Hola a todas, como la han pasado? Espero que bien, bueno, debí de haberlo subido desde hace días atrás, pero cuando le iba a dar guardar pique la opción: No guardar… y después de casi suicidarme, patalear y maldecirme por picar mal el botón opte por mantener la calma, respirar y volver a escribir, dando como resultado un capitulo mejor que el que murió. Así que aquí les traigo la continuación, espero que les agrade.


~ 1 ~

Despediste a Calandra y le pediste que fuera con mucho cuidado a dejar a una anciana a su casa y decirles a sus familiares como darles sus medicinas. Cerraste un momento la puerta y subiste directamente al segundo piso en donde se encontraba Radamanthys.

Cuando llegaste lo miraste fijamente, él hacía lo mismo, tú intentabas leer sus movimientos y su mirada, aunque sentías que él ya sabía todo acerca de ti. Le sonreíste y te aceraste un poco más, situándote al pie de la cama.

-Hola- le saludaste

-¿Qué quieres?- te pregunto frio y cortante, suspiraste

-Sabes algo- le comentaste –me recuerdas mucho a dos personitas, ambas muy mandonas- viste que alzo la ceja, te referías a Saga y Ángelo –pero bueno, no creo que quieras escuchar hablar de ellos

-Solo quiero saber que está haciendo aquí- te volvió a decir

-Trabajando y en este momento… tomando un descanso- comentaste –pero seré directa y clara, se ve que eres de las personas que no les gusta que se anden por las ramas- cerraste los ojos y dejaste salir un suspiro -¿a que dios sirves Radamanthys? De mi orden no eres, porque tu Cosmo no resuena con el mío

-¿Qué le hace pensar que sirvo a un dios?- te pregunto astutamente, tu rostro reflejo la sorpresa pues sonrió arrogante

-En eso tienes un buen punto; pero… las personas normales no saben usarlo, algunas mas no son capaces puesto que no todos poseen este don

-¿Solo por eso?- tu asentiste –de ser así, ¿crees que le voy a decir al enemigo sobre mi señor o mi señora?

-Otro buen punto- dijiste mientras te cruzabas de brazos sobre tu pecho –me confundes desde el principio- sonreíste –ok… entonces yo me sincero primero y luego lo haces tú ¿te parece?- él no dijo nada –tomare ese silencio como un si.

Comenzaste a sacar a flote tu Cosmo, de manera delicada para no llamar la atención y de pronto tuvieras a más de medio ciento de Caballeros y soldados dentro de aquella pequeña clínica. Tus cabellos luchaban por escapar de la coleta floja, lo que si flotaban eran tus mechas que en ocasiones tapaban tus ojos. Te acercaste a donde descansaba aun Radamanthys, lo tomaste de la mano, intentaste que tu Cosmo sincronizara pero lo único que lograste fue sentir una fuerte descarga y soltar la mano de él de inmediato. Miraste tu mano izquierda, se veía algo lastimada, ademas de roja, pues parecía que te habías quemado. Te sentías algo extrañada, viste que él también miraba su mano, analizando lo que había pasado. Sus miradas se cruzaron de nuevo, la de él llena de dudas, inseguridad, desconfianza…la tuya siempre confiada, preocupada por aquel hombre que parecía estar sufriendo y no te referías a la arrastrada que le habían dado que lo habían llevado a donde tú te encontrabas trabajando.

.

.

-Es la primera vez que me pasa- le comentaste tomando asiento en la silla que se encontraba a lado de él, habías terminado de vendar su mano y ahora hacías lo mismo con la tuya –Shion me va a matar, tengo que buscar una muy buena mentira para que no me regañe

-Eres Athena- te dijo, sonreíste mientras le felicitabas por haber adivinado –Estas demasiado confiada como para andar entre los humanos

-Bueno, no es que tenga a media flotilla de soldados rondando por aquí, cuidando que no pase nada- le comentaste –pero bueno, hay algo que te quiero preguntar, espero contar con tu ayuda

-No- te dijo claramente

-No es nada acerca del dio o diosa a la que sirvas ni nada de eso- le comentaste de inmediato –solo quiero saber ¿Qué fue lo que te paso? ¿Por qué llegaste en ese estado?... si no fuera porque eres un guerrero, hubieras muerto

-Fui descuidado- te comento y lo miraste insistente, esperando a que te dijera algo más que eso –Fui atacado por 5 hombres, me despojaron no solo de mi Cosmo, también de mi…- viste que dudo –de mi protección

-¿Armadura? ¿Escamas?- le preguntaste

-Algo más fuerte que una Armadura- te dijo -y no poseo Escamas

-Al menos no sirves a Poseidón- dijiste aliviada

-¿Por qué dice eso? ¿De esa manera?- te pregunto contrariado

-Porque creo que pronto habrá guerra contra él- le dijiste –pero no me cambies el tema, no estamos hablando de eso. ¿Qué más paso? ¿Cómo llegaste aquí?

