Hello chicas, hello! Como están todas? Espero que super duper bien. Bueno, aquí el siguiente capitulo, espero que sea de su agrado. Gracias a todas por sus votos, los cuales llegaron en Reviews y MP. Sin mas, les permito leer la siguiente continuación.
~ 1 ~
Sentiste que tu vida corría peligro, demasiado peligro para tu gusto. Querías quitarte de ahí pero sencillamente no podías. Cerraste los ojos esperando sentir el golpe, pero cuando te atreviste a mirar te diste cuenta de que Milo, Aioria y Ángelo se había quedado quietos o más bien se estrellados contra un muro… el Muro de Cristal. Dirigiste tu mirada a Mü quien de inmediato negó tener algo que ver.
-¿Cómo se atreven…?- escuchaste que dijo Shion, ya sabias quien había sido el causante -¡a entrar a los aposentos de la señorita!
-No es lo que parece Patriarca- respondió Aioros nervioso
-Díganme una buena razón para no sacarlos de aquí a las malas- exigió mientras veías que los tres caballeros se masajeaban sus narices y rostros
-Sentimos el cambio de Cosmo de la diosa- comento Aldebarán –y bueno, creímos que la señorita ya estaba despierta ¡Y no nos equivocamos!- termino de decir alegremente, tú solo sonreíste
-Solo queríamos saber cómo estaba la diosa Athena- intervino Shaka mientras te regalaba una sonrisa, que te pareció más que sincera, llena de tranquilidad
-Está bien, ya la vieron, ahora largo- les ordeno el Patriarca, viste que Dhoko se mantenía riéndose ante esa actitud de Shion
-Pero queremos hablar con ella- pidió Saga, se te hizo extraño que se sumara a las locuras de los demás
-Largo- demando de nuevo Shion
-No, solo un momento- pidió Milo
-Fuera- volvió a ordenar y de un momento a otro, toda la Orden desapareció de tu habitación
-¿A dónde fueron?- preguntaste sorprendida
-No se preocupe- te dijo Dhoko -lo más seguro es que están en el Coliseo…- te aseguro –si es que les fue bien y no los mando al otro lado del mar
-¡Dhoko!- escuchaste que le recrimino Shion, ahora si reíste, aunque eso te cobro factura pues sentías un fuerte dolor.
.
.
Ya habían pasado un poco más de una semana y aun seguías convaleciente en tus aposentos. No salías ni para comer, pues todos tus alimentos te los llevaban a tu habitación para comer en la cama, únicamente bajo la compañía de Libra y el Patriarca.
Las visitas de los jóvenes guerreros se hacían de vez en cuando, no había mejor actividad para pasar el tiempo que platicar con alguno de ellos.
Tocaron tu puerta con dos suaves golpes, diste autorización para entrar y descubriste que ahora era el turno de Afrodita, quien llevaba en sus brazos un gran ramo de rosas blancas. Te sonrió y le regresaste el gesto
-Buena Tarde señorita- te saludo mientras dejaba las rosas en tu regazo
-Gracias, que lindo- le respondiste –pero no era necesario, las que están ahí todavía se ven en buen estado- le dijiste haciendo alusión a las que descansaban a tu lado derecho del bonito buro de caoba
-Perdone mi atrevimiento, pero estas no son rosas normales- te explico –son las Rosas Reales- te dijo mientras abrías los ojos –fueron por cuestiones de seguridad
-Pero estoy en el Santuario, no me va a pasar nada mientras este en mi habitación
-Fue aquí en el Santuario donde fue atacada por Poseidón- te recordó el pequeño descuido que había sucedió y que te tenia así
-No te atormentes con eso- le dijiste mientras acariciabas las rosas, tan suaves, tan tersas. Afrodita tomo aquellas rosas y las saco de ahí arrojándolas por la ventana –lo pasado ya es pasado- le respondiste mientras le entregabas las rosas y las acomodaba en el jarrón y te preguntabas quien iba a recoger las que había arrojado, solo esperabas que fuera rápido.
