Hola a todas. Me dio mucho gusto que el capitulo anterior les haya gustando tanto, de verdad que me lleno de emoción cada vez que veo los reviews que me dejan. Aquí la siguiente continuación, espero que también le alegre y que disfruten. Ahí si tienen chansesita me dejan un comentario que son el alimento de mi alma. Sin mas, les dejo leer, ya saben besos, abrazo y apapachos.


~ 1 ~

Comenzaste a caminar de regreso con aquellos jóvenes que habían venido por ti. Los miraste a cada uno de ellos, se veían demasiado cansados, demasiado golpeados, sobre todo Afrodita… se te hacia extraño verlo con su cabello revuelto y sucio, cuando él siempre se mantenía pulcro, limpio. Se dio cuenta de que lo estabas mirando y te sonrió, tú también le regresaste la sonrisa.

Continuaste caminando, ya no querías andar de mirona, lo mas seguro era que a ellos también les incomodaba que los vieras de esa manera. Llegaron al primer salón que deberían de cruzar, casi te da el infarto al verlo casi destruido y mas al ver a Damián tirado en el suelo, volteaste mirando a todos, viste que Aioria miraba hacia otro lado y silbaba, sin duda alguna él había estado ahí destruyendo todo junto con aquel tipo. Te acercaste, tu ética de medico no te dejaría en paz si dejabas a aquel pobre hombre a su suerte, aun estaba vivo; solo había quedado inconsciente por la perdida de energía y la paliza que le había dado Aioria. Colocaste tu palma sobre la frente de Damián y comenzaste a emanar tu Cosmo para que su recuperación fuera mas rápido.

Continuaron caminando, viste que el oponente que había enfrentado Mü también se encontraba desmayado, su vida no corría peligro, aun así lo ayudaste a que se recuperara. A diferencia de Damián, este si despertó poco a poco, cuando se estaba incorporando volvió a caer al suelo.

-¡¿Qué te pasa Aioria?! ¡¿Lo quieres matar?!- le reclamaste ya que Leo le había dado un buen golpe con una piedra en la cabeza volviéndolo a desmayar

-Lo único que no quiero es que se ponga en nuestro camino- te explico, en cambio tú si tomaste una roca y se la arrojaste. No te sorprendió que la tomara en su mano, al menos lo habías intentando.

.

.

Te detuviste al ver de nuevo a Renné, estaba ocupado tratando de sacar una rosa que tenia en su mano, cuando sus miradas se encontraron, él te volteo la cara, no quería verte. Te acercaste a él, sin importar que Shaka y Camus te lo estaban impidiendo. Extendiste tu mano, se tardo un poco pero al final poso la mano lastimada sobre la tuya. Tu Cosmo comenzó a emanar y la rosa que tantos problemas le estaba dando se comenzó a deshojar lentamente.

-Así que al final… ganaste- te dijo mirando al techo estrellado

-Si, pero creo que me va a demandar por daño a terceros y por daño en propiedad privada- le comentaste sonriente, él suspiro -¿Qué te llevo a esto Renné?- le preguntaste sin poder ya soportar la duda

-Nada- te respondió seriamente, apretaste su mano ya libre de la rosa –Solo quería hacer algo mas entretenido con mi vida

-¿Aun a costa de la muerte de inocentes?

-No seas tan exagerada- te dijo –tú no lo entenderías, naciste como diosa…

-No tengo mucho de saber eso- le respondiste, viste la sorpresa en sus ojos –Así es Renné, no lo sabia hasta hace unos pocos meses

-No te creo "-" es imposible- te dijo -¿de verdad?- te pregunto cuando callaste

-Así es- le dijiste y sonreíste de nuevo –no es por nada, pero andaba escapando de esto, si no fuera por ellos- miraste a tus guardianes para devolver la mirada hacia Renné –no estaría aquí, si no los hubiera tratado no los hubiera echado de menos y no hubiera regresado al Santuario

-Así que ahora… Serás la diosa de ellos- te dijo mirándolos

-Aun no lo se- le respondiste sinceramente –como que no me llama mucho la atención eso de andar de mártir y cosas así, no va conmigo

-Siempre lo has hecho- te respondió –ahora vete

-¿Vienes conmigo?- le preguntaste apretando mas su mano –Tengo entendido que en Santuario hay muchas armaduras de Bronce y Plata

-¿Quieres que pertenezca a la Orden de los Caballeros? ¿De tu orden?

