Hola que tal chicas? Espero que estén de lujo y de maravilla, aquí de nuevo reportándome para traerles un nuevo episodio mas de esta historia, su historia. Se que la mayoría ya me odia, pero todo esto es parte del show, así que solo disfruten de esta serie que esta por llegar a la parte mas interesante y emocionante. Un saludo a Sol que siempre me esta fregando con que suba un nuevo cap, sin ella creo que aun estaría haciéndome mensa y no estaría escribiendo nada de nada. Que mas? Pues nada, no se me ocurre otra cosa que decir, así que sin mas preámbulos, les dejo leer este capitulo que esta igual de emociónate (eso creo yo) que los anteriores, nos vemos en el próximo, hasta luego.

~ 1 ~

Caminaba de un lado a otro, abriendo cada puerta que encontraba a su paso, dando como resultado solo aumentar su frustración al no encontrar aquella persona, solo sus pasos resonaban en todos esos pasillos. Pero no había rastro de aquel que gobernaba ese sitio, uno de sus tantos soldados se presentó ante ella solo para informarle que el joven no se encontraba en sus dominios, de pronto sintió que alguien se presentó, un escalofrió recorrió su espalda

-Pandora- le llamo, esta de inmediato se puso de rodillas mostrando sus respetos -¿Cómo puede ser que aún no lo encuentres?

-Lo siento mi señor Thanathos- se disculpó –estoy en eso, tenga por seguro que dentro de poco lo encontrare

-Eso espero- le dijo –más te vale que así sea- dijo antes de irse de ahí

Dejo salir un suspiro de frustración pues sabía de antemano que ya había estado buscando por todos lados y de Hades no había rastro alguno ni el de su rata, como ella solía llamar a su mascota. Desvió la mirada hacia la ventana mientras se preguntaba donde era que estaba, se puso de pie y camino hacia ella, apoyo una de sus manos sobre el frágil vidrio, su mirada se encontraba perdida, no podía permitir que su señor se perdiera cuando estaban teniendo ventaja sobre Athena, no era el momento, tenían que seguir presionando a las fuerzas de ella para que la derrota llegara y así subiera al poder sin problema alguno.

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Te encontrabas sentada en uno de los balcones del Templo Patriarcal, desde esa distancia podías observar cómo era que Camus se mantenía hablando tranquilamente con Calandra, lo que más te llamaba la atención era las atenciones de tu Caballero de Acuario tenia para aquella joven, era la primera vez que lo veías reír con alguien más que no fueras tú o el resto de la Orden. Se te hacia que era una pareja muy hermosa, a pesar de que ninguno de los dos se veía que se le había declarado al otro…. te sentías mal, sabias que de un momento a otro Camus tendría que salir a defender lo que junto a Shaka le correspondía y si en esos dos había nacido algo más que amistad… sacudiste tu mente, no podías pensar de esa manera, no podías alejar a alguien que se había ganado un espacio en el corazón de una de tus mejores amigas. Viste que le retiro como hacía unos momentos atrás, otro mechón del cabello de ella para acomodárselo detrás de su oreja, sonreíste y decidiste darles privacidad.

Caminaste hasta que saliste directo hacia el patio donde se encontraba la estatua de Athena, aquella que solía convertirse en tu armadura. Subiste los escalones y caminaste hasta posicionarte detrás para observar todo el Santuario en su máximo esplendor. Todos se veían muy animados a pesar de que se estaba pasando por una prueba, la más difícil de todas, pero sabias que de entre todos tú debías de mantenerte más animada, para infundirles valor y seguridad.

-¿Qué ve?- te preguntaron

-Todo- respondiste –a todos

-Deberías de estar en tus aposentos

-No, me aburro sin poder hacer nada- respondiste, Shion se acercó unos pasos más, quedando a tus espaldas. Estuvieron un momento en silencio –oye Shion…- le llamaste y por primera vez le diste la cara -¿te puedo hacer una pregunta?

-Athena- te llamo seriamente, demasiado para tu gusto –desde la era del mito ha habido una regla para la diosa, el amor que profesa a sus Caballeros debe de ser el mismo por todos, no debe de amar más a uno que a otro- te dijo adivinando tu pregunta

-Shion…- te levanto la mano, pidiéndote que no interrumpieras. Callaste

-No debe de preferir a nadie, ni a un Caballero ni a una Orden en especial. Athena no debe pensar como mujer y eso es porque el mundo la necesita, la humanidad la necesita.

"No estoy de acuerdo con la relación que mantiene con Shaka de Virgo, es algo que jamás se había visto. Él tiene un deber como Caballero, es el de protegerla, el de velar por la paz y el mundo, es una falta de respeto el que haya nacido un amor diferente a su diosa"

-Entonces…- le susurraste mientras mirabas el suelo -¿ese es mi destino? ¿estar sola?- preguntaste dolida -¿estar alejada de la persona a la cual estoy empezando a amar?

-Athena…

-Yo puedo sacar esto de mi- dijiste mientras ponías la mano sobre tu pecho –pero sé que también destruiré su alma

-Sé que es difícil- te dijo y sentiste algo dentro de ti, un vacío, de pronto sentiste que te jalo hacia él para abrazarte –pero tienes que entenderme que te amo demasiado, más que mi diosa eres mi hija. Y como cualquier padre no me gusto que de pronto llegara un tipo común y corriente y dijera que te pretende, como cualquier padre que quiere que su hija, como cualquier padre que quiere que se quede para siempre con él. No quiero que un tipo cualquiera venga a arrebatarme lo que más quiero.

"Desgraciadamente, sé que no habría mejor partido para ti que Shaka. Es noble y tranquilo, así como valiente y sé que no habrá nadie más que te pueda proteger más que él. Porque es un orgulloso Caballero Dorado, uno de los más fuertes y sé que ahora no solo te protegerá por ser su deber y su tarea, lo hará porque te ama. Aunque eso sí… en el momento en que te haga llorar o te lastime yo mismo me encargare de matarlo de la manera más lenta"

-Shion da miedo- pensaste al escuchar lo último, levantaste la mirada y te encontraste con la de él –gracias- le respondiste –no sabes lo que significa para mi esas palabras Shion

-Eres tremenda… ¿lo sabias?- te pregunto

-Te quiero mucho- le dijiste –gracias por todo Shion- comenzaste a susurrar –por ser mi maestro, mi guía, mi apoyo… por ser ese padre que tanto necesite en mi vida

-Yo soy quien te da las gracias- te dijo mientras te abrazaba más a él

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Caminaste entre todos los soldados y Caballeros que se encontraban en el Santuario, traías entre tus manos unas listas que ellos mismos te habían dado, en cada una de ellas venían todas las bajas y los territorios que se encontraban resguardados y libres de los Espectros de Hades. En una de ellas se te informaba que todas las esferas por fin habían sido colocadas en sus respectivos sitios, tomaste de nuevo el rumbo a aquel lugar que se te estaba haciendo muy familiar. Te colocaste frente a la estatua gigante y liberaste tu Cosmo, este emano de ti rodeándote de un aura brillante y salió disparado hacia el cielo como un rayo blanco el cual de inmediato se comenzó a esparcir por todo el sitio hasta que una gran cúpula cubrió todo el lugar, ahora si… ningún Espectro de Hades podía poner un pie en tu Santuario.

