Como recordatorio, la mayoría de edad en Japón es a los 20 años, creo que se va a cambiar a los 18, pero este fic ocurre en 1999 y en esa época era a los 20. (?)

Sin más que agregar, disfruten el capítulo. o/


CAPÍTULO IV

Transcurridos un par de días, Josuke se armó del valor necesario para ver a su más reciente dolor de cabeza y pionero de sus insomnios; no le importaba si lo encontraba enfermo, borracho o hasta el cuello de trabajo, iba a solucionar sus problemas de una vez por todas. Sin embargo, aunque se metió a su casa por la fuerza, pues nadie le abrió, la encontró completamente vacía.

Luego se enteró, por Koichi, que Rohan había salido de viaje a Brasil, ya que los eventos de su manga se llevarían a cabo en un lugar ficticio muy similar a dicho país.

Josuke se indignó y permaneció molesto durante varias horas, hasta que se percató de ello. Él y Rohan no eran… nada. ¿Por qué tendría que avisarle a dónde se marcharía? Es decir, habría sido un lindo detalle, pero…

Tomoko permaneció en silencio y, con relativa calma, comió la mitad de sus alimentos, eso sin despegar la mirada de su querido retoño con apariencia de delincuente, quien llevaba minutos enteros con sus ojos azules, apagados, inmersos en su comida, aunque no estaba segura de que la estuviese viendo en realidad.

—¿Josuke? —preguntó, en un tono bajito y cantado, pero no obtuvo respuesta alguna.

Tomó un pedacito de la servilleta de papel que tenía a un lado y la hizo bolita, lanzándola directo al pompadour; de nuevo, ni siquiera una mirada. Recargó el codo en la mesa y descansó su mejilla contra la mano.

«¿Qué tendrá?» Aseguraría que la Nintendo esa le había terminado de freír el cerebro, pero las calificaciones de su último periodo de exámenes no estuvieron mal, así que descartó las amenazas para llamar la atención.

Acercó un pequeño plato que contenía su pudín favorito y lo empujó hacia el lado de Josuke, esperando que reaccionara, pero ni así, y eso que durante la comida se apresuraba a terminar para robarle una cucharada. Era la competencia del diario.

Suspiró y desvió la mirada. En el calendario que colgaba de la pared había una fecha marcada con un círculo rojo y un pastel dibujado con una velita. Con eso cayó en cuenta de que el cumpleaños de su hijo sería en un par de días, por lo que hizo la cuenta de la edad que cumpliría.

«Qué rápido. Diecisiete años ya».

Sonrió para sí misma y las piezas comenzaron a encajar. Su mocoso estaba en una edad problemática. ¿Sería alguna chica quien lo traería así? Aunque lucía tan decepcionado… ¿Lo habría rechazado? Bueno, con ese peinado, no lo dudaba, pero sabía de sobra que tenía un hijo fuerte y apuesto. ¿Qué clase de quisquillosa podría decirle que no a un muchacho como él?


—¿Sucede algo, hermano? —interrumpió Okuyasu—. Has estado suspirando un montón estos últimos días.

Se encontraban comiendo donde Tonio, celebrando al cumpleañero en cuestión, aunque éste se mostraba un poco más apagado que de costumbre.

—Estás raro. Dile, Koichi.

—Hm —asintió—, también me había dado cuenta, pero creí que pasaría pronto. ¿Sucede algo, Josuke?

—¿Ah? —al escuchar aquello se vió obligado a salir de su trance—. ¡Ah! N-No es lo que creen —negó con el rostro y las manos—. Es sólo que mi madre me compró un juego nuevo para la consola y me he estado desvelando mucho por culpa de ello.

—Oh, ya veo —dijo Okuyasu—. Ahora me siento algo tonto por haberme preocupado.

Josuke rió en respuesta, pero Koichi tan sólo lo miró con cierta sospecha.

—Ah, ese Tonio sí que tarda con el postre. Creo que iré al baño.

Okuyasu se levantó de la mesa, dejando a los otros dos solos. Momento perfecto para que Koichi hiciera la jugada que le resolvería ciertas dudas.

