya sé que eres la enfermera Johnson, pero me imagino que tienes un nombre de pila.

—Ahh, es cierto creo que nunca te he dicho mi nombre, ¿eso significa que ya no me dirás apodos? –ingenua preguntó.

—No, eso significa que no siempre te los diré.

—Sino tengo de otra –suspiro resignada– Candice Johnson, pero todos me dicen Candy.

¿Candice? Un nombre poco común, por lo que recordé que hace poco él lo había escuchado pero no logró hacer memoria de dónde había sido.

—Candy eh, eso es bastante dulce –dijo sonriendo.

—Así soy yo.

—Sí, claro, sobretodo cuando te enfadas.

—Oye –lo golpeó en el brazo suavemente.

—¿Ves?, eres agresiva y tienes fuerza, tal vez tengas que revisarme –él exageró obviamente, luego sonrío— Bueno señorita Candice Johnson, si me permite unos minutos su chofer se alistara.

Al decir aquello realizó una venía para luego desaparecer por la puerta del único cuarto, aparte del baño, que había en esa pequeño departamento, todo lo demás se hallaba ahí mismo donde Candy se encontraba parada, todo era de reducidas proporciones: la cocineta, el sofá de dos plazas, la mesa con dos sillas; pero eso sí cerca de la ventana había un enorme librero, en comparación a el resto de los muebles, al que Candy se acercó para observarlo a detalle y ver que estaba repleto de libros algunos de los cuales poseían unas valiosas cubiertas de piel, también había libretas y lo que ella supuso guiones de teatro, además de dos estilográficas de apariencia costosa y no muy sencillo de conseguir en ese entonces. Terry la intrigaba, tan sencillo en algunas cuestiones y tan ostentoso en otras, sin embargo no había duda recorriendo aquel lugar a que cosas le daba más importancia aquel chico de ojos hermosos y en definitiva no era lo material sino más bien a lo intelectual.

Mientras con la mirada seguía recorriendo el lugar descubrió en una pared un afiche publicitado de "Romeo y Julieta", ella ya había visto algunas copias, pero este era especial, no tenía vidrio de por medio. Se aproximó a él para con su dedo índice recorrer la ilustración evocando aquella ocasión donde por vez primera vio a Terry, donde por vez primera conoció aquellos ojos de los que quedó prendada. No, en definitiva, como en esa ocasión el empleado que colocaba los carteles le dijo, el original es mucho mejor. Nuevamente no supo cuanto tiempo se perdió viendo aquella imagen, tal vez hubiese continuado así si no es por la varonil voz que escucho a un costado, esa voz que en el teatro las transportó a un reino lejano, a un lugar en el cual un rey defendía fervientemente a una princesa. Por estar ensimismada no escucho muy bien que le había dicho sólo se quedo quieta mirándolo, luego sin pensarlo soltó parte de lo que rondaba en su cabeza.

—¿Sabes?, la primera vez que te vi, tus ojos aparecieron entre la bruma, después en el St. Jacob te reconocí por tus ojos. Luego cuando chocamos y caímos al suelo en la entrada del hospital supe que eras tú, aún cuando traías tu bufanda y la gorra, de nuevo por tus ojos.

—Te gustan mis ojos –afirmó sonriendo de lado, pero cambió el gesto para preguntar– ¿Cuándo me viste entre la bruma?

Candy supo que sin querer se había delatado.

—No lo recuerdo, tal vez ni siquiera eras tú. ¿Qué hora me dijiste que era?

—No me lo dirás, ¿verdad?

—Ya te dije, a lo mejor ni siquiera eras tú, sólo alguien que tiene el mismo color de ojos.

—¿Y de que color son mis ojos? –dijo caminando hasta encontrarse a unos centímetros de ella e inclinó su torso a su altura, ella aguantó la respiración al tenerlo así de cerca.

—Azules… con betas verdes –guardó silencio unos segundos pero casi hipnotizada al verlo tan directamente casi en un susurro pronunció–. Son como el color del mar antes de anochecer, sí, de ese color son –tuvo que girarse para dejar de mirarlo–. ¿Ya nos vamos?

—Si mi ojos son como el mar, los tuyos son como una claro lago, siempre tranquilos y reflejando el verdor de su entorno –Candy se volteó a verlo cuando lo escucho–. Me recuerdan Escocia.

—¿Escocia?

