Hola buenas chicas, pues aquí la siguiente continuación. Lo quería subir antes pero digamos que mis musas se fueron de vacaciones sin que yo se las haya otorgado, así que tratare desde lo más profundo de mi alma tener los tres episodios para el fin de semana. Pero mientas los días pasen, aquí les dejo la siguiente parte. Besos y eso sí, sin falta nos vemos el viernes.
~ 1 ~
¿De dónde la había sacado?... lo que se encontraba destellando en todo lo alto era la Daga Dorada, la única arma con la que se podía asesinar a los dioses… pero era imposible, esa arma la había guardado Joshua, le buscaste con la mirada, al igual que tú se encontraba sorprendido de que él enemigo la tuviera entre sus manos.
Diste dos pasos más hacia el inicio del bosque, pero el llanto de Axel te impedía avanzar más, los gritos desesperados de sus guardianes no ayudaban mucho, pues también sabias que esos hombres eran capaces de bloquear el Cosmo de las personas bendecidas por el dios al que servían.
Ebbe se lanzó contra aquel hombre, este dejo caer al niño al suelo, su mismo guardián le ordeno correr y el niño así lo hizo, vaya… cuando más necesitaba que explotara su poder no lo hacía.
-¡Athena!- escuchaste que te grito estando en el suelo pues se había caído -¡¿Dónde estás hermana?! ¡Ayúdame, tengo miedo!- te volvió a gritar.
-¿Qué está haciendo príncipe?- le grito Lyndal -¡Corra, huya de aquí!- le ordeno antes de que lo arrojaran contra el duro suelo
Comenzaste a correr, tenías que hacer algo porque si esto seguía así no solo Ares, sino también tú ibas a terminar visitando el paraíso. Tomaste una fina lanza que se encontraba abandonada en el suelo, no importaba de quien era, solo la necesitaste para hacer unas aberturas en el vestido y poder correr sin ningún problema
-Uno menos- escuchaste que amenazo aquel hombre que se encontraba encima del niño, deteniendo sus manos para que fuera más sencillo clavarle la daga
-¡No te atrevas!- le gritaste mientras le apuntabas con tu mano, el rayo de energía blanca se estrelló contra el hombre, te acercaste al niño –Ares… Ares- le llamaste
-Hermana- te susurro cuando abrió los ojos -¡Tengo miedo! ¡Athena, ayúdame!
-Tranquilo- le susurraste mientras le abrazabas –no tengas miedo, yo te voy a proteger- le dijiste seriamente
-¿Tu contras nosotros 5?- te pregunto aquel hombre que jugaban en esos momentos con la daga -¿estas segura?
-Créeme idiota- le dijiste mientras te ponías de pie y mantenías detrás de ti a Ares –te vas arrepentir de haber tocado a mi hermano… te lo voy a hacer pagar
-¿De cuándo acá los dioses se cuidan entre ellos?- te pregunto burlón uno de ellos
-Las épocas cambian estúpido- le respondiste –dejen a esos hombres y peleen conmigo- viste que rieron, poco a poco los hombres de Ares se reunieron, se encontraban lastimados -¿acaso me tienen miedo?- tentaste
-¿De una mujer?- te dijo el que llevaba la Daga –jamás
-Mucho menos de una diosa que jamás ha peleado en sus reencarnaciones pasadas, dependiendo siempre de su guardia- dijo el otro
-Lo siento mucho, pero se equivocan conmigo- comentaste y comenzaste a caminar a donde se encontraban, los hombres de Ares ya estaban reunidos
-¡No vallas!- te detuvo Axel, lo miraste, sus ojos se encontraban llenos de lágrimas, eso produjo un sentimiento dentro de ti -¡no quiero que te maten! ¡No me quiero quedar solo otra vez!