-Qué bueno que son de su agrado- te dijo refiriéndose a las flores
-Oye Dita- le llamaste de nuevo –me dijo Shion que tú y los demás ha estado atendiendo el pequeño hospital que se construyó en el pueblo
-Así es- te dijo -¿puedo?- te pidió permiso de tomar asiento en la orilla de la cama y tu asentiste –La idea la tuvo Milo y nos lo conto, el Maestro y el Patriarca nos dieron autorización y fue así como nos pusimos de acuerdo
-¿Los autorizaron?- le preguntaste -¿o los obligaron?- no viste mentira en los ojos de Afrodita, aunque para ser verdad aun no podías leer las emociones de ellos y para ser sincera de nadie
-Bueno señorita… no hubo problema alguno- te respondió sonriente
-Hazme una favorsote Dita y te quiero más que ayer- pediste, Afrodita sonrió
-Dígame- te ordeno
-Más al rato, quiero que vengas con todos para hablar de lo que hicieron, quiero que también traigan todos los reportes de la clínica y todo lo que hayan hecho en el hospital durante mi ausencia- pediste sonriente
-Pero… si el Patriarca se llega a enterar…- le miraste lo más duramente cómo pudiste, no le infringías nada de temor, solo viste que suspiro –está bien, yo les digo pero ya deje de mirarme así
-Qué bueno que llegamos a un buen acuerdo mi vida- le respondiste sonriente
-Ya me di cuenta de que cada vez que caemos en su juego nos llama cariñosamente- te comento mientras reía y tú te unías a él
.
.
Estabas segura que ya pasaban mas de las seis de la tarde o tal vez ya eran las siete, pronto toda la guardia Dorada se encontrarían contigo, esta vez cabrían todos sin ningún problema. Te encontrabas de pie en el balcón, habías llegado con mucho trabajo, pues aun te resentías de las heridas. Habías estado haciendo cuentas, habían pasado ya 17 días y aun tenías que llevar las dichosas vendas y quedarte ahí como si no tuvieras nada mejor que hacer.
-¡Athena!- escuchaste la estruendosa voz de Milo
-¡Princesa "-.-"!- se unió Aioria, tu rodaste los ojos, esos ya no tenían respeto por nada ni por nadie, ni siquiera se habían molestado en tocar
-No debería de estar de pie- te dijo Kanon quien te llevaba de nuevo a la cama
-Ya no quiero ir, me duele mucho la espalda- le dijiste
-Entonces tome asiento- te ordeno Aioros y te acerco la silla, tuviste que hacerlo aunque no lo deseabas
-¿Cómo se encuentra señorita?- te pregunto Aldebarán
-Bien, muy bien- respondiste -¿y ustedes? ¿Cómo han estado?
-En perfectas condiciones- te respondió Aioros –no hay nada que nos hayan pasado, todos trabajando en conjunto y…
-Ya bájale- le interrumpió Ángelo –solo responde a lo que dijo….- te miro y te sonrió –estamos bien
-Me alegro- respondiste –bueno, me dijo Shion que se estuvieron encargando de la…
-¡Fue idea de Milo!- escuchaste que te interrumpió Cáncer –nadie quería, pero fue tan idiota que se dejo convencer por el Patriarca
-Ya veo- dijiste, Camus se acerco a ti y te entrego un legajo con muchos reportes
-Esto es todo lo que hemos hecho en su ausencia- te dijo y comenzaste a hojear los documentos
-Shaka, Saga, Camus y yo asumimos el puesto de médicos en su ausencia- te informo Mü muy orgulloso de si mismo
-¿De verdad?- preguntaste mientras leías un documento que habías tomado al azar, alzaste una ceja al ver lo que habían escrito –Camus…- le llamaste
-Si señora- te respondió tenso
-¿Se puede saber porque recetaste un medicamento para dolor de garganta en lugar de un desparacitante?- Acuario no supo que decir, tu sonreíste al ver que joven perfeccionista había fallado –bueno, olvida eso… luego los checo bien
-Solo hicimos lo que pudimos- te respondió Shura
-De eso no tengo duda, de cualquier manera… muchas gracias- les respondiste.
.
~ 2 ~
.
Comenzaste a bajar las escaleras del Santuario, a veces te preguntabas cual era su obsesión con los escalones, para un mortal no era bueno subir tanto escalón, menos si regresabas cansada y dudabas que te fueras a acostumbrar tan rápido.
Apenas y traías una venda que cubría tu vientre, por orden de Shion y Dhoko, pero después de leer tantos reportes y darte cuenta de que había sido lindo que ellos te ayudaran pero gracias a ellos podían lloverte demandas y no tenías dinero como para pagarles a todas esas personas, decidiste volver a trabajar.
Cuando llegaste a la clínica te diste cuenta de que había mucha fila, te esperaba un gran día de trabajo, todos los de ahí te saludaron.
