Chicas, el último capítulo de esta semana. Díganme chicas ¿les gusta cómo se está desarrollando la historia? ¿ya adivinaron quien fue el galan elegido? Lo sé, a veces pongo cosas tan obvias pero espero que no se hayan decepcionado con el galan que les toco ;)

Pasando a otro plano, les dejo la continuación de la historia, disfrútenla y nos vemos el miércoles, les mando un gran abrazo estrangulador y muchos besos, nos vemos en el que sigue.


~ 1 ~

Comenzaste a seguir a ese hombre por todos los pasillos, con tus manos ibas acomodando tus cabellos pues se te habían alborotado un poco. Que poca… delicadeza el de esos hombres, dejaste salir un suspiro, de nuevo te habían secuestrado… habías peleando contra uno de los dioses más poderosos, le habías dado la golpiza de su vida, pero no habías podido deshacerte de un simple mortal… no lo podías creer, estabas para llorar.

Ahora sí, estabas en Australia… Sabrán los dioses que idioma se manejaba ahí, bueno si lo sabias, que no lo recordabas era otra historia. Pero bueno, continuaste siguiendo a aquel hombre que te llevo directo hacia un jardín, lleno de rosales, arbustos y árboles frutales que se mostraban en todo su esplendor. Acostado en el pasto se encontraba aquel niño que te había visitado en tu Santuario y con él se encontraba Joshua, al que ya le tenías puesto el ojo, porque te iba a pagar el hecho de haberte puesto una mano encima.

-Señor- le llamo Lyndal –su hermana se ha despertado

-¡Athena!- te llamo feliz mientras se ponía de pie y te abrazaba fuertemente la cintura pues apenas te alcanzaba esa parte –Que bueno que ya despertaste

-Gracias- respondiste seriamente

-¿Estas enojada?- te pregunto inocentemente

-Digamos que no fue una buena idea traerme a la fuerza- respondiste -¿Qué no te enseñaron que primero se pregunta?

-Pero yo te quería conmigo- te dijo algo apenado

-Bueno ya que- le comentaste

-¿Ya no estas enojada?- te pregunto y tú negaste -¡Viva! ¡mi hermana no esta enojada!- grito mientras daba brincos en el lugar

-Tengo que salir de aquí sin que se desate una batalla- pensaste mientras veías al niño feliz de la vida –a pesar de que es un niño debo de tener mucho cuidado, Shion recalco que es peligroso por no saber manejar su poder- seguiste pensando

-¡Hermana!- te grito y saliste de tus pensamientos

-Si- respondiste

-Vamos a jugar- te dijo mientras traía una cuerda en sus manos –quiero jugar a brincar la cuerda

Sentiste la mirada de Joshua y Lyndal, se veía a simple vista que eran muy fuertes, no iba a ser tan sencillo pelear contra ellos. Ares te volvió a llamar y sonriente acudiste a donde estaba. Amarraste la cuerda al tronco de un árbol y tomaste el extremo libre para comenzar a moverla y que Ares saltara alegre la cuerda.

-Uno, dos, tres, cuatro…- comenzó a contar Ares -¿Sabes brincar la cuerda?

-Claro que si- le respondiste –yo jugaba mucho cuando tenía tu edad

-¿Quieres brincar conmigo?- te pregunto

-Así está bien- le dijiste –ademas si yo brinco ¿Quién le da a la cuerda?

-Lo hare yo mi lady- te respondió Lyndal quien te quito la soga

-Lo vez- te dijo Ares y te llevo a donde él estaba –ahora vamos a brincar

-Si… ahora vamos a brincar la cuerdita- le respondiste sin ganas –debería de estar corriendo en lugar de estar brincando como conejo- pensaste –hasta parezco grillo saltando en comal caliente- continuaste pensando

-¿Te sabes una canción?- te pregunto Ares mientras brincaban

-¿Una ronda?- le preguntaste –sí, una ronda para la cuerda si me la se

-Cántala- te pidió sonriente, tenías que acceder, hasta que pudieras encontrar una manera de salir de ahí

-Está bien, pero te digo que canto feo- le comentaste

-No importa, mi hermana canta bonito- te confeso –ahora, canta, canta, canta…

-Brinca la cuerdita, yo ya la brinque- comenzaste a cantar –como dije, debería de escapar de aquí en lugar de estar cantando- pensabas mientras cantabas

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Shion se encontraba sentado en su escritorio. Era difícil, demasiado difícil. No sabían nada acerca del Ares que había decido reencarnar en la época moderna, eso lo había tomado por sorpresa, un error que le había salido muy caro, pues de nuevo la joven diosa había sido secuestrada por los enemigos.

Unos golpes llamaron a su despacho, no respondió. Unos segundos después volvieron a tocar, dejo salir un suspiro y recibió a la persona que llamaba.

-Buenas tardes- saludo Calandra con Ezreal en brazos

-Buena tarde señorita- le respondió Shion -¿en qué puedo servirle?

