Ojos color mar

.

By Gissa A. Graham

.


.

Capítulo 12: Él no es bueno.

.


Un Cadillac Verde regresaba sobre sus pasos, más bien sobre sus ruedas, a la gran mansión Andley, no tan grande como la de Chicago pero si igual de ostentosa. Una hora antes aquel par que viajaba en el moderno vehículo había tenido una ligera discusión sobre quién podría ganar los afectos de su amiga Candy, ahora el ambiente era completamente distinto después de dejar a Amber en la residencia Johnson, puesto que los jóvenes optaron por no pasar para no ver la incomodidad en el rostro de George ya que estaban seguros que él ignoraba que su hija salía con alguien, sino de otra manera no les hubiese permitido ir por ella al hospital.

De repente un sonido apagado se dejó escuchar del lado del copiloto, Anthony quien manejo de ida ahora se hallaba en el otro asiento, el sonido se acompañó de pequeñas convulsiones que terminaron en desprender una carcajada.

—¿Te estás riendo?

—Admítelo, esto es muy cómico –dijo el rubio aún entre risas–. Primero tú me adviertes que Candy ya puede tener otra persona en su vida, luego me dices que quieres luchar por conquistarla, lo que trae como consecuencia que discutamos, para que finalmente tú hayas tenido razón desde un comienzo, ya hay alguien en su vida.

—Tal vez es un amigo.

—¿Que viene a recogerla a las siete de la mañana, para desayunar? Y solos. Sí, claro.

—¿Y eso te da tanta risa?, ¿no se supone que querías reconquistarla?

—No quería, quiero hacerlo –afirmó Tony–, sólo que ahora me costará un poco de más trabajo.

—Y tan tranquilo lo dices.

—También lo dijiste tú, ya no tengo catorce años, ni ella tampoco –explicaba–. Candy es hermosa estaba siendo muy ingenuo al creer que nadie intentaría cortejarla.

—Qué fácil lo dices –habló un poco molesto el castaño– y luego con tu risa parase que sólo es una broma, ya se te está pegando lo de Grandchester que nunca toma nada enserio.

—Ya olvida lo de Terry, ya sabes lo que realmente pasó, él siempre lo dijo, con Annie nunca buscó nada, ni pasó nada, ahora ya sus padres lo explicaron, ya madura.

Unos días atrás los señores Brighton habían realizado una visita a los Andley al saberlos ahí en Nueva York porque habían sido interrogados por el caso de Susana Marlowe, donde su hija también resultó implicada al ser la único testigo presencial de los hechos. Los Brighton fueron a platicar con ellos sabedores de que aquella familia merecía una explicación sobre los actos de su hija y que era mejor que saliera de sus bocas y no de extraños que pudiesen darles interpretaciones mal intencionadas al respecto. En dicha platica, entre otras cosas, muy apenados confesaron lo que realmente había sucedido en el malentendido del establo en el Real Colegio San Pablo con lo que exonerando a Terry de toda culpa implícita al respecto, su hija junto con Eliza Legan le habían puesto una trampa al joven Grandchester. De pasó con eso pidieron que la pelirroja no se acercará más a su familia pies había sido la peor influencia que su hija pudo haber tenido.

—Pues, tal vez algún día, pero por el momento aún no me cae bien ese aristócrata –que su novia lo quisiera cambiar por otro claro que le calaba y mucho.

—No hablas en serio.

—Tu amigo no es ningún Santo tampoco, y su actitud no me agrada.

—No te agrado que Annie lo prefiriera al grado de ponerle una trampa.

—Toda mi familia está en mi contra –luego Archie optó por cambiar de tema–. Como sea al parecer tendremos que luchar más fervientemente por conquistar a Candy.

—¿Sabes?, no me agrada eso de pensar que estamos en competencia, no creo Candy se merezca algo así.

—Por el contrario, una chica siempre se sentirá halagada de ser pretendida.

—Sabes a lo que me refiero, no es un premio.