—Rohan-sensei volverá.

—¡¿De verdad?! —preguntó Josuke, tan emocionado que casi se levantaba de un brinco.

Koichi levantó una ceja de incredulidad y su boca se entreabrió por la sorpresa. A no ser que Rohan hubiese prometido traer algo para Josuke, a éste le brillaban los ojos como si su cielo gris se hubiera despejado.

Ahora sí estaba seguro. Algo muy raro se traían esos dos, no sólo lo supo por la reacción de Josuke, sino por algo que había notado también en Rohan hacía algunos ayeres.

Josuke se aclaró la garganta y centró su atención en una mesa cualquiera. Quizá su reacción había sido demasiado, la expresión de Koichi se lo indicaba.

—A-Ah, quiero decir… Ok.

—¿Hm? —se cruzó de brazos, sin creer la falsa calma que aparentaba su compañero, aunque, eso sí, lucía más feliz ahora.

—¿Qué? Morioh no es lo mismo sin toda esa gente loca y rara que lo habita.

—Cierto.

—Y… —quería que le contara más, pero sin verse tan obvio.

—¿Y…? —sonrió para sus adentros.

—¿Te dijo cuándo iba a volver?

—¡Lo sabía!

Josuke tenía una mirada confundida, aunque también intuía algo peligroso.

—Ustedes dos se traen algo.

—¡¿Hah?! ¿Quiénes? ¿Rohan y yo? —sacó la lengua, como si pronunciar aquel nombre le produjera un mal sabor de boca—. ¡Bah! Para nada

—Vamos, Josuke. Podrás engañar a Okuyasu, pero algo extraño está pasando. Es decir, mírate. ¿Tú? ¿Emocionado por saber cuándo vuelve? ¿Es en serio?

«¡Oh, no!» Había sido descubierto.

—Yo no estoy…

—Incluso Rohan-sensei estaba igual de raro que tú.

Ah, caray. Eso sí le interesaba.

—En fin —se encogió de hombros—, es bueno saber que entre ustedes dos no pasa nada, así que supongo que tampoco quieres saber él. Perdón por interrumpir tu cumpleaños con tan pésima noticia.

—¡Pero qué dices, Koichi! —soltó una risa forzada—. ¿No me vas a contar lo demás? ¿Acaso piensas dejar al cumpleañero con la duda?

—Oh, ¿ahora te interesan los chismes?

—No, no, no. Nada de eso.

—¿Entonces por qué querrías saberlo?

—Eso… Eso… Pues porque… —¡Mierda! ¿Qué se supone que debía decir ahora?

—¿Me vas a contar lo que está pasando? —inquirió, levantando una ceja, incrédulo ante los pretextos de quien tenía enfrente.

Josuke se tensó de hombros. ¿Cómo podría? E-Es decir, no quería que Koichi pensara que, bueno… Era difícil de explicar. No todos los días puedes decir que un "conocido" hizo que te enamoraras de él haciendo uso de su Stand y que, además, eres una maraña de emociones por dentro. Sin embargo, esta era su oportunidad. Si volvía Okuyasu todo se volvería aún más engorroso.

—Ah, maldición —se sobó el puente de la nariz, algo consternado—. Está bien. Te lo diré —dijo resignado; acto seguido, levantó un dedo en acción de enseñanza—, pero será mañana y no puedes decirle ni una palabra a nadie. Ni siquiera a Okuyasu.

—¿Uh?

—Promételo, Koichi.

—Hn. Lo prometo —¿Algo podía ser tan malo como para que Josuke no quisiera decírselo a su mejor amigo? Bueno, así como era él, seguro no quería preocuparlo con asuntos innecesarios.

—¿Entonces? —preguntó Josuke, ávido, poniendo las manos sobre la mesa—. Lo de Rohan-sensei, Koichi, Rohan-sensei.

—Ah, sí —dejaría sus sospechas para después de que Josuke le explicara todo, de momento, cumpliría con su parte—. Regresa este lunes.

