~ 1 ~

Caminaste en silencio hasta la soledad de tus aposentos, lo que Radamanthys te había dicho momentos antes de morir te había dejado pensando. ¿Cómo era posible que Shion y Dhoko fueran peligrosos? Era muy difícil de creer casi imposible pero si lo había dicho por algo era porque sabia, tenía conocimiento de algo que no alcanzo a decirte.

Tomaste asiento en la orilla de tu cama y continuaste pensando que era lo que tenías que hacer, como te podrías dar cuenta de que te iban a traicionar; si es que así era, pero también había una posibilidad de que estuviera delirando y tal vez, habrías confundido lo que te quiso advertir. Lo más seguro era eso, habías malinterpretado la advertencia de Radamanthys y ahora igual que siempre lo hacías, estabas quebrándote la cabeza con ideas locas.

Un suspiro salió de tus labios y miraste fijamente el techo de tu habitación, desviaste la mirada hacia el balcón para ver un día que estaba por llegar a su fin, decidiste ir a tomar un baño para poder comer algo e ir a dormir. Te incorporaste de nuevo y fijaste la vista en las colchas y sabanas que estaban dobladas en una esquina, tus ojos ardieron de inmediato al recordar a Radamanthys, esa noche la pasarías a solas, nadie velaría tu sueño, ya no estaba a tu lado. Sabias que dentro de poco acabaría la maldita guerra y ganarías solo la batalla, porque la guerra ya la habías perdido, te habían arrebatado no solo a varios Caballeros; sino que te habían arrebatado lo más importante para ti… tú armada Dorada.

Un corto shorts y una blusa de tirantes era lo más cómodo que usabas para dormir, te topaste a Hades en el momento en que ibas a abrir la puerta del baño, tal parecía que él también había tenido la misma idea que tú.

-Mi Lady- te llamo

-Hades- respondiste mientras te hacías a un lado para que saliera y así poder entrar tú

-¿Vas a cenar algo?- te pregunto antes de que cerraras la puerta, le miraste fijamente -es que pienso comer algo ligero antes de dormir, así que pensé que tal vez quisieras comer algo… nos haríamos compañía, no comeríamos solos

-Claro- le respondiste desganada y sorprendida al mismo tiempo

Te dio una sonrisa de agradecimiento y cerraste la puerta del baño. Estabas muy deprimida como para poder rechazar esa invitación y demasiado cansada como para poder pelear o hacer gala de tu cinismo. Aldebarán, Aioria y Ángelo… solo ellos estaban aún con vida, aún seguían peleando así que no podías estar deprimida todo el tiempo, aún ellos estaban a tu lado. Eran demasiado fuertes como para ser vencidos por 4 dioses del sueño, eran poca cosa para ellos, tenías que forzarte a pensar eso, no podías dudar de ellos ya no más. Ellos tenían que ser los más poderosos, los lacayos de ese tal Hypnos no podían ser más fuertes, no importaba que los superarán en número, Aldebaran contaba por dos. Tus ojos se comenzaron a aguar, parpadeaste un par de veces y te sumergirse dentro de la bañera para poder calmarte, no podías ser pesimista.

.

.

~ 2 ~

Ángelo salió disparo hacia el cuerpo de Aldebarán, aun así eso no impidió que los dos cayeran al piso, en verdad esos tales dioses del sueño era muy fuertes, demasiado para el gusto de cualquiera de esos tres. Aioria aún batallaba contra Phantasos, este le igualaba en velocidad y eso era muy difícil de hacer.

-¿Estás bien?- pregunto Aldebarán a su compañero

-Claro, siento haber caído arriba de ti

Tenían ya un poco de tiempo batallando contra ellos, pero parecía que no tenían un límite, ellos ya estaban cansados y sus oponentes aún se veían que tenían fuerza para seguir luchando un largo tiempo. Ángelo sacudió su cabeza dejando ir ideas tontas, no podía ser tan pesimista. Eran la última barrera que protegía a su diosa Athena y no iban a caer tan fácilmente, acabarían con sus oponentes así fuera lo último que hicieran.

