Sin nada más que decir, estamos a punto de terminar esta historia que las ha acompañado a lo largo de estos años. Aun así, lo único que queda es disfrutar de estos últimos capítulos, espero que sean de su agrado. Esperaba subirlo el lunes que fue mi cumpleaños, pero por otras causas no pude hacerlo sino hasta hoy. Sin mas por el momento, me despido de ustedes con este siguiente capitulo.
1
La mirada de aquel que usurpaba el cuerpo de Shion te miro con asombro por la actitud que habías tenido en su contra, de verdad que no se esperaba ser agredido por ti. Se acercó un poco más a ti mientras retrocedías unos pasos hacia atrás, no te ibas a dejar embaucar por ese que decía ser el mismo Patriarca.
-¿Se encuentra bien mi señora?- te pregunto con duda, pero no respondiste. Solo le miraste de manera dura -¿mi señora?
-¿Mi señora?- le respondiste sínicamente –deja de decir idioteces
-No sé de qué me habla- te respondió inocentemente
-¿Quién eres?- le preguntaste directamente, un fuerte trueno se dejó escuchar por todo el Santuario -¡¿Cómo te atreviste a usurpar el cuerpo de mi Shion?!- viste que se sorprendió al momento de tu reclamo
-Vaya…eso no lo esperaba- te dijo en susurro, uno que fuiste capaz de escuchar
-Dímelo… como fue…
-Eres inteligente- te dijo mientras comenzaba a alzar su Cosmo, se estaba preparando sin duda alguna para una pelea –si logras derrotarme… te lo diré
-¿Qué…?- ya no pudiste terminar de responder pues el Cosmo que había liberado te había mandado a volar
Tu cuerpo se estrelló en contra de una de los pilares que sostenían la entrada de ese gran patio, de inmediato te pusiste de pie y adoptaste una pose de batalla, sin previo aviso te lanzaste en contra de él, preparaste tu puño izquierdo pero en el momento en que estabas por golpearlo este se quitó, frenaste para poder tomar una nueva dirección; la misma que había tomado pero no contaste con algo, apenas intentaste frenar te resbalaste y caíste al suelo, miraste el piso… claro, no solo era porque estaba mojado en su totalidad… ese maldito piso era de mármol, que al contacto con el agua se volvía resbaladizo. Aun así, te pusiste de pie de inmediato y le miraste fijamente.
-¿Qué paso Athena?- te llamo de manera burlona -¿acaso jamás habías peleado con lluvia?
-Maldito- le respondiste
-¿estás en desventaja? ¿Quieres pelear dentro del palacio?
-Deja de decir estupideces- le respondiste –puedo pelear donde sea, no importa el lugar… te ganare
-Eso lo veremos- te respondió
Le miraste y trataste de calcular hacia donde sería su movimiento, que es lo que iba a hacer… "adelántate a tu oponente"; era algo que tanto Saga, Aioros y Radamanthys te decían, era algo que tenías que hacer. Pero tal parecía que ese idiota no iba a moverse de ahí, te desesperaste, así que sin más decidiste lanzarte en contra de él, ese usurpador no se movió, espero a que te lanzaras en su contra. Al llegar liberaste un golpe con uno de tus puños, pero la resistencia que hiciste para no volver a resbalar disminuyo de manera considerable el impacto de tu puño, el cual no le hizo siquiera cosquillas a tu oponente, de inmediato trataste de lanzar una patada, pero este aún estaba deteniendo tu mano y en el momento en que alzaste tu pierna este te dio una barrida la cual te mando de nuevo al suelo, intentaste detener tu caída con una de tus manos y darle una patada para hacerlo caer pero lo único que conseguiste fue que tu mano resbalara por el agua en el suelo y la lastimaras haciéndote caer, tu enemigo dio una patada en tu cuerpo el cual te envió a alejarte de él.
-Si tan solo dejara de llover- te dijo mientras se acercaba a ti –si tan solo el piso no estuviera tan mojado… otra historia seria; ¿no es así Athena?- te pregunto
-Cállate- le respondiste molesta –esto apenas esta comenzado- le comentaste mientras te ponías una vez mas de pie.
Si no podías golpearlo con tu cuerpo usarías entonces tu Cosmo, esa energía tendría que darle, sin la necesidad de que tuvieras que acercarte a él. Alzaste amabas manos y apuntaste hacia su persona, liberaste un fuerte rayo de energía, él no se movió ni un milímetro, espero tu ataque paciente y menos de lo que esperabas desvió tu ataque hacia el cielo, tal parecía que no tenía la suficiente fuerza pues ni siquiera fue capaz de acabar con la lluvia que en ese momento estaba cayendo. Eso te molesto de sobre manera, así que sin más comenzaste a liberar pequeñas esferas de energía que lanzabas en contra de su persona, este solo rio al saber la forma tan desesperada de ataque que estabas empleando en contra de él.