-Nada en especial señor- le respondió –solo quería saber si ya encontró a "-.-"

-Aun no- le dijo –no sabemos nada de ese niño

-Ya veo- comento -¿que necesitan saber de ese niño? ¿su nombre? ¿Dónde vive?

-Con el nombre sería suficiente- comento Shion –lo menciono a Athena y Apolo pero no lo recuerdo, apenas lo susurro.

-Bueno, no sé si ayude en algo pero…- comento Calandra –si es lo que pienso tengo que ir a la clínica

-Sabe que no pude salir de aquí- le dijo –es por su seguridad, ademas es una amiga íntima de Athena, no podemos arriesgarla

-Pero si ella tiene información no debemos de desaprovecharla Shion- se adentró Dhoko, como siempre, sin llamar a la puerta

-Qué bueno verte Dhoko, pasa… toma asiento- le invito el Patriarca, su voz sonó demasiado sínica, algo que hasta la misma Calandra descubrió –insolente- le susurro mientras Calandra miraba a todos lados

-¿Qué es lo que tienes?- le pregunto Dhoko mientras tomaba a Ezreal en brazos –hola bebé… ¿extrañaste a tu abuelito Dhoko? Verdad que si… verdad que no quieres a tu abuelo Shion porque es un amargado- el bebé sonrió

-Dhoko, deja al niño en paz- le dijo el Patriarca, en su voz se notaban las ganas de asesinar a su amigo

-Lo que pasa es que el niño se me hace conocido de un lado- comento Calandra antes de que esos dos terminaran peleando –así que para comprobarlo debo de ir al consultorio

-Shion… si esto ayuda debes dejarla salir- le informo Libra sin rastro de broma

-Está bien- dijo –pero no ira sola

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Calandra se adentró al consultorio de inmediato. El lugar se encontraba en perfecto orden, incluso limpio. Pensó que tal vez Shion mandaba a alguien a limpiar de vez en cuando.

-¿Qué estamos buscando?- pregunto Ángelo cuando tomo asiento en la silla que se encontraba frente a Calandra del escritorio de "-.-"

-Una noticia- respondió mientras esperaba a que la computadora se actualizara –odio cuando hace eso

-¿Qué noticia?- pregunto Kanon

-Una que leímos hace más o menos dos meses- respondió –antes de que llegara el niño ese y su hermano… el otro muchacho

-¿Qué edad tiene Ezreal?- pregunto Aioria

-Y se dice que es su padre- le respondió burlo Ángelo –ni siquiera sabe cuánto tiene…. Es más, ¿eso que tiene que ver con esto?

-Cállate, solo quiero saber- le respondió -¿acaso tu si sabes?

-Bueno… yo…- dudo el Cangrejo Dorado –yo solo lo voy a ver y lo cuido de vez en cuando, soy el tío no la madre

-Un mes cuando vino Ares y Apolo, quince días después Athena fue secuestrada y desde ese momento ya pasaron otros quince días- resumió Kanon

-¿Qué quieres decir?- pregunto el León Dorado

-Dos meses y medio- le respondió Géminis Menor

-¿Y los otros quince días?- pregunto Aioria

-Cuando llego al Santuario y lo escondieron- respondió Kanon

-No quiero inmiscuirme en su plática- llamo la atención Calandra –pero creo que esto es más importante que hablar de la edad del niño- dio clic en la pestaña de imprimir y las hojas comenzaron a salir, las tomo y busco una en especial -¿este es el niño que vino?- pregunto mostrando la imagen impresa

-¡Es él!- aseguro Aioria mientras le arrebata la hoja con la imagen

-Sin duda alguna este es el mocoso- aseguró Ángelo

-¿Me permites las hojas?- pregunto educadamente Kanon y Calandra se las entrego

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~ 2 ~

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Shion leía cada una de las hojas que había impreso Calandra en su despacho acompañado por Dhoko, no había duda alguna. Ese niño era Axel Luhrmann, el elegido para ser en este tiempo el contenedor del alma de Ares.

-Shion- le llamo Dhoko –esto es grave, muy grave

-Por eso se la llevo- dijo –la forma en la que trato a los niños, le hizo ver el cariño que no había sentido en estos años. No corre tanto peligro como espere

-Pero Shion, no podemos dejarla más tiempo ahí- comento mientras lo veía seriamente –tú mismo lo viste, Ares no sabe controlar su energía, puede llegar a lastimarla y ella no hará nada porque no le gusta levantar su mano contra los niños

-Esta muchacha tiene el carácter muy blanco cuando se trata de niños- comento Shion mientras se recargaba en su silla –debería de ser un poco más dura, pensar como diosa y no como mujer

-Shion, no pidas imposibles- dijo Dhoko –porque estoy seguro que si pensara como diosa sería una tarea muy aburrida incluso para ti el cuidar de Athena