-No lo sé- te dijo mientras perdía la mirada en un punto de la sabana que lo cubría –estaba buscando indicios de Apolo…

-Pues Apolo está retirado- le dijiste –hace poco luche contra él y bueno… le di en toda su progenitora y dudo mucho que se aparezca por un tiempo… y…- desviaste la mirada a donde él estaba, te observaba como si fueras rara

-No le creo- te dijo –Apolo es uno de los dioses más poderosos…

-Tienden a exageras las cosas- dijiste –bueno, si estabas hasta por donde el aire da vuelta… ¿Cómo llegaste aquí?

-No lo sé- te dijo sincero –Lo mejor será que me valla de aquí lo más rápido posible

-Aún está convaleciente- le dijiste –te falta solo un poco. Ademas no conviene…

-No me entregare para ser tu prisionero- te dijo

-No me refiero a eso- le dijiste –solo que si esos te dejaron peor que nada… no es bueno que andes así, si están aún cerca podrían terminarte de matar

-No necesito de tu preocupación y lastima Athena- te dijo

-Pero soy tu médico, estoy a cargo de ti- le dijiste –al menos espera hasta mañana

Comenzaste a salir de ahí, pues escuchaste que la puerta se abrió, había llegado

Calandra, te detuviste de nuevo en la entrada de la puerta y le miraste por última vez, sonreíste.

-¿Sabes que es lo más raro?- le preguntaste, él como siempre no respondió –cuando llegaste aquí, me comunique contigo vía Cosmo y reaccionaste, ahora que tome tu mano, me rechazaste… ¿curioso, no?

.

.

Saliste de ahí y platicaste muy tranquilamente con Calandra, te diste cuenta de que las personas con las que había ido la habían sacado de quicio, pues había llegado muy acelerada.

Trataste de calmarla, aunque no podías, con cada comentario te arrancaba una sonrisa. Poco después llego Camus, a ver si se te ofrecía algo, te negaste y lo despediste de ahí, ya lo verías en la noche.

Saliste antes de cerrar y te encaminaste al mercado para poder comprar un par de ropa usada pero que estuviera en buena condición, para que Radamanthys la usara cuando se fuera. Unos jeans de mezclilla, una camiseta de manga corta negra. Los dejaste en su habitación, viste que se encontraba dormido, tocaste su frente, la fiebre había cesado. De verdad deseabas que no fuera un enemigo en un futuro próximo, no deseabas enfrentar a alguien a quien habías ayudado.

Se terminó tu turno y saliste de ahí, esta vez acompañada de dos Caballeros de Bronce. Uno de ellos era rubio y de tez bronceada con ojos azules y el otro era un chico de tez blanca, cabellos largos y verdes al igual que sus ojos de color verde esmeralda.

-Entonces…. ¿Shun y Hyoga?- repetiste mientras caminabas en medio de ellos, ambos asistieron -¿Por qué no vino…? ¿Quién diablos iba a venir?- preguntaste en voz alta, pues se te había olvidado

-El señor Afrodita- te respondió el que respondía al nombre de Shun –salió de misión junto con el señor Camus

-¿Esos dos?- preguntaste -¿A dónde fueron?

-No sabemos- ahora respondió Hyoga –fue un encargo del mismo Patriarca, no se nos informa nada más

-Ya veo- dijiste y pensaste en otra cosa más para poder sacar platica a flote –son caballeros… ¿de qué constelación?

-Soy de Andrómeda- te respondió de nuevo Shun –y mi amigo Hyoga es de cisne

-Que padre- dijiste -¿tuvieron maestros? ¿Dónde entrenaron?

-Yo entrene en las Islas Andrómeda y mi maestro fue el caballero de plata Albiore

-Y yo en Siberia, mi maestro fue Camus de Acuario

-Camus de maestro… wow- dijiste –no lo veo con la paciencia para andar de mentor; digo, con el carácter que se carga…

Llegaron al Santuario y te recibieron unas doncellas, te despediste de ellos y agradeciste por haberte acompañado hasta el sitio donde oficialmente te dejaban todos.

Te levantaste muy temprano y saliste a correr como siempre hacías, antes de ponerte a entrenar con los Dorados. Hiciste tus estiramientos y comenzaste a correr alrededor del Coliseo, ya era demasiado casual que los demás soldados y los aspirantes a Caballeros te vieran entrenar, esperabas escuchar reclamos o burlas por lo que te había hecho Poseidón, pero nada o al menos no lo hacían de frente. A lo lejos viste que Aldebarán bajaba corriste a donde estaba.