«Perfecto. En dos días».

—También mencionaste que estaba raro. ¿A qué te referías con eso?

—Pues, verás —cruzó los brazos y elevó el rostro, como si estuviera observando sus recuerdos en una nube de pensamiento—, antes de irse me llamó para que le ayudara a mandar un fax con su manuscrito mientras hacía maletas.

» En todo el rato no dejó de decir: el patán de Josuke esto, el patán de Josuke lo otro, el patán de Josuke aquello… Eso me hizo recordar que el día que enfermó tú estabas allí (me abriste la puerta, ¿recuerdas?). Así que le pregunté si se habían peleado últimamente y no dijo nada más. Como que se molestó, o algo así, hizo una cara extraña y luego dejó de hablar. Eso me dejó con varias dudas.

» No soy quién para meterme en sus vidas ni mucho menos, pero sí es raro ver a mis dos amigos de esa forma. ¿No habrás intentado estafarlo de nuevo, cierto?

—Para nada, para nada.

A lo lejos, pudieron ver como se acercaba Okuyasu por un lado y Tonio por el otro.

—Más te vale no olvidar tu promesa.

—No te preocupes, no pasará, Koichi.

—¿Me perdí de algo? —agregó Okuyasu, tomando asiento.

—Lamento la espera —dijo Tonio, con su distintivo acento—. El postre para el ragazzo di compleanno*: ¡Tiramisú!


Al día siguiente, Josuke le narró a su compañero lo acontecido durante esas últimas semanas, y pese al temor latente a que le dejara de hablar por haber hecho lo que hizo con alguien de su mismo sexo, no omitió detalles, ni lo que aquello le hacía padecer. Por suerte, al percibir la calma y comprensión de Koichi, hizo que dejara de sentirse tan incómodo y alterado.

—¿Y qué harías si resulta que Rohan-sensei no te escribió lo que piensas?

—¿Uh? ¿A qué te refieres?

—Ya sabes, en cuanto terminó de usar Heaven's Door sentiste un repentino impulso por besarlo y eso hiciste. ¿Luego de eso, qué? ¿No crees que hubieras tenido otra clase de comportamiento?

—Hmm —colocó las palmas sobre el suelo para sostener el peso de su cuerpo y se quedó mirando al techo.

—Además, es sólo una suposición, pero me da la impresión de que le ocurre lo mismo que a ti.

—¿Hah? —eso sí que no se lo creía, pero Koichi no era nada tonto, algo tenía que saber—. ¿En qué te basas para decir eso?

—Bueno, Rohan-sensei utiliza sus experiencias para dibujar su manga, ¿recuerdas?

—¿Y pasó algo en su manga de Pinky Boy?

—Pink Dark Boy —corrigió.

—Bueno, eso.

—No. Bueno, no en ese…

Desconocía sobre los trabajos de Rohan, así que no sabía cuántas historias tenía, a decir verdad.

—¿Recuerdas que te dije que me pidió mandar un fax mientras empacaba?

Asintió.

—Era el manga yaoi.

Ambos estaban al tanto del asunto del concurso, así que Josuke escuchó con interés.

—Al inicio no le presté atención, es decir, no es mi género, pero como fan suyo que soy, no me pude resistir del todo y lo leí por curiosidad. Hm… No sé cómo decirlo, pero creo que plasmó su punto vista sobre lo que está ocurriendo ahora.

» La trama va de un oficinista normal y corriente que termina topándose con un mafioso que le da un vuelco total a su pacífica vida, y la historia está narrada desde el punto de vista del oficinista. También hay un beso accidentado, y aunque al protagonista le parece desagradable al inicio, después va teniendo sentimientos por el otro chico. ¿No te suena de algo?

Josuke soltó un grito de frustración y se recostó en su lugar.

Koichi estaba preocupado, claro, pero no era ninguna clase de experto en ese tipo de temas. Poco podía hacer más que hablar con él.

—¿No crees que...? —tomó algo de aire, estando un tanto dubitativo sobre lo que iba a decir—. ¿No crees que en verdad te gusta Rohan-sensei?!

