Tercera parte del regalo de Rinnu.
Capítulo 3
Cuando Kagome aceptó entrar en el equipo de natación, lo hizo dejándose llevar por algo más emocional y luego tuvo que comenzar a pensar. Aunque estaba emocionada con la idea de volver a nadar debía estar consciente que ya no sería como cuando iba en su adolescencia, ella sería la entrenadora y además participaría en una competencia con los mejores.
Por el momento lo que decidió fue pedir sus vacaciones en el trabajo y ver cómo le iba al dedicar todo su tiempo a estar en el club, durante las tres semanas que le tocaban podría ver como se desenvolvía y decidiría si era lo que quería realmente.
Dos semanas habían pasado y se sentía bastante segura de la decisión que tomaría. A ella le gustaba su trabajo y era buena haciéndolo, de eso no había duda, pero estar en el club la llenaba por completo, era la sensación de estar donde debía estar y haciendo lo que debía hacer, y eso era lo que le decía que quedarse allí era la decisión correcta.
Por lo que se dirigía a hablar con Inuyasha para decirle que ya podían inscribirse en la competencia, ella le había pedido tiempo para que se amoldara y que ella pudiese ver si se sentía lo suficientemente segura como para competir, y ahora que lo estaba debían inscribirse.
Ya con familiaridad fue hasta el primer piso para ir hasta la oficina de Inuyasha, al ver la puerta abierta no tocó y tan solo se dispuso a entrar, contuvo el aliento al haber dado un paso dentro, lo que veía la había dejado incapaz de respirar normalmente.
Inuyasha estaba de espaldas a ella sin nada más que los Yongtao que utilizaba para nadar, y tenía un trapeador en la mano; no es que no hubiese a Inuyasha sin camisa, pero lo que le causaba esa falta de aire, era estar ambos encerrados en la oficina, y si lo pensaba la luz le favorecía bastante porque sus músculos parecían querer reflejarse, por algún motivo en esa ocasión le parecía por completo diferente.
—Disculpa… yo… —por alguna razón no lograba articular bien, carraspeó para hacer salir su voz.
—Oh, Kagome —él se volvió a verla y ella pensó que eso no ayudaba, por alguna razón él tenía el pecho cubierto de agua—. Disculpa el desastre, me he echado el agua encima.
Él parecía estar avergonzado y en ese momento le pareció que se veía muy tierno, además de sexy.
—A todos nos pasa, ¿no? —su voz pareció volver— ¿te ayudo? —se ofreció con una sonrisa.
—Ya estoy por terminar, toma asiento —le señaló el sillón y ella se sentó.
Se quedó observándolo sin poder evitarlo, los músculos de su espalda se contraían un poco al momento que sus brazos se movían de un lado a otro, ¡ese hombre tenía una espalda de infarto! Sin duda alguna practicar el estilo de espalda había dado buenos frutos.
En cuanto él terminó de limpiar dejó el trapeador en una esquina que parecía estar destinada para eso, luego se dirigió hacia ella, caminaba directo en su dirección hasta detenerse al quedar justo delante, entonces se inclinó hacia ella, un brazo de él le rozó el hombro y Kagome se olvidó de respirar. Entonces él se alejó y lo vio ponerse su chaqueta roja.
Claro, se acercó a ella porque la chaqueta estaba en el espaldar del sillón y ella se sentó muy cerca, fue por eso; debía dejar de sentir esas mariposas revolotear como locas en su estómago.
—¿Querías decirme algo? —preguntó él sacándola de sus pensamientos.
—Eh, sí. Venía a decirte que podemos pasar a inscribirnos en la competencia cuando quieras.
—¿De verdad? ¿Qué pasara con tu trabajo? —Ella se encogió de hombros.
—He decidido que quiero darle una oportunidad a todo esto, es lo que realmente me gusta —le dijo con una sonrisa.
Lo que paso después sucedió tan rápido que apenas y pudo reaccionar. Inuyasha la levantó del sofá y luego la abrazó con fuerza alzándola del suelo, al dejarla de pie le sonrió, y allí en ese momento ella se sintió hipnotizada por esa sonrisa.
