¡Hola a todas! Lo se, esta vez me pase de tiempo… pero tenia muchas cosas que hacer, las cuales requerían de mi tiempo y prioridad y como buena mexicana lo deje todo para el ultimo momento, pero ahora que ya no tengo nada que hacer me puse a terminar este episodio. Es como le dije a una amiga, no es que se me haya hecho difícil seguir con esto; sino, que tenia cosas que hacer. Pero bueno he aquí la conti y que mejor que para Navidad. Por cierto espero que se la estén pasando de lo mejor en compañía de todos sus seres queridos y que hayan recibido lo que esperaban. Sol solecito ya no te enojes conmigo, aquí esta… Dame, ya lo termine y Sango… espero que con esto ya no me acoses… jajajaja bueno, me despido y esta vez espero no tardar tanto, aunque estas tres nenas siempre me presionan para que continue. Nos vemos, un gran abrazo psicológico para todas.

Y antes de que se me olvide, apenas lo termine de escribir lo subi de inmediato, asi que en esta ocasión les pido disculpas por los "Horores de Ortografía" que vayan a salir, se que tengo la mania de leer todo el cap cuando termino de escribir para afinar detalles, pero ya no tuve oportunidad porque cierta personita cofcofsolecitocofcof me estaba "animando" a terminarlo ya, asi que la culpa es de ella.


~ 1 ~

-Mi señor- se escuchó una voz que provenía desde las sombras, Hades ni siquiera se dio el tiempo para saber de a quién pertenecía –el ataque se comenzó, Athena ya se debate entre la vida y la muerte

-Aumenta la cantidad- le ordeno –sino me equivoco, entre más veneno corra por su cuerpo más rápido llegara la muerte para ella

-Se demorara un poco más de lo planeado- le respondió –Athena a pesar de provenir de origen humano sigue siendo una diosa

-No importa- respondió quitado de la pena –lo único que cuenta es que morirá, con más dolor pero al final dejara de vivir, ya sea por el veneno o por el filo de la daga

-Entonces… ¿continuo con lo planeado?- le pregunto

-Sabes lo que tienes que hacer- le dio carta libre para desaparecer de ahí.

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-¿Cómo vamos con el plan de ataque?- pregunto Pandora a los dos jueces que se encontraban sentados con ella en la mesa

-Todo va bien mi señora- le respondió Minos –todos los Espectros saben que es lo que tienen que hacer

-Además, al haber destruido las salidas más cercanas a ellos tenemos mayor oportunidad para acabarlos- continuo Aiacos –será una masacre en el Santuario, la peor humillación que podría tener Athena

-Eso ya no será necesario- escucharon la voz de Hades quien se encontraba apoyado en el marco de la puerta

-Señor- llamo Pandora poniéndose de pie inmediatamente –no me había percatado que se encontraba aquí

-Estaban más ocupados tratando de repasar sus planes- comento con una sonrisa mientras se acercaba a ellos quienes ya se encontraban de pie –así que… estos son- dijo al mirar la hoja que estaba sobre la mesa, el pequeño cuyo que siempre lo acompañaba bajo rápidamente por su brazo para comenzar a caminar encima del papel

-Mi señor, derrotar a Athena será sencillo, no habrá nada que pueda hacer para que usted tome el control de la tierra- poso su delicada mano encima de aquel plano, apunto el Sendero de las 12 Casas, el Templo del Patriarca y por último el Santuario de Athena –esto será lo primero que va a caer

-Pandora- le llamo Hades

-Mi señor, no habrá problema alguno…- la mujer callo y dirigió su mirada iracunda sobre el roedor que se había atrevido a morder su dedo, unas gotas de sangre habían manchado el papel, sabía de antemano que no podía hacerle nada a esa pequeña criatura

-No habrá necesidad de eso- tomo al pequeño cuyo en sus manos y lo coloco frente a su rostro –no hagas eso, es de mala educación ¿entendiste?- le pregunto a su mascota, la cual al acercar a su cuerpo de inmediato se acomodó sobre su hombro –volviendo al plan, no hay necesidad, Athena morirá antes de que ataquemos el Santuario de nuevo

-¿Ha pensado en algo señor?- se atrevió a preguntar Minos

-Yo siempre estoy dos pasos delante de Athena- respondió confiado –ahora mismo esta luchando por su vida, una batalla perdida, pero al final es su batalla

-¿Por qué?- pregunto Aiacos –digo señor, si se puede saber

-Claro que si- dijo mientras tomaba asiento y el cuyo subía a su cabeza para acostarse –si digo que Athena morirá antes de que comiencen las batallas es porque en este momento un veneno muy poderoso la está consumiendo

-Tan brillante como siempre señor- le alabo Minos –sin Athena ellos no sabrán que rumbo tomar

-Así es- dijo Hades mientras sonreía

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Shion caminaba de un lado hacia el otro, esperando a que su invitado llegara, era urgente la presencia de él y ahora más que nunca le necesitaban en el Santuario.

Dhoko se encontraba sentado en la silla del Patriarca del Despacho, se encontraba serio, en su mente miles de preguntas se habían formado, la mayoría de ellas solo se encaminaban a una sola dirección, una dirección que no le gustaba.

Mientras tanto la joven deidad aun se encontraba en la habitación que se había destinado para ella desde el momento en que llego al Santuario. Eran pocas las ocasiones en las que Camus abandonaba ese aposento. La fiebre seguía sin ceder, no había nada que se pudiera hacer. Ya habían pasado varios días en los que "-.-" no había probado bocado alguno, apenas y era capaz de ingerir agua. Su respiración aún se encontraba agitada y en algunas ocasiones decaía tanto que en momentos parecía que no respiraba, esos sustos eran lo que últimamente se estaban llevando los Dorados.

En ese momento la joven deidad de encontraba sola, se podía escuchar la respiración de ella en toda la habitación. El viento comenzó a soplar fuertemente, la cortina que se encontraba en el balcón ondeo, en el suelo se comenzó a arrastrar una sombra, esta avanzaba con movimientos ondulatorios hasta que comenzó a subir a la cama. Se metió entre las sabanas y subió hasta morder el muslo izquierdo de la joven y la muñeca del mismo lado, ella solo dejo salir un gemido de dolor, pues apenas tenia fuerzas para seguir respirando.

Después de eso la serpiente negra salió de ahí y desapareció así como había llegado.

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-No lo sé maestro- respondió Camus en un hilo –solo fui a tomar un baño, comí un poco y cuando regrese la fiebre le había aumentado

-Tranquilo niño- trato de calmarlo Dhoko –Shion, está empeorando; necesitamos con urgencia ayuda

-Lo se Dhoko, eso lo sé de antemano- respondió tratando de calmar la fiebre de la joven con su Cosmo –pero Apolo no llegara hasta dentro de unos días mas

-¿Apolo?- pregunto Kanon -¿Le llamo a Apolo?

-Solo él podrá hacer algo- respondió Libra –no solo es el dios del sol también de la medicina, nada más que él podría hacer algo por ella

-Si no hay nada más que hacer…- susurro Shaka –tendremos que dejarla en manos de él

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No había nadie en la habitación de la joven. Ya el poder de Camus no servía de nada, la fiebre no cedía. Desde el último ataque hacia no más de 4 días la joven se encontraba en aquella habitación sola, en algunas ocasiones el Patriarca acudía para ver si llegaba a haber una mejoría, pero no era así. El cuarto siempre se encontraba helado gracias a Acuario, aunque no era de mucha ayuda, pero ellos no perdían la esperanza de que eso sirviera y tarde que temprano ayudaría a bajar la fiebre.

Radamanthys abrió los ojos lentamente, lo primero que vio fue el techo oscuro debido a la noche de ese día. Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, tomo asiento en la orilla de la cama, cerró los ojos y busco en todo el lugar, no había algún Cosmo que se sintiera cerca de ahí, nada ni nadie. Tal vez todos se encontraban dormidos, tal vez estaban en misión, pero a él no le importaba nada de eso.