—¡¿Qué?! —se levantó de golpe, casi pálido por el comentario—. ¡No, no, no! ¡Ni hablar!

—Dicen que el primer paso es la negación.

—¡B-Bueno...! —habían acordado hablar sin rodeos y Josuke era un pésimo mentiroso, por lo que no tuvo más opción que hablar con la sinceridad que su autoestima le confería—. En todo caso, yo intento hacer las cosas bien. Quien se niega es él.

«Vaya, sí que lo aceptó rápido» se dijo Koichi para sus adentros.

—¿No te lo dije? Incluso después de lo de Highway Star creí que las cosas entre nosotros sólo habían tenido un mal inicio, pero rechazó mis buenas intenciones —y era la única persona en quejarse de haber sido sanado gratis por Crazy Diamond (dos veces)—. ¿Además, qué ganaré yo si lo busco y le cuento cómo me siento, eh? Es arrogante, es frustrante, es molesto… Si ve que estoy desesperado, se hará incluso más difícil porque tiene unos gustos enfermos de ver cómo la gente le ruega y se desespera.

—Entonces debes hacer que quien se confiese y sienta frustración primero sea él.

—Eso no… —una especie de rayo de esperanza le iluminó el subconsciente al escuchar aquello—. ¡Tienes razón! Debo hacer que quien exponga sus sentimientos sea él, no yo.


—¡Kishibe Rohan!

Por primera vez, o eso creía, Josuke dejó aflorar su delincuente interior y se metió a la casa del mangaka rompiendo una de las ventanas de su área de trabajo, eso sí, teniendo cuidado de no cortarse y reparando el vidrio de la ventana apenas ingresar.

Rohan sufrió un microinfarto que de seguro le arrebató cinco años de vida y no dudó en sacar su Stand para defenderse.

—¡Quiero que uses Heaven's Door conmigo! —portando una gran determinación en la mirada, se colocó una mano sobre el pecho.

A Rohan le habría encantado hacerle la vida imposible con su Stand, pero ni siquiera activó su habilidad; en primer lugar, porque le parecía extraña una petición así y, en segundo, porque no le iba a dar gusto a ese patán en nada.

—¿Hah? —se colocó una mano en la cadera y levantó el rostro para darse aires de superioridad, ignorando que el otro era más alto y que no surtía el mismo efecto—. ¿Por qué debería? ¿Qué gano yo con eso? Es más, ¡¿por qué te metiste a mi casa por la ventana?!

—No, no, muy mal. No es "la ventana", a partir de ahora se llamará "la puerta de Josuke".

«¿Pero qué carajo…?» Rohan puso los ojos en blanco. Seguro quería tocarle los nervios.

—Quiero que borres lo que escribiste el día que me besaste.

—¡¿Qué?! —sí, se alteró, pero casi al instante retomó la compostura—. Momento, aquí el que me besó fuiste tú…

—¿Y por culpa de quién?

—¡No es problema mío! —ignoró lo que escuchó—. Si tanto te molesta, aprende a vivir con ello, ve a terapia o qué sé yo. Ahora shoo, shoo —movió las manos como quien busca espantar a un animalito.

Josuke rió por lo bajo y habló como si hubiera hecho el descubrimiento del siglo.

—Lo sé todo.

Aunque Rohan no tenía ni la más remota idea de lo que podría saber ese cabeza hueca, algo en su interior le decía que era peligroso seguir escuchando.

—No me int…

—Has estado perdidamente enamorado de mí todo este tiempo, ¿no es verdad?

La declaración lo dejó helado. Eso sí era el colmo. No obstante, antes de que pudiera hablar, Josuke continuó con lo suyo.

—Aquel día orquestaste un plan muy cruel para escribir un «Me enamoraré de Rohan Kishibe» y que con eso comenzara a perseguirte. Es decir, lo del manga yaoi fue una vil excusa.

Rohan no pudo pronunciar palabra alguna, pero cuando logró reaccionar, se soltó a reír como nunca había hecho desde que vivía en Morioh.

