Hola a todas! Les cuento… me entro una crisis donde no sabias como continuar, tal fue la falta de inspiración que llegue a pensar que me había ya llevado varios días, estuve a punta de tazas de café exprimiendo mi cerebro. Espero que esta continuación sea de su agrado y nos leemos en el siguiente capitulo. Sin mas disfruten la lectura.


~ 1 ~

Un cuerpo había salido volando a estrellarse directamente contra una pared de roca sólida, la cual cayo en cientos de pedazos, dos cuerpos más salieron disparados, uno de ellos se estrelló contra el tronco de uno de los árboles.

Aldebarán se encontraba respirando rápidamente, se encontraba con la mayor parte de su armadura dañada.

Apenas había decidido pelear contra aquellos que le exigían el paradero de su diosa se preparó para la batalla, pues jamás iba a entregar la vida de la joven deidad, antes entregaba la de él.

El combate se había inclinado hacia Aldebarán, pues su Gran Cuerno era demasiado rápido para ellos, más de lo que hubieran esperado. Un ataque poderoso y certero, un poder increíble, pero solo basto un momento, un solo segundo para sentir un piquete en su cuello, su vista se comenzó a nublar y la energía se le comenzó a escapar de sus manos. Uno de ellos había sido capaz de romper su guardia y fue ahí que comenzó su batalla.

Aldebarán sin duda alguna era demasiado fuerte, pues sus puños podían destruir rocas y troncos, mientras que sus patadas podían abrir zanjas.

Esquivo uno de los hombres que le faltaban y le dio un ligero golpe para que se estrellara contra el que se encontraba aun inconsciente en la piedra. El siguiente que se había arrojado contra su cuerpo lo tomo por el cuello y lo azoto fuertemente contra el suelo, este se agrieto. Pero no basto con esto, Aldebarán le dio un tremendo pisotón sobre su cuerpo, logrando que escupiera sangre.

El que había sido estrellado contra el árbol lo volvió a atacar por la espalda, lanzándolo contra el suelo, pero Aldebarán acomodo su caída y cual toro se prepara para cornear se lanzó sobre aquel hombre, el cual recibió la embestida en todo su ser. Se incorporó de inmediato y con la velocidad característica de un Caballero Dorado se lanzó contra su enemigo, de su puño salió un destello de fuego, el cual se dio de lleno contra aquel hombre, se giró de inmediato y con la misma potencia derribo a otro más.

Uno de ellos, se encontraba de pie y en su mano traía una especie de lanza, la cual enterró en el suelo rocoso, esta de inmediato levanto una gran barrera, Aldebarán cayó de rodillas al suelo, la poca energía que tenia se había esfumado. Alzo su mirada para encontrarse rodeado de los cinco hombres con los que había estado peleando, se veía a simple vista que a duras penas podían sostenerse en pie. Aldebarán sonrió, arrogante, sabedor que sus enemigos estaban desesperados por no poder contener su gran poder. Todos los hombres juntaron ambas manos y apuntaron hacia el Toro Dorado. Rayos de color blanco se impactaron contra el hombre, quien no se pudo defender, solo se escuchó un grito de dolor. Cuando el ataque termino, Aldebarán cayó al suelo derrotado, respirando agitadamente.

-¿En dónde está?- pregunto uno de ellos

-No sé- respondió Aldebarán mientras se trataba de incorporar con las pocas fuerzas que tenía –aun si lo supiera… qué les hace pensar... que les diría donde se encuentra

-No sé porque se ponen de esa manera- dijo uno de ellos –siempre dan su vida antes de decir donde se encuentran sus dioses

-¿Qué les hace pensar que son importantes para ellos?- dijo otro que se encontraba a lado de Aldebarán, lo tomo de los cabellos obligándolo a verlo directamente –Para tu diosa no vales nada, le va a dar lo mismo si mueres aquí, solo tendría que buscar otro candidato a la armadura que ahora traes

-Ahora dinos… Athena… ¿en dónde está?- pregunto el que se encontraba atrás de él, Aldebarán sonrió de nuevo arrogantemente

-Ustedes no conocen a la princesa Athena- les dijo –no saben cómo ella piensa, no saben nada de ella

-¿Y tú sí?- le pregunto aquel que lo tenía agarrado de los cabellos –todos los dioses son iguales, solo piensan en ellos, usando a sus guardianes como escudos