Camino entre los pasillos oscuros del Santuario hasta detenerse frente a la habitación de la joven, miro hacia ambos lados pero no había señales siquiera de un guardián cerca de ahí. Se adentró al sentirse seguro.

El cuarto estaba completamente helado, observo a la joven la cual se encontraba cubierta únicamente por una ligera manta, se acercó silenciosamente hacia ella hasta colocarse a su lado. Poso su mano encima de su frente la cual se encontraba perlada de sudor, a pesar del clima de esa habitación ella aún se encontraba ardiendo en fiebre.

-Athena- le susurro pero ella no respondió -¿me escuchas? ¿Estas despierta?- volvió a preguntar pero ella no respondió, solo seguía respirando agitadamente, luchando por vivir

Su mano viajo hacia la parte trasera de su espalda, una daga que resplandeció con los pocos rayos lunares que se colaban por el lugar hacían resplandecer la hoja filosa. La coloco sobre el cuello de ella, esta no se dio cuenta del peligro al que en ese momento estaba siendo expuesta. La alejo de ella y la elevo lo más que pudo su brazo. La miro fijamente, el pecho de ella subía y bajaba velozmente, titubeo un momento. Se alejó y bajo su brazo. Sabía que tenía que hacerlo, tenía que terminar con la vida de ella, no debía de dudarlo. Se acercó de nuevo y volvió a elevar aquella daga, la dejo caer con toda la velocidad que podía y estando a unos cuantos milímetros del cuerpo de ella, de ser enterrada en el corazón de la joven deidad se detuvo, no tuvo el valor para terminar lo que estaba haciendo, el pecho de Radamanthys subía y bajaba con la misma velocidad que el de ella.

Alejo la daga de ahí, de pronto la dejo caer al suelo, el sonido de esta resonó por todo el sitio fuertemente, tal vez alguien pudo haber escuchado pero eso no le importaba a él. Bajo la mirada avergonzado, de pronto escucho que la joven comenzó a balbucear algo, no pudo entender lo que ella trataba de decir, acerco su oído a los labios de ella.

-Agua- susurro ella, aun desmayada. Sin más Radamanthys busco con la mirada, en el taburete que se encontraba a la derecha estaba aquella jarra.

Se acercó sin pensarlo y sirvió agua en un vaso. Se arrodillo para poder alzar la cabeza de la joven, acerco el vaso a sus labios, ella poco a poco comenzó a beber en pequeños sorbos. Cuando vio que ya no reaccionaba, la dejo de nuevo que durmiera. Salió de ahí y se encamino hacia la habitación que había estado ocupando ya casi por más de un mes, tenía muchos que pensar.

De lo que no se dio cuenta, es que detrás de una de las columnas alguien había sido testigo de todo, desde el momento en que se adentró, del intento de arrebatar la vida de Athena, el momento en que se detuvo hasta cuando le dio a beber agua.

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-¿En dónde esta?- pregunto apenas abrió la puerta del Salón Patriarcal

-Gracias a los dioses estas aquí- respondió Shion mientras se acercaba al joven que había llegado con dos guardias –te llevare con ella ahora mismo.

Shion comenzó a guiar a Apolo por todo el lugar mientras le iba explicando la situación que en ese momento estaba sufriendo Athena. Apenas llegaron a la habitación Apolo junto a Renné y Sebastián se adentraron a ella

-Este helado aquí- susurro Sebastián mirando hacia todos lados

-¿Por qué?- pregunto Renné –lo que van a hacer es que enferme más

-Lo que pasa es que tiene fiebre- le respondió Shura mientras se acercaba a ellos –no ha cedido desde que llego al Santuario

-Dicen que están envenenada- se unió Shaka que se encamino hacia la cama de la joven colocándose a lado de ella

-¿Quién dice?- pregunto Apolo que también se acercó a la joven para posar su mano encima de su frente

-Radamanthys- respondió Virgo

-El que sirve a Hades- susurro Renné mientras que Virgo asintió

-¿Sirviente de Hades?- pregunto sorprendido el dios del Sol –eso es malo. Tal vez fue él quien la enveneno

-Lo siento pero difiero de su teoría señor- le respondió Shion –hasta este momento no ha salido de su habitación

-¿Lo tienen aquí?- volvió a preguntar mientras sentía las pulsaciones de la joven –son muy lentas. No sé por qué, pero imagino que fue idea de mi hermana

-Esta en lo correcto señor- tomo de nuevo la palabra Shion

-Muy bien- comento –en efecto, no solo su sangre, sino también su cuerpo se encuentra envenenado. No se si quiera si podre acabar con este mal pero lo intentare.

Únicamente Shion y Dhoko se quedaron en la habitación junto a Apolo. Mientras que el resto de los Caballeros y los Guardianes de Apolo se encontraba afuera esperando. Todos pensando en un enfrentamiento entre ellos, sobre todo entre Shaka y Renné pues ni uno ni otro se soportaba pero contra todo pronóstico, se encontraban tranquilamente quietos.

Mientras tanto Apolo se encontraba con su Cosmo elevado fuertemente, pero con cuidado de no elevarlo más de lo normal ya que la vida de su hermana peligraba, Dhoko y Shion se encontraba cada uno de ellos sosteniendo la mano de la deidad con sus Cosmos activados par que el cuerpo de la joven no resintiera tanto. La mirada de Apolo era seria, nadie sabía que era lo que estaba pasando por su cabeza.

-No puedo- susurro mientras que la mirada de ambas figuras reflejaba incredulidad

-Pero tienes que hacerlo, tu eres el dios de la medicina- le comento Dhoko –tienes que hacerlo

-Este no es un veneno normal- se defendió él –no es un veneno de humanos, si así lo fuera ya hubiera purificado su cuerpo; incluso ella misma ya lo hubiera hecho, pero no es así

-Esta muy débil, ni siquiera puede comer- dijo Shion y quedaron en silencio, pues a pesar de que Apolo ya había dicho que no podía hacer nada aun insistía con su Cosmo -¿Qué es lo único que puedes hacer?

-Estoy haciendo lo que puedo

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~ 2 ~

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Toda la Orden Dorada se encontraba reunida en el Salón Patriarcal, en esta ocasión no había Armaduras… solo se encontraban ahí, con sus ropas de entrenamiento. Esperando a que Apolo hablara.

-Guardianes de Athena- les llamo –mi deber es informar sobre la salud de su diosa

-¿Cómo está?- pregunto Afrodita en nombres de todos

-Prepárense para la muerte de Athena- dijo sin más, sin pensarlo. Esta noticia cayó como un balde de agua fría para los Caballeros

-¿Qué fue lo que dijo?- pregunto Milo –creo que escuche mal

-Athena va a morir, solo es cuestión de….

Solo se vio como un rayo paso y derribo a Apolo, este se encontraba de espaldas contra el piso y sobre él se encontraba Shaka sosteniéndolo de la camisa, la mirada de Virgo reflejaba odio, ira…

-Virgo, deja en este momento al señor Apolo- le ordeno Shion pero tal parecía que no le escucha -¡Shaka, hazme caso!

-¡Me niego a creerlo!- respondió Shaka mientras aún mantenía a Apolo contra el suelo -¡eres el dios de la medicina! ¡Tienes más tiempo como dios que ella! ¡Me niego a creer que no puedes hacer nada para salvarla!