Una de todas esas bolas de energía tenía que darle, una de ellas tenía que estallar sobre su cuerpo y ahí seria el momento, dejarías caer todo tu Cosmo encima de él. Dejaste libre una enorme cantidad de energía, todo tu ataque se concentró en donde estaba parado pero no pasó nada, jamás hubo ni siquiera una sola explosión, solo una enorme luz que comenzó a crecer, respirabas agitadamente, eso había sido un poco cansado para ti, lo que no esperabas ver era que se hubiera protegido de tu ataque, había alzado un poderoso escudo que lo recubrió sin ningún problema, tu energía la había reunido y de una enorme esfera paso a ser una de diminuto tamaño la cual desapareció al quedar envuelta en su mano.
-¿Quién eres?- le preguntaste
-Soy uno de los Consejeros del señor Hades- te dijo y esperaste la respuesta –mi nombre es Thanatos
-El dios de la muerte- pensaste para ti misma, te estabas enfrentando a un dios… sonreíste
-¿Qué le causa tanta alegría?- te pregunto mas no respondiste a su duda
Encendiste tu Cosmo para llamar a tu Armadura al combate, no ibas a permitir que siguiera jugando contigo, pero algo estaba mal… esta no respondía a tu llamado. Miraste hacia atrás, a tus espaldas se encontraba aquella imponente estatua, pero no reaccionaba a tu Cosmo, pero ahí estaba…dejando que toda la lluvia que caía en ese momento resbalara por ese cuerpo de mármol. Miraste de nuevo a Thanatos, ahora sabias claramente el nombre de ese imbécil.
-¿Qué pasa Athena?- te llamo de nuevo
-Está bien- te dijiste –si la puta armadura no viene a mí no me importa…- dijiste mientras Thanatos te miraba –lo hare sin ella.
De nuevo te lanzaste a pelear en contra de tu oponente. Maldición, eso no había pasado jamás desde que habías comenzado a usar la Armadura esa, está bien… no era muy práctica, era estorbosa y delimitaba demasiado tus movimientos, pero en ese momento la necesitabas, por el amor a Dios, estabas peleando con uno de los Consejeros de Hades, un dios al igual que tu… ¿Cómo diablos te ibas a poder proteger si acaso ese imbécil se ponía su armadura? ¿Qué pasaría contigo si usaba una técnica poderosa? Recibirla de frente… ni madres, no ibas a morir por jugarle a la diosa poderosa.
Apenas llegaste a donde se encontraba y comenzaste de nuevo a tratar de golpearlo, pero maldita lluvia que no cesaba, caía como si no quisiera volver a llover hasta dentro de unos años. Tenías tanto miedo de caer, de resbalar debido a lo mojado que se encontraba el suelo, que el impacto de tus golpes era demasiado débil, querías hacerle daño pero no querías hacerte daño a ti misma, te encontrabas dentro de una encrucijada y no sabías como era que ibas a salir de ella. Sin embargo eso parecía que a Thanatos no le importaba demasiado, el solo se dedicaba a detener cada uno de tus ataques.
Caíste en cuenta que si seguías de esa manera, lo único que lograrías seria cansarte y eso estaba comenzando a pasar. Pronto comenzaste a respirar de manera agitada, lo peor era que no habías estado consiguiendo hacer nada. Thanatos tomo tu puño entre su mano derecha y lo apretó fuertemente, intentaste deshacerte de su agarre pero no podías, apretaba mucho, te comenzaste a mover como podías, de pronto sentiste que tu pie resbalo pero no caíste gracias a que Thanatos te mantenía prisionera, aun así sabias que no lo había impedido por qué le habías caído bien, lo comprobaste cuando le miraste directamente y este te sonrió de manera terrorífica. Comenzó a elevarse un poco, lo suficiente para mantenerte alejada del suelo, continuabas moviéndote de un lado a otro, pero no había forma de que este te soltara.
