Segunda parte del regalo de Rinnu.

Capítulo 2

—Si sigues rechazando a todos los que se postulan definitivamente no participaremos en los relevos —dijo Miroku a Inuyasha luego de que este se negara siquiera a ver el desempeño de los postulantes.

Habían pasado un mes haciendo entrevistas y para Inuyasha no había nadie lo suficientemente bueno, o eran muy jóvenes o muy inexpertos o sencillamente no le caían bien.

—Ninguno ha mencionado ser bueno en estilo libre —fue la excusa que dio a sus rechazos.

—Este chico —señalo una fotografía—, dijo ser bueno en estilo mariposa, él podría ir con ese y yo tomo el estilo libre.

—No participaras fuera de tu competencia —refutó de inmediato.

—Tal parece que no quieres que participemos en relevos —comentó.

—Sabes muy bien que no es cierto, es solo que no podemos escoger a cualquiera. Además, Miroku, no eres bueno en estilo libre —añadió y escuchó a su amigo suspirar.

Claro que quería participar en relevos, y competir en equipo, pero no quería hacerlo con cualquier desconocido, de escoger a alguno debía ser alguien bastante bueno.

—Dime que al menos con los próximos dejaras que den una demostración —pidió Miroku, quizás de esa forma podían lograr algo.

—Solo si me parece que merece la pena.

Miroku volvió a suspirar y negó con la cabeza, la confianza de su amigo era bastante corta, a ese paso estaban lejos de tener un cuarto integrante.

Justo aquel día el club estaba más movido que de costumbre, debido a las próximas vacaciones escolares muchos padres inscribían a sus hijos para que aprendiesen a nadar y así poder ir a la playa en verano. Y aquella era otra de las razones por la que Miroku lo apresuraba para que escogiera a alguien, y ya le había dicho que si no quería que fuera parte del equipo para la competencia que por lo menos buscara a alguien que los ayudase con los niños, ya que Sango no podía darse abasto, pero eso tampoco era algo fácil, no cualquiera era bueno trabajando con niños.

Esperaba que por el bien de todos, los próximos postulantes fuesen buenos bien sea para formar parte del equipo o para que los ayudasen en el club.


Kagome estaba observando todo desde las primeras bancas, tal y como solía hacer cada que acompañaba a Souta, en las últimas clases había notado como prácticamente se había duplicado el número de niños que asistían a las sesiones.

A diferencia de cuando comenzó a asistir a las prácticas, ya no solo se quedaba a observar al entrenador de su hermano, también había comenzado a detallar a la mujer castaña, Sango era su nombre, según había escuchado, y notó que le era necesario alguien que la ayudase, con la cantidad de niños que manejaba ahora se le veía bastante ocupada.

Por un momento pensó en darse de voluntaria para ayudarla con los niños, pero por alguna razón no se atrevía a ofrecerse, aunque si lo pensaba aquello significaba trabajar prácticamente al lado de Inuyasha y eso le atraía, pero no quería que su hermano le hiciera bromas con eso.

Vio como todos ya comenzaban a dirigirse al área de los vestuarios para cambiarse, algunos niños correteaban tratando de escapar de sus madres porque no se querían ir, entonces notó como uno de esos niños se dirigía hasta el área de piscinas adultas, quiso gritar para alertar a los demás pero los tres entrenadores ya estaban en los vestidores. Se quedó viendo al niño esperando que diera vuelta y regresara pero no fue así. Se quitó los zapatos con prisa al ver que las intenciones del pequeño eran lanzarse a la piscina.

—¡Shippou, no! —gritó alguien.

Kagome se lanzó al agua, estaba en el extremo opuesto de la piscina, pero debía hacer algo, ninguno de los entrenadores estaba cerca, ni siquiera alguno de los chicos que asistían a las practicas, y buscarlos sería una pérdida de tiempo. Nadó lo más rápido que podía, al menos no había perdido por completo la práctica, pensó. Al llegar con el niño, que se movía desesperado al borde de las lágrimas, lo sujetó con fuerza y lo llevó hasta el borde, al asegurarse que no resbalaría subió ella con algo de dificultad.