-Insolente- le comento mientras sonreía –bueno, te tengo que dar la razón en eso

-Gracias- respondió arrogante –pero hay que tomar acciones inmediatas Shion- volvió a su tono serio –Esta en Australia, solo falta buscar el sitio correcto y enviar a un pequeño grupo por ella

-Espero que esta vez sí se esperen- comento con mirada seria –porque si mal no recuerdo, la última vez tomaste una decisión sin consultármelo y para terminar de empeorar las cosas te llevaste a la Orden Dorada

-Pero te estabas tardando demasiado- se defendió Libra –no podíamos dejar pasar más tiempo, ademas no sé de qué te quejas

-¿Cómo?- pregunto ofendido Shion -¿Cómo que de que me quejo?

-Athena regreso al Santuario a salvo y gracias a eso se quedó a vivir aquí

-Si no lo recuerdas se regresó a su tierra natal- comento el Patriarca –y si regreso fue porque envía de visita a la Orden para que interactuara con ella

-¡Pero regreso sola! ¡Nadie la trajo!- se defendió Dhoko

-¡Pero no tuvo que ver nada con la misión de Apolo!- recalco Shion

-¡Claro que sí! ¡Si no fuera por eso Athena estaría en su tierra natal!

-¡De una u otra forma Athena viviría aquí! ¡En el Santuario!

-¡A menos que la traigas a la fuerza como la primera vez!- le recordó -¿o quien fue quien envió a los muchachos por ella?- pregunto burlón Libra

-¡Eso no es verdad! ¡Solo le mostré el nuevo camino que iba a recorrer!

-¡La trajiste a la fuerza!- le respondió

-¡Pruébamelo!- exigió el Patriarca

-¡Cuando quieras!- le respondió su amigo

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La discusión que ambos mayores tenían dentro del Despacho era escuchada atentamente por un grupo de jóvenes que no se atrevía a abrir la puerta y calmar a las dos figuras más importantes del Santuario.

-¿Siempre son así?- pregunto Calandra con Ezreal en brazos, él pequeño solo reía ante los gritos de los mayores

-Casi siempre- comento Ángelo –pero pelean por estupideces

-A veces si discuten fuertemente- arreglo Shaka la imagen de ambos mayores -pero no es bueno entrar en plena discusión

-A menos que seas Athena- intervino Milo quien tomaba la mano del pequeño y la comenzaba a mover de un lado a otro –ella si se mete como dueña del lugar y a veces termina discutiendo con ellos, dándole la razón a Shion o a Dhoko

-Dependiendo de quien la esté defendiendo- aseguro Cáncer

-¿También ella?- pregunto Calandra sin creerlo

-Sí, digamos que le gusta ir a meterse donde no le importa- comento Milo –así que mejor venimos cuando se calmen los ánimos

-Creo que es buena idea- comento Calandra mientras comenzaban a irse de ahí, aun se escuchaban los gritos de los mayores.

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Tocaron la puerta de tu habitación, ni siquiera diste permiso de que entraran cuando Alexander se adentró. En sus manos traía consigo una pequeña caja de terciopelo negra y te la ofreció, al ver que no la tomabas la abrió dejando ver un lindo collar de cinta rosada con una hermosa gema del mismo color en el centro. Lo ignoraste y volviste a tu tarea de peinar tus ahora cortos cabellos, pero ese Poseidón te las iba a pagar si se volvía a poner frente a ti.

-Lady Athena- te llamo pero tu seguiste en lo tuyo –el príncipe Ares demanda que lo use en la comida de hoy

-No lo quiero- comentaste mientras lo veías –tampoco voy a usar eso- dijiste apuntado un maniquí que traía puesto un vestido rosado pálido –no me gusta usarlos y si no los uso en el Santuario menos los voy a usar aquí

-¿Qué no usas en el Santuario hermana?- escuchaste la voz infantil de Ares que se había adentrado a la habitación que te habían asignado

-El vestido- respondiste tranquilamente –no me gusta usar vestidos Ares

-¿Por qué?- escuchaste que pregunto –eres niña, a las niñas les gusta usar vestidos y cosas bonitas

-Pero yo soy más moderna- le respondiste mientras te ponías de pie –ahora ven, vamos a comer- le ofreciste la mano pero no te dio la de él -¿Ares?- le llamaste

-¡Quiero que te pongas el vestido!- te grito haciendo estallar su Cosmo -¡Quiero que lo hagas!- sentiste las ondas de energía chocar contra tu persona

-¡Ares tranquilízate!- le llamaste y viste que su mirada se encontraba llena de ira, ese niño no era un niño, era un dios, uno de los más violentos -¡Ya para Ares!

-¡Quiero que lo uses!- volvió a gritar, el espejo de tu habitación se rompió en pedazos al igual que las ventanas

-¡Esta bien, me lo pongo!- gritaste -¡Pero ya detente!