-¿Sabes volar?- te pregunto y abriste los ojos debido a aquella pregunta que te tomo por sorpresa
-¿Qué vas a hacer?- susurraste débilmente
Lo siguiente que sentiste fue que te arrojo hacia el suelo, era una caída larga mas no peligrosa, era una caída fuerte y terriblemente dolorosa y eso lo comprobaste en el momento en que tu cuerpo sintió el efecto de la maldita gravedad, caíste de cara hacia el suelo, apenas pudiste protegerte del impacto pero eso no impidió el golpe. Rápidamente sentiste un sabor metálico dentro de tu boca, instintivamente introdujiste un dedo dentro de tu boca para que al sacarlo darte cuenta de que estaba manchado de sangre. Te pusiste de pie lentamente, te comenzó a doler la cabeza y sentías un ligero mareo. Le miraste fijamente hacia donde se encontraba pero te sorprendió ya no verlo ahí, una vez más sentiste que te tomo de la blusa y te elevo una vez más.
Tratabas de deshacer ese agarre, pero sencillamente no podías hacerlo. Te volvió a dejar caer, una y otra vez hasta que al final se cansó. Te alzo una vez más, ya no oponías resistencia, estabas muy adolorida y parte de tu rostro ya se encontraba sangrante, apenas visible gracias a la lluvia que mojaba por completo tu rostro.
-Adiós, Athena- te susurro, quisiste decir algo pero ya no tuviste tiempo.
Tu cuerpo tomo una increíble velocidad, tanto así que pudiste lograr romper ese barandal de concreto que impedía precisamente lo que habías hecho, el caer hasta el fondo de ese gran barranco. Apenas te diste cuenta de que era una larga caída y que el fondo era practicante imposible de ver debido a la oscuridad de la noche, no hiciste nada para detener ese destino que te aguardaba. Dirigiste tu mirada hacia el Mausoleo que había sido iluminado por uno de los tantos rayos, ahí se encontraban descansando cada uno de tus Caballeros, pronto estarías con ellos. Cerraste los ojos y de pronto sentiste un latir dentro de ti. Abriste los ojos para ver un destello dorado frente a ti.
.
.
2
.
.
Thanatos observaba desde las alturas como era que el cuerpo de la joven había atravesado esa ligera barrera y ahora se encontraba cayendo, pronto acabaría la vida de esa persona que tantos problemas le había causado, no podía permitir que siguiera contaminando la mente de su señor Hades.
Bajo lentamente y con elegancia, dio una última mirada y comenzó a caminar para adentrarse al palacio, pero un fuerte brillo le distrajo de lo que iba a hacer, miro con apuro detrás de él y vio algo que no esperaba, la gran estatua ya no se encontraba en ese sitio. El vacío de aquel barranco se ilumino y de pronto un rayo de luz dorado salió disparado hacia el cielo para después caer donde segundos antes se encontraba aquella estatua.
Frente a él se encontraba la joven que había mandado a volar, pero ahora se encontraba revestida con una armadura… una armadura que jamás; en ninguna otra era, desde que había decidió aparecer en la tierra para luchar por el control de la misma había visto. Sin duda alguna, esa armadura que usaba esa joven diosa era una Armadura Divina… pero no era la armadura de Athena, no al menos como la recordaba.
La joven se encontraba de pie, mirándolo atentamente para después mirar su ropaje sagrado; tal parecía que tampoco se esperaba ese cambio en su armadura.
Era un cambio por completo. Para comenzar las piernas ya no se encontraban cubiertas por una falda, no… ahora se encontraban recubiertas por protecciones individuales, cada una de ellas cubriendo a la perfección sus piernas, una pequeña falda que protegía su pelvis, un peto que cubría sus pechos y vientre. La protección de sus brazos era perfecta al igual que la de sus hombros, en su espalda poseía seis alas que desaparecieron en el momento en que la joven toco piso. Ya no poseía un casco tosco, ahora poseía una tiara que solo se encargaba de mantener sus cabellos alejados de su vista.
.
.
Te miraste con detenimiento, flexionaste un poco las rodillas, aun así aquella armadura no te molestaba, ni siquiera la que te protegía la pelvis, suspiraste… tus partes íntimas se encontraban a salvo. Moviste los brazos y te retorciste un poco tu cintura girando de un lado a otro ligeramente, la parte de arriba no te impedía ninguna clase de movimiento. Tocaste a tanteo tu cabeza, no sentiste aquel casco todo tosco, claro que no; ahora sentías algo ligero… sonreíste… Mü había modificado de gran manera tu armadura y eso en el fondo lo agradecías. Miraste fijamente a Thanatos, ahora venía la tuya.
Ya no tenías que temer al ataque que liberara sobre ti, tenías la protección adecuada. Destensionaste tus hombros, miraste aquella protección y te diste cuenta de que tampoco poseías aquellas hombreras de tu antigua armadura; aquellas que te habían molestado tanto, ahora las que tenías se asemejaban un tanto a las de la Armadura de Shaka, Camus, Aioria… tenías que ver las armaduras de esos para ver a cual se asemejaban más.