Así que sin más comenzaste a trabajar apenas pusiste un pie dentro de ese sitio. Las cosas que había dicho de tus caballeros estaban provocando que se te cayera la cara de vergüenza, pues aquellos chicos salían con cada cosa. Ya tenías mucho con ver que como médicos Aries, Virgo, Géminis y Acuario no tenían un buen futuro, pero tampoco ni Ángelo ni Aioria servían como ayudantes de laboratorio, pues habías descubierto que habían cambiado muestras de sangre por las de ellos, ademas los reportes de Cáncer había puesto en todos que no había diferencia y que estaban muy bien de salud.
Te diste el tiempo de apenas probar un bocado, algunas señoras que habías atendido habían regresado de nuevo a traerte un regalito. El día paso muy rápido para cuando te diste cuenta ya habías terminado y agradeciste al cielo que ese día el Caballero que había ido por ti había sido Aldebarán que prácticamente cargo todo lo que te habían llevado, aunque claro a la hora de la cena te sentenciaste a los "doctores" que te habían suplido. Comentaste con mucha indignación que Camus había dicho que tenías una lesión craneoencefálica, Shaka había dicho que te habías contagiado de Colangitis, en cambio Mü esparció el rumor de que tenías anencefalia y Saga lo cambio por Ectodrantilia. Cuando explicaste cada una de las enfermedades los pobres bajaron la cabeza avergonzados, Dhoko Ángelo y hasta el Patriarca estaba riendo antes tus explicaciones, viste que Afrodita negó con la cabeza y Kanon hacia burlas a su hermano.
.
.
Despediste a un paciente al cual le habías hecho una revisión general. Revisaste los papeles que habías escrito y los estabas pasando a tu computadora, sonreíste mientras confirmabas de nuevo que ya no tenias necesidad de ver el teclado para saber que letras pinchar. Miraste el reloj y viste que apenas daban las 3 y media de la tarde. Te estiraste un momento y te pusiste de pie, te quitaste la bata y la tendiste sobre tu silla. Caminaste y observaste por la ventana, no había nada, solo personas caminando de un lado a otro, la abriste para que la brisa final de primavera entrara, la mayoría de las personas que pasaban ahí te saludaban agitando su mano o agachando la cabeza, tu correspondías.
-¿Se puede?- escuchaste la voz de una mujer, le prestaste atención –perdone mi intromisión doctora "-.-" ¿aún está dando consulta?
-Claro que si- le respondiste sonriente –tome asiento, no hay problema.
-Gracias- te respondió mientras hacia lo que pedias –me alegra mucho que ya esté aquí de nuevo, sana y salva
-Gracias por preocuparse- le dijiste –dígame… ¿en qué puedo ayudarle?
-Vera, había venido antes a que me realizaran un estudio, pero para ser sincera…
-No me digas- le interrumpiste –¿Qué doctor te atendió?
-No es eso doctora- te dijo –solo que el doctor… el doctor… ay, no me acuerdo como se llama, solo sé que era rubio y creo que ciego
-Shaka- le respondiste sonriente -¿Qué fue lo que paso con él?
-Ni él, ni los asistentes que tenía a su cargo quisieron sacarme sangre- te dijo apenada
-Espere un momento- le dijiste -¿está bien si le saco sangre en este momento?
-Claro, de hecho aún no he comido nada, vengo en ayunas- te dijo apenada
-Ahora vengo.
Saliste de ahí y fuiste por unos materiales para poder llevar a cabo aquella acción, ya sabias que tus Guardianes eran unos inútiles pero no sabías que eran tanto. Tomaste la muestra y la guardaste para después analizarla. Le hiciste un buen chequeo y la despediste, ella te aseguro que vendría antes de cerrar para recoger los resultados. Mientras pasaba el tiempo, llegaron otras personas más a las cuales les diste una consulta rápida.
Tomaste asiento y revisaste la sangre en el laboratorio, dejaste salir un suspiro para darte cuenta de una cosa… que la joven se encontraba con un severo problema de anemia extrema. Lo anotaste y seguiste revisando. Después de eso te dirigiste a la bodega para revisar todo lo que se había gastado y lo que faltaba así como lo que aun tenías y algo más que sobraba.
Bajaste las escaleras y abriste de nuevo la puerta para que pasara alguna que otra persona que tuviera alguna emergencia. Apenas ibas a entrar a tu consultorio de nuevo estaba aquella chica. La pasaste y la atendiste.