Pero Ares no daba señal de querer detenerse, trataste de acercarte a él, Alexander te lo impidió, negándote con la cabeza, te soltaste de su agarre y te acercaste al niño que se encontraba de pie, furioso. Te colocaste a su altura y lo abrazaste mientras acariciabas sus cabellos. Poco a poco la furia del niño ceso y lo único que sentiste fue como su respiración se encontraba agitada.

-¿Mejor?- le preguntaste, el niño asintió –que bueno

-¿Te lo vas a poner?- te pregunto en susurro

-Claro que si- le respondiste de la misma manera –ahora sal de aquí que me tengo que cambiar ¿está bien?- cuando te separaste de él te diste cuenta de que se encontraba feliz

-Te espero abajo- comento mientras salía riendo de la habitación

-Cuando salga mandaremos a que limpien la habitación Lady Athena- te dijo Alexander mientras dejaba la caja en la cama, pasando a lado tuyo –no lo vuelva a hacer enojar, no le conviene

-¿Es una amenaza Alexander?- le preguntaste

-Una advertencia- te respondió

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~ 3 ~

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Apenas escuchaste que cerró la puerta caíste al suelo de rodillas, no te había golpeado físicamente pero sentías un fuerte dolor en tu vientre. Te quitaste la blusa y te diste cuenta de que había una gran marca roja que dividía en dos tu vientre, señal de la onda que te golpeo. Ese niño poseía un gran poder, lo más seguro era que aumentaría más cuando supiera controlarlo, era mejor no tenerlo de enemigo en un futuro.

Tomaste el vestido, no te gusto, de plano sabias que tenías mejores gustos que esos pero ni modo, era orden del niño y si no querías morir antes de tiempo tenías que hacerlo hasta que pudieras salir de ahí. Manga larga de encaje al igual que el escote, lo demás era de tela lisa y con poco vuelo, tomaste el dichoso collarcito y te lo colocaste.

-Buenas tardes- saludaste al llegar al comedor. Viste que había más hombres que no habías visto antes, todos ellos se pusieron de pie

-¡Qué bonita te vez!- te dijo el niño que corrió a ti y te tomo de la mano llevándote a sentarte a lado de él –vez que las niñas se ven mejor con vestidos

-Para ser sincera Ares- le llamaste, ibas a decir que no te había gustado pero la mirada inquieta del menor te hizo pensarlo –me siento muy cómoda con esto puesto, muy bonito… gracias

-¡De nada!- te dijo y sonrió alegre

-Ares, cielo- le llamaste –¿Quiénes son ellos?- preguntaste aun de pie detrás de tu silla

-Todos ellos son mis soldados- te dijo alegremente

-Sus guardianes- pensaste –esto se vuelve más difícil

-¿Athena?- te llamo el niño sacándote de tus pensamientos

-Lo siento amor- le respondiste –solo que se me hizo extraños… solo conocía a Alexander, Joshua y Lyndal

-Permítame presentarme- hablo un hombre muy delgado de piel apiñonada y ojos miel, en su rostro pudiste observar algunas pecas, de cabellos cortos y castaños claros –Baudier Nacova, me encuentro bajo las órdenes del Señor Ares

-Soy Niels Torc- se presentó uno más de cabellos rojos y cortos, ojos verdes y piel pálida –me encargo de proteger los alrededores del lugar para que nadie entre o salga, a su servicio princesa Athena- te comento

-Haakon Aloras- se presentó un hombre más, similar a la estatura de Saga y Kanon, de complexión fuerte, llevaba su cabello rapado y piel morena –a su servicio señorita

-Ebbe Macero- se presentó uno más galante, pues hizo una reverencia hacia tu persona, cabellos largos y de un extraño color naranja, ojos violetas y piel de porcelana –a su disposición señorita mía

-Mi nombre es Ardena Gaceo- se presentó la única mujer de cabellos sumamente cortos y celestes, de piel broceada y ojos de color similar a los tuyos –siempre he sido la persona que ha cuidado del señor Ares de cualquier peligro, haciendo que paguen con su vida, no le temo a nada pues poseo la bendición de mi señor

-Amenaza directa- pensaste de inmediato

-¿Qué te parece hermana? ¿Verdad que son fuertes?- te pregunto el niño

-No lo creo- respondiste arrogantemente ganándote la mirada de todos los presentes –permítanme presentarme- hiciste una reverencia exagerada mientas –soy Athena, diosa de la Guerra Justa, la Sabiduría y las Artes. Experta en derrotar cualquier clase de dios que se me ponga en frente, sino lo creen pregúntenle a Apolo y Poseidón- desviaste la mirada hacia la tipa –no le temo a nada ni a nadie, mucho menos a humanos que no se acercan siquiera a mi nivel. Un placer conocerlos- dijiste sonriente y tomaste asiento

-Bravo, bravo- decía el niño mientas aplaudía –nunca pensé que fueras tan fuerte

-Pues ya lo vez pequeño Ares- le dijiste mientras le acariciabas los cabellos –nadie puede contra mí, es un error hacerme enojar- dijiste mientras mirabas a toda la guardia de Ares

-Oye hermana- te llamo cuando estaba comiendo, le limpiaste la boca pues había quedado manchada -¿tus guardianes son fuertes?

