Bueno chicas, todo principio tiene un final, les dejo el ultimo cap de esta historia, espero que les guste y lean hasta el final, donde les he dejado una pequeña nota. Nos vemos después, las quiero.
~ 1 ~
Poco a poco comenzaste a abrir los ojos lentamente, había mucha luz en el lugar donde estabas. Cerraste los ojos nuevamente, en ese momento recordaste todo, a tu mente acudió todas y cada una de las batallas que habías tenido en esos largos días. Las lagrimas comenzaron a salir de tus ojos, sobre todo cuando recordaste tu batalla.
-Buenos días Athena- escuchaste que te llamaron, abriste los ojos de golpe y te incorporaste rápidamente, el dolor en tu cuerpo te hizo doblarte de nuevo y caer en el colchón -no hagas estupideces, descansa
-¿Qué haces aquí Apolo?- preguntaste de inmediato mientras te encontrabas de nuevo con aquellos ojos dorados
-Me preocupe por ti- te respondió de inmediato mientras tomaba tu mano entre las suyas -por eso vine, deje todo para venir a ver como estabas ¿te molesta mi presencia?
-No- respondiste mientras lagrimas caían de tus ojos -gracias Apolo, muchas gracias
-No hay de que- te dijo mientras que con una de sus manos te limpiaba las lagrimas -por cierto… no vine solo
-¿Vinieron tus guerreros contigo?- preguntaste mientras te incorporabas lentamente
-No- te dijo y viste algo de molestia en él
-¿Apolo?- preguntaste con duda pues se había quedado en silencio. Pronto escuchaste que había mucho alboroto fuera de tus aposentos, si… apenas te habías dado cuenta de que te encontrabas en tu habitación del Santuario -¿Qué es ese escándalo?- preguntaste al escuchar gritos
-Dos par de idiotas- te respondió con voz cansada y molesta, dirigiste tu mirada hacia la puerta que se abrió en ese momento
-¿Qué hacen aquí?- preguntaste al ver a esos dos de pie
-¡Hermana!- te grito Ares quien subió de inmediato a la cama y te abrazo -¡que bueno que ya despertaste! ¡me tenías muy preocupado!
-¿Ares? ¿eres tú? ¿de verdad?- preguntaste.
-Si, soy yo- respondió con una sonrisa
Frente a ti se encontraba ya no el niño consentido y berrinchudo que habías visto tiempo atrás. Habían pasado ya unos años de cuando habías peleado en contra de él, bueno… escapado del rapto que te había mandado a hacer. Ese niño de 8 años había pasado ya a 10 años, pero tal parecía que había cambiado mucho, al igual que Apolo sus ojos se habían vuelto dorados. Sus facciones estaban comenzando a cambiar a las de un niño más grande.
-¿Cómo estas Athena?- te pregunto Hades quien se encontraba de pie frente a ti, llevaba solo puesto una camisa interior de tirantes blanca y viste que su hombro izquierdo se encontraba vendado al igual que parte del pecho
-Bien, en lo que cabe- respondiste algo triste, todos los presentes lo notaron y guardaron silencio
-Poseidón también llamo- te comento Apolo
-¿Qué? ¿Qué quería?- preguntaste con sorpresa
-Si, aunque no lo creas
-Me sorprende- respondiste -¿Qué te dijo?- insististe en saber
-Pregunto cuando iba a ser tu velorio y que, si la tierra nos la íbamos a dividir entre dos o tres, haciendo énfasis con Hades
-De verdad… ese desgraciado no me deja de sorprender
.
.
Te pasaste todo el día con la compañía de esos tres, sabias que lo mas seguro era de que Hades continuara ahí contigo; había sido de gran ayuda en la guerra que habían tenido con los dioses gemelos. Aun no habías preguntado acerca de la herida que tenia en ese hombro que terminaste atendiendo, Apolo podría ser dios de la medicina pero de hacer curaciones no sabia nada y que decir de Ares. Eso si te sorprendió ver a esos dos ahí, Ares había mostrado su poder de ser niño rico y volarse sus clases privadas, lo que no sabias era que Apolo trabaja de algo digno de mortales; no le preguntaste a que se dedicaba, pero se la pasaba mucho en su celular.
