CAPÍTULO V
—Deja esa caja aquí y la que está en la sala la pones junto al escritorio.
—¡Ok!
En lo que Josuke y sus músculos se encargaban de subir y bajar paquetes, Rohan acomodaba su contenido. No era mucho, en realidad, sólo demasiados artículos de papelería y un juego de computador e impresora que acababa de salir al mercado hacía algunos días.
Transcurridos largos minutos de trabajo no remunerado, Josuke se dirigió al estudio, adivinando que ahí se encontraría la víctima de sus peores ocurrencias. No dudó en acercarse a él por la espalda, rodeándole la cintura con los brazos por mero capricho. No obstante, antes de siquiera poder tocar la piel expuesta de su abdomen, recibió un pellizco en el dorso de la mano.
—¡Hey!
—¿Ya viste cómo tienes las manos? —agregó Rohan, dando un sorbo despreocupado a su té helado.
Josuke se observó las palmas. Después de todo lo que había hecho, claro que las tenía sucias, pero no era para tanto.
—En tu caso sería imposible, pero mínimo intenta no ser tan descarado. Ve a lavarte.
Respondió con un «sí» alargado y perezoso mientras caminaba en dirección al baño. Otro intento de ser romántico había sido frustrado de manera olímpica por Rohan Kishibe y su oportuna meticulosidad.
Sonó el timbre de la casa, Rohan miró a través de las persianas para asegurarse de que no se tratara de algún molesto fan. Al comprobar aquello, bajó a abrir. Josuke esperó a que se retirara del cuarto para salir de su escondite. Buscó el té con la mirada y se lo bebió en cuanto lo alcanzó. En realidad, sólo quería los hielos, los cuales tomó con las manos y regresó al lavabo para no escurrir mientras dejaba que se derritieran entre sus dedos.
Rohan se limitó a negar con la cabeza al volver y observar vacío el vaso. No discutiría por eso, nada más porque tenía bebida de sobra en el refrigerador.
—Escucha, mocoso —agregó, recargándose en la pared contigua al resquicio de la puerta—, pedí algo para comer, así que puedes bajar al comedor en cuanto termines.
Los hielos casi se habían terminado de derretir, por lo que Josuke los soltó y sacudió las manos, saliendo al instante.
—Vaya, y yo pensando que tu definición de consideración era hacerme trabajar sin paga —dijo, bromista y con la sonrisa cálida que le caracterizaba.
Rohan se hacía más o menos una idea de lo que le esperaba, por lo que levantó el rostro en cuanto vio al otro acercarse. No le sorprendió en absoluto ser tomado por la cintura, pero entreabrió la boca, tomando una súbita bocanada de aire, y tembló como reflejo al sentir lo jodidamente heladas que estaban esas condenadas manos.
Por inercia, agarró las muñecas de Josuke y ejerció presión. El muchacho tenía esa sonrisa victoriosa cargada con toques de malicia, que desde hacía un par de meses le hacía hervir la sangre.
—Te doy diez segundos para que me supliques una muerte rápida —expresó entre dientes, retándolo.
—Qué agresivo, y yo intentando ser una buena persona. Con el calor que hace afuera, pensé que algo así te refrescaría —ahora era más que obvia la travesura que planeó, pues esa casa se había equipado con el aire acondicionado necesario para mantener un clima que no diera paso al bochorno.
Suficiente verborrea. Josuke dirigió sus labios hacia el cuello ajeno, marcando el suave ritmo que le gustaba para probar esa piel. Rohan se resistió los primeros segundos, como siempre, pero poco podía hacer contra la fuerza de semejante animal; además, de las pocas veces que había intentado oponerse con todo su ser, siempre había terminado con marcas, lo cual, lo irritaba aún más.
—Ugh, qué asco —susurró—. Apestas a sudor.
Al fin, luego de varias horas, Rohan había descubierto una de las reacciones corporales inmediatas del esfuerzo físico. Merecía un aplauso.
—¿Y por culpa de quién terminé así?
—Pudiste negarte.
—¿O sea que me llamaste para que te ayudara con esto (me lo ordenaste, en realidad), porque querías que te rechazara? ¿Intentas comportarte como una niña para un nuevo manga o algo así?
Para evitar oír una respuesta brusca y ofensiva, tomó sus labios con los propios. Eso siempre funcionaba, por lo que no reparó en introducir su lengua para acariciar la ajena.
Oh, Josuke. Su despreciable Josuke. Rohan no sabía si sentirse agradecido y aliviado por el momento en el que el delincuente ese había agarrado tanta práctica para besar así de bien, o si debía comenzar a maldecirlo por hacer que se derritiera por dentro cada vez que sus alientos se encontraban. Sea cual fuere su decisión había tenido parte de la culpa, asumió de manera inconsciente el rol del compañero de práctica, pero siempre ignoraba ese dato para eximir la culpa de sus deslices.
—¿Sabes qué día es mañana? —tuvo que separarse de sus labios para preguntar, pero mientras esperaba respuesta, no dudó en besarle la mejilla, la mandíbula y seguir explorando.
«Por supuesto que lo sé» dijo para sus adentros. Era el cumpleaños de Higashikata.
—Lunes —respondió.
Josuke dejó escapar un leve bufido a modo de risa antes de continuar con lo suyo.
—Mañana cumpliré veinte.
—Si quieres convencerme para que te compre algo, estás perdiendo el tiempo.
Josuke dejó escapar un quejido gutural. Sí quería convencerlo, pero no para que le obsequiara algo.
Definir la relación que ambos tenían a esas alturas era un tema complejo. Punto número uno: una de las partes de la relación se llamaba Rohan Kishibe; eso correspondía a un noventa y cinco por ciento de los problemas, el resto eran minúsculos detalles. Punto número dos: no sabían hasta qué punto lo suyo se podía considerar una "relación"; Josuke había intentado aclararlo en algunas ocasiones, pero eso sólo terminaba con cierto mangaka furioso, que lo ignoraba por lapsos indefinidos. Punto número tres: aquello era raro y confuso, pero les funcionaba; Josuke estaba centrado en su meta de convertirse en el mejor oficial de policía en Morioh y su tiempo libre lo dividía entre salir con sus amigos, Koichi y Okuyasu, y mantenerse cerca de Rohan; a su vez, éste último continuaba con una rutina que había definido desde los dieciséis años, la cual, consistía en dibujar manga, tomar referencias del entorno y salir de viaje, si acaso había una ligera variación, ya que cierto muchacho impertinente osaba invadir su espacio personal un par de veces por semana; fue incómodo al inicio, pero ahora algo se sentía vacío sin su visita usual de los domingos.
La situación se había tornado fogosa, por lo que Josuke no lo pensó más y dejó una marca sobre aquella piel tan tersa; no lo había hecho antes, ya que estaba sobre amenaza, pero no pudo contenerse.
—¡Josuke! —pese a que le había gustado ese atrevido detalle, ya le había advertido lo que pasaría si lo marcaba, por lo que no estaba del todo contento.
—¿Recuerdas lo que me dijiste hace algunos años?
—¿Ah?
—Sé de sobra que no estás quedando con nadie, y yo soy mayor de edad, así que…
—Técnicamente —interrumpió—, eso no sucederá hasta mañana.
—Horas más, horas menos.
—¿No estarás pensando en…?
