Chicas lindas! Cómo están? Espero que bien, bueno gracias a todas por seguir esta historia, por eso es que de repente me adelanto demasiado con los capitulitos de la historia. Ahora sí, les tendré que actualizar hasta el miércoles, sin mas, les dejo la continuación. Saludos y un gran abrazo psicológico.
~ 1 ~
-Parece que llegue tarde- escuchaste la voz de Ángelo que se acercaba a donde se encontraban tú y Dhoko –Maestro… acaban de barrer el suelo con usted
-Más respeto niño- escuchaste que le regaño, tú y Cáncer chocaron los puños
-Buen trabajo Ángelo- le felicitaste –sabía que podía contar contigo
-Siempre- te respondió -¿ese que esta tirado ahí es Poseidón?- pregunto haciendo referencia al dios de los mares, aun se encontraba desmayado
-Bueno, si me preguntan yo voy a decir que Dhoko lo mato- respondiste a modo de burla, aunque sabias que aún estaba vivo, solo estaba dormido
-Valla, pensé que sería más fuerte
-Yo también- le respondiste a Cáncer –pero Dhoko lo ataco con todo lo que tenía, aun así le dio hasta para llevar
-¡¿Qué paso aquí?!- escuchaste que grito Milo, sonreíste al verlo llegar
-Hola- le saludaste mientras se acercaba, ambos chocaron las manos –muchas gracias Milo... ¿Cuántos destruiste?
-Dos- te dijo orgulloso –aunque uno más difícil que él otro- te respondió, te acercaste y lo miraste
-Estas herido- le confirmaste
-Claro que no- te dijo, tú palmeaste su espalda y soltó un quejido –bueno, a la mejor un poco
-Solo nos falta encontrar el jarrón ese- comentaste mientras te acercabas a Dhoko -¿Cómo estás?
-Bien- te respondió a un agitado –será mejor que busques aquella Ánfora
-Muy bien… ¿y por dónde empezamos?- te pregunto Milo
-No, tú te quedas aquí…- miraste a Ángelo
-Yo no- te dijo –estoy bien, así que yo voy contigo
-Dhoko…
-También voy- te dijo
Aun te encontrabas discutiendo cuando sentiste una fuerte onda de energía que te arrojo a ti junto a los demás Caballeros. Te pusiste de pie y te diste cuenta de que Poseidón se encontraba de pie enojado, tus guardianes apenas se estaban poniendo de pie, estaban demasiado cansados.
De pronto viste un destello azul y de un momento a otro este destello se hizo grande, una enorme energía los golpeo a todos y los mando a estrellarse, no supiste con que se pegaron ellos pero tú te habías estrellado contra un pilar, el cual se estrelló. Caíste en el suelo estrepitosamente.
-Malditos humanos- escuchaste que les llamo -¿Cómo se atreven a poner sus sucias manos sobre mí?
-Qué fuerte- pensaste mientras tratabas de incorporarte
-¡Van a morir!- viste que alzo su Tridente, en eso viste algo, una haz de energía
-¡Excalibur!- escuchaste, te diste cuenta de que se trataba de Shura, este apenas se podía sostener en pie pues se encontraba demasiado cansado
-Otro humano que se atreve a alzar su mano contra el dios de los mares- dijo cansado Poseidón, Shura volvió a atacarlo con Excalibur, pero este al igual que el otro se estrelló contra una barrera invisible -¡Estúpido humano! ¡Muere!
-¡Cuidado Shura!- escuchaste que le grito Dhoko, Capricornio había esquivado aquel ataque por muy poco, había dado un salto pero detrás de él se encontraba Poseidón, este le dio una patada que lo mando a estrellarse contra un muro
-Esto lo vas a pagar caro- escuchaste que le dijo y apunto su Tridente hacia Capricornio, un rayo de energía azul golpeo a Shura, este destruyo parte de su armadura
-¡Shura!- le llamaste, lo viste caer de rodillas, parecía que se encontraba fuera de sí, Poseidón se acercó y acerco su mano cerca de su rostro, de ahí salió una energía que arrojo a Shura contra un pilar que se estrelló y de ahí contra la pared
Te quedaste petrificada, Poseidón era más poderoso de lo que habías imaginado. De pronto te diste cuenta de que Saga iba a atacar a Poseidón desde las alturas, estaba a punto de liberar su ataque de Explosión de Galaxias, pero solo quedo en eso, ya que Poseidón alzo su mano dejando a Saga suspendido en el aire, sin poder moverse, viste que sonrió, sabias de antemano que significaba esa sonrisa… de un momento a otro un rayo apareció en el Salón y se impactó en Saga, este dejo libre un grito de dolor y cayó al suelo derrotado con la mayor parte de su armadura destrozada.
