Hola a todas! Este…. Bueno, aquí les traigo el siguiente capítulo. Espero que les guste, pero he estado revisando mis notas para ver que va a pasar primero y después. Quiero que esta saga sea la que mas les guste, así que sin mas, aquí les va la continuación. Ahora si creo que si me dan vacaciones en el trabajo de sema santa podre adelantar, aun así comenzare a la de ya. Nos vemos chicas, gracias por seguir el fic, las amo…. Nos vemos para el otro capitulo.
~ 1 ~
Afrodita y Camus solo mantenían la mirada fija en la diosa, la cual tomaba agua como si en eso se le fuera la vida, pero era algo normal, la pobre joven ya llevaba mas de cuatro horas entrenando sin haber podido siquiera tomar un sorbo de agua. Vaso que terminaba lo azotaba sonoramente en el suelo antes de volver a tomar aquel jarrón y llenarlo de nuevo para vaciarlo de un solo trago.
-Athena- le llamo Camus –si sigues tomando agua de esa manera lo único que vas a conseguir será llenarte de agua y no te va a quedar espacio para poder comer algo
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Miraste fijamente a Camus, no sabías que era lo que había pensado en interferir entre tú y tu amada agua, ese líquido que era realmente refrescante y que tenían tan rico sabor, a la mierda eso de que el agua era insabora, en ese momento estaba deliciosa.
-¿Cómo van?- escuchaste que pregunto Afrodita
-Bien- respondiste y continuaste comiendo el emparedado de jamón y queso que te habían llevado –de jodido le hubieran puesto tomate, lechuga y mayonesa
-Malagradecida- te respondió Camus
-¿Y los demás?- preguntaste mientras bebías otro gran sorbo de agua
-Bueno- viste que ambos se miraron entre si –el Maestro está esperando a que termine su entrenamiento con Radamanthys para poder comenzar con el castigo
-¿Castigo? ¿Qué castigo?- preguntaste y viste que hasta Radamanthys dejo de comer
-Es que…- viste que Piscis dudo
-Dita- le llamaste -¿Qué está pasando?
-Bueno…- miro a Acuario –lo que pasa es que el Patriarca se enteró que todos estuvimos aquí, en Star Hill contigo
-Se enteró porque Afrodita soltó la lengua de mas- sentencio Camus
-Cállate y no te metas en donde no te llaman- le reclamo –Athena, te dije que nos iba a ir muy mal si el Patriarca se enteraba
-Bueno, es que Shion siempre se toma todo muy apecho- comentaste mientras volvías a tomar más agua –no le hagan caso, dejen que llegue yo y verán cómo se contenta
-Está esperando a que llegues con Radamanthys para castigarnos- dijo Camus
-¿Y porque a mí?- hablo Radamanthys por primera vez, pues solo se había dedicado a comer y escuchar –que yo recuerde estoy bajo las ordenes de Athena no de él
-Estas diciendo acaso…- viste que Afrodita dudo –no conoces la furia del Patriarca
-A menos que quieres pagarlo con tu vida- susurro Camus –no deberías de hacer enojar al Gran Maestro
-Lo que pasa es que ustedes le temen demasiado- respondió Oficuo muy seguro –si no le temieran tanto se darían cuenta de que solo es el encargado de aquí y no de sus vidas
-Rada amor, cielo…- le llamaste –por favor no hagas que sean más rebeldes de lo que ya son- dijiste acostada en el suelo mirando el cielo
-Lo que pasa es que aún no sabes el alcance de la maldad del Patriarca, sus castigos son lo peor que hay en la vida
-Dita eres un melodramático- le interrumpiste y te pusiste de pie –ok, ¿empezamos?
-Claro- dijo Radamanthys y volvieron al centro de aquel sitio -¿se van a quedar?
-Si- dijeron de inmediato ambos
-Quiero ver que es lo que está haciendo Athena- completo Camus
-Cobardes- les dijo Radamanthys
De nuevo comenzaste a tratar de retomar tu entrenamiento para que así pudieras seguir adelante, ya habías hecho un gran avance, el Cosmo poco a poco se comenzaba a reunir en tu mano, la esfera era algo deforme… no era esfera, era algo que se asemejaba mucho a una esfera pero no era una esfera, era como un huevo que amenazaba con tomar otra forma rara, pero estabas haciendo tu mejor esfuerzo para poder hacerlo.
Camus y Afrodita desde la barrera solo te animaban mediante el Cosmo, porque sabían que si decían algo claramente Radamanthys los iba a sacar de ahí a base de patadas. Les dirigiste una mirada de odio, sentías más presión que ánimos por parte de ellos.
-Debes de relajarte- se atrevió a hablar Camus –así podrás hacerlo mejor
-¿De verdad?- miraste a Radamanthys y él asintió –a bueno… lo hare
Volviste a dejar ir aquella cosa de energía, dejaste salir un suspiro y cerraste los ojos para poder relajarte un poco. Tu respiración se comenzó a tranquilizar y poco a poco abriste los ojos, miraste a Radamanthys y asentiste, estabas lista para poder comenzar de nuevo.
Ahí estabas otra vez, extendiendo tu mano tratando de hacer materializar tu Cosmo, una luz se comenzó a formar en tu mano, de nuevo volvió a aparecer. Una pequeña esfera, del tamaño de una pelota de tenis volvió a aparecer en tu mano, pero de nuevo al intentarla hacerla crecer no pudiste, de nuevo volvió a deformarse obtenido la forma de huevo. Te enojaste y sacudiste tu mano
-Tranquila Athena- te dijo Afrodita –es solo cuestión de tiempo, tiene que practicar más y más hasta que pueda hacerlo a la perfección
-Pero ya me harte- susurraste –no es como los otros…. ¡no puedo hacerlo!- gritaste ya en desesperación, te estaba tomando demasiado trabajo practicar, más que cualquier otra cosa -¡ni siquiera cuando estuve entrenando para despertar mi Cosmo me tarde tanto!
-Es que…- viste que Afrodita golpeo a Camus
-¿Por qué le pegaste?- preguntaste
-Por nada- te dijo y sospechaste –es la verdad, me la debía
-Athena- te hablo Radamanthys –si vas a renunciar solo por eso vas a fracasar, tanto en la práctica como en la guerra contra Hades
-No seas así Rada…
-Es la verdad- te dijo seriamente –si se rinde a la primera solo porque no pude hacerlo no sirve de nada que te prepares para pelear con Hades, si de cualquier manera vas a perder
-Claro que no- dijiste –no lo hare, esta guerra la voy a ganar porque la tengo que ganar
-¿Por qué?- te pregunto -¿Cuál es esa razón que te impulsa a querer ganar?
-Son muchas cosas Rada- le respondiste –entre ellas están todos ustedes, los niños, el Santuario… mi familia
-Entonces deja de quejarte y ponte a entrenar
-¡Eso es lo que estoy haciendo idiota!- le respondiste
-Aquí vamos otra vez- dijo Camus pero no lo alcanzaste a escuchar
-Te guste o no te estoy entrenando- te dijo –y harás lo que te digo quieras o no
Le miraste fieramente, ya no querías entrenar más así que sin más te diste la media vuelta para salir de ahí. Lo que no contabas era que Radamanthys lo había impedido, te tomo del brazo y te obligo a regresar y los otros dos solo se dedicaban a ver cómo era que estaban peleando. De nuevo te ordeno que hicieras aparecer aquella esfera, estabas tan furiosa que deshiciste esa esfera y volviste a hacer que apareciera, lo que notaste fue que en ese momento aquella esfera adquirió el tamaño perfecto, ni tan grande ni tan chica, simplemente era perfecta. Esta esfera paso a tu otra mano y de regreso a la original, una hermosa esfera blanca, tan pura, tan brillante, tan hermosa.