Rohan no pudo terminar la pregunta. Intentó atormentarlo con la diferencia de edad en el pasado, para que se diera por vencido de una vez por todas, aclarando que no sería paciente porque entre ellos no había nada. Debió saber que ese desgraciado sería más terco que una mula y tan persistente como sus mayores deseos. Así que dejó que lo soñara, que lo deseara y que lo anhelara, sin saber que caería presa de su propia trampa. Como resultado, tenía justo al frente los ojos de una fiera que no dudaría en devorarlo, de una bestia que deseaba marcarlo y tomar mucho más que su cuerpo.
«Debe ser una jodida broma». Logró convencerse. Es decir, conocía a Josuke. Era un idealista, un ingenuo, un iluso. Jamás flaquearía ante alguien así, y si se mostraba dominante y directo, en lugar de evasivo, lo tendría en la palma de sus manos, por lo que, de un momento a otro, creó una brecha entre ambos, ayudado de un brusco empujón.
—Bien. Si eso quieres, eso tendrás —portaba una mirada decisiva y no trastabilló con sus palabras.
Josuke parpadeó un par de veces, algo conmocionado y, joder, la transición de animal salvaje a salvaje idiota, había sido tan linda de analizar, que ganas no le faltaron para golpear su bello rostro. ¿En verdad se tomaba todo eso en serio? ¿O sólo quería darse aires de adulto?
—Dúchate —señaló la puerta de baño—, y en menos de quince minutos te quiero en mi habitación. Como me hagas esperar te sacaré a patadas por la ventana si hace falta.
Acto seguido, abandonó esas cuatro paredes cerrando con un portazo a sus espaldas.
«¿Ah?» Josuke quedó impávido durante minutos enteros, procurando analizar con detalle lo que acababa de ocurrir.
«¡Tiempo, tiempo, tiempo!». ¿O sea que Rohan al fin había cedido a sus provocaciones indirectas? Es decir, de alguna manera sentía que ir más allá haría que Rohan lo tomara como un igual, ¿y qué mejor que demostrarlo manteniendo relaciones sexuales? Pero de insinuarlo, a buscar sexo con él, ahora, en su habitación… ¡Eso estaba mucho más allá de sus intenciones! ¡Era un abismo de diferencia! Se supone que debía haber un bonito acuerdo de por medio… o mucha calentura, lo que pasara primero.
Casi palideció a causa del shock mental. Se sostuvo la cabeza con ambas manos y caminó hacia la puerta. Debía disculparse, debía buscar a Rohan y ser muy claro con él. Justo antes de girar la perilla, se congeló. Conociendo a ese bellísimo desquiciado, así le pidiera perdón de rodillas y le besara los pies (cosa que ni muerto haría), le estaría dando la excusa perfecta para no tomarlo en serio nunca jamás. No quería lanzar por la borda los años, el trabajo y el esfuerzo que le había costado llegar a ese punto.
Volteó a ver el reloj. Restaban once minutos. Sin embargo, no pudo evitar temblar a causa de la angustia. ¿En verdad estaba preparado para tener relaciones con Rohan? Bueno, sus hormonas se lo exigían a gritos, pero aún restaba esa profunda charla con la voz de su interior, la cual, pareciera haber tomado unas putas vacaciones, ya que no daba señales de vida.
Nueve minutos.
«¡Mierda!»
Como pudo, se sacó la ropa, se metió al cuarto de baño, y soportó largos y tortuosos minutos de pánico y gritos mentales mientras se limpiaba el sudor del cuerpo, de manera rápida, pero minuciosa.
Apremiado por las manecillas del reloj, secó el agua de su cuerpo. Se echó al cuello una toalla, con la que secaría su cabello más tarde, y se colocó los interiores y los pantalones, sufriendo un dolor tan desmesurado como el séptimo círculo del infierno, producto del impacto de su dedo meñique del pie contra un mueble.
Entró jadeando a la habitación de Rohan, envidiando, por primera vez en su vida, al Star Platinum de Jotaro, para detener el mundo a su alrededor. No obstante, ese maniático mangaka no se hallaba al alcance de su vista. Justo se cumplían los quince minutos de amenaza, pero nada. De cierto modo, eso le dio paso a que secara sus cabellos.
Tomó asiento al borde de la cama, inquieto, sin dejar de pasear sus ojos por aquí y por allá, buscando algo para centrar su atención. No podía pensar en nada, y, a la vez, pensaba en todo. ¿Qué debería decir? ¿Cómo debería actuar? ¿Necesitaba seducirlo? ¿Debía esperar a que el otro hiciera el primer movimiento? ¿Podía ir rápido? ¿Preferiría que fuese más lento? ¿Debería tocarlo de forma más íntima desde el comienzo?
Esas eran sólo algunas de las dudas que le carcomían por dentro.
Pasó media hora. Una hora. Hora y media. Dos horas. Y ni las luces de la razón de su suplicio.
Por otro lado, desde el momento en que Rohan había ingresado al baño, sus movimientos se tornaron casi mecánicos.
¿Qué demonios le acababa de decir al niñato ese?
¿En verdad tendría sexo con él?
¡¿Con Higashikata Josuke?!
«No, no. Tranquilo, Rohan. Tranquilo» pensó mientras se retiraba las manos del cabello, para evitar arrancarlo por la desesperación.
Tenía todo calculado de manera fría y a la perfección. Josuke se retractaría, no podría con el impacto emocional, y eso le daría la excusa perfecta para montarle un corto drama y sacarlo de una vez por todas de su casa y de su vida. Sin embargo, al pensar en eso último, su ceño se contrajo como si se hubiera molestado consigo mis… ¡No! Con Josuke. Definitivamente estaba molesto con Josuke. ¿Con quién más?
En fin, debía darse una ducha rápida, por lo que se retiró la ropa y abrió la regadera esperando breves instantes por el agua caliente. Bastaría con lavarse el cabello. ¿Qué pasaría si Josuke mostraba una resolución desconocida hasta el momento y en verdad lo llevaba a la cama?
Ante ese simple pensamiento, sus manos cesaron en el acto de enjuagar el shampoo. Tragó saliva con dificultad y miró al suelo, consternado. Si detestaba tanto a ese muchacho era porque nunca hacía lo que creía que haría; era tan impredecible que le hacía hervir la sangre. ¿Qué sucedería si ahora… si ahora…? Bueno, tener sexo no debería ser un problema, pero… ¡Carajo! ¡¿Quién iba a tomar a quién?!
Cerró la llave del agua y se encaminó hacia unas portezuelas de acero inoxidable, tras las cuales guardaba diversos productos de aseo personal. Rebuscó, sin desordenar, y tal y como había imaginado: ni un solo condón. No sabía qué tan positivo era, pero tenía lubricante; la fecha de caducidad se extendía por dos años más y aún restaba cerca de media botella; lo compró cuando hacía sus anotaciones sobre nuevas experiencias para cierto manga yaoi, y tuvo que experimentar mucho con su cuerpo, no le quedó de otra. Aunque, sin preservativos, tendría que estar muy ahogado en drogas para meter su pene en Josuke. Había ciertas cuestiones higiénicas a tomar en cuenta y por nada del mundo las pasaría por alto. Además, en aquel entonces también compró ciertos aditamentos plásticos, necesarios para efectuar un enema, y los tenía bien conservados en una cajita en ese mismo lugar; así que, si había una persona cien por ciento apta para ser el pasivo en una relación, era él mismo.
¡¿Qué?!