-¡Buenos días Alde!- le gritaste mientras te acercabas -¿Cómo amaneciste?

-Buen día pequeña Athena- te saludo mientras revolvía tu cabello, traste de alejar su mano pero era imposible –amaneció llena de energía

-Siempre amanezco con mucha energía- respondiste mientras tratabas de alisar tus cabellos -¿A dónde vas?

-A Etiopia- te dijo –hay un campamento allá y el Gran Maestro Patriarca me ha enviado a que valla a supervisar, dicen que hay algo de disturbios- te comento

-Pues ve y dales unos buenos para que se calmen- le animaste mientras dabas puñetazos a su gran palma

-Bueno, iré a ver qué pasa, cuando arregle todo usted y yo vamos a tomar unas buenas clases para mejorar esos bracitos- te dijo sonriente

-¿De verdad?- el asistió mientras volvía a revolver tus cabellos –así que más le vale que para cuando regrese ya tengas más fuerza- después de eso se alejó de ti riendo fuertemente

Volviste a comenzar de nuevo tu rutina, diste dos vueltas más y fue cuando viste que Aioria se acercaba junto con Aioros, al fin y al cabo lo había convencido. Corriste a donde ellos estaban

-¡Detén esto Aioros!- le ordenaste pues lo amenazabas con tu puño derecho, en donde poseías más fuerza

-Con fuerza Athena- te respondió sonriente, impregnaste tu puño sin querer con tu Cosmo, cuando lo estrellaste contra la palma de él lo mandaste a estrellarse contra una columna caída

-¡Ay no! ¡Ya lo mate!- gritaste y saliste corriendo a donde se encontraba tirado el pobre de Sagitario -¡Aioros, no te mueras! ¡Aioros!- le decías mientras agitabas tus manos tratando de hacer un poco de viento

-Valla, Athena tiene mucha fuerza- dijo Aioria mientras reía a carcajadas –no te preocupes tanto, está acostumbrado; sino, no sería Caballero

-¡Cállate y ayúdame!- le reclamaste -¡Aioros! ¡Ay, no… ahora si lo mate!

.

~ 2 ~

Caminaste hacia la clínica aun preocupada por Aioros, a pesar de que de pronto te tomo por los hombros y te dio un susto de infarto, ambos caballeros rieron y tú le diste un golpe ligero en la cabeza a Sagitario.

Te dijo que no le había dolido ni nada por el estilo, solo que lo había tomado con mucha sorpresa, al igual que a ti.

Apenas habías entrado en la clínica, Calandra entro a tu consultorio muy asustada, te llevo al cuarto de recuperación. Radamanthys se encontraba listo para irse de ahí. Enviaste a Calandra para que atendiera a los pacientes.

-Entonces… siempre te vas- confirmaste, él como siempre no te respondió –aun no estas recuperado del todo

-No necesito de mas días- te dijo mientras se colocaba frente a ti, se veía ademas de alto, imponente e intimidante

-Bueno, si así lo dices- le dijiste –solo ten cuidado. No deberías salir aun de Rodorio, hasta que demos con esas personas

-¿Comento acaso lo que hablamos?- te pregunto amenazadoramente

-No, para nada- dijiste de inmediato –pero aun así, apenas le iba a decir a Shion que pusiera una guardia, por si pasaba algo raro

-De todas maneras, me tengo que ir- te dijo más sereno –no quiero deberle más favores a Athena y mucho menos deberle mi vida

-No te preocupes- respondiste –no pienso cobrarme nada. Solo espero que regreses con bien

Después de eso, viste que se arrodillo ante ti, para ponerse de pie. Lo acompañaste hasta la salida de la clínica dándole las últimas indicaciones, te hizo una reverencia más y se fue. Sin decir siquiera gracias, palabra que al fin y al cabo no necesitabas escuchar.

.

.

Apenas tuviste algo de pacientes, se te vino la idea a la cabeza que gracias a eso, ya casi no había muchas personas enfermas. Rodorio no era un pueblo grande, algo que se te había escapado cuando pediste esa delegación, si eso pasaba, tal vez pronto tendrías que cerrarla debido a la poca afluencia de personas y ni hablar, tendrías que quedarte en el Santuario; pues ya te habías acostumbrado a la vida que llevabas y ahora, vivías rodeada de guerras.

Te pusiste de pie y te estiraste, falta media hora para las 5 y decidiste cerrar el sitio. Llamaste a Calandra, pues habían quedado en ir a tomar algo juntas, antes de que llegara Shura, quien esta vez era el encargado de llevarte de regreso al Santuario. Se encaminaron a una pequeña fondita, donde las comidas típicas eran servidas, solo pidieron una taza de café y les dejaron una canasta con variedad de pan dulce.