-La señorita Athena es diferente… demasiado extremista y cabezona- dijo mientras reía –pero es una mujer que da su vida por los demás antes de que la den por ella, jamás entregaría a mi diosa porque ella jamás nos entregaría a nosotros

-Te di la oportunidad de vivir, te di la oportunidad de salvar tu miserable vida- le escupió aquel hombre, dejándolo azotar contra el piso –pero te intereso más salvar a esa mujer que tu vida

-Hazlo- le ordeno el hombre que se encontraba a su derecha en la parte de atrás

Un fuerte estruendo fue escuchado, un rayo cayó directamente del cielo o tal vez salió directamente de la tierra, no lo supo. Solo sintió que esa energía cayo directamente en su cuerpo, destrozándolo por completo, cayendo al suelo sin dar signos de movilidad. Aquellos hombres solo lo miraron, su rostro se encontraba lleno de satisfacción al haber terminado con uno de los Caballeros que custodiaban a la diosa Athena. Algunos de ellos mantenían su mano sobre la parte más afectada de su cuerpo. Les había salido muy caro el haberse metido contra el Toro Dorado del Santuario. Sintieron que algo o alguien se acercaba, estaban en pésimas condiciones, pelear contras más personas (a pesar de ser aspirantes a caballeros) sería perjudicial para ellos, se fueron de ahí así como llegaron.

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~ 2 ~

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Apenas pasaban un poco más de las 9 de la mañana, te encontrabas en el patio trasero de la clínica juntando agua en una cubeta para comenzar a trapear el tercer piso, tus Caballeros Dorados; bueno… la mitad de ellos habían salido a patrullar toda Grecia y los alrededores del Santuario junto con algunos de Plata y Bronce. Viste que Shaka salió con algunas bolsas de basura, Mü estaba haciendo uso de su telequinesis para pasarle el recogedor a Milo que se encontraba en el tercer piso y sabanas limpias a Ángelo que se encontraba en el segundo piso, aun maldiciendo a todos por haberle tocado limpiar los cuartos.

Suspiraste y dirigiste la mirada al cielo, dejando salir un suspiro, siendo domingo no atendías la clínica más que para emergencias pues era el día de limpieza general.

Cerraste la llave y tomaste la cubeta para comenzarla a subir, aunque Shaka iba pasando y le pediste de "favor" que la subiera. Tomaste el trapeador y comenzaste a realizar tu trabajo de limpieza. Ya sabias que no había nada que temer, pues mas que ayudarte a limpiar Shion los había mandado a vigilar que no te volvieran a atacar. Viste que Milo pasaba de un lado al otro, pisando por donde habías ya limpiado, eso te molestaba y buscaste con la mirada algo que arrojarle, pero no había nada.

-¿Qué hago con esto?- te pregunto mostrándote una caja con algunos papeles

-Milo- le susurraste, ya lo habías decidido, le ibas a dar con el trapeador -¡Deja de pasar por donde ya limpie!- le gritaste y él sonrió traviesamente

-La llaman- intervino Mü vía Cosmo

-Te salvo el Cosmo desgraciado- le amenazaste –ponte a trapear y hazlo bien- le diste el trapeador y bajaste de ahí

-Yo no quiero- escuchaste que te respondió.

-¡Me vale!

Bajaste rápidamente al segundo piso, donde viste a Ángelo que tiraba las sabanas pues no quedaban bien tendidas, jamás te hubiera pasado por la cabeza que fuera tan ordenado y perfeccionista.

Lo dejaste de lado y bajaste al primer piso, donde Mü salía de tu consultorio con la escoba en mano y Shaka se encontraba limpiando el mostrador donde se encontraban los medicamentos. De pie, esperando en la puerta de la entrada se encontraba Calandra, se veía demasiado… ¿asustada o nerviosa?

-Hola Calandra, buenos días- le saludaste mientras te acercabas a ella

-Hola- te dijo

-¿Cómo estás?- volviste a preguntar, sentías las miradas de Virgo y Aries sobre ti

-Bien- te respondió -¿y tú? ¿No te paso nada? Ya sabes, con… esas personas

-Estoy bien, no me paso nada- le dijiste algo nerviosa

-¿Podemos hablar?- te dijo, tu asentiste y ambas se dirigieron al consultorio.

Ella tomo asiento y tú fuiste por unas tazas de café, sabias que no iba a pasar mucho tiempo antes de que te preguntara por lo que había pasado; ademas, de todos los involucrados ella era inocente, no tenían por qué tomarla contra ella. Mandaste a la Orden a terminar de limpiar, entraste y cerraste la puerta.