Sin previo aviso dos de los atacantes se lanzaron en contra de Aldebarán; siendo este el que representaba el problema más grande de ellos, este apenas podía defenderse de los golpes de Morfeo y Phantasos, Ángelo se distrajo al ver a su amigo salir despedido con un gran golpe que no se dio cuenta de que hacía a él se acercaba Oneiros, apenas tuvo tiempo de detener uno de los golpes de él que iba directo hacia su rostro.

Apenas y podía llevarle el ritmo a su oponente, aun así el poder del Caballero de Cáncer aun no menguaba del todo, aun podía estar de pie y luchando unas horas más y si era necesario… días.

Pero eso no era lo que ni él ni sus compañeros buscaban, en ese momento lo que más atesoraban era el tiempo y eso era algo que no podían desperdiciar tan a la ligera. Coloco sus brazos en cruz delante de su rostro, ya que los golpes que le estaba repartiendo Oneiros no tenían descanso alguno, miro con mucha dificultad hacia su lado derecho en donde se pudo dar cuenta de que Airoria le estaba llevando la delantera, Ikelos apenas y se podía defender de la velocidad con la que el León Dorado lo atacaba, tal parecía que Aioria se encontraba igual de fresco que aquellos dioses del sueño. Aldebarán mando a volar de un sonoro golpe en el rostro a Phantasos, este se estrelló duramente con el suelo rocoso mientras que Morfeo le siguió de cerca, aun así no pudo continua con su lucha ya que los golpes que había recibido habían sido muy fuertes, tanto así que apenas se libró de ellos se dejó caer al suelo de rodillas para poder recuperar un poco de aire, tenía que tomar un ligero descanso antes de continuar peleando contra ellos o en el mejor de los casos poder ir en ayuda de sus compañeros.

Al contrario de Aldebarán, al Caballero de Cáncer no le estaba yendo muy bien que digamos, pues a pesar de que por fin se estaba defendiendo y contra atacando a su oponente estaba teniendo dificultades, Ángelo no podía estar peleando como él deseaba; lo que más le molestaba era que cada vez que atacaba con sus Ondas infernales este las esquivaba, no estaba logrando el resultado que buscaba. Ángelo esquivo un puñetazo que iba directo a su tórax con un simple golpe de palma para así contra atacar con una patada que dio directamente en el rostro de su oponente, este se fue a estrellar con sus compañero que apenas se iban levantando.

-¿Cómo estás?- le pregunto a su compañero quien se encontraba detrás de él

-Bien- respondió Tauro a Cáncer, pero de lo que Ángelo no se dio cuenta era de que su compañero abrazaba su abdomen, tal parecía que tenía un fuerte golpe en ese sitio -¿tú como estas?

-Aún vivo- respondió altivamente –con dolor en los brazos pero vivo- respondió mientras aun veía a su compañero de la casa de Leo continuar con su pelea, le veía luchar con mucho ímpetu.

Lo que ninguno de los dos Caballeros sabia era el motivo que él tenía para continuar peleando de esa manera, no solo era salvar a su diosa Athena; claro que no, si ella se lo pidiera el mismo acabaría con su vida para que Athena fuese feliz, haría lo que fuera por ella, cruzaría medio mundo y medio universo para traerla a salvo, para cumplir cualquier capricho que ella pensara, daría todo lo que estuviera a su alcance para que fuera feliz. Pero la motivación extra era otra, una chica de cabellos de fuego a la que había amado desde hacía tiempo atrás.

Marín se había convertido en una persona muy importante para él, la amaba porque era diferente de las demás personas que había conocido en ese lugar, muy diferente de las chicas del Santuario con las que hablaba, la mayoría de las sirvientas se desvivían por atenderlo de lo mejor cuando pisaba el Templo Patriarcal, las Caballeros Femeninas iban detrás de él cada que le veían, trataban de comportarse como a él le gustaban (o eso creían), pero a él jamás le importo eso, en un principio lo hacía para tratar de darle celos a esa chica que tanto le interesaba pero tal parecía que no funcionaba.