-Vamos Renné- lo animaste –podrías tomar entrenamiento y competir por una, una verdadera armadura que sea tuya- eso había sido demasiado, Renné se soltó de tu agarre bruscamente y se alejó de ti

-Sabes donde esta la salida, ahora lárgate con tus perros- te dijo mientras te veía con ira -¿no me escuchaste? ¡Que te vallas!

-Renné…- susurraste –vámonos juntos, como cuando éramos amigos

-¡Que te largues!- te ordeno mientras te empujaba y se perdía por el camino por el cual habías llegado, suspiraste y decidiste seguirlo

-Déjalo Athena- te detuvo Aioros –no vale la pena

-Pero…- no dijiste nada mas, solo miraste aquel sitio por donde se había ido Renné. Decidiste continuar con tu camino.

Ayudaste al oponente que había tenido Aioros, a pesar de que Sagitario no quería, pero el que mas te preocupo fue el que encontraste en el suelo, apenas y su corazón seguía latiendo, lo ayudaste todo lo que pudiste, quitaste aquella rosa ensangrentada y elevaste tu Cosmo tanto como pudiste, lo único que quedaba era que el solo luchara por seguir viviendo. Afrodita te pidió una disculpa, no lo culpaste. Al fin y al cabo habían luchado por ti, lo que menos necesitaban eran tus reclamos y tu ingratitud.

Por fin salieron de aquel lugar al que habías llegado obligatoriamente. Caminaron por un espeso bosque, el sol aun se encontraba oculto, debían pasar mas de la media noche, pues la luna ya había pasado por su punto mas alto. Caminaron hasta sentirse fuera del alcance de los dominios de Apolo, sea lo que sea, no querías estar cerca de él, no mas de lo que ya habías estado.

Te encontrabas de pie en un punto de alguna montaña, desde ahí podías ver aquel lugar donde habías estado, ahora se veía tan lejano aquellos días, incluso horas, cuando te diste cuenta una fogata ya se encontraba encendida y ahora aquellos hombres ya se encontraban si sus armaduras. Te acercaste y te calentaste, aunque no tuvieras frio. Miraste a Aioros quien se encontraba atando un trozo de tela a su pierna.

-¿Qué te paso?- le preguntaste

-Nada- te respondió de inmediato, no le creíste así que lo seguiste mirando –de verdad, no es nada

-Entonces te amarras ese trapo sucio por moda- le contéstate, te pusiste de pie y caminaste hasta donde estaba sentado –déjame ver- ordenaste

-No es nada, de verdad- insistió

-No te pregunte, te dije que me dejes ver- volviste a ordenar.

Trataste aquella herida, no era que tuvieras muchos trozos de tela limpia, pero hiciste lo mejor que pudiste con lo que tenias, limpiaste la herida y con tu Cosmo la cerraste, no era difícil, cuantas veces no habías hecho eso en tu trabajo. Desviaste la mirada hacia Afrodita y posaste la mano en su rostro, cerraste las heridas que había en él, hiciste lo mismo con las marcas en el cuello de Aioria, revitalizaste el Cosmo de Camus y Shaka; pero Mü….

-¡Eres un idiota!- le gritaste mientras te arrodillabas frente a él –"solo es un brazo roto"- imitaste lo que te había respondido -¡Es un hueso roto! ¡y no me habías dicho nada!

-Athena, tranquilízate pro favor….

-¡¿Que me tranquilice? ¿quieres que me tranquilice?!- le seguiste gritando -¡¿Cómo quieres que lo haga?!

