Capítulo 1: Renacer

21 de julio del 2007

INFORME DE ESTADO

El espécimen no muestra cambios en su ritmo cardíaco ni en la suspensión de sus funciones cerebrales. Sin embargo, las células que no murieron continúan reordenándose para mantener el resto de los tejidos. Se confirmó la fuente original al organismo vivo.

El evento tuvo éxito a las 19:30 horas: el nivel de actividad del espécimen subió de súbito hasta por fin recuperar la conciencia. Conducta agresiva presente al tratar de liberar y levantarse de la camilla, característica del shock mental producido por el despertar repentino del coma. Se le inyectaron tres dosis de 500 mg de propofol para inmovilizarlo pero no hicieron efecto. Procedimiento alternativo extremo: liberación de cantidad moderada de gas nervioso en el pabellón con dos personales capacitados presentes. El resultado es exitoso: espécimen inmovilizado hasta lograr la inconsistencia. Su ritmo cardíaco es normal y el pulso se mantiene estable para reinstalarlo y comenzar la siguiente fase.

Se reportan dos bajas del personal; fácilmente reemplazables.

Observaciones: Las heridas que una vez cicatrizan se vuelven a abrir para iniciar una nueva coagulación ósea. Todo sucedió en el primer cuarto creciente lunar.

- Maravilloso. - Repitió tras ver una vez más la grabación monitoreada a través de las cámaras, tratando de descifrar el enigma de la repentina escena. - En verdad es magnífico.

-Así es señor. - Respondió un hombre en bata blanca desde las sombras del enorme despacho. - Pero perdimos a un par de hombres.

-Hemos ganado medio millón de dólares más con tan solo ver su resistencia al gas. No hemos más que ganado.

- Sí, y creo que querrá saber esto

- Aún siguen las sorpresas, excelente. - Sonrió. - ¿Qué ocurre?

- Hay regeneración celular. - Soltó en un tono serio.

- ¿What? - Abrió los ojos como nunca. - ¿Es en serio?

- Nunca bromeó y menos con esto.

- Pero si apenas ayer despertó. - Se quedará del escritorio para ir y quedará enfrente. - Vaya noche, ni siquiera han clasificado este informe. - Le entregó el documento ya firmado. - ¿Cómo pasó?

- No sabemos. - Recibió la hoja ordenándola en la carpeta que sostenía. - Las heridas ya estaban cicatrizando y se volvieron al abrirse solo con el movimiento brusco iniciando de nuevo la coagulación. Es algo sin presidentes.

- ¿Qué tan rápido está pasando? - Le dio la espalda para ver por los enormes ventanales al panorama agradable de un día soleado.

-No tenemos aún una unidad de medida ya que es la primera vez que pasa esto.

- Ya veo. - "Me pregunté, ¿qué fue lo que le despertó?", Pensó. - Estamos en cuarto creciente, ¿no?

- Sí, pero es el tercer ciclo en esta fase desde su muerte registrada.

- Ayer le mencioné que ya había pasado dos meses cuando de pronto recobró la conciencia. - El hombre de bata blanca asintió. - Está bien Doctor Fischer, tiene mi permiso para iniciar la fase experimental.

-Excelente.

-¿Y los demás especmenes? - Quiso sable.

- No hay resultados favorables. Si mueren o son heridos en luna nueva, no se regeneran, este es el único en el que observamos reacciones.

- Increíble. Se debe a que es un mestizo.

- Me niego a creer eso. Los de raza pura que tenían eran mucho más fuertes y saludables. Jamás obtuvimos estas evaluaciones.

- Pero no podemos negar estos resultados.

- En eso estoy de acuerdo. Pero no sabremos nada hasta la experimentación.

- De acuerdo Fischer, puede iniciarla.

- Claro, con su permiso. - Hizo una inclinación con la cabeza, dio media vuelta y se retiró de la estancia.

... § ...