La plática giro en torno a todo lo que habían hecho en la clínica, así como los pacientes, algunos de ellos demasiado exagerados otros más fatalistas pues pensaban que iban a morir por una simple gripa, después comenzaron a hablar de su vida amorosa, más en específico, en la de Calandra.

Después de tres tazas de café con leche, el tiempo pasó volando y para cuando te diste cuenta ya pasaban de las siete. Salieron rápido después de pagar, cabe decir que la señora de la fonda no quería aceptar el pago pues la habías estado atendiendo.

.

.

Caminaron por las calles, cuando doblaron en una esquina, vieron a un hombre apoyado en la pared de una casa que se encontraba frente a donde iban pasando. Después de eso, sentiste que las comenzaron a seguir, miraste al suelo, no había mucha iluminación así que no te pudiste dar cuenta de la distancia a la que se encontraban de ustedes, Calandra apretó tu antebrazo y le susurraste que no se separa de ti.

Doblaron en otra esquina, escuchaste que se unieron unos pasos más, miraste por sobre tu hombro, otros dos más se habían unido a la persecución tuya y de tu amiga, la tomaste de la mano fuertemente.

-Pase lo que pase Calandra- le susurraste solo a ella –no quiero que te sueltes, no quiero que te alejes de mi

-¿Quiénes son?- te pregunto

-No sé- le dijiste, volviste a mirar sobre tu hombro -¡Fuga!

Comenzaron a correr a todo lo que tus piernas te daban, arrastrabas contigo a Calandra, quien se veía a leguas que no iba a aguantar mucho, pues le faltaba demasiada condición. En ese momento, aquellos hombres comenzaron a correr detrás de ustedes. No conocías las calles y eso te preocupaba demasiado, pues no sabías donde esconderte, sentías que la mano de Calandra se iba resbalando de la tuya poco a poco. Hasta que después de una vuelta a la derecha ambas se soltaron, te detuviste a unos pasos de ella, Calandra se apoyaba sobre sus rodillas tratando de respirar lo más rápido que podía, volviste por ella.

-Ahora no Calandra, tenemos que seguir corriendo- le apuraste

-Yo no puedo "-.-", vete… ya no puedo más- te dijo mientras te animaba a seguir tu camino –yo me defiendo sola

-Ni loca- le dijiste y la volviste a tomar de la mano para comenzar a correr de ese lugar.

Continuaron corriendo por donde tus sentidos de supervivencia te indicaban, intentaste llamar a Shura por medio de telepatía pero parecía que no funcionaba pues no recibías respuesta, maldijiste a tu suerte, ahora te ibas a enterar que lo más seguro es que había que entrenar para poder llamar de esa manera. Cuando te diste cuenta, había una ruta que llevaba a la salida del pueblo, un buen lugar para poder tratar de defenderte, pues ya sabias más combate que cuando enfrentaste a Poseidón. La pobre de Calandra apenas podía seguirte el paso, ya sentías el peso extra pues había sido un gran esfuerzo por su parte, ademas el estado de su salud no era lo mejor como para andar corriendo de esa manera. Apenas le había dicho que tuviera cuidado de no caer cuando tu pie resbalo con una piedra mandándote al suelo con todo y amiga, te lastimaste seriamente la rodilla. Se pusieron de nuevo de pie, pero para ese momento los flancos derecho e izquierdo se encontraban aquellos dos hombres y frente a ti, se encontraba otro más.

-¿Qué pasa Athena? ¿Ya no vas a correr?- te pregunto el que se encontraba frente a ti, sonrió con mucha arrogancia

-Se equivocan, ella no se llama Athena, su nombre es "-.-"

-No te metas Calandra, no es buena idea- le dijiste mientras caminaban hacia atrás, tratando de alejarse de ellos

-Pero…

-¡Maten a Athena!- grito aquel hombre, no había de otra

.

~ 3 ~

.