-Viste que no era tan difícil- te dijo Camus mientras se acercaba a ti
-Solo necesitabas esforzarte un poco más- te alabo Afrodita
-Ahora solo tienes que hacerla aparecer sin usar la furia
-Rada, no me arruines el momento- dijiste –al final pude
-Después de estar enojada- te dijo –ahora deshazla y la vuelves a hacer
-Pero dijiste que…
-Ahora hazlo
Y de nuevo ahí estabas, apareciendo la esfera con mucha paciencia, la deshiciste y otra vez la volvías a aparecer. Era muy cansando, demasiado cansado eso de andar apareciendo y desapareciendo… mirabas a Radamanthys quien solo te miraba fijamente. Así pasaron las horas, demasiado…. Ya habías hecho ese paso, había quedado listo, habías finiquitado… seguía el segundo, ese que le habías visto realizar para de ahí pasar al tercero y final.
Afrodita estiro sus brazos mientras que Camus aún seguía sentando en la barda esperando a que terminaras de practicar, el cielo estaba abandonado aquel color celeste para pasar a uno de tonos rojizos, pronto caería la noche.
-Hasta aquí- te dijo Radamanthys y caíste de rodillas respirando agitadamente
-Estoy muerta- dijiste mientras apoyabas las manos en el suelo –nunca pensé que hacer esto fuera tan agotador
-Y aun no lo perfecciona- te dijo
-Tiene razón- le animo Afrodita
-Necesitas un poco más de tiempo, pronto lo dominaras- apoyo Camus
-Callados- les ordenaste y trataste de ponerte de pie, pero no pudiste –dejen que me pare y corran que los mato- aun así tus piernas temblaban, una mano se dejó ver para darte ayuda
-Es hora de irnos- te dijo Radamanthys cuando te puso de pie, pero trastabillaste
-¿Qué haces?- le preguntaste cuando le viste que se arrodillo y te ofreció su espalda
-Suba- te dijo y así lo hiciste, se te hizo extraño que ninguno de esos dos se opusiera a ese gesto
Descendiste todo el camino cómodamente, estabas cansada así que ese paseo te supo a gloria. Aunque eso sí, fuiste el centro de atención de todos los que se encontraban en los alrededores, nadie esperaba que dejaran que Radamanthys te llevara de esa manera o que los Dorados dejaran siquiera que te llevara así, porque eso sí, todos los del Santuario sabían que no querían a Radamanthys en la orden Dorada.
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-¿Cómo estás?- te pregunto Shion apenas llegaste a su Despacho, bajaste de la espalda de Radamanthys y te acerco a ti –tienes un poco de fiebre- te dijo cuándo poso su mano en tu frente -¿estuvo pesado el entrenamiento?
-Un poco- dijiste –solo que se me dificulto, tuve uno que otro problema
-¿Con que?
-Con mi Cosmo- le dijiste –se me hizo demasiado difícil poder controlarlo
-Solo necesitas de práctica cielo- te dijo –ahora ve a tomar un baño y descansa hasta que la cena esta lista
-¿Ya podré comer con todos?- preguntaste
-Si así lo deseas- te respondió –ahora ve asearte
-¡Sí!- respondiste de manera alegre y saliste de ahí dando literalmente saltos de felicidad
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La joven diosa se alejó de ahí demasiado feliz, eso se podía notar en su rostro. Shion mantuvo su mirada hasta que salió de ahí, hasta que sintió que había llegado hasta el baño. En ese momento desvió la mirada hacia los tres Caballeros que estaban en el Despacho, les sonrió
-Esperen aquí hasta que se reúnan todos- ordeno y salió de ahí sin dejar que nadie de los presentes dijera
Poco a poco fueron llegando el resto de la Orden Dorada. A veces en pareja a veces solos. Todo el sitio se encontraba en completo y absoluto silencio, nadie decía absolutamente nada, solo se encontraban esperando a Shion y a Dhoko. Las miradas de todos iban de un lado hacia otro, era la típica escena en donde todos tienen a un amigo en común, este desaparece y solo queda esto… silencio total.
-¿Y…?- rompió el silencio Ángelo mirando al techo -¿Cómo va Athenita?
-Bien- respondió Radamanthys quien mantenía el codo apoyado en el escritorio y su rostro descansando en la palma de su mano
-¿Está resultando difícil?- pregunto después de otro momento de silencio Shaka
-Algo- comento simplemente
-¿Debe de ser poderosa?- dijo Aioria y Radamanthys dirigió su mirada hacia él –hablo de la técnica
-Si- dijo
-¿Cómo se llama?- pregunto ahora Camus
-Fuego Espiritual- respondió así de simple y de nuevo cayeron en un profundo silencio, ese silencio incomodo
Miraron hacia otros lados, en algunas ocasiones hablaban acerca de cómo iban las reparaciones del Santuario, trataron de incluir en cada momento a Radamanthys, este a veces respondía y en otras se quedaba callado, al menos estaban haciendo un intento en poder integrar a Oficuo, aunque este pareciera que no quería saber nada de lo que ellos estaban hablando. En cuestiones de planes de defensa participa muy bien, uno que otro comentario que añadía o alguna que otra observación.
Los Dorados se dieron cuenta de que Radamanthys podía ser una persona que tenía un gran conocimiento de la batalla, que podía aportar buenas ideas y hasta crear grandes estrategias para poder salir victoriosos en el campo.
En cambio, Radamanthys se dio cuenta de que sus compañeros no eran tan idiotas como imagino que eran, se dio cuenta de que sabían de lo que hablaban, de que la forma en la que se comportaban con la diosa era simplemente para poder protegerla aun a costa de su vida. Eran unos hombres que tenían gran valor y que al igual que él, como cuando estuvo en el ejército de Hades… la protegían con todo lo que tenían.
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-¿Cómo que ya se tardó el Patriarca no?- pregunto Aioria soltando un bostezo
-Pasan más de las tres de la mañana- comento Saga algo somnoliento
-Ni siquiera nos llamaron para cenar- susurro Milo mientras escondía su rostro entre sus rodillas
-Les dije que salieran a comer- hablo Radamanthys –pero les gusta siempre aparentar que son niños buenos
-Como él si se fue a la cocina a cenar- volvió a susurrar Milo
-Esta vez tiene razón- se unió Ángelo –de haber sabido que nos iban a dejar aquí, me hubiera ido también a cenar algo
La madrugada dio paso a la mañana, todos los Caballeros se encontraban dormitando, unos de pie apoyados en la pared, otros más sentados en el suelo y en el caso de Shaka y Radamanthys, aún se encontraban sentados en las dos únicas sillas que había en ese sitio, Shaka cruzado de brazos y Radamanthys aun usando su mano como almohada.
Los pasos comenzaron a sonar por el pasillo, los jóvenes no se percataron de eso, el cansancio de estar ahí sin hacer nada, sin haber podido cenar algo los tenia agotados, la puerta se abrió de par en par, Shion miro a todos los que estaban ahí, meneo la cabeza en signo de negación
-Buenos días Caballeros- llamo en voz alta dando unos golpes con sus manos
-¡Buenos días!- respondió alterado Aldebarán
-¡Yo no fui!- grito Milo, el resto de los otros solo se despertó con el corazón latiendo a mil por hora, en el caso de Radamanthys casi se da de cara contra el escritorio y Shaka cae de la silla
-Se ve que están cómodos- les dijo a estos dos el Patriarca, ambos se pusieron de pie de inmediato y se colocaron a lado de sus compañeros
-¡Maestro!- le llamo Ángelo llamando su atención, se encontraba molesto -¿Cómo es que atrevió a dejarnos aquí toda la maldita noche?
-Más te vale que moderes esas palabras- le llamo directamente –sabes que no me puedes hablar de esa manera, compórtate
-No es justo- susurro entre dientes
-Maestro- le llamo Shaka -¿se puede saber porque nos dejó toda la noche aquí?