-Bueno doctora ¿Qué tengo?
-Anemia- le dijiste –te voy a recetar unas vitaminas y unas ampolletas.
-¿Es caro?- te pregunto nerviosa, dejaste de escribir
-No tanto, me gusta ayudar a las personas a que tengan acceso a los medicamentos con precios bajos.
-Bueno, lo que pasa… es que…
-No tienes trabajo- te adelantaste al notar su tono nervioso
-Lo que pasa es que… no solo no tengo trabajo, vivo sola- te respondió mientras no despegaba la mirada de sus manos –y bueno, apenas estaba buscando trabajo, pero nadie me contrata y bueno, de repente me comencé a sentir mal
-Ya veo- respondiste mientras terminabas de hacer la receta –no hay problema, no tendrás que pagarlas, yo te las regalo- le dijiste sonriente.
-Gracias- escuchaste que te susurro
.
.
Cuando saliste de ahí no paraste de recibir las quejas de Cáncer pues este se había dedicado a estarte diciendo que de esa manera terminarías por quedarte muy pobre. Tú hacías oídos sordos a todo lo que él te decía, en ocasiones le respondías diciéndole que no tenía nada que opinar.
.
.
Al día siguiente hablaste con Shion acerca de retomar tus entrenamientos, al principio parecía que todo iba bien pero de repente no lo sacaste de la misma idea, de que no podías porque te encontrabas aun convaleciente y que lo mejor seria que los dejaras de hacer. No quisiste seguir con la conversación, pues te habías dado cuenta de que Shion mas que cuidarte como la diosa que eras te cuidaba como la hija que nunca había tenido, eso provocaba en ti un sentimiento tierno.
La figura paterna no había sido muy buena en tu vida, pues desde que tenias uso de memoria tus padres había trabajo diariamente. Pero en el caso de tu padre, trabajaba los 7 días de la semana, no lo veías mas que unas horas los fines de semana pues entre semana llegaba hasta las madrugadas, algunas veces en estado alcoholizado. Jamás te había llamado la atención y mucho menos te había puesto una mano encima pero tampoco se había sentado contigo a platicar de algo, ni siquiera sobre tus estudios. Y te diste cuenta de ese vacío con las interacciones que habías tenido con el Patriarca del Santuario y también con Dhoko. Te diste por vencida, ya después cuando ya no tuvieras ninguna clase de dolor ibas a volver retomar tu entrenamiento.
.
.
-Entonces, ilústreme princesa- te dijo Milo mientras cargaba entre sus manos una caja con varias ampolletas -¿Por qué no vamos a ir a pelear contra Poseidón?
-Porque no quiero- le respondiste mientras las acomodabas en un refrigerador –ademas, no puedo presentarme así como así para ir a golpearlo
-Él lo hizo- te respondió infantilmente –y no aviso que venia
-Pero como te digo Milo, no puedo. Créeme que nadie más que yo quiero ir y hacerlo pagar por lo que me hizo
-Nosotros también- te respondió – pero si no nos apoya menos nos va a apoyar su Ilustrísima y que decir del Antiguo Maestro
-Míralo así Milo, lo que me hizo me lo tuve bien ganado por bocona y porque… bueno… no soy muy buena peleando- comentaste resignada –no pienso hacer lo mismo, pero de que me las paga me las paga- le dijiste mientras caminabas y Milo te seguía –solo estoy esperando a que haga algo, si quiere gobernar la tierra tiene que hacer algo, va a aprovechar que estoy débil
-Y con eso como excusa querrá acabar con toda la humanidad- te dijo mientras tomaba otra caja, tomaste las cajas de pastillas y las comenzaste a acomodar en la bodega –hasta que se libre de usted y pueda gobernar tranquilo
-Eso si- le dijiste –pero hasta que él mueva de nuevo sus piezas y sepamos lo que trama iré a verlo directamente a su casita
-Por eso es mi diosa favorita- te dijo sonriente
-Soy la única diosa que tienes tarado- le respondiste mientras reía
.
~ 3 ~
.
Tocaron la puerta del lugar y enviaste a Milo, quien te había dicho que no tenía nada que hacer en el Santuario, eso lo tomaste más que como una ayuda, a que no tenía a quien molestar, después él mismo te dijo que Camus se había ido de misión. Sabías que eran muy buenos amigos, era la imagen perfecta de mejores amigos, esperabas algún día poder llevarte así con todos los Dorados.