—¿Estas bien? —preguntó al niño pelirrojo. Se quedó sentada para estar a la altura de él.

El pequeño en un impulso solo saltó a abrazarla por la cintura, sollozando todavía. Ella lo acunó en sus brazos para calmarlo. Pronto se vio rodeada por casi todos.


Por alguna razón Inuyasha tuvo el impulso de salir de los vestidores antes de cambiarse y ya se acercaba a las piscinas cuando escuchó el grito, al parecer venia de un niño, y reconoció el nombre de Shippou como al niño pelirrojo que le pedía que lo dejase practicar con los chicos grandes. Apenas y pudo ver como el niño caía al agua, antes de siquiera ser capaz de reaccionar escuchó otro chapoteo y vio en dirección opuesta de la piscina, alguien se había lanzado desde el otro extremo y nadaba hasta el pequeño.

Se asombró al ver la velocidad que tenía, parecía alguien con experiencia, se preguntó de quien podría tratarse. Su duda no se extendió mucho más puesto que a los pocos segundos pudo ver a una chica pelinegra emerger del agua cual sirena, la vio dejar al niño en el borde y luego subir ella y se quedó embelesado. La reconocía, claro que sí, era la hermana de Souta, la había visto bastante en aquellas semanas, pero fue en ese momento cuando de verdad la observó.

—¿Qué ha pasado? —el murmullo de voces llegó desde todas partes, los que ya estaban cambiándose salieron al escuchar el grito.

Vio que Sango y Miroku pasaron corriendo a su lado y fue cuando se movió. La castaña se ocupó de inspeccionar al niño y luego se lo entregó a su madre, al parecer la mujer se había distraído por contestar una llamada y el niño salió corriendo. Él apenas y estaba prestando atención, su vista no se separaba de la pelinegra que aún seguía en el suelo, la detalló muy bien, la blusa blanca que llevaba se le pegaba como una segunda piel dejando completamente expuesto el brasier. Se quitó su chaqueta deportiva y sin decir palabra se acercó a ella y se le puso en la espalda justo cuando comenzaba a ponerse de pie.

—¿Qué…? —ella se volvió a verlo con sorpresa.

Él desvió la mirada, podía ver perfectamente el borde de sus cremosos pechos, tragó saliva y habló.

—Cúbrete un poco —su voz sonó molesta, y quizás lo estaba, le molestaba haberse quedado embelesado ante ella como si fuese la primera vez que viese a una mujer de esa forma, y le molestaba aún más que le diera por comportarse como un adolescente, y un poco más que esos chicos se quedasen viendo a la pelinegra.

—Ven conmigo —escuchó a Sango intervenir—, buscaremos algo para que te cambies.

Vio cómo su amiga se llevaba a la joven y le agradeció mentalmente. Ya Miroku se había encargado de calmar a los chicos y los guiaba de regreso a los vestuarios, por lo que él se encargó de seguirlos.

No paso mucho tiempo cuando apareció Sango y les preguntó si tenían algo para prestarle, a ella no le quedaba una muda extra, Miroku negó, era viernes y ya no tenía nada limpio. Él dudo por un segundo, y terminó tomando su suéter para pasárselo.

—¿Estás seguro? —preguntó Sango, sus amigos sabían que no solía prestar ese suéter a nadie.

—Solo llévaselo —casi gruñó.

Bien sabía que tendría que llevar a la chica, y a su hermano, hasta su casa y no podía dejar que solo llevara una toalla sobre su cuerpo. No, esa visión era demasiado para él.


Kagome se sentía muy incómoda, Sango solo había podido conseguirle un suéter para que se pusiera, y le agradecía, el problema era que había tenido que prescindir de su ropa interior, por lo que no llevaría nada más debajo, meditó un poco y pensó que lo mejor sería ponerse el suéter pero sin quitarse la toalla, quizás eso sería lo mejor para mantener su pudor. Y fue lo que hizo, pero no se sentía nada bien, parecía una tonta.

Suspiró abatida, y se quitó la toalla. El suéter le llegaba a mitad de los muslos, por lo que si caminaba con cuidado no mostraría nada, y le quedaba holgado así que sus pechos y trasero no se mostraban, tanto.

