Siempre si lo acabe, pero bien noche así que después de terminarlo me fui a dormir. Así que les aviso, esta será súper corta, pero con las otras que siguen se las recompensare. Así que sin más, disfruten del capítulo de la continuación de la guerra contra Ares, aunque más que guerra es secuestro. Sin más, las dejo y espero tener el que sigue para el sábado, pero no les prometo nada.
~ 1 ~
Desviaste la mirada hacia todos lados, Ares parecía estar entretenido con unas hojas en el suelo, dibujando y pintando todo lo que se le ocurría, comenzabas a sentirte algo agitada, no era por nada pero algo te decía que de seguir así ibas a terminar muy mal.
-Eso es- pensaste y miraste al niño –no lo sabe, pero esta cosa…- miraste la burbuja y la tocaste ligeramente –es muy pequeña, apenas me da el espacio suficiente para poder estar de pie. Si esto sigue así y con lo que se tarden los "angelitos" en venir por mi…- pensaste en los chicos que estaban afuera dándose y no consejos contras los chicos de Ares, seguiste pensando –voy a morir asfixiada, el aire se me va a acabar antes de dos o tres horas- continuaste pensando –y la mejor de las señales es que ya me estoy agitando
-¿Pasa algo hermanita?- te pregunto Ares desviando la mirada a donde te encontrabas –sabes que si quieres salir solo tienes que decirme que te vas a quedar conmigo para siempre y decirles a tus Caballeros que no vuelvan
-Lo siento Ares- le respondiste y viste que su sonrisa se desvaneció –pero me tengo que ir, por favor, sácame de aquí y evitemos el conflicto
-No- te respondió de inmediato y continúo dibujando
-Maldita la vida que me tocó vivir- te susurraste a ti misma
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-¡Que dejes de hacer eso!- exigió Milo esquivando cada una de las ramas que amenazaba con golpearlo
-¡Solo deja de moverte!- le ordeno Ardena mientras dirigía sus ataques hacia el Santo del Escorpión
-¡Estás loca mujer!- le respondió Milo mientras daba un salto, en ese momento la rama de un árbol que salió de su copa enredo el tobillo del Santo con intención de azotarlo en el suelo, pero este se liberó con la ayuda de su Aguja Escarlata -¡Esta armadura es nueva! Nue-va… no quiero que la rayes, me mata Athena si llego con la armadura destruida de nuevo
-¡Deja de hablar como niña mimada!- respondió furiosa mientras hacía ahora que las ramas de los arbustos que se encontraban ahí atacaran a Milo
-Si esto es todo lo que tienes…- susurro –Muy bien lindura, es hora de que te ponga un "Estate quieta" como dice mi princesa- sonrió arrogantemente
-¿Tu? ¿A mí?- pregunto burlonamente mientras aumentaba el ataque
-Así es- respondió simple mientras seguía saltando de un lado a otro esquivando las ramas de los árboles y las raíces que salían de todos lados
Ardena no pensaba en detener su ataque y mucho menos darle a Milo la oportunidad siquiera de atacar, tarde que temprano lo terminaría cansando y en ese momento tomaría su lanza para tomar la vida del Santo de Athena.
Milo se detuvo encima de una piedra, simplemente esperando a que su oponente comenzara de nuevo con su ataque, la seguidora de Ares lo vio como una ofensa, como un reto; así que con la mayor velocidad posible que le daban sus ataques se enfocó en él, enviándole una lluvia de ramas y raíces, las cuales se estrellaron contra aquella roca, una cortina de humo se levando en el sitio, tapando momentáneamente los rayos del sol. De pronto escucho un ligero silbido de algo, después sintió un fuerte dolor en su rodilla izquierda. Cayo al suelo adolorida, pues el ardor era insoportable para ella, sentía como si algo caliente se hubiera incrustado en su cuerpo.