Josuke sintió un escalofrío, pero no podía dejarse vencer. Apenas comenzaba, y ese día obtendría todas las respuestas que había ido a buscar.

—Dios mío, Higashikata Josuke, ¿acaso comiste algo raro hoy? ¿O la escuela terminó de freír lo poco que quedaba de tu cerebro? Eso es lo más ridículo que… —sus palabras fueron calladas al ser tomado por la cintura, quedando su rostro a pocos centímetros del ajeno.

—Di lo que quieras —su voz salió un tanto más grave a lo habitual—, pero ambos sabemos que es cierto.

Aunque se negó a aceptarlo, el corazón de Rohan palpitó de manera apresurada en respuesta y no le quedó de otra más que activar la habilidad de Heaven's Door para mostrarle a Josuke, frente al espejo, que lo que había escrito aquella vez había sido:

«Besaré a Rohan Kishibe».

—¿Te lo dije ese mismo día, no? —agregó, irritado en cierta medida, mientras disipaba su Stand—. Necesitaba una experiencia para el manga que estaba dibujando y la obtuve —suspiró—. Mira, no quiero que vayas soltando por ahí que fui un aprovechado y todas esas cosas que los mentirosos y embusteros suelen decir. Tal vez debí agradecer por tu colaboración, así que, ¿cuánto quieres? ¿Cien mil yenes? ¿Dos millones?

Con eso le quedaba más que claro que aún no superaba lo de los dados.

—Habla de una buena vez, que entre más rápido terminemos, más pronto me dejarás en paz. Tengo un capítulo que entregar para esta semana y no quiero perder mi valioso tiempo contigo.

Triste, pero cierto. A Josuke se le habían terminado las ideas, así que apretó los puños y tomó valor para preguntar.

—¿Yo te gusto?

—Eso quisieras —elaboró una mueca de disgusto—. Cuando llegaste a jugar chinchirorin te lo dije, ¿recuerdas? Mis sentimientos no han cambiado desde entonces —cruzó los brazos a modo de poner punto final a la discusión.

—Entiendo… —agregó, cabizbajo, pero justo en ese instante cierto brillo se hizo presente en sus ojos y miró a Rohan con una sonrisa de satisfacción—. Entonces, eso significa que desde el inicio me quisiste, ¿verdad? —colocó una mano sobre sus labios para intentar contener la risa.

—¡¿Qué?! —admitió para sus adentros que esa jugada había sido ingeniosa—. ¡Eso no…!

—Vaya, vaya, pero qué poco honesto eres.

—¡¿Y tú qué sabrás de…?!

—¡Inclusive tuviste el descaro de decirme que te la jalaste pensando en mí cuando estabas borracho!

Lleno de la más inmunda rabia, los hombros de Rohan se contrajeron, justo ahora en verdad quería borrarle esa estúpida sonrisa a golpes. Apretó los dientes y caminó a paso forzado hacia él.

—Lo diré una vez más, y espero que ahora quede claro —contuvo su cólera para evitar una pelea—. No hay motivo alguno para que yo, el gran Rohan Kishibe, busque estar en una relación con un mentiroso, incrédulo, tramposo y…

Antes de enunciar algo más, la espalda de Josuke chocó de forma brusca contra el librero, ya que, en cada adjetivo despectivo, Rohan le picaba el pecho con el índice, y como reflejo tendía a retroceder un paso. Sin embargo, ese golpe repentino contra el mueble no habría sido razón suficiente para silenciar a Rohan, lo que logró ese efecto, fue el hecho de que una de sus libretas de bocetos salió de su lugar, pues estaba mal colocada. El lomo impactó de canto al suelo y se abrió justo por la mitad.

Josuke miró de reojo, más se sorprendió al ver lo que había ahí, por lo que se agachó para recogerla.

—¡No toques eso! —fue Rohan más rápido en reaccionar, levantando la libreta y cerrándola en el proceso.

—¿Acaso tú…?

—¡No!

—Eso era…

—¡No era nada!

—¡Son dibujos míos!