-Quédate aquí- te ordeno Milo
-Nosotros nos haremos cargo- escuchaste decir a Ángelo
No respondiste, solo los viste correr en dirección hacia Poseidón, ambos atacaron con sus mejores armas, Ángelo con sus Ondas Infernarles y Milo con sus Agujas Escarlatas, al mismo tiempo Shura se incluyó al ataque con su Excalibur y Saga con su Explosión de Galaxias. Un gran choque de energía se centró en donde estaba Poseidón, una fuerte luz se comenzó a formar y cuando te diste cuenta Dhoko estaba a lado tuyo convocando sus Cien Dragones.
De un momento a otro, aquella energía disminuyo para después desaparecer por completo, una onda fuerte se dejó sentir, los Caballeros se encontraban de pie, cada uno de ellos agitados, demasiado cansados por sus anteriores batallas.
-¿Qué?- susurro Milo
-Imposible- le acompaño Shura, frente a ellos se encontraba Poseidón, aun de pie, sin ningún rasguño
-Esto es lo último que van a hacer en su vida- escuchaste que les dijo –porque van a morir- viste que alzo su tridente, 5 columnas de energía aparecieron encima de ellos, una descarga se dejó sentir, tan fuerte había sido que se escuchó un gran rugido y sentiste incluso que el lugar tembló
Corriste hacia el caballero que más cerca estaba de ti, Milo se encontraba desmayado, al igual que el resto herido y con su armadura destrozada. Todos se encontraban iguales o peor que el Escorpión dorado. Lo acunaste contra tu cuerpo, separando algunos de sus mechones que tenía sobre su rostro. Levantaste tu mirada hacia Poseidón, que se alzaba orgulloso y majestuoso, mirando burlonamente a aquellos humanos que ahora se encontraban inconscientes. Ahora lo sabias, era diferente a Apolo, el hombre… la rencarnación que se encontraba frente a ti era un dios por completo, nunca habías visto a alguien con ese poder, recordaste que Camus había podido llevar un buen combate contra Apolo, incluso hasta tu pudiste llevar una pelea contra él; pero contra Poseidón, estabas comenzando a dudar.
Dejaste el cuerpo de Milo de nuevo el suelo muy delicadamente, sin lastimarlo más de lo que ya estaba. Te pusiste de pie y caminaste hasta donde se encontraba Dhoko, este se encontraba respirando agitadamente, le palmeaste muy suavemente el rostro, apenas abrió los ojos, te sonrió. Él ya sabía lo que ibas a pedir, alzo con mucha fuerza su brazo y en su mano apareció un destello, te entrego la pequeña estatua de Athena. La tomaste y le agradeciste.
-¿Piensas que con eso me vas a derrotar?- te pregunto burlón mientras se encaminaba hacia el trono, viste que la pared que se encontraba detrás de ese asiento se elevó.
Poseidón camino hacia el exterior que daba aquella salida, tú lo seguiste aunque te detuviste cuando llegaste a estar al lado de aquel trono, lo miraste detalladamente… un trono de concreto con demasiados adornos marinos esculpidos en él. Desviaste la mirada hacia atrás, aun se encontraban desmayados, ya después te ocuparías de ellos; ahora lo esencial: Poseidón.
El lugar en el que se encontraban era parecido a un gran patio, en las orillas había algunos pasillos que llevaban a otros lados, frente a ti se podía ver el Gran Pilar Central, aun mas grande, más majestuoso y orgulloso… seria demasiado difícil para los Caballeros que ahora se encontraban en el quinto sueño, era tu turno… pero había un inconveniente… no poseías una armadura y lo más importante no poseías un arma de la Armadura de Libra.