-Tranquila- le dijo Milo saliendo de aquella cortina que poco a poco comenzaba a extinguirse –Una sola Aguja Escarlata no es capaz de hacerte más que sentir un intenso dolor
-Así que fuiste tú- aseguro
-¿Quién más seria si no yo preciosura?- pregunto socarronamente –ahora solo dime donde está la casa de ese mocoso y te dejo en paz
-¡Jamás!- respondió mientras lanzaba un golpe de filo con su mano hacia el rostro de Milo, este solo retrocedió un poco –Primero tendrás que matarme
-Tranquila linda, que tengo órdenes de no matar a nadie, bueno…- desvió la mirada al cielo –si hago eso la que me mata a mi es Athena
-¡Deja de burlarte de mí!- Ardena se impulso con todo lo que tenía y trato de patear a Milo, pero este esquivo grácilmente el ataque de ella
-Tú lo pediste- respondió Milo, su dedo índice derecho se tiño de rojo y dos finos rayos salieron disparados hacia su oponente, uno en el hombro derecho y la segunda en la parte baja de su vientre –Ya son tres, imagino el dolor que debes de estar sintiendo en este momento
-Cállate- le susurro arrodillada en el suelo –mientras no sangren… ¡poder seguir peleando!- con mucho esfuerzo se puso de pie
-No lo harán- contesto serio, dejando el tono desvergonzado atrás –no hasta que recibas 14 de las 15 Agujas… hasta ese momento solo sentirás un ardor y dolor inimaginable
-¿Cómo?- pregunto haciendo presión en su vientre
-La Aguja Escarlata- dijo Milo –Debes de elegir la muerte física o la muerte de espíritu
-No elegiré ninguna- respondió segura
-Escuche bien señorita- volvió a hablar Milo –no me gusta utilizar esta técnica en una mujer, pero si no me deja de otra y mucho menos me quiere indicar el camino hacia Athena tendré que hacerlo
-Entonces no te detengas- reto –soy una guerrera al servicio de Ares, con mi vida protegerá la de él…
Ardena callo en el momento en que perdió a Milo de vista, lo busco por todos lados, pero moverse le costaba que el ardor aumentara, no sabía que era lo que había pasado, en un momento estaba ahí y al siguiente había desaparecido. Dio unos pasos y de pronto sintió una ráfaga de suave viento detrás de ella, se quedó inmóvil
-Perdóneme señorita, pero no tengo tiempo que perder- la voz de Milo sonó demasiado fría para ella, sintió un fuerte temor. Un ligero golpe en su nuca y ella cayó al suelo desmayada.
Milo solo la observo de pie, no se había movido. Dirigió su mirada hacia el frente, dejo salir un suspiro y comenzó a caminar rumbo a la mansión en la que se encontraba atrapada Athena. Los guerreros de Ares no eran fuertes, al menos el oponente que él había enfrentado no había dado una gran pelea. Volvió a suspirar y con una de sus manos revolvió su cabello, lo único que había gastado era el tiempo que había perdido por andar jugando con ella.
-Ahora por Athena- se dijo a sí mismo –así yo me quedo con el crédito- sonrió ante su idea de molestar a sus compañeros
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Kanon se encontraba haciendo el mínimo esfuerzo para poder esquivar los golpes que le proporcionaba Lyndal. Solo el gemelo menor que era resguardado por la doble constelación de Géminis sabia el porqué del escaso poder de los Guerreros de Ares.
El dios de la guerra de la brutalidad apenas era un niño, no era secreto para el Guardián de la tercera casa que el poder inmaduro de él, ademas del escaso o nulo entrenamiento de las personas que habían decidido seguir al niño los estaba llevando sin duda alguna a la derrota.
-Aun así- pensó Kanon –los golpes de este hombre son fuertes
-¿Qué pasa Atheniense?- le insisto Lyndal mientras ejercía más poder en el puño que Kanon detenía con la palma de su mano -¿Preocupado?