-Por eso le digo, que no se alarme- te dijo algo nervioso

-¡Dame!- le exigiste pidiendo el brazo, aunque era evidente que no podía

-Uy, tan grandote y todavía te regañan- escuchaste que se burlo Aioria –ya me callo, no dije nada- te dijo cuando lo miraste molesta

Tomaste el brazo de Mü lo mas tranquila que pudiste, lo que mas deseabas en ese momento era rompérselo por completo, lo que mas te había molestado era su tranquilidad, solo Dios sabia como era que habían entrenado a estos barbaros, porque eso eran, eran unos barbaros machistas que se creían los súper humanos que podían soportar todo. Un aura blanca te comezón a rodear concentrándose un brillo mas fuerte en tus manos, donde Mü tenia el golpe, poco a poco la inflamación iba bajando, Mü se quejo y le ordenaste callar, el pobre te hizo caso.

Buscaste por todos lados, pero no había nada que te ayudara. Dejaste a Mü encargado como si fuese un niño y te llevaste a Aioria contigo, buscando unas ramas para poder utilizarlas como tablillas, las cuales colocaste en el brazo lastimado con apoyo de la estola del ariano.

.

~ 2 ~

.

Lo primero que hiciste cuando llegaste fue correr por aquellas escaleras que te llevaban rumbo al Despacho Principal, no tocaste solo abriste la puerta y entraste, no había nadie, se te hizo extraño. Comenzaste a caminar de regreso, le contaste a los Dorados, tal vez era tu imaginación pero se veían algo tensos, por no decir nerviosos. Tal vez era tu imaginación, pues Camus, Shaka y Mü se encontraban tranquilos

-¡Explícamelo ahora mismo!- escuchaste un grito proveniente del Salón de l Patriarcal

Corriste de inmediato y abriste la gran puerta, ahí se encontraba Shion… demasiado enojado para tu gusto y reconociste a la victima del regaño, Dhoko, quien también se veía que estaba enojadísimo, detrás de él se encontraba el resto de la Orden Dorada.

-Señor…- escuchaste que le llamo Saga

-¡Cállate, no te he dado permiso de hablar!- escuchaste que le respondió, que va, no estaba enojado, estaba súper encabronado.

-Pero señor- trato de volver a hablar

-¡Que te calles!- escuchaste que le dijo

-¡No te desquites con el niño Shion!- escuchaste que le respondió Dhoko

-Salga de aquí- escuchaste que te hablo Cáncer a tu mente –El Patriarca no esta de humor

-¿Qué hicieron?- preguntes moviendo tus labios, aun no sabias comunicarte a través del Cosmo, esperabas que te hubiera entendido, pues Shion te estaba dando la espalda y Dhoko aun no había reparado en tu presencia

-Nada- te respondió Saga –solo le hicimos de tapadera a los que están detrás de ti- miraste a donde se encontraban los otros, Aioria te llamo a que salieras

-¿Qué hicieron ahora?- les susurraste cuando estuviste fuera

-Vera, es que nos salimos sin permiso- te respondió Leo –de hecho Shion nos negó ir por ti hasta que se le ocurriera un plan

-¿Qué hicieron que?- preguntaste molesta

-Es que no nos íbamos a quedar sentados esperando- se trato de justificar, tomaste a Aioria de los cabellos y lo jalaste para que estuviera a tu altura

-Tarado, yo le había dado esa orden a Shion- le susurraste lo suficiente fuerte en el odio para soltarlo –por eso esta que hecha lumbre- pasaste tu mano sobre tus cabellos –ni modo, al mal tiempo darle prisa

-Pero "-", no puedes ir- te trato de detener Aioros

Te armaste de valor y te adentraste de nuevo, los gritos por parte de Shion y Dhoko resonaba en todo el lugar, te sentías nerviosa, demasiado, te acercaste con cuidado, esperando a que se calmaran o que alguno de ellos se callara, los demás que se encontraban presentes también te advertían y te recomendaban que salieras de ahí.