Activaste tu Cosmo y la barrera circular apareció de la nada mandando a volar a aquellos hombres, si Shura no escuchaba tus pensamientos al menos ahora habría sentido tu Cosmo y tendría que venir a ayudarte. Uno de ellos se apareció frente a ti y te arrojo hacia el suelo con todo y Calandra, te alzo de los cabellos y poso sus manos sobre tu cuello, trataba de asfixiarte, hacías todo lo posible para escapar de él, así que sin más, trataste de pensar… colaste ambas manos alrededor de su rostro y con tus pulgares hiciste presión sobre sus ojos, enterrándole hasta tus uñas, aquel hombre se quejó y aflojo un poco, lo aprovechaste y le diste una patada en el abdomen, pues te mantenía elevada del suelo, cuando por fin te soltó, posaste de nuevo tus manos sobre sus hombros atrayéndolo a ti, dándole un fuerte rodillazo en la entrepierna, este cayó al suelo de inmediato y lo comenzaste a patear en el suelo

-¡Ya vámonos! ¡Los otros están reaccionando!- te aviso Calandra mientras te tomaba de la mano para alejarte de aquel hombre, ambas comenzaron a correr de nuevo lo más rápido que podían

-¡¿Por qué siempre me quieren matar?!- gritaste a los cuatro vientos desesperada

-¿Quiénes son? ¿Qué quieren?- escuchaste que te pregunto

-¡No sé!- respondiste -¡Que se conformen con dejarme en un calabozo!

-¿Por qué te llamaron Athena?- te volvió a preguntar

-¡Calandra, ya cállate, sigue corriendo y luego te explico!- pediste

.

.

De pronto volviste a frenar, pues los hombres ya se encontraban frente a ti, cerrando de nuevo tu paso y el de tu amiga. Los tres vestían únicamente una armadura que los protegia únicamente el pecho y abdomen, usaban algo así como una falda, sabias que no se llamaba así, pero siendo sincera, no estabas como para ponerte a sacar tu celular y buscarlo en Google. Unas protecciones mas que llegaban hasta sus codos, unos cascos estilo románicos, sandalias y espadas en sus cinturas.

-Es hora de morir Athena- te dijo al que habías dejado probablemente sin herencia –así que ya no nos hagas el trabajo más difícil

-¿Podemos discutirlo con una taza de café?- pediste mientras retrocedías con Calandra detrás de ti, tenías que cuidar de ella –conozco un buen lugar

-Sin distracciones Athena- te dijo el mismo hombre –tienes que morir, como algunos de tus hermanos

-Ni madres, las broncas de ellos son de ellos, a mi no metan- respondiste molesta –no saben con quien se están metiendo, no es bueno hacerme enojar

-Claro que lo sabemos- te respondió el que se encontraba a tu derecha –con la diosa de la Sabiduría, Athena

-Gracias por hacernos aprender algo nuevo a todos el día de hoy- respondiste altaneramente -¿Por qué no me quedo callada?- pensaste para ti misma

-¿Qué vamos a hacer "-.-"? ¿Qué vamos a hacer?- te pregunto cuando su espalda topo con un tronco

-Correr no creo- le respondiste –Caballeros, así lo quisieron- dijiste mientras estirabas tu brazo derecho –Calandra, pase lo que pase… no te alejes de mi

Encendiste tu Cosmo y un resplandor blanco apareció a tu derecha… habías llamado a Niké al campo de batalla. En ese momento, los tres se abalanzaron sobre ti, agitaste a Niké y creaste tu propia version del Muro de Cristal, claro que el ataque tenia nombre, pues era más poderoso que la técnica de Aries, pero no lo recordabas y se te hacia más sencillo llamarlo de esa manera. Agitaste de nuevo el Cetro, esta vez, salieron tres rayos de energía contra ellos, los cuales salieron volando al estrellarse en su cuerpo.

-No me defraudes Niké, no esta vez- le susurraste al Cetro muy cerca de tus labios, apuntaste al primero que se puso de pie -¡Niké!- gritaste y una horda de flechas salió disparado contra aquel hombre, lo mismo hiciste con el segundo pero lo esquivo apareciendo detrás de ti, dándote de lleno una patada que te arrojo al suelo, te pusiste de pie de inmediato y volviste a elevar a Niké, esta vez la barrera apareció y bloqueo la patada de aquel hombre, apenas desapareció y le diste un golpe con el Cetro, pero eso basto para que el hombre que faltaba apareciera y te tomara de la muñeca, hizo tanta fuerza que terminaste por dejar caer el Cetro.

Al que habías golpeado trato de tomar tu Cetro pero no pudo, pues una fuerte descarga se lo impidió, así que lo pateo quedando muy cerca de donde se encontraba Calandra, quien se mantenía oculta detrás del tronco del árbol. Dirigiste tu vista hacia atrás, aquel hombre sostenía una daga, ni loca te ibas a dejar que te lastimara con ella, así que sin más le diste un cabezazo de lleno en su rostro, no se lo había visto venir, obvio que te dolió y sabias que había posibilidad de que te salieron un chichote, pero después lo resolverías. Apenas te libero, te volteaste y le aplicaste lo mismo que a Aioros, cubriste tu puño con tu Cosmo y lo estrellaste sobre el rostro de este, lo mandaste a volar unos pocos metros.