-Por favor. Deja a Apolo Virgo- le ordeno con voz fuerte Dhoko

-Shaka tiene razón- se unió Aioros –no puede ser que Apolo no pueda salvar a Athena

-Aioros, por favor…- le pidió Shion pero fue interrumpido

-Es la verdad- se escuchó a Kanon –que demuestre que en verdad la ve como a su hermana, que demuestre que puede salvarla

-Yo quisiera hacerlo- respondió el dios del sol aun en el suelo mirando a Shaka –pero no puedo, este veneno no es común, ni siquiera lo conocía

-¡Pero tienes que hacer algo!- le exigió Virgo

-Lo he intentado todo- respondió –pero si aumento mi Cosmo solo acelerare la muerte de mi hermana y no quiero hacerlo

-¡No quiero creerlo!- respondió Virgo, Apolo poso sus manos sobre los brazos de Shaka para obligarlo a que lo soltara, el dios se levantó pero dejo a Shaka de rodillas en el suelo

-Lo siento joven Virgo- le hablo mientras posaba su mano encima de su hombro –se lo que sientes por mi hermana, créeme… en verdad me hubiera gustado que su relación se concretara- le hablo solo a él vía Cosmo –de verdad que no creo que nadie mas pudiera ser digno para ella, pero lamentablemente mi hermana nos va a dejar…- miro a todos los demás Caballeros que se encontraban sin decir palabra alguna, aun en shock por la noticia –les juro que hice todo lo que pude, de verdad que lo siento. Perdón.

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Apolo se quedó solo un día más. Aun así trato de revertir el veneno pero no pudo por más que lo quiso. Estuvo un momento en la habitación de ella, jamás en su vida pensó que ella se ganaría su cariño, su corazón. Jamás pensó que en verdad la vería como a su hermana pequeña, pero así había sido y ahora estaba por perderla. Se negaba a hacerlo pero no pudo hacer nada, dejo caer unas silenciosas lágrimas.

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-¿A dónde vas Shaka?- pregunto preocupado Aioria -¿Afrodita, Shura?

-¿A dónde crees?- pregunto Afrodita –solo hay una persona en este momento que puede salvar a Athena

-¿Quién?- volvió a preguntar el león dorado

-El perro de Hades- dijeron al mismo tiempo Shura y Shaka

En ese momento Virgo abrió la puerta de la habitación de Radamanthys, el Espectro desvió la mirada hacia las personas que habían llegado, volvió su vista a la lectura. Afrodita le arrebato el libro y se ganó la mirada de reproche del ex Juez

-¿Se puede saber qué es lo que están haciendo aquí?- pregunto el juez –la señorita Athena les tiene prohibido estar… ¿Qué están haciendo?- pregunto sorprendido

Frente a él se encontraban ahora, Afrodita, Shura y Shaka arrodillados, Aioria no entendía que era lo que estaban haciendo sus compañeros y amigos, jamás los había visto que se arrodillaran frente a nadie que no fuera Athena, mucho menos pensó que doblarían su rodilla ante el enemigo

-Por favor- comenzó Shaka –salva a Athena

-Tú que perteneces al equipo del dios del Inframundo puedes hacerlo- continúo Afrodita –por favor, salva a la diosa Athena

-Por lo que más quieras- continúo Shura –por favor

-¿De qué están hablando?- pregunto Radamanthys sin entender lo que ellos decían

-¡Por favor!- habló ahora el león que ya había entendido a que habían ido sus compañeros -¡tú debes de conocer alguna forma de salvarla!

-No conozco nada...

-¡Mentira!- interrumpió Aioria –debes de saber algo para poder salvarla. Por favor…- en ese momento también doblo su rodilla

Radamanthys no sabía que decir, jamás ni en sus más locos sueños había imaginado que los Caballeros Dorados que se destacaban como los más fuertes, los más orgullosos de todos, aquellos que decían que solo doblaban sus rodillas ante la diosa ahora lo hubieran hecho solo a él. Estaban humillándose así mismo frente al enemigo, solo para poder salvar a su diosa. Radamanthys se despojó de la sabana que lo cubría y tomo asiento, ellos aún seguían de rodillas con el rostro en el suelo.

-Hay una forma, eso creo- susurro y llamo la atención de todos

-¿Cuál?- pidió Shura –dinos ahora mismo

-Se encuentra en el Inframundo- continuo –pero si llega a funcionar tendrán que esperar

-¿Por qué?- pregunto Aioria -¿tiene algún punto en contra?

-El Cosmo de la diosa Athena- dijo él –si puedo conseguir el antídoto para ella habrá un momento en que perderá por completo su Cosmo, no podrá mostrarse ante Hades porque le estaría ofreciendo su vida

-¿Hasta cuándo podría volver a tener su Cosmo?- pregunto temeroso Shaka

-Podría no volver a despertarlo- respondió –se convertiría en una humana de nuevo, tal vez jamás podría volver a despertar el Cosmo de diosa

-¿Por qué?- pregunto Afrodita -¿Qué es ese antídoto?

-Así como el veneno es poderoso el antídoto lo es más- respondió el ex Juez –ese es el riesgo

-¿En dónde lo encontramos?- pregunto Shura

-No importa donde este, lo conseguiremos- continuo Shaka –solo dinos el lugar y nosotros mismo iremos

-Les dije que lo conseguiré yo- respondió decidido Radamanthys

-¿Por qué confiaríamos en ti?- pregunto Aioria quien se puso de pie –dime una sola razón

-Porque si quisiera no les hubiera dicho nada de esto- respondió –además el antídoto se encuentra en el Palacio de Hades

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Ahora de nuevo, en el manto nocturno se encontraba Radamanthys a lado de la cama de la diosa. La observaba de pies a cabeza. Su mente se encontraba hecho un caos en ese instante, no supo en que momento su misión se convirtió en algo difícil para él. Se acerco unos pasos y movió su mano para tocar su frente, pero la detuvo. Observo algunos cabellos pegados al rostro, el cual se encontraba como siempre bañado en sudor. Dudo un momento, pero al final separo los cabellos de su cara, dejo su mano a unos centímetros, dudando una vez más… poso su mano encima de la cabeza de la joven deidad y la acaricio un poco, de pronto la alejo.

Sintió que algo se acercaba a la habitación. Miro hacia el balcón y se dio cuenta de lo que se movía entre las sombras… sin dudar un momento lanzo aquella daga con la que estuvo a punto de tomar la vida de la joven. La daga quedo incrustada en la cabeza de aquella serpiente. Se acercó y la tomo entre sus manos. Miro hacia el exterior, dio una última mirada a la joven que se encontraba en la cama para salir de ahí.

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Comenzó a caminar hasta salir de aquel lugar. Tomo una ruta que se encontraba muy alejada del Santuario; el camino era muy peligroso, demasiado. Las laderas eran peligrosas incluso para que una persona la cruzara caminando aun mas con el manto nocturno de la noche.

De pronto trato de elevar su Cosmo, su cuerpo se resintió y cayó de rodillas. Comenzó a respirar trabajosamente, de nuevo se puso de pie y con todo el dolor activo su Cosmo y salió volando de ahí.

Pronto llego a un sitio el cual se encontraba carente de luz alguna. Sus pasos se perdían entre tantas piedras que había.

-Señor Radamanthys- escucho que el llamaron, detuvo su paso -¿A dónde cree que va?

-No tengo porque darle explicaciones a ninguna persona que no sea el señor Hades- le respondió –además sabes que tú debes de dirigirte con Minos, estas bajo su mando

-Tengo entendido que tiene el paso prohibido en este lugar- le respondió aquel soldado raso que custodiaba un sitio similar a una casa de tamaño pequeño.

-Cállate si aún quieres vivir rata- le respondió –ahora déjame en paz

-Si así lo dice señor, me disculpo por mi atrevimiento- dijo

Radamanthys comenzó a caminar por aquellos pasillos, el lugar era mas grande por dentro de como se veía por fuera. Doblo por varias esquinas hasta llegar a una puerta de negro caoba. Poso su mano en la perilla y la abrió para adentrarse a aquella habitación.

Dentro había varias repisas en las cuales posaban varios frascos, algunos de ellos con hierbas, otros mas con brebajes y unos mas con polvos. En el centro de ese lugar había una mesa en donde había ramas y flores esparcidas por todo el lugar. Sin esperar a nada comenzó a buscar todo lo que necesitaba para poder empezar a realizar el antídoto que la joven que se encontraba en el Santuario necesita.

El sonido de los ingredientes siendo molidos en un pocillo con ayuda de una piedra, el liquido cayendo en ella, el crujir de unas ramas y algunas semillas sonando en una vaso se dejo escuchar en esa habitación en la que se encontraba solo.