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-Milo- susurro Shaina al observar a lo lejos al joven Caballero de Escorpión. Lo vio muy mal, con su armadura destruida, con paso lento y pausado, cabizbajo y con sus cabellos revueltos –sin duda alguna es él

-Señora- le llamo uno de sus seguidores

-Sigan con lo que estamos haciendo- les ordeno y se encamino a acercarse a Milo, apenas se colocó a lado de él y le hablo, pero este no le respondió.

Aun así le siguió a donde se dirigía, se veía que de un momento a otro se iba a caer, que las pocas fuerzas que tenía lo abandonarían en cualquier momento. Lo vio en varias ocasiones apoyarse en la pared para poder continuar subiendo las escaleras, lo vio varias veces trastabillar pero jamás quiso aceptar la ayuda de la chica de Oficuo.

-Milo- le llamo mientras se quedó cerca de él al verlo que casi caer al suelo –no seas terco, tu Templo quedo atrás, déjame llevarte a la habitación de Athena, no se va a enojar si estas descansado ahí

-No- le susurro, fue la primera palabra que escucho

-Milo- le volvió a llamar, se puso frente a él –vamos, tienes que descasar- por primera vez vio su rostro, se veía demasiado cansado, demasiado herido. Con las pocas fuerzas que tenía alzo su brazo y le retiro la mascara

-Sabia… que… eras… hermosa- le dijo mientras acariciaba su rostro y volvía a tomar su camino

Shaina se quedó en shock, no sabía cómo reaccionar ante esa declaración de aquel joven. Le siguió con la mirada hasta que le vio perderse en una esquina, la cual llevaba a una sola dirección.

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Tenías la mirada fija en las nubes, no había nada en el cielo pero te llamaba mucho la atención en ese momento. De pronto sentiste un escalofrió que te recorrió toda tu espalda hasta lo más profundo de tu ser. Desviaste la mirada hacia la entrada por donde habías llegado, esperaste un momento hasta que de pronto escuchaste algo, unos pasos; alguien se estaba acercando a donde te encontrabas, afilaste tu mirada para ver quién era aquel que se acercaba a donde estabas tú.

-Oh no- susurraste al ver a esa persona –Milo- le llamaste en voz baja y bajaste de la estatua para correr hacia donde él estaba -¿Qué te paso? Milo

-Athe… Athena…- escuchaste que te susurro y sus fuerzas se acabaron, cayo de rodillas, pero antes de que siquiera tocara el suelo con ellas lo atrapaste entre tus brazos y caíste con él al suelo sirviéndole de colchon

-Milo- le llamaste mientras lo acunabas mejor, al hacerlo le separaste sus cabellos de su rostro -¿Quién te hizo esto?

-Athe…

-No hables- le llamaste mientras encendías tu Cosmo para curarlo

-No…lo hagas- te dijo –mi vida esta…

-¡No!- gritaste mientras viste que Shaina se acercaba a paso lento sin su máscara, no era de mucha importancia eso ahora -¡Tú no te vas a morir! ¡Tienes que vivir!- el negó con la cabeza -¡Milo!- le llamaste mientras lo veías cerrar los ojos y acomodarse en tu regazo

-¡Athena!- te llamo Camus quien venía con Calandra, Dhoko y Shion –no puede ser, Milo

-Cum.. cumplí con mi deber- te susurro –no… no son… tan…- le escuchaste dar un suspiro y abrió lentamente los ojos para verte y sonreírte –tres contra uno- te dijo, aun así estabas usando tu Cosmo al máximo para aliviar las heridas de Milo, pero sabias que eran muchas, demasiados huesos rotos y hundidos, demasiadas hemorragias internas… las lágrimas ya corrían por tu rostro –y como extra… un… juez

-Milo- le susurraste –no me dejes por favor. Eres mi mejor amigo, no te vayas

-Es hora… princesa- te respondió mientras con mucho esfuerzo alzaba su mano para limpiar tus lagrimas –Kanon ya espera… por mi- te dijo sonriéndote –no puede… colmar… él…- viste que se quejó –tengo que ayudarle… a molestar a… Mü

-Milo no- le volviste a pedir –te necesito a mi lado, no me dejes

-Te amo- te dijo y viste que volvió a verte –pero como amiga… no quiero… no quiero problemas con Shaka- le sonreíste

-Milo- le susurraste mientras aun mantenías tu Cosmo encendido

-Tengo… sueño- te comento mientras se acurrucaba más a ti y cerraba los ojos

-Descansa Milo- le dijiste ya con el llanto sin siquiera evitarlo –duerme… pronto te despertare para que acabes con Hades… descansa mi ángel- le susurraste aquella palabra con la que lo describiste la primera vez que lo viste

-Nadie… nadie más podría… hacerlo…- te dijo y tus nervios aumentaron, estaba llegando el final de su vida –mas… que yo

-Nadie más que tú- le dijiste y recordaste todo, desde el día que lo viste por primera vez, la bofetada que le diste cuando despertaste en Grecia por la forma en la que te había llamado. Cada combate que lucho a tu lado, cada travesura, cada platica… todo… todo venía a tu mente y no querías hacerlo, porque sabias que eso no era algo bueno –Milo- le llamaste, pero no te respondió, sentiste que su cuerpo de pronto peso más, abriste los ojos y lo comenzaste a mover –Milo… ¡Milo! ¡Milo despierta por favor! ¡Milo!

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Un brillo lo cubrió y lo poco que le quedaba de su armadura se retiró de su cuerpo para tomar forma frente a todos los presentes. Camus se dejó caer de rodillas al suelo al igual que Shaina. El llanto de Athena era lo único que se dejaba escuchar en ese lugar al igual que el de Calandra… fue en ese momento en que Shaina se dio cuenta del porque Milo no quería detenerse hasta estar con aquella diosa que se había convertido en su íntima amiga, era algo que él deseaba y ese deseo era el que le había impulsado a ir con ella…. morir en brazos de su diosa, uno de los mayores honores para cualquier caballero de la Orden Ateniense.