-Así que… tu armadura sufrió un cambio- te susurro Thanatos lo suficiente alto como para que escucharas
-¿Y?- le preguntaste hostilmente –que te valga madre
-Qué mujer tan vulgar y corriente- te respondió haciendo un gesto de desaprobación
-Corriente tu abuela- le respondiste –prepárate Thanatos, que esta vez vas a ver de lo que soy capaz de hacer
-Eso espero- te respondió
Cerraste un momento los ojos, tratabas que tu respiración se regulara, tenías que estar tranquila, no debías dejar que ese dios de cuarta te sacara de tus casillas, trataste de relajarte por completo, pronto comenzaste a escuchar los latidos de tu corazón, tu misma respiración y lo único que escuchabas del exterior era la lluvia que caía sobre tu armadura y su tintinar.
Ahora ibas a comenzar a pelear una vez mas, todo lo que anteriormente habías hecho lo tenías que borrar de tu mente, eso no debía de interferir en ese momento, no te ibas influenciar por tus malos golpes de momentos atrás.
Thanatos te observo con mucho cuidada, esperando a que comenzaras a atacar; ligeramente arrastraste tu pie derecho hacia atrás para poder preparar tu pose de ataque, muy lentamente; como tanteando el camino… no podías ir deprisa pero tampoco de manera lenta… no querías volver caer o resbalar pero tampoco deseabas que ese idiota que estaba frente a ti te atacara y volviera a arrojarte al vacío; o si…. Lo que querías era que cayera derrotado a tus pies.
Dejaste salir un suspiro, estabas lista para el segundo round de esa pelea.
Te decidiste atacar en ese momento, pero todo quedo en deseo; ya que el primero que ataco fue Thanatos; este se desesperó con tu paciencia, con tu forma de analizar todas y cada una de tus posibilidades. Apenas pudiste cubrir con tus antebrazos un golpe que iba directo hacia tu rostro, este te hizo retroceder unos pasos, pero apenas pudiste recuperarte de ese ataque sorpresivo, comenzaste a tratar de esquivar los puños de tu oponente, comenzaste a zigzaguear de un lado a otro esquivando todos y cada uno de sus ataques, te movías con mayor movilidad que al principio; sin duda alguna Mü se había lucido con ese nuevo diseño.
Te sentías ligera, que podías hacer todo mientras tuvieras puesta armadura. Comenzaste a tomar un poco más de confianza y ahora no solo te dedicabas a esquivar todos los golpes; sino que paso por tu mente una idea, dependiendo del resulta de esta podrías tener un buen plan. Te agachaste en el momento en que Thanatos te quiso atacar con una patada que iba directo a tu rostro, con la ayuda del suelo húmedo te colocaste detrás de tu oponente y le propiciaste una patada en el centro de su espalda, con ese golpe lo habías hecho retroceder unos pasos para alejarlo de ti, de inmediato pasaste al ataque y comenzaste a golpearlo tan rápido como podías, de un momento a otro tu armadura comenzó a iluminarse de manera tenía, con cada golpe que le plantabas a ese dios de quinta el brillo iba en aumento.
Cuando por fin le diste una patada más en el centro de su abdomen para mandarlo a estrellarse en el húmedo suelo tu Armadura ya emitía una brillante y potente luz que no te molestaba, algo significaba ese brillo, a tu mente acudió un recuerdo en el cual Aldebarán te había dicho que las armaduras emitían ese brillo porque tu Cosmo se encontraba al máximo… sonreíste para ti, por fin podías estar a la par de toda tu armada Dorada. Viste que Thanatos se puso de pie, te miro detalladamente y miro tu armadura. Viste que sonrió, eso te dio mala espina así que dejar bajar la guardia en ese momento era prohibido para ti, no podías confiarte de ese Consejero.
Miro las ropas que en ese momento llevaba, ya se encontraban algo rasgadas… esa era una de las tantas túnicas que usaba Shion y ahora por culpa de ese imbécil la habías destruido. Viste que la tomo con una de sus manos y la arranco, la deshizo por completo, eso te puso a hervir la sangre. Se dejó escuchar un trueno que resonó en todo el Santuario seguido de varios rayos que iluminaron el lugar, sobre todo en donde te encontrabas ahora peleando. Le miraste atentamente, ahí se encontraba de pie Shion con las sencillas ropas de entrenamiento que llevaba debajo de la túnica que usaba a diario… pero esa mirada que ahora te mostraba no era dulce ni de comprensión… esa ojos que ahora te veían con sed de sangre y el violeta de sus ojos habían pasado a un negro oscuro, como el de esa noche.