—Por supuesto que no, sólo que…

—Ya déjalo así Archie –Anthony prefirió sólo mirar por la ventana, no quería malinterpretar a su primo, pero esa actitud no le agradaba, desde lo de Annie Archie sentía la necesidad de demostrar que era un buen partido para cualquier joven y que eso lo enfocará contra la rubia pecosa no era lo mejor, menos cuando Tony si deseaba una relación formal con ella–. Al final sólo Candy decidirá.

.

.

Ahora era el turno de aparcarse de un auto rojo a un costado de la residencia que minutos antes habían abandonado los Archie y Anthony. Del vehículo descendieron una pareja de jóvenes, el varón de ellos ataviado con gorra y bufanda pero que dejaba ver un brillo especial en sus ojos de mar por la inesperada sorpresa de esa mañana, lo que provocó que en ese momento estuviese visitando la casa de los Johnson. Nunca antes, o por lo menos no en los últimos Díez años, Terrence había tenido temor o algo parecido de enfrentarse a las personas que pudiesen tener un cierto rango de autoridad, lo que incluía a su padre, madrastra, profesores, a las monjas del colegio y ocasionalmente a sus jefes, sin embargo ahora se encontraba algo nervioso, no es que el padre de Candy fuese una autoridad directa para él pero sería la primera impresión que causaría en el que quería fuera su futuro suegro, sí, Terry ya había admitido para sí mismo que estaba muy interesado en Candy como nunca antes se había interesado en alguien, eso incluía el estar interesado en personas de su familia; con ella todo era diferente, y creía que por la manera en que se sonrojaba y lo veía que a ella tampoco le era indiferente, bueno después de que lo busco ya se había convencido de aquello.

El caso es que llegar con una chica de dieciochos años antes de las ocho de la mañana frente a su padre no era precisamente una manera de causar una buena primera impresión, por suerte Candy tuvo la inteligencia de optar por rechazar el desayuno para ir directo a casa, así eran menos horas fuera. El actor había meditado en esos escasos minutos de recorrido como solucionaría aquello de la desaparición temporal de Candy y lo único y mejor que se le ocurrió fue que la mayor parte de la culpa recayera en él, sólo esperaba que una pequeña mentira piadosa bajo esas circunstancia no empeorará todo.

—Bueno, gracias por traerme, te veo luego –La enfermera pretendió alejarse rápidamente pero fue detenida.

—Sí, claro, has estado conmigo parte de la mañana, te traigo a tu casa y te dejo –ironizó como sólo él hacia en toda situación–. De seguro que tú quieres que mañana aparezca mi cadáver flotando en las aguas del río Hudson. Si tu padre se preocupa por ti como yo creo, por lo menos me buscara para reclamarme por no darle cara, así que ahorrémosle la búsqueda –bromeó un poco para aligerar la tensión de ella.

Suspirando Candy asintió, muy probablemente su padre no miraría con buenos ojos que la dejaran en la entrada así como de seguro Terry no se marcharía dejándola sola, ese último pensamiento le agradó provocando una tímida sonrisa. Subió los peldaños necesarios hasta posarse frente a la puerta donde colocó la llave y abrió. Invitó a pasar a su acompañante pero sólo habían crusado el umbral cuando unos gritos se dejaron escuchar.

—…no puede ser posible Amber. ¿Cómo la dejaste partir sola?, ¿estás consciente de los riesgos que corre una chica sola con un hombre extraño.

—Yo lo siento, Candy dijo que es su ami…

—No salgas de nuevo con lo de amigo, si fuese su amigo ya lo conocería. Candy no es de las chicas que andan escondiendo una amistad.

Los recién llegados se detuvieron en seco «Esto no es buena idea» fue lo primero que pensó el castaño «¿Qué tengo que hacer yo enfrentando la furia de un padre?», pero vio a su derecha unos ojos verdes que lo miraron con una expresión de pena y culpa «Ahh, sí, ya recordé, por Candy.» sonrió.