-Ares- le llamaste pero el niño te abrazo de las piernas. Lo alejaste de ti y te agachaste a su altura –Ares cielo, no voy a morir- le dijiste –créeme; he pelado contra ellos antes, no son fuertes
-Pero no quiero- te volvió a decir –no quiero
-¿confías en mí?- le preguntaste y el asintió –entonces deja que me encargue de ellos- le diste un beso en la frente y comenzaste a caminar, de nuevo tomo tu mano
-Prométeme que no te vas a morir- te exigió, lo tomaste en brazos y lo llevaste a donde se encontraban los demás –Athena… hermana- te volvió a llamar
-Si se pone peor, váyanse- les ordenaste –yo me hare cargo de esto
-Athena…
-Te lo prometo Ares- le dijiste –no voy a morir- caminaste de regreso a donde esos hombres te esperaban. Extendiste tu mano invocando a Niké, este apareció de inmediato en medio de un destello -¿Se atreven a pelear contra la diosa que derroto a Poseidón y lo despojo de su alma?
-Cállate, te mataremos a ti y después a Ares- te dijo otro más de ellos –nuestro señor se alegrara
-Ustedes- les llamaste mientras los apuntabas con Niké –más vale que hayan rezado, porque en esta ocasión no me va importar tomar sus vidas. Ya estoy harta de que quieran matar a todos
-¡Jamás lo harás Athena!
-¡Primero acabaremos contigo!
-Vamos, tengo 5 razones para acabar con ustedes- les volviste a tentar mientras alzabas tu puño izquierdo
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Desembarcaron en uno de los puertos del estado de Victoria. El municipio de Marybirngong, las personas que pasaban por ahí no tenían tiempo para prestarles atención a unos turistas, pues la forma en la que veían el sitio los delataba en esos momentos. Esperaron a que los marineros les dieran aquellas cajas de armadura que se encontraban ocultas dentro de una caja de madera.
-¿Por dónde empezamos?- pregunto Milo mientras estiraba los brazos –este lugar es grande para ser el segundo estado más pequeño de Australia
-Eso no significa que sea pequeño idiota- le respondió Camus
-Vamos empezando y ya vienes con la agresión- le respondió infantilmente -¿Jefe?- le pregunto al líder del grupo designado por Shion
-Deberíamos de comenzar por buscar un sitio donde quedarnos y que no llamemos la atención de las personas- respondió Kanon
-Yo me sigo preguntando porque Kanon es el líder- le susurro Escorpión a Afrodita
-Cállate Milo- le respondió –que yo me sigo preguntando porque te dejarón venir
-En las afueras del sitio- sugirió Aldebarán –es mejor estar por ahí, ademas Misty y los demás dijeron que se encuentra en una parte apartada de las personas
-Buen punto- se unió Shura –si no quieren que se acerque nadie deben de encontrarse por montañas- comento mientras miraba a donde se alzaban varias montañas
-El problema amigo mío es elegir una de esas montañas- hizo notar Aioros –no son solo una o dos, son varias y tienen muchos kilómetros para recorrer
-¿Cuando fue que Athena aprendió a controlar su Cosmo?- Shaka
-Durante la batalla con la sardina enlatada mayor- respondió Milo
-Bueno, en este momento serviría de mucho que no lo hubiera aprendido- respondió Virgo –nos ahorraría mucho tiempo
-Calma tu entusiasmo amigo- le dijo Milo al notar la poca energía del santo de la virgen -¿A dónde vamos?
-Nunca pones atención ¿verdad Milo?- le pregunto Camus
-Andando- ordeno Kanon mientras comenzaban a tomar camino
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Elevaste tu Muro Estelar (único nombre que recordabas de todos tus ataques) repeliendo las dagas y lanzas que te habían arrojado aquellos hombres. Estos no te lograron hacer ninguna clase de daño, en el momento en que quitaste el Muro invocaste los rayos que partieron no solo la tierra sino también las protecciones de dos de ellos que lo recibieron de lleno pues no tuvieron tiempo alguno de poder escapar.
Te diste de inmediato una vuelta y con Niké detuviste el golpe de una lanza, el choque de ambos metales resonó, activaste tu Cosmo pues a ambos flancos se acercaban los dos hombres restantes, tu barrera se alzó y giro con mucha fuerza, haciendo estrellarse al primero contra el suelo, al de tu izquierda contra los árboles y al de la derecha contra la fuente que se encontraba en el patio. Apenas te estabas incorporando cuando una voz te distrajo
-¡Cuidado Athena!- te grito Ares
-¿Qué?- respondiste pues no lo habías escuchado bien –Ares…. ¡Ah!- soltaste cuando una persona se tiró encima de ti -¡Quítate de encima maldito pervertido!- le gritaste mientras te removías, pues tenía sus manos sobre tus brazos
-¡Quédate quieta!- te ordeno -¡Rápido! ¡Antes de que escape!