De pronto viste que extendió sus brazos y una luz destello haciendo cerrar los ojos debido a la intensidad de esta, lo siguiente que sentiste fue un golpe que te mando a estrellarte en contra del suelo, resbalaste un poco más lejos gracias al agua que ya estaba encharcada en el suelo. Te pusiste de pie de inmediato y le miraste revestido ahora de una armadura diferente a todas las que habías visto en ese momento… una armadura de color negro ónix que se perdía en la oscuridad de esa noche tormentosa, llevaba unas alas en la parte trasera semejante a las de una mariposa… era una armadura ostentosa, tanto como la que habías poseído antes de que fuera remodelada.
-¿Cómo te atreves vestir eso con el cuerpo de mi padre?- le susurraste con odio, este sonrió mientras te miraba fíjate -¿Qué es lo gracioso maldito? ¿De qué chingados te estas riendo?
Pero él no te respondió, solo amplio su sonrisa. Eso fue la gota que derramo el vaso… no ibas a permitir que se burlara de ti, mucho menos ibas a permitir que el cuerpo de Shion usara una armadura… no, una maldita Sapuri. Estaba ocupando el cuerpo del Patriarca del Santuario, antiguo sobreviviente de la pasada Guerra Santa… no, era una falta de respeto lo que ese maldito hijo de perra estaba haciendo. Te lanzaste en su contra con un grito de guerra, comenzaste a pelear como si tu vida se fuera en ello.
Habías olvidado que podías resbalar y lastimarte o darle ventaja al enemigo… no, ahora no podías pensar en eso, comenzaste a repartir patadas y puñetazos a diestra y siniestra… te había tomado un tiempo tranquilizarte pero verlo envestido en esa maldita armadura te había hecho hervir la sangre de sobre manera. Thanatos solo se dedicaba a detener cada uno de tus golpes y acertar uno que otro en tu cuerpo cuando dejabas algunos espacios abiertos en tu guardia. Le trataste de dar una patada de semi luna en su rostro pero este se aparto de un modo inesperado y te tomo de los cabellos lanzándote en contra de las escaleras, te golpeaste terriblemente, cuando te diste cuenta ya tenias encima un ataque de energía oscura el cual se estrelló de lleno sobre tu cuerpo, apenas pudiste elevar una barrera para protegerte, las escalinatas so sufrieron tu misma suerte, pues una parte de ellas quedo destruida. Te pusiste de pie respirando agitadamente y le miraste con odio, en su rostro aún se encontraba aquella sonrisa, le maldijiste por debajo y de nuevo te lanzaste en contra de su persona. Tenías que acabar con esto ya, ibas a rescatar a Shion y nada ni nadie te lo iba a impedir.
Te lanzaste de nuevo, ahora tus puños se encontraban revestidos de tu Cosmo, Thanatos no se esperaba eso, así que sin más esquivo un golpe que iba directo a su rostro para encontrarse detrás de ti, separado a unos metros. Tu golpe se estrelló en una de las columnas, la cual colapso al momento de recibir tu mano, en la cara de tu oponente se dibujó sorpresa… si ese puño tan solo se hubiera quedado clavado en su rostro otra cosa seria.
Viste que alzo su mano y en esta se comenzó a concentrar una poderosa energía; aun así te abalanzaste en contra de su persona, este comenzó a liberar su ataque en pequeños rayos que iban directo a tu persona, ahora corrías en zigzag para esquivar cada uno de eso ataques, estos se estrellaban en el suelo logrando de esa manera algo favorable para ti, ya que al no estar liso te liberaba de resbalar. Alzaste una barrera que te protegió de uno de esos tantos ataques, este se estrelló pero no te paso nada. Continuaste corriendo en todas las direcciones posibles para poder tomarlo con sorpresa.
Pero no encontrabas algún punto por el cual atacar, debido a eso se te olvido el estado que ahora se encontraba el suelo, tu pie se atoro entre unas rocas y viste que eso lo aprovecho Thanatos, este dejo ir sobre ti un poderoso ataque, alzaste la barrera pero ahora no te sirvió de nada… tu muro se hizo añicos y saliste volando, apenas te ibas levantando cuando viste que otra bola de energía oscura iba hacia donde te encontrabas, levantaste de nuevo el muro pero al igual que el anterior se hizo pedazos, la potencia de este último ataque fue tan poderoso que tu cuerpo se estrelló de nuevo contra otro extremo del barandal de concreto, este cedió y caíste de nuevo, pero ahora tus reflejos funcionaron y con una de tus manos te sostuviste para evitar caer.