-Un día un viajero que había caminado por larguísimas horas se detuvo a descansar a un lado del largo sendero. No tuvimos nada, obtuvimos algo, y al oído su lamento tres animales fueron en su ayuda: un mono, un zorro y un conejo. El mono le trajo fruta, el zorro había casado un ave y el conejo trajo ramas secas para hacer una fogata. Pero al ver que estas eran pequeñas e insuficientes para crear un buen fuego, lloró de impotencia por no ser más grande y fuerte para traer más. El viajero aun así agradeció su ayuda. Pero el conejo, tan puro de corazón como su pelaje blanco como la nieve, dispuesto a hacer más por él se arrojó entre las llamas para así poder alimentarlo. El viajero, conmovido por su sacrificio reveló su verdadera identidad: un dios. Recogió los restos chamuscados del animal y lo revivió, llevándoselo así a vivir en la luna para compañero de una diosa, como símbolo del autosacrificio por el bien común. Se dice que los conejos saltan queriendo alcanzar la luna para ver a quien, sin importar lo pequeño y humilde que fueron, se volvió un héroe.

En toda su nobleza y sabiduría se dio cuenta de la humildad y caridad de la coneja por ayudar a otros, así que seremos su guardián y la protección de todo peligro. Pero una noche de luna llena el lobo se afectó eufórico y cantó alegre, descuidando su tesoro. Al darse cuenta de que la coneja no estaba a su lado del buscó por todo el bosque hasta que encontró el sendero y fue donde el viajero, y por más que corrió no pudo llegar a un tiempo para evitar el trágico destino entre las llamas, así que sin poder evitarlo aulló lamentándose de lo que había pasado en la coneja. Se culpó así mismo de no haberle ayudado a cargar más leña para el fuego del viajero y preferir cantar al cielo. Y por el amor que consideró por ella, pues dos especies naturalmente cazador y presa no pueden convivir en el mismo lugar, el dios se apiadó de él y lo perdido en su custodia, otorgándole un hermoso poder: su aullido se oirá a kilómetros de distancia, podrá hablar con su coneja en luna llena, y cuando esta mengüe, la diosa podrá bajar al blanco animal en su barca para que en luna nueva ambos están juntos y nunca se olviden. La blanca coneja se volvió la luna particular del gran lobo gris ".

Akiko Aoshika terminó de contar el relato mientras dejaba que la manada de lobos que la que aparentemente había aceptado olieran y canturreaban cerca de ella. Habían pasado dos semanas desde que solicitó humildemente la aceptación en el centro de conservación natural en Alaska. Fue muy fácil debido a la influencia de su benefactora Katsue Yamamoto, con quien formó una severa amistad luego de los eventos, al igual que con Akira Jin quien, a lo lejos, pasando la reja de seguridad, dentro de la estancia de recepción para visitantes y turistas, sentado en uno de los acogedores sillones con cigarrillo en mano, miraba atentamente la escena de ella despidiéndose a su manera de aquella manada a su carga, viendo cómo corría lejos y libre hacia el horizonte.

Realmente él no tenía nada que perder. Su ocupación era viajar de aquí para allá, buscando, reportando y escribiendo artículos para cualquier editorial que lo contratara. Y a pesar de que en toda su vida no se había topado con alguien más que él aparte de Inugami, pensó que tal vez, por primera vez, estuvo equivocado al buscar uno de los suyos entre los humanos. Era extraño pero, ¿Y si quien busca realmente se encontró aquí, ahora, en este momento en ese lugar inhóspito para cualquier persona común? Si, es cierto que estaban al borde de la extinción, pero ¿si para sobrevivir se aislaron en un ecosistema determinado? Así que solicitó un trabajo de reportero para la mundialmente conocida revista Universal Topografía con movilidad extrajera mundial.

-Vaya, se adapta rápidamente a esas criaturas, - Dijo al verla pasar el umbral de la entrada, poniéndose de pie. - Profesora Aoshika.

Ella se quitó el abrigo y lo sostuvo entre manos mientras acomodaba su negra melena ondulada y posó su vista en él. - Por favor, ya no soy profesora hace mucho. Tengo nombre. Llámeme por él. - Se sentó frente a él

-Oh, de acuerdo. - arqueó las cejas. - Señorita Akiko.