-¿De una alimaña como tú?- pregunto arrogante –jamás
-Maldito- susurro molesto –veamos… ¡Que te parece esto!- se alejó del enemigo y junto sus manos, en ellas se comenzó a formar una luz blanca, la cual lanzo al cielo y desapareció
-Una técnica mortal- respondió burlón al ver que no había sucedido nada –yo, Kanon de Géminis, te mostrare lo que es en verdad una técnica temible- se posición en su lugar y comenzó a reunir su Cosmo –Te mostrare como es que destruyo las estrellas
Pero solo quedo en posición, algo le alerto que no estaban solos; había algo que lo estaba vigilando. Detrás de Lyndal se comenzó a formar una nube negra, demasiado turbia. Kanon no podía distinguir nada más que unos puntos rojos y fuerte chillidos que le perforaban los oídos, demasiado ruidoso, Géminis deshizo su posición de ataque para adoptar una de defensa, fuera lo que fuera iba a estar preparado para soportar todo lo que ese hombre fuera a invocar. Unos ruidos más se dejaron escuchar, Lyndal extendió su mano hacia el guerrero de Athena, detrás de él salió disparado un torrente de energía oscura, Kanon no se esperó esa técnica de parte del enemigo. Tomo su capa que no se la había quitado para poder cubrirse de aquel feroz ataque.
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~ 2 ~
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Camus se encontraba congelado cada ataque que le propinaba Alexander, jamás imagino que las habilidades de aquel seguidor de Ares tuviera un don excepcional como el de controlar el agua y manejarla de acuerdo a como él quisiera hacerlo.
-¡Andando Acuario!- reto Alexander –quiero saber que más puedes hacer, quiero ver porque Lady Athena presumía tanto las habilidades de sus Santos
-¿Tú que vas a saber de nosotros?- pregunto Camus mientras congelaba un fino chorro de agua que iba dirigido a él, después de hacerlo lo rompió en pedazos –No sabes nada acerca de nosotros
-Tienes razón- respondió mientras su cuerpo era protegido por ondas de agua arremolinadas a su alrededor –si al menos Lady Athena nos hubiera descrito más sus habilidades y no solo un "tengo alguien que hace nieve" hubiéramos encontrado una forma más rápida de vencerlos
El agua tranquila del lago que se encontraba dónde estaban peleando se había vuelto hostil y turbia, a cada momento nacían de ella sus extensiones, finos látigos de agua capaces de cortar hasta el tronco más grueso y partir las piedras por la mitad. Lo único que hacia Acuario era esquivar aquellos ataques, sabía de antemano que no le podían hacer nada, ya lo había comprobado cuando un chorro a presión le dio de lleno en el pecho, la armadura que ahora usaba lo había protegido, sin duda alguna, era mucho más poderosa que la anterior.
-¿Qué pasa Acuario?- pregunto –si solo te vas a dedicar a huir esta pelea se va a volver muy aburrida
-¿Pelea has dicho?- pregunto arrogante Camus colocándose delante de él, un aura brillosa comenzó a rodearlo –esto no representa ni siquiera un esfuerzo para mi
-¿Qué quieres decir?- pregunto ofendido Alexander –Si te la has pasado huyendo como un maldito cobarde
-Solo estaba midiendo tus fuerzas- respondió
-¡No seas arrogante!- respondió molesto mientras hacía que varios torrentes de agua se abalanzaran contra Acuario, este no se movió ni un milímetro
-Ya te lo dije- respondió Camus, los torrentes de agua se congelaron formando una cúpula que protegia al joven guerrero –que tus ataques no representan un reto para mi- aquella protección se rompió en pedazos cuando de nuevo Alexander la ataco
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-Ares- llamaste al niño que se encontraba jugando en el suelo con unos pequeños muñequitos -¿Quieres que juegue contigo?
-No- te dijo mientras los dejaba en el suelo –porque si te saco de ahí vas a escapar de aquí y no quiero- te respondió tranquilamente -¿Qué te pasa?- te pregunto al verte respirar de manera agitada
-Nada- respondiste –sácame de aquí Ares, podemos llegar a un arreglo
-No- te dijo mientras se ponía de pie –mira hermana- te mostro unos dibujos algo mal hechos, pero podías apreciar muchos bocetos de guerras –este y este y este- apunto unos puntos –son países que en este momento están peleando
-¿Pelando?- preguntaste, el niño asintió -¿Por qué pelean Ares?