-Detén esto perra maldita- te dijo el que había alejado el Cetro de ti

-Perra la más vieja de tu casa- le respondiste mientras concentrabas tu Cosmo en la palma de tus manos, deteniendo el rayo que había disparado hacia ti, aplicaste la presión exacta y lo regresaste, tampoco lo había esperado.

Lo que tampoco esperabas era una patada en el centro de tu cuerpo, la cual te mando a volar más lejos de lo que hubieras deseado. Te habías olvidado de uno. Trataste de incorporarte pero este puso su pie sobre tu espalda, por más que te movías no podías hacer nada.

-Hasta aquí llego, princesa Athena, diosa de la tierra- te dijo aquel hombre que aún tenía su pie sobre ti, viste como uno de ellos se acercaba con una daga dorada

-¡Déjame!- gritaste -¡Que me dejes igualado! ¡Poco hombre! ¡Cobarde!

-Lo siento, pero no puedo- te dijo aplicando más presión

Lo siguiente que viste fue un rayo de energía dorada que partió en dos la tierra mandado a volar a aquellos dos hombres, un sonido de cadenas, sentiste el aire frio y de pronto ya no sentías el peso que estaba sobre ti.

Una mano amiga te fue ofrecida y la tomaste, topándote con un rostro familiar.

-¿La ayudo señorita Athena?- te dijo sonriente

-Gracias Shun- respondiste –Si que se tardaron- dijiste al darte cuenta de que ademas de él, Hyoga y Argol se encontraban a tu alrededor

-Lo siento princesa, pero no podíamos encontrar su Cosmo- te respondió Argol quien se encontraba frente a ti, miraste a donde se encontraba Calandra, ella estaba siendo custodiada por Misty y por Dante

-¡Llévenla a donde este a salvo!- ordenaste, ellos hicieron una reverencia y se llevaron a Calandra, a pesar de no querer hacerlo –Ya me quede sin asistente y todo por culpa de ellos- dijiste mientras mirabas que Shura se encontraba frente a esos hombres.

Esos tres hombres tenían claras intenciones de matarte (como si eso fuera una novedad) y estuvieron a punto de hacerlo, algo habían hecho que había conseguido bloquear tu Cosmo, pues ninguno de los presentes lo había sentido, sabias que no mentían pues de ser así, Shion los mataría y de pasada los revive Dhoko con tal de tener el placer de matarlos él.

Agitaste la cabeza haciendo desaparecer esos pensamientos, no era lugar ni momento para hacerlo. Un descubrimiento vino a tu mente, la declaración de Radamanthys… él te había dicho que lo habían atacado y lo más importante, que le había hecho algo para que no pudiera usar su Cosmo.

-Entreguen a la diosa y los dejaremos vivir- dijo al que ademas de haberlo dejado sin herederos ahora le debías una nariz nueva –solo tenemos ordenes de acabar con ella, si se meten en nuestro camino, morirán más rápido

-¡Antes entregaríamos nuestra vida!- escuchaste que grito Argol

-No se preocupe, jamás la traicionaríamos- te dijo Hyoga, lo miraste

-Lo sé- no lo dijiste, lo pensaste y devolviste la mirada a donde se encontraba Shura, te preocupa y mucho.

-No- escuchaste que dijo –Jamás lo haría y jamás lo hare

Una nueva batalla comenzó, los tres se abalanzaron sobre Shura, este de inmediato comenzó a esquivarlos, de verdad poseía una velocidad asombrosa. Cada vez que movía su brazo derecho podías ver un haz de luz, cuando te diste cuenta, ese haz de luz había cortado una roca a la mitad, como si lo hubiera hecho un cuchillo

De pronto te viste rodeada con cadenas, habías escuchado que Shun la había llamado Defensa Rodante, en ese momento viste saltar a Argol a la batalla al igual que Hyoga, ademas un fragmento enorme de una roca se estrelló contra aquel muro, el cual no perdió fuerza ni velocidad.

-Manténgase junto a mi, nada ni nadie podrá dañarla- te dijo muy seguro de sí mismo, la velocidad aumento y de pronto ya no escuchabas los ruidos de afuera

-Eso me hubiera servido antes- dijiste –hazme un favor Shun

-Señorita…-respondió dudoso, a tu mente acudió la idea de asesinar al Caballero Dorado que le hubiera metido ideas en la cabeza a Andrómeda

-¿Me puedes traer mi Cetro? Sino, déjame ir por el- pediste, Shun acato tu orden

Argol y Hyoga se encontraban peleando contra uno de ellos mientras que Shura contra dos. Se te hacia injusto. De pronto viste que se unieron a la batalla Misty y Dante, ambos contra uno de ellos, dejando a Shura uno contra uno. Aun así, dudabas que fueran a acabar rápido, el de bronce y los plateados salían disparados cada tanto mientras que Shura comenzaba a fallar, los vistes cansados.