-Toma- le dijiste cuando le diste la taza

-Gracias- te respondió y se quedaron en silencio, esperando a que ella lo rompiera, pues no sabías que era lo que la había llevado a ir de nuevo a la clínica –no vine ayer, no tenía muchas ganas de salir de mi casa- te dijo

-Yo tampoco- respondiste –no me dejaron y pues, mandaron a un soldado a avisar que no habría consulta hasta mañana- abriste el cajón donde colocabas todas tus plumas y alguno que otro instrumento, sacaste de ahí un sobre y se lo entregaste a Calandra, ella lo abrió de inmediato

-¿Mi liquidación?- te pregunto al ver el dinero que había ahí

-Bueno, pues si vienes a decirme que ya no vas a trabajar, no puedo permitir que te vayas con las manos vacías. Me fuiste de mucha ayuda…

-¡Pero yo no vengo a renunciar!- te dijo en voz alta, te había dejado sorprendida

-¿Acaso… no tienes miedo?- le preguntaste

-¡Claro que sí!- te volvió a responder -¡estoy aterrada!

-Pero…

-No me parece de lo más normal que unas personas te sigan y de la nada te quieran asesinar y mucho más extraño ver personas que tienen súper poderes, por favor… eso solo se ve en las películas de acción

-¿Entonces? ¿Por qué?- preguntaste dudosa -¿Qué te hace querer quedarte aquí?

-Quiero saber- te respondió –quiero estar aquí, no tengo a donde ir y sobre todo… no quiero dejarte sola

Se quedaron en silencio, viste que Calandra no despegaba la mirada de sus manos y de la taza de café, recordaste que así estabas cuando habías conocido a Milo, Mü y Camus aquel día, cuando por fin te hablaron de tu nueva vida.

-Sabes…- le dijiste cuando rompiste el silencio –yo no sé cómo responderte. No es que esta sea la última vez que me quieran matar o hacer algo, volverán…

-¡¿Otra vez?!- te interrumpió -¡tienes que irte!

-No puedo- le dijiste –ya hui una vez y no pienso hacerlo de nuevo; ademas, a donde vaya ellos me encontraran, de eso estoy segura

-Ellos buscaban a Athena- sabias la pregunta implícita en esa oración, suspiraste y tomaste de nuevo un sorbo de tu café

-Yo soy Athena- le confesaste –veras… cada cierto tiempo, varios dioses de los que uno conoce como solo en la mitología griega aparecen… reencarnan de nuevo. En esta ocasión… en esta era me tocó a mí.

-¿Cómo es eso posible?

-Ni yo lo sé- respondiste –lo único que me dijeron es eso, Athena reencarna cada cierto tiempo, yo creo que dependiendo la suerte que tengas, serán los dioses que tendrás que enfrentar, porque para acabarla siempre quieren dominar el mundo y a las personas que viven en él… ya sabes, el mismo cuento de siempre

-Bueno, eso siempre sucede, los malos siempre quieren dominar el mundo- te dijo y ambas rieron

-A mí se me hace que la peor rencarnación de todos los dioses es Athena, porque te digo, tiene muchos enemigos en todos lados, no sé cómo es que la pobre aguantaba tanto

-Tal vez ella y los demás no tenían los mismos ideales- te dijo ya un poco más seria –pero de ser así, lo único que te espera son guerras

-Si- dijiste –pero no peleo sola, tengo a muchas personas que me ayudan y me cuidan, así que no tengo por qué temer más de lo necesario

-¿Te refieres a los chavos que te ayudaron ese día?- te pregunto, tu asentiste –bueno, me llevaron hasta mi casa más rápido de lo que creía, después imagino que volvieron contigo

-Así es

-¿Ganaron?

-Claro que si- le respondiste sonriente –no hay nadie más fuerte que los muchachos que están en el Santuario.

-Cuando ellos vinieron fingiendo que eran médicos… ¿te habías peleado?

-Sí, contra Poseidón- le aclaraste ante de que preguntara, viste la sorpresa reflejada en sus ojos –digamos que me avente a lo mensa y pues page las consecuencias, pero ya no pasara

-Bueno… sé muy bien que no se hacer nada, mucho menos tengo los poderes que ellos tienen… pero yo aún quiero ayudarte- te dijo muy decidida –Quiero encargarme de la clínica cuando tengas que ir a pelear, quiero apoyarte en todo lo que pueda.