—Sí, allá mi familia paterna posee una villa, muchas vacaciones de verano las pasé allí –se llevó las manos a su espalda y se puso a contemplar el afiche como si fuese la cosa más interesante del lugar–. Muy cerca hay un pequeño lago de aguas calmadas, aunque algo frías, hay tanta noturaleza en su entorno que sus aguas por algunas horas del mediodía se ven así, llenas de un verde intenso. Me encanta ese lugar, sino estuviese paleado con mi padre te dirá que algún día te llevaría ahí –con lentitud giro su rostro para ver a Candy, con una hermosa sonrisa le contó–. Te llevaría a Escocia para que vieras el lago, te invitaría a bailar para que recordaras siempre ese instante y luego frente a esa aguas que son como tus ojos… te besaría –la rubia dio un paso hacia atrás sin saber qué decir o cómo reaccionar–. Pero… entonces de seguro tú te molestarías y me abofetearías horriblemente arruinando el momento por lo que terminaríamos enojados.

Terry comenzó a carcajearse, la verdad es que si pudiese haría exactamente aquello, sin embargo rió para hacer parecer todo un juego ligero.

—No puedes estar sin embromarme al menos cinco minutos.

—Ya, Candy sabes que sólo es un chiste.

—Candy, vaya hasta que me dices por mi nombre.

—Pues lo acabó de conocer. Pero en serio, sino estuviese peleado con mi padre sí te invitaría a conocer la villa escocesa.

—¿Es en serio que estas peleado con tu padre?

—Sí, tanto que no utilizó más su apellido.

—¿Pero cómo es eso posible?, ¿y con tu madre?

—Yo no tengo madre –el gesto del actor se convirtió en una molesta mueca–. Y pensándolo mejor tampoco tengo padre.

—No creo que lo digas porque este muerta, ¿cierto?

—Son temas de los que no habló.

Candice dejó de verlo y camino un par de pasó para mirar por la ventana.

—¿Sabes?, yo ni siquiera sé si tengo madre o padre. Bueno padre sí tengo, sin duda, aunque no compartamos sangre.

—¿Qué quieres decir?

—Alguna vez te dije que mi vida no había sido nada fácil en un comienzo –dudó unos instantes en contar pero finalmente se confesó–. Me abandonaron con sólo unos meses de nacida a las afueras de un pequeño orfanato cerca de Chicago –parecía que esa historia Terry ya la había escuchado pero en voz de una chica de pelo obscuro–. Era invierno, yo y otra pequeña fuimos abandonadas él mismo día –hasta ahí la historia ya no coincidía, a la otra joven la encontraron sola, al menos eso le dijo–. Fue por nuestros llantos juntos que otro niño del lugar se dio cuenta de nuestra presencia…

…Las religiosas que dirigen el lugar fueron como mis madres, ellas me cuidaron y me criaron hasta que cumplí doce pues antes de llegar a los trece una familia, se puede decir que me adoptó aunque la realidad es que sólo buscaban quien fuese la dama de compañía de su hija –en definitiva esa era otra historia pues la que alguna vez le contó Annie terminaba cuando a esa edad los Brighton la adoptaron, claro que después supo que todo era mentira–. Pero ni la chica, ni su hermano me querían cerca sólo me hacían bromas pesadas… –Candy únicamente se limitaba a ver por la ventana– hasta que termine por convertirme en su sirvienta, luego en la cuidadora de los establos, incluso me obligaron a dormir con los caballos, pero eso no me molesto siempre me han gustado los animales –Terry frunció el ceño sin comprender porque pretender humillar de tal manera a una joven– Fue cuando cumplí catorce que aburridos de tratarme mal me acusaron de haber robado varios objetos de valor que escondieron donde dormía para inculparme con sus padres, entonces en castigo los señores de la casa me mandaron a México. Papá Georgie, me encontró de camino a allá y me adoptó. Desde ese momento soy su hija –fue cuando sonriente volteo para verlo– y somos una familia, pequeña, muy pequeña, pero familia, además están los señores Morgan y Amber, ellos nos ayudan con la casa, Amber es mi compañera de trabajo, juntas estudiamos enfermería, ella me ayudó a convencer a papá para estudiar, él no quería, pero al final aceptó.

—En verdad no las has tenido fácil –por lo bajo mencionó Terry asombrado ante lo escuchado, y él que creía que era el único que había pasado una juventud complicada, ahora veía con claridad que todos tienen problemas y que para humillar la escoria humana encuentra muchas formas.

—Por eso yo sé con exactitud lo que es no tener padres. Nunca más los des por muertos, cualquiera que sean sus errores al menos han estado en algún momento para ti –pequeñas lágrimas salieron de los verdes ojos, mismas que se limpiaron de inmediato–. Bueno ya nos hemos tardado mucho –miro su reloj– ¡Wow! Ya son más de las siete, mejor vámonos el señor Morgan ya debe de estar esperándonos en el hospital, ya metí a Amber en problemas .