-¡Que te quites!- le volviste a ordenar, sin más le diste un rodillazo en la entrepierna -¡Quítate!- si eso no fue suficiente lo arrojaste con tu barrera dorada
-¡Athena, hermana!- te volvió a gritar Ares
-¡Con un demonio, cállate ya Ares!- le ordenaste -¡No seas histérico!
-La histérica es otra diosa- te dijo de manera burlona el que habías mandado a estrellarse contra la fuente, detuviste el puño que iba a tu rostro
-¡Yo no soy histérica!- le respondiste, aventaste su puño a la izquierda y con tu puño izquierdo revestido de tu Cosmo lo insertaste en su abdomen arrojándolo unos metros atrás
-¡Quieta maldita!- te dijo otro, esquivaste su patada que iba directo a tu rostro agachándote, de inmediato te iba a dar con su otra pierna, la detuviste con tus manos y lo arrojaste para que cayera al suelo
-Tramposo- pensaste mientras te ponías de pie y buscabas a Niké con la mirada -¿en dónde demonios esta?- te preguntaste, en cuanto lo viste cerca de la fuente te acercaste para tomarlo pero alguien te metió el pie y caíste al suelo
-¿Te ibas ya princesa?- te pregunto el que llevaba la Daga Dorada
-Hazlo si te atreves- le retaste
-¡Déjenla!- grito Ares
-Muere en paz Athena- te dijo aquella persona, tu sonreíste arrogantemente
-¿Qué pasa?- pregunto aquel hombre, pues su mano se había quedado suspendida en el aire, sin poder moverla
-No me puedo mover- susurro uno que se encontraba cerca de ti
-No me acuerdo como se llama- dijiste mientras te ponías de pie y tomabas a Niké –pero lo aprendí poco después de que regrese al Santuario- comentaste –me lo enseño Shion
Con ayuda de tu Cosmo los reuniste a todos en un solo punto, uno encima del otro. Te pusiste a unos metros de ellos, tu aura blanca te rodeo, algunos destellos dorados te acompañaban en esta ocasión, Niké se ilumino y cambio su forma circular a la punta de flecha. La misma técnica que habías usado contra el dios de los mares, tu Cosmo comenzó a danzar, ibas a terminar con esto de una vez por todas.
-Hasta aquí llegaron- susurraste, caminaste para acercaste un poco más –valla, se me olvido preguntarle a Shion como se llamaba este- te dijiste a ti misma y sonreíste –bueno, me toca bautizarlo.
-Hermana- escuchaste que te llamo de nuevo Ares
-Ahora no, estoy a punto de ajusticiármelos- le comentaste, colocaste tu mano y brazo en posición -¡Juicio Final!- mencionaste a los cuatro vientos el nombre que habías elegido, pero cuando ibas a arrojarlo Ares movió ligeramente tu brazo
Una fuerte onda de energía se liberó en el momento en que el ataque hizo contacto contra tus enemigos, la nube de polvo se alzó en lo alto y cuando se despejo te diste cuenta de que había un gran cráter en el suelo y lo peor… aquellas personas se habían salvado por unos metros. En cuanto sintieron que podían moverse de nuevo se ayudaron los unos a los otros y salieron de ahí.
-Maldición, escaparon- te susurraste, desviaste la mirada hacia Ares -¿a ti que te pasa? Me hiciste fallar
-Pero no querías que mataras a nadie- te dijo sollozando, en ese momento reaccionaste y miraste alrededor, se encontraba destrozado
-¿Qué fue lo que estuvo a punto de hacer?- te regañaste mentalmente –soy médico, no debo tomar vidas- seguiste pensando
-Hermana- te llamo el niño con sus ojos rojos debido al llanto, caíste al suelo -¿estás bien? ¿Te duele mucho?
-No pasa nada Ares- le respondiste tranquilamente –solo estoy cansada… ¿no te paso nada a ti?