-Se me olvido que estaban aquí- dijo sin pena ni gloria, la mirada en los Caballeros de odio no se hizo esperar al igual que amenazas mentales que jamás saldrían de la boca de ellos –además la señorita Athena después de que tomo su baño se quedó dormida, por eso cene en mis aposentos y por esa razón tampoco los buscaron
-¡Nos dejó aquí!- se quejó Milo, el Patriarca tomo asiento en su silla -¡no tuvo compasión de nosotros!
-Usen el sentido común- respondió Shion entrelazando sus manos –sino vine, era ya madrugada… por lógica se hubieran ido a sus templos o a la habitación que les corresponde
-Qué poca…- susurro Aioria
-Bueno ahora que están aquí- dijo viendo unas hojas que saco de uno de sus cajones –veremos… ¿Qué clase de castigo seria ejemplar para ustedes?
-Athena nos llevó- se animó a hablar Radamanthys, todos lo miraron sorprendidos… ¿acaso sería la primera vez que los defendería a ellos además de su persona? –así que si alguien me va a castigar será solo ella, nadie más. A ellos les pude torturar si así lo quieres
-Hijo de tu madre- le dijo Ángelo vía Cosmo
-Pensé que eras bueno, pero eres un traidor- se unió en pensamiento Milo
-No tienes vergüenza- término de proyectar Aioria
-No importa- le respondió Shion –aquí uno la hace y todos la pagan
-Pero yo no tengo porque pagarla- se defendió
-Ya, callado- le ordeno suavemente Shion –muy bien, haremos esto…
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Sacudiste tus cabellos con tu mano mientras que con la otra tallabas tus ojos, pues recién te ibas levantando. Caminabas directo al Despacho de Shion, pues sentiste los Cosmos de todos ahí reunidos, incluido el de Radamanthys.
-Buen día hija- te saludaron
-Buenos días Dhoko- le saludaste mientras posaba su mano encima de tu cabeza -¿Cómo amaneciste?
-Bien, gracias…. Aun un poco cansada- dijiste -¿y tú?
-Bien- te comento -¿vas al despacho?- tú asentiste -¿sabes si hay una reunión a la que no me llamaron?
-No sé- respondiste –apenas me di cuenta ¿vamos?- el negó
-Mejor vamos a desayunar algo- te dijo y no te pudiste resistir a la oferta –quiero que me cuentes que es lo que te está enseñando Rada… ¿es una buena técnica?
-Es súper- le respondiste mientras caminabas a lado de él
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-No puedo que estemos haciendo esto- susurro Camus mientras se mantenía corriendo a lado de Milo
-Esto no es justo- le respondió Escorpión –es denigrante
-¿Denigrante?- escucharon la voz de Radamanthys detrás de ellos –lo único denigrante en este momento es que yo este corriendo con ustedes
-Te aguantas- le respondió Kanon quien iba detrás de él –no ibas a ser el único que se iba a quedar tranquilamente en su cuarto descansando
-Yo estoy bajo las órdenes de Athena
-Todos lo estamos- le dijo Ángelo colocándose a lado de él –así que te callas y te pones a correr
Para el Patriarca no había nada que aún no se pudiera pulir más, así que como la Guerra contra Hades estaba más cerca tenía que lograr que sus guerreros se encontraran con su máximo de velocidad, así que siendo las 8 de la mañana, con un hermoso clima templado, el sol apenas saliendo y alguna que otra nubecilla que les brindaba algo de sombra los puso a correr, unas buenas vueltas alrededor de lo que era el Coliseo les vendría muy bien, no sería mucho, solo hasta las 8 de la noche únicamente con tres descansos de 15 minutos que usarían para comer o ir al baño, lo que quisieran hacer.
Con lo que no contaban era con que después del medio día se iba a desatar una fuerte lluvia, la cual no ablando el corazón del Patriarca, así que sin más continuaron corriendo y Shion mirando desde la ventana de su Despacho. Esperaron a que un milagro pasara, un milagro de nombre "-.-" que se apiadara de ellos, que llegara con unas sombrillas, con unas toallas, con lo que fuera, pero con aquellas palabras, tan dulces, tan nobles de ella, algo así como "mis buenos Caballeros, dejen de sufrir, yo hablare con el Patriarca y su castigo será levantado"…. Pero ella jamás se presentó.
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~ 2 ~
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El sol estaba escondió en algunas ocasiones detrás de las nubes, el clima estaba agradable para ti. Como amabas esos días, más si se encontraban totalmente nublados, pero había una razón por la cual te encontrabas feliz, demasiado feliz, cualquiera que estuviera cerca de ti lo notaba. Sobre todo tus Guardianes que iban contigo.
El lugar en el que estaban comenzaba a tomar señales de vida, ya había muchas pequeñas casas, todas de ellas humildes y pequeñas, demasiadas casas… te había tomado por sorpresa, no esperabas tantas casitas, eso quería decir que había mas niños y aprendices de lo que esperabas, por ellos eras que tenias que ganarle la guerra a Hades.
Más allá, un poco más alejado de donde estaban asentadas aquellas casas había un claro, donde su césped era verde y abundante, con los suficientes árboles que protegían a los más pequeños de los rayos del sol, pero no en ese día.
-Bienvenida sea Princesa Athena- te recibo una chica de cabellos rubios y rostro cubierto por una mascara
-Hola June- le saludaste -¿Cómo estás?
-Bien mi señora- te respondió –venga, la llevare con mi maestro Albiore
-Gracias- respondiste –cuéntame… ¿Qué has hecho? ¿Cómo se portan todos los niños? ¿Cómo están mi Kiki y Ez?
-Oh muy bien princesa…
Durante todo el trayecto estuviste hablando con la Caballero del Camaleón, era una chica muy dulce, por eso había sido la elegida para encargarse de los mas pequeños, entre ellos de tu hijo.
Llegaron a una casa un poco, solo un poco mas grande que el resto de las demás, de inmediato dedujiste que era la casa que le pertenecía al caballero que llevaba las riendas de ese sitio. Te saludo, se veía igual que siempre tan lleno de poder y tan fuerte, tanto así que los Caballeros Dorados le mostraban respeto, algo que se te hacia muy extraño ya que el rango que los separaba era demasiado. Te iba contando de todo lo que estaban haciendo para mantener a salvo ese sitio, para que ningún Espectro a cargo de Hades pudiera encontrarlo, también de los avances que estaban llevando los aprendices y los pequeños que apenas estaban enseñándoles a tomar condición. Iban caminando tranquilamente, escuchando todo lo que el maestro Albiore te estaba diciendo, te detuvo y viste que extendió su mano, dándote el paso libre, desviaste la vista hacia un sitio en donde varios niños se encontraban sentados, escuchando algo que Marín se encontraba leyéndoles; lo mas seguro una historia de alguna de las estrellas del cielo, pero ahí estaba… sentado frente a la Águila plateada, ella desvio la mirada y viste que llamo al pequeño, este de inmediato miro hacia donde estabas.
-¿Es él?- escuchaste que te pregunto Radamanthys
-Si- respondiste y bajaste corriendo para poder estar ya con él. Muy pronto te encontraste con el pequeño que iba corriendo torpemente a donde estabas, lo tomaste en brazos de inmediato y lo abrazaste a ti –mi pequeño, mi bebé- le susurraste cuando lo tuviste entre tus brazos –te extrañe tanto
-Mami- te llamo mientras te abrazaba fuertemente
-Hola Athena- te hablo Marín –veo que al final del día siempre vino a este sitio
-Tenia tantas ganas de ver a mi bebé- le dijiste -¿Dónde esta el otro niño?
-Entrenando- te respondió –Kiki ya tiene mas edad, por eso tiene mas entrenamiento que los otros
-Ya veo- susurraste
-En la tarde lo podrás ver- te dijo y viste que miro fijamente hacia un sitio y después volvió la mirada hacia ti –Athena… ¿Qué hace esa persona aquí?
-¿Hablas de Rada?- le preguntaste, ella asintió –bueno, ahora es el Caballero de Oficuo- le comentaste
-¿Cómo sucedió eso?- te dijo -¿Cómo paso de ser un Espectro de Hades a un Santo de Athena?