La piedra de la cual te afianzaste se encontraba floja, pronto cedería a tu peso, así que con toda tu fuerza trataste de elevarte para poder subir y con mucho esfuerzo lo lograste, miraste a donde se encontraba ese dios, te miro con burla. Te encontrabas respirando agitadamente. Te pusiste de pie una vez más y extendiste tu brazo derecho, de inmediato un destello apareció y lo tomaste con tu mano… el báculo de Nike había llegado a la batalla, le agitaste con fuerza y un destello más le cubrió, en esta ocasión el báculo había cambiado a la misma espada con la que peleaste en esa ocasión contra Hades. Viste que Thanatos sonrió una vez más, repitió el mismo acto que habías hecho, en su mano también apareció una espada… demasiado fea para tu gusto. Te lanzaste de improviso en su contra, el ruido de ambos metales se escuchó al estrellarse entre si realizando una onda que alejo la lluvia por un momento para que después volviera a caer encima de ustedes.
El intenso repique de ambas armas era ahora el sonido que acompañaba al de la lluvia, no te ibas a dejar vencer tan fácilmente, si ibas a caer no lo harías sola, ese era el pensamiento que había en tu mente en todo momento. Thanatos mostraba gran maestría en el arte de blandir aquella arma, no eras tan mala, pero el hecho de que no habías terminado tu entrenamiento estaba dándole algo de ventaja a tu oponente… decidiste que no solo se iba a quedar en esos movimiento, un golpe más se estrelló entre ambas armas.
Ambos se miraban fijamente, en los ojos de ambos se reflejaba la furia y la determinación de ambos, tu empujabas a tu enemigo y el hacía lo mismo contigo, se podía escuchar como el filo de las espadas chocaba entre sí, imprimiste algo de fuerza; solo un poco más que la de tu oponente, cuando sentiste que estaba un poco despegado de ti le diste un rodillazo en la entrepierna, esta no esperaba ese golpe y aflojo su ímpetu, dio un paso hacia atrás y retiraste la espada para de nuevo atacarlo, Thanatos apenas pudo detener el golpe de tu espada pero no una patada que conectaste en su lado derecho del cuerpo.
-Maldita- te susurro mientras retomaba su posición de combate una vez más –tal parece que no sabes jugar limpiamente
-¿Limpiamente?- le preguntaste de manera sarcástica –ustedes jamás jugaron limpiamente, no sé de qué te quejas hijo de puta
-Que diosa tan corriente
-Corriente tu madre
Viste que le molesto esa respuesta, la verdad no sabías si ese dios de quinta tenia madre, habías leído que muchos dioses salían de la cabeza de sus padres (como el caso de la diosa a la que representabas), otros más se revolcaban con criaturas raras… te dio un escalofrió de solo pensar que lo que decían los libros podría llegar a ser verdad.
De nuevo tomaste fuerzas y comenzaste a enfrentarte de nuevo a tu enemigo, pero apenas chocaron sus espadas liberaste un grito de dolor y caíste de rodillas, Thanatos aprovecho eso y libero un ataque directo en tu rostro, este te mando a volar lejos de él. Tu cuerpo quedo entumido. Viste que se acerco lentamente a ti y con la ayuda de la punta de su espada alzo tu rostro para que le miraras…
-¿Qué paso Athena?- te pregunto, tú estabas hecha una fiera -¿acaso no esperabas eso?- apenaste termino su frase sentiste un ardor en tu rostro, tu mejilla izquierda comenzó a sangrar
-¡Imbécil!- le gritaste y retiraste su espada con la tuya, apuntaste con tu mano y este desvió tu energía con su espada -¿Qué fue lo que me hiciste?- volviste a preguntar mientras tratabas de despejarte
-Hice lo mismo que tú- te respondió –atacarte por sorpresa
Después de decir eso apunto su espada hacia ti, de esta salió un poderos rayo de energía; blandiste tu arma para crear el escudo pero al igual que la última vez se volvió a hacer añicos así que no quedo más que recibir el ataque directamente.
-¿De dónde diablos saco todo ese poder?- pensaste para ti misma, no esperabas que la pelea cambiara de curso de un momento a otro
-No lo esperabas, ¿verdad?- te pregunto adivinando tus pensamientos –soy un dios, tu solo eres una humana…
-Maldito hijo de perra- le respondiste y te pusiste de pie, corriste de nuevo hacia él –no me asustas
-No busco asustarte, no busco que me temas- te dijo mientras detenía el golpe de tu espada con la de él –busco acabar con tu vida
En ese momento te percataste que él sostenía su espada solo con una de sus manos, eso si no lo esperabas, tarde te diste cuenta de que otra mano se encontraba posada en tu vientre, la luz que su mano emitía llamo tu atención. Thanatos libero su energía, no pudiste cubrirte de ese ataque, lo recibiste de lleno, eso desato una enorme explosión, la cual te arrojo en contra de una pared, esta quedo destrozada, se podía ver el interior del pasillo que llevaba hacia la salida en esa gran terraza.