Miraste por el gran ventanal del comedor, se veía tan grande y vacío, de nuevo comenzaste a derramar lágrimas, darías lo que fuera por tenerlos ahí, miraste hacia el comedor y de pronto muchas imágenes aparecieron frente a ti. Viste que Milo se encontraba peleando con Aioria y Kanon por querer sentarse a tu lado izquierdo pues el derecho estaba ocupado por Afrodita y a ese si ya nadie lo movía, en esa imagen mental que tenías había llegado Camus y se había apropiado de ese asiento por el cual todos peleaban, viste que ellos le reclamaron y también viste que Dhoko los había sentado jalándoles la oreja, viste que en el centro de la mesa se encontraba Shion sentado soltando un suspiro de cansancio al tener que lidiar con todos ellos, tu mirada se concentro en la imagen de Shion.
Pronto aquella imagen se comenzó a cristalizar, a tu mente volvió aquel recuerdo de tu ultima batalla en donde tus propias manos se habían manchando de la sangre de aquel al que llamaste alguna vez "papá". Esa imagen se deshizo hasta que solo quedo una mancha multicolores.
-¿Athena?- escuchaste que te llamaron y dirigiste la mirada, había una mancha negra -¿Qué te pasa?
-Nada- susurraste -¿Qué me puede pasar Hades?
Ya no dijiste nada, pero tu mirada seguía fija en el comedor vacío, ya no habría mas peleas para ver quien se sentaba a lado tuyo, ya no mas risas ni discusiones ridículas. De pronto sentiste que Hades te jalo hacia él y te abrazo fuertemente, acuno tu cabeza en su hombro sano y rompiste en llanto silencioso.
.
.
Apolo iba entrando al Comedor Principal y observo aquella escena desde la puerta. Claro que le molesto ver esa imagen, sabia de antemano que ese hombre que estaba abrazando a su hermana había sido el principal detonador de esa estúpida guerra y el principal causante de la depresión y el dolor que estaba sintiendo ella en ese momento.
Si por él fuera, en el momento en que llego al Santuario hubiera tomado la vida de él en sus manos, claro… ese pobre diablo no tenia despierto su Cosmo al 100%, además se encontraba lastimado, podría haber acabado con su vida pero no lo iba a hacer. Recordó que llego dos días después de que sintió aquella explosión de Cosmo, la vio ahí en su cama, toda débil, toda lastimada y golpeada, le dolió el alma verla de esa forma, y temió de nuevo… no quería pasar por la misma situación por segunda vez.
En ese momento lo que él quería era darle paz, ser un refugio para ella, para su soledad. Sacaría al dios del Inframundo en cuanto pudiera, si alguien se iba a quedar con ella hasta que estuviera bien para estar sola y llevar las riendas del Santuario seria él. Tenia otro problema y era ese dios que había llegado a la semana que había arribado él… Ares… no podía soportar tener que estar con ese niño, no podía soportar tener que compartir la atención de la diosa de la guerra con ese otro dios. Se supone que ese chiquillo debía de estar en su casa estudiando; no perdiendo el tiempo ahí. Pero, así como tenia que soportar que estuviera Hades tenia que soportar a Ares, que precisamente iba caminando hacia el comedor; Apolo lo detuvo y el pequeño solo lo observo desafiadamente.
-¿Qué quieres?- le pregunto el pequeño
-¿A dónde te diriges?- le regreso la pregunta sin siquiera mirarlo
-Al comedor, voy a comer con Athena
-Aun no- le dijo -regresa y vuelve dentro de una hora
-¿Y quien me lo va a impedir? ¿Tú?- le respondió de manera burlona, en ese momento el dios del sol por fin le presto la atención
-Fíjate muy bien como me estas hablando mocoso mal educado- le dijo de manera amenazante -no soy Athena, ella te consentirá muchas idioteces pero no yo. Porque sencillamente no eres nada mío
-Yo no te tengo miedo
-Deberías
-Dime una cosa Apolo- le llamo el niño -¿Por qué debería de acatar una orden tuya en un lugar donde no tienes autoridad alguna?
-Igual que tú- le respondió mordazmente
-Jamás podre sentir nada mas que odio hacia tu persona- le respondió
-El sentimiento es mutuo- le respondió -tal como te dije ese día que te presentaste aquí. Yo a ti no te quiero y jamás podre tener sentimientos positivos hacia a ti. Si acaso tolero tu presencia es solo porque Athena te aprecia, solo por eso.
Ambos se sumieron en un duelo de miradas, ninguno de los dos soportaba la presencia del otro, solo estaban ahí por el cariño que le tenían ambos a la diosa del Guerra y la Sabiduría. Ambos estaban a punto de comenzar a elevar su cosmo, pero en ese momento la gran puerta del comedor se abrió de par en par y de ahí salió Hades, los dos dioses se calmaron al notar la presencia del tercero.