-Larga historia- le respondiste –luego te cuento, mejor dime… ¿Cómo se ha portado mi niño hermoso?
-Ben- te respondió el mismo Ezreal
-¿De verdad?- le preguntaste y el asintió con su cabeza y te señalo a donde estaban los Dorados quienes lo saludaban -¿quieres ir con tus tíos?
-Si- dijo, besaste su frente y lo bajaste, de inmediato corrió a donde estaban ellos que lo recibieron con los brazos abiertos
-¿Cómo estamos?- preguntaste seriamente, ya Albiore se encontraba contigo y Marín
-Las defensas están al máximo- te respondió Marín –hasta el día de hoy no ha pasado nada que tengamos que poner como prioridad
-La barrera que se alza nos mantiene ocultos no solo de los Espectros sino también de los Soldado bajo sus órdenes y cualquiera que haya tenido contacto con él o con cualquiera de sus seguidores
-Ya veo- dijiste mientras te cruzabas de brazos –aun así levantare una barrera, según Shion puedo hacerlo y mantenerla desde el Santuario
-¿No supondrá mucho esfuerzo para usted mi lady?- te pregunto Albiore
-Claro que no- dijiste y miraste hacia atrás, donde Aioria hacia que Radamanthys tomara en brazos a Ezreal, aunque este no quería, sonreíste –tengo que proteger a los más pequeños, la única razón por la que la barrera se destruiría es a causa de mi muerte
-No digas eso- te dijo Marín –tú no puedes morir, sabes que muchas personas dependen de ti
-Tranqui amiga- le respondiste –eso jamás pasara, sabes que soy un hueso muy duro de roer- dijiste y comenzaste a reír
-Aun así- te dijo Albiore –no es cuestión para que haga bromas respecto a esto
-Bueno ya, no vuelvo a decir nada- dijiste y le sonreíste, él solo te regreso el gesto
Era bien sabido por todos que nadie podía poner sus manos encima de tu cabeza si no era Shion o Dhoko, inclusive los Dorados, pero de ahí en adelante nadie podía posar sus manos sobre tus hombros. Desviaste la mirada hacia donde estaban aquellos chicos, toda la Orden reunida en ese lugar, ahora tan divertidos, tan alegres, no podías dejar que ellos murieran, no… antes que eso ofrendarías tu vida, antes de tu vida… derrotarías a Hades.
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-¿Estas segura de poder hacerlo?- te pregunto Shaka quien iba detrás de ti al igual que Shura, Aioros y Radamanthys
-Que manía- respondiste –por enésima vez ya dije que si
-¿Y si le pasa algo?- te pregunto Shura colocándose a lado de ti con Ezreal en brazos
-No me va a pasar nada amor- le respondiste seriamente –ahora ya dejen de atosigarme con tantas preguntas
-Athena- te llamo Radamanthys –no debe de hacer nada que no este a su alcance
-¡Ya basta!- les dijiste elevando la voz, Ezreal soltó unas risas, se veía que le gustaba verte enojada –no soy tan débil como parezco, soy una diosa y tengo un Cosmo aun mas poderoso que el de ustedes, levantar una barrera aquí será pan comido
Después de decir aquellas palabras subiste a una roca un poco alta, no mas de 4 metros. Miraste todo desde ahí, buscaste el Cosmo mas alejado y después de unos cuantos minutos lo encontraste, ese seria el limite máximo para levantar la barrera. Dejaste salir un suspiro y liberaste tu Cosmo, al menos ahora ya no batallabas tanto como cuando estabas practicando con Radamanthys, pero eso si, te llevo poco mas de una hora en poder extender aquella barrera que cubriría aquel lugar
-¿Y si le decimos porque no puede controlar su Cosmo?- susurro Aioros
-Déjalo así- le respondió Radamanthys –sino lo sabe mejor
-Podría cometer locuras- completo Shaka
-No me refiero a eso- comento Radamanthys sin dejar de ver a su diosa –si ella sabe que no puede controlar su Cosmo, que carece de el en este momento haría cualquier cosa, unas mas peligrosa que otra, todo con tal de despertarlo de nuevo; a eso es a lo que me refiero- comento y salió de ahí dejando a los otros dos solos.
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-¿Estas segura que puedes hacer esto?- pregunto Shaka quien iba sentado a tu lado
-Claro- respondiste sonriente
-Si el Patriarca se llega a enterar la va a regañar- te dijo Camus quien iba sentado atrás de ti leyendo tranquilamente una novela británica, la cual no te acordabas como se llamaba
-Camus- te giraste un poco –calla y sigue leyendo tu libro- alzo la vista hacia tu persona
-Eso es lo que estoy haciendo- te respondió sonriente, desviaron la mirada hacia Milo quien iba con los ojos cerrados muy concentrando escuchando música –es mejor que este de esa manera a que este molestando
-No debemos demorar mucho- te llamo Radamanthys quien iba sentado delante de ti quien también iba leyendo, en esta ocasión el libro era el de Drácula de Bram Stoker, novela que le habías prestado y se veía que estaba muy entretenido –recuerda que tenemos que continuar con tu entrenamiento
-A mi me preocupa que el Patriarca se entere de que nos llevamos a Ez del campamento y que la estamos acompañando a su hogar natal nos van a matar vivos- te dijo Afrodita quien se retiro los audífonos para hablarte
-Tranqui Dita- le calmaste –vamos y venimos, no mas de una semana o menos
-La semana se nos va a ir en ir y venir, lo cual solo serian dos días en su hogar natal, el resto de la semana será el camino en llegar al campamento
-Ya se Rada- le llamaste –solo disfruten de unos días de vacaciones, además el sitio esta protegido, nadie va a pasar, esa barrera es poderosa- no supiste porque pero los chicos parecían algo extraños –como quieran- susurraste y acomodaste bien a Ezreal entre tus brazos, el pequeño seguía dormido tranquilamente
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Respirabas agitadamente, estabas muy nerviosa… ¿Cómo le harías entender a tus padres que el pequeño que llevabas en brazos no era tuyo al cien por ciento? ¿Cómo les harías entender que había sido abandonado y que habías decidido adoptarlo? ¿Ellos serían capaces de dejarte hablar? ¿De qué les pudieras explicar?
Tus latidos se aceleraban demasiado, estabas muy nerviosa, el taxi en el que ibas como que estaba pasando el límite de velocidad, no había tráfico y ahora era cuando deseabas que hubieras mucho para que tu transporte llegara mas tarde… pero no… no había nada que te indicara que el destino estuviera de tu lado.
Todos los que te acompañaban te notaban nerviosa, eso lo sabias de sobra, pero era mejor poner las cosas en claro, tenias la confianza de que tu familia no lo tomaría a mal, tu hermano si había metido las 4 patas y lo habían perdonado, tú la llevabas de ganar por que habías tenido el acto de amor de tomar a ese pequeño y criarlo como a tu hijo de sangre, no importaba nada, era un personita a la cual amabas con toda tu alma y sabias que era tu hijo llevara tu sangre o no.
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-Y ya está- dijiste al momento de bajarte del vehículo con el niño en brazos –ya llegamos
-¿Estas bien?- te pregunto Milo –estas pálida
-Bueno, es difícil saberlo- respondiste mientras que Ezreal miraba todo a su alrededor –tengo que ver la reacción de mis padres- comentaste –es domingo, van a estar en la casa con toda seguridad
Comenzaste a caminar, sentías que tus piernas pesaban, que no se querían mover y ellos detrás de ti no era algo que te ayudara mucho, era como sentir una presión extra.
Tocaste el timbre y de inmediato escuchaste la voz chillona de tu cuñada, esta al momento de abrirte se te quedo viendo de arriba hacia abajo, lo más seguro era que le llamaba la atención el pequeño que llevabas en brazos.