Escuchó que Sango comenzaba a llamarla diciendo que la esperaban para irse, tomó valor y salió, no podía ser tan malo, al menos tenía algo de ropa.

Esa noche el trayecto a casa fue incomodo, Inuyasha se ocupó de agradecerle lo que había hecho y ella le restó importancia, cualquiera lo habría hecho en su lugar. Souta por otro lado estaba muy callado, y solo se ocupaba de lanzarle una mirada a ella y otra a Inuyasha, estaba actuando raro.

Cuando llegaron a su destino ella agradeció al entrenador y este solo asintió para luego marcharse, a ella le pareció que estaba sonrojado e intentaba evitar el contacto visual, se preguntó a que se debía.

—Ahora tú también tienes orejas de perro —le dijo Souta mientras caminaban.

—¿Qué? —preguntó ya cuando abría la puerta.

—Ese suéter —se le acercó lo suficiente para ponerle la capucha del suéter— ¿Ves? Orejas de perro —le señalo al espejo que estaba detrás de la puerta.

Ella vio su reflejo en el espejo y se sorprendió. La verdad estaba tan preocupada por tener que salir sin ropa interior que no le presto mayor atención al diseño del suéter, y ahora que lo veía bien notaba que la capucha tenía dos orejas en color blanco, el mismo del suéter. Poco después cayó en cuenta de algo mucho más importante.

—Espera, entonces ¿Esto es… de Inuyasha? —preguntó casi tartamudeando.

—Es obvio.

Kagome no creía que podía llegar a sentir más vergüenza, pero ¡sí que era posible! Llevaba el suéter del entrenador de su hermano y ¡no tenía ropa interior! No podría volver a Inuyasha después de eso.

Fue directo a su habitación y apenas logró escuchar que su madre preguntaba qué había pasado, ya su hermano se encargaría de explicarle todo. Ella debía cambiarse, aunque el aroma que desprendía el suéter era tan agradable que… no, no podía pensar en eso.


—¿Por qué has quitado el anuncio para buscar candidatos? —preguntó Miroku a Inuyasha.

—Ya conseguí a la persona —dijo victorioso.

—¿Bankotsu ha aceptado?

—¿Qué? No —negó de inmediato—, él competirá con sus hermanos.

—Oh —eso lo desanimó, era la mejor opción—. Entonces, ¿es alguien a quien entrevistaste?

—No, aún no he hablado con ella, pero seguro aceptara.

Miroku en lugar de decir algo lo vio con sospecha.

—¿Qué?

—¿Es esa muchacha, cierto? La hermana de Souta.

—Su nombre es Kagome, y si, es ella.

—Te gusta —aquello no era una pregunta, era una afirmación.

—No, eso no…

—¿Qué te hace pensar que querrá competir? Si no se postuló, es porque no está calificada para competir.

—Souta me había dicho que su hermana en su momento fue la mejor, pero se alejó de la natación. Tú no la viste el viernes, pero te aseguro que es muy rápida, llegó al niño antes de que yo me diese cuenta.

—Habrá que verla entonces —Miroku no se confiaba demasiado, ya intuía que su amigo gustaba de aquella chica, pero al ser un poco tímido no intentaba siquiera acercarse, y ahora pensaba que utilizaba aquello como una excusa para acercarse a ella. Él mismo había visto a la muchacha y la verdad era muy menuda y no muy alta, por lo que no le convencía.

Inuyasha por otra parte sabía lo que había visto y reconocía el potencial que había en Kagome, quizás solo debía pulirse un poco pero sabía que era una pequeña joya. El hecho de que se sintiese un poco atraído hacia ella no era relevante en su decisión, se había basado en lo que había visto, pero eso no quitaba lo que había sentido al verla, no solo cuando nadaba sino luego, al tener su ropa mojada y siendo objeto de atención de muchos, tuvo la imponente necesidad de protegerla de esas miradas curiosas.

Se había sentido extrañamente celoso, lo que era bastante tonto e ilógico, apenas y conocía a la muchacha, habían hablado un par de veces, y aunque le parecía hermosa no entendía porque la sentía como suya.