Estaban entrenando como solían hacerlo todas las mañanas desde que se inscribieron en la competencia hacía apenas una semana, Kagome mejoraba rápidamente, no dejaba de sorprenderlo, incluso le había dicho que en cuanto lograse perfeccionar el estilo libre quería aprender a practicar las demás técnicas, era una chica tenaz y eso le gustaba.
—Veo que te diste por vencido al esperarme para unirme a tu equipo —escuchó una voz familiar a su espalda, se volvió a saludarle.
—Bankotsu, que sorpresa verte aquí —se saludaron son un choque de manos.
—Escuche que tenías un nuevo integrante para el estilo libre, y quise venir a conocerlo. Espero que no sea un contrincante muy fuerte para mí —bromeó. Bankotsu era el número uno en lo que a estilo libre se trataba, nadie había logrado superarlo, aunque eso era porque Inuyasha no era su rival.
En una oportunidad compitieron de forma amistosa y Bankotsu se vio bastante cerca de perder, de Inuyasha practicar el estilo libre como principal técnica le habría ganado seguro.
—No lo será porque no te enfrentaras a ella.
—¿Una chica, eh? Osado. Esto se pone interesante —silbó de pronto.
—¿Por qué lo dices?
—Tu contra Kouga en espalda, y Ayame contra tu chica nueva en estilo libre. Les gusta competir en serio.
Inuyasha no había pensado en eso, pero ahora le aliviaba recordarlo, quizás al Kagome saber que competiría contra otra chica se sentiría más tranquila.
—¿Me permites ver qué tal se le da? —preguntó Bankotsu y él no vio el problema, después de todo no estaría mal saber la opinión de un experto en el estilo.
Se acercó hasta Kagome quien hablaba con Sango, la castaña al verlos acercarse interrumpió su conversación.
—Ban, que bueno verte. ¿Ha venido tu encantadora hermana contigo? —preguntó con cierta burla. Bankotsu se echó a reír.
—No, se ha quedado.
—Por suerte —susurró Inuyasha.
—Oh, Inuyasha no seas tan cruel, terminaras rompiendo su corazón —habló Miroku quien se había acercado al verlos hablar.
Kagome escuchaba todo sin comprender, ¿a la hermana de ese hombre le gustaba Inuyasha, y este la había rechazado?
—No se preocupen, Jakotsu tiene un corazón fuerte —dijo el hombre, al parecer le divertía bastante el asunto—. Y si no ha venido es porque está decidido a vencerte en la competencia, pero me encargare de darle tus saludos, eso le alegrara bastante.
La cara de terror que puso Inuyasha ocasiono risas en los tres, ella seguía sin comprender, ¿está decidido? ¿Acaso tenía un hermano gay y gustaba de Inuyasha? No le encontraba mayor sentido.
—Ya basta —dijo Inuyasha—. Están incomodando a Kagome.
—Oh, no, no se preocupen.
—Pronto te acostumbraras al humor negro —indicó Miroku, ya en una ocasión le había dicho que era inocente, y bueno no podían culparla, no estaba muy acostumbrada a relacionarse con hombres.
—Kagome, él es Bankotsu. Ban, ella es Kagome —Sango fue quien se ocupó en hacer las presentaciones.
El hombre moreno y alto, le ofreció una mano, ella respondió el saludo. El apretón fue leve pero firme. Debía decir que era un hombre bastante apuesto, de ojos grises que parecían esconder diversión, y de cuerpo bastante atlético.
—Bankotsu es uno de los mejores nadadores en cuanto a estilo libre se refiere —explicó Inuyasha. Oh, por eso tenía tan buen cuerpo.
—Soy el mejor —aclaró el moreno.
—Solo porque no compites contra mí —contraatacó Inuyasha. Al parecer esos dos se llevaban bastante bien, pensó Kagome—. Bankotsu quisiera verte nadar, Kagome —le indicó y ella no pudo evitar sentirse nerviosa, después de todo lo acababan de presentar como el mejor.
—Yo…
—Tranquila, no es una audición para las nacionales, solo veré si hay algo que mejorar.
Eso le parecía bien, la opinión de un experto era siempre valida, entonces aceptó y se preparó para realizar la demostración. Inuyasha daría la señal y Miroku, como siempre llevaría el tiempo.