-Hola Shion- saludaste, pero no te escucho, seguía discutiendo con Dhoko -¡Shion! ¡Ya no grites, que ya llego por quien llorabas!- cuando el Patriarca te dirigió la mirada sentiste miedo, mas del que habías tenido cuando estabas con Apolo, tal vez la ultima frase no era necesario –Hola, ya llegue… hola Dhoko

-Athena- te susurro mientras te examinaba por todos lados -¿estas bien? ¿no te hirieron? ¿Qué fue lo que te hizo? ¿Cómo escapaste? ¿Cuándo llegaste? ¿Cómo llegaste?

-Tranquilo Shion, pareces mi padre- le respondiste mientras lo tomabas de la mano y lo llevabas a la silla que se encontraba ahí, lo sentaste y te dirigiste a servir un vaso de agua, se lo ofreciste y te sentaste en el suelo –veamos…

-Athena…- susurro el patriarca mientras te miraba fijamente

El resto de los demás chicos entro a paso lento, manteniéndose cerca de la puerta, imaginaste que era para escapar de ahí con vida. Tomaste aire y trataste de recodar todas las preguntas que te había hecho el Patriarca.

-Ah si, por orden- le respondiste sonriente –Estoy bien, solo un poco cansada. La dos… no, bueno si… pero Aioria ya se encargo de sanar mis heridas- desviaste la mirada hacia León, pues cuando había recuperado su Cosmo sano tus muñecas y cuello lastimado –este… que mas, ah si… no me hizo nada, al contrario me encargue de fastidiarlo hasta el final, bueno… no escape sola, ellos fueron por mi y le dieron en la torre a ese dios de quinta- le comentaste mientras apuntabas a tus salvadores –acabo de llegar hace como dos horas, aun no estoy acostumbrada a subir la condenada veredita y como llegue, pues creo que caminando

El silencio se apropio de aquel lugar, Shion había ocultado su rostro con su mano derecha, se veía que estaba tratando de calmarse. Miraste a Dhoko quien se veía también mas calmado, le sonreíste y él te regreso el gesto. Te pusiste de pie y posaste tu mano sobre el hombro de Shion, tomando asiento en el descasa manos.

-Vamos Shion- le llamaste tranquilamente –no deberías de estar regañándolos, esta bien que no hicieron caso, pero no es para que te pongas así

-Desobedecieron las ordenes- te dijo tranquilamente –eso se castiga Athena

-Lo se, pero para eso son las reglas, para romperlas- le dijiste –vamos Shion, perdónalos

-Athena, no puedo hacer eso- te dijo

-Si puedes- le contradijiste –anda, no seas malo. Si Dhoko hizo lo que hizo es porque estaba preocupado

-No era nuestra intención desobedecerlo- intervino Aioros, viste que Shion le lanzo una mirada fiera

-Cállate Aioros- le mandaste –vamos Shion, no seas así- te tomo de la mano y la aprisiono con las suyas

-Esta bien- te dijo tranquilo –por esta única ocasión

-Gracias- le respondiste sonriente

-Ustedes- viste que llamo a todos –tendrán un castigo, inclusive tu Dhoko- desvió la mirada hacia el grupo que te había traído de regreso –ustedes al despacho, quiero el reporte

.

.

Después de haber estado encerrados durante tres horas dentro del despacho te dirigiste a tus aposentos, cada vez que lo mencionabas de esa manera te daba risa, estabas mas acostumbrado a decirle cuarto o habitación. Te diste un buen baño y después te fuiste a acostar durante unas horas, ya después hablarías con los demás chicos. Lo mas seguro era que ya no estaban enojados contigo por andar escondiendo tus planes.

.

.

Te diste una vuelta en la cama y abriste los ojos, poco a poco te acostumbraste a los rayos del sol que recién entraban por la ventana, te acomodaste de nuevo tratando de volver a dormir unos minutos mas, de repente te incorporaste de inmediato de la cama, casi te caes al suelo cuando se te enredo la sabana en tus pies. Corriste por todos los pasillos hasta llegar al despacho de Shion, entraste sin reparar en la presencia de él, ni de la de Dhoko y Kanon.

Claro que no, lo único que estabas buscando era la vitrina que se encontraba escondida en una esquina, suspiraste al darte cuenta de que dichoso báculo se encontraba ahí.