—Vamos. Al mal tiempo…

—¿Seguro?

—No realmente, pero no te voy a dejar enfrentar sola la furia de tu padre, mucho menos después de todo lo que has hecho por mí –le sonrió ampliamente acercándola para besar su frente mientras pensaba–«un par de meses en lo que se olvida lo de Susana y serán tus labios».

Candy asintió separándose para caminar frente a él, Terry estiró su brazo para alcanzar la mano de ella para infundirle tranquilidad, la chica sin pensárselo la tomó para guiarlo. Entraron a la estancia para encontrar ya a George sólo junto al teléfono buscando un número en su agenda.

—Papi Georgie –la joven titubeo al hablar soltando la mano de Terry en cuanto su padre volteo.

El hombre alcanzó a percibir la separación de las manos, una mezcla de paz con enojo se apoderó de él, pero gano más la sensación de alivio que sintió al ver a su rubia sana y salva. Corrió hasta ella ignorando momentáneamente a de su acompañante.

—Candy por Dios ¿dónde estabas? –la abrazó–. Me has preocupado, tú no haces esas cosas.

—Lo siento es que…

—Fue mi culpa, soy yo quien lo siente –intervino el inglés llamando la atención del prospecto de suegro.

George miro al joven por vez primera con atención mientras Terrence se terminaba de quitar su bufanda, ese rostro él lo había visto antes, y no sólo en el teatro, ya en esa ocasión le pareció conocerlo pero la lejanía del escenario, las luces, el vestuario, la caracterización, no le dejó claro si era o no era quien creía, en esa ocasión no le dio importancia, pero ahora definitivamente sí por lo que todo tomó relevancia.

—No es cierto papi –Candy intentó que su padre creyera que su amigo no tenía algo que ver con su ausencia–, Terry ni siquiera sabía que lo buscaría.

No era posible, el castaño que buscaba protegerla y ella solita se delató, sólo le quedo compartir responsabilidades

—Pero fuiste a buscarme porque te encontrabas preocupada por mí.

Al fin George reconoció de quién se trataba.

—No puede ser, Terrence Grandchester –los chicos enmudecieron–. ¿Cómo no lo había reconocido antes?, en el teatro se me hizo un rostro familiar, pero ahora estoy seguro que es usted.

—¿Cómo sabe que…? –Terry no podía creer que alguien en América supiera de sus orígenes.

Candy los miraba confundida.

—Es parte de la nobleza inglesa, cualquiera que tenga la mínima información al respecto así como el manejo de tratos económicos con ellos lo sabría.

—¿Cómo que de la nobleza? –Candy estaba más confundida.

—Yo no soy parte de eso –habló firme el inglés, mirando a la rubia agregó–. Hoy te lo conté, hace años renuncie al apellido de mi padre.

—No comprendo nada –dijo la chica negando con la cabeza.

—Además –George no quitaba el dedo del renglón cada vez más enojado pues recordó el incidente con Annie Brighton–, lo reconozco porque fue compañero de los jóvenes Andley en el Real Colegio San Pablo.

—¿Tú conoces a Anthony, Stear y Archie? –inquirió la enfermera muy sorprendida.

—¿Tú conoces a los Andley? –también cuestionó Terry.

—Sí, son mis amigos, papá trabaja para el señor William.

—Eso me recuerda las circunstancias bajo las que dejó su país –fuera de toda disciplina el de origen francés dejó que el enojo lo dominara comenzando a levantar la voz por segunda ocasión en ese día—. Le pido que se retire y no vuelva acercarse a mi hija.

—Papá ¿qué dices?

—Este joven no posee en absoluto una reputación aceptable, salió de Londres huyendo de una responsabilidad moral con la joven Brighton.

—¿Con Annie? –cada vez más asombrada Candy miraba a uno y luego al otro.

—¿También la conoces a ella? –eso era el colmo para el inglés quien encrespado apretó los puños, la situación se había salido de toda posibilidad imaginada.