El llanto de Athena podía desgarrar el corazón de cualquiera que estuviera cerca de ese lugar, ese había sido un honor para Milo pero para Athena era lo peor que le pudo pasar, pues a pesar de que hizo todo con la ayuda de su Cosmo no pudo salvar la vida de uno de sus mejores amigos.

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-¿A dónde vas Camus?- le pregunto Calandra mientras seguía a paso rápido al Caballero de Acuario, casi corriendo para alcanzarlo

-A matar al maldito Juez que le hizo esto a Milo- dijo muy decidido

-No puedes- le dijo mientras lo detenía de la muñeca, Camus la miro seriamente y ella lo soltó –Athena no te lo va a permitir

-Ni siquiera ella puede detenerme- le respondió

-Estas caminando directo a tu enfrentamiento sin saber qué es lo que vas a encontrar- le dijo

-No voy a morir- le respondió mientras un brillo lo cubrió para portar su armadura –pero te juro que él si lo hará, lo matare con mis propias manos

-¡Athena no permite que tomen la vida de nadie!- le dijo elevando la voz

-Ella dio la orden de acabar con lo que se nos pusiera en frente y eso es lo que voy a hacer

-Camus no lo hagas- le rogo –sé que era tu mejor amigo, tu hermano… lo sé porque "-.-" me lo dijo, pero no hagas ninguna estupidez

-¿Estupidez?- le dijo y la encaro –No Calandra, no es una estupidez, se atrevieron a tomar la vida de mi mejor amigo, no puedo pasar eso por alto… además si así evito que se lleguen a acercar a Athena mi trabajo será perfecto

-Camus- le llamo una vez mas –solo… si…- se encontraba nerviosa –si sientes algo por mi… por favor… espera a la orden de Athena, ella sabrá que hacer, solo dale unos días para que pueda recuperarse de la perdida de Milo

Camus la miro fijamente, algunas lágrimas bajaban del rostro de ella, tenía miedo de lo que pudiera pasarle, lo sabía. El ver de esa manera a Milo aumento su miedo de esa guerra, apenas podía con esa carga, Athena confiaba en ella, la necesitaba para ayudarle a sanar a los demás por eso ella se quedaba a su lado, no quería defraudarla pero eso no quitaba el temor que vivía dentro de ella.

Cerró los ojos, sabía que en ese momento la ira era quien le estaba controlando pero tampoco iba a esperar a la orden de Athena, solo se estaba adelantando a ella. Levanto el rostro de la joven y la beso, aunque a ella solo parecía que se estaba despidiendo.

-Mi deber como Caballero esta primero, así como la vida de Athena y su protección- le comento –no es necesario que lo diga porque lo sabes

-Entonces espera a que "-.-" te de la orden

Lo tomo de la mano, Camus la beso por última vez para salir de ahí. Calandra no supo que hacer, solo vio desaparecer por esa puerta, sabía que Camus se había ido pero lo que no sabía era si lo iba a volver a ver, esa maldita guerra estaba acabando con la vida de todos y si Athena que era una diosa no podía hacer nada para poder salvarlos mucho menos ella que solo era una humana más en un mundo equivocado al cual no pertenecía.

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Estabas de pie acomodando unas rosas en la tumba que le correspondía a Milo, las lágrimas aun no abandonaban tu rostro, te sentías demasiado impotente. No pudiste hacer nada para poder salvarlo. ¿Qué clase de diosa eras que no podías hacer algo tan simple como eso? Secaste tus lágrimas pero estas no se negaban a dejar de brotar.

Escuchaste que Calandra te llamo, se encontraba y se veía realmente mal. Te asusto la manera en la que se estaba presentado ante ti, te acercaste a ella y lo que te dijo te hizo correr para ir en busca de Shion y Dhoko.

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~ 2 ~

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Afrodita respiraba agitadamente, había terminado con su combate en un solo ataque. Miro a todos lados, varios cuerpos además de esos Espectros que resultaron ser los más molestos se encontraban regados en el suelo. Lo había hecho bien.

Se desojo de su armadura pues esta le pesaba demasiado. Se dejó caer al suelo para poder descansar mejor. Miro al cielo para poder ver que se encontraba azul, un azul muy hermoso.

No deseaba esperar mas, tenia una urgencia grande para poder presentarse con Athena, con su amiga, con su hermana pequeña. Comenzó a caminar de manera lenta y sigilosa, de pronto escucho como unas rocas se caían y desvió la mirada hacia un sitio en el cual no había nada, más que un ave que se había posado en ese montículo. Dejo salir un suspiro y continuo caminando pero apenas dio dos pasos y unos tentáculos atravesaron su cuerpo y uno más se encargó de enredarse en su cuello y mantenerlo elevado, los tentáculos salieron de su cuerpo sangriento y el otro lo arrojo hacia el suelo.

De entre el suelo apareció un Espectro más, Afrodita se maldijo por haberse olvidado de ese último enemigo. Le miro fieramente mientras usaba el resto de sus fuerzas para ponerse de pie, a buena hora se le había ocurrido despojarse de su armadura. Aquel Espectro estaba riendo y de nuevo lo ataco con aquellos tentáculos, pero por más que quiso esquivarlos no pudo, estaba débil, ya estaba perdiendo mucha sangre.

-Que débil resulto ser el Caballero más cercano a Athena- le comento aquel que se acercaba a Piscis

-Mira quien lo dice- le respondió forzadamente –alguien que… ataca desde la espalda

-Cállate- le ordeno –esto solo demuestra que nosotros los Espectros somos mas inteligentes- rio ante esa afirmación

-¿En serio?- le pregunto

Con la sangre que le brotaba dejo caer su Lluvia Carmesí pero lo esquivo rápidamente, de inmediato ataco con una lluvia de Rosas Reales seguidas de las Rosas Piraña, pero sus ataques eran tan lentos que esquivarlos era un trabajo demasiado fácil para el Espectro. Afrodita se encontraba respirando agitadamente.

-Yo Raime de Gusano será el Espectro que tomara la vida del mas fiel de Athena- le dijo mientras le daba una patada y lo alejaba un poco mas

-Un gusano…- le susurro Afrodita –jamás tomara mi vida así como así

-Eres un idiota- le respondió mientras lo volvió a tomar con uno de sus extensiones para arrojarlo contra el suelo

Afrodita exploto su Cosmo para alejar a aquel Espectro de su vista, este se estrelló contra una roca. Lo miro fijamente y su Cosmo comenzó a elevarse hasta lo máximo que podía, sus cabellos se movían violentamente y Raime comenzó a temblar y a preguntarse cómo era que aun con esas heridas mortales podía continuar peleando, estaba prácticamente a pocos minutos de que su vida terminara pero aun así… su Cosmo parecía estar fresco.

-¿Qué vas a hacer Raime?- le pregunto y el tono de voz que uso era escalofriante, tanto que le provoco a su oponente un terrible sentimiento de temor -¿correr? ¿Pelear?