-¿Qué haces Radamanthys?- escucho que le llamaron pero aun así continuo con su tarea –aun no te he ordenado que regreses- continuo reclamando

-Solo hare esto y regresare al Santuario a continuar con mi misión señor- le respondió

-Y….- el joven se acercó a donde estaba Radamanthys -¿Cómo es el Santuario? ¿Qué es lo que has aprendido?

-Que todos los que están ahí son unos idiotas- respondió sin poder ocultar ante su señor la irritación en su voz –no se comportan como deberían de hacerlo

-¿A qué te refieres?- le pregunto, ese tono ante otros hubiera servido pero para él no -¿Qué es lo que no te gusta de ellos?

-Todo- dijo él dejando las cosas en la mesa –no tienen modales, hablan con la señorita Athena como si fueran su igual, la desobedecen, el líder de los dorados el Antiguo Maestro consiente mucho a la diosa Athena al igual que el Patriarca… es rebelde, respondona, mandona, actúa sin pensar

-¿Estás hablando de Athena?- pregunto Hades

-Así es- dijo él –en mi opinión, la señorita Athena debería de acatar las órdenes del Patriarca y dejar de actuar sin pensar, un día de estos terminara muerta

-Si es que el veneno no la mata antes- dijo con mucha confianza el señor del Inframundo, el joven soldado volvió a su tarea, el realizar el antídoto –a lo que me lleva a preguntarte Radamanthys ¿Por qué estás haciendo el antídoto?

-Porque la misión es mía, no de un sucio asesino que ataca en las sombras sin dar siquiera la cara- respondió demasiado molesto, Hades sonrió

-Así que… ¿te molesta? ¿el que Athena se esté debatiendo entre la vida y la muerte?

-Lo que me molesta es que no confié en mi. En que puedo hacerlo yo solo

-Te estas llevando demasiado tiempo- respondió mientras veía como agitaba una botella que se tornaba de verde a azul –aun así no niego que puedes hacerlo, eres uno de los mejores sino es que el mejor

-Entonces déjeme hacerlo a mi modo- le dijo mientras agregaba un polvo hecho de hojas y raíces en ella

-Lo sé, pero…- en ese momento Hades le arrebato la botella a Radamanthys -¿sabes lo que pasara si le das el antídoto a Athena? ¿cierto?- el joven solo miro como el dios del Inframundo comenzó a jugar con esa botella arrojándola de una mano a otra –Radamanthys, sabes al igual que yo que si Athena bebe esto o lo inyectas en su cuerpo ella quedara débil

-Lo se- dijo él mientras estiraba la mano, esperando a que Hades le entregara el antídoto que tanto necesitaba la diosa de la tierra, el dios se acerco y estuvo a punto de entregar la botella pero en el ultimo momento tomo dirección diferente

-Estas tomando demasiadas consideraciones con ella- le dijo –espero que no olvides para quien es tu lealtad Radamanthys. Deberías de dejar que el veneno haga su trabajo

-Una cosa es envenenar su sangre con una mordida- dijo Radamanthys –pero el hecho de enviar ante las sombras al asesino y atacarla cuando ya no puede defenderse

-Me suena a reclamo Radamanthys- sonó la voz de Hades molesta

-Aun así no se comporte de esa manera, la princesa Athena siempre ha luchado con usted cara a cara- recordó –jamás lo ha atacado en las sombras y menos de una manera tan baja

-Escucha bien Radamanthys- el joven dios se encaro contra él –tienes un tiempo limite para que tomes la vida de ella en tus manos, te daré solo 7 días mas, si en ese tiempo no lo has hecho me veré en la necesidad de ir yo personalmente hasta el Santuario y tomar la vida de ella yo mismo

-No habrá necesidad de eso- respondió en un susurro, Hades le miro y le entrego aquella botella

-No cabe duda, que este será un golpe que Athena jamás se habría esperado- le respondió mientras caminaba detrás de él –en su vida habría pensado que te ganarías su confianza para acabar con su vida desde las sombras

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Acabar con la vida de Athena era mas sencillo, la misión mas sencilla que le habían encomendado. Además, le debía de mostrar la lealtad a su señor, la ira de Hades era temible y eso que no lo había atacado con su mayor poder, pero lo mas seguro era que no lo había hecho porque en ese momento los sentimientos hacia la familia humana impedían que se concentrara en su poder, pero no lo había atacado; ni siquiera de había defendido, era su señor, tenia que bajar sus manos ante su presencia. Pero si tenia algo que hacer para recuperar la confianza de su señor lo haría, tenia que ser digno de él para volver a estar entre sus filas.

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~ 3 ~

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Lejos del Santuario, en un lugar que tenia prohibido pisar incluso el mismo Dhoko se encontraba Shion, su mirada se mantenía fija en una cascada que caía como una cortina de cristal. El sitio en si era una pequeña cueva la cual se encontraba llena de verdes pastos, el piso era plano, lo cual le facilitaba el entrenamiento, una pequeña laguna con unas rocas mas que también eran usadas por el Patriarca.

Camino hasta quedar frente a aquella laguna, se despojó de su Túnica Patriarcal dejando a la vista un simple pantalón y una camisa de manga corta, similar a la que usaban los dorados para entrenar o andar por el lugar.

Ato sus largos cabellos en una coleta baja mientras caminaba hasta llegar al centro de ese lugar. Respiro tranquilamente y comenzó a tomar posición, sus movimientos eran lentos pero elegantes, como si cada uno de ellos estuviera calculado, sus cabellos a pesar de que se encontraban atados se movían al compás de sus movimientos, cerro sus ojos para tratar de concentrarse.

Sus movimientos eran precisos… de pronto se detuvo. Dejo salir un suspiro para volver a seguir en los suyo. Pero había algo que no lo dejaba concentrarse y eso era la salud de su diosa, la cual en ese momento se encontraba luchando por su vida y él no podía hacer nada mas que tratar de calmarse y así poder pensar en algo, tenia que haber algo que él podía hacer para salvarle la vida.

-Oye- escucho que le llamo la joven, detuvo su andar y la miro -¿entonces no tendre que arriesgar mi vida en esto?- le pregunto temerosamente –no es que tenga miedo, solo que no se que hacer como la supuesta diosa que soy

-Es la diosa- le respondió Shion mientras colocaba sus manos sobre sus hombros –por ahora solo tiene que aprender la teoría y después de eso habrá mas cosas que podrá atender

-¿Pelear?- él negó con la cabeza -¿entonces?

-Solo dirigir, para pelear esta su armada Dorada

No supo porque había recordado eso, pero hizo caso omiso a aquel recuerdo y continuo entrenando, sus golpes eran precisos, parecía que su oponente estaba frente a él.

-Por enésima vez Athena- le llamo a la joven –ponme un poco te atención y deja ver hacia el exterior

-Son niños- respondió ella mientras dejaba de lado su libreta –no deberían de ser tan estrictos con ellos, están en una edad en la que los juegos son esenciales mas que estar haciendo ejercicio

-Es la futura guardia que tendrás- le respondió –además ellos así lo han querido

-¿Y sus padres?

-No tienen, la mayoría son huérfanos o son hijos de Caballeros y Amazonas o uno de ellos

-Al final siguen siendo niños- continuo ella –cuando por fin logre la paz pondré un alto a entrenar a los niños

-Athena..

-Shion- le miro decididamente -¿a cuantos dioses tendré que enfrentar?

-A varios- le dijo mientras acariciaba su cabeza –pero ahora tiene que concentrare en las clases

-Lo que digas

Siempre, desde el momento en que llego y comenzó a adentrarse a las obligaciones que debía tener como diosa su mente comenzó a trabajar, en especial como alejar a los niños de los entrenamientos duros y arduos. Pero aun así, seguía siendo una niña tanto en físico como en pensamiento. Pero también sabia que su temperamento era fuerte y sacaba las garras cuando era necesario.