Y él muy en el fondo sabía que ella estaba enterada de lo que sentía por ella, pues jamás se preocupó por ninguna de sus "rivales", al final del día… si ella lo necesitaba, él iría sin importar con quien estuviera. Y ahora que sabía que sus sentimientos eran correspondidos, que ella lo amaba; tal vez no con la misma intensidad con el que él la amaba a ella, pero ese sentimiento estaba ahí, comenzando a florecer y era algo que no se iba a dar el lujo de perder. Le dolía haber perdido a sus amigos en batalla pero él haría lo imposible para no tener la suerte que ellos habían tenido. Era hora de ser egoísta, porque le esperaba la mujer que amaba y la mujer que protegía… dos amores muy importantes en su vida y haría lo que fuera para protegerlas a ambas.

Cáncer y Aldebarán se lanzaron al mismo tiempo para pelear con aquellos dioses que apenas se estaban recuperando de la paliza que les habían dado los dos Caballeros de la diosa de la Guerra. Los golpes de esos tres eran demasiado rápido para ambos Caballeros, de un momento a otro sus fuerzas se recobraron. Morfeo comenzó a golpear a Aldebarán para tratar de distraerlo y así Phantasos pudiera enterrar su mano en el abdomen del Toro Dorado, este solo dejo salir un grito de golpe mientras hacía estallar su Cosmo alejando así a sus dos oponentes, este cayo de rodillas una vez más suelo, Ángelo salió a su defensa y se lanzó en contra de los tres… primero Oneiros, este recibió un fuerte golpe para lanzarlo lejos de él para después seguir con Phantasos y Morfeo, ni siquiera las nuevas fuerzas que ellos tenían se comparaba con la velocidad que el Caballero de Cáncer estaba demostrando. Sin duda alguna, se encontraba orgulloso con el rumbo que la batalla estaba tomando, dio un brinco con sus dos poderosas piernas para poder quedar detrás de ellos, los tres miraron para ver en donde iba a quedar su oponente, tarde se dieron cuenta el momento en que sus cuerpos se encontraban rodeados con un fino aro de fuego, Ángelo sonrió como solo él solía hacer y de un chasquido de sus dedos estas desaparecieron para transformarse en una sonora explosión que los mando al suelo, dejándolos mal heridos.

Ninguno de ellos se encontraba a gusto con esa situación, ellos eran los más fuertes del ejercito de Hades y ahora se veían diezmados solo por tres hombres de baja categoría. Ninguno de ellos se podía dar el lujo de perder pero tampoco tenían mucha energía como para poder ponerse de pie como lo habían hecho momentos atrás y en ese instante se dieron cuenta de que algo andaba mal, si su señor Hypnos se encontraba peleando… si tan solo le hubiesen frenado…

-Eso no puede ser- susurro para sí mismo Morfeo

-¿Qué pasa?- le pregunto Phantasos

-Si el señor Hypnos está peleando en este momento… si su oponente es fuerte…

-Eso es imposible- le repelo Oneiros –él jamás perdería antes simples humanos, debe de haber otra razón por la cual en este momento no podemos recuperarnos de nuestras heridas

-Dime una sola- le reto Morfeo, este solo le miró fijamente tratando de ponerse de pie

De pronto se escuchó un grito de dolor y un poco de sangre derramada en el suelo llamo la atención de todos los presentes, Ángelo y Aldebarán miraron en dirección de su compañero, el cual tenía enterrado en su cuerpo una espada de cristal, pero aun así no se dejaba ganar, pues a pesar de que su oponente deseaba sacarla de ese lugar este lo impedía aferrándose a ella. Era una batalla en la cual el León Dorado tenia desventaja, Ikelos estrello fuertemente su cabeza con la de Aioria, el cual debido al impacto dejo de hacer fuerza, en ese momento saco la espada de su cuerpo para después darle una fuerte patada para alejarlo, Ángelo se apresuró para poder capturarlo y que su cuerpo fuese usado como colchón para amortiguar el de su amigo, apenas le iba a preguntar cómo era que se encontraba sintió una fuerte punzada en su cuerpo; ikelos no había perdido el tiempo y había enterrado de nuevo aquella espada en el cuerpo de Leo pero en esta ocasión también atravesó el cuerpo de Cáncer.