-Acabar con tu vida- le respondió en susurro -¡es hora de caigas!

Se le arrojo contra su oponente, Afrodita se preparó y una horda de rosas de todos los colores se abalanzó contra Raime. Este las esquivo y se abalanzó contra Afrodita a quien enterró uno de sus tentáculos directo en el pecho de Piscis, este cayó al suelo sin vida, pues paso cerca de su corazón destruyendo las venas más importantes del musculo cardiaco. Raime rio ante su momento de victoria, dio unos pasos para acercarse al cuerpo inerte pero se detuvo de improvisto, algo le entumió su cuerpo y de su nariz comenzó a emanar sangre, cayo de rodillas y al toser se dio cuenta de que escupía sangre. Miro a su pecho y se dio cuenta de que había dos rosas clavadas en su cuerpo, tomo una y la saco de un solo jalón, los pétalos de la rosa se encontraban mojadas, miro su mano la cual se encontraba llena de sangre. Paso la mano a la otra rosa y que de igual manera se encontraba escurriendo sangre. Su mirada se nublo y pronto cayó en el sueño de muerte eterna.

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-¿Cómo paso esto?- pregunto molesto Shion mientras caminaba a tu lado a paso veloz

-Yo que se- le respondiste –al igual que yo esta encabronado, asesinaron a Milo de la peor manera- le defendiste –hasta yo hubiera hecho lo mismo sino tuviera que quedarme aquí

-Athena no es hora de jugar

-Te lo estoy diciendo de buena manera- le dijiste y detuviste tu paso –Los malditos Espectros nos están debilitando. No sirve absolutamente de nada que los estemos venciendo si ellos también caen en batalla

-Hay que encontrar a Camus- ordeno –no debe de hacer locuras

-Créeme Shion- le llamaste –vengar la muerte de un hermano, porque Milo no era su amigo, era su hermano… No es una locura

-Pero tampoco apruebo que intente tomar venganza con la cabeza caliente- te dijo –Athena, esperemos que todo le salga bien porque de ser así lo único que va a conseguir es perder su vida, como los otros

-Yo confió en él- le respondiste y te encaminaste a otra dirección

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Estabas sentada en el jardín que tanto te gustaba, algunas lágrimas recorrían tu rostro… tres Caballeros habían caído ya… Aries, Géminis y Escorpión…. ¿Cuántos más iban a caer en esa absurda guerra? ¿Qué acaso Hades no tenía corazón? ¿No le estaba afectando en nada el que estuviera perdiendo a sus soldados?

Miraste al cielo y este se encontraba tan despejado, con el sol brillando a su máximo esplendor, como deseabas que ese hermoso panorama lo estuvieras viendo en ese momento con todos y cada uno de tus Caballeros.

-Athena- te llamaron, tus ojos se abrieron debido a la sorpresa, desviaste la mirada hacia ese sitio, en el cual se encontraba de pie Shaka –aquí estas

-Shaka- susurraste mientras te ponías de pie y corrías hasta donde él se encontraba

-He llegado- te susurro mientras te acunaba a su cuerpo y acariciaba tus cabellos –tranquila, no llores

-Tenia tanto miedo de perderte- le comentaste, te separaste de él y lo miraste fijamente –no es verdad- dijiste y te alejaste dos pasos

-No te preocupes- te respondió sonriente –nada se podrá acercar a ti- miro hacia una parte en especial –acabe con todo lo que provenía de la parte que me correspondía cuidar

Caíste de rodillas, también a él lo habías perdido. No querías seguir viéndolo porque sabias que en el momento en que su energía se terminara seria mas doloroso para ti continuar. Aun así sentiste cuando se colocó en cunclillas para verte, tomo tu mentón y a pesar de que no deseabas verlo él hizo todo lo posible para que alzaras tu rostro, lo miraste apenas pues tus ojos se encontraban llenos de lágrimas. El las limpio suavemente y aun te seguía mostrando aquella sonrisa

-Mi deber como Caballero ha sido cumplido- tú negaste, no tenías la fuerza para hablar –proteger a Athena de cualquier mal incluso con mi vida como último recurso

-No es justo- susurraste

-Nada en la vida es justo- te dijo –lo único justo que tenemos en esta vida es lo que uno busca, lo que único que cosechamos durante el tiempo. Como tú…

-¿Qué?- pues no entendiste

-Yo hui por un tiempo porque no quería aceptar lo que sentía porque era prohibido… porque un Caballero no debía de tener ese sentimiento por su diosa- te confeso –pero después luche e hice todo lo que estuve a mi alcance para poder obtener lo más valioso que tengo- te miro fijamente –tú

-Shaka… perdóname- le suplicaste con tu llanto –sabía que podías perder la vida y aun así no pude ser capaz de detenerte

-No fue tu culpa- te respondió –esto ya estaba destinado… desde que en esta Era nacerías como Athena, nacería yo como un Caballero… encontrarnos y formar lazos fuerte entre los dos… todo estaba escrito amor mío

-No quiero- dijiste

Pego su frente con la tuya y te recito algo en su idioma natal. Estuvieron así durante un corto tiempo, enredo su mano con la tuya y en tu brazo coloco su Rosario, no necesitaste mirarlo pues el simple tacto de esas perlas te hizo reconocer ese artefacto. Se acercó a ti y te beso de manera lenta y suave, imprimiendo en ese beso todo lo que sentía por ti hasta que de pronto ya no sentiste nada, abriste los ojos y solo viste el polvo estelar dorado a tu alrededor.

Miraste a todos lados y de pronto una fuerte aroma a rosas inundo el lugar, buscaste por todos lados, no querías aceptar despedirte de dos Caballeros, de dos hombres a los que amabas, a uno como hombre y al otro como hermano. De pronto bajo tus manos sentiste algo suave al tacto, miraste y te encontraste rodeada de varias rosas, destacando como siempre esas tres con las que Afrodita te defendía de todo y de todos.

Comenzaste a respirar rápido y aun así sentías que te faltaba el aire, el paisaje a tu alrededor se comenzó a ver de manera borrosa, no distinguías nada, no había ya más rosas, no más césped, no más arboles…. Todo era una mancha de pintura difuminada. Gritaste tan fuerte como tus pulmones te permitieron, tomaste las rosas del suelo y las comenzaste a arrojar lejos de ti hasta que decidiste que eso no era suficiente para calmar tu furia, en ese instante tomaste las que podías y con la otra mano las deshojas de un solo golpe, arrojando los pétalos lejos y los tallos hacia otra dirección, tomaste el Rosario de Shaka y lo estiraste lo más que pudiste para poder romperlo, lo azotaste una y otra vez contra el suelo pero este jamás se dañó. Así estuviste hasta que el cansancio te venció, ya no pudiste gritar más porque tu garganta así como tus pulmones te pidieron un momento de descanso; caíste al suelo boca abajo, respirando agitadamente. Mirabas a la nada, no había nada en especial.