-Athena manda a decir si no van a venir a comer con nosotros
-Ya vamos- respondió Ares
Apolo solo comenzó a caminar y pasar a lado de Hades sin siquiera dirigirle la mirada al dios del Inframundo, se perdió al cruzar la puerta.
-¿Esta enojado?- pregunto a Ares
-Él vive enojado con la vida- le respondió el pequeño -no le hagas caso, solo ignóralo
-Como digas
Cuando Apolo se adentro al comedor pudo confirmar que Athena había estado llorando, sus ojos se encontraban rojos y la hinchazón de estos que apenas comenzaba a desaparecer volvió a retomar fuerza. Ella lo saludo con una sonrisa, él le respondió de la misma manera, no le iba a preguntar nada.
Desayunaron tranquilamente en una platica amena que se realizaba entre los otros tres dioses ya que la joven diosa se la pasaba callada, solo observando y escuchando, participando en escasas ocasiones. Los días siguieron pasando y los tres jóvenes se dedicaron a estar a lado de la diosa, la joven no había salido del Templo Patriarcal desde que había despertado en sus aposentos a lado de aquel que se había proclamado su hermano mayor hacia tiempo atrás.
.
.
-¿Estas segura?- le pregunto el dios del sol a la joven que se encontraba frente a él -yo aun puedo quedarme un tiempo más. Solo necesito hacer una llamada para que Renné continúe haciendo mi trabajo…
-Todo estará bien- le interrumpió la joven
-Yo también me puedo quedar si quieres hermana- se animó el joven Ares
-Eso si que no- le respondió de inmediato la joven y se arrodillo para quedar un poco mas baja de estatura -tu tienes que regresar a la escuela a retomar las clases privadas, lo que sea que tomes
-Pero no quiero- dijo el pequeño -me quiero quedar contigo
-Ya te dije- le respondió mientras lo tomaba de las manos -estaré bien, te lo prometo pequeño
La joven abrazo a su pequeño hermano fuertemente mientras que el niño no quería soltarse de su agarre. Cuando se puso de pie, miro a aquel que había renacido como el dios del Inframundo, este le sostuvo la mirada fijamente, se acercó al joven.
-Hades- le llamo la chica y un abrupto silencio se formó, pronto se había formado un aire de tensión roto por la misma diosa -te quiero agradecer por dos cosas
-Lo sé- se adelanto
-Por apoyarme en esta guerra, jamás podre terminar de agradecerte todo el apoyo que me diste cuando me había quedado completamente sola
-Tenia que pagar de una forma todo lo que habías pasado- le respondió seriamente
-Y también por haberte quedado aquí a lado de mis hermanos a hacerme compañía
-Yo espero una cosa Lady Athena- le hablo, la joven se sorprendió por la formalidad que había tomado el joven
-Si… dime
-Yo se que… - tomo aire, las tres reencarnaciones se dieron cuenta de que le estaba costando mucho comenzar a hablar -se que gran parte de tu animo en este momento es mi culpa- comenzó -no hay excusa de mi parte, tampoco cuenta de que estaba siendo manipulado o dejarme manipular. Se que cometí un gran error que acabo no solo con la vida de personas que sirven a mi causa sino también a la tuya
-Hades… yo quisiera no hablar de eso ahora, aun…- pero la joven callo en el momento en que observo que el rey del inframundo se arrodillo ante ella
-Perdóname- le rogo -perdóname, porque se que parte de tu sufrimiento, que parte de tu hundimiento es mi culpa… yo no solo te arrebate Caballeros de Bronce y Plata… también te arrebate a tus Dorados… te arrebate a aquellos a los que más amabas
-Hades, por favor…
-No Athena- la interrumpió -es mi culpa, yo te arrebate al hombre del que te habías enamorado, a aquellos que llamabas hermanos, amigos… aquellos que eran tus padres.
-Detente Hades… por favor- le rogo con lágrimas en los ojos
-Yo fui testigo de primera mano del amor que sentías por todos ellos y no pude salvar lo que más amabas
Después de tanta palabrería ambos cayeron en llanto, una de dolor y el otro de arrepentimiento. Los otros dos dioses se mantuvieron al margen de la platica de ambos combatientes, Athena pronto cayo de rodillas frente a Hades, apoyo sus manos sobre los hombros hasta que el joven decidió alzar la mirada para encontrarse con la de ella. Athena en un arranque se abalanzo hacia él para abrazarlo fuertemente y esconder su rostro en el hombro de él, el joven realizo la misma acción. Se mantuvieron así durante unos minutos, sin hablar nada solo se escuchaban los sollozos de ambos.