-Está muy lejos- pensaste, frente a ti, a unos metros se encontraba Poseidón, su capa se encontraba ondeando ligeramente
-¿Qué vas a hacer Athena?- te pregunto sacándote de tus pensamientos –ya no tienes guerreros que te protejan
-Estamos en las mismas Poseidón- respondiste seria, ya no podías tomarte esa plática tan a la ligera –solo quedamos tu y yo
-No Athena- te dijo mientras giraba para quedar frente a ti –estas muy equivocada… solo quedo yo
-Eso lo veremos- le comentaste, apretaste fuertemente la pequeña estatua, no sabías como usarla –Te lo diré por última vez… Ríndete
Poseidón rio ante tu orden, como lo había hecho momentos atrás, antes de derrotar a todos tus caballeros. Viste que te apunto con su tridente, un destello azul se dejó ver en la punta, sabias lo que venía… el ataque de agua torrencial electrificada… pero de algo estabas segura… no ibas a escapar, ya no más. Así que alzaste tu brazo derecho apretando aún más aquella estatua y la colocaste frente a ti, encendiste tu Cosmo, Poseidón libero el ataque, pero este no te toco, al contrario… se dividió en dos pasando a tus lados.
-Bien hecho bella Athena- te felicito Poseidón –espero que en esta ocasión si me puedas dar una batalla digna de una diosa como tu
-Basta Poseidón- le pediste, sabias de antemano que si pelean él saldría vencedor –no tenemos por qué llegar a esto, solo ríndete
-Para eso tendrás que vencerme querida mía- te respondió
-Tú así lo pediste- mencionaste
Todo paso en un momento, Poseidón te ataco de nuevo con un ataque que no esperabas y fuiste envuelta en un resplandor blanco, lo último que viste antes de que tu vista se cegara fue la pequeña estatua suspendida frente a ti.
.
~ 2 ~
.
Parpadeaste unas veces, tratando de acostumbrarte de nuevo a la claridad del sitio, lo que primero que viste fue el Cetro de Niké, lo tomaste y te diste cuenta de que tu mano se encontraba revestida de un metal, seguiste con tu mirada y te diste cuenta de que no solo era tu brazo derecho, el otro estaba igual, tu pecho, piernas… tocaste tu cabeza topándote con algo duro, un casco.
Sentías que pesaba demasiado… miraste que Poseidón se encontraba sorprendido, después de todo, no estabas tan perdida, pero…
-¡¿Por qué tenía que ser un maldito vestido?!- exclamaste observando la parte baja que cubría desde tu cadera hasta los tobillos.
-Bien hecho Athena- te llamo Poseidón –estamos en las mismas condiciones,- desviaste la mirada hacia él que sonreía burlonamente –debes de agradecer que tu armadura divina sagrada te ha salvado
-Cállate- le ordenaste mientras lo apuntabas con Niké –ultima oportunidad Poseidón, ríndete si no quieres morir
-Athena, prepárate a pelear…- te dijo y se lanzó contra
Alzo su Tridente con la intención de golpearte con el, pero usaste a Niké para cubrir ese golpe, lo único que se escucho fue el choque de ambas armas, Poseidón era demasiado fuerte, ahora si eras digna testigo de eso. El peso del dios de los mares te gano y te lanzo hacia el suelo. De nuevo te intento golpear con el Tridente pero te hiciste a un lado, aunque la falda de ese vestido te impedía muchos movimientos, demasiado tieso como para poder moverte libremente. De nuevo detuviste el Tridente con la ayuda de Niké, se te dificulto mucho pero alejaste a Poseidón de ti con una patada.
-¿Qué paso Poseidón?- preguntaste mientras tratabas de ponerte de pie, pero la armadura no te ayudaba mucho -¿no que nadie puede tocar a un dios?
-No un humano- te dijo –pero si un dios… aunque sea una de tan baja categoría
-Idiota- susurraste
Poseidón se abalanzó contra ti, aunque en esta ocasión no te iba a tomar desprevenida, alzaste tu barrera dorada la cual alejo al dios del mar de ti, pero eso solo fue el inicio, ya que Poseidón blandió su Tridente y deshizo tu escudo, después de eso te golpeo con su arma y te lanzo contra el suelo, tu casco cayó, de nuevo se abalanzo contra ti y detuviste de nuevo el golpe del Tridente con Niké. Le diste otra patada pero esta vez Poseidón lo esquivo y azoto su arma en el suelo, esta vez la descarga eléctrica no la sentiste tan fuerte, gracias a la armadura, pero Poseidón no se dio satisfecho con eso, pues te dio una fuerte patada en tu vientre que te mando a rodar unos metros, esta vez tuviste que detener el Tridente con tus manos, apenas quedo a unos centímetros de tu rostro, lo alejaste con mucho esfuerzo hacia el lado izquierdo de nuevo trataste de hacer que se cayera con ayuda de una de tus piernas pero era imposible.