-No- te dijo mientras te abrazaba de nuevo –te quiero mucho, quédate siempre conmigo para que no me pase nada
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~ 2 ~
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-Kanon- le llamo Milo –no es por nada, y también sé que no tenemos mucho dinero pero…- se calló un momento mientras se daba un golpe con su mano en su brazo –¿no pudimos quedarnos en un cuartito?- pregunto –los mosquitos me están comiendo vivo
-En todo caso, siento pena por ellos- dijo Camus –alimentarse de la sangre de un narcisista no debe de ser nada bueno
-Ademas eres el único que se ha quejado desde que llegamos- le recrimino Shura –deberías de estar más calmado
-Pero me pican- se quejó Escorpión
-Eres al único que atacan- comento Aioros –solo un poco más Milo, estamos cerca de donde esta Athena
-Mucho ayudaría que volviera a explotar su Cosmo de nuevo- dijo Afrodita
-¿Qué habrá pasado?- pregunto Milo mientras mataba a otro mosquito que tenía intenciones de picar su cuello
-Lo más seguro es que habrá intentado escapar- dijo Kanon –seria típico de ella
-Un libro abierto- concordó Camus
-¿Pasa algo Shaka?- le pregunto Aldebarán, pues su compañero se encontraba apartado de todos
-Nada- respondió
-¿Seguro?- insistió Aldebarán, él asintió –solo relájate, pronto tendremos de nuevo a la pequeña Athena con nosotros
-Eso espero- pensó el Santo de la sexta casa
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-¿Por qué no escapo?- te pregunto Lyndal cuando saliste de la habitación de Ares
-Bajen la voz que el niño duerme- ordenaste y comenzaste a bajar las escaleras, te tomo del antebrazo –¿Qué haces? Suéltame- le ordenaste
-¿Qué gana con esto?¿porque engaña al príncipe de esa manera?
-¿Qué manera?- preguntaste mientras te deshacías del agarre
-Lo sabe bien- intervino Joshua –le muestra cariño y afecto, incluso se preocupa por él, pero piensa irse sin importarle dejarle solo de nuevo
-Aunque no lo crean, me he encariñado con este niño caprichoso- confesaste mientras retomabas de nuevo tu camino hacia la cocina–pero no por eso me voy a quedar o voy a permitir que lo vallan a matar
-Debe de quedarse aquí- te dijo Ardena –el señor Ares la ama, no puede ser tan egoísta como para jugar con el cariño que le tiene
-Hay un niño que también me necesita- respondiste haciendo referencia a Ezreal –por eso no me puedo quedar, tengo muchas cosas que hacer
-Tiene que quedarse- te ordeno –no puede irse
-No lo hará por ella sola, tenemos que hacer algo- comento Ebbe –y si para quedarse tenemos que mantenerla encarcelada lo haremos
-Mataremos a tus Caballeros, sin ellos no podrás salir de aquí- aseguro Haakon
-¿Hablan en serio?- les preguntaste mientras reías –no podrán, son más fuertes que todos ustedes juntos, jamás los derrotaran
-¿Tan segura estas?- te pregunto Niels
-Así es, porque cuando ellos pelean yo los apoyo- confesaste
-Athena- te llamo una voz somnolienta -¿Dónde estás?
-Ares, vuelve a dormir- le ordenaste mientras subías de nuevo la escalera
-No puedo, tengo pesadillas- te dijo mientras tallaba sus ojos
-Ven, me quedare contigo hasta que te duermas.
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¿Qué más podías hacer? ¿Cuánto más tenías que esperar para que al menos uno de los chicos viniera por ti? Jamás se habían tardado tanto en dar contigo, ademas hacia tres días atrás habías explotado tu Cosmo en gran manera, lo habías hecho por mucho tiempo, lo más seguro era que no estaban cerca de donde te encontrabas.