«¡No, no, no! ¡Por un demonio!» No se iba a poner en bandeja de oro para que un estúpido de tal calibre lo tomase a su antojo. Se trataba de su propio cuerpo: era calidad y garantía Kishibe. Sería un sacrilegio dejarse coger por un adolescente. No lo apreciaría de la manera debida.
No podría.
No lo haría.
Dubitativo, se mordió el labio inferior con poca fuerza y, aunque allí dentro había buena temperatura, no pudo evitar tomar sus propios brazos, como si tuviera frío. Su cerebro se la jugó y le hizo recordar las miradas furtivas que le reclamaba a Josuke, las atenciones que tenía para con él, como lo tocaba y lo besaba en cada ocasión por fugaz que resultara. Aunque no podía aceptarlo de forma consciente, sabía que, aparte de sí mismo, nadie cuidaría tan bien de su cuerpo como lo haría Josuke; sin mencionar que tenía el privilegio de que obedeciera casi todas sus órdenes sin rechistar demasiado.
Luego de minutos enteros de cavilación, quizá horas, tomó la caja entre sus manos y no perdió tiempo en maldecirse por lo que estaba a punto de hacer.
Lo primero que hizo Josuke al ver a Rohan salir del cuarto de baño, fue ponerse de pie en un acto casi militar, intentando disimular que no estuvo a nada de arrancarse el cabello por la desesperación.
—Rohan —susurró con asombro, pues sus ojos no daban crédito a lo que tenían justo al frente.
Era de las pocas y contadas veces que veía a Rohan sin su bandana en la cabeza, por lo que sintió un extraño impulso de revolverle el cabello; también vestía una bata elegante y oscura con detalles plateados, la cual, le llegaba hasta las rodillas contorneando su figura. Era delgado, sí, pero de cuerpo tonificado y eso le parecía muy atractivo. ¿Llevaría ropa interior? ¡No, no, no! ¡No era momento de pensar en ello! La sonrisa bobalicona que casi se termina de formar en su rostro, se borró con rapidez. Pasó saliva y se acercó al mangaka. ¡Dios! Qué bien olía. La esencia no era del todo masculina, en realidad se trataba de un aroma fresco, como a hierbabuena con un toque cítrico. Para coronar la escena, Rohan le dirigió una mirada altiva, arrogante, la de siempre, pero desde hacía algún tiempo que eso le parecía entre lindo y sexy.
Le observó colocar una botella en el buró, cerca de la cama; luego, se paró justo frente a él.
—Te advierto una cosa, Josuke. Si haces de esto una experiencia de lo más horrible, puedes olvidarte de seguir con tu ridículo juego de coqueteo —se dirigió con un tono áspero, como sabiendo que sucedería justo lo que decía—. ¿Entendido? —agregó, algo irritado, pues no recibió ningún tipo de comentario en respuesta.
Josuke asintió repetidas veces.
—¿Y bien? ¿Has tenido sexo antes?
Josuke negó con la cabeza.
Eso era más que obvio, pero quería asegurarse.
—¿Siquiera sabes cómo se hace con otro hombre?
Abrió la boca para responder, pero casi al instante la cerró y un tenue carmín coloreó sus mejillas, así que desvió la mirada y se encogió de hombros.
—¿A-Anal?
Rohan casi pone los ojos en blanco. Sabía que intentaba evadir la respuesta, y también sabía que, si llevaba todo eso hasta el final, sería su culpa por corromper la inocencia que le quedaba al muchacho, pero si sus deducciones no fallaban, Josuke no sería capaz de llegar hasta ese punto. Sin embargo, ahí radicaba el posible fallo; Josuke nunca hacía lo que suponía, le resultaba impredecible y por eso lo odiaba tanto; a causa de él se veía obligado a actuar de la peor forma posible, rompiendo todos sus esquemas, pisoteando su propia lógica y su moral.
—Escucha, Rohan.
Eso lo sacó de sus pensamientos, en especial porque el chico lo había tomado por los hombros.
—¡Lo siento! Yo...
El rostro de Rohan pareció iluminarse, y asombrarse en cierto modo.
—No creí que llegaríamos a esto tan rápido. La verdad, es que no sé cómo hacerlo.
¿O sea que su predicción había acertado? ¿En serio? ¿Por primera vez? ¿Con ese patán?
—Pero en verdad quiero acostarme contigo... aunque no me gusta cómo suena el decirlo de esa manera. En fin, esto, yo... Seguiré tus instrucciones.
Por fuera podría lucir estoico, pero por dentro había quedado atónito. En aquellos profundos ojos azules podía notar la sinceridad, la determinación y un pequeño brillo de algo que estaba por despertar. Cuanto más pasaba sin dar una respuesta, más veía ese determinado rostro ruborizarse, luchando por no apartar la mirada para dar más peso a sus palabras.
¡Momento! Presentía que Josuke no querría acostarse con él, pero ya sabía que haría una cosa distinta; justo ahora ocurría algo diferente, lo cual, había previsto; entonces, eso significaba que no tendrían sexo. ¿Cierto?
—Pero di algo, maldición —dijo, casi apretando los dientes. Con todo lo que había logrado no quería verse nervioso frente a Rohan, al menos, no en esa situación.
Eso ayudó a que Rohan saliera de su paradoja mental. La única opción que le restaba era seguir con su plan y rogar que funcionara.
—Bien —elaboró un círculo con el pulgar y el índice de su diestra, y lo atravesó con el índice de la mano derecha—. ¿Quién la va a meter?
Josuke quedó en shock y, joder, se quería reír de su patético rostro.
Con cierta fuerza, mandó al muchacho a la cama y se sentó a horcajadas sobre su abdomen, cuidando de que sus pieles no hicieran contacto y de que la bata no revelara nada de lo que había debajo.
—Escucha bien —añadió—: mi cuerpo, mis reglas.
A Josuke le costó captarlo a la primera. Estaba nervioso, así que, por primera vez en su vida, agradeció que Rohan fuera agresivo y tomara el control de la situación.
—Por lo tanto —continuó—, tú nunca vas a estar arriba. ¿Te quedó claro?
No supo si eso era una indicación o una amenaza, pues Rohan tenía el ceño fruncido, pero no era su típica expresión de hartazgo, así que se limitó a asentir de nuevo resistiendo las ganas de acariciarle, cuando menos, las piernas. Habían transcurrido un par de años desde que se había enamorado de él y tenerlo justo así, sobre su cuerpo, con tan poca ropa y oliendo increíble... ¡Dios! Por si fuera poco, allí estaba, conteniendo todo impulso animal para hacer como que entendía todo lo que le decía.
—Ok —se incorporó sobre su lugar, dejando a Rohan sentado sobre sus piernas—. Sigues arriba —señaló, al notar que el otro estaba a nada de replicar.
Entonces, pasó las manos por el cuello ajeno y las deslizó bajo la bata de baño para descubrir los hombros. Rohan soltó un respingo y desvió la mirada. Se sentía tan... invadido. ¡Y por el delincuente ese! Aunque, a la vez, también percibía lo sensibles y trémulas que podían ser esas manos algo ásperas.
Josuke más o menos supuso que Rohan no colaboraría del todo, es decir, se trataba de él. A decir verdad, aún con la cercanía, le producía vergüenza hacer cosas así. También le resultaba extraño, porque en otras ocasiones habría recibido una puñalada con cualquier objeto punzo cortante (para detenerlo en el proceso, claro). ¿Qué intentaba lograr Rohan con exactitud? No debía ser "darle gusto", porque eso carecía de lógica. Algo en todo eso resultaba surrealista. No obstante, llevó los labios hasta las clavículas opuestas y no dudó en dejar besos en un camino trazado hacia la oreja.