-Shun ve a ayudar- le ordenaste

-Me dijeron que la mantuviera a salvo

-¿Quién dio esa orden?- preguntaste seria

-El señor Shura de Capricornio- te dijo serio

-Bueno, ¿acaso vale más la orden de él que la mía?- le preguntaste volteándote con mucho cuidado en el espacio reducido que había gracias a la cadena. Shun de inmediato negó –Entonces ve… yo les ayudare- dijiste.

Con mucha duda, Shion rompió la barrera llamando la atención de todos, eso les basto para que todos salieran volando, Shun recibió el impacto de Argol, Misty y Hyoga. Aquellos tipos se veían frescos, como si no les afectaran en nada los golpes, estaban bloqueando la energía vital de ellos, tal y como lo habían hecho con Radamanthys.

No sabias porque, pero el dios al que servían los debía de estar cuidando y muy bien, tal vez los había bendecido con habilidades extras. Pero no era el único que lo podía hacer, Shion ya te lo había dicho, podías canalizar tu Cosmo a los caballeros sin importar a la división que pertenecían, podías aumentar su energía, sanar momentáneamente las heridas y mitigar el dolor. Una cosa era la teoría y otra muy diferente la práctica.

Tomaste fuertemente a Niké y lo azotaste en el piso rocoso. Una onda de energía seguida por una ráfaga de viento se sintió en ese lugar, unas barreras comenzaron a elevarse, impidiendo la salida por los lados e incluso por arriba, aquellos hombres ya te habían asesinado con la mirada, tu Cosmo comenzó a emanar en grandes cantidades, apuntaste con tu Cetro a los caballeros caídos; rogando por dentro que no saliera nada peligroso de Niké, pero no sucedió. El cuerpo de todos comenzó a brillar, una luz blanca brillante los rodeo.

-No solo tú puedes hacerlo, dos también pueden jugar- te dijiste a ti misma, todos se pusieron de pie y te miraron -¡Andando Caballeros! ¡Muéstrenme lo que pueden hacer! ¡A partirle la madre a estos para que piensen dos veces con quien se deben de meter!

-¡A la orden!- escuchaste que respondieron todos.

Se encontraban renovados, llenos de energía. La velocidad de todos aumento, pero la de Shura sobre paso los limites, apenas eras capaz de seguirlo, pero apenas podías poner atención, pues la barrera y enfocar la energía en ellos era lo más importante. Claro que los de bronce y plata salían disparados, pero se levantaban en un dos por tres y de nuevo a pelear.

Shura salto y se posiciono sobre uno de ellos, para después ajustar bien sus piernas sobre el cuello del oponente, elevándolo junto con él y dejándolo azotar fuertemente sobre el piso. Dante, Misty y Argol hicieron lo suyo llamando la atención del segundo, para cuando se quitaron Shura invoco el ataque de Excalibur, solo viste un gran rayo de energía que partió la tierra a la mitad y dejo inconsciente al siguiente, eso esperabas, porque si había muerto, dudabas que fueras a dormir tan tranquila de ahora en adelante. Solo faltaba el que habías estado golpeando, se apareció a unos metros de ti después de haberse deshecho de Shun y Hyoga.

Apenas se acercaba a ti empuñando la daga cuando Shura se interpuso en su camino, extendió ambos brazos para después cruzarlos entre si formando una equis, después de eso una serie de rayos verdes aparecieron rompiendo la armadura de aquel hombre, deshaciendo el casco en varios pedazos. Cayo al suelo derrotado, habías escuchado que había llamado a su ataque Danza Excalibur. Suspiraste y caíste de rodillas al suelo, la barrera se deshizo y el aura brillante dejo el cuerpo de aquellos Caballeros que había luchado.

.

~ 4 ~

.

Radamanthys caminaba revestido elegantemente con su Sapuri. Cada soldado que lo veía hacia reverencia ante aquel hombre poderoso. Detuvo su andar en una puerta, la cual toco suavemente antes de empujarla y entrar.

Se detuvo a unos pasos donde se encontraba una mujer de cabellos aun mas largos que los de Athena, de un color castaño oscuro, confundiese con el negro y piel nívea. Esta se dio cuenta cuando aquel hombre entro y se arrodillo ante ella despojándose de su casco, los ojos de un intenso azul se posaron sobre aquel guerrero escrutándolo.