-Claro que si- respondiste sonriente –hasta la pregunta ofende chaparro

-¿Qué tan fuertes son?- te pregunto dudoso –porque ellos hacen cosas increíbles como paredes invisibles, hacen aparecer soles en sus manos, mueven las plantas y los árboles, usan el agua- comento mientas los enumeraba con sus dedos

-Que bien, nada del otro mundo- comentaste restándole importancia, escuchaste que varios cubiertos se estrellaron contra los platos –los míos hacen cosas aún más poderosas que esas

-¿De verdad?- te pregunto ilusionado Ares -¿Qué hacen? Cuéntame

-Veamos- susurraste –bueno, tengo dos que son capaces de destruir las estrellas

-¿De verdad?

-Así es chaparro- comentaste, tenías que elegir bien como decirlo, no querías darle ventaja a los enemigos –también saben hacer nieve, hacen crecer flores

-¿Flores?- te pregunto –entonces debes de tener un jardín así de grande- dijo mientras abría sus bracitos lo más que podía

-Claro que si- dijiste -¿Qué más?... hacen aparecer estrellas, juegan con fuego y uno de ellos te lleva a muchos mundos

-Wow- comento Ares –que buenos son

-Lo vez- respondiste

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~ 4 ~

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La Orden Dorada se encontraba reunida en el Salón Patriarcal, habían decido comenzar a tomar acciones para poder así traer de regreso a Athena salva y sana.

Shion se encontraba observando por la ventada el sol que se encontraba en su máximo esplendor, esperando a que alguien más llegara. La puerta sonó y dejo que entraran un grupo de cuatro personas, todas ellas revestidas en su armadura.

-Me alegra que hayan llegado- comento Shion -¿la encontraron?

-Así es señor- hablo Misty quien era el líder del grupo –se encuentra en el estado de Victoria, Australia

-Ya veo- comento Shion –¿Qué más?

-Se encuentra en una mansión la cual está alejada de las personas, no hay camino para que un automóvil pase y llegar a pie es algo difícil- siguió diciendo –no pudimos acércanos mucho

-¿Por qué?- pregunto Shion de nuevo

-Señor- pidió la palabra Seiya, el Patriarca le dejo hablar –se alza una barrera que es imposible penetrar; ademas el aire se siente pesado, inhalarlo hace que las personas sufran perdida del conocimiento

-Lo más importante su Ilustrísima- volvió a tomar la palabra Misty –son los guardias con los que cuenta Ares- desvió la mirada a Shun y Jabú –ellos se lo pueden decir

-Posee 8 guerreros que rivalizan en poder con la Orden Dorada- comento Jabú –son muy fuertes, demasiado. Los soldados rasos no les tienen respeto, sino miedo

-Serán la barrera que separa a la diosa Athena de la libertad- dijo Shion

-Ademas la señorita Athena se encuentra en perfectas condiciones- comento Shun ganándose la atención de todos los presentes –pude escuchar de unos soldados que no les gustaba recibir órdenes de ella, pero que así lo había dispuesto Ares

-Yo también escuche algo similar- comento Misty –decían que Athena vivía como la señora del lugar, solo porque Ares así lo demando

-Ya veo- susurro Shion –buen trabajo, ahora descansen. Se lo han ganado

-Si señor- respondieron, hicieron una ligera reverencia y se salieron de ahí

Los Dorados escucharon todo atentamente. De inmediato analizaron la situación, si Ares tenía a su disposición una persona que manejaba toxinas lo más obvio seria elegir a Afrodita para el trabajo, tal como lo habían hecho contra el guerrero de Apolo.

-Shion- le hablo Dhoko -¿Cuántos y a quienes?- pregunto esperando saber la respuesta

-Son 8- comento –siempre hemos enviado a la menor cantidad de personas para que no corran riesgos, ni ellos ni la diosa- dijo –pero las palabras de los niños que envié… me dejaron intrigado

-¿8 contra 8?- volvió a preguntar mientras se adelantaba unos pasos –Shion, debemos ir por Athena, ya dejamos pasar mucho tiempo. Sabemos que está bien- comento –pero entre más tiempo pase más difícil será que la saquemos de ahí

-También lo sé- respondió mientras se colocaba frente a los Dorados -¿voluntarios?

-¿Voluntarios?- pregunto Dhoko –Shion… tu nunca pides voluntarios

-Ya me canse de que siempre que elijo a alguien me arman un teatro- comento algo molesto –así que mejor se elijan entre ellos… tú no, ya me conto la niña lo que hiciste la última vez

-¡Que me tomo por sorpresa! ¿Cuántas veces tengo que decirlo?- reclamo Dhoko ante la situación que había vivido contra Thetis.