-Señorita Athena… ¿se siente bien?- te pregunto Kanon, desvíate la mirada a donde se encontraban

-Si- respondiste -¿Qué horas son?

-Las 9 de la mañana- te respondió el gemelo menor, te dirigiste y tomaste asiento en la silla que se encontraba a lado de Libra

-No me digan que me dormí todo el santo día de ayer- respondiste cansada.

-Si- te respondió de nuevo

-Les dije que no me dijeran- miraste a Kanon que miraba hacia otro lado -¿Qué te pasa Kanon?- le preguntaste algo molesta –ya te explico Shion que lo que hice fue porque tenia un grandioso plan y aun sigues enojado conmigo

-Hija- te hablo Shion

-Mande- le respondiste

-No es por nada, pero una señorita de su clase, no debería de andar así

-¿Cómo así?- preguntaste

-Hija, andas de exhibicionista- te dijo Dhoko apenado

-Ay no- dijiste cuando caíste en cuenta de que solo llevabas puesta la ropa con la que siempre dormías. Una camiseta de manga corta talla extra grande, apenas y tapaba tu ropa interior –ahorita vengo, me voy a cambiar

-Pero hija, date prisa- te apuro Shion, tu asentiste y cuando ibas a salir te topaste con Ángelo

-¡Descarada!- te grito cuando te vio tirada en el suelo

-Gracias, que caballeroso- le respondiste, no te ayudo a ponerte de pie y fue de inmediato con Shion

-Patriarca- llamo Ángelo –ya vine del encargo.

-Muy bien- respondió Shion –ahora necesito que vallas a dejar todas esas canastas personalmente con Aioria y Milo a la parte mas baja

-Si señor- respondió después de liberar un suspiro –vete a cambiar, descarada- te dijo mientras pasaba a lado de ti

-¿Viste al grosero Shion?- le reclamaste al patriarca, el rio

-A cambiarse- te ordeno Dhoko, tú asentiste y cuando ibas a salir sentiste un peso extra encima de ti, miraste y te diste cuenta de que Ángelo había colocado su capa encima de ti, te tapaste con ella y te encaminaste hasta tu habitación

.

~ 2 ~

.

Bajaste las escaleras mientras estirabas los brazos, buscando a alguien a quien molestar, no querías ir de nuevo al despacho, no después de haberte presentado en paños menores. Caminaste por aquellos terrenos, algunos soldados que se cruzaban en tu camino te saludaban y respondías sonriente. Saludaste de lejos a algunos candidatos a caballeros. Miraste el cielo azul, se veía tan despejado. Estabas a punto de volver cuando a lo lejos miraste a un joven que conocías muy bien, vestido con ropas sencillas de entrenamiento.

-¡Shura!- le llamaste, él te busco con la mirada y te saludo agitando su mano, te acercaste corriendo a donde se encontraba -¿A dónde vas?

-Al pueblo- te respondió –Buenos días Athena ¿Cómo estas?

-Bien, muy bien Shura- le respondiste sonriente -¿te manda Shion?- el asistió a tu pregunta -¿puedo ir?

-No creo que al Patriarca le valla a hacer mucha gracia que salga de aquí

-Pero solo vamos al pueblito, esta cerquita- rogaste

-Señorita Athena- te saludo Aldebarán también vestido con sus ropas de entrenamiento -¿Cómo amaneciste?

-Pues acostada y casi cayéndome de la cama- le respondiste, escuchaste que soltó una sonora carcajada

-Tienes un excelente sentido del humor Athena- te dijo mientras te daba una palmada en tu espalda, caricia que casi te saca los pulmones

-Si, siempre me lo han dicho- respondiste –oye Alde, ¿puedo ir con ustedes al pueblo?- le pediste

-Bueno, no creo que pasa nada- respondió mientras acomodaba un morral en su hombro –ya no podemos estar mas castigados y eso que yo me encontraba fuera de aquí- dijo mientras reía –andando, vamos a Rodorio que los puestos de las verduras están recién salidas

-Pero Aldebarán…- le llamo Shura mientras comenzabas a caminar junto a Tauro –nos va a regañar el Patriarca

-Andando Shura, que nos va a tocar todo bien mallugado- le dijiste mientras seguía con sus reclamos

.