Inuyasha no apartó la vista de Kagome mientras estuvo nadando, había mejorado de forma notable, nadaba con más seguridad, tenía un mes practicando con ellos y ya se notaban los cambios.
En cuanto Kagome terminó Miroku dio el tiempo, cinco segundos menos desde aquella primera práctica.
—No está mal —dijo Bankotsu al Kagome salir de la piscina—. Aunque para alcanzar a Ayame te falta un poco, nada que con un poco más de práctica no puedas lograr.
—¿Ayame? —preguntó con curiosidad.
—Será con quien te enfrentaras en la competencia, ¿Cómo no puedes saber de ella? Es de las mejores en estilo libre femenino —añadió Bankotsu como si fuese algo que todos deberían conocer.
—Yo…
—Kagome no estaba familiarizada con la natación —intervino Inuyasha.
—¿Qué? ¿Cómo puede ser así de buena?
—Practique natación desde niña hasta mi adolescencia, luego lo deje, hasta hace un mes que Inuyasha me pidió que me uniese al equipo —explicó, debía hablar y dejar que otros diesen las explicaciones por ella.
—Vaya, eso me sorprende más. Supongo que has encontrado una pequeña joya —le dijo a Inuyasha.
—Tuve suerte, luego de verla sabía que no podía dejarla escapar.
Kagome se sintió inquieta ante ese comentario, ¿con que se refería a no dejarla escapar? ¿Hablaba de hacerla formar parte del equipo? Si, debía ser por eso, él no tendría ninguna otra razón para decir algo como eso. Debía hacer calmar sus revolucionadas emociones.
Luego de un rato de seguir una conversación tranquila, Bankotsu le dijo a Inuyasha que nadaran un poco, necesitaba nadar con alguien que le diera batalla, eso le había dicho.
El ojidorado aceptó de buena gana y Bankotsu fue hasta los vestidores para cambiarse, al volver llevaba un bañador largo en color morado intenso con franjas en un tono más claro. Se le veía muy bien, se le notaba un poco más musculoso que a Inuyasha, principalmente en los brazos.
El moreno hizo algunos estiramientos antes de comenzar, y entonces Kagome se fijó que tenía algunos tatuajes, el más notorio era uno de un gran dragón, que comenzaba desde el pectoral derecho donde estaba la cabeza y una garra, y el resto del cuerpo le rodeaba todo el brazo derecho, por un momento el dragón se le pareció a Mushu, pero era mucho más bestial; el otro tatuaje que podía llegar a ver estaba en el brazo izquierdo, estaba a nivel del antebrazo y era una especie de cruz pero gruesa en el medio y puntiaguda en las esquinas.
Si era sincera, antes no le habían gustado los hombres con tatuajes, le parecían vulgares, pero al ver a ese hombre su pensamiento cambiaba, en él le parecía algo muy sexy.
Inuyasha y Bankotsu acordaron realizar los cuatro estilos, por lo que entraron a la piscina y se colocaron en posición, Miroku hizo sonar un timbre y salieron. Kagome se ocupó de ver el espectáculo, era algo fascinante, ambos hombres nadaban a la par, era difícil decir quién iba delante, en un segundo Inuyasha adelantaba y al otro Bankotsu lo pasaba. Era increíble verlos, iban en la tercera vuelta y no se les notaba cansados ni disminuían en velocidad, eran unos titanes en el agua. Ella estaba maravillada.
En cuanto terminaron fue difícil decir quien había llegado primero, Miroku fue quien explicó, dividiendo por rondas. La primera la ganó Inuyasha, la segunda Bankotsu, la tercera Inuyasha y la cuarta Bankotsu. Un empate bastante reñido, que ella no habría logrado notar, pero al parecer Miroku tenía una vista de águila para esos detalles.
Vio a los dos hombres salir de la piscina, y su atención se fue hasta Inuyasha. El cuerpo de Bankotsu podía llegar a ser más llamativo por los tatuajes, pero había algo en Inuyasha que no le dejaba apartar la vista, era magnético. Y en ese momento, sintió un poco de miedo, miedo de quizás haberse comenzado a enamorar de él.