-Porque quieren dominar al mundo- te respondió sencillamente. Paso a otra hoja donde estaban los mismo dibujos, encima de ellos había un sol rojo y dentro de ese sol una figurita negra -Y este soy yo- dijo haciendo alusión a la figurita negra –cuando yo salga ellos van a dejar de pelear y yo me voy a convertir en su rey- te dijo sonriente –así que para eso necesito que te quedes conmigo, quiero que tú seas la que mande hasta que crezca tanto como tú y los pueda gobernar- te explico sonriente
-Eso quiere decir- dedujiste de inmediato –que los estas obligando a pelear, ¿eso es verdad?- él asintió -¿Cómo lo haces?
-Sencillito- te dijo y tomo asiento en el suelo –envió a cualquiera de mis guerreros con un poco de mi poder, ellos al tocar a un jefe les pasa mi poder y despierta las ganas de pelear
-Transferencia- susurraste –Ares, cuando tienen tu energía dentro de ellos, solo la activas y comienzas a sembrar la cizaña en ellos
-Wow- respondió el niño –ya sabía yo que mi hermana era muy inteligente, así es Athena, yo los hago pelear para que cuando no puedan más me vean a mi como su rey y su guía a la paz
-No seas impertinente Ares- le llamaste la atención –eso no se hace, aun te falta mucho por madurar para que seas un dios en toda la extensión de la palabra, lo único que haces es lastimar a personas que no tienen nada que ver con tus caprichos de niño rico
-¡No!- de nuevo sentiste la electricidad correr por tu cuerpo, respirabas más agitada de lo que ya estabas -¡Tu no lo entiendes!
-Claro que lo entiendo- respondiste –ahora Ares, te lo digo de nuevo, sácame de aquí ahora mismo y detén las guerras que has provocado
-¡No quiero!- te volvió a repetir mientras intensificaba su ataque, te encontrabas demasiado débil como para poder protegerte con tu Cosmo
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Kanon hacia todo lo que podía por protegerse de los murciélagos y abejas que trataban de picarlo o de morderlo, demasiado problemas ya tenía con aguatar a ese loco para batallar ahora con esos bichos. Sabía que entre más tiempo pasara ahí con ese tipo menos tiempo le quedaría a Athena, más si se había quedado en compañía de aquel mocoso insolente como él y sus compañeros le llamaban.
-Señor- se escuchó resonar la voz de Kanon –yo también iré- esto tomo por sorpresa a todos los presentes
-Aun no tienes autorización para salir- le regaño Shion –así que tu quedas descartado para esta misión Kanon
-Es por eso que debo ir- comento decidió –sé que traicione la confianza no solo de mis compañeros de armas, del Santuario, de usted y del Antiguo Maestro- dijo mientras miraba al suelo, apretando sus puños –sé que aun debo ser considerado como un traidor, aunque eso solo lo sepa la Orden Dorada, pero…- callo por un momento y alzo la mirada, viendo fijamente a Shion –Quiero demostrar mi lealtad para la diosa Athena, para la persona que me ha tratado como un amigo íntimo desde el momento en que llego
-Kanon…
-Señor- le interrumpió –sé que no quiere enviar más que a ellos- señalo a los 5 Caballeros que se habían alistado –pero tengo que ir, así que con su autorización o sin ella, yo iré por Athena
Shion se quedó callado, mientras que Dhoko le veía insistentemente. Ambos líderes de la Orden sabían que desde que había llegado Athena al Santuario había despertado la rebeldía de todos ellos, incluso hasta el más calmado era capaz de ir en contra de las órdenes del Patriarca con tal de estar al lado de la chica, de la joven deidad. Shion paso su mano sobre sus cabellos y volvió a hablar.
-Veo que no podré hacer nada para que cambies de opinión- declaro –está bien, Kanon de Géminis, el sexto Santo elegido para que valla por Athena
-Gracias señor- susurro mientras se alistaba en la fila
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-Ya estoy cansando de esto- comento furioso Kanon
-Pero si no están haciendo nada malo- respondió Lyndal –solo te quieren dar un besito y nada más- comenzó a reír, pero se detuvo en el momento en que sintió el Cosmo de Kanon elevarse
-Hasta aquí llego mi paciencia- comento y elevo su mano formando una figura dorada delante de él -¡Triángulo Dorado!- evoco su ataque
En ese momento todos los animales que se encontraban ahí desaparecieron por la técnica del gemelo menor, por algo era conocido que entre él y Saga eran suficientes para proteger el Santuario, demasiado poderosos.