-Te perdono- le susurro la joven -no quiero vivir con resentimientos, no quiero vivir de venganza, no quiero vivir con odio… no puedo
-Perdón, perdón… perdón
.
.
Los días fueron pasando y se convirtieron en semanas y las semanas en meses. El Santuario comenzó a reconstruirse con ayuda no solo con los soldados y aprendices, sino también con los Caballeros de Bronce y Plata restantes. La herida continuaba abierta, aun no cerraba, aun dolía, aun sangraba y estaría así durante un largo tiempo.
Lo primero que hiciste fue ayudar en reparar el Santuario, todos dieron por hecho que era mucho mas importante reparar el lugar en donde dormías, no querían dejarte desprotegida. Te la pasabas dando rondines por todo el lugar, atendiendo a todos los que se encontraban trabajando, llevabas en ocasiones almuerzos, agua y rehidratantes de varios sabores, te gustaba platicar con ellos; agradecías al cielo, a Dios a lo que fuera porque no habías tenido muchas bajas importantes, algún modo eso te animaba un poco.
Te mantenías hablando constantemente con Apolo, habían creado una relación muy fuerte, tal parecía que eran realmente hermanos de sangre. También te mantenías hablando con Ares, no tanto como con el primero pero la relación con él era buena, muy buena. Hades también había resultado ser un buen amigo, lo estabas comenzando a conocer un poco más, en algunas ocasiones recordabas el pasado y sentías dentro de ti que había un pequeño odio, un pequeño rencor en contra de él. Tratabas de borrarlo pero no podías, aun no llegaba el tiempo en el que podrías cumplir lo que le habías dicho ese día en que decidieron partir del Santuario.
Cuantas noches no te habías detenido de llamarle para rogarle que hiciera acto de su poder, si de verdad se encontraba tan arrepentido te podía devolver a tu Orden Dorada, te podía devolver a aquellos que amabas mas que a tu vida. Pero Apolo te había dicho que el dios del Inframundo no había despertado al cien su Cosmo, se encontraba en las mismas que tú, que Hades no tenia el poder de revivir a los muertos.
.
.
~ 2 ~
.
.
-Bueno, ya ha pasado con el día de hoy 4 meses desde que se fueron- comentaste mientras terminabas de barrer el mausoleo donde se encontraban durmiendo tus Caballeros Dorados -bola de mentirosos; me dejaron sola, desgraciados, infelices- les recriminabas
Comenzaste a arrojar agua en el suelo para continuar con tu limpieza semanal. Se había vuelto una rutina, estar toda la semana en las reparaciones del Santuario y que todos estuvieran bien. Que la construcción de las nuevas casas y los campos de entrenamiento estuvieran en orden y avanzando… pero el fin de semana, ese era exclusivo para ti, para estar con ellos. Ese día te ponías a limpiar cada una de las lapidas de ellos, quitabas el escaso polvo que se acumulaba en la semana, cambias las flores de las tumbas de ellos, sobre todo las que pertenecía a la tumba de Piscis, pues esas flores eran la vida de él.
-¿Ustedes sabían que todos los dioses que reencarnaron en esta época son grandes empresarios?- comentaste mientras comenzabas a armar los ramos de flores que pondrías en las tumbas -nomas yo salí bien pobre; aunque si lo pensamos bien, si me hubiera quedado trabajar en mi lugar de origen yo creo que ya me hubieran entregado un buen puesto- continuaste contando -pero al menos yo tengo algo que ellos no…- miraste alrededor, cada una de las tumbas se encontraban relucientes -yo tuve la confianza de todos y cada uno de ustedes.
Había un gran vacío en tu corazón, era un vacío que ni siquiera las llamadas y mucho menos las atenciones que tus dos hermanos deidades te daban podían llenar. Aun no te acostumbrabas a estar sola, no te hacías a la idea de despertar con calma, tomar todos y cada uno de tus alimentos en silencio en ese gran comedor. En ocasiones cerrabas los ojos cada vez que comías ahí, solo así podías sentir que ellos continuaban ahí, platicando entre ellos y haciéndote reír de las tonterías que se les ocurría.