Con una sonrisa sádica en su rostro comenzó a remover la espada logrando aumentar el dolor de ambos, Aldebarán solo era testigo pero no iba a permitir que sus compañeros sufrieran de ese modo; así que con mucho esfuerzo alzo ambas manos y apunto hacia donde se encontraba aquel ser que se estaba divirtiendo a costa del sufrimiento de ellos, libero un Gran Cuerno, este no pudo defenderse de ese ataque el cual lo arrojo lejos de ellos. El arma que se encontraba incrustada en sus cuerpos desapareció al instante, había sido una técnica creada por el mismo Espectro, apenas se percató de eso Aioria giro lentamente su cuerpo para quitar su peso del cuerpo de Ángelo, ambos se encontraban respirando agitadamente, Aldebarán apenas se encontraba yendo a donde se encontraban sus compañeros.

Los Espectros de Hades se pusieron de pie una vez más, estaban listos para pelear en contra de ellos, estaban listos para tomar la vida de esos Caballeros que les suponía una prueba demasiado difícil, estaba a punto de terminar. Sin más, los cuatros dioses del sueño se reunieron, tres de ellos con quemaduras fuertes y el otro demasiado golpeado para su gusto. Ikelos escupió sangre en el suelo y miro fijamente a sus oponentes, sin previo aviso encendieron su Cosmo más allá de lo que tenían, iban a acabar con ellos de un solo ataque.

-¿Qué vamos a hacer?- le pregunto Ángelo a su compañero, el aún se mantenía acostado en el suelo, observando lo que hacían sus oponentes

-Perder no es una opción- le respondió Aioria estando sentado, trataba de regular su respiración

-No podemos dejar que ellos nos ganen

-Lo se Tauro- le respondió Airoia –no se me ocurre nada, ya no tengo fuerza, apenas me queda un poco de Cosmo para uno o dos ataques mas

-Apenas y puedo respirar- le respondió Aldebaran –estoy demasiado lastimado, ¿Qué es lo que te causa risa?- le pregunto a Ángelo, pues este había dejado de prestar atención a sus oponentes y miraba el cielo

-Es lindo- dijo –jamás había visto el cielo con tanta atención

-¿Cuál es tu plan?- le pregunto Aioria

-La Exclamación de Athenita- dijo mientras miraba a sus compañeros –es el todo o nada

-Debe de haber otra forma de…- comento Tauro –no podemos, no debemos

Un silencio se formó en ese instante, la sonrisa de Ángelo se borró de sus labios. En su cargo como capitán de ese equipo podía hacer lo que quiera, había sido orden de su Athenita, pero tampoco quería obligar a sus compañeros a hacer algo que no debían, que no querían. Cada uno de ellos sabía que jamás se debía de usar aquella técnica prohibida, sabían lo que eso conllevaba, pero no era importante en ese momento, a pesar de que se borrara todo de ellos vivirían en la memoria de la persona que más amaban. Aioria miraba el cielo con nostalgia, sabía que si hacia eso jamás volvería a ver a Marín, todo lo que había imaginado mientras estaba realizando el camino jamás se cumpliría, la amaba más que a nada, pero entregar su vida… tenía que hacerlo, porque si no podía estar con ella al menos le daría un mundo en el cual vivir sin preocupación alguna.

-Andando- ordeno Leo determinado a continuar con eso –no dejaremos que ninguno de ellos se acerque al Santuario, mucho menos a Athena

-Pero Aioria…- le interrumpió Tauro –Marín… ya no..

-Somos Caballeros de Athena- le respondió –nuestro deber es velar por la paz del mundo y por aquella que lo protege

-Tienes razón- le dijo Cáncer –solo por eso te dejare ir en medio, lugar que me corresponde a mi

-Sabía que debía de ser el capitán- le respondió a manera de broma, la última que harían entre ellos

-La verdad es que dudo que te puedas poner de pie con esas heridas- Leo solo sonrió ante la respuesta de su amigo

-Acabemos con esto- sentencio Aldebarán colocándose a la izquierda de Leo

Los tres Caballeros comenzaron a encender su Cosmo hasta el infinito, esto alarmo a los dioses del sueño que habían alcanzado la energía que necesitaban, así que sin demora alguna, liberaron un poderoso ataque que se trasformó en una enorme esfera oscura, esta se dirigía directamente hacia los tres Caballeros que esperaban el momento exacto para liberar aquel poderoso ataque. Cuando por fin cruzo más de la mitad de la distancia a la que se encontraban liberaron el poderoso ataque. Todo sucedió demasiado rápido, lo último que vieron fue el choque de ambas energías chocar entre sí, como la energía de la técnica prohibida devoraba la del enemigo y después… la nada.