-Calandra…- le susurraste, no veías duda en sus ojos, callaste un momento para después sonreírle –Bueno, se me haría muy difícil buscar a otra asistente tan buena como tú y no me quiero arriesgar a dejar de nuevo este lugar en manos equivocadas, que más que ayudar me empeoran el lugar

-¿Entonces…?- te pregunto esperanzada

-Puedes quedarte, pero no debes decirle a nadie acerca de esto

-Jamás- te prometió sonriente

Ambas se pusieron de pie, pues aun había mucho que limpiar y acomodar la bodega, cuando abriste la puerta los Caballeros (que se supone que deberían de estar limpiando) cayeron al suelo uno sobre otro. Los miraste seriamente, mientras Calandra reía.

-¿Qué están haciendo aquí? Digo… si se puede saber- les preguntaste

-Nada- te dijo Ángelo quien estaba en medio de todos

-Limpiando la puerta- dijo Milo quien estaba en el suelo, siendo el soporte de todos

-Yo les dije que no debíamos de estar aquí- te comento Shaka

-¿Y por eso también estas en la bola?- le preguntaste

-No queríamos oír- te dijo Mü –solo que, Cáncer y Escorpión no querían irse

-Si como no- respondiste mientras pasabas de lado –vamos Calandra, aún hay cosas que hacer, ya que nadie ayuda aquí

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Te despediste de Calandra, cada una se había ido por su lado, más sencillo para ella, pues vivía a unos pocos minutos de donde trabajan, pero tú… de nuevo tendrías que caminar más de medio kilómetro con 4 metiches a tu lado.

Cuando llegaste te diste cuenta de que la mayoría de los demás seguían en revisión, Shion te llamo y dejaste a los dorados para irte con él.

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~ 3 ~

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Caminabas detrás de Shion, le habías estado hablando del acuerdo al que habías llegado con Calandra, se vio que se encontraba complacido y no puso ningún pero en tu decisión. Ya no sabías por donde se habían metido, te diste cuenta de que aún no conocías a fondo el Templo Patriarcal, bajaron por unas escaleras… en el fondo se podía observar que se encontraban dos guardias que de inmediato se pusieron firmes al ver la presencia de él y la tuya, ambos les abrieron las puertas y se adentraron a una habitación.

-¿Qué estamos haciendo aquí Shion?- le preguntaste, pues la habitación apenas se encontraba iluminada con velas

-Mire adelante- te ordeno, buscaste.

No había más que unas cortinas que para no perder la costumbre eran rojas, que se encontraban amarradas con hilos dorados, la caja de la armadura de Géminis, (que no sabías que estaba haciendo ahí) una especia de perchero… cruzaste tus brazos sobre tu pecho, sabias que esas cosas tenían nombre, pero no lo recordabas, un palo con una base en la cual había un líquido que mantenía el fuego encendido…

-¿Cómo se llama esa cosa?- te preguntaste en voz baja –oye Shion, ya en serio ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Vamos a invocar un fantasma?- el Patriarca rio ante tu comentario

-Claro que no- te dijo mientras se acercaba a la Caja de Géminis

-¿Saga sabe que su cajota esa aquí?- preguntaste mientras te acercabas a verla

-Esta armadura no es de Saga- te dijo

-Ya veo- respondiste sin darle importancia -¿y eso que? ¿Es una imitación o algo así?- volviste a preguntar, él negó –Bueno, ya vine, ya la vi, ya me voy porque me quiero bañar- dijiste mientras comenzabas a caminar de nuevo a la salida

Apenas habías subido dos escalones cuando un balde de agua helada cayó encima de ti, caminaste de regreso a donde se encontraba aquella caja dorada. No sabias si había alguna diferencia a la otra, pero si no era la Caja Dorada de Saga y mucho menos era una imitación que había hecho Shion… eso significaba una sola cosa…

-La segunda armadura de Géminis- susurraste y miraste a Shion que aún mantenía su sonrisa -¿Es de verdad Shion?

-Así es- te respondió mientras la mirabas por todos lados –algo así ya sospechábamos, así que nos dimos en la tarea de buscarla como una prioridad

-Era lógico- comentaste sonriente –había 14 hombres en la ilustración, uno de ellos era el Patriarca elegido y los demás eran los Caballeros.

-Una deducción perfecta- te felicito, paso su brazo sobre tus hombros para salir de ahí –la mostraremos en la cena

-Que bien- respondiste –ahora sí, Kanon será reconocido como el Caballero Dorado de Géminis

-Menor- te dijo y tú lo miraste con duda –Sera el Caballero de Géminis Menor

-Bueno, da lo mismo- dijiste -¿en dónde la encontraron?