- Háblame de tú. - sonrió educadamente. Akira

- Hhm - Sonrió también mientras apagaba el cigarro en el cenicero colocado en el brazo derecho del sillón. - Realmente te ha sentado bien el trabajo aquí, hasta tu timidez se ha ido de a poco.

- ¿Tú crees? - Inclinó la cabeza a un lado un poco.

- Oh si. - se miraron a los ojos. Él nunca negó que la mujer era impresionantemente hermosa, aún con lo enfermiza que se necesitaría. Todavía se le notaba delgada para su complexión, algo demacrada, aunque mejoró un poco desde el día que llegó por primera vez. - Ya hasta hablas con los lobos. Es un gran progreso.

- Bien. - Akiko rodó los ojos. - Supongo que fisgonear es un rasgo tuyo al que me tengo que acostumbrar aunque no me guste.

- Lo siento. - Sonrió. - Estamos en creciente, en unos días luna llena y mis sentidos son muy agudos y vibrantes.

- BUENO - Levantó una ceja.

- ¿Cómo supiste el lado oculto de la leyenda?

- ¿Eh? No creí que fuera un lado oculto. Yo, - sus ojos miraban a un punto perdido en el espacio. - Simplemente lo supe siempre. Pensé que desde niña me lo había inventado porque en verdad nunca me gustó que la conejita sufriera ese destino triste y quise crearle un compañero. Solo eso.

Ah no - Pensó que era raro, "¿Acaso es ... el destino?" - La leyenda sí existe. Solo que muy pocos sabemos esa versión. A mí me cuentan mis padres cuando era muy pequeño. Tú eres la primera persona que conozco que la sabe también. - "Y puede que incluso la supiera Inugami", específicamente para sí.

-De acuerdo. Entonces debo entender que viniste aquí para preguntarme sobre una leyenda para niños.

- No. - sonrió. - Eso es un plus.

- Oh si. - asintió. La señora Yamamoto ...

- Ja ja, - Se rió. - No. Solo quiero invitarte a cenar esta noche. - Se acerca del asiento.

- ¿What? - Parpadeó incrédula. - ¿Disculpa?

- Sí - se agachó para mirarla a la cara. - Esta noche se me apetece cenar a un lado de una mujer muy atractiva, - Tomó su mano entre la suya con delicadeza. - Y ¿Quien más que la belleza cautivadora de Akiko para acompañarme?

- Akira yo ... - Ella giró la cabeza a un lado y con mirada al piso le dijo en voz baja. - No me siento lista ahora para ...

- No me malentiendas je je ... - Tomó su mentón entre los dedos. - Es en plan amistoso. Solo dos buenos amigos, cenando juntos, eso es todo.

Ella lo miró por unos segundos antes de responder: - OK, está bien, de acuerdo.

-Bien. - Sonrió, - paso por ti a las siete. - Se despidió, dio media vuelta y salió de la estancia para llegar a la recepción, dejando a una Akiko muy sorprendida.

Llegó a su casa, en una cabaña del bosque, cerca de la reserva natural. Ganaba muy buen dinero en comparación con la docencia en Japón, lo que le mejora significativamente notablemente su nivel de vida. Tan fácil sería vivir de la pensión que su benefactora abrió en el banco con tanta insistencia y dejar de preocuparse por siempre del dinero, después de todo, nunca quiso ser pobre. Yamamoto no tuvo hijos, y su único familiar hasta entonces yacía tres metros bajo tierra; entendía su intención de ocuparse de la única persona con la que su sobrino había tenido contacto y de verdad fue como realmente era. Pero con lo ocurrido alguna vez tuvo un solo instante en el valor monetario. Dejó las llaves en la bandejita plateada encima de la mesilla cerca de la puerta principal. Subió la mirada encontrándose con su reflejo en el espejo ovalado de pared con marco estilizado en plata que hizo juego. Su apariencia había mejorado, sin embargo aún quedaban rastros de la abatida mujer que había muerto en Japón. Observador sus gruesos labios aún resecos que pese a todo pasaban por tentadores y sensuales. Sus grandes ojos claros de un tono azul verdoso profundo conservaban las ojeras de tantas noches en vela; y aún así combinados con su nariz pequeña, piel aperlada y cabello ondulado de un negro intenso formaban un lindo contraste que la sobresalir de otras mujeres orientales. Sus grandes ojos claros de un tono azul verdoso profundo conservaban las ojeras de tantas noches en vela; y aún así combinados con su nariz pequeña, piel aperlada y cabello ondulado de un negro intenso formaban un lindo contraste que la sobresalir de otras mujeres orientales. Sus grandes ojos claros de un tono azul verdoso profundo conservaban las ojeras de tantas noches en vela; y aún así combinados con su nariz pequeña, piel aperlada y cabello ondulado de un negro intenso formaban un lindo contraste que la sobresalir de otras mujeres orientales.