-¡"-.-" te buscan!- te grito Milo mientras dejabas salir un suspiro de cansancio, ese muchacho te iba a escuchar cuando se fuera la persona que había llegado, era una clínica no el Santuario para andar gritando -¡Rápido!
Bajaste las escaleras rápidamente. Milo estaba sentado en la sala de espera, de pie se encontraba una chica demasiado delgada y de cabellos cortos castaños, de ojos del mismo color y de tez morena, demasiado pálida. La misma chica que había ido hacia cuatro días atrás a la cual le diagnosticaste anemia extrema.
-Hola ¿Cómo has estado?- le preguntaste
-Bien doctora- te respondió y miro disimuladamente a Milo, se encontraba nerviosa –yo solo venia a ver si podía hablar con usted
-Claro- el respondiste -¿aun te sientes mal?
-No vine a consultar…. Yo… vine a…- demasiado nerviosa para tu gusto
-¿Qué pasa?- le insististe
-Señorita, no es que quiera intervenir, pero ya vamos a cerrar y si no tiene nada que decir será mejor que se valla y no le quite tiempo a…
-Cállate Milo- le interrumpiste después de haberle arrojado una piedra de rio que usabas como pisapapeles, como siempre, la detuvo y no tuviste éxito –malditos reflejos- susurraste para ti y miraste a la chica –no le hagas caso, es un retrasado mental
-Oiga, sin insultos- te respondió Milo ofendido y lo ignoraste
-Dime… ¿te sucede algo? ¿te sigues sintiendo mal?
-Lo que pasa es… bueno… yo….- viste que estaba muy nerviosa, miraste a Milo que te dijo claramente moviendo sus labios Que se valla –lo que pasa doctora es que yo no tuve el dinero para pagar las medicinas, así que quiero hacerlo… pagarle con trabajo.
-¿Con trabajo?- preguntaste dudosa
-Así es, quiero cubrir el costo de la medicinas trabajando para usted- te dijo decidida aunque en voz muy baja –puedo llevar el control de los pacientes, las horas en las que llega, atender la farmacia y si no puedo hacer eso, pues… Puedo hacer la limpieza del lugar
-Eso ya le toca a ciertas personitas- comentaste mientras mirabas a Milo, pues eran los dorados quien te iba a "ayudar" cuando limpiabas el lugar
-Por favor, déjeme ayudarle- te pidió
-Veras, eso por mi no es problema- comentaste mientras mirabas el techo –pero solo seria por dos o tres días- continuaste –no se gana mucho en esta clínica y no puedo darte un trabajo bien pagado y…
-Mientras me permita conseguir experiencia- te siguió insistiendo
-Bueno, es que yo…- te callaste durante un momento, analizando los pros y contras de tener una asistente. Suspiraste y le diste una sonrisa a la chica –Esta bien, puedes quedarte a trabajar el tiempo que quieras. ¿puedes comenzar mañana mismo? ¿a las 9?
-Claro, aquí estaré- te respondió sonriente mientras se despedía de ti y del grosero de Milo
.
.
Al día siguiente que llegaste te diste cuenta de que no había paciente alguno haciendo fila, pero quien estaba ahí era la chica, después de tanto te habías dado cuenta de que no conocías el nombre de ella y se lo preguntaste.
-Calandra, ese es mi nombre- te dijo cuando abriste la puerta de la clínica y ambas entraron
-¿Qué extraño? ¿no viste a nadie que haya venido?- preguntaste mientras abrías ahora la puerta de tu consultorio y dejabas tu mochila y tomabas tu bata –siempre que llego ya hay gente haciendo fila, al menos unos 20 0 25 personas
-Claro que si doctora- te respondió, viste que saco unas hojas y te las dio
En ellas estaba escrito el nombre y turno que había para cada uno de los pacientes que habían llegado, ahora algunos se encontraban haciendo otras cosas y llegarían a mas tardar a las 9:30 de la mañana, dándote el tiempo necesario para preparar todo lo que ibas a utilizar. Tal vez no había sido mala idea el tener una asistente que si supiera hacer las cosas y no inútiles como algunos que conocías y que no querías nombrar, pero que vivían en el Santuario y usaban armaduras doradas.