Y eso sin añadir como se había sentido luego, cuando la vio llevando su suéter, y teniendo la seguridad que no llevaba nada debajo, aquello encendió una alarma en su cabeza y en otra parte de su cuerpo también. Agradeció que en esa noche Souta se mantuvo en silencio y no buscó ninguna clase de conversación, porque tuvo que recurrir a todo su autocontrol para no dirigirle la mirada más de lo necesario, y aun así al llegar a su casa necesitó una buena ducha fría para aliviar un poco de la tensión contenida.

Ahora esperaba que llegaran los chicos del entrenamiento y se sorprendió al ver llegar a Souta solo, el muchacho se le acercó y después de saludarlo le entregó una bolsa.

—Mi hermana dice que muchas gracias. —Sabía que le estaba devolviendo el suéter.

—¿Por qué no ha venido ella misma?

—Ella… estaba indispuesta.

Él pensó que de seguro estaba avergonzada y que por eso no había asistido. Le devolvió la bolsa a Souta.

—Dile que espero verla mañana.

—¿Mañana? No entrenamos hasta el miércoles…

—Quiero hablar de algo con ella.

—¿Acaso…?

—No digas nada y solo asegúrate que venga.

Souta asintió con energía, convencería a su hermana de asistir como sea, así el mismo tuviese que llevarla a rastras, si lo que pensaba era cierto entonces su hermana podría pasar a ser parte de equipo de Inuyasha y eso significaba que él, al igual que Kohaku, tendría permitido por lo menos ver los entrenamientos y eso era algo que no deseaba perderse.


Kagome no estaba muy segura de aquello, Souta había llegado la noche anterior y le había dicho que Inuyasha había pedido verla personalmente, la primera pregunta que le paso por la cabeza fue ¿Por qué? Durante la noche trató de imaginar la razón y lo que se le ocurrió era que quizá quisiera reprenderla por haberse lanzado de aquella manera a la piscina.

Tenía razón para hacerlo, primero se lanzó con una ropa que no era la adecuada y segundo no era parte de ningún equipo.

Pero esa no era la razón de su nerviosismo, si debía aceptar que cometió un error lo haría, pero lo que la ponía de verdad nerviosa era ver de nuevo a Inuyasha, y además tener que ella misma regresarle el suéter.

Pero allí estaba, en las puertas del club de natación. Entró y lo vio vacío, ya se había acostumbrado al bullicio general y los niños y jóvenes ir de un lado a otro, se sentía extraño.

—¡Hola! —escuchó una voz masculina, al voltear reconoció al chico de la coleta.

—Hola. Busco a Inuyasha, vine a entregarle esto —señaló la bolsa que llevaba.

—Sí, te está esperando, sígueme.

Ella lo siguió, pasaron cerca del área de los vestidores pero subieron unas escaleras, Miroku la acompañó hasta la mitad del pasillo.

—Está en la oficina que está a mano izquierda —le indicó para luego dar media vuelta.

—Espera, yo… —no término de hablar porque ya Miroku se había alejado.

Caminó el resto del trayecto y al llegar a la puerta tocó, escuchó un leve "Adelante", entonces entró en la oficina.

Lo primero que pudo notar era que no era una oficina normal, no había como tal un escritorio solo un mesón largo y estaba ubicado a un lateral llenó de diferentes documentos, y una computadora que parecía nadie querer usarla. Había un sillón bastante amplio en forma de "L" en el extremo opuesto del mesón, y justo al lado una pequeña nevera. En definitiva no parecía ser una oficina, en cambio era como una sala de juegos o de descanso.

Inuyasha estaba en cuclillas delante de la nevera, se levantó al verla no sin antes tomar una botella de agua.

—Hola —le saludó y creyó sentir un poco de nerviosismo en su voz—. Qué bueno que decidiste venir. Toma asiento —señaló el amplio sillón.

—Gracias por prestármelo —fue lo primero que salió de su boca sin siquiera moverse, y extendiendo la bolsa hacia él.