-Me duele- le dijo mientras limpiaba las heridas de su cuerpo

-Ya te había dicho que no pelearas a lo idiota- le respondió mientras limpiaba el costado derecho de la joven –pero nunca me haces caso, siempre haces lo que se te da tu regalada gana, nunca escuchas mis consejos…

-¡Me duele!

-No te quejes y cierra la boca- le ordeno –si en mis años de convertido en caballero la diosa hubiera echo esto que hiciste al Patriarca le hubiera dado un infarto, ella se quedaba dentro del Santuario, sin exponerse, para eso estábamos nosotros..

-Eso fue hace tiempo, Shion hace como 400 lunas atrás

-Calla irrespetuosa- le ordeno –en mis tiempos Athena no era tan loca, malcriada, rezongona, respondona como alguien a quien conozco

-¿Mü?

-Calla- le dijo mientras le dejaba caer alcohol en la herida de la espalda

-¡Shion, arde!

Una vuelta la calculo mal y cayo al suelo, jamás le había pasado eso. Se quedo ahí, de rodillas, sin tener siquiera la fuerza para poder levantarse. Ya no tenia fuerzas para hacer nada, todo lo veía perdido. ¿Cómo podía ganarle a la misma muerte? En esta era, en esta guerra Hades había jugado bien sus cartas y que mejor forma que haciendo caer al sustento de todos los Caballeros. Las lagrimas luchaban por salir de sus ojos pero no podía, porque era el Patriarca y debía mostrarse siempre fuerte. No podía hacer nada mas que acatar las ordenes de su diosa.

Pero es que esa niña no era una diosa, no… era mas que eso. Era la razón por la que se levantaba cada mañana, para cuidar de ella sin importar la distancia que los separa. Cada noche la visitaba en sus aposentos para ver que su sueño fuera tranquilo, hermoso. Disfrutaba cada conversación, cada pelea, cada discusión, cada contra que le daba. Era entretenido verla disfrutar de su vida como joven. Pero claro que no toleraba que uno de los Caballeros y esperaba que fuera el único, se hubiera enamorado de ella, no era que no lo permitiera, simplemente no la quería compartir. A sus ojos era muy pequeña, demasiado como para tener novio y así pasaran 150 años, seguiría siendo la niña que a sus ojos veía.

¿Qué era lo que había hecho mal? ¿Qué era lo que dejado pasar por alto? Se suponía que había sido nombrado Patriarca para proteger al Santuario, buscar y entrenar a los futuros Caballeros de cualquier rango al igual que a las amazonas, tenia que vigilar la paz del mundo; pero sobre todo, tenia que cuidar de Athena, velar por ella, por su seguridad, por su bienestar, hacerle de su carga mas ligera de la que tenia que llevar. Pero había fallado, desde el momento en que había dejado que peleara contra la Orden Dorada; aquella que era la mas fiel a la diosa. Desde el momento en que dejo que peleara cuerpo a cuerpo contra cada enemigo, contra cada dios que le quería hacer frente. Debió haber dicho no, debió de haberle negado cada uno de los caprichos que se le ocurrían a la joven, debió de poner un "hasta aquí"…. Dhoko tenia razón, de los dos era él quien mas le consentía, porque era cierto, por mas que lo quisiera negar… la amaba como a su hija, la hija que nunca tuvo, que apenas encontró, que se gano su cariño y su amor, la hija a la cual le había salido un pretendiente y como todo padre que era no le iba a permitir que se acercara a ella… la hija que estaba perdiendo.

Lagrimas amargas ya corrían por su rostro, lagrimas de impotencia y de dolor al no encontrar ninguna forma para poder ayudar a su diosa amada, el tiempo se el estaba agotando, se le estaba escurriendo como agua entre sus dedos, la llama de la vida de ella estaba a punto de apagarse. Era como una llama de una vela que se aferraba a seguir encendida a pesar de que la cera estaba a punto de acabarse, a pesar de que un viento fuerte e insistente soplaba llevándose todo a su paso.

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Los últimos caballeros se encontraban reunidos en el Salón Patriarcal, el resto se encontraban de misión, una misión la cual les había caído como anillo al dedo, si iba a pasar ellos no querían estar ahí.

Escorpión, Sagitario, Piscis, Leo, Virgo y Géminis el mayor eran los únicos que quedaban… los últimos en decir adiós a la joven princesa en caso de que pasara lo peor… pero del Antiguo Maestro… aún no se sabía dónde estaba. Shion se encontraba sentado, cada uno de los Caballeros paso. Un momento a solas con la diosa, con la amiga.

Para Milo despedirse de aquella a la cual había tomado mucho afecto fue muy doloroso, recordar lo que había hecho para llevarla consigo le había dibujado una sonrisa amarga en su rostro. Tal vez Sagitario no había convivido mucho con ella, pues era mas recto, más apegado a las reglas, a pesar de que las rompía una que otra vez por consentir a la diosa en todo lo que ella pedía. Leo y Géminis… siempre cumpliendo cada travesura de ella, eran cómplices en todo o en casi todo. Piscis siempre fue su mas leal cómplice, su mejor amigo, su confidente, su todo… su pequeña hermana. Leo le debía el valor que estaba adquiriendo para declarar sus sentimientos, Géminis le debía la vida de su hermano… el turno de Virgo llego, sabiendo todos los presentes que para él seria mas difícil que para cualquiera de ellos.

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Se acercó lentamente a la cama de la joven, tomo asiento y entre sus manos guardo la de ella. Se encontraba muy caliente, pálida, débil, ahora su respiración apenas se sentía, signo inequívoco de que estaba perdiendo la batalla contra la muerte. Se sentía traicionado, Radamanthys les había engañado… aun no había llegado con aquel antídoto y el tiempo estaba abandonado a su amada.

-Hola- le saludo en un susurro -¿Cómo estas?- le pregunto sabiendo de antemano que ella no respondería –sabes… el Patriarca ha mandado a despedirnos de ti, porque tenemos que salir en misiones. Ya sabes que tenemos que derrotar a Hades, aunque solo es para no estar aquí cuando….

Callo, ya no quiso seguir hablando…no quería siquiera pensar que podría perderla sin haber podido hacer nada para ayudarla. Sentía que sus ojos ardían pero no iba a llorar, no podía mostrarse débil ante ella, aunque estuviera sumida en un sueño que podría llegar a ser eterno. Se puso de pie y camino hacia el balcón tratando de respirar tranquilamente.

-Sabes… Buda, mi maestro me conto una vez que mi madre me amaba demasiado, esperaba con ansias que estuviera entre sus brazos, tanto así que prefirió mi vida a la de ella- comenzó a contar –después de haber nacido me llevaron a un orfanato donde estuve hasta que cumplí 4 meses, en ese momento fui adoptado por el maestro Shion, aquí fui criado por las amazonas y cuando pude hablar y comenzar a caminar comencé mi entrenamiento como Caballero Dorado.

"Así lo hice, me enfoque en ser uno de los mejores tratando siempre de superar todas y cada una de las expectativas que tenían de mi. Siempre quise ser el guardián mas poderoso de la Orden de Athena y creo que… no lo soy, al final del día Los Gemelos junto con Aioros son los mas poderosos.

¿Te confieso algo?- le pregunto mientras miraba fijamente el cielo –cuando me dijeron que habían encontrado a la diosa me emocione tanto que quise aumentar mis habilidades, la razón era simple… por fin conocería en persona a aquella diosa de la cual tanto nos habían estado hablando, a la cual habíamos jurado fidelidad y protección. Pero la verdad era otra… cuando te vi en esa ocasión me pareció que no eras mas que una joven mimada, que había sido criada con todos los caprichos que quería, que solo con extender la mano podía tener todo cuanto pidiera. Por eso me comportaba de esa manera contigo, cortante… porque no sabias lo duro que era vivir aquí y una chica como tu no iba a durar ni dos meses y no me equivoque."