Te removiste entre los escombros y trataste de incorporarte de nuevo, moviste tu cabeza para espabilarte de ese golpe que te habían dado, le miraste con furia, él solo sonreía… buscaste con la mirada tu arma, ya no la tenías contigo y la encontraste a unos pocos metros de donde estabas.
-¿Qué pasa Athena?- te pregunto -¿se te perdió algo?
-No- respondiste mientras extendías tu mano, de nuevo tu espada volvió a tu mano –ella siempre viene a mí, jamás me deja
-¿Continuamos prin….?
Ya no pudo terminar su frase pues te abalanzaste en contra de Thanatos en ese momento con una gran velocidad, el dios de la muerte no se esperaba esa reacción de tu parte. Comenzaste a blandir tu espada con una sola mano, movimientos torpes sin elegancia alguna, algo que Shura odiaba que hicieras, pero no tenías de otra, tenías que hacer lo que fuera para poder siquiera tocarlo, en uno de esos tanto movimientos rozaste la Sapuri de Thanatos, esta solo quedo con un solo rayón.
-¡Maldita perra!- Te grito -¡¿Cómo te atreviste a rayar mi Sagrada Sapuri?!
Liberaste un fuerte grito, pues este libero una potente energía en tu contra, ni siquiera pudiste levantar algo que te protegiera. Te pusiste de pie lentamente pero ya te estaba esperando, estrello su espada contra tu pecho, el golpe resonó muy fuerte y sentiste dolor, sino fuera por eso, ya estarías muerta. Te dio una fuerte patada que te volvió a alejar de él. Te encontrabas respirando agitadamente, miraste a donde se encontraba, estaba furioso.
Elevaste tu Cosmo en el momento en que viste que la espada de su espada se comenzó a iluminar, libero su ataque y no te moviste, no podías hacerlo, querías descansar un poco, unos solos segundos; el ataque se estrelló con una barrera que levantaste sin darte cuenta. Te miro de mala manera.
Te pusiste de pie lentamente mientras de nuevo invocabas tu espada una vez más. Thanatos volvió a apuntarte con su espada antes de liberar otro poderoso ataque, esperaste tranquilamente mientras caminabas hacia él, blandiste tu espada para desviar aquel ataque, un fuerte trueno resonó en el ambiente, blandiste de nuevo tu espada y de ella salieron unas navajas de energía dorada que se dirigieron hacia la persona de tu enemigo, este las destruyo de manera sencilla.
-¿Vuelves a sacar las garras?
-Te dije que te iba a matar- le respondiste
-¿segura?- te volvió a preguntar
Ya no respondiste ante su pregunta, solo te abalanzaste sin pensarlo. Solo te dedicabas a dar golpes que se estrellaban en el arma de él, poco a poco lo hacías retroceder, no pensabas ninguno de tus golpes. Alzaste tu espada para dejarla caer una vez más, pero este ataque no se dio.
-¿Qué estás haciendo?- le preguntaste sorprendida, era algo inverosímil que mantuviera la hoja de tu espada en su mano, el sonrió –libérala ahora mismo
-No- te respondió de manera seca
-Te quedaras sin mano si no la suelta- le amenazaste, este no acepto y tu decidiste jalarla para tu lado, un gran corte en su mano te serviría mucho, pero no pudiste lograrlo -¡Que la sueltes!
-Como quieras
Solo te diste cuenta que hizo apenas fuerza y tus ojos se llenaron de sorpresa cuando le viste romper la hoja de tu arma, parpadeaste unas cuantas veces, debía de ser la ilusión de la lluvia que caía a cantaros. Despertaste de tu ensoñación en el momento en que sentiste que algo atravesó tu armadura y se quedó incrustada en tu vientre, te alejaste unos pasos colocando tu mano cerca de la herida, lo que aquella hoja filosa te permitía.
-¿Qué paso?- te pregunto -¿acaso pensabas que no podías sangrar?
