Vaya que me ha costado actualizar. Debo comentarles que este interludio iba a ser parte del siguiente capítulo, pero el escaso tiempo que he tenido no me ha permitido corregirlo completamente, como hubiese querido. Este fragmento ha sido lo único en que he podido trabajar con tranquilidad y preferí publicarlo aparte, ya que en este momento, me será dificil actualizar con la regularidad que he tenido hasta ahora. espero tengan paciencia.
Antes de comenzar, quisiera agradecer al Guest que comentó en este fic. Si aún estás por ahí, te lo agradezco y lamento haberme demorado en ello.
Sin más que decir, espero disfruten este interludio.
-Señor Lucius, Jimmy no es una amenaza. Este chico no es capaz de lastimar ni siquiera a una mosca.
En una improvisada audiencia, concebida en uno de los tantos auditorios de Mysery Inc., Sammy intentaba convencer a su jefe, el emperador Lucius Atroz VII (vestido con la clásica peluca y túnica de juez), de no someter a Jimmy Two Shoes a un terrible castigo. El joven humano, que no parecía preocupado de su posible destino y mostrando su agradable sonrisa como siempre (donde revelaba la falta de uno de sus dientes), era el enjuiciado y se mantuvo vigilado por 2 escoltas, uno a cada lado.
Se trataba de un juicio no premeditado para dar un castigo no únicamente al humano forastero, sino también a otras criaturas. Este fue realizado obligatoriamente por mandato de un realmente enfurecido Lucius. Más allá de incidente ocurrido en la compañía, en donde Jimmy estuvo involucrado, la razón para que se llevara a cabo fue para quitarse un amargo sabor de boca: la noche anterior, su cita con aquella demonio de piel azulada llamada Jez volvió a fracasar, esto porque tuvo la idea de contratar malabaristas de antorchas, los cuales entrarían por sorpresa al restaurante donde se encontraban y darían un gran espectáculo para encandilar a su interés amoroso. Para su mala fortuna, a uno de los malabaristas se le cayó por error una antorcha a la mesa aledaña, irónicamente, por temor a equivocarse y recibir represalias del gobernador absoluto. Esto hizo expandir el fuego con rapidez y quemó todo el restaurante. Lucius y Jez la sacaron barata: escaparon justo a tiempo y quedaron con leves quemaduras en su ropa. Pero esta última estaba realmente iracunda, le dio una cachetada al diminuto gobernador, le gritoneó y prometió no verlo nunca más mientras se alejaba pisoteando el suelo con una sonoridad exagerada.
Fue por ello que Lucius estuvo alterado ese día, por lo que armó la audiencia de inmediato para castigar a estos malabaristas. Sin embargo, al saber lo cerca que tenía de someter a ese supuestamente peligroso humano, llamado Jimmy Two Shoes, no esperó más tiempo y lo mandó a llamar, para incluirlo también en el juicio y así matar 2 pájaros de un tiro. Lo interesante de todo es que los malabaristas quedaron de lado y el juicio fue centrado únicamente en Jimmy.
Muchos de los escoltas yeti estaban sentados como el público; Sammy, por otra parte, se presentó como abogado defensor de Jimmy, luego que Lucius se molestara por la forma en que su diminuto ayudante defendiera al rubio antes de todo esto. Heloise también estaba presente como la única jurado, aunque la malvada estaba más preocupada de encontrar a los tipos que tenían su reporte que del chiste que era ese pseudo juicio.
-¿Y qué evidencia tienes, Sammy- contradijo Lucius con soberbia -, para hacernos pensar que ese ser no nos está engañando?
El diminuto soberano y juez miró a Jimmy de pies a cabeza, contemplando el enorme parecido con Heloise en términos de especie.
»Este chico tan solo espera nuestra distracción para atacarnos con sus colmillos y sus garras…
-Eeeh… señor…- intentó acotar Sammy -¿No cree que está exagerando un poco las cosas… respecto al chico?
-¡Para nada, Sammy! Me sorprende que no lo notes también, me haces creer que mi hijo te ha influenciado sus equivocados pensamientos.
Sammy abrió notoriamente sus ojos y dio un paso atrás, presentía que su señor tenía razón en ello. La audiencia de escoltas hablaba entre sí, también los malabaristas, sentados a un rincón de la sala.
-Pero señor...- respondió Sammy, recobrando la calma -desde que llegó a este mundo, Jimmy no se ha mostrado agresivo ni un solo momento. Yo lo he visto...- comenzó a actuar histriónicamente- ¡y aunque sus deseos de mostrarse siempre feliz estén en contra de nuestra buenas costumbres de ser infelices, no significa que sea una prohibición, porque no está penado por nuestra ley! ¡Además, todos hemos cometido faltas, nadie está libre de ser culpados! ¡Díganme, honorable público, ¿ustedes están en completa libertad de emitir un juicio en contra de el ser interdimensional, cuya única falta ha sido venir, sin quererlo, a nuestras tierras?!
Algunos de los escoltas, extasiados por la labía de Sammy, sintieron remordimiento hacia su propio ser y de a uno, se levantaron para confesar:
- ¡No soy digno! ¡El otro día me robé un lapiz!
- ¡No! ¡A una sabana le quité una etiqueta, cuando claramente decía «por favor, no quitar etiqueta»!