—¿Qué pasó con Annie? –seguía la rubia preguntando a ninguno en particular.

—No pasó nada con ella, ya lo he dicho hasta el cansancio —sin saber cómo sentirse ante el giro que había dado el llevar a Candy a su casa Terrence comenzó a sobarse la nuca para calmarse y no terminar peleando con el padre de la Enfermera Pecas.

—Pues no es lo mismo que dijo ella –el padre en cambio sí tenía ganas de golpear al joven que tenía frente a él por intentar seducir a su pequeña rubia–, así que retírese que no permitiré que a mi hija se le relacione con personas como usted.

—Pero, que yo no le hice nada a Annie, ella está mal –dijo con la mandíbula muy apretada al limite de su control.

—¿Papá? –Candy fue preocupada hacia George pues jamás nadie le había visto siquiera perder la compostura un poco.

—Lo siento cariño, pero él no es bueno para ti –el moreno abrazo a su hija en señal de protección lo que hizo que se sosegara un poco.

Que la joven fuese junto a su padre no le dio gusto a Terry pues ella apoyaba las palabras de su padre y no las suyas, bueno era de esperarse que creyera más en él, luego esas últimas palabras dichas por el señor Johnson se clavaron en la médula del joven actor, "Él no es bueno.", ¿cuantas veces las había escuchado?, en voz de su madrastra, de sus medios hermanos, de sus institutrices, de los profesores, de las monjas, de sus compañeros de estudios, de la madre de Annie, de la madre de Susana. Eso fue todo para Terry no podía creer que otra vez esas palabras fuese dirigidas a él; él ya no era más ese chico que buscaba problemas a diestra y siniestra para gritarle al mundo que existía y que no era un error de la juventud e inexperiencia de sus padres. Ya había demostrado en mas de una ocasión que era alguien que valía por él, por sus esfuerzos, porque con sus propias manos había logrado grandes cosas antes de cumplir los veinte años, pero ante los ojos de aquel hombre eso no importaba, el papá de Candy sólo veía un irresponsable frente a él, alguien que había jugado con una señorita y la había dejado abandonada ante el escarnio social. Le dolió saber que el que no lo consideraran una buena persona era provocado por el fantasma de Annie que aún a la distancia le hacía la vida imposible. Simplemente, ya no dijo nada, hasta el coraje sé le esfumó cambiando su sentir por uno de frustración, se dio la vuelta para salir del lugar, aunque antes de desaparecer de la vista de los Johnson habló calmo pero sin darles la cara, de momento no hacía falta.

—Mejor vayan con los Brighton, haber si tienen el valor de contarles que es lo que su hija hizo.

Salió del hogar más desilusionado que molesto, se subió a su auto «Maldita Annie Brighton, siempre vas a estar jodiéndome la vida» pensó mientras arrancaba.

—No soy bueno –dijo en voz alta al tiempo que golpeó con suma fuerza el volante al punto de producirle dolor en su puño –¿No soy bueno para nadie? Pues señor Johnson le demostraré que soy el mejor para su hija.

Terrence fue firme al decir aquello seguro de que quería a Candy en su vida, mientras que en la residencia Johnson las cosas no estaban de mejor humor.

—¿Por qué dices qué no es bueno para mí?, ¿qué pasó con Annie?, ¿por qué no lo dejaste que se explicara? No estás siendo justo –una vez Terry se fue Candy se separó de su padre para comenzar a defender al castaño sabiendo que George tendría que darle muchas explicaciones–. Él jamás abandonaría un deber moral estoy segura de ello, yo misma lo he visto como todo este mes no ha dejado de preocuparse por lo del accidente, como todos los días iba a ver a esa joven sin impórtale incluso los gritos que su madre prodigaba por todo el lugar ofendiéndolo, él siempre pensó en apoyarla, en apoyar a madre e hija. Incluso vi lo mal que estuvo, como se sintió culpable y derrotado por lo del aparente suicidio. No creo lo que dices. Ni tú deberías de creerlas, ya te he platicado de él.