-Maldito- susurraste mientras caías de rodillas, estabas intentando sacar esa hoja de metal de tu cuerpo
-Yo soy un dios puro- te dijo mientras se acercaba a donde te encontrabas –jamás he reencarnado en ningún humano, jamás he dejado mi forma real
-Te apropias de cuerpos perro maldito- le soltaste con odio –eres un puto cobarde
-Niña- te tomo de los cabellos para obligarte a mirarlo –ocupar un cuerpo no es lo mismo que reencarnar. Puedo cambiar de contenedor cada que yo quiera, a diferencia de ti- tratabas de liberarte de su agarre, tratabas con ambas manos quitar la de él, de pronto sentiste un fuerte dolor -¿te duele?- te pregunto
-¡Hijo de puta!- le gritaste cuando sentiste que movía sin delicadeza alguna la hoja, sentías como la enterraba más profundamente y la sacaba para volver a meterla dentro de tu cuerpo -¡déjame en paz maldito pendejo!
-Como quieras- libero un ataque más fuerte sobre tu cuerpo y saliste disparada, apenas y podías ver, estabas luchando por no perder la conciencia en ese momento, le veías acercarse lentamente hacia ti con una sonrisa macabra dibujada en su rostro –me preguntaste como es que tome este contenedor- te dijo mientras se apuntaba a si mismo
-Con mentiras, con trampas- le susurraste lo más fuerte que podías, sentiste que te tomo de nuevo de tus cabellos para obligarte a ponerte de pie, pero lo único que consigo fue que te pusiera de rodillas pues tu fuerza estaba menguando
-Te puedo decir que te amaba- te dijo –y eso fue lo que lo llevo a la muerte- querías decir algo pero sencillamente no podías –una ilusión, eso fue lo único que use… hacerle creer que su diosa se había escapado a los mausoleos de los Caballeros que le protegían, bajo la guardia… tuvo que morir
-Maldito- le susurraste –mil veces maldito, hijo de tu rechingada madre
Él solo comenzó a reírse de ti, tus lagrimas se camuflajeaban con la lluvia, maldita lluvia que no dejaba de caer, no quería parar. De pronto, como lo habías hecho momentos atrás volviste a encender tu Cosmo una vez más, en esta ocasión lo arrojo lejos de ti, lograste el cometido que tenías, que te soltara de tus cabellos. Te pusiste de pie, el aura que te rodeaba era fuerte, tus cabellos comenzaron a danzar, los truenos seguían resonando y los rayos iluminando el sitio y la lluvia… maldita lluvia.
-¿Así que fue de esa manera?- le preguntaste, sin darte cuenta tu voz había sonado sombría –maldito traidor
-Es una guerra Athena
-Eres un maldito, te voy a matar- le respondiste –te voy a matar
-¿Acaso te duele?- te pregunto sin descaro -¿te duele el que haya muerto?
-Tu que vas a saber de eso- le dijiste –tu no sientes dolor por nadie, porque no sabes lo que es amar- le respondiste
-No lo necesito- te dijo –esas cosas son inservibles para un dios
Aumentaste tu Cosmo a niveles inimaginables, te estabas jugando la vida; pero eso ya no te importaba, ibas a arriesgarte… ya no ibas a pensar que es lo que podías perder sino lo que ibas a ganar con eso. Dedicaste las gracias a Radamathys, tal como lo había dicho, tu técnica la ibas a perfeccionar en batalla… y ese era el momento.
Le miraste retadoramente, tu Cosmo formo seis esferas doradas que se encontraban danzando a tu alrededor, sabias que la estabas llevando al límite pero ya estaba decidido, ibas a acabar con esa lucha en ese último movimiento; la esfera dorada se formó en la palma de tu mano derecha, Thanatos te observaba con curiosidad.
Dejaste salir un suspiro y comenzaste a correr hacia donde se encontraba tu oponente, de pronto de un momento a otro aumento tu velocidad y comenzaste a zigzaguear, comenzaste a lanzar tu esfera. Thanatos comenzó a tratar de esquivar tus ataques, pero eso no le servía de mucho pues de tantos ataques sumando tu velocidad ya no sabía de donde vendría tu ataque. Tal vez amaste a la lluvia en ese momento, Thanatos resbalo un poco y fue donde dejaste caer todo tu poder, la esfera se impactó directamente en el cuerpo de tu enemigo, dirigiste las seis esferas al mismo tiempo y en el momento en que frenaste tu velocidad el resto de tu Cosmo impacto.
Un fuerte trueno se dejó escuchar cerca de ahí, comenzaste a respirar agitadamente y apoyaste tus manos sobre tus rodillas sin dejar de mirar el sitio donde se encontraba Thanatos, aún era cubierto por una nube de polvo que rápidamente se dispersó gracias a la lluvia.