-No dijiste que vendrías y menos que lo harías acompañada- te dijo
-Bueno- respondiste –es mi casa, así que puedo venir a la hora que se me dé la regalada gana, no entre a la fuerza como otras- la mataste con ese comentario y te adentraste a tu casa –hola niño- saludaste a tu hermano
-Hola- te recibió con su niña en brazos- ¿y él?
-Bueno… es… ya sabes- le dijiste, pues solo el sabia de lo que ese niño significaba para ti y como había llegado
-Mis papás salieron, en unos minutos más llegaran- te dijo –tomen asiento- invito a tus Caballeros
-Que nervios- dijiste
-Tú tranquila, no habrá bronca- te dijo
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Los minutos pasaron, lentamente, demasiado lento para tu gusto. Mirabas a cada momento a tu reloj, Ezreal se negaba a bajar de tus brazos y no quería ir con nadie de sus tíos, mucho menos con tu hermano. Tu cuñada solo te veía con cara de pocos amigos, no tenías culpa de que tuvieras un hijo más hermoso que la de ella, para empezar el tuyo era niño y el de ella niña, había un abismo de diferencia entre ellos.
De pronto escuchaste el ruido de un automóvil, para ser más exactos en una camioneta lujosa de color blanco mate con vidrios ahumados, tus latidos del corazón aumentaron en sobre manera al igual que tu respiración.
Escuchaste cuando las puertas se abrieron y cuando estas se cerraron, te pusiste de pie, tus Caballeros notaban lo nerviosa que estabas, tus manos comenzaron a temblar e incluso Ezreal sentía tus nervios, pues poso sus manitas en tu rostro. La puerta de tu casa se abrió y algo te dijo que el recibimiento de la chica a tus papás era demasiado exagerado.
-Vaya, esta es toda una sorpresa "-.-" , no esperábamos verte aquí- te dijo tu mamá, sin duda alguna la mirada de tus padres se encontraba fija en el pequeño que ahora se escondía en tu cuello y se cubría con tus cabellos
-¿Y ese niño?- te pregunto tu papá mientras veía a todos los que se encontraban en tu sala, siempre tu papá tan delicado para preguntar las cosas
-Es mi hijo- respondiste en un susurro
-¿Qué?- te preguntaron tus papás al mismo tiempo, lo habían escuchado claramente
-Que es mi hijo, se llama Ezreal- te diste un poco de valor, si podías enfrentarte a dioses y salvar al mundo ¿Por qué no podías hacerlo con ellos?
-¿Pero que estupidez hiciste?- te dijo tu padre en un tono elevado de voz, tanto que sobresalto al pequeño y te abrazo más fuerte
-No hice ninguna clase de estupidez- le respondiste seriamente –no se porque me estás diciendo eso
-¡Solo mírate!- te dijo mientras te apuntaba -¡un hijo! ¡Eres madre soltera!- te comenzó a gritar
-Cuídalo un momento Shaka- le llamaste, se puso de pie y tomo al niño –ve con el amor, en un momento estoy contigo- le susurrabas porque el niño no quería soltarse
-¡Pero que estupidez hiciste! ¡Madre soltera!- miro a Shaka -¿y este quién es? ¿Tu novio?- te pregunto de manera despectiva
-¡Y si así fuera que!- le respondiste encarándote a él ya después de que le habías dado el niño a Virgo -¡¿Qué te importa lo que haga o deje de hacer con mi vida?! ¡Jamás estuviste conmigo!
-¡Claro que si!- te dijo también elevando la voz -¡Y mira con lo que saliste! ¡Eres una vergüenza!
-¡Ni siquiera me has dejado decir cómo es que termine con el niño!- te defendiste
-¡Como una cualquiera! ¡Revolcándote con tu novio!- ese comentario te ofendió demasiado -¡Como mas podrías tener un niño!
-¡Que me dejes hablar! ¡¿Es mucho pedir?!- dijiste
-¡¿Cómo fue que saliste así?!- comento -¡siempre contigo, para que salieras con esto!
-¡Claro que no!- respondiste -¡solo estuviste conmigo cuando mis boletas eran de 8!
-¡Porque tenías que ser perfecta! ¡Ser un orgullo como todos tus primos!
-¡Siempre me estuviste comparando con ellos!- respondiste
-¡Porque siempre fuiste una descarriada!- te comento, sentías tus ojos llorosos, pero no ibas a llorar, eso sí que no -¡Una niña que buscaba problemas en cualquier sitio!
-¡Tenia 8 años!- ya sabias a donde iba ese reclamo -¡no fue mi culpa que ellos se resbalaran por aquel barranco!
-¡Te vengaste por lo que te hicieron!- te dijo, pues se refería a cuando te habían tirado al rio ese -¡actuaste como una niña!
-¡Porque era una niña!- dijiste -¡pero jamás lo hice por venganza!
-¡Eso fue lo peor que has hecho!- te dijo y miro al niño escondido en el cuello de Shaka -¡Sumándole a este error!
-¡A él no lo insultes!- le dijiste defendiendo al niño -¡A mi hijo no le digas nada!
-¡Hasta que lo aceptas!- te dijo de manera irónica -después de todos esos reconocimientos de escuela y menciones honorificas- te dijo de manera sínica –sales con esto
-¡Jamás te presentaste en ninguna de mis graduaciones!- le reclamaste -¡así que no sé de qué te estas pavoneando!
-¡¿para que querías que fuera?!- te dijo -¡¿De que servía todos esos reconocimientos si tenías una conducta terrible?!
Trataste de gritar de desesperación, ya no sabías que más decir, estabas muy furiosa y algo te decía que si tu familia de sangre pudiera sentir tu Cosmo estarían temblando de miedo, solamente al saber que eras la reencarnación de la diosa Athena. Estabas furiosa, desviaste la mirada hacia tu cuñada que estabas segura estaba disfrutando la pelea que estabas teniendo con tu papá
-Me gradué como primera de mi clase, primera de mi generación- le recordaste –y tu ni siquiera fuiste a ver lo que había logrado
-Felicidades, era tu deber- te respondió aun con ese tono irónico, las lágrimas ya resbalaban por tus mejillas -¿para que querías que fuera?
-Muchas veces le decías a esos chiquillos que recién se graduaban cuan orgulloso estabas de ellos…
-¡Ah eso querías!
-A completos extraños, pero jamás me diste una palabra de ánimo- le reclamaste –jamás me dijiste nada, jamás me apoyaste en lo que me gustaba
-Te refieres a esa estúpida banda que solo te había perder el tiempo- te dijo –eso jamás te daría de comer
-Era mi pasatiempo
-¡Era una completa pérdida de tiempo! ¡¿Qué fue lo que sacaste de eso?!- te pregunto y callaste -¡nada!
-Solo quería que fueras a verme, que al menos me dijeras algo, una palabra de ánimo…- dijiste dolida
-¿Para qué?- te pregunto -¿Para qué, dime?
-¡Solo quería tu apoyo!
-¡Puse ropa en tu espalda, dinero en tus bolsillos….!- callo un momento -¡Comida en tu boca!
-¡Te necesita a ti! ¡Todo lo hice por ti! ¡Para complacerte, para que te sintieras orgulloso de mí!
-¡Y mira con lo que saliste!- de nuevo te recordó a tu hijo
-¡¿Quieres dejar de aparentar que somos una puta familia feliz?!- reclamaste, de pronto sentiste la bofetada de tu padre, viste que los Caballeros que te acompañan se iban a poder de pie, con una señal de tu mano se los impediste
-Modera tu lenguaje, que estas en mi casa
-Siempre es así- le respondiste mientras limpiabas la poca sangre que salía de tu labio inferior, pues te habías mordido tu misma –siempre que vas a perder quieres arreglarlo todo así
-No sabes de lo que estás hablando
-Claro que lo sé- le dijiste –el señor gerente, el señor perfección, el que siempre esta intachable- comenzaste –pero sabes que no es así, no cuando te la has vivido en el alcohol, en las borracheras, con las prostitutas baratas
-Lávate esa boca porque no sabes que es lo que estás diciendo- te dijo
-Te lo dejo a tu conciencia- le respondiste
-¿Para eso te quisiste ir? ¿Para eso vives en Grecia? ¿Para poder estar de cama en cama hasta que saliste embarazada?