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Athena

Mis más sinceros saludos y disculpas. Se por lo que estás pasando, el perder a dos de tus Caballeros más cercanos es lo peor que te pudo pasar en esta guerra y también sé que un Perdón no lo arregla.

Es necesario que te reúnas conmigo para poder poner fin a esto. Necesito que te presentes en el Valle donde nos vimos por primera vez, es necesario que vengas sola. Vamos a terminar esta guerra de una vez por todas

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Si Hades quería terminar con esa Guerra que había comenzado, estaba bien… porque ahora le ibas a demostrar que era verdad… que un "Perdón, no sabia lo que hacía" no iba a arreglar nada de lo que ya estaba hecho… y no solo tomarías venganza por Mü y Kanon… ahora lo harías por Milo, Shaka y Afrodita. Se atrevió a tocar lo que más amabas en esa nueva vida que estabas llevando y se lo harías pagar muy caro. Tanto que la próxima reencarnación de Hades pensaría dos veces antes de atacar a la próxima Athena.

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Únicamente se escuchaban los pasos romper el silencio que se extendía por el sitio, alertando a todos los que se encontraban a su alrededor. De inmediato todos los que se encontraban custodiando los límites de aquella mansión se dirigían a encontrarse con el Caballero de Athena que se había dado el lujo de ir a atacar el solo el sitio.

Desde uno de los ventanales se podía observar a dos personas. Ambos con una sonrisa en sus rostros al ver la actitud tan desesperada de Athena para acabar con el ejército de Hades.

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~ 3 ~

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Eso no estaba bien, sabía que esa marca que ahora tenía en el cuerpo la había conseguido por estar jugando contra un hombre al que solo debió darle el golpe de gracia para acabar con su vida. Aplano con fuerza aquella picadura que solo se encontraba rojiza, no dolía, no sangraba, no era ni siquiera molesta… solo se encontraba ahí como si fuese una marca de algún mosquito que le había picado.

Se escuchó cuando su puerta se abrió, dirigió la mirada iracunda para averiguar quien se había atrevido a adentrarse sin su permiso, pero lo que hizo fue doblar su rodilla al encontrarse con que la persona que lo había interrumpido había sido Pandora. Esta le ordenó de inmediato vestir de nuevo su Sapuri para salir a pelear con un molesto Caballero que se había atrevido a intentar siquiera pensar en venir a poner un pie en la mansión de Hades.

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-¿Crees que Athena está confiada?- pregunto Thanathos mientras se alejaba de la ventana

-No- respondió Hypnos –solo que es una estúpida por querer tomarnos por sorpresa

-Ya veo- le respondió su hermano –dejemos esto en manos de Minos

-Pudo tomar la vida de Escorpión muy fácilmente- le respondió mientras lo comenzaba a seguir –no creo que tenga problema alguno

-Además, nuestro deber ir al Inframundo para contactar a las Grayas- le dijo –ellas deben de saber en dónde está el señor Hades

-Aún sigue comportándose como un humano- le respondió su hermano –debemos de hacer que madure para que pueda tener el control total- ambos Consejeros desaparecieron de ahí sin dejar rastro alguno

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Cada uno de los soldados que custodiaba ese lugar había sido derrotado por Camus, los pocos Espectros que se encontraban ahí preparados para salir habían partido hacia poco al Inframundo por obra de Acuario. Este apenas se encontraba algo sucio y lastimado, simples rozones que no significaban problema para él, puesto que la furia que sentía dentro de si eran tanta que no pensaba en lo que le iba a pasar, al contrario… solo tenía en mente averiguar cuál de los tres Jueces había sido el culpable de tomar la vida de su amigo. La mirada fría de Camus podía intimidar a cualquiera que se encontraba con él.

-Miren lo que nos trajo el viento- escucho una voz detrás de él, detuvo sus pasos –a un Caballero, pero no cualquiera, no… un Caballero de Oro- se burlo

-¿Tú fuiste quien tomo la vida de Escorpión?- le pregunto directamente

-¿Yo?- le pregunto –veamos… ¡ah, ya recuerdo!- comento –un idiota que se atrevió a lanzarme unos ataques patéticos- le dijo –yo no sé cómo pensó que estando ya más muerto que vivo podría siquiera pensar en ganarme. Que patético resulto ser, creerse el más poderoso de la orden de esa tipa, ni siquiera fue rival para Giganto, Golem ni Violet… no, de plano que ustedes no piensan

-Cállate- le ordeno Camus mientras apretaba fuertemente sus puños

-Que débil resulto ser- dijo –le pedí que rogara por su vida pero prefiero hacerme frente, ni siquiera resulto ser un digno rival, solo un débil y patético humano que murió vergonzosamente de la manera más humillante y….

Mino ya no pudo terminar de hablar pues Camus le había asestado un golpe con su puño derecho que provoco que el Juez perdiera el equilibro. Este lo miro con odio, se puso de pie y escupió la sangre que se había formado dentro de su boca. Apenas iba a atacar a Acuario, este lo comenzó a golpear con toda su fuerza sin siquiera encender su Cosmo, Minos no era capaz de defenderse de esos golpes que su oponente le estaba propinando. En un descuido de Camus este se colocó detrás de él haciendo uso de su velocidad, solo logro acertarle un par de golpes pues los demás eran esquivados por Acuario, este no se iba a dejar siquiera que ese Juez se diera el lujo de descansar, iba a pagar por lo que le había hecho a uno de sus mejores amigos, a su hermano. Un golpe de Camus lo mando a estrellarse contra uno de los muros de la mansión el cual quedo destruido, Minos solo lo veía con odio.

-Vas a enfrentar a un Caballero de Athena que no ha peleado, que tiene todo su poder, que no está cansado ni golpeado- le comento Camus mientras Minos se ponía de pie –vas a saborear personalmente el poder de un Caballero Dorado en su máximo esplendor

-¿Qué me estas queriendo decir?- le pregunto mientas encendía su Cosmo -¿Qué solo le gane a tu estúpido amigo porque estaba débil?

-Nunca le hubieras ganado a Milo si lo hubieras enfrentando al cien por ciento de su poder- le respondió Camus –te atreviste a tomar la vida de mi hermano, lo pagaras caro

-Eso lo veremos- le respondió

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-Entonces Radamanthys- le llamo aquella mujer que se encontraba respirando agitadamente -¿Qué es lo que esperas?