—Nada de marcas.
Josuke gruñó en respuesta y prosiguió a introducir las manos hacia la espalda baja.
No era la primera vez que sentía el agarre de Josuke, pero sí era la primera en que sentía el contacto de piel con piel. Quizá acostarse con él no fuese tan malo, pero tampoco aceptaría ser el desahogo sexual de alguien más. Estaría mucho mejor hacer eso en una situación más formal, pero...
«Mierda» Formalizar una relación con ese delincuente y recibir sentencia a cárcel eran casi el mismo asunto. ¿Qué ganaría al estar atado a esa pesadilla andante?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos al observar con detenimiento la peculiar marca en forma de estrella que Josuke tenía cerca del cuello. Había visualizado algo así de reojo en pocas ocasiones, pero ahora la podía incluso palpar.
Enredó los dedos en aquellos cabellos oscuros y humedecidos. El bastardo lucía bastante apuesto cuando tenía el cabello acomodado de cualquier otra manera que no fuera su ridículo tupé. Ya había aceptado que también poseía facciones afiladas y varoniles, por lo que llegó a usarlo como referencia en más de una ocasión. Por último: su cuerpo. ¿Cómo era posible que un chico de apenas veinte ya tuviera una figura tan detallada y trabajada?
Josuke era físicamente perfecto, y Rohan no podía despreciar el arte natural; sin embargo, esa personalidad tan nefasta que se cargaba era una tremenda jaqueca. ¿Qué pasó allí Mamá Naturaleza? ¿No que muy sabia?
Ese muchacho era una enorme contradicción. Era ridículo, increíble, funesto. Era todo lo que amaba y odiaba a la vez. Por eso quería detenerse. Por eso no quería seguir. Por eso no detestaba lo que estaba sucediendo.
Abrió los ojos en sorpresa y tomó por los hombros a su dichoso tormento, luego de sentir como éste le manoseaba los glúteos con descaro. Terminó por empujarlo de manera brusca contra la cama y, con su pecho subiendo y bajando a causa de la sorpresa, espetó:
—¿Qué rayos crees que estás haciendo?
—Ah… —respondió con un dudoso monosílabo, antes de bajar la mirada y proseguir—. Algo que, al parecer, te gustó.
—¿Pero qué...?
Rohan se vio interrumpido por la mano de Josuke, que señalaba algo en sí mismo. Por tal razón, apreció su propio cuerpo al bajar la vista. Tenía la bata abierta en su totalidad, exponiendo su desnudez, y a la erección que comenzaba a notarse entre sus piernas.
—Vaya. Incluso alguien como tú puede dar una buena vista.
—Por supuesto. Estás hablando del gran Ro… ¡¿Qué se supone que significa eso?! —no sabía si se había enrojecido tanto por la situación o si era de pura rabia. ¿Acaso eso había sido un cumplido?
Eso no se iba a quedar así, por lo que no reparó en tocar sobre la entrepierna de Josuke, descubriendo que se hallaba bastante duro.
—¡Roh...!
—¿Ah? —agregó, altanero—. ¿Pero qué tenemos aquí? —ni corto ni perezoso, se deshizo del cinturón y desabrochó los pantalones, pero fue tomado por una de las muñecas.
—Rohan.
—Igualdad de condiciones en la cama. ¡Nueva regla!
—¡¿Ah?!
No, eso no. No debía permitir que ese mangaka loco le sacara la ropa, que era lo único que mantenía apretado todo en su lugar, para que no se descontrolara demasiado.
Entonces, pasaron un rato forcejeando. Rohan perdió su única e inútil prenda, y ahora se encontraba exhausto, excitado por alguna extraña razón, pero había conseguido dejar desnudo a Josuke, quien ahora se cubría el rostro con ambas manos.
—¡¿Quieres dejar esa actitud tan matapasiones de una vez?! (Es un milagro que no se me haya bajado) —le arrojó su bóxer a la cabeza para rematar.
Josuke hizo fuerza en el abdomen para sentarse, cruzando las piernas y encaró a Rohan con lo que parecía ser una mezcla de indignación y molestia.
—¿Matapasiones, yo? Te recuerdo que eres el único que actúa como si esto fuera lo peor que le ocurre en la vida. ¡Eres imposible! —le apuntó con el índice, a sabiendas de que el otro odiaba ser señalado.
Rohan no tardó en tomar su dedo con una mano para doblarlo hacia arriba, pero Josuke jaló el brazo en el momento justo, para evitar que le rompiera un hueso, todo eso mientras hablaba, molesto.
—¡Lo único imposible aquí es tu verga!
Una vez más, Josuke quedó en shock.
—Es decir… —hizo una pequeña pausa para sentarse sobre las piernas de Josuke, sin embargo, en esta ocasión acercó su cuerpo lo suficiente para juntar y comparar el tamaño de sus miembros, tomándolos con una mano—, tú no eres japonés. Es más, ni siquiera eres asiático. ¿Sabes de dónde viene tu familia?
Pese a que ambos variaban en cuestión de centímetros, no de manera tan exagerada, pero sí notoria, lo más evidente del asunto era el grosor. Josuke estaba a otro nivel, uno que gritaba "soy extranjero".
—Yo… yo… ¡¿Yo qué sé?! —¿Por qué estaban hablando de eso justo ahora?—. S-Sé que el Señor Joestar es medio británico, medio americano, una cosa así, pero… —¿Por qué hablar del viejo ahora? ¡¿Por qué ese de todos los temas?! Rápido. Debía cambiar el rumbo de la conversación antes de que se arruinara su ánimo—. ¡Pero Jotaro también la tiene grande!
Rohan elaboró una mueca de disgusto que auguraba un "pongamos fin a esto, lárgate", así que Josuke no tardó en explicar de qué iba el asunto.
—Una vez fui a las aguas termales con mis amigos, por supuesto, invitamos a Jotaro y accedió a venir. Es natural querer comparar en esos momentos, sabes.
Sudaba frío y en verdad que no podía ver los penetrantes ojos verdes de Rohan justo ahora; muchas veces quiso tenerlo así de cerca en el pasado para admirar su color, pero ahora era lo último que necesitaba. Aparte, ¿por qué sólo con él le ocurrían esas cosas? Con el resto de sus amigos hasta hicieron bromas sucias al respecto, es decir, Okuyasu y Koichi sí eran japoneses, y el momento se prestaba para ello, pero esa era una historia en la que no quería pensar. Es más, por mero impulso tomó la mano de Rohan con la suya y, aprovechando que rodeaba ambos miembros, comenzó a ejercer un suave movimiento hacia arriba y abajo, buscando masturbarse.
—¿Qué rayos crees que estás haciendo con mi mano?
—Arreglo la incómoda situación en la que nos metiste.
—…
—De nada.
Los dos dejaron la mirada fija en el obsceno cuadro de placer mutuo y escasos minutos transcurrieron para que la sangre les subiera a la cabeza. Aunque de manera pausada y con suspiros entrecortados, la respiración de ambos adquirió ritmos distintos. Rohan supo que era momento de parar cuando de su miembro comenzó a salir liquido preseminal y Josuke dejó de lado la faena para tomar el pene de Rohan y acariciar el glande con el pulgar en movimientos circulares.