Durante la hora de la comida la invitaste a comer contigo y hablaron de trivialidades. Así paso la primera semana. Le enseñaste a como diferenciar los medicamentos y para que servían, como acomodarlos en las bodegas y los cuidados de las muestras que se tomaban, a hacer inventarios y atender a las personas cuando tardabas en llegar, mas ahora que estabas por fin al 100 y querías de nuevo tomar tus entrenamientos.
.
.
Un frio y distante No por parte de Afrodita te había mandado a pedirle ayuda a Camus del cual recibiste la misma respuesta, Aldebarán te había respondido que no podía porque iba a salir pero en cuanto llegara iría a entrenar contigo, claro; hasta que apareció Saga y lo convenció de no meterse contigo porque saldría regañado por Shion. Se veía que mas que respeto le tenían miedo, suspiraste, al fin y al cabo ni querías y tenias a Escorpio, Cáncer, Leo y sobre todo a Libra de tu parte. Aunque Shion se negara y los demás también. Kanon solo te daba alguno que otro consejo cuando lo veías pues últimamente lo veías yendo y viniendo de encargos del Patriarca.
-Doctora- te llamo Calandra
-Que me digas "-.-"
-Lo siento, no me acostumbro- te respondió mientras veía el reloj
-¿Qué paso?
-¿No tiene novio?- esa pregunta te causo risa y dejaste de teclear
-Tuve uno- le respondiste –aunque tengo que admitir que no me porte muy bien con él
-¿Por qué lo dice?- te volvió a preguntar y apoyaste tu codo en el escritorio mientras descansabas tu rostro en esa misma mano
-Digamos que fue un error andar con alguien, por querer escapar de algo que a última hora se convirtió en algo importante para mí- le respondiste sincera, hablar con Marín y Shaina te hacia bien al igual que con los dorados y el mismo Patriarca, pero hablar con alguien fuera de ese mundo era algo que necesitabas y ahí estaba ella, tu buena asistente –al fin y al cabo era más admiración que amor lo que sentía por esa persona
-Ya veo- te dijo
-¿Y tú? ¿Tienes novio?- le preguntaste
-No- te dijo –solo que fue diferente a ti- sonreíste al ver que por fin te tuteaba –lo que pasa es que yo lo amaba mucho, demasiado pero… consiguió lo que quería, solo acostarse conmigo
-Eso es típico- le comentaste –ya no hay buenas relaciones en las que importe más la compañía y los buenos sentimientos que la cama
-Aun así lo hacía porque lo amaba- escuchaste el tono amargo en su voz –después de eso quede embarazada
-¿Eres madre soltera?- le preguntaste más por curiosidad que por chisme, ella negó de inmediato.
-Lo perdí- te dijo –me obligo a tomar un té de hierbas amargas y después de eso me dejo, mi familia me echo de la casa y pues fue así como llegue aquí
-Lo siento- le respondiste después de estar sumidas en un profundo silencio, solo acompañado por el tic tac del reloj, que en ese momento sonaba como si tuviera bocinas integradas.
Volviste a tu trabajo de teclear mientras ella se dedicaba a acomodar algunos reportes que habías hecho durante la semana, pues habían pasado ya dos meses desde que la clínica había abierto y era hora de mandar los resultados vía correo electrónico y físico. Ahora te arrepentías de haber preguntado eso, siempre tenías que meter las patas donde no te llamaban, no sabías como sacar a flote otro tema de conversación para borrar aquel aire de tensión que se había formado.
-¡Doctora!- escuchaste que gritaron alarmado, tú y ella salieron de inmediato dejando todo botado
-¿Qué pasa?- preguntaste de inmediato.
-Lo encontramos tirado en medio del campo, lo trajimos lo más rápido que pudimos
-Háganme un favor, síganme… lo llevaremos al cuarto de curaciones- miraste a donde se encontraba tu asistente –Calandra, prepara de inmediato todo lo que vamos a necesitar
-Si
.
.
Calandra subió de inmediato al tercer piso donde se encontraba aquella habitación que habías adaptado como una sala de urgencias. Mientras que tú ayudabas a aquel hombre a subir a la persona lastimada que traía consigo. Lo deposito en la cama y salió de ahí, le agradeciste y le pediste que cerrara la puerta colocando el letrero de "cerrado por unos momentos"
Se veía realmente mal, el estado en el que había llegado era preocupante, todas sus ropas se encontraban teñidas de rojo y pronto, algunas gotas de ese líquido se encontraban estrelladas en el suelo blanco. No tenías mucho tiempo, pero sentiste algo… ese hombre debía de haber muerto, pues cuando cortaste las ropas te diste cuenta de la gravedad de sus heridas, una en especial te llamo la atención. Te colocaste pronto los guantes de látex y retiraste algo que se encontraba incrustado cerca del pulmón. Parecía la punta de una lanza, de un color plateado oscuro, incluso los adornos eran visibles.