Bajaste las escaleras lentamente, era la hora del almuerzo y todos los demás esperaban tu presencia. Como siempre, la última en llegar. Ares te saludo sentado como siempre en la cabeza de la mesa, mientras los demás se encontraban de pie, tomaste la silla para correrla y sentarte pero te detuviste, sentías que algo iba a pasar, miraste hacia la ventana
-¿pasa algo hermana?- te pregunto el niño curioso
-Se acerca- pensaste para ti -¿Qué es lo que se acerca?- seguiste pensando
-Lady Athena- te llamo Haakon, en ese momento se escuchó una gran explosión cerca de la mansión, todos desviaron la mirada, te acercaste lentamente a la ventana
-Esa niebla… es inconfundible- pensaste para ti mientras sonreías –por fin llegaron por mí- susurraste alegre
-Athena- el pequeño te tomo de la mano –no te vallas, quédate conmigo
-Lo siento Ares, pero tengo que irme- le susurraste -¿tú lo entiendes verdad?
-No- te dijo mientras te soltó de la mano y caminaba hacia atrás –lo prometiste… prometiste que siempre estarías conmigo
-Jamás te prometí nada Ares- respondiste mientras tratabas de acercarte a él
-¡No!- te grito y su Cosmo se hizo presente -¡No te vas a ir!
-Ares detente- le pediste al sentir una fuerte presión en tu cuerpo
-¡No! ¡Si tengo que matarte para que te quedes conmigo lo voy a hacer!
-Ares- susurraste, se encontraba fuera de control, no te quedo más que activar tu Cosmo para defenderte –detén esto
-¡Jamás te iras de mi lado!- te grito, el aura de su energía te arrojo contra la pared, te mantuvo suspendida en ella. De pronto una esfera similar a una burbuja roja se formó frente a ti -¡Te quedaras conmigo!- de nuevo la energía de Ares te arrojo pero en esta ocasión hacia el interior de aquella burbuja.
El interior era raro, sentías que con cualquier movimiento que fueras a hacer esa cosa iba a explotar, te incorporaste poco a poco pero era imposible, la superficie era demasiado resbalosa. Caíste esta vez de rodillas, apoyaste tus manos en la superficie de esa cosa. Miraste que Ares se encontraba enojado, furioso, su llanto no cesaba.
-Ares… mi amor, cielo… sácame de aquí- le pediste amablemente
-Jamás- te respondió demasiado serio para un niño de su edad, no hablaba el pequeño, hablaba el dios de la guerra violenta –Te quedaras a mi lado para siempre
-Por favor cielo- le volviste a pedir
-Todos- llamo a su guardia que no había dejado el comedor
-Ordene señor- respondió Joshua a su llamado
-Mátenlos- dijo seriamente –si ellos se mueren, ella no podrá irse- comento seguro –no quiero que pongan un pie en esta casa
-Lo que ordene príncipe- le respondió –tenga por seguro que jamás serán capaces de siquiera salir del bosque
-Los esperare abajo, quiero que me traigan los cuerpos de ellos- te vio y te mostro una sonrisa algo escalofriante –cuando los veas hermana, te darás cuenta de que no podrás irte, que nadie más que yo te va a cuidar
-No cometas una locura Ares- le volviste a pedir pero te ignoro
-Vallan ahora- ordeno el niño, los hombres salieron de ahí en un movimiento rápido.
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Los chicos se encontraban tosiendo debido al exceso de tierra que se había levantado, Afrodita tallaba sus ojos mientras que Aldebarán se encontraba sacudiendo su armadura por el exceso de tierra y quitando alguna que otra ramita que se había quedado pegado a su armadura.
Las armaduras de todos los Dorados habían cambiado. Habían dejado de ser solamente doradas, se habían tornado de un color aún más claro, los bordes de estas nuevas armaduras eran lo que las diferenciaban una de la otra, la de Milo y Kanon eran azul metálico, la de Camus de una tonalidad azul aún más clara, la de Aldebarán bronce, Afrodita celeste, Aioros rojo fuego, mientras que Shura y Shaka compartían el tono platinado.
Aun así, se podía observar a simple vista que esas armaduras no habían sido solo un cambio de look, (puesto que habían dejado sus cascos toscos por unas tiaras mas finas) sino que se podía sentir un poder aun mayor que las anteriores.
-Ven- le llamo a su compañero que se encontraba viendo el lugar
-¿Qué quieres ahora Milo?- le pregunto Shura mientras comenzaban a caminar
-¿Por qué ellos…?- apunto a Camus y Shaka quien iban delante de ellos -¿también tienen armaduras nuevas?