-¡Muere Athena!- te dijo mientras de nuevo clavaba el tridente, pero en esta ocasión este se quedó clavado en el suelo
-¿Por qué un vestido? ¿Por qué no una como la de los chicos?- pensabas mientras te alejabas gateando lo más rápido para tomar a Niké, sentiste que Poseidón te detuvo jalándote la trenza– ¡Déjame! ¡Suéltame!
-Que hermoso cabello Athena- te dijo a modo de burla, tu hacías todo lo posible para liberarte –debe de ser tu orgullo... se dice que el cabello de una mujer es lo mas preciado que tienen… ¿será cierto?
-¡Que me sueltes!- ordenaste de nuevo y trataste de golpearlo pero era imposible
-Si quieres que te suelte… esta bien- de pronto sentiste que la tensión se liberaba y caíste al suelo –Guardare esto como un trofeo sobre mi victoria contra la diosa Athena- no supiste porque pero llevaste una de tus manos hacia tu cabello, tomaste la trenza y comenzaste deslizar tu mano
-¡No!- pensaste y pasaste tu cabello sobre tus hombros… Poseidón si te había liberado, pero había cortado tu cabello
-¡¿Qué pasa Athena? Te volverá a crecer- te dijo burlonamente, te pusiste de pie con mucha dificultad y tomaste el cetro que se encontraba tirado, apenas y podías mover los brazos, las anchas hombreras te limitaban
-Sabes Poseidón… ¿Sabes cuánto tiempo paso para tenerlo así?- le preguntaste mientras él solo sonreía -¡No lo había cortado desde que tenía 16!
-Como te dije, te volverá a crecer- te dijo y te dio la espalda.
Aprovechaste eso para apuntar a Niké hacia su persona, de un momento a otro este comenzó a iluminarse y un rayo de energía blanca salió disparado contra el dios de los mares. Pero esto no lo tomo desprevenido, pues se dio la media vuelta de inmediato y con la ayuda de su Tridente bloqueo aquel ataque, pasando solo a sus lados.
Después de eso sentiste ese Tridente en tu abdomen, fue un fuerte golpe, el cual te hizo doblarte un poco, después de eso te dio un golpe con su antebrazo en tu rostro, de nuevo caíste al piso, no tardaste ni un momento para dirigirle la mirada, Poseidón se encontraba frente a ti, con su Tridente en lo alto, lo dejo caer contra tu persona, este atravesó la falda de tu armadura, aun así paso en medio de tus piernas, lastimando tu muslo interior izquierdo, lo habías visto muy cerca. Lo saco de ahí, ahora lo iba a enterrar en tu cuerpo… pero ahí quedo, solo suspendido y elevado en lo alto por su dios, pues unos pasos acercándose a donde se encontraban los distrajeron. Desviaron la vista, de aquella sala donde se encontraba Poseidón se acercaba alguien… tu sentiste que los colores de tu rostro te habían abandonado y Poseidón sonrió.
-De entre todos, siempre supe que serias el único en sobrevivir… Dragón Marino
-Señor- le llamo Kanon, este se encontraba demasiado serio –permítame encargarme personalmente de Athena
-¿De verdad?- le pregunto cuando se detuvo a unos metros de ustedes, Kanon no respondió –esta bien, me has mostrado tu lealtad una y otra vez, pensé por un momento que servirías a esta niña- dijo mientras te veía –veras Athena, cambio un poco cuando te conoció, pero…- comenzó a caminar hacia otro lado, dándote la espalda –mátala Dragón Marino
-Kanon… no- le susurraste cuando lo viste frente a ti –por favor no, Kanon…
Lo viste que alzo su mano y te apunto, esta se comenzó a iluminar. Sin duda alguna, Kanon estaba preparando el ataque, pero este desapareció de un momento a otro y se colocó frente a Poseidón, impidiéndole el paso y libero su Explosión de Galaxias contra él. Fue un ataque muy poderoso, jamás te había pasado por la cabeza que fuera tan poderoso, tanto como lo era su hermano mayor.
-¡Corre Kanon!- le gritaste pues sabias que no le había hecho nada a Poseidón, viste como salió disparado contra una columna la cual se despedazo
-¡Imbécil!- escuchaste que le dijo el dios de los mares mientras se encaminaba hacia donde él estaba -¡¿Te atreves a desafiarme?! ¡¿A mí, a tu dios?!