.

El mercado se encontraba lleno de personas que iban de un lado a otro, te hacia recordar cuando ibas a comprar la despensa de tu casa cuando tus padres no podían hacerlo. Viste como ambos caballeros eran saludados por la mayoría de las personas, inclusive te diste cuenta de como algunas chicas miraban y saludaban muy cariñosamente a Shura, sonreíste, se veía que el españolito tenia su pegue con las chicas de ahí; lo que no sabias era si se hacia el desentendido o simplemente no se daba cuenta.

-Oye Alde… ¿Qué estas haciendo?- le preguntaste cuando lo veías escogiendo los tomates

-Comprar tomates, hacen falta- te respondió, tomaste un tomate de los que ya había escogido

-Este tomate esta podrido- le comentaste, buscaste entre la bolsa donde los estaba echando –y este otro esta muy aguado, este esta muy verde y este esta para llorar- le quitaste la bolsa y la vaciaste de nuevo –deja que me encargue de esto. No eres bueno para escoger tomates

-Es normal para ti- te respondió mientras te sostenía la bolsa y comenzabas a escoger los mejores –eres mujer y es algo que es sencillo para ustedes

-Por eso cocinan del asco- le dijiste –para mi que los ingredientes estaban echados a perder

-¿Qué mas falta?- pregunto Shura que se había acercado

-¿De donde sacaste eso?- le preguntaste cuando lo viste que había llegado con unas bolsas extras

-Me las dieron unas chicas que se encargaban de los puestos de los quesos y también me dieron leche y pan- dijo mientras inspeccionaba las bolsas

-Anda Romeo, mejor ve a buscar lo que falta- le ordenaste mientras seguías escogiendo la verdura

Ir de compras con aquel par era digno de admirarse, pues cada puesto que pisabas con Shura alguna chica lo miraba con ojos soñadores. Eso lo aprovechaste muy bien, pidiendo algo extra o haciéndote rebajas, habías terminando con algo de dinero extra.

A pesar de que ellos te habían estado diciendo que podían solo con aquellas bolsas de víveres tu cargabas con un par de bolsas, no pesaban mucho pero al menos no te hacia sentir una inútil. Cuando llegaron al Santuario apenas pasaban 40 minutos después de las 12. Se encaminaron directamente hacia una bodega que se encontraba fuera del Templo Patriarcal.

-Así que aquí se guardan las cosas- comentaste mientras dejabas las bolsas en una mesa –no sabia que había tantas cosas aquí

-Solo nos hacia falta algunas pocas- te comento Aldebarán mientras acomodaba la leche en una repisa –por eso nos envió el Patriarca

-No te hagas, que es parte del castigo- respondiste

-Bueno, como te digo, no hicimos nada y nos toco el regaño- te dijo mientras reía a carcajada limpia

-Claro que, el Patriarca siempre ha dicho que si la hace uno todos la pagamos- te dijo Shura mientras acomodaba los quesos dentro de un recipiente

-Si, pero yo creo que a Shion le gusta ser Patriarca para castigar a todo el mundo, yo lo haría- comentaste –ademas, enviarte salió muy productivo

-¿Por qué?- te pregunto Capricornio

-Porque nos salió todo mas barato- le dijiste –oye Shura, abusando de eso, quiero pedirte un favorsote

-¿Cuál?- te pregunto, sentiste que había sido con mucha desconfianza

-No me veas así Shura, que no te voy a pedir el sol ni las estrellas

-Pero es casi como si las pidieras- te dijo Aldebarán –siempre sale con cada cosa que aquí todos temen, cosa que pide hace que nos regañen- dijo riendo

-Ya Alde- le pediste sonriendo –vez Shura, deberías de seguir su ejemplo y reír

-No, gracias- te respondió mientras acomodaba la vasija dentro de un baúl

-Que grosero Shura- le respondiste –pero bueno, volviendo a lo que te iba a pedir. Solo quiero que llames al aeropuerto y me compres un boleto para regresar a mi casa, no se hablar muy bien griego y bueno…