-¿Celoso bicho?- le tentó Kanon mientras se colocaba a su lado
-No son celos- comento sin mucha importancia –solo que no se me hace justo que nos partimos la madre y ellos que les toco mejor suerte también tienen cambios nuevos- desvió su mirada hacia Aldebarán -¡Y al grandote se la regalo así como si nada!
-¿Por qué no te callas ya Milo?- le ordeno Camus –si tienes quejas díselas a Athena cuando la encontremos
-¡Claro que me voy a quejar!- respondió molesto
Milo continuo dando sus razones de porque solo los que fueron a los mares debían de tener armaduras nuevas y no los que se habían quedado. Kanon le pidió miles de veces que se callara pero solo lo hacía por unos momentos para de nuevo volver a hablar. La decisión que había tomado Athena era simple, checar el resto de las armaduras que se habían quedado, así que sin más acompañada de Mü comenzó a hacer una evaluación.
Por supuesto que Shion dio el grito en el cielo cuando se enteró de lo que había hecho la deidad sin haberle consultado, pero de nada sirvió pues en el momento en que la habían estado regañando llego Dhoko y se la llevo de ahí.
-Ahí está el Cosmo de Athena de nuevo- comento Kanon cuando se detuvieron en medio del bosque
-Ya se dieron cuenta de que estamos aquí- susurro Aldebarán -¿sienten eso?
-Enviaron a sus guardianes- confirmo Shaka mientras sentía el Cosmo de los enemigos esparcirse por todo el bosque en diferentes sitios –piensan que al separarnos nos debilitaremos- aseguro
-Shaka- le llamo Milo –abre los ojos amigo
-Mientras que Athena no se encuentre puedo mantenerlos cerrados- respondió irritado
-No tarado- le dijo mientras le palmeo el hombro –quise decir que estas equivocado- respondió sonriente –con estas súper armaduras que tenemos no habrá nadie que nos gane
-Milo, deja en paz a Shaka si quieres seguir vivo- le recomendó Afrodita -¿Qué hacemos Kanon? ¿También nos separamos?
-No nos queda otra alternativa- aseguro –tenemos que dividirnos
-Nos veremos en la mansión de Ares- aseguro Aioros
-Quien llegue primero saca a Athena de ahí y la pone a salvo- propuso Shura a lo que todos asintieron
-Recuerden- hablo Kanon llamando la atención de todos –solo derrótenlos, jamás tomen la vida de ellos, Athena lo prohíbe
-Si- respondieron todos
-¡Por Athena!- dijo Kanon dando la ultima orden
-¡Por Athena!- respondieron y cada uno de ellos salió disparado hacia un punto en especial
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~ 3 ~
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No sabias en donde te encontrabas, pero se asemejaba a un sótano o algo parecido, pues en el sitio no había nada que no fuera Ares, la bola esa en la que estabas y por supuesto tú. Ademas de una mesita donde había un reloj de arena pequeño.
-Mira hermana- te mostro aquel reloj -¿esta bonito verdad?
-Sácame de aquí Ares- le volviste a pedir
-No, hasta que digas que te vas a quedar para siempre conmigo- te exigió de nuevo
-Ya te dije que no puedo- respondiste, viste que golpeo la mesa con su mano y de pronto una fuerte descarga te ataco, era muy poderosa
-No quiero hacerte eso- te dijo cuándo su ataque ceso –pero si sigues así lo hare
-Ares… no tientes a tu suerte- le pediste
-¡Quédate!- te grito y de nuevo te ataco con una descarga -¡No hagas eso!- te exigió, pues en esta ocasión con la ayuda de tu Cosmo bloqueaste el ataque
-De bruta me dejo que me sigas haciendo esto- respondiste –sácame de aquí Ares, es una orden
-No lo hare- te susurro –mis guardianes acabaran con los tuyos y cuando lo hagan tendrás que quedarte
-Tú lo pediste a gritos niño malcriado- le dijiste y comenzaste a elevar tu Cosmo tratando de romper aquella burbuja, pero fue imposible
-No podrás hacerlo- te dijo –pero mientras no quieras quedarte te voy a dejar ahí- viste que tomo asiento en la mesa y volteo el reloj de arena –hermana, cuando la arena pase a este lado tú vas a morir
-¿Por qué Ares?- le preguntaste –si lo haces jamás podemos volver a jugar
-Pues prefiero que estés muerta, así no me dejaras- confeso –pero no te preocupes que antes de que se acabe la arena ellos regresaran después de haber ganado a tus inútiles caballeritos
-¿Por qué me pasa esto a mí?... Más les vales que me saquen de aquí antes de que me muera, porque de ser así, los voy a seguir hasta la muerte- pensaste
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-¿Buscas algo Caballero?- escucho una voz que detuvo su caminar
-Interesante- comento -¿Qué hace una bella dama aquí tan sola?