-¿En dónde están?- pregunto sorprendió Lyndal
-Lejos de aquí- respondió –como pronto lo estarás tú
-No te tengo miedo- comento al reto que le había enviado aquel hombre
-¿En dónde está Athena?- le pregunto –si me lo dices, perdonare tu vida
-Jamás- respondió –lady Athena es muy feliz estando aquí junto a su hermano, el señor Ares
-¿Tu cómo vas a saber cuándo ella es feliz?- le pregunto –ni siquiera nosotros podemos saberlo y eso que pasamos las 24 horas del día con ella
-¿Qué quieres decir?- pregunto sorprendido
-Siempre muestra una sonrisa o se hace la desentendida, todo con tal de no preocupar a los demás, lo vimos cuando llego al Santuario, siempre de bueno humor hasta que exploto, no sabíamos la tristeza que la embarga hasta que estallo en coraje y lágrimas- recordó el momento en que Athena decidió pasar por las doces casas, la discusión con Shion y como salió de ahí enojada y llorando al negarle lo que ella quería -¡Así que no me vengas con ella es feliz aquí! ¡Cuando lo que han hecho es encerrarla!
-¡Tú no sabes nada Kanon!- respondió Lyndal –¡Con el tiempo ella se acostumbrara y será feliz viviendo aquí!
-Ya no más- susurro Kanon y preparo su ataque -¡Explosión de Galaxias!
Lyndal trato de protegerse al poner sus manos frente a él y formar un escudo pero de nada le sirvió, el poder de aquel Santo de Athena le sobrepasaba de gran manera. Era muy fuerte, demasiado. Ahora lo sabía, cuando ella había dicho que jamás le ganarían a sus Santos. El escudo se desquebrajo en un solo momento, recibiendo de lleno aquella técnica que Kanon había dicho que era capaz de destruir las estrellas del universo. Sintió el peso de la explosión y como cada parte de la frágil protección que tenía era destruida, de pronto el ataque ceso.
-¿Qué paso?- pensó mientras caía al suelo agitado -¿fallo?- escucho que los pasos de Kanon se acercaban a él -¿Qué hiciste?
-Detuve el ataque- respondió sin decir nada más mientras caminaba hacia el interior del bosque –solo has recibido algunas quemaduras, nada que no sane en unos días
-Espera- le llamo e intento ponerse de pie, pero le fue imposible -¿Por qué perdonarme la vida?
-No se me ordeno matar a nadie, solo ir por Athena y llevarla de regreso al Santuario
Después de eso ya no dijo nada más y reanudo su camino mientras corría a una buena velocidad, ya lo sabía, no eran fuertes. Así que sus compañeros de armas no debían de tomarse tanto tiempo en acabar con ellos y mucho menos en ir a donde estaba Athena. Aunque Ares… era otro boleto, él si era fuerte y eso que no controlaba todo su poder.
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~ 3 ~
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-Yo también iré señor- se escuchó resonar la voz de Camus, Milo solo dejo salir un bufido de molestia, eso lo noto Acuario –la última vez no preste mucha ayuda y ahora que peleo contra el dios de los mares, el cual era un enemigo más fuerte, no fui designado mas que esperar a que llegara
-¿Crees que si vas, en esta ocasión sea diferente?- le pregunto astutamente Shion -¿quieres decir que Athena no saldrá herida si tú vas a la misión?
-Mentira- intervino Milo
-Cállate Escorpión, tu salida peligra- le ordeno Dhoko, no le quedo más que cruzarse de brazos y esperar a que Shion diera la orden
-No lo sé señor- dijo sinceramente –pero quiero ayudar
-Camus de Acuario, cuarto guerrero escogido, un paso al frente
-Si señor- respondió
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Alexander ya no sabía que más hacer, no era que hubiera mostrado todo su poder, pero si el Santo que se encontraba frente a él no hacía nada más que esquivar sus ataques y congelarlos jamás tendría la oportunidad de acabar con su vida.