Después de unos segundos que para ti parecieron eternos sentiste algo, algo emanaba de aquel hombre… Cosmo.
Ese hombre estaba utilizando inconscientemente su Cosmo para poder salvar su vida, sabias que no pertenecía a tu orden, no los conocías a todos, pero sabias que cuando llegaba alguno de ellos sentías una alegría inexplicable, Shion te había dicho que tu Cosmo resoba con el de ellos, pero en cambio, este hombre… te provocaba otro sentimiento, angustia, dolor… su Cosmo se encontraba lleno de tristeza. Aun así lo tomaste de la mano y miraste que no venía aun Calandra, activaste ligeramente tu Cosmo y te acercaste a su odio susurrándole un Todo esta bien, ahora descansa, guerrero.
Escuchaste un suspiro y sentiste que te hizo caso. En ese momento entro Calandra con todo y comenzaste tu trabajo. Un largo y muy pesado trabajo con el cual terminaste cansadísima.
.
~ 4 ~
.
Sabias de antemano que no podías quedarte a hacer guardia, Shion no lo permitiría y no querías ir contra sus órdenes. Así que cuando Afrodita fue por ti, le pediste que fuera por alguien de confianza. Despediste a Casandra y te quedaste a hasta que Afrodita volviera y explicara la situación al Patriarca.
Subiste de nuevo, ahora al segundo piso donde se encontraba descansado aquel hombre misterioso que había llegado en la tarde y te había hecho poner a prueba todos y cada uno de los conocimientos que habías adquirido. Lo viste bien por primera vez. Viste que la venda que cubría su cabeza estaba ligeramente teñida de rojo pálido, tocaste su rostro, tenía fiebre.
Por su cuerpo bien trabajado se notaba que era un guerrero, claro, contado su Cosmo que de vez en cuando salía a flote, a pesar de ser muy débil. Cabello corto y de un rubio muy pálido, algo verdoso, pensaste para ti que tal vez se lo había teñido y que la pintura estaba cayéndose por eso el color de su cabello. Se veía que era serio por la expresión de su rostro y de ser un guerrero con habilidad para manejar el Cosmo, sería demasiado peligroso, no lo sabias a ciencia cierta pero te daba ese pendiente. Aun así, no debía de serlo tanto, pues había resultado tremendamente herido y si servía a un dios (pues recordaste que Apolo te había dicho que había más reencarnaciones) ¿porque no lo había protegido?
¿Qué acaso todos los dioses veían a sus guardines como eso? ¿Solo guardianes? ¿no los consideraban amigos? ¿O compañeros?
.
.
Afrodita había traigo a un Caballero de Plata, Misty de Lagarto, un joven muy hermoso de cabellos rubios dorados y ojos de un azul muy claro. Le saludaste y le preguntaste si no le molestaba, él lo negó de inmediato y se puso a tu disposición. Aunque sabias de antemano que si no le había mandado Shion había sido Afrodita quien lo había obligado, de verdad te sorprendían los métodos de los Dorados.
.
.
Después de eso fueron unos soldados rasos, pues ya no querías abusar de los de Plata, así que sin más continuaste trabajando. Hiciste algunas cuentas y decidiste pagarle algo a Calandra, pues no querías parecer que te estabas aprovechando, aunque al principio se negó pero termino de aceptarlo cuando escuchaste hacer ruido a su estómago.
.
.
Por más que buscabas en internet los últimos acontecimientos no había nada que pudieras relacionar con Poseidón y eso te mantenía frustrada, no querías ir así como si nada. Masajeaste tus brazos, al menos habías logrado practicar con Aldebarán, no habías echo mucho pues lo único que te puso a hacer fueron flexiones y lagartijas. Miraste el reloj, aún faltaba dos horas para cerrar, Calandra había ido a dejar unos encargos y solo estabas con aquel visitante que aún estaba convaleciente, aunque solo habían pasado tres días desde que había llegado.