"Después de la prueba te fuiste y pensé que eras una cobarde, porque no pudo hacer todo lo que quería aquí, porque aquí había reglas y leyes que seguir, pero después de que te fuiste me di cuenta de algo… cuando llegaste convertiste este sitio en un lugar de luz, donde se podía respirar tranquilidad y paz. Y no me refiero a tu Cosmo, sino a lo que habías hecho con los Caballeros…

Habías sido capaz de reunirlos a todos nada mas por el simple hecho de que así lo querías. No hubo una negativa por nadie, al contrario… eso sirvió para poder llevarnos mejor, porque he de confesar que a pesar de que vivíamos cerca apenas y hablábamos.

Yo comencé a extrañas tu risa, que a pesar de que era molesta en mis meditaciones ya me había acostumbrado, extrañaba tus preguntas llenas de inocencia, tu mirada que se fascinaba con cada cosa que veía, en especial los ataques de los demás. Pero lo que mas extrañaba era tu mirada… aquella que siempre mantenías fija cuando hablabas con alguien mas, tu extraña manera de dar apoyo, tus tonterías y tus frases fuera de lugar.

Y ahora que ha pasado el tiempo, que por fin puedo mostrarme ante ti no solo como guardián sino como la persona a la cual enamoraste no quiero que acabe. No quiero perder lo más importante de mi vida, no lo soportaría"

Ya no dijo nada más, solo se quedó de pie, observando a la joven que apenas respiraba y que carecía de mucho color en la piel. Sabía que tenía que irse, dentro de unas horas él junto a Piscis y Leo irían de misión por orden del Patriarca, aunque por dentro quería quedarse ahí, al lado de la joven para poder tomar su mano en caso de que diera un ultimo respiro. Se acerco hasta el borde de la cama para tomar asiento, coloco su frente con la de ella, cerro sus ojos con fuerza para que las lágrimas no salieran de sus ojos. No supo cuanto tiempo estuvo ahí, no supo si fueron segundos, minutos, horas… lo único que supo fue que una que otra lagrima había escapado de sus ojos y ahora se encontraban en el rostro de ella. Dejo salir un suspiro y poso sus labios sobre los de ella, se sentías fríos… helados. Cuanto hubiera preferido haber recibid una bofetada o un reclamo por parte por ella; pero no había reacción alguna… no había ni un reclamo, no había nada y eso muy en el fondo le lastimaba.

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~ 4 ~

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-¿Qué estas haciendo?- entro Shion exaltado hacia los aposentos de la joven diosa mientras detrás de él venían en silencio Kanon, Afrodita, Milo, Aioria y Shaka -¡Dhoko!

-No has hecho nada Shion- le respondió con la joven en brazos –pero yo si hare todo lo posible para salvarla

-¿A dónde la llevas?- le pregunto mientras caminada detrás de él, al pasar entre Milo y Kanon los empujo -¡Dhoko, detente ahí que te estoy hablando!

-A Star Hill- le respondió mientras detenía su paso y le miraba fijamente –puedo apostar mi vida a que en ese sitio puede ser salvada

-¡No puedes llevártela! ¡Esta a mi cargo!

-¡Pero no estas haciendo nada Shion!- le respondió

-Por favor Maestro, no se exalte de esa manera- le recomendó Kanon pero al parecer su comentario quedo en el aire

-¡Se nos esta muriendo! ¡Shion, no puedo permitir eso!

-¡Hice todo lo que estuvo a mi alcance!- le respondió mientras trataba de quitarle a la joven -¡Ya no puedo hacer nada!

-¡No quieres hacer nada!- le contradijo

-¡Dhoko no me obligues a quitártela a la fuerza!- le amenazo mientras comenzaba a encender su Cosmo -¡Es mi obligación!

-¡Pues que bien la cuidas!- le respondió irónicamente –Pero yo también puedo pelear- le susurro mientras elevaba su Cosmo aún más que el del Patriarca –A mí no me da miedo y mucho menos remordimiento por ponerte la mano encima

-Solo atrévete Dhoko- le respondió

Los Cosmos de ambos iban en aumento, tanto así que el interior del Templo, ya casi para salir de ahí comenzó a temblar, sin duda alguna las miradas de todos los que se encontraban ahí estaban mirado a ese punto, sobre todo al saber a quién pertenecían aquellas fuerzas. Los Caballeros que estaban ahí querían detenerlos, pero sin duda alguna el Cosmo de aquellos dos era aún más poderosos que el de ellos, aun por encima de Shaka y Kanon que se presumía eran dos de los más fuertes en todo el Santuario.

-Señor- le llamo Afrodita –debería de calmarse, esto le puedo hacer daño a la señorita Athena, puede interferir con su salud

-Déjalo piscis- le respondió Dhoko –a Shion ya no le importa lo que pase con ella

-Sabes que no es verdad- le respondió serio –pero prefiero que este aquí cuando su corazón pare a que este en ese sitio

-¿Ya te diste por vencido? ¿Acaso el poderoso Patriarca no puede con esto?- pregunto irónicamente

-Dhoko, no me provoques- le dijo, pero esta vez Libra hizo caso omiso a las palabras de Shion, comenzó a caminar hacia la salida.

Ex Aries trato de detenerlo pero fue en vano, Libra había desaparecido en un rayo de luz dejando muy molesto al Patriarca. Este solo miro hacia un punto, aquel donde se podía apreciar Star Hill, se devolvió hacia el interior del Templo pasando entre los Caballeros que no habían dicho nada, temiendo a ser el blanco de la ira del Líder Principal

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-Que pedo con esto- menciono Milo mientras tomaba asiento en la orilla de una roca –esos dos cuando se enojan dan miedo

-Es increíble verlos activar de esa manera su Cosmo, en especial el del Patriarca que siempre se ha caracterizado por ser un hombre tranquilo y lleno de paz- comento Afrodita quien se mantenía de brazos cruzados

-Pero en esta ocasión creo que el Antiguo Maestro tiene la razón- dijo Kanon –siento que el Patriarca tiro la toalla desde hace mucho

-Desde el momento en que dijo que nos despidiéramos de "-.-", desde ahí supe que ya se había dado por vencido- comento Aiora

-Deberíamos de ir con el Maestro- comento Shaka –si conoce una forma en que puede salvar a Athena nosotros debemos de estar con él

-Buena idea- dijo Afrodita –solo hay un pequeño fallo en esto

-¿Cuál?

-Que nosotros no podemos estar ahí- dijo Kanon –se nos tiene prohibido el paso

-Pero parece que al Antiguo Maestro no- respondió Aioria mientras tenía la vista sobre aquel monte que se veía a lo lejos

-O eso o de plano ya se le revelo al Patriarca- dijo Afrodita

Después de ese comentario se escuchó una gran explosión cerca de donde se encontraba el Coliseo, los jóvenes Dorados de inmediato se encaminaron hacia ese sitio. La tarde había caído y muy pronto anochecería, haciéndoles más difíciles enfrentar el ataque que estaban recibiendo.

Al llegar se dieron cuenta de que parte de ese sitio en el que acostumbraban a entrenar se encontraba destruido, algunos soldados se acercaron a ellos para comenzar a recibir ordenes pero tal parecía que su atención ya estaba colocada en cierta persona que se encontraba levitando a unos metros de ahí.

-Vaya, hasta que aparecen- susurro aquella voz que los veía desde las alturas -¿en donde esta?

-Hades- le llamo Kanon -¿Cómo te atreves a estar aquí?

-Es todo un honor que el mismo rey del Inframundo se haya dignando a venir de nuevo a vernos- interrumpió Milo mientras daba unos pasos mas -¿Qué le apetece esta vez tomar al rey? ¿un te? ¿un cafecito?- continuo tentándolo mientras su dedo índice izquierdo se comenzaba a iluminar de rojo

-¿En donde esta ella? ¿Su diosa?- pregunto –Aun vive, su débil Cosmo… puedo sentirlo mas no puedo ubicarlo

-Deja que… ¡Yo personalmente te lleve!- en ese momento Milo se abalanzó contra el dios a pesar de que el resto de los Caballeros le habían querido detener.