Todos los dorados se quedaron callados. No se atrevían a hablar, pues jamás Shion había reaccionado de esa manera. El silencio reino en el lugar, muchos de ellos querían levantar la mano pero algo se los impedía, simplemente no podían. Porque como siempre, la última palabra la tenía Shion.

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Caminabas con el manto de la noche encima de ti, desviaste la mirada hacia arriba; las estrellas se veían más grandes que las que se encontraban en el Santuario, suspiraste y continuaste tu camino hacia el laberinto que se encontraba en el jardín, te detuviste en la entrada de aquel lugar.

-¿Piensa escapar lady Athena?- te pregunto una voz que ya conocías

-Por supuesto que no- respondiste –ademas si quisiera escapar ya lo hubiera hecho días atrás… mejor dicho, meses atrás

-Apenas ha hecho un mes aquí- te dijo mientras te ofrecía su brazo, sin embargo pasaste de lado –pero se ve que ya se acostumbró a la vida aquí

-Te equivocas- dijiste mientras te detenías y lo mirabas –si estoy aquí y no me he ido es sencillamente porque sé que tarde o temprano mis amigos vendrán aquí

-¿Sus amigos?- te pregunto mientras reanudabas el camino –¿considera a sus guardianes como amigos?

-Claro que si- comentaste –tengo mucho amigos en el Santuario que me quieren y me aprecian por lo que soy y no por quien soy- dijiste segura –se olvidan de que soy la diosa y simplemente me tratan como "-.-"

-Si me lo pregunta es una falta de respeto- te dijo –deberían de saber con quién tratan. Es la diosa a la que sirven no su igual

-Pero no te pregunte- le respondiste agresivamente –ademas ¿Qué no pasa lo mismo con ustedes y Ares?

-El señor Ares apenas es un niño, por eso dejamos que nos trate de esa forma, pero en cuanto crezca cambiara el trato, será únicamente de Guardián a Señor

-Bueno, yo tengo a mis amigos. Con Aioros, Shura, Camus, Saga y Mü me siento muy tranquila, con ellos puedo relajarme- él solo te observo –mientras que con Milo, Ángelo, Kanon y Aioria puedo sacar mi lado travieso. Con Afrodita y Alde puedo tener consejos, son muy buenos confidentes- suspiraste y miraste al cielo –con Shaka, pues… mi relación con él es como de perros y gatos, pero sé que puedo confiar en él ciegamente como en los otros. Ademas Dhoko y Shion…..

-¿Ellos que?- pregunto Joshua esperando a que terminaras

-Esos dos son la imagen paterna que nunca había tenido- comentaste –Shion es el padre estricto, él que me guía, me aconseja, me enseña. Dhoko es el tipo de padre que deja que haga todo lo que quiera pero sin excederme, el que me consiente, el que se ríe de mis travesuras.

-Pero eso no significa que tengan que tratarla con tanta familiaridad- te respondió

-No importa- contestaste y comenzaste a caminar de nuevo a la mansión.

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Estabas acostada en la cama, vistiendo únicamente un camisón de finos tirantes y un poco más arriba de la rodilla, no podías conciliar el sueño.

Tenías que salir de ahí, ya habían pasado muchos días, demasiados. Hacía poco que habías cumplido los 24 años y lo habías pasado encerrada ahí, lejos de las personas que querías. Lejos de tus amigas, de tus amigos… de los dos niños que amabas con toda tu fuerza: Kiki y Ezreal.

Cerraste los ojos, pensaste en ellos. El pequeño que habían encontrado media Orden ya debía de tener tres meses, lo más seguro era que ya ni te reconocía. Unos golpes se escucharon en tu puerta, no respondiste y simplemente dejaste que siguieran tocando.

-Sé que aún no está dormida- escuchaste la voz de Joshua adentrarse a tu habitación –por favor mire esto

-¿Qué quieres?- le preguntaste mientras te incorporabas y tomabas asiento en la cama –aunque los quiero mucho y nos llevamos bien, ellos jamás entrarían así a mi habitación

-Tengo que mostrarle algo- te dijo mientras te entregaba una caja de fina madera, la abriste y te diste cuenta de que dentro había una daga de oro muy fina con incrustaciones de piedras hermosas

-¿Qué es esto?- preguntaste –no puedo creer que me hayan pegado sus tarugadas, ¿porque pregunto por lo obvio?... es una daga "-.-" una daga chapeada en oro- pensaste

-Es la Daga Dorada- te respondió

-¿Por qué demonios le ponen nombres tan obvios?- pensaste

-¿Pasa algo lady Athena?- te pregunto

-¿Para qué me la das?- preguntaste dudosa, algo te decía que no te iba a gustar la respuesta que te iba a dar