Quizá fue brusco, pero Rohan apartó la mano de Josuke. Sería patético que terminara por venirse en esos instantes, quedando a merced de ese delincuente.
Acostó a Josuke, subiendo a gatas sobre éste, y notó con total claridad como se le iban los ojos al chico en el acto de deleitarse con su cuerpo.
«Pervertido».
Sin mediar una sola palabra, tomó la botella de lubricante que había dejado cerca y dejó caer un buen chorro sobre el miembro ajeno.
—¡Gah! —se quejó—. ¡Está frío!
Rohan rodó los ojos.
—Como escuche otra protesta tuya, te voy a sacar de la casa y me importa un comino que estés en pelotas. ¿De acuerdo?
Lo único que escuchó como respuesta fue una especie de gruñido que no dejaba nada en claro.
Esparció el gel por el miembro opuesto, a sabiendas de que era innecesario; no obstante, aunque lo negara, quería tocarlo un poco más y hacer que sufriera al brindarle un vaivén tortuoso y pausado.
Luego, redirigió tres de sus dedos hacia el ano, logrando introducirlos con relativa facilidad y, así, comprobar que la preparación previa en el baño había resultado bien.
Se sentó a horcajadas sobre su delincuente por excelencia y, esta vez, no le riñó cuando lo sintió acariciarle con lascivia las piernas e, inclusive, apretarle el trasero.
Altivo, altanero, orgulloso y arrogante; sabía que era poco, pero esos adjetivos describían a la perfección a Rohan. Incluso desnudo, su postura desprendía altivez y eso no le quitaba lo erótico al asunto, todo lo contrario, lo prendía.
Rohan tomó el pene de Josuke y lo colocó entre sus glúteos, dudando sobre si debía hacerlo o no. Otra de las razones para detestarlo era esa: le hacía titubear (a veces).
—¿Crees que entre? —cuestionó sin malicia alguna, de hecho, le preocupaba lo que Rohan estaba a punto de hacer. También le excitaba, pero no quería forzarlo o presionarlo.
Una venita de molestia se hizo presente sobre una de las sienes de Rohan.
—Yo soy quien debería decir eso —con la última palabra, dio dos golpecitos con el puño cerrado sobre el pecho contrario.
Apoyado sobre las rodillas, levantó la cadera y colocó el pene de Josuke justo frente a su ano. Se había dilatado con propiedad, en teoría, no debía salir nada mal. Bajó la cadera, introduciendo la punta; acto seguido, sintió que sus piernas quedaban sin fuerza y sus glúteos chocaron contra la piel ajena; se había penetrado por completo en un movimiento brusco y rápido. Un gemido lastimero se ahogó en su garganta; no obstante, se cubrió la boca con una mano y cerró los ojos con fuerza.
—¡R-Rohan! ¿Te encuentras bi...? —el nombrado calló sus palabras con un simple movimiento de mano.
Algo inenarrable nació en el interior de Josuke, quería seguir con eso, mover a Rohan e introducirse una y otra vez en su cuerpo como una fiera; después de todo, su interior estaba caliente y lo devoraba por completo. Por otro lado, una punzada de preocupación no dejaba de molestarlo; sí, había fantaseado un par de veces con ese momento, pero nunca quiso lastimar a Rohan en el proceso.
«Esto está mal».
Pero podía remediarlo.
—Crazy Diam...
—¡Detente ahí, Higashikata Josuke! —aún dolorido, tomó las muñecas contrarias y las presionó contra la cama.
Su respiración era profunda, sin llegar a ser agitada, parecía que le costara trabajo, pero intentaba mantener todo bajo control, incluso si su cuerpo presentaba ligeros temblores.
—Como uses tu Stand conmigo, haré que olvides todo esto con Heaven's Door.
Josuke frunció el entrecejo. Sabía cómo era Rohan, le permitía muchas cosas a esas alturas para no terminar en peleas ridículas, pero también le había dejado muy en claro que usaría sus habilidades cuando fuera necesario; no le importaba si le destrozaba ese estúpido orgullo en el proceso.
—Deja de decir idioteces. Dolió, ¿no? Si estás herido puedo...
—¡He dicho que no!
—¡Eres un terco! ¡Diamo...!
—¡Empeorará si lo haces!
Eso sí que lo detuvo, y posó la mirada en un agitado Rohan, exigiendo respuestas.
Lo primero que obtuvo fue un golpe en el pecho.
—Maldita sea —susurró, ¿por qué el idiota de Higashikata tenía que ser así? Le molestaba y no dudaba en expresarlo—. Escúchame bien, pedazo de animal, y grábate esto en la cabeza de arriba: pasé horas allí dentro —señaló el baño—, dilatando y lavando muy bien para que tuvieras donde meter esa cosa enorme que tienes entre las piernas —cada tanto le picaba uno de los pectorales con el dedo índice a modo de reclamo—. Si decides usar a tu Crazy Diamond de manera imprudente, regresarías al momento anterior a eso y lo que ocurriría será algo que tú no quieres ver y que yo, ni en joda, quiero experimentar, ¿entendiste?
Josuke parpadeó un par de veces, atónito. En poco tiempo, su rostro comenzó a adquirir un intenso color rojizo, y Rohan lo miró con curiosidad, más sosegado.
—Entonces tú... ¿Te preparaste para mí?
Rohan soltó una lacónica risa, produciendo una sensación extrañísima, semejante a una vibración, sobre el miembro de Josuke.
—¿No dejas de sentirte importante en ningún momento, verdad? —levantó una ceja, casi indignado—. ¿Tienes una idea de lo que pasaría en caso de hacer esto sin preparación? —no le dio tiempo para responder, y chasqueó la lengua en señal de hartazgo—. Parece que sigues siendo el mocoso de siempre. Ya he tenido suficiente —junto con esa oración, comenzó a levantarse, con la resolución de terminar ese ridículo acto.
—Oye, oye, oye —tras percibir aquellas intenciones, se acomodó sobre su lugar, quedando sentado para tomar a Rohan por la cintura y bajarlo de nuevo, arrancándole un quejido entrecortado y penoso.
Obtuvo una mirada de odio a cambio. Había utilizado más fuerza de la debida, ¡pero no había sido su culpa! Se encontraba demasiado excitado, apenas lúcido para seguir con la charla sin dejarse llevar por sus más bajos instintos. No podía dejar ir a ese excéntrico de mal genio, no ahora, no sin demostrarle lo que era capaz de hacer por él, y que quería volver de eso algo más pasional, más intenso y memorable. El único problema era esa personalidad que...
«Deja de arruinarlo».
Con lo bien que habían comenzado a salir las cosas.
—Maldita sea —luego de pronunciar eso, comenzó a besarle el cuello, suave y con deseo—. ¿Por qué tienes que ponerte así de difícil?
—¿Hah? —colocó las manos sobre los hombros opuestos, ya por costumbre tendía a apartarlo, aunque cada vez terminaba por emplear menos fuerza que en la ocasión anterior y, ahora, aquella acción apenas incluía presión sobre la piel.
—Podrías cooperar un poco más —pronunció, entre beso y beso—. Al menos mientras hacemos esto.
—Me rehúso.
—Eres imposible —protestó, pero no quiso escuchar nada más, así que procedió a juntar sus labios con los opuestos.