Kagome estaba sentada en las bancas viendo como Inuyasha, Sango y Miroku practicaban. Inuyasha le había prohibido entrar a la piscina al menos por 48 horas.
El día anterior, durante las clases ella comenzó a sentirse un poco mal, le dolía la cabeza y un poco la garganta, aun con eso se obligó a terminar la faena, estaban llenos y los niños demandaban mucha atención. Pero su máscara duró hasta cuando Inuyasha los llevó a ella y a Souta a casa.
—Estas ardiendo en fiebre —dijo Inuyasha al tocar su frente. Una vez en el auto él había notado que ella no estaba del todo bien, y en cuanto paró en un semáforo comprobó su temperatura.
—Estoy bien —Kagome trató de restarle importancia.
Aun con eso al llegar a su destino él bajo de auto y lo rodeó, una vez que Kagome salió la tomó en brazos, sorprendiéndola. Le había dicho a Souta que se adelantara para que le abriese la puerta, su hermano lo hizo en un segundo. Aunque ella trató y le pidió a Inuyasha que la bajara, él hizo caso omiso, la llevó cargada hasta su casa.
Su madre al verlos se alarmó, ella intentó decirle que estaba bien pero Souta intervino diciendo que tenía fiebre; aun en ese punto Inuyasha no se decidía a bajarla. Kotomi dijo que debían recostarla y entonces ¡guió a Inuyasha hasta su habitación! Cuando ella se removió inquieta para evitar que él la llevara, o al menos convencerlo que podía dejarla en la puerta, Inuyasha la sujetó con más fuerza, apretándola más contra su pecho. Luego de eso estaba segura de que nada podría avergonzarla más.
Pensó que él se iría luego de dejarla, pero en lugar de eso comenzó a hablar con su madre para debatir que tratamiento se le daría. ¡Ella no era ninguna niña! Cuando iba a decírselos para aclarar todo, ambos salieron de la habitación. Al menos Inuyasha se iría y podría ahogarse sola en su vergüenza.
Comenzó a sentir mucha calor, quizás la pastilla que se había tomado mientras estaba en club comenzaba a hacer efecto, empezó a desvestirse, quizás un baño le ayudaría. Dejándose solo la panty se dispuso a buscar su pijama para dejarlo listo, le llevó tiempo conseguir uno que no fuese de conjunto largo, al por fin encontrarlo se volvió para dejarlo sobre la cama. Antes de poder darse cuenta la puerta se abrió.
—Te hemos preparado un té con limón y… —las palabras quedaron a medias.
Ella se quedó congelada viendo a quien estaba en la puerta. No podía estarle pasando eso, no con él. Su cuerpo se negó a reaccionar por un segundo, su respiración se había detenido y casi podía jurar que escuchaba el latido de su corazón. Cruzó su mirada con la ambarina, y luego él la bajó, y fue cuando ella saltó a la cama y se tiró boca abajo.
Cuan equivocada había estado al pensar que lo más vergonzoso era ser cargada en brazos por Inuyasha hasta su habitación, lo más vergonzoso era aquello. Que la tierra se abriera en ese justo momento y se la tragara.
Escuchó a Inuyasha caminar en la habitación, hasta la mesita de noche y dejar allí la taza de té. Él carraspeó y fue entonces que le dijo que no practicaría en los próximos días, luego se marchó dejándola con su vergüenza.
Se le había pasado por la cabeza no asistir al club, después de todo tenía la excusa de su malestar, pero no le agradaba la idea, se había acostumbrado a pasar todos los días por el club. De modo que se vistió y para su sorpresa su madre no le puso mayor reparo, tan solo le dijo que no se esforzara. Como cambiaban las cosas pensó. Cuando estaba en su otro trabajo y ella se sentía mal su madre le pedía que se quedase en casa y descansara, ahora en cambio la dejaba ir sin problema.
Al llegar al club se dio cuenta el porqué, al parecer su madre e Inuyasha habían hablado, y estaba claro que Inuyasha no la dejaría acercarse a la piscina. De modo que allí estaba, sentada en las bancas como una espectadora.