Después de que te cercioraste de que todo había quedado en orden en ese lugar sagrado para ti, te dirigiste hacia el Templo Patriarcal. Caminaste con rumbo a tus aposentos, pero te desviaste un poco y te encaminaste hacia la habitación de Shion, se mantenía limpia, ordenada… todo estaba tal como le gustaba al Patriarca. Tomaste asiento en la orilla de la gran cama de aquel que se había dedicado a dirigir aquel lugar, miraste todo con nostalgia y tomaste del pequeño buro que había a lado de la cama una de las tres fotos, en esa foto se encontraban toda la Orden Dorada revestidos en su armadura y donde tu te encontrabas en medio a lado de Shion, sonreíste y la dejaste en su lugar, tomaste la que se encontraba a la derecha de esa, volviste a sonreír al recordar como le habías rogado a Radamanthys para tomarse esa foto en la que solo salía él mientras que tu te encontrabas a su izquierda y Shion a tu derecha, la dejaste de nuevo y tomaste una en donde solo se encontraban tú y Shion, esa imagen reflejaba todo lo que era la relación de ambos… esa era una foto de padre e hija, Shion se encontraba como pocas ocasiones vestido de civil, con una camisa negra deportiva mientras te abrazaba por los hombros, tú te encontrabas rodeándolo con tus brazos. La dejaste en el buro y te acostaste en esa cama, trataste de dormir un poco, te encontrabas cansada… cansada de seguir viviendo.
.
.
-La buscan mi lady- te dijo Argol quien había ido hasta el Jardín Privado a buscarte
-¿Quién?- preguntaste con duda, según tu no sentías ninguna clase de Cosmo cerca de ahí.
Te encaminaste hacia el Salón Patriarcal, no sabias para que eras requerida pero no te gustaba la idea de que algunas personas de Rodorio y de otros pueblos cercanos fuerana buscarte. Lo mas extraño era que se habían atrevido a subir toda la Senda de las 12 Casas… claro, no había nadie que las custodiara en ese momento.
Argol te abrió la puerta para que pudieras adentrarte al salón, te diste cuenta de que solo eran 8 personas ya grandes de edad, entre ellos había conocidos que habías alguna vez atendido en tu clínica del pueblo. Sentiste la mirada de todos ellos sobre ti, tal vez era porque ibas vestida solo con una minifalda y una blusa de tirantes, además de ir descalza… en pocas palabras, para nada presentable.
-Buen día- saludaste a todos los que se encontraban ahí -Argol, podrías conseguir sillas para que ellos tomen asiento por favor
-A la orden- te respondió y salió de ahí llevándose a los dos guardias que custodiaban la entrada a ese lugar, pronto llegaron con las sillas y tus inesperados invitados tomaron asiento, tú te sentaste en la silla que siempre ocupaba Shion.
-¿En que puedo ayudarlos?- preguntaste, no sabias a que habían ido aquellas personas
-Seremos directos- te dijo un hombre que sabias que era la persona mas respetada del pueblo de Rodorio -¿Es acaso usted la reencarnación de la diosa Athena?
-¿Qué quiere decir?- preguntaste con sorpresa, no te esperas eso
Pronto, cada uno de los señores que se encontraban ahí comenzaron a expresar todas y cada una de sus dudas, te contaron que sus familias habían vivido ahí desde hacia muchos años. Todos sabían que los Caballeros que vivían en el Santuario servían a la causa de la diosa de la Guerra, pero había ocasiones en que sus antepasados les habían contado historias en las que les contaban que la diosa reencarnaba y vivía entre humanos. Escuchaste todo lo que te dijeron y no te quedo de otra que contar la verdad, viste que todos ellos se sorprendieron y no te quedo de otra que elevar un poco tu Cosmo para hacer una demostración. Después de continuar hablando unas horas más, te aceptaron como la diosa reencarnada, te pidieron que cuidaras de ellos y de sus pueblos.
Las dos personas que pertenecían a Rodorio, te suplicaron que volvieras a abrir la clínica que había permanecido cerrada durante todo ese tiempo que habías estado encerrada en el Santuario, no diste una fecha exacta, pero comentaste que un día de estos volverías a ejercer tu profesión de médico.
.
.
Las reparaciones del Santuario continuaron hasta que todo volvió a la normalidad, ya no había tantas columnas en el camino destruidas, solo alguna que habían dejado ahí. Las casas que pertenecían a los que se encontraban viviendo ahí se habían terminado de construir así como los campos de entrenamiento, poco a poco los aprendices que habías alejado de ahí comenzaron a llegar de nuevo.