—¡Alucinas!

—¡Dame eso!

—¡Ni lo sueñes! —esa frase fue el fin para el duelo de gritos histéricos.

Josuke estaba seguro de lo que vio. A detalle, había varios dibujos bien detallados de su rostro, de su cuerpo, de sus expresiones.

Esa libreta correspondía a lo que Rohan estuvo dibujando todo el día después de que se besaran, pero como no podía tirar ningún dibujo suyo a la basura (vamos, eran perfectos, todo lo que hacían sus manos era arte puro), decidió ocultarlo en el librero. Nunca esperó que sus ingratos muebles lo traicionaran así.

Justo ahora, ambos parecían dos niños peleándose por un juguete. Si Rohan levantaba la libreta, Josuke estiraba el brazo sin dificultad, pues era más alto; no obstante, el problema yacía en los rápidos reflejos de Rohan; no sería el más fuerte, pero sí el más veloz, por lo que no tardaba en pasar el cuaderno de arriba a abajo, de izquierda a derecha y por detrás de su espalda.

Llegó un punto en el que Josuke se desesperó.

—¡Crazy Diamond!

De inmediato, su Stand fue a la espalda de Rohan y lo inmovilizó, abrazando por completo su torso. Eso dejaba sus brazos fuera de combate y como para utilizar a Heaven's Door debía escribir, no tenía sentido invocarlo.

Josuke curvó sus labios en una ostentosa y ladina sonrisa de victoria, arrebatando la libreta sin pensarlo dos veces. Obviamente, no reparó en analizar cada página, cada dibujo, cada trazo. Allí estaba el tono exacto de sus ojos turquesas, de su piel; el detalle de cada cabello que formaba su fabuloso pompadour, inclusive se sorprendió al encontrar ilustraciones en las que Rohan lo llegó a imaginar con el cabello mojado o con ropa tanto ajustada como holgada, exponiendo su físico. Aunque el otro jamás lo hubiese visto de esa manera, sabía que su atención al detalle era en extremo antinatural; no poseía ropa tan holgada, pero conocía cómo era su cabello después de una ducha y así estaba plasmado.

Sin nada más que agregar, hizo que desapareciera su Stand, a lo que Rohan le quitó la libreta de las manos para regresarla al librero.

Con eso visto, ya no se tragaría el cuento de «no me gustas» que tanto se empeñaba Rohan en exhibir.

—¿Y te atreves a llamarme a mí mentiroso?

Rohan lo miró sobre el hombro, luego, le dirigió un gesto de desprecio y desvió la mirada, eso que los niños pequeños hacen cuando desean demostrar lo mucho que te ignoran.

«Qué infantil». Una gotita de sudor se deslizó por la sien de Josuke, pero al instante una sonrisa picarona curvó sus labios y comenzó a molestar.

—A Rohan le gusta Josuke, a Rohan le gusta Josuke —él también podía ser infantil si quería—, a Rohan le gusta Josuke…

—Ay, me sacas de quicio —dijo de dientes para adentro.

Entonces tomó al mocoso del brazo y lo jaló, haciendo que avanzara y que cerrara la boca a causa del desconcierto. Acto seguido, se colocó a su espalda con la intención de empujarlo, descubriendo lo difícil que era moverlo.

—Te acusaré con tu madre como no salgas de mi casa en este instante.

No sabía con certeza si Rohan lo notaba, pero Josuke estalló a carcajadas al no poder soportar lo estúpidos que debían verse en esos momentos. Vamos, que la edad mental de ambos retrocedió cerca quince años en los últimos comentarios.

Rohan tenía el ceño contraído y una ceja comenzó a temblarle por el enojo, por lo que se cruzó de brazos, sin ver el porqué de tanta risa.

Luego de haberse tranquilizado, Josuke habló con tranquilidad sin mostrar lo lento que moría por dentro, y determinado a no salir de allí sin una respuesta.

—Quiero que me respondas sólo una cosa —quedó a una distancia prudente y habló sin una gota de vacilación—, si en verdad odias todo esto tanto como lo demuestras y dices, ¿por qué has hecho todo eso?