Al llegar le dijo a Inuyasha que si no la dejaba practicar le dejara ayudar con el papeleo que llevaba pendiente, ya había estado en su "oficina" y sabía lo mal que se organizaba, él aceptó con la condición de que no se esforzara demasiado.
Poco después de comenzar a ser parte del equipo supo que quien llevaba el control financiero del club era Inuyasha. Miroku le había contado que después de haber participado en varias competencias internacionales y ganarlas, había regresado a Japón y con el dinero que había ganado decidió formar el club, les pidió ayuda y tanto Sango como él aceptaron gustosos.
Cuando aceptó formar parte del club no pensó que el pago por ello sería tan alto, menos al saber lo que pagaba su madre por las clases de Souta, el Club de Inuyasha era el más económico en esa localidad, y era por eso que muchos padres buscaban inscribir allí a sus hijos, aunque ciertamente había escuchado comentarios que decían que llegaban porque les habían recomendado el club por su buen trabajo con los chicos. Ciertamente ella se sentía orgullosa de poder decir que era parte de ese equipo.
Estornudó con fuerza y se sorbió la nariz, lo que más le molestaba de esa molesta gripe era la alergia. Tomó lo que le quedaba de té y dejó la taza en la banca, Inuyasha se lo había preparado cuando ella salió de la oficina, y luego de medirle la temperatura, y aunque no tenía fiebre él insistió en que lo tomara. Tenía un sabor extraño pero no estaba del todo mal.
Debía admitir que era extraño ser consentida de esa forma por un chico, que alguien la cuidase de esa forma además de su madre; no sabía cómo sentirse, por un lado era agradable, pero por otro lado no quería armarse ideas en su cabeza, quizás Inuyasha era así incluso con Sango, y solo era un buen amigo.
Volvió a estornudar, y pensó que gracias al cielo no la atacó esa gripe la semana pasada. Habían ido a una revisión por parte de la competencia para asegurar que todo estaba bien con los participantes y que podían competir sin problemas. Ahora estaban oficialmente a un mes del gran día, y se sentía nerviosa pero bastante motivada.
Subió sus piernas a la banca y las abrazó, recargando su cabeza en sus brazos. Tenía puesto el suéter que Inuyasha le había dado, y aunque ya no tenía su olor era muy agradable el tacto que daba; se lo llevó por dos razones, hacia frio en las piscinas, ella no tenía suéteres tan abrigados y ese era bastante cómodo. Todavía podía recordar la cara de Inuyasha al verla con el suéter, se había sonrojado y luego le había preguntado cómo seguía, ella pensó que realmente era adorable, aunque ahora en la piscina se veía más sexy que adorable, con su torso al descubierto y deslizándose por el agua como el experto que era. Suspiró, podría verlo por horas sin cansarse.
Y allí en las mismas bancas desde donde lo vio por primera vez se dio cuenta de algo, en aquel momento solo le pareció un chico atractivo, pero ahora, tres meses después, le parecía mucho más que eso. Sabía que era divertido, un poco tímido, amable, y que se preocupaba por los demás, y todo eso le daba algo más que para catalogarlo como solo atractivo. Él era la clase de chico que cualquier mujer que lee novelas románticas quisiera poder conocer.
Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se dio que alguien se había acercado a ella.
—Si vas a mi club podrás ver a los mejores practicando, incluyéndome —levantó la cabeza y se volteó a ver a quien le hablaba.
Era un chico moreno, atractivo, llevaba una chaqueta deportiva en color marrón pero se le notaba que era alguien atlético.
—¿Disculpa?
Kagome bajo los pies de la banca para luego pararse, en ese momento el hombre aprovechó y le tomó ambas manos y con una inclinación se las besó. Eso la sorprendió bastante.
—Mi nombre es Kouga, y te invito a que dejes de ver a estos chicos y vengas conmigo —él hablaba sin soltarle las manos, y la verdad le incomodaba un poco.
—Yo soy Kagome, y tendré que rechazar tu oferta —le dijo retirando sus manos con sutileza.
Antes de que pudiese darse cuenta él volvió a tomarle de las manos acercándola a ella a su cuerpo, dejándola bastante cerca de su rostro. Él tenía unos hermosos ojos azules, eso debía admitirlo.