-No espero nada- le respondió

-Ya te lo dije- le hablo –toma la vida de "-.-" para que puedas volver a las filas de él

-No puedo- le respondió mientras caía al suelo de rodillas –no puedo… no quiero hacerlo

-Entonces… ¿Qué harás?

Dirigió su mirada hacia esa mujer que le extendía su mano, él no sabía que hacer ni que pensar. No quería tomar una decisión equivocada pero sabía algo que le estaba costado aceptar y era que esa mujer que se estaba debatiendo entre la vida y la muerte le generaba un sentimiento de paz, de amor, de cariño… esa Athena se había metido en su cabeza y poco a poco la comenzó a apreciar a tomarle cariño… esa era la razón por la que no quería tomar la vida de aquella que lo había tratado como a un igual a pesar de ser el enemigo a pesar de que era una diosa, a pesar de todo.

Sin que se diera cuenta unas lágrimas cayeron de su rostro pues no quería tomar la vida de ella, pero no sabía que era lo que tenía que hacer, todo era tan confuso, desvió la mirada hacia la joven que yacía entre sus brazos, se veía tan tranquila, tan quieta.

Una de sus manos tomo la de la esencia de la diosa, en ese momento su cuerpo se cubrió de un brillo el cual se traspasó hacia "-.-" y paso lo que tenía que pasar. El Cosmo de la joven se comenzó a elevar y poco a poco comenzó a tomar el calor que su cuerpo había perdido, aun quedo más sorprendió cuando se vio rodeado de una armadura amarilla la cual resplandecía como el mismo sol.

-Ahora Radamanthys- le llamo Athena –la armadura te ha elegido como portador pero solo tú y nadie más que tú puede decidir si quedártela o rechazar lo que tu destino te tiene preparado. El destino siempre cambia y en esta ocasión puedes hacerlo- le miro detenidamente, las lágrimas aún seguían bajando por su rostro.

Y si estaba haciendo lo correcto, y si no lo era… ¿Qué pasaría con él? Dejo el cuerpo de la joven en el suelo y se puso de pie, camino hacia un espejo que se encontraba en ese lugar y se vio de pies a cabeza, cada una de las partes de su cuerpo se encontraba revestido con aquella armadura. Miro hacia donde la joven se encontraba, esta había abierto los ojos y pensó que estaba confundido pues su mirada delataba que no sabía donde se encontraba. Observo que aquella mujer se acercó a la más joven y le saludo, la ayudo a ponerse de pie para ver después la mirada llena de sorpresa al mirarlo revestido de Oro. Ella sonrió y dentro de su ser algo cálido se encendió, le correspondió la sonrisa y lo supo… supo porque esos jóvenes de la elite Dorada se comportaban sin modales delante de ella, supo por qué se tomaban tantas atenciones y tantas libertades… ella era su diosa, su amiga… ella era la razón por la cual todos peleaban hasta el final… dentro de ella se podía sentir un gran poder y aun así una gran fragilidad…

Se colocó de rodillas y juro… juro proteger a la joven diosa reencarnada de todo el mal, de todo peligro. Juro dar su vida para protegerla sin importar lo que pasase. Juro que la amaría, juro que la seguiría hasta la misma muerte si ella se lo pidiese, juro que sería aquel que se mancharía de sangre con tal de que ella consiguiera lo que ella quisiera. Escucho el reclamo de la esencia de Athena, claro que le recalco que el juramento era para "-.-" y que ella como esencia que era no tenía cabida en su promesa, peleo con ella mientras escuchaba la débil risa de su ahora diosa

-Bienvenido a casa Radamanthys- escucho que le recibió –ahora vámonos que hay que detener a Hades, como siga haciendo desmadre nos deja sin casa donde vivir.

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Sintió una presencia cerca de él y dejo atrás ese recuerdo que se había formado en su cabeza. Se alejó de aquel gran ventanal y miro hacia todos lados, de pronto escucho unos pasos resonar en ese lugar, enfoco su mirada por el pasillo y frente a él se encontraba alguien a quien conocía.

-Así que… también tú has caído- le comento en cuanto se acercó a él –no pensé que fueras a morir tan rápido

-Tienes suerte Radamanthys- le respondió –que si aún viviera te mato a punta de chingazos- le respondió

-Deberías ir con Athena- le dijo –eras muy cercano a ella Afrodita

-En este momento está con Shaka y no quiero hacer mal tercio- le dijo, ambos sonrieron –Radamanthys- le llamo seriamente –cuida de Athena tanto como puedas, no la dejes sola… vive. Ella se pondrá muy triste por nuestra partida, pero aun así dile que la estaremos cuidando desde donde quiera que estemos… la esperemos hasta el día en que sea su hora de partir

-Idiota- le respondió Oficuo –es algo que pienso hacer, lo jure ese día a Athena

Callaron un momento más, Radamanthys comenzó a oler el aroma dulce de las flores, apuro a Afrodita a que se fuera, Piscis solo rio ante eso para después levantar su puño, Oficuo observo el gesto y lo pensó unos segundos para después chocar su puño con el de su compañero, Afrodita le sonrió y se despidió de él desapareciendo de ahí, dejando solo un rastro de luz.

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Minos salió disparado contra otra de las paredes de esa mansión, sin duda alguna el que ese Caballero estuviera dominado por la ira le sobreponía una fuerza mas de la que poseía originalmente. No podía creer que él, siendo uno de los Jueces mas fuertes no pudiera con un simple Caballero.

Se abalanzó contra aquel joven de largos cabellos, pero Acuario no se dejó amedrentar, pues detenía cada uno de los golpes de Minos. Pero uno de ellos no pudo detenerlo y se comió un puño de Minos el cual impacto en su rostro, el cual se quedó volteado, un fino hilo de sangre se delineo por su barbilla frenando su ataque, desvió la mirada hacia ese juez, el cual respiraba frenéticamente debido a todos los ataques de su enemigo. Camus se limpió aquella sangre y miro aun con más odio. Camino lentamente hacia Minos pero freno su andar al sentir que algo le impedía continuar con avance

-¿Creíste que solo dejaría que me golpearas sin defenderme?- le pregunto

-Por mi está bien- le respondió sin intimidarse –sería muy aburrido matarte tan fácilmente

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El sol que se alzaba en ese casi medio día (si es que no era que ya pasaba) hacia que tus ojos ardieran, ya habías derramado más lágrimas de las que recordabas que habías llorado en tu vida, apenas los podías mantener abiertos de lo hinchados que estaban, el mirar se había vuelto doloroso físicamente. Pero había una cita a la cual no podías faltar y a la que te presentarías así fuera arrastrándote.