Hubo muchos reencuentros entre alumnos y maestros, así como una que otra pareja que había sido separada por la guerra. También te diste cuenta de que habían aumentado las lapidas del cementerio que se encontraba un poco alejado de ahí. Ezreal y Kiki comenzaron a vivir en el Templo Patriarcal contigo, no querías que estuvieran mas tiempo alejados de ti, te sentías culpable, sabias que a Kiki le había dolido en exceso la muerte no solo de Mü sino también de Shion, le pediste perdón y le prometiste que no lo ibas a dejar solo. El no te culpo en ningún momento, al contrario, te prometió convertirse en Caballero para velar por ti.
.
.
Te levantaste muy temprano ese día. Tomaste un baño largo y por primera vez después de tanto tiempo te arreglaste. Te colocaste un pantalón de mezclilla azul, una blusa de tirantes blanca y encima una chaquetilla rosa sin mangas, unos tenis deportivos cómodos. Peinaste tus largos cabellos y te maquillaste ligeramente. Comenzaste a caminar por los pasillos y abriste la puerta de la habitación de Shion.
-Ya me voy papá- dijiste a la nada -regreso al rato
Continuaste tu camino y bajaste las escaleras, iba a tomar el Sendero de las doce Casas, la primera que pisaste fue la de Piscis. Sentiste nostalgia, tenías mucho tiempo que no habías tomado ese camino, desde que había acabado la guerra maldita. Pasaste por cada uno de los templos, todos ellos se encontraban limpios y relucientes, no sabias quien o quienes habían sido pero se veía que se estaban encargando de mantener limpios aquellas Templos.
Diste una mirada hacia atrás cuando saliste del Templo de Aries, soltaste un suspiro y continuaste caminando. Pasaste por el sitio saludando a todos los que encontrabas. Pronto llegaste a tu destino y de nuevo viste aquella larga fila. Saludaste a todos los que se encontraban ahí.
-Buenos días… ¿Cómo han estado?- preguntaste mientras abrías la puerta de la clínica. Te sorprendiste al darte cuenta de que también tu lugar de trabajo se encontraba limpio -por favor, anótense conforme han llegado. En un momento comienzo a pasarlos.
Caminaste por todo el edificio, se encontraba totalmente limpio, pisos, sabanas, almacén de medicamentos… tendrías que averiguar a quienes eran las personas a las que les darías las gracias. Suspiraste, de nuevo ibas a tener que estar corriendo, ya no tenias asistente que te ayudara a pasar a las personas y les entregara los medicamentos, tendrías que hacerlo tú.
Entraste a tu consultorio y tomaste la bata blanca, cerraste los ojos un momento y dejaste salir un nuevo suspiro, tomaste la tabla donde se encontraba la hoja de los pacientes.
-Señora Eillen- anunciaste -adelante
-Gracias a los dioses doctora Athena, ya la extrañábamos mucho- te comento
-Perdón, tenia muchas cosas pendientes que hacer- comentaste, no te sorprendió que te llamara Athena, a esas alturas todo el pueblo sabia quien eras en realidad
-Qué bueno que haya regresado
-Si, es bueno
Cerraste la puerta y comenzaste a trabajar. Tenias que continuar con tu vida, no importa lo que fuera a pasar de ahora en adelante, tenias que protegerte a ti misma y a los Caballeros, Aprendices y Soldados que aun continuaban con vida. Eras la diosa Athena, la protectora de la tierra y de los humanos. Ese era tu destino.
Bueno… De Chica a Diosa ha llegado a su fin. Agradezco de todo corazón todo el apoyo que he recibido durante este tiempo. Muchas gracias a todas aquellas que me dejaron un review, esos pequeños mensajes eran mi motor para continuar con esta historia. A todas aquellas que esperando con mucha paciencia a que terminara, a todas aquellas que se convirtieron en mis amigas y que me presionaban no solo por aquí sino también por mi cuenta personal de Facebook. De verdad, jamás podre terminar de agradecer el cariño que le han dado a este fic.
Claro que solo es el fin de este fic, pero ya estaré trabajando en una continuación de la misma. Espero que sea igual de bien recibida como esta, aun no tengo fecha en que comenzare a publicar, pero si les puedo decir que llevara como titulo "The Rise of Titans". Gracias.