-Igualado, mide tus palabras- le reclamo, un destello cegó por un momento al Caballero, para cuando abrió los ojos la mujer se encontraba revestida por un atuendo un poco… convencional
-No quiero ofender; pero… ¿te vas a enfrentar a mi vestida de esa manera?- le pregunto al verla. Solo contaba con un casco de un guerrero espartano, un peto que cubría solo su pecho, coderas y unas sandalias, unas espinilleras que le cubrían apenas un poco mas arriba de la rodilla, un escudo rectangular con borden ovalados y una lanza
-Soy una guerrera al servicio del dios Ares- comento orgullosa –no necesitamos tanta protección como la que traes puesta, soy Ardena, protectora de la naturaleza
-Valla, valla…- respondió un poco asombrado -¿todos tus amigos visten igual?
-¡¿Te atreves a burlarte de nosotros?!- le pregunto ofendida a su oponente mientras le apuntaba con la lanza
-No quiero que me malinterpretes- le respondió mientras se deshacía de su capa para que no le estorbara en su batalla –pero Milo de Escorpión no tiene piedad para cualquier enemigo de Athena, aunque sea una mujer
-No necesito de tu piedad- le recrimino y en ese momento se abalanzo contra él
La mujer al servicio de Ares era buena, pues su manejo con la lanza era impecable, él solo podía esquivar los ataques sin siquiera molestarse en responder a la agresión. Le hizo acordarse del General Marina que se encontraba al servicio de Poseidón, ese tipo si era de mucho cuidado, quien sabe cómo lo habrían entrenado que no caía con ninguno de sus ataques.
Dio un gran salto con el impulso de sus piernas, en pleno aire se dio el lujo de dar una vuelta para caer de pie; como si fuese un felino, detrás de ella.
-Eres agresiva linda- le comento Milo –mira, aunque seas el enemigo no quiero lastimarte, eres una mujer y mis acciones de Caballero me lo impiden…- se quedó a medio discurso pues la mujer le había arrojado la lanza, la cual se clavó en el suelo –demasiado agresiva pero al final mujer
-Una mujer será la que tome tu vida- le respondió Ardena –llevare tu cabeza ante mi señor
-Le causaras un trauma a ese niño- respondió serio –pobre mocoso, tener que lidiar con este tipo de locos- siguió haciéndola enojar –oye, si me llevas con Athena te juro que no te hago nada- le sugirió sonriente
-¡Jamás!- le respondió y se abalanzó contra el Escorpión. Los puños de Ardena eran demasiado predecibles, Milo no hacía nada más que esquivarlos de un lado a otro sin mucha gracia.