-Si quiere salir de aquí, la única manera de hacerlo es matando a Ares- te dijo sin pena –esta daga es conocida por ser la única arma que es capaz de herir a los dioses y en el último de…

-Espera- le interrumpiste –es no es verdad, yo herí a Poseidón con mi cetro y con mis puños

-Pero ninguna herida de muerte- te dijo –esta Daga Dorada hace que un simple rozón sea lo más peligroso, pero como le decía antes de ser interrumpido… Es la única Daga que puede acabar con la vida de un dios

La tomaste con tus manos, se sentía pesada. La viste por todos lados, acercaste uno de tus delgados dedos a la hoja, no había filo en ella pero aun sentías que era peligrosa, sentiste una fuerte descarga y de inmediato la arrojaste dentro de aquella caja de fina madera y la cerraste de golpe, se la entregaste a Joshua.

-Tómala- le dijiste –no la quiero, no vuelvas a ponérmela enfrente

-Querías salir de aquí- te dijo –esta es la única manera de hacerlo. Toma la daga lady Athena, toma la vida de Ares y se libre. Hazlo, nadie de nosotros te va a detener

-¡No seas estúpido!- le gritaste al mismo tiempo que le dabas un fuerte puñetazo en el rostro –Yo jamás tomaría la vida de nadie, soy médico por si no lo sabias y mi deber es salvar vidas no quitarlas- explicaste y te dirigiste a la puerta –ahora, sal de aquí y no vuelvas, yo saldré de aquí cuando ellos vengan por mi

Joshua se quedó de pie y tomo la caja que se había caído al suelo. Se te quedo mirando fijamente, sus ojos resplandecían gracias a la luz de la luna que se colaba en esos momentos en tu habitación.

-Si usted se va de aquí, no cabe la menor duda de que recuperara su libertad- te dijo –pero Ares sufrirá más de lo que ya ha sufrido

-Siento mucho lo que le paso- le dijiste –por el accidente de su casa y la muerte de sus padrastros. Leí que no eran las mejores personas que había pero al final eran su familia, la única que tenía.

-El señor Ares ha sufrido desde el día que su madre murió- te conto, cerraste la puerta y tomaste asiento en la cama mientras que Joshua seguía de pie

-¿Cómo llegaron aquí?- preguntaste

-La madre de él nos fue reuniendo, poco a poco. Nos dio un hogar, comida, educación… nos dio todo con tal de que fuéramos las personas que se desvivirían por el príncipe Ares. Cuando ella murió le prometimos que jamás lo dejaríamos. Pero le fallamos…- viste que suspiro –cuando su padre se volvió a casar la nueva mujer nos sacó de aquí, pues jamás permitimos que le llamara la atención o que le pusiera la mano encima.

"Le lleno de malos pensamientos la cabeza del señor así que de un día para otro nos sacó de la mansión. Anduvimos vagando muy cerca de aquí siempre tratando de cuidarlo de cerca. Sabíamos que la mujer denigraba mucho al niño, por la simple razón de que no compartían sangre alguna. La mujer se embarazo pero perdió a su hijo. La razón… digamos que no se cuidaba mucho- te dijo mientras sonrió de lado, esperabas que fuera eso y no otra cosa –pero eso solo provoco que su furia aumentara y se desahogara con el príncipe. Una noche, la mujer discutió con el señor, así que sin más… ella misma saboteo el auto cortándole los frenos, sabía que si el señor moría la fortuna caía directamente en las manos del príncipe y al ser menor de edad ella seria quien iba a manejar la gran fortuna"

"Poco después se casó con un hombre que lo único que hacía era disfrutar del dinero junto con ella. El príncipe Ares comenzó a sufrir un infierno, pues los golpes, humillaciones y explotaciones que le ponían a hacer lo llevaban al límite. Dígame lady Athena… ¿usted cree que el dueño de la casa tiene que estar limpiando el retrete, comer en la cocina; incluso en el suelo? ¿Pasar hambre y fuertes fríos?- tu negaste sin poder decir nada –él era el señor de todo y lo trataban peor que aun animal. Lo golpeaban si no terminaba sus tareas, si hacia algo malo… no había día que no recibiera un castigo"

-El incendio- le interrumpiste -¿Cuál fue su origen?- preguntaste

-Uno de esas noches, el hombro golpeaba fuertemente al príncipe Ares… el cinturón ya no le pareció suficiente para poder hacerle daño, nosotros ya no íbamos a permitir que fuera tratado de esa manera, así que sin más, decidimos que era tiempo de sacarlo de ahí

"De pronto sentimos la energía del señor explotar a su máximo poder. Apresuramos el paso para poder llegar, cuando entramos ambos adultos se encontraban asustados, el hombre empuñaba un arma con la cual apuntaba al príncipe. Ares se encontraba fuera de sí, su energía se encontraba descontrolada, estaba destruyendo toda la casa.