-Piensa lo que quieras- le dijiste y le diste la señal a todos para salir de ahí -¡Que no vuelvo a venir a esta casa!
-¡No es necesario que vuelvas a venir!- te dijo
-¡Jamás volveré!- amenazaste -¡Aun así te estés muriendo, aun así quieras que venga no lo hare!
-¡No te necesito!- te respondió -¡no quiero que vean a la vergüenza que he criado!
Fuiste a tu habitación por unas cosas, unos headsets, tú reproductor de mp3 y una vieja libreta donde habías anotado algunas canciones que entre tu y Renné habían compuesto en sus años de secundaria.
-Podría destruir esta casa- susurrabas mientras ponías esas cosas en una mochila –por supuesto que podría
-Tranquila hermana- te llamo tu hermano que entro sigilosamente –ya sabes cómo es papá, deja que se le pase el coraje
-Me vale madres- respondiste mientras limpiabas furiosamente las lágrimas de tu rostro –no vuelvo a venir aquí
-Pero…
-Sabes dónde buscarme- le dijiste y saliste de tu cuarto.
Tus papás estaban sentados en la sala, tu madre en ningún momento te dio una mirada, una palabra de apoyo, tu padre ni siquiera te miro. Saliste de ahí y azotaste la puerta lo más fuerte que pudiste. Comenzaste a caminar con dirección a la avenida, en ese momento ibas a tomar un taxi que te llevara al aeropuerto, detrás de ti los chicos que venían en silencio, escuchaste que Ezreal estaba sollozando en el regazo de Shaka, el pobre se había asustado.
Lo primero que paso fue un autobús, lo tomaste y subiste a el. Tomaste asiento hasta el final de las filas, los chicos te dejaron sentarse sola, buena decisión. Tardaste 45 minutos en llegar al centro de la ciudad y de ahí esperaste otro bus mas que te llevaría al aeropuerto, entre más rápido salieras de esa ciudad mejor, no volverías ni aun estando muerta, jamás, ya no más.
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-Si por mi fuera los podría dejar a su desgracia- pensaste mientras mirabas las nubes por la ventanilla del avión, de nuevo ibas sentada sola hasta el final –debería dejarlos solos, ni siquiera saben que es lo que yo hago aquí, ni siquiera lo saben y no lo sabrán jamás
-Má- sentiste unas manitas que te pegaban en tu pierna, miraste hacia esa dirección -¿má?
-Ven acá enano- le llamaste y lo acurrucaste contigo –no importa que no te haya llevado en mi vientre- le dijiste –siempre serás mi hijo
-Má- te volvió a llamar y se abrazo a ti
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~ 3 ~
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-¿Se puede saber con el permiso de quien salió de Grecia?- escuchaste que te dijo Shion apenas habías puesto un pie en el Salón Patriarcal
-Ahora no Shion- le dijiste mientras pasabas de largo, te tomo de la muñeca impidiéndote seguir tu camino
-Alto ahí, te estoy haciendo una pregunta, así que responde- te dijo, te soltaste de su agarre violentamente y lo miraste furiosa
-Te estoy diciendo que ahora no- le volviste a responder –Es una orden Shion, no me molestes, déjame en paz
-Athena…
-¡Que me dejes en paz!- dijiste y saliste echa una fiera de ahi
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Shion se quedo sorprendido, jamás, en todo el tiempo que la chica había estado en ese lugar se había comportado de esa manera y mucho menos le había hablado tan agresivamente. Desvió la mirada aun sorprendida hacia los chicos, Dhoko se encontraba ahí, detrás de esos guardaespaldas de la chica, había escuchado todo y visto la reacción de ella.
-¿Qué le pasa?- pregunto Shion –jamás la había visto de esa manera
-Una discusión con su padre carnal- dijo Radamanthys al notar que nadie quería hablar
-¿Fue a ver… a su familia?- pregunto algo dolido Shion, aunque sabia de antemano que ella tenia una familia que estaba unida a ella por la sangre, le molestaba. Porque de alguna manera el no podía ocupar el lugar que anhelaba en la vida de la joven diosa
-Pero las cosas no salieron como ella quería- se animo a hablar Camus –ella quería presentarles a Ezreal como el hijo que había adoptado, pero su padre no la dejo decir nada
-Fue algo muy intenso- comento Afrodita –demasiado diría yo, jamás había visto a Athena tan furiosa como en esa ocasión
-¿Así que Athena no lleva buena relación con su padre de sangre?- pregunto Dhoko quien había estado solo escuchando
-Por lo que vimos, deduzco que jamás ha llevado una buena relación con su padre, con su madre no lo puedo decir, pero estoy seguro que no se llevan nada bien- explico Radamanthys –incluso se atrevió a golpearla
-No tanto así como golpearla- se apresuro a intervenir Milo al ver la cara del Patriarca –solo le dio una bofetada
-¿Y no se lo impidieron?- pregunto Shion
-De hecho no nos dejo intervenir- dijo Shaka –creo que hicimos bien, no era nuestro problema
-Athena nos ató las manos, no podíamos hacer nada si ella no nos dejaba- comento Camus
Después de escuchar todo lo que habían explicado los jóvenes, Shion se encamino hacia su Despacho, tenia muchas cosas que pensar, ¿Cómo el padre de ella se había atrevido a ponerle una mano encima a la joven? Si el hubiera estado ahí no lo hubiera permitido, aun así ella hubiese dado la orden de mantenerse al margen de todo.
-¿Todo bien Shion?- le pregunto Dhoko cuando lo alcanzo
-Si- respondió, pero en el fondo sabia que no podía engañar a su amigo de toda la vida
-¿Seguro?- le volvió a preguntar
-¿Por qué fue con su familia de sangre Dhoko?- expuso su duda
-Ya dijeron los chicos- respondió –fue solo para hacerles saber de la existencia de Ezreal- comento –hubiera sido mas difícil si llegara un día con el niño ya mas grande
-¿Tu crees que Athena regresaría a su hogar natal después de ganar la Guerra contra Hades?
-La verdad no lo se- respondió Dhoko –tal vez si, tal vez no… solo el tiempo lo dirá, además una pelea entre padres e hijos siempre es normal, si ella regresa este disgusto habrá quedado en el olvido y todo será como siempre ha sido en su familia
-Se quedara allá y no volverá a estar en este sitio- comento de nuevo Shion –incluso es capaz de dejar lo que siente o este sintiendo por Shaka…- dejo salir un suspiro –al final del día, cuando todo esto acabe ella regresa a su hogar natal
-¿Y eso te molesta? ¿Te deprime?- le pregunto, pero el Patriarca no respondió, solo tomo asiento en su silla y comenzó a revisar los papeles del día a día –Shion- le llamo de manera seria –no importa cuando queramos… cuanto amemos a Athena, ella siempre será nuestra diosa…
-Lo se Dhoko- le interrumpió mientras le observaba
-Aun así Shion, estoy segura que ella te ama, te tiene mucho cariño- le respondió –y no importa que no te una nada a ella, siempre tendrás un lugar en su corazón muy especial
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Estabas acostada en tu habitación. A pesar de que ya habían pasado muchos días desde que te habías peleado con tu padre aun sentías mucho coraje, siempre era lo mismo, jamás te daba la oportunidad alguna para poder defenderte o explicarte el porque habías hecho algo.