-En el fondo del mar que se encuentra en el Mar de Célebes

-Eso queda por…- trataste de adivinar -¿por dónde queda?

-Entre Malasia y Filipinas- te respondió

-¿Qué diantres estaba haciendo hasta allá?- te preguntaste

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Todos los jóvenes se encontraban algo inquietos, pues había algo que se encontraba cubierto por una manta blanca, notabas que varios de ellos desviaban la mirada hacia ese objeto, sonreíste internamente pues tú ya sabias de que se trataba, lo que se te hacia raro era que Dhoko no lo sabía, pues Shion no le había comentado nada.

-Jóvenes- les llamo Shion cuando habían terminado de cenar, tu aplaudiste de emoción, ya sabias lo que venia

-¿Le pasa algo?- te pregunto Shura quien en esta ocasión le había tocado sentarse a tu derecha

-No, nada… ¿Por qué lo dices?

-Porque se ve muy ansiosa, demasiado feliz- te dijo Aioros que se encontraba a tu izquierda

-¿que no puedo ser feliz, nada más porque si?- respondiste

-Athena, por favor- te llamo Shion, tu asentiste –Verán Caballeros, el motivo de esta cena es muy importante. Como todos saben, de entre todas las Estrellas Guardianas… Géminis es una estrella doble…

-Eso ya lo sabemos…. No es necesario que nos haga que lo recordemos- intervino Ángelo mientras los demás asentían, incluso los gemelos

-¡Vuelve a interrumpir Shion y te hago dar 500 vueltas al Coliseo seguidas, sin descanso y sin tomar agua!- amenazaste a Cáncer, quien solo asintió sorprendido por tu cambio de humor –prosigue Shion, ya nadie te va a interrumpir- dijiste mientras mirabas a todos los presentes

-Gracias hija- te respondió y continúo –Como les decía… esta casa jamás va a mostrar todo su poder y se debe a una sola cosa- todos esperaron –ese Templo debe de estar vigilado por ambos guardianes

-Lo siento mucho hija, pero voy a tener que atenerme a tu amenaza- te dijo Dhoko mientras tomaba la palabra

-No hay problema Dhoko, la amenaza es para el resto- dijiste sonriente ganándote miradas asesinas de ciertos dorados –nada mas no te tardes

-Hoy estas muy ansiosa- te dijo y tu ampliaste la sonrisa –veras Shion, por más que se necesite de ambos Géminis, solo hay una armadura y esta es portada por el mayor de los dos. Aun así, sabes que Kanon también es reconocido como el guardia del tercer templo.

-Lo sé- dijo Shion mientras se ponía de pie y caminaba hacia la caja que se encontraba cubierta, tu corriste a su lado

-Saga, Kanon- les llamaste –vengan aquí, sobre tu Kanon

-¿Por qué?- te pregunto dudoso, miraste a Shion y él te dio la autorización.

Retiraste la manta para dejar al descubierto la Caja de la segunda armadura. Todos se pusieron de pie al observarla, parecía que ellos si sabían que era diferente a la de Saga, el cual habías visto que se había quedado helado ante tal descubrimiento, buscaste a Kanon con la mirada, este se había quedado a medio camino, corriste a donde se encontraba y lo tomaste de la mano para acercarlo más a ese sitio. Viste que dudo, así que en vez de soltar su mano la colocaste encima de la caja.

-Esta es la Segunda Armadura de Géminis- continuo explicando Shion

-Tal y como lo muestra la ilustración del libro- dijiste -13 Caballeros, así que por lógica había dos Caballeros de Géminis y he aquí… ¡La armadura perdida que ha sido encontrada!- comentas alegre mientras volvías a aplaudir

-¿La creo señor?- escuchaste que le pregunto Saga

-No- negó de inmediato Shion –estaba en el fondo del mar

-Por Filipinas y Malasia- volviste a intervenir

-Yo no puedo usar esto- escuchaste decir a Kanon quien de inmediato los miro a todos –lo siento, pero no puedo usar esto

-Claro que si- le dijiste

-¿Por qué Kanon?- le pregunto Shion

-Porque el Guardián de Géminis es Saga

-Y tu- le respondiste –yo te lo prometí, lo recuerdas Kanon… fue cuando me enfrente a los Dorados, cuando recién había llegado