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~ 3 ~

-¿Qué crees que es lo que quiso decir Radamanthys con eso de que te cuidaras del Patriarca y el Caballero de Libra?

-No lo sé- respondiste mientras bebidas un poco de café -tal ves malinterprete lo que en verdad quiso decir

-No creo que el sea de las personas que dicen cosas al azar

-Yo tampoco- comentaste de manera sería -pero me es imposible pensar que ellos serían capaces de hacer algo en mi contra, es imposible que sean atrapados con la guardia baja.

-Todo es posible en esta vida- te dijo mientras dejaba el tenedor sobre el plato y te observó fijamente -conozco a esos dos tipos y son de cuidado, no tienes que confiar en que serán atrapados fácilmente

-Derrotamos a Hypnos

-Pero aún queda Thanathos- miro hacia la ventana -es muy escurridizo y será muy difícil vencer

La plática entre ambos cesó, no querías seguir pensando en eso. Todavía estaba Shion, Dhoko… no, ellos jamás serían vencidos tan fácilmente. Tomaste la taza para beber un poco más de café y en ese momento sentiste un golpe directo en tu Cosmo, era demasiado tarde… esos tres habían caído en batalla. La taza resbaló de tus manos y se estrelló en el suelo rompiéndose en varios pedazos, Hades se dio cuenta de eso pero no dijo nada.

-Me retiro- le dijiste -estoy cansada, iré a mi cuarto a dormir

-Descansa

Asentiste con la cabeza y le dedicaste una sonrisa demasiado triste que hasta el mismo dios se dio cuenta de ello. Antes de dejar el comedor le advertirte que cerrara su puerta con llave, mientras aún no supieran que había querido decir Radamanthys no ibas a bajar la guardia. El afirmó que seguiría tu orden.

Al llegar a tu habitación cerraste la puerta y apoyaste la espalda en ella, comenzaste a resbalar hasta quedar sentada en el suelo. De inmediato las lágrimas cayeron por tu rostro y esperaste a que alguno de ellos viniera a decir adiós, así pasaron los minutos y las horas pero no había nada que dijera que venían. Era imposible, todos lo habían hecho y ellos… abriste los ojos, si lo último que usaron fue la Exclamación de Athena… esperar era algo inútil.

-Idiotas- susurraste mientras mirabas el techo y las lágrimas fluían más que antes -esta lloviendo, no deja de llover- continuaste hablando sola, porque a pesar de que eso era una buena excusa para el rostro húmedo que tenías en ese momento no servía de mucho. La lluvia aún no caía, el cielo de Rodorio se encontraba nublado, demasiado nublado; tanto que la oscuridad de la noche era más intensa que lo usual, solo había truenos y rayos en el cielo. Además, dentro de tu habitación era imposible que la lluvia llegará.

Unos golpes se escucharon detrás de ti, abriste lentamente los ojos, te habías quedado dormida. Preguntarse quién era pero nadie respondió, preguntaste una vez más y en esta ocasión una nota pasó por debajo de la puerta, el nombre de Hades venía escrito. Te pusiste de pie y limpiaste el rastro de tristeza que había en tu rostro, dejaste salir un suspiro y con mucha desconfianza y precaución entre abriste la puerta, le miraste para confirmar que fuera él, le diste acceso y este de inmediato cerró la puerta con seguro.

-¿Pasa algo?- le preguntaste desganada, tomaste asiento en la orilla de la cama

-¿Cómo estás?- te pregunto -lo siento por tu pérdida de hace unas horas

-Bien- respondiste -si es todo lo que vas a venir a decir….

-Se lo que quiso decir Radamanthys- te interrumpió de golpe -necesito que averigüemos si estoy en lo correcto

-¿Qué quieres decir?