—Candy –Terry la tomó de los hombros ignorando sus últimas palabras–. Gracias por confiarme eso. ¿Te parece bien que algún día te invite a comer? una comida decente, no sólo postres, yo también dije que te platicaría mi historia –la chica asintió sonriendo.

El inglés tuvo unas enormes ganas de abrazarla y besarla, pero se contuvo no era el momento oportuno, por lo que sólo se limitó a darle un beso en la frente, para posterior alejarse de ella.

—Espera un minuto, veré que no haya nadie afuera.

.

.

El Cadillac Phaeton color verde para cuatro pasajeros fue abordado por dos jóvenes, uno rubio y otro castaño, justo cuando el reloj marcaba las seis y media de la mañana. El hospital St. Jacob se hallaba a exactamente veinticinco minutos en auto de la residencia Andley en Nueva York. Un día antes al enterarse de la hora de salida y entrada de Candy de su empleo, Anthony pidió a George permitiese le dejara ir por ella, a lo que el celoso padre se negó excusando que no sería correcto que viajarán solos, por lo que "gentilmente" Archie se apresuró a decir que el podría acompañarlos y Albert le "recordó" que Amber salía a la misma hora.

Así que a esa hora los dos primos se dirigían al nosocomio creyendo que encontrarían a su rubia amiga, pero durante el trayecto y ante la gran sorpresa de Anthony, Archie comenzó una extraña platica.

—Hace cuatro años, cuando Candy trabajaba para los Legan, era obvio que entre ustedes surgía una relación por encima de la amistad ¿Todavía te gustaría iniciar una relación ahora que ambos son mayores?

—¿Cuál crees que es la razón por la que voy por ella ahora?

—Y… ¿crees que ella siga interesada?

—¿A qué te refieres?, ¿por qué tantas preguntas?

—Bueno, ya no tenemos quince años, ni Candy catorce –el castaño no sabía muy bien como plantearle eso a su primo pero sí sabía que tenía y quería hacerlo–. Han pasado años sin vernos y… no sé si ya te has planteado la posibilidad de que ahora ella tenga otras expectativas y… pues que espero no te moleste un poco de… competencia.

Eso último lo dijo mientras dirigía su mirada hacia el exterior del auto. El rubio por su parte no supo bien como asimilar eso, buscó un lugar para detener un rato el carro.

— Se claro Archivald¿Tú serias esa competencia?

—Sí –dijo mirando los azules ojos–. Como te dije antes ya no somos unos adolescentes, además Candy luce muy linda, ¿qué te dice que no tiene una horda de pretendientes siguiéndola?

—Y dices que tu hermano te traiciona por defender a Terry –molesto habló.

—Esto es diferente.

—Sí, tienes razón, es muy diferente, todos saben que durante todo este tiempo he querido volverla a ver, que sigo queriéndola.

—Durante todo este tiempo también has tenido a un par de amigas contigo –lo acusó.

—¿Y tú no?

—Pero yo nos soy quien ha dicho que quería o esperaba por alguien. Además así como nos saludo ayer Candy, a "todos" de la misma manera, creo que "todos" estamos en las mismas condiciones, hasta Stear sino tuviera a Paty podría tener una oportunidad –enfatizó muy claro la palabra "todos".

—Vete al carajo.

—Te lo estoy diciendo de frente, y así de frente te digo que si te vuelve a elegir me vuelvo a hacer a un lado.

Ante eso Tony no tuvo mas que argumentar, pues aunque no le agradó la idea de competir y menos contra su primo comprendió que realmente desconocía que lugar ocupaba actualmente en el corazón de la pecosa, pero también estaba seguro que sí eran los mismos que antaño no había de que preocuparse

—Muy bien, que sea de frente entonces y a quien ella elija el otro se hará a un lado.

Los chicos asintieron ignorando que para ella ya había un elegido y no eres ninguno de ellos dos. Anthony volvió a poner en marcha el automóvil. Pasando unos minutos llegaron al St. Jacob aparcando el automóvil en el lugar donde George les había dicho que el señor Brian acostumbraba esperar a las chicas, ambos bajaron sabiendo que la conquista comenzaría en cuanto la rubia enfermeras apareciera. Así estuvieron sin hablarse hasta qué pasó cerca de media hora cuando una chica castaña de ojos avellana, muy parecidos a los de Archie, se acercó al auto algo confusa y preocupada pues Candy debería de haber regresado veinte minutos atrás y ya había hecho tiempo suficiente para esperar su retorno por lo que comprendió que no llegaría, con eso en mente Amber fue en busca de su padre, no obstante otro carro y otros hombres estaban en su lugar.