Corrió tan rápido como pudo, pero Hades ante esta reacción solo sonrió y extendió su mano de la cual salían bolas de energía oscuras disparadas hacia el joven Dorado, este a su vez las esquivaba con una habilidad y elegancia digna de un Caballero de su clase. Cuando estuvo a unos pocos metros comenzó a subir unas rocas caídas de un salto al final de la ultima dio un salto con la mayor potencia que tenía para quedar un poco más arriba que el enemigo, Hades solo sonrió ante esta acción, Milo cayó en picada con la Aguja Escarlata izquierda lista, pero ni siquiera pudo acercarse a él, un campo de energía invisible le impidió siquiera acercarse a él, aquel ataque ni siquiera le rozo. Pero Milo no se dio por vencido al contrario, apenas toco el suelo con sus pies volvió a repetir aquel ataque pero esta vez por la espalda, aunque obtuvo el mismo resultado.

-Es imposible que Milo pueda tocarle- comento Kanon –no es cualquier dios, se trata de Hades… uno de los mas poderosos

-Tal vez solo no pueda- comento Aioria

-Pero si con nuestra ayuda- completo Afrodita para salir corriendo junto a Leo

En ese momento Milo había caído cual gato de nuevo al suelo, al ver a sus dos amigos sonrió para ir junto a ellos y hacerle frente a aquel enemigo que continuaba destruyendo todo el sitio. Afrodita desde arriba, Milo desde la derecha y Aioria detrás de la espalda de aquel dios. Hades al principio podía contenerlos, pero lo que no sabia era que estaban tratando de memorizar sus ataques, poco después ya era muy normal que esquivaran aquellos rayos de energía, aquellas bolas… la paciencia del dios del Inframundo se estaba acabando.

-Estos niños nunca entienden- susurro Kanon mientras veía a los tres pelear contra el dios que solo miraba de un lado hacia el otro –lo van a hacer de enojar

-¿En donde estará el Patriarca?- pregunto Shaka tratando de sentir el Cosmo de aquel líder –se me hace extraño que no haya aparecido en este momento

-Al no estar él ni el Antiguo Maestro la responsabilidad cae sobre la persona mas allegada al líder- comento Kanon mientras Shaka le observaba y abría sus ojos –así que… como líder temporal

-¿Atacamos?- pregunto

-Acabemos con esta Guerra compañero- le dijo Kanon mientras se arrojaba a la batalla junto a Shaka

En el momento en que Hades se encontraba desviando las Rosas Pirañas de Afrodita se dio cuenta del ataque de Kanon, ya que este se estrelló contra aquella barrera de le defendía de todos. Shaka elevo tanto su Cosmo que de su mano salió un rayo dorado iluminando momentáneamente aquella oscuridad de la noche, eso dejo sorprendió a Hades el cual con sus manos frente a él tuvo que alzar una barrera para poder protegerse del ataque de Virgo, eso no paso desapercibido para los demás, Aioria de inmediato ataco con su Plasma Relámpago seguido de las Rosas Negras de Afrodita y las Agujas de Milo.

Hades fue obligado a pisar el suelo por primera vez desde que había llegado, algo estaba mal, demasiado mal… ¿Cómo era posible que esos simples humanos hayan derribado su barrera? ¿Cómo?

De pronto sintió un Cosmo antiguo, una fuerza poderosa, tan poderosa como la suya misma. Comenzó a buscar de donde provenía aquella fuerza, hasta que la localizo… en una montaña que se encontraba alejada de ahí.

La Explosión de Galaxias dio de lleno contra el cuerpo de aquel dios, levantando una barrera de humo, los jóvenes habían detenido todos sus ataques, esperaban a que eso hubiera funcionado, habían atacado de una forma sincronizada para detenerlo. El humo poco a poco se comenzó a desvanecer, una silueta se formo al mismo tiempo que el sonido de unas manos estrellándose entre si se escuchaba.

-Bravo Caballeros- les hablo –les felicito por haber deshecho mi barrera- continuo mientras les aplaudía –pero déjenme decirles algo…- aquellos guerreros se tensaron al escuchar hablar a Hades, los aplausos se detuvieron –ahora va la mía- dicho esto, Hades los arrojo con una ráfaga de viento que los envió a estrellarse con lo que sea que estuviera a sus espaldas

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La joven se encontraba tendida en una cama de suaves almohadas, mientras que Dhoko yacía sentado ahí, tomándola de la mano recitando unas palabras que solo él entendía. De pronto la puerta se abrió, Shion había llegado furioso, pero el ver a su amigo deshecho le hizo calmar un poco su furia.

Se acercó lentamente hasta donde él se encontraba, poso su mano sobre su hombro… brindándole apoyo que en ese momento ambos necesitaban. Se quedaron en silencio mientras que el pulso de la joven decaía más a cada momento, a cada segundo.

-¿En dónde está?- pregunto Dhoko -¿Acaso Athena no ve que "-.-" está muriendo? ¿Acaso no piensa hacer nada al respecto?

-Dhoko, esto está fuera del alcance de la diosa- le respondió –es tal como en esa ocasión, en que la joven Athena murió, ninguno de sus Caballeros pudo salvarla

-Pero se supone que nosotros somos diferentes- le dijo mientras le miraba –nosotros estábamos aquí para poder velar por ella, cuidarla… ¿Qué fue lo que hicimos mal?

-Nada- le respondió –esto es algo que no habíamos previsto, lamentablemente fallamos

-Tal vez sea así- se escucho una voz mas, ambos se pusieron de pie y en alerta –o tal vez estaba destino a pasar

-¿Quién eres?- pregunto desafiante Shion

-Muéstrate ahora mismo- ordeno Dhoko

-Tranquilos- respondió aquella suave voz femenina –aunque a mi parecer creo que tú no debes de estar aquí, esta prohibido- dijo aquella voz, frente a ellos una luz brillante apareció

-Cuidado- le advirtió Shion

Una mujer de cabellos castaños y hermoso rostro apareció ante ellos vestida con un hermoso vestido de la antigua Grecia, sus brazos se encontraban adornados de brazaletes y su vestido con joyas. En ese momento ambos se dieron cuenta de quien se trataba y colocaron su rodilla frente a ella. Esta mujer se acerco a ellos y les miro mientras les sonreía, acto que no vieron al tener agachadas sus cabezas.

-Tranquilos- le dijo –no hay nada que temer, no les hare daño alguno

-Perdone nuestra forma de actuar mi señora- se disculpo Dhoko

-Ahora veo porque "-.-" es tan… ¿Cómo decirlo?... desafiante a todo- comento mientras caminaba a donde yacía la chica –la conscientes mucho Dhoko de Libra

-Lo siento mi señora- respondió mientras la miraba desde el mismo sitio –pero es que me he encariñado con ella

-Pero también tú Patriarca Shion- le comento –la consientes aun mas que él, por eso siempre te esta desafiando- se arrodillo y poso su mano encima de la frente de la joven –vaya, esta muy grave

-Mi señora- le llamo Shion -¿hay algo que pueda hacer usted para salvarla?

-No hay nada que pueda hacer- respondió mientras se ponía de pie y los encaraba

-Pero… eres Athena- dijo Dhoko –la verdadera Athena, su esencia

-Pero solo eso- dijo ella –no controlo la medicina, no tengo poder sobre la muerte… solo sabiduría y estrategia, nada más que eso.

-Pero Athena- susurraron ambos, con solo elevar la mano callo a los dos

-Ha llegado- comento con una sonrisa –este Caballero tardo demasiado, creo que enfrentar a sus demonios fue una tarea muy difícil

-¿Quién?- pregunto Shion y miro a Dhoko quien negó al no saber a quién de todos se referían

-Salgan de aquí- les ordeno Athena –vayan a la terraza y quédense ahí, no vengan, no importa lo que pase no entren aquí hasta que les ordene

-¿Pasara algo diosa?- pregunto Dhoko

-De cualquier manera habrá una barrera que les impedirá el paso- dijo ella mientras los tomaba de la mano y los encaminaba fuera de allí

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Los pasos resonaban fuertemente, el eco se hacía sentir. Miraba a todos lados, era la primera vez que ponía un pie dentro de aquel lugar…. Star Hill era más grande y hermoso de lo que jamás habría imaginado.