—Puedes quedártelo —él le ofreció una sonrisa, pero luego le esquivó la mirada con rapidez. ¿Era un chico tímido, acaso? Eso no se lo esperaba.

—No puedo hacer tal cosa.

—Está bien, quiero que lo tengas —escuchar eso la sorprendió aún más.

¿Él quería que se quedara con su suéter? ¿Ella? ¿Quién era prácticamente una desconocida? ¿Qué podía significar eso?

—Quería hablar contigo —dijo él e insistió en que se sentara, en esa ocasión lo hizo.

—Me disculpo por haber actuado de una forma tan imprudente, es solo que no podía dejar que… —comenzó a hablar con rapidez.

—Tranquila —la interrumpió—, no es por eso que quiero hablar contigo —calló un segundo—, bueno si, pero no es por lo que crees.

—¿Qué dices?

—No pienso reclamarte por haber ayudado al niño, te estoy agradecido de que lo hicieras, y creo que ya te lo había dicho.

Eso la sorprendió, y le hizo tener dudas acerca de la razón por la que él querría hablar con ella, si no era por regresarle el suéter o reñirla por lanzarse a la piscina ¿Qué podría ser?

—No fue gran cosa, cualquiera lo hubiese hecho —dijo para restarle importancia.

—Pero tú lo hiciste —él la miraba de una manera intensa y ella no pudo evitar sonrojarse.

—¿Por qué… querías hablar conmigo? —preguntó para desviar la atención a otro tema, mala idea porque él le dedicó una sonrisa radiante.

—Quería preguntarte si… —dudo un instante— no, quería pedirte que te unieras a nuestro equipo.

Esa petición la descoloco por completo ¿estaba oyendo bien? ¿Acaso ese chico se había vuelto loco? ¿Cómo le pedía eso a ella?

—¿Qué? No puedes estar hablando en serio —soltó una risa nerviosa.

—Claro que sí. Te vi nadar y lo supe, eres lo que nuestro equipo necesita —dijo con determinación.

—Yo… solo lo hice por salvar al niño, no soy una nadadora profesional.

—Estas a nada de serlo, créeme. Eres ágil y rápida, ¿practicabas estilo libre, cierto?

—¿Cómo…?

—Souta me dijo que estuviste en un club hace tiempo.

—A ese niño le gusta hablar. Escucha —habló ya un poco más calmada—, no sé lo que te haya dicho Souta, pero hace mucho no practico natación. He vuelto a ser una novata.

—No fue a una novata a la que vi nadar el viernes. Tienes lo que se necesita.

Ella suspiró al escucharlo, él parecía en verdad convencido de lo que decía, pero ella no se sentía del todo confiada. Si, recordaba lo que le solía decir su entrenador en aquel entonces, pero no pensaba que después de tanto tiempo alguien más se lo dijese.

—Escucha —Inuyasha volvió a hablar—, ven el jueves y danos una muestra. Sango, Miroku y yo te evaluaríamos, al igual que al resto de los voluntarios.

No supo si fue por la mirada que él le brindaba, o por la seguridad con la que había hablado al considerarla buena, o quizás porque muy profundamente quería hacerlo, pero terminó aceptando asistir para dar una demostración.


El jueves llegó e Inuyasha no podía evitar estar inquieto. Después de haber hablado con Kagome se había quedado pensando que quizás actuó de forma prematura, tal vez y había exagerado un poco lo que había visto, pero firmemente confiaba en no haberse equivocado.

Le había mentido al decirle que habían evaluado a los voluntarios, pero sabía que si no le hubiese dicho eso quizás ella no hubiese aceptado, por lo que era una pequeña mentira sin mayor relevancia.

Él y Miroku esperaban en las piscinas, mientras Sango y Kagome terminaban de cambiarse. Primero ella daría una demostración sola pero luego Miroku había insistido en que compitiera con ellos.

Cuando vio aparecer a Kagome con el traje de baño tragó con fuerza.

—Hey, que no se note que se te cae la baba —se burló su amigo.

—Cállate —murmuró antes de que las chicas los alcanzaran.