-Sí, pero…- viste que aun dudaba

-Mira Kanon, hagamos esto- le comentaste –enciende tu Cosmo, si la armadura no reacciona eso quiere decir que no es tuya, pero te puedo asegurar que si

-Vamos Kanon, hazlo- escuchaste que le animo Milo

No sabias quien estaba más nervioso si él o tú, pero ya te urgía que Kanon activara su Cosmo. Viste que coloco su mano encima de la Caja Dorada y activo su Cosmo, de un momento a otro la Caja brillo, estabas demasiado emocionada, te colocaste detrás de Shion y tomaste parte de su túnica, pues de un momento a otro un brillo cegador se expandió en el comedor, te tapaste para cubrir tu ojos, cuando bajaste el brazo de Shion lo viste… de pie y mirando sus manos se encontraba Kanon, revestido con la Armadura Dorada de Géminis, idéntica a la de Saga. Tú corriste hasta donde estaba, admirando como lucia aquel ropaje dorado, lo tomaste de ambas manos y comenzaste a dar saltos como niña pequeña, felicitándolo por ser ahora todo un Caballero de la Orden.

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-Te lo dije- le susurraste cuando lo soltaste –ya sabía yo que te ibas a ver bien chulo con esa armadura- Kanon no dijo nada y solo admiraba aquel ropaje que ahora llevaba puesto -¿Qué pasa Kanon?

-Perdón Athena- te dijo –no era mi intención…

-Lo sé- respondiste –todo el mundo se equivoca- dijiste sonriente mientras le palmeabas el hombro –aunque si hubiéramos apostado ya te habría ganado toda la quincena

-¡Felicidades Kanon!- escuchaste que le felicito Aioria mientras pasaba su brazo sobre sus hombros –se lo robo Athena… Kanon, hay que festejar

-Athena- te llamo Saga quien se encontraba detrás de ti –muchas gracias, no sabes lo que esto significa para mí y mi hermano

-No hay de que- le respondiste –aunque el mérito es de Shion, yo le había hecho la promesa a Kanon pero se me había olvidado- confesaste mientras mirabas como todos lo felicitaban –le conté a Shion, él intensifico la búsqueda de esa armadura y como vez… he ahí el resultado

-De cualquier manera, gracias- te dijo mientras revolvía tus cabellos

-Déjame en paz- le dijiste mientras tratabas de alejar su mano –ya deja en paz mi cabello, envidioso

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~ 4 ~

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Amaneciste de muy bien humor, después de la fiesta de la noche donde por fin habías cumplido una promesa (olvidada, pero al fin y al cabo la intención es la que cuenta) y ahora Kanon era reconocido como el Caballero de la Tercera Casa.

Desayunaste rápido, apenas tenías el tiempo para llegar a tu trabajo y comenzar con tu rutina del día, buscaste a Kanon con la mirada pero parecía que había sido envidado de misión. Total, después hablarías con él para saber que sentía ahora.

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-Así que… ya es un Caballero Dorado- te comendo Calandra quien estaba comiendo contigo –debe de estar muy feliz

-Yo digo que si- le respondiste, pues le habías estado explicando lo que había pasado y las órdenes en las que se dividía tu ejercito –lástima que lo enviaron de misión, yo que le quería decir que viniera por mí para platicar

-¿De misión? ¿A dónde?- te pregunto

-Quien sabe- respondiste –cuando no hay un Caballero en el Santuario es que Shion lo ha enviado de misión, hay muchas cosas que hacer.

-Ya veo, que cosas tan difíciles- te dijo

-Sí, ni siquiera sé cómo es que aguanto tanta presión- respondiste

-Está lloviendo bien feo- te dijo, pues hacia un poco más de unas horas se había desatado una fuerte lluvia- y yo que no traje sombrilla

-Yo solo espero que sea obra de Poseidón para poder ir a visitarlo- comentaste –porque si no, nunca podré hacerle pagar lo que me debe

-Pues había estado escuchando que se ha desatado fuertes lluvias en muchos lugares- te comento –eso ya desde días atrás. Ademas de que el rio de Venecia aumento y creo que ha habido muchas olas peligrosas en América del Norte

-Si es cierto eso…-dijiste sonriendo –seria siendo hora para ir contra Poseidón

-Puede ser, solo cuídate "-.-"

-No te preocupes, lo hare.

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Había ido por ti un grupo de soldados rasos del Santuario, demasiado extraño para ti, no sabías que era lo que había pasado para que Shion los hubiera mandado a ellos y no a uno de Bronce.