El lugar de la cita era aquel donde te habías encontrado por primera vez con Hades y ahora lo veías frente a ti una vez mas, sentando en una roca prestándole atención a algo que estaba entre sus manos y se posaba en sus piernas, sintió tu presencia ya que dirigió su mirada hacia ti, dejo lo que fuera que tuviera en la roca en la que estaba sentado para ponerse de pie y cortar la distancia que lo acercaría mas a ti. Tus pasos se aceleraron, cerraste tus puños fuertemente y para cuando te diste cuenta ya estabas corriendo

-Athena, me alegra que hayas...- y eso fue lo único que te dijo pues lo atacaste de inmediato.

Hades solo se dedicaba a tratar de esquivar tus golpes y los que pudiera detener lo hacía, como uno de esos puños que iban directo a su rostro pero lo que golpeaste fue su palma izquierda

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Hades quería hablar con aquella diosa que se dedicaba a mantener a salvo a la tierra pero ella llego atacándolo, aun así cada golpe que cubría resultaba doloroso para el gobernante del Inframundo. Athena lo ataco con una patada que iba directo hacia su rostro, él se agacho solo para bloquear un rodillazo que le iba a dar con ambas manos, la aventó para poder ponerse de pie pero Athena ataco de nuevo con una patada que detuvo pero Athena giro el resto de su cuerpo y en esta ocasión la patada izquierda dio de lleno en el rostro de él haciendo que la dejara libre y retrocediendo unos pasos, Hades sacudió la cabeza tratando de recuperarse del golpe pero cayó al suelo al no percatarse de que la joven le dio una barrida fuerte.

Hades exploto su Cosmo solo para alejar a aquella joven que se encontraba hecha una fiera, había despertado a una leona, la más peligrosa y ahora estaba pagando las consecuencias. Podía atacarla pero no lo haría, no era su plan, no era el motivo por el que estaba en ese sitio; además ya sabía lo que tendría que soportar, pero era mas de lo que había imaginando.

En una de tantos golpes que bloqueaba se le fue un puñetazo que dio de lleno en el rostro de ella, este la hizo perder el equilibrio, se intentó acercar para calmarla pero ella le dio una barrida que lo hizo caer al suelo, apenas se estaba incorporando cuando sintió una patada en su abdomen pero fue una segunda patada lo que lo dejo sin aire y lo obligo a girarse para queda bocarriba. Athena se sentó arriba de él y con una mano lo tomo del cuello de la camisa negra y con la otro lo comenzó a golpear con su puño cerrado

Los golpes de ella solo eran molestos y apenas había abierto su labio, atrapo las manos de ella con las suyas obligándola a escucharlo, pero ella estaba cegada y fue entonces que la vio, observo en su rostro las lágrimas correr dejando un rastro visible debido al polvo que había en su rostro, vio lo rota que estaba, vio que estaba cansada y lastimada y no era por esa pelea que estaba teniendo.

-¡Suéltame!- le exigió, ella podía hacerlo pues tenía energía de sobra al igual que él, pero ella ya estaba cansando como para darse cuenta de eso -¡Que me dejes!

-Athena solo escúchame- le pidió -no vine a pelear

-¡Con una chingada, que me dejes!

-Solo pido que me dejes hablar- le pidió sin gritar

De pronto la joven sintió algo y se comenzó a mover, algo encima de su cabeza que la comenzó a arañar para caer en el pecho del joven, ella observo aquel intruso que de inmediato se abalanzo contra ella y le mordió su muslo izquierdo, ella cerro frunció el seño al sentir ese par de dientes.

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-¡Luna basta!- escuchaste que le ordeno Hades. Ese cuyo había sido el que habías encontrado en tu habitación, el que había llevado la carta de Hades. Ese cuyo era de él y ahora estaba defendiendo a su dueño mordiéndote por segunda vez la pierna y arañándote encima del pantalón. Respirabas agitadamente, desviaste la mirada hacia Hades que aun te mantenía sujeta de ambas muñecas.

-Podría matarlo- susurraste y llamaste la atención de Hades -no tendría oportunidad de escapar

-No lo hagas- te dijo y sentiste que apretó mas tus muñecas

-Mandaste a asesinar a mis amigos, has hecho desmadre y medio y aun así...- miraste al cuyo -te defiende porque te ama- miraste al cielo tratando de recuperar aire -no cabe duda que los animales son los mas nobles del mundo

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Se escuchó un fuerte crujir y varias partes de metal que caían al suelo repiqueando grácilmente. Unas gotas de sangre comenzaron a caer en el suelo, aun así Camus hacia una fuerte presión en su brazo derecho. Frente a él se encontraba Minos, quien estaba igual que Acuario, sumamente lastimado, las alas de su Sapuri se encontraban destruidas y varias plumas de ellas regadas en el suelo. Ambos respiraban agitadamente.

Camus estaba comenzando a calmarse para poder comenzar a tomar control de nuevo, el ser guiado por la ira y la venganza no había sido buena idea y eso su cuerpo ya lo sabía. En cuanto a Minos se estaba dando cuenta lo que era enfrentarse a un Caballero Dorado con su fuerza al máximo, nada comparado a cuando había acabado con uno que ya había luchado, que estaba débil, herido y cansado... Tal y como le había dicho Acuario, aun así no permitirá que ese le ganara.

Se abalanzó contra Camus sin darle espacio a que atacara, los hilos del marionetista destruían el suelo contra el que chocaban, Camus solo se dedicaba a esquivar pero el dolor que sentía en su brazo era grande, sabia ya de antemano que su brazo estaba roto. Camus encendió su Cosmo una vez mas y Minos no se quedó atrás, el fuerte aire de ambas Cosmoenergias se arremolinaba alrededor de ellos, ninguno de los dos quería darse por vencido, la energía comenzó a destruir lo que parecía que era la biblioteca del lugar, Minos se lanzó contra Acuario el cual al principio podía esquivar los golpes pero de un momento a otro la velocidad de Minos cambio, apenas podía esquivar hasta que una patada por parte del Juez se dirigía hacia su rostro, Camus uso su brazo lastimado para bloquearlo empeorando su lesión mientras que la otra se cubrió de hielo, en el momento en que libero su golpe Minos no pudo hacer nada, el Polvo de Diamante dio de lleno en su cuerpo congelando su Sapuri

Minos volvió a atrapar a Camus con sus hilos, estos se enredaron en sus muñecas y sus tobillos, en el rostro del Espectro se dibujó una sonrisa y con ayuda de su Cosmo lo elevo alto, casi rozando el techo de aquella estructura para después azotarlo contra el suelo, una y otra y otra vez más. Con cada golpe que Camus recibía más dolor sentía en su brazo, la tiara ya había salido disparada hacia otro lugar como el casco del Espectro. Lo elevo una vez más para arrojarlo contra el muro el cual se destruyó en ese momento.