La razón por la que le había dicho a Kagome que se quedara con el suéter era porque él mismo no podía volver a usarlo al saber que ella lo había llevado sin usar ropa interior, eso hubiese sido demasiado, solo pensar en ello lo desconcentraba. Y si, era su suéter preferido, pero si lo admitía le quedaba mejor a ella.

Comenzaron a hacer una rutina de ejercicios y estiramientos durante un par de minutos, luego Kagome se posicionó en uno de los carriles y se preparó para saltar en cuanto Miroku dio la señal.

En esa ocasión no se sorprendió tanto al verla nadar porque se lo esperaba, pero le seguía pareciendo asombroso.

Kagome terminó la carrera y todo quedo en silencio, lo último que se escuchó fue el click cuando Miroku paró el cronometro.

—Wao —Miroku fue el primero en decir algo, y luego dirigió su vista al cronometro—. Un minuto con cinco segundos —dijo al ver el tiempo—, eso es…

—¡Grandioso! —gritó Sango con emoción, y se acercó a Kagome quien ya salía de la piscina— Eres una excelente nadadora.

—¿En serio? A mi entrenador no le hubiese gustado ese tiempo.

—¿Qué dices? Para no tener tanto tiempo sin practicar como me dijiste, es un tiempo perfecto —dijo Inuyasha.

—Y parece como si no te hubieses esforzado demasiado, es como si fuese algo natural en ti —añadió la castaña.

—Gracias —vio a Kagome ruborizarse ante los halagos.

—¿Cuál fue tu mejor tiempo? —preguntó Miroku con curiosidad.

—Cincuenta y cinco segundos —ante la respuesta se escucharon silbidos de asombro.

—Ahora vas contra nosotros —dijo Inuyasha y Miroku lo vio.

—No creo que sea necesario —dijo algo nervioso.

—Tú mismo lo pediste, así que a sus puestos.

Casi a regaña dientes fue hasta el carril, Sango le siguió con más emoción y Kagome volvió a estirarse antes de ponerse en posición, él se ubicó a su lado. Al estar todos listos saltaron a su señal, al no contar con más nadie no llevarían tiempo solo sabrían el orden en el que llegarían.

Inuyasha fue el primero en llegar y segundos después Kagome le dio alcance seguida muy de cerca por Miroku y Sango.

—Oficialmente estas en el equipo —dijo Inuyasha al ya haber salido y ofreciéndose a ayudar a Kagome a salir.

—¿Sin más pruebas?

—Es suficiente para mí, ¿ustedes chicos? —preguntó a Sango y Miroku.

—Eres nuestra mejor opción, y aunque buscásemos a alguien más hábil no lo conseguiríamos, y que supere a este grandulón menos que menos.

—Me encantará tenerte en el equipo, y sería increíble tener tu ayuda, se ve que eres buena con los niños —dijo Sango con sinceridad.

—Yo… —Kagome titubeó un poco, y vio a cada uno de los presentes para terminar ofreciéndoles una sonrisa— prometo dar lo mejor de mí.

Continuara.

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Hola, gente linda! Aquí les dejo esta segunda parte y terminándola justo a tiempo, por poco y no logro terminarla porque se extendía y extendía.

Algo que me di cuenta fue que el primer capítulo casi no utilice los diálogos y acá los puse como que mucho, espero no resulten tediosos.

¿Se esperaban algo de lo que paso? ¿O se han sorprendido? ¿Qué creen que pase ahora?

Muchas gracias a las personas que me leen! Y ahora pasare a responder de forma breve, por acá responderé los guest y el resto por privado les llegaran sus respuestas ;)

Esmeralda Figueroa: OMD! (Oh, my Dog) Gracias! Espero que esta parte te haya parecido igual de perfecta, y te agradezco por considerarme de tus favoritas

My baby girl: Jajajajajaja esa escena la hice solo para tu deleite Muuuak! Para Rin ya tengo preparado algo con cierto hermano mayor. 1313

Maritza: Todasnos meteríamos a nadir si él fuese el entrenador. Ya viste que si se lanzó al agua así hubiese sido por accidente y Inu sí que la vio!

De nuevo gracias a todos! Y nos leemos en una próxima actualización! Besos!