—Candice, soy tu padre y debes de respetar y acatar lo que te digo –habló tranquilo queriendo hacer reaccionar a su hija de lo que él consideraba un error.

—Imposible cuando parecer tan intransigente. Ya lo dijo Terry, los Brighton pueden explicarnos, vayamos con ellos.

—Cuando me contaste lo de tu amiga de infancia y descubrí que era Annie pensé que ella era como una hermana para ti, ¿por que ahora ese joven puede importarte más que ella?

Por segundos Candice no supo qué decir, ella no quería admitir lo obvio aún delante de su padre, pero sino había otro remedio.

—Porque Terry me importa, me importa mucho.

—¿Más que Annie? –el hombre prefirió ignorar lo que ese "me importa mucho" significaba realmente.

—Annie se convirtió en una desconocida para mí hace años, y fue por su elección, no la mía.

—¿Y cuánto tiempo llevas de conocer a Grandchester?

—Graham, sí el cambio su apellido y renunció a su familia sus motivos tuvo.

—Sí, no responsabilizarse por el honor de una señorita.

—No, Terrence es incapaz.

—¿Estas segura?

—Sí –de inmediato contesto sin una pizca de duda en su voz.

—Lo acabas de conocer –George no creía lo que oía.

—Tengo un mes conociéndolo y en circunstancias muy complicadas para él, esas son cuando mejor se conocen a las personas.

—No lo puedo creer –el hombre giro sobre su eje llevándose ambas manos a su cabeza, ¿cuando fue que su pequeña niña se relacionó con un chico tan revoltoso?, ¿cómo fue qué pasó?, y él que se preocupaba por Anthony pero el problema estaba en otro lugar, lento se volvió para mirarla–. Pues ya te dije, él, Terrence Grandchester o Graham o como quieras llamarlo, no es bueno para ti y no quiero que continúes con esa relación.

—¿Me vas a prohibir verlo?

—Si es necesario yo mismo iré por ti al hospital o mejor aún dejas ese ridículo empleo de enfermera para convertirte en una dama.

—No soy una ridícula enfermera –las lágrimas rodaron de inmediato ante esas palabras–. No es un juego, yo…

No, su padre no podía decirle aquello. Ya no dijo más, sin hacer mayor escándalo busco las escaleras para dirigirse a su cuarto.

—Candice, ¿a donde vas?, esta platica aún no termina.

—Ya me dijiste que hacer y cómo, yo no puedo objetar más, sólo aceptarlo.

La rubia habló cabizbaja con lágrimas bajando por sus mejillas, defraudada de que todos creyeran que ser enfermera era un capricho para ella.

—No, Candy, no lo veas… como una imposición.

George habló por lo bajo al descubrir que si era una imposición, él le había gritado, le había dicho que dejara su ridículo empleo, él que siempre era calmo con todos ante su hija le gritó, de la peor manera y también al chico que le acompañaba, bueno al menos el detective ya no sería necesario, había alejado a esa mala influencia de su hija a tiempo, pero, ¿por qué se sentía tan mal, tan culpable, como si hubiese hecho todo lo contrario a lo correcto?

—Porque le gritó, la regaño e insultó a su amigo del cual no ha parado de contarle desde que usted llegó.

La señora Morgan apareció en la estancia respondiendo como si hubiese leído sus pensamientos.

—Soy madre y sé lo que es sentir que no se hizo lo correcto –respondió ante la mirada interrogatorio de su empleador–. Sé qué tal vez, no debería meterme, pero los gritos se escucharon en todas partes y usted lleva sólo cuatro años siendo padre, yo casi veinte de ser madre. Candy y usted nos han dado el calor de un hogar por eso me duele ver esta situación.

—Él no es bueno para mi hija.

—Ninguno nunca lo será.

—Pero él tiene un pasado nada bueno –ya relajado George intentaba justificarse.