Esa sensación a la que se había vuelto adicto era su mayor perdición y sabía que también lo era para Rohan, así que rodeó su espalda baja con ambos brazos, subiendo uno en una caricia hacia el centro de sus omóplatos. Rohan, por su parte se abrazó del cuello de Josuke y dejó que los dedos de una mano se enredaran con suavidad en esos cabellos oscuros que, sin peinar, resultaban sedosos al tacto. Gracias a eso la temperatura subió de golpe y cuando fue momento de separarse, lo hicieron con lentitud, quedando a una distancia peligrosa, que les permitía mezclar sus alientos.
—Voy a moverte —anunció Josuke, invocando a Crazy Diamond a espaldas de Rohan.
Acto seguido, hizo que lo tomara de la base de los glúteos y él redirigió su agarre hacia esa cintura que lo incitaba a dejar marcas. Poco a poco, comenzó a levantar a su amante apenas unos centímetros, antes de bajarlo con cuidado, ejerciendo una ligera presión cuando quedaba en contacto con su pelvis.
Rohan no le reprochó el uso inadecuado de su Stand, pero sí le advirtió que no quería verlo o congelaría el ambiente. De vez en cuando se limitaba a soltar unos quejidos profundos, casi roncos, que se ahogaban en su garganta. Aquel acto dejó de doler tanto con el tiempo, en especial cuando Josuke le tomó el miembro con una mano y comenzó a masturbarlo como si fuera el propio. Ese desgraciado no dejaba escapar ninguna oportunidad, a lo que respondió mordiendo con suavidad el lóbulo de su oreja, una zona que, por prueba y error, descubrió que causaba que la piel de Josuke se erizara. Cuando escuchó un jadeo por parte del otro y percibió un ligero temblor, se detuvo, soltando una pequeña risa victoriosa que dejó entre dientes.
—Mierda... Rohan...
Lo único que el nombrado atinó a hacer fue buscar el lubricante con la mirada. Alcanzó la botella con una mano y se la pegó a Josuke en el pecho.
Podía llegar a ser despistado, luciendo inocente en ocasiones, pero aquello le hizo desaparecer su Stand y tomar el objeto. Acostó a Rohan en la cama y pudo notar su rostro confundido, cuando sostuvo una de sus piernas con la mano, dejándola sobre el hombro mientras abría la otra a modo de escuadra, apoyándola sobre las cobijas.
—¡Hey! ¿Qué crees que estás...? —reprochó, frunciendo el ceño, y quedando con la pregunta a medias, pues Josuke lo interrumpió.
—No me voy a quedar arriba —chasqueó la lengua, aún recordabas las reglas recién impuestas, aunque sí tenía la vaga esperanza de que Rohan lo dejara seguir así—, sólo será un momento.
Luego, destapó el lubricante y lo dejó caer sobre su miembro en un hilo no tan abundante ni tan fino, todo mientras penetraba a Rohan con parsimonia, intentando que sus urgencias no salieran a flote. Ansiaba ser más rudo, apresurar el movimiento de sus caderas e intentar hacer gemir a Rohan en el proceso. De hecho, ejerciendo fuerza podría lograrlo, pero corría el riesgo elevado de que su muy desgraciado mangaka le negara el hacerlo de nuevo. Además, también estaba el hecho de que a Rohan le había dolido y aunque ya no lo demostraba, sí podía notar una pizca de incomodidad en sus facciones. Apostaría lo que fuera a que le costaba mantener el ritmo de sus contracciones y que ese era el punto clave; cuando sentía a Rohan relajarse alrededor de su miembro, era cuando lo veía disfrutar un poco más, pero cuando se contraía, mordía su labio, se tensaba e, inclusive, le encajaba las uñas en la piel (suerte que las tenía muy cortas); en esos momentos hacía más lentos sus movimientos e intentaba apresurarlos cuando no apretaba tanto.
Al sentir que la zona que los unía estaba lo suficientemente húmeda, se detuvo, cerró el lubricante y lo dejó a un lado en la cama, por si volvía a ocuparlo.
—Aquí —se agachó lo suficiente, tomó un brazo de Rohan y lo pasó sobre su cuello, esperando a que se sostuviera.
—Sí, sí —respondió a regañadientes, porque aunque era para beneficio propio, le molestaba seguir las indicaciones de alguien más, en especial se trataba de Higashikata.
De nuevo, quedó sentado a horcajadas sobre las piernas del único maleante al que le permitía admirar su magnífico semblante.
Josuke le levantó el rostro con cierta cortesía y, casi como pidiendo permiso, logró unir sus labios otra vez. También percibió como le acariciaba las piernas, los costados y la espalda. Sabía que Josuke intentaba volver todo más íntimo, más pasional, más fogoso, y todo dentro de su inexperiencia. Le tentaba a pensar que eran efectos secundarios del deseo y la necesidad, porque había lujuria involucrada, pero desde hacía tiempo había adquirido esa inútil habilidad de percibir las intenciones de Josuke por la manera en que lo tocaba y las zonas en las que lo hacía. Gracias a eso sabía que no querría follárselo y ya, sino que buscaba hacerlo suyo por completo. Lo cual era inaudito, el increíble Rohan Kishibe no pertenecía a nadie y no lo haría jamás; si dejaba a Josuke hacer todo eso, era porque se trataba de un caso excepcional, de algo diferente y especial que jamás reconocería en voz alta. Sólo porque se trataba de él era que le permitiría repetir lo que estaba sucediendo las veces que fueran necesarias.
—Bien, aquí vamos.
—¿Hn?
Rohan se vio obligado a abrazarse de Josuke, cuando sintió cómo lo tomaba por los muslos para levantarse de la cama.
—¿Pero qué...? —al toparse con la mirada del patán número uno de Morioh, éste le sonreía como si hubiera ganado alguna clase de apuesta.
Josuke se ayudó de la pared para presionar a Rohan entre ésta y su cuerpo.
—Técnicamente, no estoy arriba de ti.
«Mierda». Ese par de palabras le bastaron para saber lo que estaba a punto de suceder.
Ahora sí se lo iban a follar.
—Dime si te lastima en algún momento.
Rohan hizo un sonido parecido a un "hmp" y desvió la mirada. Josuke aprovechó eso para besarle una mejilla.
—No prometo detenerme, pero sería bueno saberlo —bromeó, intentando relajar el ambiente.
Antes de cualquier cosa, se aseguró de tenerlo bien sujeto y, acto seguido, comenzó a moverse con mayor libertad.
—Ah, maldición —jadeó.
Ahora que podía incrementar el ritmo, sacar y meter su pene hasta la mitad, más o menos, la sensación del sexo era mucho más apremiante.
—Rohan...
El único que llenaba de sonidos la habitación era Josuke, sus jadeos y gruñidos cargados de éxtasis, electrizaban la habitación.
A medida que intensificaba sus movimientos, el placer de Rohan era mayor; sin embargo, cuidaba mucho no hacer ninguna clase de sonido vergonzoso. Justo en esos instantes, tras observar los firmes brazos de Josuke, Rohan se percató de lo mucho que ese chico había crecido en los últimos cuatro años. Es decir, sabía que era un hombre robusto con nada de cerebro, pero fue hasta ese momento que notó cada músculo del cuello, el pecho y los brazos, marcándose de manera exquisita bajo aquella piel que, aún cubierta de cicatrices, no dejaba de parecerle un hermoso lienzo. Le nació un impulso antinatural por dibujarlo; no por volverlo su musa, sino su David.