No habías mencionado palabra alguna, pues en el momento en el que preguntaste por qué habían ido ellos se negaron a decir algo.

Subiste el atajo lo más rápido que pudiste y acudiste directamente al despacho en el que solía estar Shion, pero cuando llegaste no había nadie. Sacudiste tus cabellos quitando la poca agua que te había caído, pues los soldados te habían llevado una sombrilla. Pensaste en donde estaría, en su habitación no, era demasiado temprano como para que Shion tuviera sueño y estuviera dormido, chasqueaste los dedos… ya sabias donde estaba y te dirigiste corriendo hacia el Salón Patriarcal. Abriste la puerta pero nada, no se encontraba tampoco ahí.

-Oye- le llamaste a un soldado que se encontraba haciendo guardia en la entrada del Palacio -¿sabes dónde está Shion?

-Señora- te saludo de inmediato –se encuentra en el Segundo Templo

-A canijo- susurraste -¿Por qué?

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La lluvia seguía cayendo sin dar tregua alguna a detenerse, corriste a todo lo que tus piernas te daban, procurando no resbalar. Lo que había dicho aquel guardia debía de ser una vil mentira, jamás creerías algo así.

Aquel atajo servía mucho, solo tenías que tenías que rodear un poco, cuando llegaste al templo de Aries resbalaste cayendo al suelo, maldijiste al piso resbaladizo de mármol, te incorporaste y volviste a correr. Subiste las escaleras con mucho trabajo, apenas podías seguir corriendo.

Un fuerte trueno se escuchó, lo más seguro era que había caído cerca del Coliseo o por otro lado, ahora no te importaba, solo querías comprobar aquellas palabras.

Cuando llegaste a Tauro te encontraste con la mayoría de los Caballeros Dorados en la entrada del lugar, te acercaste y los viste fijamente

-¿Qué está haciendo aquí señorita?- te pregunto Mü mientras se acercaba a ti

-Aldebarán… ¿en dónde está?- exigiste saber, viste que Aries dudo en hablar –dime que está bien… que no es verdad lo que me dijeron en el Salón

-Señorita, lo mejor será que… regrese y se cambie por unas ropas secas- te recomendó mientras intentaba alejarte de ahí

Alejaste su mano bruscamente y entraste corriendo a las estancias privadas de Tauro ignorando a los demás Caballeros. En la cocina viste que se encontraba Shion hablando con Dhoko en voz muy baja, en la mesa encontraste una canasta con algunas mantas con manchas rojo carmín.

-¿Qué estás haciendo aquí?- te pregunto alarmado Shion –deberías ir a cambiarte de ropas, te vas a enfermar

-¿Dónde está Aldebarán?- exigiste saber –desde ahora te digo que no me voy sin verlo y verificar que es mentira

-Debería de irse señorita- te insistía –después hablamos, pero ahora hágame caso

-Déjala Shion- intervino Dhoko –tiene que verlo

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Te quedaste sin palabras, en la cama se encontraba Aldebarán muy mal herido, apenas y podía respirar. Se encontraba vendado, aun así, las vendas visibles estaban ligeramente manchadas de rojo carmín. Te acercaste lentamente, sentías que te faltaba el aire. Le llamaste pero no te respondió, sentiste impotencia… algo dentro de ti se había roto. Dhoko te tomo de los hombros y te alejo de ahí. Te encamino hacia la mesa y tomaste asiento. Estuviste en silencio tratando de asimilar lo que habías visto.

-¿Cuándo llego?- preguntaste

-Poco después de las dos- te dijo Shion –llego con su propio pie

-¿Por qué nadie me aviso?

-No queríamos preocuparla- te dijo Dhoko –ademas, apenas llego al Salón Principal cayo desmayado- le miraste sorprendida –fue más su orgullo que el Cosmo, pues no conservaba mucha energía

-¿Quién le hizo esto? ¿Por qué?- exigiste saber mientras sentías que estabas por perder la calma

-No dijo nada- te respondió Shion –solo dijo que había enemigos de Athena, después de eso cayo inconsciente

Te pusiste de pie y comenzaste a caminar de un lado a otro, te diste cuenta de que Milo, Shaka, Aioros y Shura se encontraban en la entrada de la pequeña cocina, imaginaste que detrás de ellos se encontraba el resto pero eso en este momento no te importaba. Te sentías impotente, inútil. Diste un golpe con tu puño a la pared del lugar, sentiste un fuerte dolor.