Camus apenas se podía incorporarse, su cuerpo le dolía pero aun no terminaba, había jurado venganza y eso es lo que haría, tomaría la vida de ese que se atrevió a matar a Milo.

Minos se acercaba lentamente hacia su presa, se sentía poderoso, que tenía todo el control de la situación. Se colocó cerca de Camus, lo miro altivamente y una sonrisa de burla se dibujó en su rostro pues a pesar de encontrarse lastimado era él quien estaba de pie, quiso dar un paso para quedar más cerca pero algo se lo impidió, trataba de mover sus pies pero algo se lo impedía hasta que se percató de que una capa de hielo cubría el suelo y este cubría no solo sus pies sino que se había extendido hasta por encima de sus rodillas

-¿Qué es esto?- se susurró, alzo la mirada y vio a Camus de pie -¡¿Que me hiciste?!

-¡Rayo de Aurora!- fue la contestación de Acuario, un hermoso rayo impacto al Juez, el cual no tuvo tiempo ni oportunidad de defenderse de tan magnifico ataque.

Camus de inmediato ejerció presión sobre su brazo, había representado un gran esfuerzo, su respiración se encontraba agitada, miro hacia el frente esperando haber terminado con su oponente. Frunció el ceño al ver a Minos de pie, recordó las palabras de Radamanthys... Los Jueces son los Espectros más fuertes y Minos era un claro ejemplo, aun así acabaría con él.

Minos veía a Camus con odio, a pesar de que tenia una clara ventaja sobre él no podía tomarla, al contrario... Ahora su Sapuri se encontraba congelada y la protección de su pecho se encontraba destruida y su tórax con una fina capa de escarcha.

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-¡Tu turno Camus!- escucho que le ordeno Milo quien apenas había caído al suelo

-¡Ejecución de Aurora!- grito y apunto al sitio donde Milo había lanzado su Aguja Escarlata

Una fuerte explosión resonó en ese sitio, Milo tenía una gran sonrisa en su rostro, después de tanto practicar habían logrado sincronizar sus técnicas más poderosas en una sola, capaz de devastar lo que fuera

-Somos geniales Camus- le comento mientras chocaban sus puños

-Aunque no se para que hacer esto- le respondido serio como siempre -dudo mucho que algún día podamos usarla idiota

-Bueno- Milo se puso a pensar y sonrió, paso su brazo por encima de los hombros de Acuario -pues la tendremos reservada para algún día, en el que Lady Athena llegue la podamos sorprender

-Si es que no nos expulsa- le respondido comenzando a caminar a lado de Milo -recuerda que Lady Athena no permite el uso de la violencia y prohíbe cualquier tipo de batallas

-Bueno, esas son pequeñeces- le dijo -ya se cómo se va a llamar nuestra gran técnica

-¿Ah sí?- el Escorpión asintió -¿Cómo?

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Camus hacia todo lo posible para poder escapar de aquellos hilos, los cuales le estaban lastimando seriamente. La sangre ya comenzaba a correr por su cuerpo cuando aquellos hilos se habían enredado alrededor de su cuello y muñecas, pero para Minos eso no era suficiente, así que continuo rompiendo los huesos del cuerpo de Acuario, de pronto no pudo moverlo más, fijo su vista y se dio cuenta de que sus hilos estaban congelados.

Camus cayó al suelo, su cuerpo resintió el dolor, elevo su Cosmo una vez más para poder ponerse de pie y olvidando el intenso dolor que le provocaba poner en posición sus manos para su ataque

-¿Que vas a hacer Camus?- le pregunto Minos quien también se encontraba en sus límites -¿Que puedes hacer en tu situación?

-Acabar contigo- le respondido y un fuerte aire helado se dejó sentir, este viento era capaz de helar los huesos y de eso se estaba dando cuenta Minos quien estaba comenzando a temblar

El viento tomo más fuerza y muy tarde Minos se dio cuenta de que un remolino se formó a su alrededor, este viento era tan violento que la visibilidad era nula. Los cabellos de Camus se arremolinaban ferozmente, cuando el viento se calmo pudo ver de nuevo a Minos, pero en esta ocasión encerrado en un gran montículo de hielo

-Aun no-susurro para sí mismo y con la poca vida y el poco Cosmo que le quedaba se preparó para el golpe final.

En el pecho de Minos se podía observar un punto que resplandecía con luz roja, Camus encendió su Cosmo hasta el límite y libero su ataque

-¡Aurora Escarlata!- aquel rayo salió disparado hacia ese punto, como si ambos ataques se conocieran. El Ataúd de Hielo se rompió en cientos de pedazos terminando así con la vida de Minos. Camus aún conservaba su pose, respirando agitadamente

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-En definitiva no

-¿Porque?- le pregunto -Aguja de hielo suena bien

-Ya te dije que no- le respondido -Suena ridículo

-Aguja de escarcha

-No

-Aguja Aurora

-No

-Aguja escarchada

-Ese ya lo repetiste- le respondió casi con su poca paciencia

-Ay Camus eres imposible

-Tienes nombres muy estúpidos

-Este si te va a gustar- le respondió y lo miro

-Aurora Escarlata

Camus ya no dijo nada y se alejó de Milo a pesar de que este aun estaba tratando de llamar su atención

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Sonrió ante la presencia de aquel recuerdo y por fin el peso le gano y cayo de rodillas, pronto su mirada se comenzó a nublar, ya no distinguía nada y de pronto comenzó a escuchar que los latidos de su corazón resonaban fuerte y claro pero al mismo tiempo de manera lenta y pausada. Sus ojos comenzaron a pesarle mucho, poco a poco iba cediendo ante el cansancio.

-Camus- escucho que le llamaran, abrió los ojos, en el momento en que se percató de quien le llamaba sonrió -¡Camus!- le volvió a llamar alegremente, el frunció el ceño

-No grites- le respondió -¿Cuántas veces te lo he dicho?

-Anda- le volvió a decir aquella voz mientras le extendía la mano –los demás nos esperan

-¿Por qué diablos no estas con ellos Milo?

-Te espera a ti amigo- le respondió

Camus tomo la mano de Escorpión para ponerse de pie, ambos se miraron fijamente mientras una sonrisa adornaba los rostros de esos dos amigos de toda la vida, comenzaron a caminar mientras que Milo hacia lo de siempre, hablar sin parar y Camus escuchar sin interrumpir.

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Bueno y… ¿Qué les parecio? ¿les gusto? Espero que si, porque a mi me dio tanta ternura y tanto sentimiento escribir esto. Bueno, como les digo todo esto es parte para lo que sigue. Como siempre, les agradesco que aun se acuerden de que existe y que hare lo posible para terminarla lo antes posible, gracias y les mando un fuerte abrazo estrangulador psicológico. Nos vemos para la otra, se cuidan mucho