Todo comenzó a explotar y de pronto el incendio se originó, la presión del poder del niño era increíble. Comenzó a haber explosiones en todo el sitio, de pronto el príncipe cayo desmayado al suelo. Alexander lo tomo en brazos y salieron de ahí junto con el príncipe. El hombre me tomo del tobillo, me pidió ayuda para salir de ahí junto con aquella mujer que tanto había hecho sufrir al señor

-¿Lo ayudaste?- preguntaste, aunque sabias la respuesta

-No- respondió –los deje morir como los buitres que eran

-¿Por qué me trajiste aquí?- preguntaste

-El señor Ares necesita a alguien que lo ame, que le dé el cariño que una madre solo puede dar. Necesita protección y amor

-¿por esa razón me trajiste a mí?

-Así es- te dijo –observe como trataba a esos dos niños, ese era el cariño que mi señor necesitaba y quien mejor que la misma diosa Athena, su hermana

-Te equivocas- le respondiste –no puede haber algo más falso que un cariño impuesto a la fuerza- comentaste –siento mucho por lo que paso Axel pero mi decisión es la misma… en cuanto vengan por mí, yo me iré

-Buenas noches Lady Athena- te saludo mientras salía de ahí sin poner atención a tus palabras

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~ 5 ~

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Miraste alrededor de aquel jardín iluminado por el sol, había pasado dos días desde que Joshua había hablado contigo acerca del pasado de Ares. Sacaste esos pensamientos de tu cabeza para buscar al niño que ahora se le había ocurrido jugar a las escondidas.

-Te gane- te dijo en el momento en que te sorprendió por detrás, se veía tan feliz, tan radiante (mientras no le diera sus arranques todo estaba bien)

-Eres muy bueno jugando a esto- le respondiste –ademas no me puedo mover con este vestido- le señalaste el vestido de medio paso de nuevo en color rosado que llevabas puesto de manga corta

-Esa es una excusa- te dijo sonriente –es que no te gusta perder en el juego

-Me descubriste- le respondiste sonriente y te agachaste a su altura –ven, vamos a sentarnos que el sol está muy fuerte

-Si- te dijo y se tiró a tus brazos, lo abrasaste y lo cargaste. Sentías mucha pena por el niño, pero por más que te encariñaras con él no podías quedarte

En el jardín se encontraban las 8 personas que cuidaban del pequeño y ahora de ti, mirando atentamente todos y cada uno de tus movimientos. Tomaste asiento y trataste de bajar el vestido, pues te quedaba corto. Ares bebía su limonada felizmente con ayuda de un popote. De pronto el niño se puso de pie y comenzó a correr llevando a Ebbe y Ardena con él. Los mirabas correr con tal de ver feliz al niño, quitando que te tenían secuestrada y que la mujer te odiaba, eran buenas personas que procuraban a su señor. De pronto sentiste un escalofrió y te pusiste de pie de inmediato tirando el vaso con todo el liquido

-¡Ares!- le llamaste -¡Regresa en este momento!- le ordenaste y se detuvo

-¡¿Por qué?!- te grito pues se encontraba un poco lejos de ti -¡Yo todavía quiero jugar!

-¡Que vengas ahora, es una orden!- le llamaste molesta

-¡¿Cómo se atreve a gritarle al señor Ares?!- te reclamo la mujer, en ese momento hubo una explosión en el jardín que alejo a los dos guardianes

-¡Ares!- le llamaste y corriste a donde estabas, de pronto sentiste que Lyndal te tomo en brazos y salto a una altura impresionante

-¿Qué te pasa? Bájame- le ordenaste, pero en ese momento algo exploto cerca de donde estabas

-No se mueva de aquí- te ordeno dejándote a una distancia prudente

Buscaste de inmediato a Ares, pero no estaba, la cortina de tierra se había vuelto densa, no había nada mas que hacer. Escuchabas los gritos de batalla de las personas que se encontraban al cuidado de Ares. Era tu oportunidad de escapar. Si habían penetrado la barrera significaba que estaba destruida, podías irte, regresar al Santuario sin la necesidad de exponer a los Dorados.

Corriste hacia el inicio del bosque. En ese momento te detuviste, pues alguien había capturado al pequeño, lo mantenía apresado de su cuello, elevándolo a su altura, ese hombre… lo recordaste… ese hombre vestía de manera similar a los que te habían atacado esa vez, elevo su mano libre, en ella resplandeció un objeto


Esta no estuvo tan difícil, la respuesta eran los pantalones :)

Otra mas (aunque para ser sincera se me hace que ya las harte con tanta adivinanza, pero chicas, hay que mantener el cerebro funcionando al cien)

"Si la campana del reloj suena 14 veces ¿Qué hora es?"

Respondiendo a mi buena Tsukihimeprincess la respuesta es El Arcoíris

¿le atine? Me vino la respuesta después de leerla dos veces :)