Además a él que le importaba lo que hayas o estuvieras haciendo, total… jamás habías contado con el apoyo de él, pero lo que mas te había dado coraje, era haberlo escuchado decir que Ezreal era un error que habías cometido al haberte ido a Grecia, el niño no tenia la culpa de nada, porque al final del día no era tu sangre, pero había sido tratado de esa manera… como un error, el cual lo quisieron hacer desaparecer dejándolo en la nada. Pero el tiempo había pasado y de verdad que te habías enamorado de ese niño, era tu hijo, y no ibas a permitir que nadie le pusiera la mano encima o que lo insultara, así fuera tu padre.
Te estiraste y te pusiste de pie, caminaste hacia el balcón y miraste a la nada. Ahora el niño se encontraba de nuevo en aquel campamento a salvo de cualquier peligro de esa maldita Guerra Santa que estaba tardando demasiado en comenzar. Querías hacer el primer movimiento, atacar a Hades y dar una gran baja a su ejercito pero sabias de antemano que no podías, porque en ese momento (con la suerte que te cargabas) Hades te podría matar a ti o a cualquiera de tus Caballeros. Escuchaste unos golpes en tu puerta pero no hiciste caso, no querías ver a nadie, solo querías descansar para poder comenzar de nuevo aquel entrenamiento que estabas llevando a cabo con Radamanthys.
-Señorita Athena- te llamo Shion quien se había adentrado a tu habitación
-¿Qué paso?- respondiste seriamente –pedí que no quería ser molestada por nadie, eso te incluye a ti Shion
-Aun así- te respondió –me preocupa verla de esa manera- te dijo colocándose a tu lado –no es la misma niña a la que siempre veo reír, jugar… hacer cualquier maldad
-No soy una niña Shion- respondiste –ya casi cumplo los 25 años, deje de ser una niña muchas lunas atrás
-Aun así- te dijo –para mi siempre serás una niña- poso sus manos sobre tus hombros para que lo miraras directamente –no se que problema haya tenido con su padre, pero ten por seguro que yo siempre estaré aquí, para protegerte, para cuidarte, para amarte- tu respiración se agito, las lágrimas amenazaban con salir de tus ojos, desviaste la mirada hacia el exterior –no tuve hijos, por la forma de vida que elegí vivir, pero de haber sido padre, me hubiera gustado tener una hija
-Debiste de hacerlo- le susurraste
-Una hija como tú, que desafiara mis órdenes, una hija tan inteligente que a pesar de parecer distraída sabe responder correctamente, una hija que hiciera maldad y media y que al final del día corriera a mis brazos para dormir en ellos
En ese momento te quebraste, ya no pudiste mas y las lagrimas comenzaron a resbalar por tus mejillas, Shion las limpio y te acerco a él, te abrazo tan fuerte que rompiste en llanto. Ahora lo sabias, sabias porque te sentías tan protegida con él al igual que con Dhoko… era la figura que tanto anhelaste tener, un padre el cual se sintiera orgulloso de ti, de tus triunfos, que te alentara en tus derrotas, a vencer tus miedos y a enfrentarlos… Shion se había convertido en tu imagen paterna y aunque era cierto que en ocasiones peleabas con él y le dabas la contra al final del día siempre era él que volvía a ti con un abrazo, con una caricia en la cabeza, siempre cuidando de ti, aun a costa de su vida.
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-¡Ay ya no puedo mas!- te quejaste y caíste al suelo, en ese día los rayos del sol te molestaban en exceso
-Arriba- te ordeno Radamanthys –aun no termina con su rutina
Te pusiste de pie y corriste hacia una roca a la cual subiste de un salto y dejaste libre aquella esfera la cual regreso a ti cuando bajaste de nuevo, de nuevo soltaste la esfera y diste una marometa para poder atrapar esa esfera cuando de caíste de pie, después diste una marometa de reversa mientras repetías el mismo movimiento de aquella esfera. Te detuviste e hiciste desaparecer la esfera, apoyaste las manos en tus rodillas y comenzaste a respirar
-¿Otra vez?- te pregunto
-Es que ya me canse- respondiste –llevamos haciendo esto ya casi 4 horas
-¿Y que tiene que ver eso?
-Que no puedo mas- dijiste –quiero respirar un momento tranquilamente
-¿Qué le han enseñado?- no entendiste lo que quiso decir y gracias a los cielos te entendió -¿Quién la ha entrenado y en que?
-Milo- dijiste mientras respirabas –él me enseño a tener velocidad, Ángelo a tener buenos reflejos- te detuviste y comenzaste a toser, en realidad necesitabas ese descanso –Aioria a pelear básicamente. Dhoko me enseño artes marciales, Kanon y Saga a tener un poco mas de velocidad cuando pelee contra dos oponentes
-¿Y aun así se cansa?- te pregunto –no tienes condición
-Cállate- le dijiste y caíste al suelo
-5 minutos- te dijo –después comenzaremos con la segunda parte
-Ya era hora- le respondiste
Y ahora de nuevo, ahí estabas corriendo hacia una roca, alzaste tu mano derecha y ahora la esfera se formó ya sin ningún problema, demasiada practica había servido, diste una vuelta sin perder la velocidad y tres esferas más se formaron alrededor de ti, estas comenzaron a girar a tu alrededor, dejaste ir aquella esfera y en ese momento las tres flamas que recién había aparecido siguieron a la principal, aquella roca quedo hecha añicos en un dos por tres.
El segundo paso era convocar tres esferas pequeñas, tres llamas de fuego del mismo color que la esfera principal, estas llamas siempre se mantenían girando a tu alrededor, siempre en movimiento. Radamanthys te había dicho que esas llamas siempre que estuvieran presentes atacarían a cualquier que se acercara a ti, a cualquier enemigo. Pero era una parte esencial del ataque completo que tenías que llevar a cabo, era una parte importante. Este funcionaba de esta manera, te cubría las tres esferas y al momento en que aparecía el enemigo estas se dirigían hacia él para después golpearlo con la esfera de mayor tamaño y terminar con el último paso.
Eso fue demasiado sencillo, muy sencillo. No habías tenido tantas dificultades como la esfera del principio, demasiado difícil para tu gusto, pero sabias de antemano que lo que más trabajo te costaba era lo mejor que podías hacer y porque no… hasta la podías mejorar mucho más.
Ya solo te faltaba el último paso y podrías tener completa aquella técnica que tanto te había gustado, hasta la podrías realizar con mayor elegancia únicamente porque eras mujer
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Scott ahora convertido en Hades se encontraba muy tranquilo mirando el cielo nocturno de la noche, había muchas estrellas, mas de las que antes había visto. Una sonrisa apareció en su rostro y decidió adentrarse a un laberinto que había en su mansión, sabia cada pasillo, cada vuelta, donde girar para poder llegar al centro de ese sitio, en ese lugar había una cosa que él aun protegía y que nadie tenia derecho a preguntar el porque… las tumbas de los que habían sido su familia humana, de sangre.
Se arrodillo en ese sitio y con la ayuda de su mano alejo unas hojas que había en la lapida de sus hermanos pequeños, sin duda alguna, eran lo mas importante para él, pues había crecido solo, con la desilusión de jamás poder tener un hermano al cual cuidar ya que se madre no podría traer mas hijos al mundo, aun así, un milagro ocurrió y no fue uno sino dos hermanos a los que protegía con su vida, pero que le habían arrebatado.
Ya le habían dicho que ese protector que tenía bajo su cargo había tenido algo que ver, pero lo que no sabía era que él había sido el que había llevado acabo aquella tarea, jamás pensó que uno de los suyos sería capaz de arrebatarle lo más preciado que tenía. Y se maldijo mucho tiempo, demasiado… el día del entierro en su mente se formó una culpa… si hubiese aceptado ser el recipiente del alma de Hades, si hubiese aceptado su destino… ellos aun estarían con vida, estarían a su lado, gobernaría a su lado… pero todo eso quedo muy lejos, era algo que ya no podía reparar.
