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Al amanecer todo se calmó. Fue la primera vez que pasaba una luna llena en plena transformación, agazapado y alerta metido en la habitación contigua que me asignaron para estar lo más cerca posible de Aoshika, donde todo mundo sabría mi secreto, comenzando con la señora Tosaki, vigilando la puerta de esa mujer. Era ridículo, y eso me hacía reír; un hombre lobo rebajado a perro guardián de alguien que está en el fondo de la desesperación. Ojalá fuera tan gracioso como suena, pero estoy seguro que aunque nadie espió, vio, u oyeron nada de mi sucio secreto, nadie diría nada, tal vez ni se sorprenderían de aquello conmigo, en especial una vez que ya conocieron a alguien como Inugami, pero no debía arriesgarme.

Tomé la perilla e introduje la llave para abrir la puerta y acceder a la habitación.

-¡Profesora Aoshika! – ahí estaba ella, simplemente tirada en el piso frente a los ventanales, con la cabeza vuelta al campo abierto y de ojos cerrados. Su cabellera oscura se arremolinaba en su rostro demacrado y dolorosamente marchito; en su mano izquierda sostenía aquel abrigo sucio. – profesora… - me arrodillé y con una mano retiré los mechones revueltos, pero en cuanto sintió el tacto, sin abrir los ojos giró dándome la espalda; echa un ovillo entre su pecho protegía celosamente la prenda, como si fuera el único pilar al qué aferrarse antes de perder la razón. – Por lo menos no está inconsciente. – Pasé mis manos por debajo de su espalda y de sus piernas, cargándola para depositarle en esa gran y acogedora cama con dosel. Era muy liviana, demasiado, y no era que me pareciera debido a la influencia lunar. En cuanto la arropé levanté la vista a la mesita de noche donde estaba depositada una bandeja de comida; estaba intacta, no había tocado nada, ya ni siquiera el agua.

-Ahhh… - Suspiré. – mira lo que la vida hizo contigo. – crucé la estancia y salí sin cerrar la puerta con llave. – Todo por amar a alguien como yo. – Bajé a la recepción donde el ama Tosaki me esperaba y entregué la llave. "Esto ya se está saliendo de control", pensé. Todo el día se la pasó durmiendo, así no comió.

Esa noche no fue bien tampoco; ya no gritaba, solo lloró hasta que al día siguiente la encontré sentada con las piernas abrazadas a su pecho y su cabeza recargada junto al ventanal. Al atardecer del domingo la señora Yamamoto regresó y el ama le explicó todos los pormenores.

– Se está dejando morir. – Dijo al final.

-Lo sé. – contestó seriamente. – Y es por eso que no tengo otra opción.

En dos días se fueron a Alaska a pasar una temporada, y como es mala costumbre mía meterme en asuntos ajenos las seguí, como no podía ser de otra forma. Tres días después entendió que él no iba a volver, y que ni la luna tendría poder de cambiarlo. Así que tuvimos una charla en la que decidió finalmente rehacer su vida ahí, en un paraíso de hielo y nieve donde el recuerdo de su verdadero amor la acompañaría por siempre.

… Como me hubiera gustado que todo terminara aquí, así de cursi, puesto que ella se merece la paz y tranquilidad de su alma…

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29 de junio del 2007.

REPORTE DE ESTADO

Durante el cuarto menguante los tejidos sufrieron una ralentización en su restablecimiento; la coagulación no se detiene, pero no hay cicatrización. Con esto se termina la fase observacional y empieza la de tratamiento. Coincidentemente con la fase nueva el espécimen tuvo un evento al no tener pulso e indicar así un paro cardiovascular; reanimación básica y usando electroshock al no reaccionar. El organismo responde exitosamente aunque con una presión arterial ligeramente baja de lo normal. A la noche del cuarto creciente se registran las primeras cicatrizaciones cuando se le cambiaban los vendajes y limpiaban las heridas para realizar curaciones. Hoy ocurrió; signos vitales estables, presión cardiovascular normal, respiración regular. Se registran primeros signos de actividad cerebral, iniciando así el estado clínico del coma.

Observaciones: Los tejidos separados del cuerpo presentan una lenta descomposición. No hay regeneración celular en las mutilaciones del espécimen.

-Bien, esto es perfecto. – Dijo con una sonrisa triunfante en los labios al terminar de leer el reporte. – Solo tenemos que esperar a que despierte Doctor.

"Si señor", respondió alguien a través del intercomunicador.