-Déjalo en paz Poseidón- le dijiste mientras te ponías de pie, la herida te ardía pero no te limitaba –esto es entre tú y yo, deja a Kanon fuera de esto
-¡Cállate!- te ordeno para aparecer frente a ti, trato de golpearte con su puño, pero tus reflejos hicieron acto de presencia, pues lo detuviste con tu mano
-Entonces déjalo- le volviste a ordenar –él pertenece a mi orden, no a la tuya
Después de eso, te empujo hacia el suelo, otra vez… Kanon trato de aprovechar esa distracción pero no le había servido de nada, pues sus golpes no estaban siquiera cerca de impactar a Poseidón, este se cansó de la actitud del Dragón Marino, no iba a permitir que este le echara a perder sus planes, iba a tomar la vida de Athena y no iba a dejar que nadie interviniera.
El mismo impacto que habían recibido tus Caballeros lo había recibido Kanon, este despedazo por completo toda la Escama Dorada, Kanon cayó al suelo, pero al menos este parecía que había resistido aquel ataque, pues aun trataba de incorporarse para seguir peleando
-El primero en morir serás tú Kanon, Dragón Marino- le dijo Poseidón, antes de que lo lastimara extendiste tu mano invocando un fuerte rayo de energía que impacto en Poseidón, aunque no con la fuerza que esperabas -¡Athena!
-¡Te dije que lo dejaras fuera de esto!- le comentaste haciendo elevar tu Cosmo al máximo, sin quererlo el Cosmo de Kanon reacciono al tuyo -¿Kanon?- susurraste
-Traidor- le llamo Poseidón y cuando estuvo a punto de golpearlo con el Tridente un destello dorado se interpuso -¿Una armadura?
-La Armadura Dorada de Géminis, ignorante- le corregiste mientras te ponías de pie, tratando de quitarte la falda o las hombreras, pero era imposible –te lo dije antes Poseidón, que Kanon es un Caballero, no una sardina- miraste a Kanon que apenas se sostenía en pie- vamos Kanon, demuestra que eres un Caballero
.
~ 3 ~
.
Kanon volvió a encender su Cosmo y viste como su cuerpo lastimado ahora se encontraba cubierto de nuevo por la armadura de Géminis, sonreíste, sabias que no era un traidor, solo estaba confundido. Pero eso no le había parecido a Poseidón pues libero su energía haciendo que una onda se esparciera por el sitio, saliste disparada ante aquella muestra de poder, ya sentías que ibas a pegarte con algo, pero jamás llego el golpe, al contrario, sentías que detrás de ti había alguien, desviaste la mirada… Kanon te sostenía por tus hombros, evitando que salieras lastimada.
-Valla, así que ya decidiste- escuchaste que les hablo Poseidón
-Quédate aquí Athena, yo me encargo- te dijo mientras comenzaba a caminar para enfrentarse a Poseidón
-Aun no aprendes Kanon- le dijo –sabes mejor que nadie que no puedes tocar a un dios
-Eso lo veremos
-Aun lado Kanon- le ordenaste mientras atacabas al dios del mar con Niké, el cual había desprendido varias flechas doradas
-¡Tonta!- te grito, pero en ese momento recibió un fuerte golpe por parte de Kanon que lo mando unos metros lejos de ti -¡Idiota!
-Tal vez un humano no te pueda tocar- le comentaste –pero mientras te distraiga, Kanon puede derrotarte- miraste al Géminis menor –bien Kanon… tenemos que acabar con esto –ordenaste
Él no te respondió pero asintió a tu orden. En esta ocasión Poseidón dirigió su ataque hacia Kanon, pero no lo ibas a dejar, cuando lo acorralo agitaste a Niké para que del suelo saliera aquel rayo de energía dorada, el dios del mar lo esquivo pero Kanon no tardo en atacarlo. Si no podías pelear, al menos le ibas a dar la ventaja a tu aliado, el cual parecía que no iba a durar mucho, pues se encontraba lastimado. De pronto Poseidón invoco varios tornado que se formaron a su alrededor, no había por donde escapar, los envió contra ambos.