Subiendo las escaleras fue directo a su recámara a desnudarse, pues necesitaban una ducha caliente. Mientras se quitaba cada prenda delante del espejo de cuerpo entero revisando cada detalle cambiante, pensaba en lo consciente que siempre fue su figura. Ella misma siempre se supo como una mujer fuera de lo común; con una silueta en forma de reloj de arena se acentúa sus curvas con medidas de 105 - 65 - 100 centímetros y una estatura de 1.65 metros. Si alguien tuviese que describirla con una sola palabra, esa sería despampanante. Siempre se supo hermosa, tanto que de adolescente tuvo el sueño de volverse una modelo, actriz o cantante y conquistador el mundo, pero ahora a sus 23 años ya no le significaba nada. Cuando fue violada la primera vez por aquellos que se llamaron a sus amigos incluidos en su belleza en realidad era una maldición. Pero era inútil tratar de ocultar con metros de tela lo ya evidente; siempre sería deseado por hombres y envidiada por mujeres. Eso es bastante culpable debido a que pensaba que ella misma lo provocaba por el simple hecho de ser quien era.

Se metió a la regadera. Sus grandes y suaves senos fueron los primeros en mojarse incluso que la cabeza. Sus caderas se meneaban con el flujo del agua, imaginándose unos largos y fuertes brazos masculinos que la acariciaban toda. Sus labios temblaron por ese pensamiento fugaz y terminó de bañarse.

Akira llegó muy puntual a la cita en su Datsun Bluebird. Tocando el timbre y al abrir la puerta, se encontró con una visión: botas altas de tacón y cuero negro, jeans ajustados que lucían sus piernas y caderas redondas, y un amplio y acogedor suéter tejido de cuello de tortuga en tono crema. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta. En su rostro no había más que rimel de pestañas y un intenso labial rojo carmín enmarcando sus labios.

Al ver su inacción Akiko dejó: - ¿Nos vamos?

-Ah ... - Comenzó lento. - S ... ¡Sí, claro! - Se convirtió como un tonto adolescente que va a salir con una chica por primera vez. Abrió la puerta del auto para ella, y al metro encendió el motor.

Llegaron a un restaurante - bar con un ambiente maduro; paredes de caoba, luces cálidas, meseros formales, la barra de tragos a mano derecha llena de bebedores de cerveza y humo. A mano izquierda las mesas de los comensales con manteles color guinda y sillas de respaldo ancho negro. Al fondo y al centro un escenario que presentaba a las bandas y los cantantes del cartel de afuera; aunque no había nadie pues se oía como música de ambiente Por qué no haces lo correcto en la versión de Sinnead O'connor.

En cuanto cruzaron la entrada pasó lo que Akira temía; Los hombres veían de arriba abajo y de vuelta a la muñeca que lo acompañaba. Era irónico porque ahora estaba mostrando mucha menos piel que cuando la conoció. Su maquillaje constante de solo dos cosas en comparación, sin diferencias su cabello. Sí, traía tacones mucho más altos que estilizaban su figura y marcaba el meneo de sus curvas, pero solo cambia sus manos y mi cara descubiertos. Entonces, ¿Por qué ?, ¿Qué era diferente en ella que también a él le causaba fascinación?

En cuanto al mesero les asignó una mesa y vieron el menú, sus ojos la examinaron "Cabizbaja, posición recta y segura, piernas cruzadas, ojos centrados y actitud seria pero tranquila", pensaba, "... Acaso es que ... podría estar renaciendo ... tal vez ".