-Athena- te llamo Shion –no haga eso por favor que se hace daño

-¿Por qué?- volviste a preguntar mientras volvías a dar otro puñetazo a la pared, ya habías soportado mucho, ya no querías hacerlo más –dime porque Shion- le miraste, las lágrimas estaban cayendo -¡¿Por qué tuvo que pasar por eso Aldebarán si a la que querían era a mí?!- exigiste saber

-Cálmate- te ordeno Dhoko –es por esta misma razón que no queríamos decirte nada…

-¡De cualquier manera me iba a enterar!- soltaste -¡no es justo que por mi culpa él este ahora así! ¡¿Crees que me voy a sentir muy feliz si él muere?!

Tomaste asiento en la silla mientras las lágrimas salían si querer detenerse, estabas enojada, triste, sentías muchos sentimientos mezclados en ese momento. El silencio reino en ese lugar, un silencio incómodo y que pesaba demasiado. Estabas respirando demasiado rápido. Shion se arrodillo ante ti y tomo la mano con la que habías golpeado el muro, no te habías dado cuenta de que se encontraba inflamada y con los nudillos seriamente rojos. Libero su Cosmo y comenzó a tratarla. Sentiste que poso su mano sobre tu rostro mientras que con la otra tenia aprisionada tu mano a pesar de que ya estaba sanada.

-Está muy apegada a sus guardianes- te dijo mientras limpiaba tus lagrimas con su pulgar –por eso quería evitarte esto

-¿Mintiéndome?- preguntaste agresivamente, Shion te sonrió de manera paternal

-Para evitar verte de esta manera, sería capaz de hacer lo que fuera- te dijo –no sirve de nada que te diga que ellos están listos para dar su vida en defensa del mundo y de ti, aunque duela y suene cruel, pero es así

-Yo no quiero… no quiero que mueran por mi culpa- le susurraste mientras más lagrimas caían –no quiero Shion

-Lo se mi niña, pero no es algo que se pueda evitar- te dijo –Aldebarán es fuerte, ten por seguro mi amor que saldrá adelante y cuando despierte podrá decirnos que fue lo que le paso

-¿Y si no despierta? ¿Qué va a pasar Shion?- preguntaste temiendo lo peor

-Despertara- te aseguro

Otro silencio se esparció en la habitación, por más que querías no podías dejar de llorar. Te llevabas demasiado bien con Aldebarán, siempre tenía una sonrisa para ti sin importar lo cansado que estuviera. Alguno que otro sollozo escapaba de ti, no querías pensar en lo peor.

-Es hora de ir a descansar- te susurro mientras se ponía de pie

-Haga caso- te dijo Dhoko quien se había mantenido al margen –debe ir a tomar un baño para evitar que se enferme

-¿Y Alde? ¿Quién lo va a cuidar?- preguntaste

-De eso me encargo yo- te respondió –ve a descansar- diste unos pasos a la salida y luego regresaste

-Es que no puedo- dijiste soltando de nuevo en llanto –no cuando sé que es mi culpa el que este así

-Tranquila- te dijo Shion mientras te abrazaba –no es tu culpa, ni siquiera lo pienses

Saliste escondiendo tu rostro en la túnica de Shion, quien te guiaba para que no cayeras, no querías que el resto de los Dorados te vieran de esa manera, aunque lo más seguro era que ya te habían visto.

A tu mente acudió una idea, no tenías fundamentos, pero lo más seguro era que el que había mandado casi a matar a Tauro había sido Poseidón, sentiste que la furia se apodero de ti, ¿lo quería hacer personal? Perfecto… lo había conseguido, y pronto le harías pagar por su atrevimiento, la bronca era ente él y tu persona, no tenía que tomarla en contra de ellos.

Al fin y al cabo Camus había sido enviado a encontrar la entrada al Palacio de Poseidón, en cuanto llegara con la información partirías y tomarías venganza con tus propias manos, pero ahora, lo único que querías era descansar y tomar nuevas fuerzas para empezar el contra ataque.

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Bueno chicas, lo prometido es deuda. He aquí los resultados de cómo va la votación, este será el último capítulo donde van a poder votar, dependiendo de los votos y como vuelva a cambiar la posición se mantendrá en sorpresa, pues tendrán que esperar hasta que aparezca en el capítulo.

Ángelo: 15 - Mü y Shaka: 14

Milo: 7 - Camus, Saga y Kanon: 8

Afrodita, Shura y Aioros: 6