Trataste de ponerte de pie, pero ese tornado había sido demasiado. Sentiste que estabas a punto de ahogarte, pues te había encerrado en él. Sacudiste tu cabeza para poder recuperarte, antes siquiera de saber en que parte de ese patio te encontrabas sentiste una fuerte patada la cual te hizo rodar un poco, Poseidón se acerco a ti, elevando su Tridente a lo mas alto… esta arma comenzó a emitir un brillo azul, sentiste que esa cosa tenia vida propia; pero no paso nada, pues bajo su mano y te alzo a ti, te arrojo hacia el otro extremo… lo suficiente para arrojar aquella arma, cerraste los ojos y sentiste una punzada en la parte inferior izquierda de tu vientre. Caíste al suelo y un peso extra cayó encima de ti
-¡Kanon!- le llamaste mientras lo quitaba y veías lo lastimado que se encontraba
-Athena- te llamo mientras un fino hilo de sangre nacía de sus labios -¿estás bien?
-¿Pero qué hiciste?- le reclamaste mientras pensabas en como quitar aquel tridente que se encontraba incrustado en su cuerpo –Tranquilo, yo te voy a ayudar Kanon… no debiste haberte metido, no debiste
-Perdón- te dijo –no quería traicionarla, pero no podía quedarme…
-Cállate Kanon, tengo cosas más importantes que hacer… como sacar esta cosa- le dijiste mientras comenzabas a emanar Cosmo con tu mano izquierda y comenzabas a retirar aquella arma –después hablamos
-Es lo menos… que podía… hacer- te dijo entre cortadamente
Apenas le ibas a responder cuando aquel chorro de agua torrencial impacto sobre ti y te alejo de Kanon. Poseidón se acercó a Kanon y le retiro el Tridente sin delicadeza alguna. Te pusiste de pie, ahora si Poseidón se había pasado de la raya. Así que sin más, comenzaste a acercarte a él. Ibas decidida.
-Vamos Athena- te dijo mientras se acercaba a ti –muéstrame lo que sabes hacer
-Oblígame a hacerte daño- le respondiste de un momento a otro Niké apareció en tus manos y comenzaste a pelear.
Poseidón de nuevo te quiso golpear con su agua torrencial, levantaste tu muro cristal, esta vez soporto el ataque, lo deshiciste y agitaste a Niké, de este salió un ataque que partió el suelo y se impactó en el cuerpo del dios del mar, apenas se puso de pie y de nuevo le atacaste con la misma combinación.
Apareció atrás de ti, de un golpe te mando al suelo, pero en esta ocasión te pusiste de pie de inmediato, trataste de golpearlo con tu cetro pero en esta ocasión fue él quien se defendió del golpe con el suyo. Te alejo de él con una patada, pero esta vez soportaste y no caíste al suelo, solo una punzada de dolor, no te había dado aquel Tridente, pero apenas había tocado su cuerpo, pues había atravesado el de Kanon.
Cuando estuvo a punto de volver a atacarte un resplandor verde se había hecho presente, detrás de él se encontraba Dhoko, quien se encontraba lastimado, demasiado agitado.
-Valla, aun vives- le dijo sin importancia –no tienes armadura, no te puedes mantener en pie- pues en ese momento Dhoko cayo de rodillas al suelo –no tienes poder y aun así… quieres pelear contra mi
-Te venceré- le digo Saga quien se encontraba a lado de Kanon –y créeme Poseidón, que lo hare con mi propia vida si es necesario
-Vengan todos de una vez- ordeno Poseidón
De un momento a otro, los caballeros que se encontraban caídos estaban rodeando a Poseidón, dejándolo incapaz de escapar, pero parecía que eso a él no le importaba mucho, incluso tu decidiste pelear junto a ellos, no te ibas a quedar solo a ver cuándo Kanon se encontraba de pie, ignorando su herida, dispuesto a pelear. Activaste una vez tu Cosmo, enfocándolo en todos tus compañeros de lucha, estos de inmediato se vieron rodeados de un aura blanca al igual que tu, Poseidón te vio y negó con la cabeza.
-¡Contra él!- ordenaste y de un momento a otros, todos se abalanzaron contra el dios de los mares, cada uno invocando su técnica mas poderosa, pero todas estas fueron incapaces de hacerle algo, pues no lo tocaban, pero hubo una que lo hizo moverse a otro lado, tu rayo dorado.