- ¡No lo soy! ¡Esta ropa que uso se la robé a mi compañero!
- ¡¿Esa ropa es mía?! ¡Ven acá, sabandija!
- ¿No lo ve, señor?- continuó Sammy -Todos somos culpables de algún modo. No permita que la ira domine su juicio y haga...
- ¡Déjate de hablar tonterías, Sammy!- gritó Lucius, aburrido de oír la inestable voz de su asistente. Sammy rápidamente cerro la boca y asintió.
»Tú ya olvidaste los estragos del pasado, Sammy, pero yo no. Ver a este humano me recuerda lo impredecibles que son como raza, porque lo viví en carne propia. ¡No dejaré que ustedes, humanos, hagan lo que quieran en mi territorio, son un peligro para esta sociedad!
Heloise, que pensaba en las múltiples formas de tortura para sus eventuales presas, tomó atención a los dichos de Lucius y, posteriormente, lo miró de forma muy despreciativa, lo tomó como una suerte de indirecta hacia ella. Sammy se dio cuenta de ello, se acercó hacia su jefe lo suficiente para susurrarle:
-Señor… debe cuidar sus palabras, recuerde que Heloise está con nosotros.
Sammy ya sabía que era mala idea traerla como jurado, solamente por el hecho de enjuiciar a un humano como ella. Pero la ira de Lucius no le hacía considerar nada, haciendo oídos sordos a las suplicas de su asistente. Lo que quedaba para él era confiar que no tuviese que pagar las consecuencias.
-¡Entonces!- continuó Lucius, refiriéndose a Jimmy con un tono imponente -¡Bajo el poder que me confiero yo mismo! ¡El gran Lucius Atroz, El Séptimo! ¡Te ordeno que me digas cuál es tu postura al respecto!
Jimmy, que estaba a punto de dormirse por el aburrimiento, apenas reaccionó con un bostezo. Luego de despertar por completo y quitarse la baba de su boca, recordó algo que quería decir hace un buen rato:
-Sí, tengo algo que decir: ¿puedo ir al baño?
Lucius levantó una ceja ante esa pregunta tan fuera de lugar. Sammy aprovecho la situación:
-Eeeh… jefe, ¿puedo ir al baño también? Hace una hora que quiero ir.
-¡¿Qué es todo esto?!- exclamaba Lucius, mientras golpeaba la mesa con el martillo -¡Denegado! ¡A ambos!
Sammy agachaba la cabeza con decepción, tenía la esperanza que irían a recesión para dejar de aguantarse.
-Vamos, Lucy- dijo Jimmy -, si pudiéramos aguantarnos, lo haríamos. Pero…
-¡¿«Lucy»?!...- remarcó Lucius -¡¿Te atreves a llamarme «Lucy»?!
Los presentes en la sala estaban conteniendo sus risas, e incluso Heloise aprovechó de burlarse del pequeño demonio:
-Oye, que nombre tan tierno… ¡LUUUUCYYYYY!
El tono tan amanerado en como Heloise dijo el nombre, fue el detonante para desatar las carcajadas de los presentes, la cual duró apenas un instante, porque Lucius soltó un grito tan exagerado que asustó a Sammy y a los guardias.
-¡NO TE BURLARÁS DE MÍ, HUMANO! ¡Ahora mismo, Heloise dictará tu sentencia final!
-¿Ahora?- Interrumpió Heloise -. Si aún no he decidido nada, Lucius. De hecho, aún no me explicas por qué razón estamos aquí.
-Ah, ok… Terminemos rápido esto, ¿de acuerdo? Tan solo… dicta una sentencia que lo haga sufrir durante mucho tiempo.
Heloise mostró una leve sonrisa.
-Ok, Lucius. Como el veredicto es decidido por mí… ¡decido que no hay veredicto y que esta corte entra en recesión, hasta que obtenga mi reporte y enjuicie a los bastardos responsables!
-Q… ¡¿Qué?!- gritó Lucius, sorprendido.
Los escoltas que estaba de público hablaban entre sí, alegres de saber que había terminado el juicio. De a poco se levantaron y fueron a la puerta de salida.
-¡Oh, no! ¡Solo yo tengo el poder de dejar este juicio en recesión!
Pero los escoltas que tenían a Jimmy lo soltaron y se fueron caminando a la salida como si nada, igualmente Sammy, que por fin salió para ir al baño. Hasta los malabaristas, de los que ya nadie se acordaban, se fueron sin que nadie se diera cuenta.
-Uh, que bueno- dijo Jimmy, estirando su cuerpo -, menos mal que acabó pronto. ¡Adiós, Lucy!
Jimmy dio media vuelta y caminó tranquilamente a la salida.
-¡¿Adónde creen que van?!
El demonio chaparro quería dictar una orden de encerrarlos a todos y finalizar el juicio si o si, pero esa mirada tan intimidante que Heloise le puso, lo paralizó y le hizo reconsiderar su decisión final, con una sonrisa incomoda:
-Pensándolo bien… ¡Declaro este juicio en recesión indefinida!
El último golpe de martillo no sonó tan fuerte como los anteriores, el brazo de Lucius le temblaba a ver como la reina de la miseria abandonaba su puesto, con su reconocida mirada de apatía.