Sin embargo, de un momento a otro, la manera en que era penetrado por Josuke adquirió un matiz diferente y no pudo evitar gemir en el proceso. Acto seguido, le mordió el cuello con fuerza, haciendo que el chico se quejara como respuesta al dolor.
Lo único que Josuke atinó a hacer fue el retomar el ritmo de su vaivén, obteniendo como consecuencia a un Rohan cada vez más agitado, que le mordía y arañaba con ímpetu.
—¡Josuke! —no sonaba a gemido, sino a reclamo.
Ese pedazo de idiota.
—¡Hijo de la gran...!
Sus palabras se cortaban al recibir cada embestida.
—¡La que te parió... Higashikata!
A saber cómo lo había logrado, pero el desgraciado había encontrado su próstata y era tan jodidamente placentero que su cuerpo admitía un placer violento que no sabía cómo descargar.
—Carajo... —sus pulmones, siempre tan eficientes en sus funciones, parecían haber olvidado la manera correcta de respirar.
Lejos de ofenderse, Josuke se encontraba fascinado con esa faceta de Rohan. Casi le parecía gracioso que su vocabulario adquiriera nuevos matices. Se concentró en lo poco que Rohan dejaba ver de su rostro, pues lo escondía tras el dorso de una mano o se recargaba en su cuello. También lo mordía con fuerza y clavaba sus uñas en la piel más próxima. De alguna forma logró entender que eran muestras súbitas del goce que sentía su amante y lo aceptó como pago por el dolor que le hizo pasar cuando se sentó sobre su miembro (sin ser culpa suya).
Era inaudito. Rohan sabía que podría eyacular así, sin ninguna otra clase de contacto. Qué humillante. No iba a dejar que eso sucediera, por lo que cerró sus dedos entorno a su erección y apresuró el movimiento. Más temprano que tarde, su semen quedó esparcido sobre una parte del torso opuesto. Sintió su cuerpo estremecer en cada movimiento, ahora el estímulo era tan excesivo que casi resultaba doloroso.
—Detente.
En verdad, no podía, no soportaba más.
—Ya casi —respondió Josuke, siendo un tanto más brusco en el acto de penetrarlo. No le faltaba mucho para terminar.
Agitado y abrumado, Rohan se sostuvo de Josuke, intentando regular su respiración en el proceso; de golpe, abrió los ojos y se tensó. Recordó que lo estaban haciendo sin condón, por lo que llevó su rostro frente al del muchacho para darle un sutil y amable consejo, también llamado "amenaza", en el lenguaje de Rohan.
—Ni se te ocurra venirte dentro.
Sin embargo, supo que había sido demasiado tarde, pues a mitad de la oración notó como el chico daba sus últimas estocadas, quedando quieto en su interior.
«Oh, no...» pensó Josuke, luego de ver la cara de pocos amigos que le dirigía Rohan, quien, sin saber de dónde carajos, ya tenía en la mano una de sus peligrosas plumas para dibujar manga.
Resultado de sus instintos de autopreservación, se alejó del psicópata en potencia del cual se había enamorado, para evitar ser apuñalado. Lo había soltado en el proceso, claro, y en esas cuatro paredes hizo eco la voz de Rohan, quien había soltado un gemido entre doloroso y lastimero, al caer de lleno con el trasero al piso.
—Mierda —susurró Josuke, acercándose unos pasos para levantarlo, pero en cuanto sus ojos se toparon con los ajenos, se congeló en su lugar.
No buscaba sumar otra cicatriz a su tez, pero quería tomar en Rohan en brazos para, cuando menos, llevarlo a la cama. Sin embargo, encontró cierto gusto en verlo en el suelo con las piernas bien separadas.
Ambos seguían agitados, producto de todo lo anterior, pero la situación sin duda que era de lo más extraña. Sin girarse, Rohan colocó las palmas de las manos en la pared, intentando usarla como soporte. Falló en el intento de levantarse, y aunque su caída había sido cuestión de pobres centímetros, esta vez apretó los dientes y se quejó por el dolor.
—Te lo advertí, Higashikata.
Rohan sólo lo llamaba por su apellido cuando se enfadaba.
—¡Pudiste decirlo antes! Tuvimos tiempo suficiente, así que no me vengas con esas ahora.
—¡Serás…! —tenía muchos adjetivos ofensivos para calificarlo justo ahora, pero cierta sensación desconcertante llamó su atención en las partes más bajas de su cuerpo y, cuando desvió la mirada hacia donde era requerida, puso especial atención en el semen que era expulsado de su interior.
A causa del morbo que la escena evocaba, Josuke llevó ambas manos a su entrepierna, rogando no ponerse duro de nuevo. No obstante, al no apartar la mirada, en ínfimos segundos un fino hilo de sangre comenzó a bajar de su nariz. Rohan levantó la mirada en el momento en que esto sucedía, y no dudó en lanzarle a Josuke lo único que sostenía en la mano.
—¡Eres un pervertido de lo peor!
Esquivó sin mucho esfuerzo el objeto y nunca se sintió tan aliviado de que un mangaka fuera despojado de sus herramientas.
Rohan estiró una mano y Josuke lo miró con recelo.
—¿Qué esperas? ¿Es que acaso no vas a ayudarme? ¿Acaso quieres que te lo pida? ¿Qué tan arrogante puedes ser, Higashikata?
El nombrado se limpió la sangre del rostro con el dorso de la mano, esperando que no se derramara más. Chasqueó la lengua y, con sospecha, se acercó a Rohan, ayudándolo a pararse, aunque no dudó en cargarlo al estilo nupcial para llevarlo a la cama.
—Oye, ¿a dónde crees que vas?
Josuke se detuvo con una interrogante en el rostro. ¿Acaso no era obvio?
—Ya que tuviste el descaro de hacer eso —señaló el semen en el suelo—, al menos ten la decencia de asearme.
—¿Hah? ¿Yo?
—¿Ves a otro idiota por aquí que pueda hacerlo?
Josuke gruñó en respuesta. Estaba cansado, todo el día había movido objetos pesados de un lado a otro, comenzaba a darle hambre, sin mencionar el esfuerzo de haber cargado a Rohan para tener sexo. Su cuerpo exigía un merecido descanso.
—Date prisa, estoy exhausto.
«¡Serás tirano!» dijo para sus adentros mientras se encaminaba de mala gana hacia el cuarto de baño. Abrió la puerta de dicha habitación con toda la elegancia que una patada podía otorgar y dejó de pie a Rohan, antes de acercarse a la bañera para abrir el agua caliente.
Rohan tomó el mango de la regadera extensible y sonrió con malicia al notar que Josuke estaba muy cerca, así que abrió el agua fría y le dejó caer el chorro sobre la cabeza.
Luego de unos segundos, la cerró y le dio la espalda. Luego, se encaminó, con cuidado de no resbalar, hacia uno de los banquillos donde podría sentarse para lavar su cuerpo.
—Parecía que lo necesitabas.
—Sí, tienes razón —lo decía de verdad, ya que eso le ayudó a aclarar sus pensamientos.
Metió las manos en el chorro de agua caliente, comprobando que la temperatura fuera la adecuada, entonces, se alejó de ese lugar y se acercó al otro por la espalda.
—Oh, por cierto, lamento no haber preguntado antes. ¿Cómo se encuentra tu cuerpo?