Había muchos pasillos, demasiados pero había algo dentro de él que le indicaba el camino, era como si supiera exactamente a donde era que se dirigía, había un lugar en el fondo que le llamaba, una puerta… tenía que ir a donde estaba y abrirla, era una necesidad grande, importante tanto como era el respirar.

Cuando llego a esta poso su mano en la perilla y ahí la detuvo, su respiración se agito, se volvió mas violenta… dudo por ese momento, sabia que estaba mal, así como sabia que ese sitio era prohibido y nadie mas que Athena y el Patriarca podían estar ahí tanto como se les viniera en gana.

-Adelante- escucho una voz que jamás había escuchado –la joven diosa esta aquí conmigo- en ese instante abrió la puerta de un golpe y se adentro mirando hacia todos lados

Cuando desvió la mirada hacia la izquierda pudo ver a Athena descansar en unas almohadas, sin pensarlo dos veces se acercó a ella y se arrodillo, poso su mano encima de su frente. La fiebre había cedido pero ahora se encontraba demasiado fría, sus labios eran de color morado y su respiración estaba demasiado decaída.

-Así que eres…- le llamo aquella voz. De inmediato se puso de pie y encaro a esa persona –vaya… de verdad eres diferente a como había imaginado

-¿Quién eres?- pregunto desafiante

-Ahora veo que todos aquellos que están con Athena son así de agresivos, tendré que hablar con ella- comento resignada la mujer –pero veamos tu nombre… Radamanthys ¿me equivoco?

-¿Cómo me conoces?- pregunto -¡Responde!

La mujer sonrió y se alejo unos pasos, extendió sus brazos y encendió su Cosmo tanto como pudo, aquel sitio se vio rodeado de su energía en un solo momento. Radamanthys abrió sus ojos y sus piernas comenzaron a temblar. Los cabellos castaños de aquella mujer comenzaron a ondear, pero nunca perdió su sonrisa

-Yo soy Athena- dijo ella –aunque solo sea un poco de lo que queda de mi esencia, en realidad mi poder está bajo ya que ella está viva- dijo mirando a la joven

-No te creo- le respondió y eso sorprendió a Athena –eso no es verdad, la única Athena que conozco es ella- dijo mientras se encaraba a donde ella estaba –tal vez tengas similar poder pero no te puedes comparar a ella, jamás lo harás

-Vaya, jamás espere esta reacción- respondió sorprendida –deberías de estar sin habla, pero tal parece que no es así, estas más agresivo que antes

-No se que haces aquí o que piensas ganar con esto, pero será mejor que salgas de aquí cuanto antes- dijo mientras la tomo del antebrazo, eso sorprendió mas a la joven

De pronto escucho que "-.-" comenzó a toser, la soltó para de inmediato ir a donde la joven se encontraba. Ahora lo más importante era el darle aquel antídoto ya después se encargaría de aquella que decía ser la esencia de Athena. Busco entre su bolsillo y de ahí saco un pequeño frasco que lo destapo con ayuda de su boca ya que su brazo izquierdo se encontraba con la cabeza de Athena. Con mucha destreza y delicadeza abrió los labios de ella con la misma mano en la que tenia aquel frasco. Poco a poco fue vertiendo aquel liquido. Fue una tarea demasiado difícil, tenia que hacerse con el mas delicado cuidado y el tiempo ya lo tenia encima. Mientras que Athena le miraba desde una distancia prudente, sonriendo ante aquella acción, sin duda alguna era él…

-Tener que esperar tanto tiempo para volver a verte- le dijo en el momento en que Radamanthys dejo de nuevo a "-.-" recostada –han pasado ya muchas lunas

-¿De que hablas mujer?- le pregunto mientras se ponía de pie y miraba hacia el exterior –jamás en mi vida te había visto

-Pero yo si- le dijo ella mientras se colocaba a su lado –en ese entonces cuidabas de mi desde las sombras, no dejabas siquiera que el aire me tocara

-Estas loca- le respondió con una sonrisa de burla adornada en su rostro –jamás te he visto, ahora sal de aquí

-Ese carácter es digno de ti- continuo ella –me agrada que aun sigas manteniendo ese carácter mi buen Caballero

-¿Caballero?- dijo él mientras reía –estas equivocada

-Claro que no- le dijo ella sonriendo sinceramente –eres tú quien después de tanto tiempo ha aparecido- siguió –ya no eres mas un Espectro, un Juez- él solo la observo –eres el decimo tercer Caballero…. Eres el Caballero Dorado…. Radamanthys de Oficuo

El escuchar esto lo dejo con la boca abierta. Sabia de antemano que solo le estaba regresando el favor a Athena por esas ocasiones que había cuidado de él, servía al Ejercito de Hades, era el Espectro mas poderoso, era el Juez del Inframundo… no podía ser Caballero, eso era una equivocación, pero tal parecía que eso no era lo que esa supuesta Athena pensaba… cuando estaba a punto de responderle algo le llamo la atención y su mirada se concentró en otro punto.

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Otro estruendo más se escuchó, una rocas más se había despedazado… solo eso… estruendos de rocas destruyéndose, explosiones en quien sabe cuántos lugares, colisiones de poderes… todo eso se estaba escuchando en el Santuario, pero de aquel Coliseo donde solían entrenar no había ya rastros de el.

La sangre corría desde la cabeza dibujando un fino hilo de sangre en el rostro de Milo, mientras que Kanon ayudaba a ponerse de pie a Aioria quien se encontraba terriblemente lastimado…. Haber hecho que Hades peleara en serio había sido un grave error que ahora estaban pagando.

Shaka estaba respirando agitadamente pero se mantenía frente a Hades, tratando de encontrar una forma de derrotarlo, lo mas extraño era que ni Dhoko ni Shion habían llegado para poder ayudarlos.

Afrodita fue arrojado hacia una montaña en la cual se estrello gravemente, era solo cuestión de tiempo para que perdieran su vida sino hacían nada para defenderse.

-Es hora de acabar con sus patéticas vidas- susurro Hades mientras se acercaba a Virgo, el único que aun permanecía en pie -¿acaso pensaron que serian capaces de acabar conmigo?- dijo mientras esquivaba el golpe de Shaka, apareció de un momento a otro frente a él para tomarlo por el cuello –pensar que un humano como tú poso sus ojos en una diosa… que patético- le susurro mientras le sonreía burlonamente y lo arrojaba al suelo

La caída del Santo de la Virgen fue frenado por el cuerpo de Géminis y de Leo, aun así los tres recibieron el ataque en forma de bola de energía oscura del Rey del Inframundo. Comenzó a caminar hacia donde se encontraban ellos, a paso lento pues se sabia ganador, de pronto se detuvo…. Sonrió para si mismo, los Caballero no podían creerlo.

-Ya era hora- dijo a si mismo mientras miraba a los Caballeros –me es grato anunciarles que su amada Athena ha muerto

-¡Mentira!- bramo Afrodita desde la espalda de Hades -¡Athena no puede estar muerta! ¡Es imposible!

-Todo es posible- respondió él -¿ustedes saben quién fue el que tomo la vida de su diosa? ¿No lo saben?- pregunto, pero ellos ya habían respondido en sus mentes. Sabían de antemano que Radamanthys no había llegado ahí por pura casualidad.

De una manera u otra Hades se había enterado de que Athena había ayudado a su Espectro, ganarse la confianza de ella era el plan para después apuñalarle el corazón y tomar la vida de la diosa sumiendo así a la tierra en oscuridad y condenándola a un reino de caos y muerte. Lo supieron en el momento en que el débil Cosmo de Athena desapareció, toda esperanza había acabado ahí.

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Bueno como dije antes…. (esta vez espero cumplir) tratare de no tardar mas, pero espero que esto sea un calmante para que no me quieran matar.

Así que pásenla bien en compañía de todos sus seres queridos. Nos vemos chicas, se cuidan mucho.