-¿Por qué hasta ahora? ¿En dónde estabas?- demando saber aquella mujer que se encontraba acostada sobre un sofá rojo

-Mis mas sinceras disculpas mi señora- dijo de inmediato sin despegar la vista del suelo –pero tuve un inconveniente y….

-No me importa- le corto -¿hiciste mi encargo?

-Me disculpo sinceramente, pero no pude señora mía- dijo con temor a la ira de aquella mujer, quien se puso de pie. Dejando ver un hermoso vestido rojo sangre, largo, de tirantes finos –como le decía, tuve un problema y…

-Radamanthys- le llamo suavemente aquella mujer, este alzo el rostro para sentir únicamente una fuerte bofetada la cual le dejo una herida en la mejilla -¡¿Cómo te atreves a fallarme?!- le grito mientras abofeteaba la mejilla derecha dejando otra herida -¡Te encargo algo sencillo y no puedes hacerlo! ¡Eres un estúpido, un idiota!- insulto mientras acomodaba de nuevo el anillo, el cual había volteado para lastimarlo con la piedra que tenía incrustada -¡No me interesa lo que te haya pasado, así te hubieras muerto tenías que hacerlo!

-Le ruego que me disculpe mi señora, pero unos hombres me pidieron su paradero y me negué a hacerlo. Así que tuve que pelear…

-¡A ni no me vengas con eso!- le grito -¡Eres un perro! ¡Es tu deber obedecerme y dar la vida por mí!

Una vez más, la puerta se abrió dejando ver a otro soldado más, que de inmediato se arrodillo ante la joven despojándose de su casco.

-Mi señora- saludo el guerrero de cabellera larga y plateada y ojos ámbar

-¡¿Qué quieres Minos?!- le exigió saber. Este le entrego un sobre el cual le fue arrebatado por ella –Al menos uno aquí sabe hacer su trabajo- dijo al ver las fotos que contenía, las miro por detrás y miro de nuevo dentro del sobre- ¡Estúpido!- dijo antes de también abofetearlo -¡Nombres! ¡¿En dónde demonios están los nombres?!- no respondió, había pasado por alto aquel detalle -¡Son unos estúpidos, buenos para nada! ¡¿En dónde está Aiacos?!

-Acaba de encontrar la entrada al Palacio de Poseidón, partió para allá- informo Minos, temiendo la respuesta de la joven

-Espero que salga mejor que ustedes, estúpidos- les comento mientras se dirigía de nuevo a su sillón –Ahora largo, verlos aquí me da asco

-Si señora- respondieron ambos dejando a la joven sola

.

.

Esta comenzó a ver las fotos, una por una, descartando las que más le gustaban. Entre ellas destacaba la de Shaka, Mü, Camus, Milo, Afrodita, Saga, Kanon y Shion. Pero la que se encontraba mirando como si fuera especial, era la foto de Athena, la cual se veía distraída, sentada en la fuente hablando con Calandra. Las demás las dejo tiradas en el suelo, se puso de pie y mientras caminaba hacia su balcón iba dejando regadas las fotos que más le habían gustado.

-Antes que nada- se susurró a ella misma –quiero ver tu rostro lleno de impotencia, lleno de lágrimas, quiero ver como reaccionas cuando mate uno por uno a tus caballeros maldita- dijo llena de burla, aun sostenía una foto entre sus manos, pero ella mantenía la mirada en el horizonte –tendrás que venir a mí, suplicando de rodillas y yo… yo te daré la peor de las agonías, tanto que me rogaras que te mate, pero no lo hare- dijo mientras apretaba aquella foto y la arrugaba –has interferido mucho… demasiado- dijo mientras volvía a extender la foto y miro por última vez el rostro despreocupado de Athena, antes de romperla en pedazos –pero vas a morir, y yo… gobernare- arrojo los pedazos al suelo -¿Qué quieres Pandora?- pregunto al sentir la presencia de aquella mujer

-Reina Hades- le llamo mientras se arrodillaba ante ella –su baño ya está listo

-Ya veo- respondió arrogante y camino a la salida –por cierto, recoge todo este reguero

-Si mi señora Hades- respondió sumisamente, mientras la deidad desaparecía.

.

.

-¿En dónde está Athena?- preguntaron a Aldebarán en el momento en que le cerraron el paso 5 hombres

-¿Quién lo desea saber?- respondió mientras los veía detenidamente

-¡Dinos! ¡Si no quieres morir!- exigió uno de ellos, un resplandor dorado los cegó por un momento

-Bueno, entonces será por las malas- dijo Tauro mientras se cruzaba de brazos.

.

.


Chicas, los resultados se los debo, porque todavía no los he terminado de contar. Pero eso si, sea quien sea, le harán la vida imposible, si quiere el amor de Athena que le cueste