-Quédate quieto- le ordeno de nuevo, pero Camus congelo el agua, un escudo similar a una ola a punto de impactarse se formó frente a él, Alexander se encontraba respirando agitadamente, de pronto vio cómo se formaban unos hermosos colores tornasoles en el hielo
Un rayo de energía fría pero al mismo tiempo hermosa salió de ahí destrozando aquella pared de hielo que se había formado, este se impactó contra aquel guerrero que lo envió a estrellarse contra algunos árboles, destruyéndolos y congelándolos. Camus camino hacia donde estaba su oponente caído. Cuando se dio cuenta de que aún estaba vivo y consiente paso de largo y comenzó a dirigirse hacia aquella mansión
-Espera- detuvo su andar Alexander mientras se ponía de pie, parte de su cuerpo se encontraba cubierto por una fina capa de hielo –esto aún no termina Camus- dijo mientras trataba de controlar los espasmos de frio que sentía
-Ahora lo único que importa es la seguridad de la señorita Athena. Lo demás puede esperar
Sin más palabras, retomo su camino mientras su capa se balanceaba de un lado al otro con cada uno de sus pasos. Se adentró al bosque, a lo lejos pudo ver en uno de sus tantos saltos que hacía para esquivar había divisado la gran mansión en la que se encontraba la deidad. Le preocupaba que la señorita que cuidaba se encontrara en problemas, pues el Cosmo de la joven había estallado hacia unos momentos atrás.
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Ebbe trataba con todas sus fuerzas destruir la barrera que protegia a Piscis. Sin duda alguna el don que poseía aquel seguidor de la guerra violenta era increíble, la habilidad de controlar los rayos era demasiado peculiar.
Sin duda alguna, lo que le faltaba a esa persona que se encontraba tratando de atacar a Afrodita era pulir sus movimientos, estos eran demasiado predecibles. Sin duda alguna, aquellos ataques podían sencillamente lastimar al guerrero de la doceava casa, pero no en esa ocasión.
-¿Por qué no pasa nada?- pensó Ebbe mientras respiraba de manera agitada -¿Por qué no puedo hacerle daño?- frunció más el seño
-¿Qué pasa Ebbe?- le pregunto burlón –no me digas que no puedes hacer nada con esta muralla de rosas
-¡Maldito!- le respondió
Ebbe no espero más, así que dejo de atacar a Afrodita a distancia y corrió para poder golpearlo teniéndolo más cerca de él. Lo único que Piscis hacía era esquivarlos ágilmente. Comenzó a propinarle puñetazos revestidos con electricidad, pero aun así… Afrodita esquivaba cada uno de ellos.
La capa del Santo dorado se movía grácilmente, sus movimientos eran semejantes a una danza clásica, pero uno de estos, en la desesperación de Ebbe rozo la mejilla izquierda de Piscis, este dio un gran salto hacia atrás, lo había tomado por sorpresa y en un acto más de reflejo que de cuidado Afrodita invoco su horda de Rosas Diabólicas Reales.
-Maldición- se regaño mentalmente y corrió hacia donde Ebbe se encontraba -¿estás bien?- le pregunto
-No seas hipócrita, Piscis- le respondió
-No era mi intensión- le respondió –no quería atacarte con un golpe de esa magnitud
-¿Qué me hiciste?- le pregunto mientras trataba de ponerse de pie
-Las Rosas Diabólicas Reales contienen un veneno sutil- le respondió –estas solo te dejaran paralizado un momento
-¿Cuánto?- insistió Ebbe
-Unas cuatro o cinco horas- respondió -¿necesitas ayuda?- le tendió la mano pero Ebbe la rechazo groseramente
-No necesito nada de ti- le respondió –ni tu compasión, lastima y mucho menos tu ayuda- respondió hostilmente
-Se me ordeno derrotarte- respondió fríamente –te lo preguntare una última vez… ¿necesitas ayuda?
-¡No!- grito -¡lárgate de aquí!- Afrodita lo vio mientras Ebbe trataba de respirar tranquilamente. Suspiro y decidió dejarlo ahí, al fin y al cabo se podía cuidar solo
-Antes de irme- le hablo de nuevo, Ebbe gruño al oír la voz de Piscis –quiero hacerte una pregunta… ¿en dónde está Athena? ¿está bien?