-Yo iré señor- se escuchó la voz del Escorpión, el primero en probar suerte y esperar que el Patriarca no le dijera nada –quiero ir de nuevo y pelear por Athena, quiero ser uno de los que la traigan de regreso
-Acabas de pelear hace poco contras lo Marinas- le dijo Shion seriamente –tu cuerpo aún debe de resentir las heridas
-¿Lo dice por mi mano?- mostro la mano la cual aún se encontraba muy notoria la cicatriz que le había hecho el General Marina –no pasa nada- respondió seguro mientras la abría y cerraba –está en perfectas condiciones
-Si así lo quieres- le respondió Shion –el primero de ustedes Milo de Escorpio
-Si señor- respondió y dio un paso adelante, sonriendo orgulloso y altivo como solía hacerlo siempre
La espalda de Milo choco contra el tronco de uno de los árboles, Ardena se quedó quieta, observando al Caballero de Escorpión respirar copiosamente. No era que estuviera siendo exigido al máximo, pero andar de un lado a otro lo tenía ligeramente agitado. Ardena clavo su lanza en el suelo rocoso, Milo se desconcertó por lo que estaba pasando
-Muy bien Milo- le llamo aquella mujer, este espero quieto –es hora de que pagues por cada una de tus insolencias- observo que elevo su brazo mientras apuntaba hacia él
-¿Qué clase de insolencias?- se preguntó a sí mismo -¡No te he dicho nada!- le reclamo, de pronto comenzó a escuchar unos ruidos y desvió su mirada hacia varios puntos, pero no había nada
-Morirás lentamente- dijo Ardena, en ese momento cerro su mano en puño, la señal para que las ramas del árbol y sus raíces apresaran al chico a su tronco
-Maldición- susurro el Escorpión –Se supone que está loca seria la oponente de Piscis, no yo- se quejo
-¿Decías algo?- le pregunto burlonamente
-Si- respondió -¡que estas completamente loca!
-¡Insolente!- ella provoco que los amarres del árbol se apretaran más al cuerpo de Milo, quien trataba de resistir lo más que podía -¡Te enseñare que conmigo no se juega!
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Baudier mantenía a Aioros abrazado fuertemente, no le permitía hacer algún movimiento, Sagitario trataba de zafarse de aquel agarre, pero la fuerza que esa persona poseía era mucha a pesar de no tener una buena armadura como la que él poseía. De un momento a otro estallo su Cosmo para que su armadura desplegara sus alas y alejar al mismo tiempo a su enemigo.
Este solo dio unos pasos hacia atrás, mantenía los brazos ligeramente cruzados; lo suficiente para masajearlos con sus manos contrarias, aquel ataque de defensa lo había tomado por sorpresa, sonrió arrogantemente.
-Eres mejor de lo que esperaba- alago Baudier a Sagitario, alzo su mirada al cielo, en ese lugar un poco alejado de su enemigo se encontraba Aioros suspendido en el aire, mostrando en todo su esplendor aquellas alas –muy hermosas, demasiado hermosas Sagitario
-¿En dónde está la señorita Athena?- exigió saber el guerrero del Santuario –dímelo ahora- exigió
-¿Para qué?- pregunto mientras tronaba los dedos de sus manos –Lady Athena se quedara a lado del príncipe Ares, es su deber- le dijo
-Están equivocados- respondió Aioros aun suspendido en el aire –el deber de Athena es velar por el bienestar del mundo y por la paz
-Eso es lo que tú crees- comento mientras en la palmas de sus manos se encontraba formándose unas esferas de rojo vivo –pero el deber de ella es permanecer a lado de su hermano, ambos gobernaran sobre los humanos- en ese momento lanzo aquellas esferas contra Sagitario.
Aioros invoco su arco dorado y lanzo dos flechas hacia aquellas esferas, las cuales cuando hicieron contacto con este se escuchó una explosión, Aioros se cubrió los ojos para no lastimarlos, cuando la capa de humo se disolvió no había nadie en tierra, una sombra se proyectó en el suelo, una sombra que cubría la suya misma, Aioros desvió la mirada hacia arriba, ese momento fue demasiado tarde, pues Baudier le propino una patada en el centro de su espalda devolviéndolo al suelo de forma agresiva, Aioros cayo suavemente pues se apoyó con sus manos para poder caer de pie.
-Lo siento mucho pero mi orden es acabar con la Guardia personal de lady Athena
-Atrévete- le reto Sagitario –si es que puedes hacerlo
¿Cómo lo ven? ¿Algo forzado? Espero que si les haya gustado, como les dije anteriormente. No sé si tenga los episodios del Sábado y Domingo, yo espero que sí. Así que si me echan porras mentalmente significaría mucho.
Pasando a las adivinanzas. La respuesta era: Hora de cambiar el reloj porque nada más suena doce campanadas XD
Y la respuesta a la que me hizo Tsukihimeprincess es la Rana, no sé por qué pero cuando la leí y la respondí a la primera me dio mucha risa XD
¿Qué número es el siguiente en esta secuencia?
2, 10, 12, 16, 17, 18, 19