-Dijo claramente que te cuidaras de ambos, no solo de uno. Además no dijo que o quiénes fueron los que le hirieron en ese lugar…

-Estaba demasiado herido…

-Espera a que termine- te dijo por haberle interrumpido -no quedan más soldados fuertes en la armada que tengo, tus Caballeros a pesar de todo los han ido derrotando. Solo queda una persona que pudo haber tomado la vida de Radamanthys y ese fue uno de los Consejeros, no hay nadie más arriba de un Juez que ellos.

-Eso quiere decir que es… ¿Thanathos?- él te asintió – eso solo quiere decir una sola cosa… burlaron la seguridad del Santuario

-Asi es

-Entonces, es… ¿Porque dijo Rada que me cuidara de mis padres?- no lo decías pero con la mirada pedías que Hades te explicará

-Para que ambos Consejeros estén a mi lado deben de poseer un cuerpo que les permita caminar entre nosotros. Creo que...- interrumpirse a Hades con una sonrisa que salió de ti, un tanto forzada -¿Qué tiene de gracioso?

-Es imposible que ese tal Consejero pueda derrotar a cualquiera de ellos, son sobrevivientes de la Guerra Antigua

-Athena- te llamo mientras continuabas riendo -si fue así, sabes que…

-¡Jamás!- le gritaste -¡Ni Shion, ni Dhoko son demasiado débiles como para morir en manos de ese Thanathos! ¡No lo aceptó!

-Pero aún así, cabe la posibilidad de que...

-No, ya no más- le respondiste mientras llorabas

Sabias que si le dabas la razón a Hades tendrías que aceptar que ambos, las últimas dos personas que quedaban se habían ido también. Sino… si era cierto, sabias que ya no tenías a nadie, estabas sola, completamente sola. Ya no habría nadie más que estuviera a tu lado y de ser así, mejor entregarte a manos de la muerte, ya no tenías fuerza ni valor para continuar con esa guerra. ¿Qué es lo que ibas a hacer ahora? ¿Aceptarías la verdad a medias de Hades?

-No puedo creerte- le respondiste ya un poco más calmada –no quiero hacerlo

-Lo se, pero sabes que esa es una posibilidad muy latente

-Solo hay una forma de saber si lo que dices es cierto- le comentaste y observaste el reloj -las 23:40 . . Ya es muy tarde, papá Shion no le gusta que este despierta a esta hora

Tomaste tus tenis de debajo de tu cama y te los colocaste. No había tiempo de cambiar de ropas así estabas bien, de pronto salió de debajo de tus colchas Yue, le miraste con ternura y lo abrazaste, no querias dejarlo solo pero tampoco tenías más fuerzas para seguir adelante.

-No salgas de aquí Yue- le susurraste

-¿Puedo dejarla con él?- te pregunto mientras veías que su cuyo se encontraba asomándose por su camisa

-Que curioso animalito- le comentaste -todo este tiempo escondido ahí y no me di cuenta de ello- Hades te sonrió para después tomar a su pequeña entre sus manos y dejarla encima de tu cama a lado de Yue -les hará bien estar ambos. Sígueme, a donde vamos nos dará la respuesta correcta

-¿Qué vas a hacer Athena?

-Depende de lo que encuentre ahí

.

.

~ 4 ~

Bajaron las escaleras hasta llegar a una habitación iluminada totalmente con antorchas, abriste la cortina de ahí para ver aquella caja donde habías encerrado el alma de Hypnos. No fue necesario que la tomarás en manos, esa caja había sido abierta y con ello liberada el alma del Consejero de Hades, fue ahí cuando reaccionaste. Radamanthys te había dicho que te cuidaras de ambos y Hades te confirmo que para que ellos vivieran tenían que tomar un cuerpo… cerraste fuertemente tus puños, tanto así que tus uñas lastimaron ambas palmas de tus manos. Esos malditos…. Thanathos se había logrado infiltrar dentro y logrado liberar el alma de su hermano, se habían dado el lujo de adoptar los cuerpo de las figuras más importantes de ese lugar… solo quedaba una duda, quién de ellos era Hypnos y quién Thanathos.