—Disculpa, ¿esperas a alguien? –caballerosamente pregunto Anthony y también algo aburrido por la espera.

—Sí, a mi padre, siempre viene a esperarme a esta hora en este lugar.

—¿Tu padre será por casualidad el señor Morgan?

—Sí, es él, ¿le sucedió algo? –cuestionó preocupada de ver a otros en su lugar.

—No, no, no. No te preocupes, nosotros somos amigos de la familia Johnson y hoy George nos permitió venir por Candy y… supongo que tú debes de ser Amber.

—Sí, yo soy Amber.

—¿Dónde está Candy? –finalmente habló Archie.

—Ohh… ella –lo mejor siempre sería decir la verdad, aunque fuese de manera parcial–, un amigo pasó por ella hace un rato.

—¿Un amigo?

Ambos hombres cuestionaron al unísono, lo que provocó que se voltearan a ver entre sí con el ceño fruncido.

—Sí, un amigo, me pareció que la invitaría a desayunar… algo así me dijo.

—Hemos estado aquí por media hora y no vimos nada –primero objeto Archie.

—Además, ¿quien invita a alguien a desayunar a esta hora? –completo el rubio.

—Yo… –la enfermera tomó mucho aire que luego saco diciendo– no lo sé.

Sin más que hacer llevaron a la chica a la casa donde laboraban sus padres, de pasó y así sabían el camino pues ignoraban ese dato, se suponía que Candy los llevaría.

.

.

Un Ford T Touring rojo recorría el corto trayecto de diez minutos a la casa de la "Enfermera Pecas" mientras sus pasajeros discutían sobre que sería lo más conveniente decir como excusa por no haber esperado al señor Morgan, ella quería regresar al hospital, y ver si podría resolver el asunto desde ahí, en cambio él joven actor creía que eso era inadecuado cuando ya eran casi siete y media. Sin más que objetar Candy dejó que la llevara a su casa, pero a medio camino Terry detuvo el vehículo.

—Oye, sí ya te van a regañar que lo hagan bien.

—¿Qué quieres decir?

—Te invitó a desayunar, sé que es temprano pero conozco un lugar que habré pronto.

—Pero… mi papá.

—Amber le dará alguna explicación, ella sabe que estás conmigo, además prometo que yo mismo tomare responsabilidad por perderte tan temprano.

—No creo que le agrade a mi papá que haya salido a esta hora con alguien que él no conoce.

—¿Tan malo sería que me presentara con él?

—Lo malo no sería que te presentaras sino la hora, son siete y media de la mañana como bien dijiste.

—Muy bien, aún así lo mejor será presentarme con él para que sepa con quien ha estado su hija –Candy se puso roja ante lo que eso parecía insinuar, o por lo menos lo que su padre pudiese creer–. Vamos Pecas, será peor si únicamente me limito a dejarte frente a la puerta de tu hogar a esta hora.

—Pero…

—Mejor démonos prisa.

.

Continuará…

.

Gracias por perderse en mis letras.

.


.

De mis letras:

Hola hermosas lectoras, como habrán leído la disputa para ganar el corazón de la "Señorita Pecas" estará entre Anthony, Archie y Terry, sólo que los dos primeros ignoran que ya perdieron. Por otra parte ¿cómo tomará George que Candy haya ido a buscar a Terry? Lo siento aún las voy a dejar esperando un poco más por los besos de verdad, recuerden este Terry es más maduro.

Si quieren saber todos los detalles de la muerte de Susana lamento decirles que no los escribire aquí porque eso ya lo conté en "Psico", recuerden que ésta historia sugirió a partir de esa.

Si se preguntan porque pongo a Terry tan friolento es porque en el capítulo donde recuerda que fue a buscar a su madre a Nueva York dice "América y en invierno, pero tú fuiste más fría". Luego investigue y en Londres rara vez nieva, entonces comprendí porque Terry dijo lo de invierno en Nueva York, porque él no está acostumbrado a ese clima. Además ¿quien no quiere ayudarlo a tomar calor? (*o*) jajaja.

Como siempre gracias por estar presente de una forma o de otra, gracias por sus letras, cada vez son más, lo que me encanta por eso se me complica contestarles a cada una, pero gracias infinitas, me hacen saber que vale la pena seguir contando mis locuras: Wendy Alfaro, Goshy, Hanyn, Angye, Mimie Grandchester, Anmoncer, Scarlett Northman, Eli, Darling Eveling, Vane W. G., Larisa, Conny de G., Lady Lyuva, Guest, Kransyroses, Dianley, Sol Grandchester, Misaki, Mazy B, Maquig y Resplandor de Luna.