Todos se dieron cuenta, así que te dejaron de nuevo que atacaras primero para poder acercarse y darle un golpe, después de Kanon el segundo en tocar al dios fue Dhoko, quien con una buena patada envió a volar a Poseidón, atacaste con las flechas que despedía el cetro y ahora fue el turno de ambos gemelos, la unión de la Explosión de Galaxias era terriblemente poderosa. Invocaste el muro para cubrirte de un golpe de tu enemigo y de nuevo aquel haz de luz lo golpeo, en esta ocasión Milo fue capaz de asestar algunas Agujas Escarlatas y Shura lo golpeo con su Danza de Excalibur, cuando Poseidón iba a golpearlos lo atacaste con una pequeña bola de energía que habías formado en la palma de tus manos y después Ángelo lo remato con su Agujero Negro y Dhoko con sus Cien Dragones.
Todos, incluida tú se encontraban respirando agitadamente. Habían usado todo su poder al máximo, tu Cosmo aun rodeaba a los caballeros, Poseidón se encontraba de pie, esperando a ver cuál sería su próximo movimiento. De nuevo los ataco con aquel rayo de poder que los había dejado anteriormente desmayados, en esta ocasión sentiste la descarga muy fuerte, la armadura de todos término por destruirse, la tuya aún se conservaba, apenas con algunos rasguños.
Sin duda alguna sabias que era su ataque más poderoso. Respirabas agitadamente, ya no sabías que más hacer, era un pelea de 7 contra un solo oponente…
-Y aun así… está barriendo el suelo con nosotros- pensabas, sentiste que eras elevada, Poseidón te tomo del cuello aprisionándote, tratabas de libértate pero este aumento la presión –Suéltame- pediste, pero tu voz sonaba cansada
-Escúchame bien Athena- te dijo sin soltarte –si me ruegas de rodillas por tu vida, te salvare, te convertirás en mi sirvienta y a cambio de eso vivirás…- sonrió arrogantemente -¿Qué me dices?
-Muérete maldito- le deseaste, el rio como si le hubieras contado un chiste, te dejo caer al suelo para tomarte de tus cabellos y obligarte a mirar a tus Caballeros
-¡Míralos Athena!- te dijo –están acabados, incluso el maldito traidor- te obligo a ver a Kanon, que al igual que los otros estaba profundamente dormido
-Jamás Poseidón- respondiste –vine para encerrarte y es lo que voy a hacer
-Si así lo quieres- te respondió, empujo tu rostro contra el piso y te golpeaste duramente, después sentiste una patada –Pero seré misericordioso contigo, solo porque eres mujer- escuchaste que te dijo –te daré 15 minutos para que lo pienses mejor, cuando tengas la respuesta… te esperare allá- apunto hacia el Pilar Central, tratabas de respirar, pues el golpe lo habías sentido mucho –cuando vayas a decirme que aceptas ser mi sirvienta lo haces de rodillas
.
.
Las lágrimas corrían por tu rostro, no eran dolor, no eran por tristeza mucho menos porque estaban barriendo el suelo contigo… eran de rabia y de impotencia, porque simplemente te estaban humillando de la peor forma. No solo a ti, sino también a tus amigos de batalla… aun te encontrabas acostada bocabajo, aprovechando que ellos estaban inconscientes, no iban a ver el estado tan lamentable en el que te encontrabas… golpeaste el suelo con tu mano, tratando de liberar la tensión y coraje que tenías… tomaste tu cabeza entre tus manos, comenzaste a respirar tranquilamente para calmarte, te sentaste y limpiaste las lágrimas que habías derramado.
Buscaste y por fin encontraste como deshacerte de las hombreras que tanto problema te daban, las dejaste en el suelo y comenzaste a mover los hombros para desentumirlos. La protección de tus brazos llegaban un poco mas arriba de tus codos, los moviste, no había problema con ellos. Liberaste tu cabello de aquella coleta, al fin y al cabo ya estabas despeinada. Sentiste que ademas de cortos, tu cabello había quedado disparejo. Dejaste salir un suspiro… ahora veías bien aquella armadura… totalmente dorada ademas de exuberante. Negaste con la cabeza, esa cosa en lugar de ayudarte te estaba dificultando las cosas, desviaste la mirada hacia el Pilar Central… te pusiste de pie y comenzaste a caminar hacia Poseidón…
.
.
La respuesta a la adivinanza era que el hombre era un paracaidista pero como no abrió la mochila pues paso a mejor vida, la maleta era el paracaídas que no se abrió. Aquí la otra…. ¿Qué es algo que sube y nunca baja?