-¿Se va a ir?- te interrumpió Shura y hasta Aldebarán dejo de reír

-Shura, cielo… no me puedo quedar- le respondiste mientras tomabas asiento encima de la mesa –mira, no soy una buena diosa, esto no es lo mío

-¿No se siente bien con nuestra presencia?- te pregunto Aldebarán

-No es eso amor- le respondiste –si no me sintiera bien con ustedes no los llamaría con cariño, pero no soy lo que ustedes esperan. Ademas, ya le dimos en la torre a Apolo, esta bien, yo no lo derrote, simplemente me aproveche de la paliza que le dio Camus

-Esto no acaba aquí- te menciono Shura mientras se recargaba en la pared y cruzaba sus brazos sobre su pecho –solo fue el primero de muchos a los que va a tener que enfrentar

-La necesitamos para guiarnos- te dijo Aldebarán –no nos puede dejar así como si nada. No puede abandonarnos y hacer como que nunca nos conoció

-No Alde, claro que no, siempre los recordare- le comentaste –ademas, nos podemos llamar por teléfono

-Solo hay uno y se encuentra en el despacho del Patriarca- te respondió –ademas, nos tiene prohibido el uso de celulares

-No es justo- respondiste -¿pues en que siglo vive? Esta bien que lo quiero mucho pero no es justo que les prohíba el celular, ya todo el mundo tiene uno. Bueno, como les decía… tengo una vida, una carrera que estudie durante muchos años, un trabajo, una familia, tengo una relación… no es la mejor, pero tengo un novio

-Athena… "-"…. Aquí también tienes una familia, tienes personas que te aman como diosa y como amiga- te dijo Shura –por eso no puedes dejarnos

-Shura, Aldebarán… de verdad… los quiero mucho, a todos. Pero tengo que irme

-¿Vendrá con nosotros? ¿Nos seguirá visitando?- te pregunto tauro

-Alde… no soy rica ni millonaria como para andar yendo y viniendo. Vivo muy lejos Alde, muy lejos y los viajes de avión salen muy caros.

.

.

Te levantaste muy temprano, te arreglaste como siempre y saliste de tu habitación. Saliste de ahí y te encaminaste a tu trabajo. Aquel hospital lujoso se encontraba como siempre lleno de personas. Apenas colocaste un pie dentro de tu oficina a dejar tu fiel mochila te llamo una enfermera, te necesitaban en urgencias.

Después de algunas suturas, algunas tablillas, huesos que se habían dislocado, pacientes con una fiebre alta, otros mas que prefirieron ir al baño a devolver lo que hayan desayunado, algunas inyecciones puestas, uno que otro suero intravenoso llego la hora de la comida.

Tomaste asiento en una de las mesas que se encontraba cerca de la ventana para poder distraerse con las personas que caminaban en las afueras del hospital. Pensando en las varias opciones que tenias para poder especializarte; de pronto, escuchaste que la silla que se encontraba frente a ti fue jalada, te diste cuenta de la persona, la conocías demasiado bien, aun así decidiste ignorarla.

-Hola- te saludo

-¿Qué hay?- respondiste mientras seguías comiendo y te encontrabas en tu mundo -¿Qué has hecho con tu vida?

-Es lo que yo debería de preguntarte- te dijo llamando tu atención a la fuerza, pues había colocado su mano encima de la tuya que en ese momento sostenía un tenedor -¿Qué pasa contigo? ¿Porque te fuiste así como así?

-¿Cómo?- preguntaste haciéndote la desentendida, alejándote de su toque

-¿Cómo? ¿Preguntas como?- te dijo algo molesto, lo habías notado en su voz –te vas así como si nada, me dejaste plantado, esperándote casi dos horas en el maldito centro comercial….