-Esas son dos- respondió irónicamente
-Bueno, responde solo la primera- dijo tranquilamente
-No te lo diré- y después de eso callo
Afrodita se dio cuenta de que no iba a hablar ya más, así que sin más emprendió el camino hacia la mansión, aun recordaba vagamente de donde provenía aquel Cosmo que hacía unos momento atrás había sentido. Lo más seguro era que Athena se había dado cuenta de su presencia y para ayudarlos a encontrarla decidió explotar su Cosmo.
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-¿Van a hacerlo solos? ¿o prefieren que elija a los demás?- pregunto Shion mientras observaba que solo dos guardianes se habían postulado -¿Caballeros?
-Yo también iré señor- se animo Afrodita mientras daba un paso al frente y se colocaba en la fila a lado de Milo –Seré quien personalmente se enfrente al mismo Ares si es necesario para traer de nuevo con vida a la señorita Athena
-¿Aunque tu enemigo sea un niño?- le pregunto Shion –Solo recuerda que Athena no permite el tomar las vidas de las personas, mucho menos la de un niño
-Lo sé- dijo seguro –pero eso no significa que no traiga a la señorita de nuevo pues este es el lugar donde debe de estar
-Entonces Afrodita, eres el 3er guerrero elegido- dijo seguro Shion
-Gracias su Ilustrísima- respondió mientras hacia una reverencia.
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Sonrió al recordar la indecisión que tuvo, no era nada sencillo aventurarse a decir que iba, pues con el Patriarca pocas cosas eran seguras y mucho menos se podía tomar en cuenta esa orden, pues estaban hablando de la seguridad de Athena, la diosa protectora de esa era. Desvió la mirada hacia atrás solo por unos segundos para seguir mirando al frente. No era que le preocupara el hombre que había dejado atrás hacia unos momentos, lo que en verdad lo tenia sorprendido era la fuerza de él, demasiado débil, incluso un aprendiz de caballero poseía mas fuerza que ellos. Una cosa era que Ares fuera un niño y que aun le faltaba mucho camino para poder llegar a controlar su gran poder únicamente igualado con el de la princesa Athena, pero… ¿ellos?
Se suponía que la guardia personal de un dios debía de tener una fuerza muy grande para protegerlo; incluso dar su vida por ellos, pero se veía que Ares iba a sufrir demasiado si seguía con esos guerreros que no servían para nada, apenas hubo batalla.
-Corrección- se dijo a si mismo mientras sonreía arrogantemente –ni siquiera hubo batalla- confeso al viento frágil que en ese momento acaricio sus cabellos y movió lentamente su capa blanca
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Te apoyaste en la pared plástica de aquella burbuja, apenas había pasando una hora, pues habías verificado tú celular que lo llevabas oculto en la pierna con ayudada de un short corto que llevabas bajo el vestido.
Aunque era normal, el lugar en el que te encontrabas era muy reducido, básicamente en cualquier momento te podrías desmayar debido a la falta de oxígeno, ¿Cuánto más se iban a tardar en llegar? ¿Acaso los seguidores de Ares eran tan fuertes?
Desviaste ligeramente la cabeza para ver que Ares se había quedado dormido en el suelo, era tu oportunidad de escapar, pero siendo sincera, sabias que era imposible, estabas débil y si; ya habías atacado dentro de esa cosa, pero no habías siquiera conseguido hacerle un rasguño, tendrías que esperar a que te sacaran de ahí.
Sentiste que los parpados comenzaban a cerrarse, ver a Ares dormir tranquilamente te hizo desear hacer lo mismo, poco a poco cerraste los ojos, solo descasarías la vista, sabias de antemano que no podías hacerlo, ademas… solo ibas a descansar, cuando recuperaras tus fuerzas de nuevo tratarías de romper aquella burbuja.
Muy bien, en esta ocasión no les dejare adivinanza, porque como les digo ando falta de imaginación hasta para eso. Así que se las debo para la que sigue. Respuesta de la adivinanza pasada: 200
Y a la de mi amiga: el Pes cuezo jajajaa esa estuvo buena XD