—Kagome es un hermoso nombre. Y me temo que insistiré, no puedo dejar que alguien tan hermosa se quede en este lugar.
¿Quién era ese sujeto, y por qué insistía en llevársela?
Inuyasha estaba terminando con una ronda cuando vio que un sujeto se acercó a Kagome, pronto se dio cuenta que se trataba de Kouga y se apresuró a secarse para llegar a ellos.
Había estado pendiente de Kagome durante todo el día, cuando estuvo en la oficina le daba una vuelta cada cierto tiempo y cuando bajó para sentarse en las bancas le echaba una mirada cada tanto, Miroku no dejaba de molestarlo diciéndole que ella no desaparecería así como así.
Desde que supo que ella estaba enferma se preocupó por su salud, bien, era solo un resfriado, pero le preocupada, ella despertaba ese instinto protector, quería asegurarse de que estuviese bien a toda costa.
La razón por la que había dejado que ella estuviese en el club era porque allí podía vigilarla, y asegurarse que no se esforzará más de lo debido. Además que le complacía poder verla, se había acostumbrado a tenerla en el equipo, Kagome trajo una motivación y entusiasmo que no sabía que le faltaban.
Con una toalla alrededor del cuello se acercó a donde estaba Kouga y Kagome, él seguía tomándole de las manos aunque ella en una oportunidad se había soltado.
—Aléjate de ella, lobo —gruñó al llegar hasta ellos y hacerlos separarse tomando a Kagome y rodeándola con sus brazos.
—Inuyasha —susurró ella en su pecho.
—¿Ustedes se conocen? —preguntó Kouga.
—Sí, y más te vale que te mantengas alejado de ella.
—¿Desde cuándo le hago caso a pulgosos? Ah, sí, desde nunca.
Antes de que Inuyasha pudiese responder Miroku se apresuró a intervenir. Sabía lo mal que se llevaban ese par, y si por casualidad Kouga pretendía cortejar a Kagome nada bueno podría resultar, Inuyasha saltaría a su yugular, por decirlo de alguna manera.
—Kouga, que sorpresa tenerte aquí ¿A que debemos tu visita? —preguntó para tratar de distraerlos.
—Supe que se inscribieron en la competencia, y quise pasar a ver quién era su nuevo integrante, ¿o es que acaso no participaran en relevos? —terminó preguntando divertido.
—Tendrás que esperar a la competencia para saberlo —se apresuró a decir Inuyasha, no quería que le dijesen que Kagome sería quien participaría, no después de cómo le había hablado. No quería que pensara que solo era alguien de su equipo.
—¿Y eso por qué? —quiso saber.
—No ha venido hoy a entrenar —secundó Miroku, y le agradeció, su amigo le conocía muy bien. Podía notar a Kagome inquieta entre sus brazos, al parecer quería hablar, le susurró al odio que estuviese tranquila y vio como Kouga los veía.
—Vaya competidor que has buscado entonces.
—De los mejores te lo aseguró. Tanto que no necesita entrenar todos los días —dijo Inuyasha con suficiencia.
Kagome no entendía nada, ¿Por qué le mentía a ese hombre? Como pudo se soltó del abrazo de Inuyasha, aunque resultara agradable no se le hacía fácil para sus locas hormonas.
En cuanto ella se apartó de Inuyasha el moreno volvió a tomarle de las manos.
—Mi propuesta sigue en pie —le dijo al instante.
—Ella no está disponible —gruñó Inuyasha.
—Ella misma me ha dicho que esta soltera, así que… —se encogió de hombros dando a entender el resto.
—Nada pasara, lobo. Ahora lárgate —habló interponiéndose entre Kagome y Kouga.
—Nos vemos pronto Kagome, no me rendiré —se despidió solo de ella y luego dio media vuelta para marcharse.
Kagome se sentía un tanto confusa ¿esos dos hombres casi habían peleado por ella? Eso era algo que no le había pasado antes.
—Iré a cambiarme para llevarte a casa —dijo Inuyasha sin voltearse a verla, ¿eran ideas suyas o se escuchaba molesto?