Maldito Poseidón y su manía de desaparecer, ahora era cuando querías que viniera a visitarte y declararte la guerra en tu cara para así ponerle un alto. 7 Marinas vistiendo Escamas similares a tus guardianes, no sabías porque tan poquitos o a la mejor tu antecesora de miles de generaciones no tenía nada mejor que hacer que agarrar a 12 tipos y vestirlos con armaduras. O la otra probabilidad era que Athena no era tan justa como la pintaban y era una de las montoneras que enviaba a dos o cuatro para eliminar al enemigo.
Te pusiste de pie y decidiste ir a cambiar el suero que le habías puesto a aquel hombre, ademas de inyectarle el medicamento. Pasaste sin ver la habitación y subiste de inmediato al tercer piso, bajaste con todas las cosas y entraste a ese cuarto, te sorprendió ver a aquel hombre sentado y mirándote fijamente.
Ahora los veías por primera vez, su mirada ambarina te miraba examinándote de pies a cabeza, sentiste un escalofrió, siempre te tenías que encontrar con los personajes más raros y locos, querías una vida normal.
-Veo que ya despertaste, me alegro- le comentaste mientras caminabas a la cama donde estaba. Viste que el suero estaba a punto de acabarse y lo retiraste para colocar el otro -¿Cómo te sientes?- no te respondió
Suspiraste y continuaste con tu labor, apenas ibas a inyectar el desinflamatorio en el nuevo suero y te lo impidió
-Tranquilo, solo es para mitigar el dolor y desinflamar los golpes- le comentaste, él te miraba fijamente –mira, si me vas a decir algo hazlo ya, sino; deja de joderme la vida que tengo trabajo que hacer
-Cuida tus palabras mujer- te respondió con su voz ronca –no sabes con quien te estas metiendo
-Créeme que si recibiera un euro por cada vez que escucho esa misma amenaza ya sería rica- le dijiste y te soltaste de su agarre –ahora deja que aplique esto aquí
-¿En dónde estoy?- te pregunto después de unos momentos, mientras entrabas con vendas nuevas
-En una clínica, en Rodorio
-¿Cómo llegue aquí?- te pregunto mientras vigilaba tus movimientos
-Caminando, que se yo- le respondiste algo molesta –te trajo un hombre que te encontró tirado en un terreno baldío, estabas muy mal herido- le comentaste mientras le quitabas las vendas, dejando al descubierto su pecho trabajo adornado con varios moretones en varios colores –estuviste inconsciente tres días, todo este tiempo has estado aquí- continuaste mientras limpiabas de nuevo las heridas y colocabas gasas nuevas –veo que tu recuperación a sido muy rápido. ¿Cómo te llamas?- se te quedo viendo –lo necesito para poder hacer el reporte y guardarlo
-No es importante- te dijo mientras tratabas de no aplicar más fuerza en los vendajes para desquitarte con alguien tan majadero
-Como quieras- le respondiste –traeré algo para que comas
Saliste de ahí echando humo, le serviste algo de lo que habías llevado como lonche, la manía de Shion de hacer que llevaras demasiada comida. Te deshiciste de las vendas y volviste a la habitación, parecía que estaba sumergido en sus propios pensamientos. Le acomodaste una silla cerca y tomaste asiento a su lado para comer con él. Solo te miro y con mucha duda comenzó a comer.
-Radamanthys- escuchaste que te dijo cuándo habías terminado de cambiar ahora las vendas de su cabeza y tomar los platos sucios
-¿Disculpa?- preguntaste con duda
-Mi nombre… Radamanthys – te dijo mirando hacia la ventana
-Yo soy "-.-"
Por primera vez le sonreíste a pesar de que él no lo hiso, lo dejaste descansar, pronto la medicina haría efecto y lo dejaría dormir, ya después le preguntarías si servía a un dios y porque no… preguntarle qué era lo que lo traía por ahí y si era para declararte la guerra, pues tendrías que ir viendo cómo hacerle. Si primero acabar con Poseidón o con el dios al que servía.
.
.
Bueno chicas, como les dije al principio ya tengo los primeros votos, aún pueden seguir votando, solo les quedaría este Capítulo y tal vez el que sigue, todo depende de cómo vallan las votaciones, que para mí, van de lo más lindo, y bueno… mientras les dejo aquí los resultados.
Shaka: 9 - Mu: 8 - Ángelo y Milo: 4
Camus, Afrodita, Saga y Kanon: 2
Shura y Aioros: 1