Rohan chasqueó la lengua, fastidiado y le dio la espalda el muchacho. ¿Cómo que "porqué"? Pues porque le había contagiado su pendejez, su inmadurez y su necesidad de él.

Nunca, en las veintiún primaveras que llevaba sobre la faz de la Tierra, había tenido un solo remordimiento; nunca se había preocupado por alguien más, nunca le había pesado herir los sentimientos ajenos, nunca le había tomado importancia a otra persona que no fuera a él mismo. ¿Y qué pasó? Que se largó a Brasil para disfrutar de una experiencia nueva, despejar la mente, tomar referencias para su trabajo, por supuesto; y asfixiarse en la desesperación, camuflada como habitación de hotel, al abrir cada día los ojos y tener, en primera instancia, ese pensamiento imbécil sobre si el delincuente juvenil con peinado ridículo lo estaría buscando en su casa.

En ese instante le invadió la rabia, la pena, el delirio. Nadie sabía mejor que él mismo lo que estaba pasando y aceptarlo había sido su mayor perdición.

—¡¿A qué demonios estás jugando, Kishibe Rohan?! —con esa pregunta, giró al mencionado y lo tomó por el cuello de la ropa, obligándole a hacer contacto visual.

Rohan percibió los ojos de una fiera, brillantes, encendidos y afilados; también notó una dentadura a punto de morder, capaz de desgarrar su cuello para extraer hasta la última gota de sangre.

Por su lado, Josuke tenía enfrente una mirada vacía, como de muerto, y no sabía si interpretar aquello como la ausencia de la consciencia del brillante mangaka o como el desprecio más grande dirigido hacia su persona.

Sin embargo, choque de voluntades apenas duró un santiamén. Un ruido agudo y bien sonoro hizo que Josuke abriera los ojos en sorpresa y fijara la vista en otro objeto.

Había recibido una limpia bofetada.

—No me vuelvas a hablar así. Recuerda que soy mayor que tú.

El muchacho apretó los puños, luchando contra sus instintos para no soltarle un golpe al otro.

—¿Y por qué carajo debería importarme?

Rohan bufó.

—¡Porque ese es el puto problema aquí! —explotó, viéndose incapaz de continuar con aquel teatro.

«¿Eh?» Como si cortaran la mecha de una bomba encendida para que no estallara, unas tijeras imaginarias separaron la ira de Josuke de su cordura.

—¿Quieres decir qué…? —se señaló a sí mismo con incredulidad—. ¿No te gusto porque soy menor?

Rohan suspiró con cansancio. Pareciera ser que ese cabeza de chorlito no captaría nada a no ser que se lo dijera.

—Es más como que no puedo salir contigo porque no tienes edad suficiente —tenía sus propios principios a seguir. O sea, parece ridículo que alguien como Rohan tenga reglas morales, pero sí, se había propuesto algunas.

—¿Eh? —repasó esas palabras en lo más profundo de su cerebro antes de seguir—. ¡¿Eh?! ¡¿Por qué?! —más que gritar por enojo, se hallaba muy confundido.

Rohan comenzó a impacientarse, así que se masajeó las sienes intentando retomar los despojos que restaban de su paz interior. Le estresaba lidiar con ese patán y también tenía trabajo por hacer, así que haría un esfuerzo sobrehumano para terminar con todo ese embrollo.

—Si te lo digo, ¿te irás de una buena vez?

—¡Sí!

—Júralo —como que no le creía.

—¡Lo juro!

—Más te vale —lo señaló con el índice—. Yo, el gran Kishibe Rohan —colocó ambas manos sobre su pecho—, soy alguien que ni de chiste haría las cosas a medias —tan exasperado se hallaba, que se forzó a explicar con mímica y de forma exagerada—. ¿Me gusta Sailor Moon? Pues me compro las figuritas de todas las Sailors —señaló una parte del estante que las contenía—. ¿Me gusta Rurouni Kenshin? ¡Pues me compro toda la colección! —señaló otra sección con dichos mangas.