Te quedaste en un largo silencio, una furia se apoderó de tu ser. Jamás pensaste en odiar tanto a una persona como en ese momento, deseabas con todo tu ser asesinar a cualquiera de esos dos. Ya te había arrebatado todo y si querían tu vida con mucho gusto se las ibas a dar, pero primero tomarías las de ellos, los harías sufrir tanto que suplicaran su muerte pero no lo aceptarías, no… primero iban a pagar cada una de las lágrimas que habías derramado desde que esa Guerra había iniciado y cuando por fin te cansaras de ellos los ibas a matar y encerrarías sus almas lo más recóndito que pudieras para que jamás fueran encontradas y de ser así, que pensaran dos veces en querer reencarnar de nuevo. Se habían metido con la diosa equivocada, se acabó la amabilidad y la niña tonta que ellos creían que eras. Te conocerían como la diosa de la Guerra y de ahora en delante de la venganza, era hora de tomarla… fría y dulce venganza que calmaría un poco tu ser.

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-Athena- escuchaste que te llamo Hades -¿Qué vamos a hacer?

-Acabar con esta guerra- respondiste fríamente -espero que aún sigas de mi lado Hades

-Lo estoy- te dijo -pero hay que pensar todo muy bien, no podemos hacerlo de manera precipitada

-No Hades, será a mí manera

-Esta muy ofuscada, no puedes pensar bien las ideas...

-No tengo nada que pensar

-Mi señora- te interrumpió uno de los centinelas que se encontraban de guardia -el Patriarca quiere hablar con usted

-¿A esta hora?- preguntaste dudosa

-La espera en la gran estatua- te respondió

-¿Sabes dónde está Dhoko?- preguntaste

-El Caballero se encuentra en el antiguo coliseo mi señora, dice que quiere ir al campamento dónde están los pequeños

-Ya veo, gracias. Te puedes retirar- sonreíste amargamente y miraste a Hades quien te negaba con la cabeza -ve y deten a Dhoko, no dejes que salga del Santuario

No esperaste respuesta alguna de ese joven, claro que no. Ahora sabias que en parte el tenía razón y que otra parte de ti deseaba tomar venganza, entre más rápido mucho mejor. Comenzaste a subir apresuradamente las escaleras dejando a Hades solo, si él no quería pelear no le ibas a obligar a hacerlo pero al menos podría hacer un poco de tiempo mientras acabas con el que ocupada el cuerpo de Shion para acabar con el segundo. Le escuchaste gritar varias veces, tal parecía que se encontraba algo desesperado, pronto te alcanzó y tomó tu brazo derecho para detenerte, le miraste fijamente de mala gana, aun así no te soltó.

-Espera un poco princesa- te rogó -no debes de ir, ahora que sabes que son ellos...

-No te metas en lo que no te importa Hades, dijiste que ibas a estar de mi lado y sino deseas pelear no te voy a obligar. Solo detén a Dhoko hasta que yo llegué

-No es eso, estás tomando decisiones precipitadas

-¿Precipitadas dices?- le respondiste -claro que no, he pensado muy bien en lo que voy a hacer

-¿Quieres morir?- pregunto y no respondiste -Athena, por favor no hagas nada temerario

-Ve al antiguo coliseo, yo iré a la estatua. Si puedes vencer hazlo; sino solo haz lo que te dije, no dejes que se vaya

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Sentiste que ibas directo a un encuentro del qué tal vez no saldrías con vida, en tu mente resonaba la pregunta que te había hecho Hades… "¿Quieres morir?", no respondiste en ese instante pero dentro de ti la respuesta era afirmativa, ya no tenías por quién vivir, ese lugar era todo para ti. Ya no conocías lo que era llevar una vida como una persona normal, ahora tu vida giraba alrededor de dioses y monstruos y amenazas en contra del mundo… no querías regresar a la motonidad de tu vida. Tu familia de sangre ni siquiera te apreciaba, tu hermano había perdido rastro de ti, tus amistades te dieron la espalda cuando se enteraron que no volverías más… ¿Y ahora?... No, no había cabida para ti en ese tipo de vida pero en esta nueva vida... ya no tenías nada, todos te habían sido arrebatados de la peor de las formas, la palabra que te etiquetó Calandra aún resonaba en tu mente… "Asesina", y cuánto razón tenía ahora; te habías convertido en lo que ella te llamo, lo aceptaste desde el momento en que le diste a la cuadrilla de Saga nuevas fuerzas para que sellaran a Hypnos, cuando enviaste al grupo de Ángelo a un combate con clara desventaja, cuando de una u otra manera dejaste a Radamanthys cargar con tu seguridad… y ahora… sabias que para detener a esos dos dioses reencarnados tendrías que tomar la vida de ellos, aunque ocuparán los cuerpos de aquellos que te amaban más que a nadie… mancharías tus manos de sangre para poder salvar al mundo.