La voz que pronunció aquello había sonado tan atenta, que Rohan dudó que se tratase del Josuke que conocía, pero antes de poder voltear para comprobarlo, recibió una fuerte nalgada, de una mano húmeda y caliente, por lo que terminó cayendo de rodillas al suelo mientras un espasmo de dolor, muy parecido a un calambre, le recorría aquella zona tan baja en la que la espalda pierde su nombre.
—Oh, parece que no muy bien.
Rohan se topó con esa mirada altiva y burlona que tanto odiaba. Ese desgraciado se las iba a pagar, no se iba a quedar de brazos cruzados.
En la amplia bañera había dos personas a quienes les dolía la espalda, aunque por motivos distintos. Por un lado, estaba Rohan, de él sobraba aclarar las razones, es más, el agua caliente le servía para relajar su cuerpo; por el otro, Josuke, a quien la temperatura hacía que le escocieran los arañazos recibidos. Cabe destacar que ambos tenían mordiscos por todas partes, no como resultado de un jugueteo intenso, sino de la pelea originada por Rohan, a causa de la nalgada que recibió.
Josuke se estaba quedando dormido, no lo hacía por temor a ser ahogado y porque Rohan sí que estaba tomando una plácida siesta sobre su pecho. Por seguridad, sólo uno de los dos podía descansar; pero, carajo, en verdad se estaba pudriendo de sueño, el cansancio acumulado era demasiado y el calor de la habitación no ayudaba.
Gracias a algún ente divino que se apiadó de su situación, Rohan abrió los ojos y le ordenó a su amante que lo llevara a la cama.
A saber cómo lo logró, pero Josuke secó lo mejor posible su cabello y el contrario; además, ahora caminaba con los ojos entrecerrados y con un Rohan en brazos y en bata. Utilizó a su Stand para recorrer las cobijas, se deshizo de la única prenda que portaba el mangaka y lo arropó. Verlo así era digno del recuerdo. Pocas veces se podía topar con un Rohan tan tranquilo y apacible, por lo que no dudó en acariciar una de sus mejillas con el pulgar.
En fin, hora de irse.
Sin embargo, se metió bajo las sábanas y se abrazó al cuerpo ajeno recargando la cabeza sobre su pecho. ¿Qué más daba? Estaba desnudo y exhausto. Quería descansar un poco antes de que lo corrieran de allí. Para su sorpresa, Rohan continuaba con su imperturbable descanso. De entrada, le pareció extrañísimo que no se despertara, ya que ese hombre era de sueño inhumanamente ligero; pero también se alegró, sería la primera vez que podría dormir en la habitación de Rohan, en esa casa en general.
Tras minutos enteros de mutismo, Rohan removió el cabello casi seco de Josuke. Se atrevió a hacerlo dada la respiración acompasada que era capaz de percibir, gracias a la cual, notó que ya estaba dormido.
—Te dije que no te quería arriba —susurró, a la par en la que sentía el peso del muchacho sobre su cuerpo.
Llevó una de sus manos hacia los bíceps opuestos y se deleitó con el tacto durante un tiempo. Lo había hecho trabajar demasiado, en todos los sentidos, y se replanteó el trato que le había ofrecido. No era para menos, pues su relación había terminado de cabeza: pasar de ser molestos conocidos a absurdos amantes, y podía asegurarlo al ver los rastros de marcas de dientes que Josuke tenía por todo el brazo. Pensándolo bien, esa ridícula pelea en el baño, aunque algo brusca, había resultado divertida, claro que en el momento no lo pensó así.
Rohan estaba acostumbrado a ser admirado e idolatrado por la gente. Por lo cual, sentir encima la mirada de Josuke era como recibir una fuerte descarga eléctrica que le recorría todo el cuerpo. En esos momentos, voltear para descubrir aquella bobalicona y sincera sonrisa que solía adornar su rostro... Era una pesadilla. Cada que cerraba los ojos podía verlo, y no fue hasta tiempo después, que descubrió que ese era otro síntoma de esa enfermedad conocida como enamoramiento. Creyó que con los años y la distancia todo regresaría a la normalidad, pero fue todo lo contrario, y supo que había llegado a la etapa terminal de su padecimiento cuando se vio a sí mismo acompañado de Josuke en una sala de cine. Su estúpida primera cita. Ni siquiera fue planeada como tal, sólo terminaron allí y entre más se acostumbra a sus besos, descubría que no había marcha atrás. Su tumba había sido mantener relaciones con él y ahora se pudriría a su lado por el resto de la eternidad.
Al día siguiente, casi para la media noche, tanto Josuke como su madre se encontraban en la sala, curioseando los regalos de cumpleaños.
—Qué buen detalle de Koichi —comentó Tomoko, fascinada con un auto deportivo de colección, a tamaño escala, por supuesto, del que Josuke se había enamorado a primera vista en un centro comercial—. Ahora abre éste.
A las manos de Josuke llegó una cajita forrada de azul marino con un moño blanco.
—¿De quién es esto? —no recordaba que alguien le hubiera obsequiado algo semejante.
—Ah, no lo sé. Llegó por correo a mitad de la fiesta. Yo lo recibí, pero no quise interrumpir y lo coloqué en la mesa junto con el resto.
—Ya veo.
¿Sería el regalo de Jotaro? Por cuestiones de trabajo le había comentado que no podría asistir a su cumpleaños número veinte, pero que se encargaría de mandarle un obsequio. Por supuesto que Josuke se negó, bastándole con el hecho de que recordara la fecha y que le felicitara por teléfono. Ahora se hallaba emocionado. ¿Qué clase de cosas podría haber en un empaque de ese tamaño? Al abrirlo, encontró una caja de cuero, la cual, destapó sin esfuerzo, topándose con un reloj americano en detalles de plata y cuarzo, que lucía bastante elegante.
Tomoko soltó un suave silbido.
—¿No luce muy caro? ¿Quién derrocharía tanto dinero en ti? —agregó impresionada y con un toque socarrón.
—Gracias por quererme tanto, mamá.
En fin, no sabía cómo agradecería aquello, más tarde pensaría en algo. De momento, tomó el reloj entre sus manos y una pequeña tarjeta cayó al suelo. Por inercia, la levantó y, sobre ésta, escrita en una perfecta e impactante caligrafía, había dos letras grabadas con tinta.
R.K.
Una sonrisa cálida curvó los labios de Josuke, incluso rió por lo bajo antes de atarse el reloj a la muñeca.
Ahora, estaba seguro de dos cosas. La primera era que nunca retiraría ese objeto de su cuerpo; la segunda, que en cuanto amaneciera se plantaría en la casa de Rohan para pasar el día con él. Ansiaba pasar más noches a su lado y, eventualmente, eternos días.
¡Al fin!
Sé que tardé más de lo que dije en publicar este cap, pero quería entregar algo de calidad sí o sí, y con el poco tiempo libre que tengo (el cual, invierto en dormir tbh), pues me demoré. Lo siento mucho. ;v;
En fin, ¿qué les pareció el fic? :D
Estoy escribiendo un MisGio y un JotaKak también. Van a ser como este, de varios caps. Sólo por curiosidad, ¿cuál les gustaría que publicara primero? Ya saben, porque mis lectores lo son todo para mí y, aunque voy a publicar ambos, me gustaría saber si tienen alguna preferencia especial~
P.D.: Voy a escribir otro Josuhan, pero va a ser oneshot, así que no cuenta pedir otro Josuhan. (?)