«Omitir resumen, por favor» pensó Josuke, asintiendo, sin atreverse a interrumpir.

—¿Qué va a suceder si mi magnánima y excelente persona decide salir con alguien?

—¿Vas a… ir en serio?

—Muy en serio. Supongamos, escucha bien, supongamos que llegamos a ese punto de las citas, las tomadas de mano, los besos; ¿Qué viene después?

—¿Conocer a la familia?

—¿Y es que apenas besas a alguien ya te vas a casar? ¡Antes de eso!

—Se… Ha… —sonrojado, desvió la mirada—… Hacer el a…

En un movimiento rápido y casi feroz, Rohan le tomó de las mejillas con una mano, evitando que completara la frase.

—Deja las cursilerías de lado. Las cosas como son: ¡Sexo!

Josuke se soltó del agarre para rebatir.

—¡Mucha gente se casa antes de tener sexo!

«Y como vienes de una familia de santos, tu madre debe estar muy casada, ¿verdad?» Lo pensó, a sabiendas de la situación de Josuke, pero sólo por esta ocasión dejó que lo que saliera de sus labios fuera más sutil y menos sarcástico.

—Ah, por supuesto, y como el matrimonio gay es tan legal en Japón.

Rohan obtuvo un quejido en respuesta.

—Las cosas aquí se hacen a mi ritmo o no se hacen, y no voy a dejar que un mocoso me tenga en espera —de nueva cuenta, chasqueó la lengua con fastidio—. Qué humillante —susurró.

Josuke apretó los dientes. En verdad odiaba que lo tratara como a un niño.

—Podríamos in…

—¿Intentarlo? —hizo uso de la palabra para callarlo—. Já. Qué lindo —dijo en tono de burla, pero casi al momento se tornó severo—. ¿Y es que no conoces el estupro o qué?

El silencio se hizo presente durante varios segundos antes de que el otro respondiera con algo de vergüenza.

—No, no sé qué es eso.

—¡Un delito! —aprovechó la cercanía con el librero para pasarle un diccionario y esperar a que buscara.

«El estupro es un delito sexual que se produce cuando una persona, generalmente mayor de edad, mantiene relaciones sexuales con una persona adolescente que consiente la relación. En muchos casos el delito exige que se haya aprovechado la inmadurez de la víctima».

Josuke cerró el libro, casi indignado, y lo devolvió a su lugar. Sentía la garganta seca y no sabía qué responder a todo eso, por no mencionar lo exacerbado que veía a Rohan.

—Parece que ya lo has entendido. Ahora espero que cumplas tu palabra y te retires de inmediato.

Sin dirigir una sola mirada, se encaminó hacia el escritorio, tomando algunas hojas blancas en el proceso. Antes de acercar la silla para tomar asiento, notó como, por la espalda, unos brazos le rodearon a la altura del pecho.

Además de sentirse inmóvil, percibió fuerza y calidez. Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando notó a Josuke hundir el rostro en el espacio que se formaba entre su cuello y su hombro.

Estuvo a punto de reclamar, pero la voz de Josuke llegó más rápido a sus oídos.

—En unos años —habló con sinceridad—, si veo que estás con otro o con otra, juro dejarte en paz; pero —tragó saliva, sintiendo el corazón en la garganta—, si aún no tienes a nadie que te acompañe, cuando menos, prométeme que no me recibirás con una cachetada.

—A diferencia de otros, yo sí sé cumplir mi palabra —respondió, estoico—. Así que no te voy a prometer nada, no a ti, Higashikata Josuke.


Notas del capítulo

*ragazzo di compleanno: chico del cumpleaños.


Ahhh, tardé en actualizar porque volví a la universidad. Una disculpa ;;;

Ya sé que esto parece terminar sad, pero juro que tendrá happy ending. Es sólo que Rohan no da el brazo a torcer; no afloja. (?)

En el siguiente capítulo va a quedar todo explicado y les prometo que será algo que valdrá totalmente la espera. :D Lo estaré publicando la siguiente semana.