—Pero, aún es temprano —fue lo que logró decir, y no era mentira, tan solo eran las dos de la tarde.
—Necesitas descansar.
Iba a decir algo más, pero la mirada de Miroku la hizo callar. ¿Podría ser que Inuyasha estuviese celoso? Eso le sorprendía, pero también le causaba un poco de emoción.
Inuyasha estaba colérico, nunca le gustaba encontrarse con Kouga, pero ese encuentro había sido el peor de todos. ¿Por qué a ese lobo sarnoso se le había antojado poner sus ojos en Kagome?
Aquello que sentía era extraño, el sentimiento que lo atravesó al ver a Kouga tomando las manos de Kagome no lo había sentido antes, ¿aquello era lo que llamaban celos? Pero de ser así, entonces eso significaba que sentía algo por ella.
Y eso no era del todo falso, ya había admitido que le gustaba pasar tiempo con ella, y se preocupaba por su salud, además que la consideraba hermosa y atractiva, muy atractiva. De solo recordar la imagen de ella casi desnuda le hervía la sangre, la noche anterior no supo cómo pudo controlarse y lograr dejar el té sobre la mesa de noche estando ella a solo un palmo de distancia, sin tan solo hubiese estirado el brazo hubiese podido tocarla, pero se recriminó a sí mismo, ella estaba enferma y debía ser un caballero. Aunque eso no le ayudó en nada para disminuir la reacción de su cuerpo, por la cual tuvo que marcharse a toda prisa y luego recurrir a una ducha fría que no ayudó demasiado.
Y ahora pasaba aquello, y se demostraba que verla con otro hombre lo volvía loco.
Se dio prisa con el baño para poder cambiarse y llevar a Kagome a casa, y creer que había pensado que al tenerla allí en el club lo calmaría. Una vez listo fue hasta su oficina, había dejado sus cosas allí. Se sorprendió al encontrar a la chica esperándolo allí.
Kagome por sugerencia de Miroku y Sango había ido hasta la oficina de Inuyasha para esperarlo, el hombre le había dicho que quizás tendrían que hablar, y Sango lo secundó añadiendo que diese ella el primer paso. Eso último la había dejado un poco confusa.
Cuando lo vio llegar él se notaba bastante molesto. Ninguno de los dos dijo nada, él fue hasta el mesón y tomó las llaves del auto y su teléfono celular.
—Vamos —dijo de forma cortante, y ella no entendió porque se comportaba así.
Ella se levantó del mueble y se cruzó de brazos sin la intención de seguirlo.
—¿Hice algo malo? —preguntó.
—No, solo te llevare a casa porque necesitas descansar —ella no le creía ni una palabra.
—¿Y por eso estas molesto? —él no respondió— ¿o acaso es por Kouga? —se atrevió a preguntar. Miroku le había dicho que Kouga era el rival de Inuyasha, que siempre competían por todo.
Vio como él se tensó ante la mención de Kouga.
—¿Por qué le dijiste que eras soltera? —soltó la pregunta de pronto, eso era lo que más le había molestado.
Esa pregunta la tomó por sorpresa.
—Porque es la verdad —dijo sin entender, ¿Qué esperaba?
—Y ahora lo tendrás detrás de ti como lobo faldero —le dijo haciendo una mueca exasperada.
—¿Y eso te molesta? —se aventuró a preguntar.
—No, claro que no.
Ella quiso sonreír ante esa negativa, no parecía sincera en lo absoluto, pero se mantuvo firme. Si con lo que había dicho Sango significaba lo que ella creía debía mantenerse un poco más, solo para asegurar.
—Oh, qué bueno, porque dijo cosas bastante interesantes y me gustaría poder conocerlo —dijo como si tal cosa y en ese momento vio la expresión del chico cambiar totalmente.
Él la veía casi con miedo, parecía desvalido, y eso la conmovió. Quizás tenía una oportunidad.
—¿Te irías con el lobo? —preguntó en un susurro, había dejado de lado la fachada de hombre seguro.
—Bueno, tendría que pensarlo. Además, dicen que los lobos son mejores que los perros —respondió y la angustia de él pareció crecer.