Una lagrima resbalo de su mejilla, a pesar de ser ahora un dios, uno de los más poderosos aún mantenía aquel amor que sentía por ellos, por su padre, por su madre y sus hermanos… de pronto sintió unas ligeras cosquillas en los dedos de su mano, desvió la mirada hacia abajo para encontrarse con su cuyo, lo acaricio levemente para que este después subiera por su brazo hasta quedar en su hombro como siempre lo hacía. Sin duda alguna era un pequeñín que le llamaba mucho la atención, demasiado listo para ser un roedor.
-Señor Hades- escucho unas voces detrás de él, se puso de pie y los encaro, el pequeño cuyo se escondió dentro de la chaquetilla que llevaba puesta
-Thanathos, Hypnos- les llamo a aquellas presencias que se podían confundir con la oscuridad de la noche -¿Qué es lo que quieren?
-Señor- le llamo Hypnos –es hora de comenzar el ataque… ¿Cuánto más tendremos que esperar mi señor?
-Se ve que están muy urgidos con terminar con la vida de Athena- le respondió mientras salía de ahí, los dos dioses venían detrás de él –yo decidiré cuando será que esto comience
-Aun así señor- en esta ocasión fue Thanathos quien tomó la palabra –yo le recomiendo comenzar ya, diezmar poco a poco las filas de Athena para que así no sepa de donde será que vendrá el próximo ataque
-Tomar la vida de Athena es lo primordial en esta Guerra Santa, además si la despojamos de esa alma ya no volverá a reencarnar y así podrá tener el control de la tierra en su poder
-¿En mi poder?- les pregunto sin dejar de andar -¿o en el suyo?
-Señor, no dude de nuestra lealtad hacia usted
-Por lo que me están diciendo Thanathos, les urge más ustedes que termine con esto, están tratando de darme órdenes y es algo que no puedo permitir
-Solo le estamos aconsejando señor- se justificó el dios de la muerte –para que de esta manera no pierda bajo ninguna clase de desventaja
-Señor- le volvió a llamar Hypnos –debe de atacar ya
Hades solo dibujo en su rostro una sonrisa, algo dentro de su mente se estaba idealizando, todo el mundo sabía que jamás le debían de dar órdenes a Hades, pero parecían que estos dos dioses no lo sabían.
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El día se encontraba soleado, Athena se encontraba sentada en una columna que se encontraba tirada en el suelo tomando agua, los rayos del sol en ese momento le molestaban, sabían de antemano que ella no le gustaba el sol, pero para entrenar tenia que hacerlo bajo los rayos molestos del sol.
-¿Cómo van? ¿Van a acabar pronto?- pregunto Shion a Radamanthys
-Algo así- le respondió mientras bebía un poco de agua que le había llevado el Patriarca –solo hay que aumentar su velocidad
-¿Y su Cosmo?- pregunto
-Creo que al igual que yo, sabes que apenas tendrá despierto el 30%... no más
-Aun así….
-Aun así Shion, su ataque es poderoso- comento Radamanthys mientras ambos veían a donde estaba la joven deidad, abanicándose con su mano para mitigar el calor de ese momento –al no saber que no tiene activo su Cosmo al cien por ciento actúa de manera normal, está teniendo muy buenos avances- de pronto cayeron en un profundo silencio, algo estaba pasando algo alejado de ahí, aun así podían sentirlo
-Mantenla ocupada- le ordeno –que no se percate de nada
-Solo haremos esto unas horas mas- comento mientras se encaminaba –la única manera en la que podrá perfeccionarla al máximo será a la hora de la batalla
Radamanthys se encamino hacia donde estaba la joven quien se mantenía ocupada mirando al suelo, lo mas seguro que había un bichito que le había llamado la atención. Muy retirado de ahí, se podía sentir unos Cosmos agresivos, lo mejor de todo era que ella no se había percatado, algo beneficio al no tener su Cosmo al cien.
-Muy bien, deje de estar de haragana. Es hora de volver a comenzar
-¿Tan rápido?- le pregunto ella –no puedo, aun no han pasado los 30 minutos, me quedan15
-Deje de estarse quejando, no seas floja- le volvió a repetir –ya tus piernas deben de estar tibias hay que volver a calentar esos músculos
-Dame tiempo, ya no puedo- le repitió
-¡Ahora mismo!- le volvió a gritar –haragana, floja
-¡Tu madre wey!- le respondió poniéndose de pie
-Muy bien, hay que comenzar
Apenas escucho esas palabras Shion detuvo su andar. Quería ser testigo de que era lo que aquel joven le estaba enseñando. La chica comenzó a correr a todos lados, zigzagueando, tratando de desviar la atención de Oficuo. Este comenzó a atacarla con pequeñas bolas de energía, lo suficientemente fuertes como para solo arrojarla al suelo sin que sufriera ninguna clase de daño.
Athena esquivaba cada uno de esos ataques, la vio que corrió hacia la derecha y freno de golpe, dejo estirar su mano derecha de la cual apareció una esfera de hermoso color que se dirigió hacia la persona de Oficuo, este la esquivo y ella la redirigió hacia donde estaba, de nuevo esquivo una patada de Radamanthys y al dar una vuelta se vio envuelta de tres flamas doradas, los destellos dorados le daban una mayor elegancia.
De inmediato estas esferas se avecinaron contra la persona de Radamanthys, él las esquivo al igual que la esfera. De pronto el débil Cosmo que ella poseía se incendió, apenas una débil llama y fue ahí donde vio aquella técnica. La chica salió disparada a una velocidad increíble contra la persona de Radamanthys, cuando se acercó una fuerte energía de estrello en el suelo, este la había esquivado, de nuevo se abalanzo hacia donde estaba pero lo único que vio otra vez fue aquella cortina de humo, se puso de pie y miro a su maestro. El fuego divino la cubrió de nuevo, con la elegancia de un felino acechando a su presa… de un momento a otro se abalanzo contra Radamanthys, las llamas se estrellaron en el cuerpo de Oficuo, al igual que la esfera para terminar con aquella ráfaga de velocidad.
Una cortina de humo se levanto, un estruendo se escucho y cuando la cortina se disipo se dio cuenta de el gran cráter que se dejo ver. Los ojos de la muchacha se vistieron de sorpresa y de pronto la vio caer al suelo y rodar unos metros, Radamanthys había esquivado de nuevo aquel poderoso ataque
-Radamanthys- susurro el Maestro –estas creando un monstruo… no quiero saber que tan poderosa será esta técnica cuando recupere todo su Cosmo
-¡Rápido, de pie!- escucho que le grito -¡debe de aumentar la velocidad, es demasiado predecible!
-¡Pero ya me canse!
-¡Rápido!
-¡Púdrete!
-¡Si tienes fuerza para contradecirme tienes fuerza para seguir!
-¡Tu madre!
-¡La tuya!
-Si- se dijo Shion mentalmente mientras veía como Radamanthys esquivaba una patada de la diosa –ya han formado un fuerte lazo, esta vez Oficuo se quedara para pelear por Athena
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-Son solo soldados- susurro uno de los soldados razos de Athena
-Aun así- comento Orfeo de Lira –no debemos dejar que pasen. La señorita Athena no tiene porque preocuparse por esto
-¿Qué hara señor?
-Acabar con ellos
Después de esto, el joven Caballero de Lira se encamino hacia el campo de batalla, un poco más de medio ciento (según los cálculos de él mismo) eran los que se querían infiltrar a la isla donde Mü se encontraba restaurando las armaduras para que estuvieran listas para la batalla, él no permitirá que le molestaran.
-Y justamente hoy iba a tomar mi arpa para la joven Athena- se susurro esperando en medio de la nada, preparándose para pelear. Se veía tranquilo, se sabia ganador –pero tendré que ir después para tranquilizarla con mi música
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Muy bien chicas, hasta aquí. Agárrense que el próximo capitulo se viene lo bueno. Espero no tardar tanto, pero por mas que quiero subirlo a tiempo no puedo, siempre me sale algo o me quedo estancada. Les mando un gran abrazo psicológico y muchos besos