Los truenos resonaban fuerte y el pasillo por el que caminabas era solo iluminado por los rayos; de un momento a otro la lluvia se desató de manera torrencial, eso no iba a permitir que estuvieras en tú pelea. Tal vez no ibas arreglada para una batalla pero eso era lo de menos, tenías ventaja porque detrás de él se encontraría tu armadura. Por fin, llegaste a dónde te esperaba y le viste de pie, observando todo el santuario sin importar que la lluvia estuviera cayendo a cántaros, dudaste, a pesar de todo dudaste que esa persona no fuera ese dios de quinta, no… esa persona que estaba ahí de pie era tu amado padre Shion, solo él era capaz de estar de pie bajo la lluvia sin siquiera inmutarse, pero algo dentro de ti te decía que no, esa persona era peligrosa y tenías que probarlo para poder ir a su lado tranquila sin temer a nada.

-¿Me ha mandado a llamar?

-My Lady- te llamo sin siquiera voltear a verte -me alegro que haya acudido al llamado- sonreíste amargamente

-¿Qué es lo que requiere mi señor?- volviste a preguntar

-Creo que es hora de retirarse- te dijo -nuestras fuerzas están menguado y ya no tenemos una buena línea frontal, ya no nos queda más guerreros, solo de clase baja

-Si hago eso… seré considera una cobarde

-No importa lo que digan de usted, piense en su vida. Sin usted los ejércitos no tendrán a quien seguir.

Callaron, solo el ruido del agua cayendo violentamente era escuchado en ese lugar. Todo lo que había dicho Shion, cada una de las palabras y el como se refirió ante ti te había confirmado que en verdad no era él, jamás te hablaría formalmente y sobre todo jamás hubiera dejado que estuvieras bajo la lluvia tanto tiempo. Le viste acercarte a ti a paso firme, tratando de colocar su mano sobre tu hombro, en ese momento encendiste tu Cosmo sin previo aviso, Shion retiro su mano pues el contacto que tenía contigo le había dañado

-¿Mi señora?- te pregunto dudoso

-Prepárate, esta vez vas a morir- le anúnciate mientras encendían tu Cosmo

.

.

La lluvia caía fuertemente, apenas y era capaz de distinguir el camino por el que iba, le preocupaba ver a Athena en ese estado, jamás pensó que su poca voluntad le causaría tanta pena y desdicha en una vida que apenas conocía. Maldijo el día en el que se dejó engañar por esa mujer pero sobre todo hacer algo que no deseaba y eso era iniciar una guerra. Si por el fuera devolvería el tiempo atrás y evitaría todo esto pero desgraciadamente no era el dios del tiempo sino el de la muerte y era algo que odiaba con todo su ser.

Pronto divisó aquel Coliseo en donde se supone que estaba Dhoko, pero el problema era el saber quién estaba en ese cuerpo, sería mucho más fácil el saberlo y de esa manera poder tener una estrategia para poder pelear con mayor confianza. Iba completamente sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que frente a él se encontraba esa persona y que le miraba fijamente.

-Buenas noches Rey Hades- le saludo de manera respetuosa

-Te descubriste demasiado rápido- le respondio y este le miró con duda -el Caballero de Libra jamás me ha llamado de esa forma tan respetuosa, debiste haberte informado primero

-Valla- dijo -deje pasar eso por alto. Imagino que ya sabes quién soy… ¿no es verdad mi señor?

-Uno de los Consejeros, la pregunta aquí es cuál de ellos eres

-Hypnos mi señor, su más fiel seguidor

-Así que… Athena luchará con Thanathos, es demasiado peligroso para ella, sobre todo en el estado en el que se encuentra- pensó para si mismo

-Mi señor, vuelca en sí y lidere esta batalla final.