—Bien. En ese caso te llevare a su club —él habló queriendo volver a su fachada, pero ella ya no le creía, ahora estaba segura, él estaba celoso. Lo vio darse la vuelta para salir de la oficina.
Kagome respiró profundo y pidió que no se equivocara en lo que estaba por hacer, se colocó la caperuza del suéter sobre la cabeza y llamó a Inuyasha. Él se negó a voltearse.
—¿Podrías voltear a verme? —pidió, y luego de lo que pareció una eternidad él lo hizo. La sorpresa en su rostro no se hizo esperar—. Creo que, en definitiva, prefiero a los perros, al menos a uno en específico —se confesó de esa forma y estaba segura que su cara debía estar tan roja como un tomate.
Inuyasha quedó paralizado ante las palabras de ella ¿estaba diciendo lo que creía que decía? La veía parada frente a él con su suéter con la caperuza puesta. Se aventuró a acercarse a ella.
—Tú… ¿no quieres al lobo? —preguntó con duda.
—Tonto ¿Cómo podría quererlo si apenas le conozco?
Ella le dijo tonto con una sonrisa en los labios, y eso hizo que se sintiera como un colegial. Se acercó más a ella y le rodeó la cintura con las manos, el color carmesí parecía ser el nuevo tono en el rostro de ella. Era hermosa.
—Estas roja ¿tienes fiebre? —quiso contener una sonrisa pero no lo logró. Apoyó su frente a la de ella—. No, no tienes fiebre.
Notaba como la respiración de ella parecía haberse detenido, y la de él no estaba muy estable que se diga. Entonces, sin poder contenerse más la besó. Ella tenía un sabor dulce como la miel, era embriagadora.
Kagome respondió al beso y luego se separó de golpe.
—No —se llevó las manos a los labios para cubrirlos.
—¿Qué sucede? —había pensado que ella quería aquello tanto como él.
—Vas a contagiarte de mí gripe —murmuró apenada. Él sonrió y la atrajo para abrazarla, era encantadora.
—Me encantara tomar ese riesgo —dijo antes de volver a besarla. Ya tenía mucho tiempo esperando por poder hacerlo.
Continuara.
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Hola, gente linda! Por andar durmiendo toda la tarde me retrase en la publicación, pero aquí estoy! Y con sensualidad por partida doble!
Creo que Kagome lo ha pasado un poco mal, en cuanto a pasar vergüenza se trata, ya la pobre no sabía qué hacer.
Les ha gustado la aparición de Bankotsu? En realidad él no iba a aparecer todavía, pero no me pude resistir, mi obsesión me llevo a ponerlo, y pues también porque he estado viendo a un chico muy sensual, musculoso y tatuado, quien fue mi motivación para describir a Ban. Espero les haya gustado tanto como a mí, ese hombre es un bombon!
Qué más? Ah! Ese final no fue muy apresurado, cierto? Ojala que no, eso tampoco estaba pensado (la verdad el capítulo se me fue de las manos), entonces no sabía muy bien como terminarlo, solo quería dejarlos bien.
Lo otro es que para el próximo capítulo se viene algo que quizás no esperen, algo así como una historia alterna, he pensado en quitarla pero simplemente no deja de dar vueltas en mi cabeza y tendré que ponerlo, solo espero que no les sorprenda de mala manera.
Si ha quedado algo pendiente o que no entiendan me dice, y tratare de resolver sus dudas.
Ahora paso a responder los guest, y luego el resto por MP.
Guest: Por qué fue? Yo creo que fue por no sentirse tentado.
Esmeralda Figueroa: Espero haberte vuelto a dejar con la boca abierta, era la intención de este capítulo. Este ha resultado un poco más largo por lo que espero lo hayas disfrutado más. Gracias por leer nena!
Maritza: Si jajajaja no podía ser otro, solo Shippou. Los entrenamiento van bien y el resto de las cosas también jajajaja Gracia por leer, amiga!
Ahora anuncio que quizás el próximo sea el último capítulo, aun no lo tengo claro porque no me dejan de llegar ideas locas que quiero poner, y no me defino por el final que quiero utilizar, así que todo puede pasar!
Gracias por leer! Nos leemos pronto!