-Te llame y luego te mande un mensaje- le respondiste seriamente

-Se me apago el celular porque se le acabo la pila…

-Entonces, culpa mía no es- respondiste sinceramente –¿de verdad tenemos que hablar de eso aquí? Estoy comiendo y quiero hacerlo tranquila

-Siempre es lo mismo- te dijo, suspiraste y dejaste de comer –cuando voy a tu casa me dicen que no estas y dejaste solo una notita en donde decías que te ibas a un Congreso de urgencia y que no podías faltar porque tenias que suplir a un doctor.

-Era cierto- el comentaste –no es por nada, pero déjame decirte algo Leonel- tomaste la palabra –no eras mas que mi novio, solo eso, no eres quien para decirte a donde voy o que hago, tampoco eres nadie para que te esté dando explicaciones y mucho menos pedirte permiso

-¿Por qué no eres una novia normal? ¿Qué te traes? ¿Qué escondes?- te pregunto ya desesperado

-Ya lo sabias de antemano- le dijiste –no me gustan que me digan que o no hacer, si quieres si no, vete a buscar a otra.

-¿Me amas?- te pregunto

-Lo siento, se me fue el hambre- respondiste y saliste de ahí dejando a Leonel ahí.

La actitud que había tomado te había molestado demasiado, te dirigiste a tu consultorio y tomaste asiento en la silla, te medio recostaste en la silla y cerraste los ojos, sentiste algo, una opresión en tu pecho, no era una opresión mala pero si sabias que te iba a acarrear problemas. Pensaste en Leonel, sabias que no lo amabas, aunque se escuchara mal esa era la verdad, solo lo querías, sentías un gran cariño, tal vez lo único que estabas haciendo era pasar el tiempo. Tal vez aun estaba ahí afuera la persona especial para ti; o quizás… simplemente…

.

~ 3 ~

.

Estabas caminado a lado de Leonel, ambos se mantenían en silencio absoluto. Habían quedado en ir a caminar por el centro de la ciudad haciendo tiempo suficiente para poder llegar a la función de cine. Las calles estaban llenas, se podían ver muchos puesteros que hacían publicidad a la fecha que se acercaba.

Hasta hacia unos pocos minutos iban tomados de las manos, hasta que una llamada al celular de Leonel hizo que te soltara, termino la llamada y ya no hubo ese contacto, no ibas a rogarle, aun estabas molesta pues el resto de la semana había estado insistiendo en lo mismo, quería que le dieras todos y cada uno de los detalles que había escuchado en el "Congreso".

Cruzaste tus brazos sobre tu pecho, un aire frio llego de improvisto y decidiste subir el cierre de tu chaquetilla. Ya no sabias que hacer, durante la semana estuviste pensando en su relación, esperabas que ahora que estabas ya por fin alejada del santuario podría mejorar su relación.

Sin quererlo, dirigiste tu mirada hacia una banca que se encontraba a tu derecha. Ahí se encontraba sentado como si nada hubiera pasado, tu cuerpo se tenso de inmediato, él te veía fijamente, sonriendo altivamente, se puso de pie y se acerco a ti con paso elegante.

-Hola- te saludo mientras te extendía la mano

-Hola- saludaste hostilmente, le diste correspondiste el saludo

-¿Podemos hablar unos momentos?- viste que dirigió su mirada a tu novio -¿a solas?

-Eso si que no- dijo Leonel mientras te tomaba fuertemente del antebrazo

-Mide tus palabras escoria- escuchaste que le ordeno –no sabes con quien te estas metiendo- sentiste el peligro en esas palabras

-Déjalo Apolo- ordenaste y miraste a Leonel mientras te deshacías de su agarre –y tú no me vuelvas a agredir Leonel. Vamos, tengo poco tiempo

-Eso si que no "-"

-Ya te dije que me esperaras Leonel

-Si vienes conmigo, vas a ir a donde yo valla

-¡Ya basta!- le dijiste elevando tu voz

Seguiste a Apolo hasta quedar lo mas lejos que pudieras del alcance de tu novio, tal vez tenia algo importante que decirte, aunque al menos a estas alturas ya sabias como podías defenderte, aunque esperabas que no llegaran a eso. No querías involucrar a personas inocentes.