—¿Cuántos años tendré ese joven? Veinte a lo sumo. ¿Quien no ha cometido errores en su juventud? –razonaba la nana Ely–. Él aún es muy joven, pero véalo, a su corta edad su nombre se anuncia con bombo y platillo en la marquesina de un teatro. Eso no se logra fácil, y menos estando solo como Candy dice que lo ha visto. Si ha conseguido aquello no creo que sea tan malo ¿Desde cuándo no sabía de él?

—No lo recuerdo, serán dos años.

—¿Sabe?, Candy es muy abierta y trasparente, desde hace semanas que anda rara, como… flotando, me pide pastel extra para compartir, eso ya lo hacía pero yo sabía que sólo ella se lo comía, sin embargo en estas ocasiones regresaba a casa sin los recipientes o con recipientes ajenos –la señora Morgan sonreía ante esos recuerdos–. Me decía que con quien lo compartió lo había disfrutado mucho, que le llevaban postres también. Pero sobretodo se veía tan feliz. Creo que nadie que trate y ponga así a una chica como ella pueda ser mala persona.

—Las referencias de ese chico son las peores –George no cedía ante la lógica de su ama de llaves y cocinera.

—¿Las suyas cómo eran señor Johnson? Antes de conocer a Sir William, ¿cómo eran?, y ¿si preguntamos por las referencias de Candy a los Legan, cómo serán?

—Es mi hija –fue lo que pudo responder George ante lo obvio.

—Y nunca dejará de serlo.

—Pero él no se acercara a ella.

—¿Es su última palabra?

—Por lo menos hasta que ese joven demuestre lo contrario de lo que yo creo, Candy no lo verá –después de meditarlo un rato fue la sentencia final de George.

.

.

El Ford T Touring rojo llevaba más de una hora estacionado y Terrence se estaba congelando ahí adentro por lo que decidió que si a las nueve y media de la mañana no estaba levantado Anthony o Albert él tendría que despertarlos.

Después de andar un rato sin rumbo fijo entre las calles de Nueva York Terry recordó que el papá de Candy trabajaba para los Andley, así que rápido regreso a su departamento para tomar una de las cartas de Tony donde le escribió la dirección de la Mansión de su familia en aquella ciudad, dirección que se encontraba cerca de la Avenida Madison casi a la misma altura que la casa de Candy pero al lado contrario de Central Park.

Así que ahí estaba el joven actor tocando la puerta de la residencia Andley, dispuesto a pedirles a sus rubios amigos que intercedieran por él.

.

Continuará…

.

Gracias por perderse en mis letras.


.

De mis letras:

Hola lectoras hermosas, por supuesto que George no es malo, sólo es papá y Candy es su única familia. Pero ¿ahora que pasara?. Anthony sabrá quién es la chica de la que le habló antes Terry, ¿cómo lo tomará?

La próxima actualización será en el cumpleaños de ya saben quién (sino lo saben el 28 de enero el bombón inglés cumple así que a preparar sus felicitaciones), creo tendrá los tan esperados besos de regalo. Junto con esa actualizare "Momentos" (sí, por fin), y también publicare un OneShot.

Me encantarías responder a cada uno de sus reviews pero el tiempo me come estos días, pero ya saben que me encantas sus palabras, que me hacen saber que lo que hago no lo hago tan mal y eso me alegra muchísimo. Mimie Grandchester, Lady Lyuva, Sol Grandchester, Wendy Alfaro, Vane W. G, Scarlett Northman, Becky 10000, Anmoncer, Rubi, Alexa PQ, Resplandor de la Luna, Maquig, Dianley, Eliza Lucia, Eli, Roceli, HaniR, Guest, Darling Eveling, Angye, Mimis Patico, Mizaki, Arya Stark, Guest, Mezy B, Conny de G y Reina 899.

Grarcias a quien me lee, quien coloca la historia entre sus favoritas y seguidas.

Abrazos virtuales a todas.

20/01/2017