Como lamento la tardanza. Siempre lo digo, pero el tiempo es lo que menos me sobra. He estado atareado como nunca, hubieron días que no pude escribir una sola palabra para avanzar alguno de mis fics. Lo bueno es que lo más complicado se acabó y ahora podré retomar momentaneamente estas historias.

Al igual que el capítulo de Heloise, éste será dividido en 2 partes para no hacer pesada la lectura. La verdad, no recordaba lo extenso que era este capítulo. Cuando termine la segunda parte, la publicaré lo más pronto que pueda.

Antes de comenzar, agradezco al Guest que comento en el capítulo anterior, me alegra mucho tus palabras y espero seguir llevando esta historia por buen rumbo. También debo hacer una mención especial al gran Rondero001, quien comentó en otro de mis fics. Admito que me siento feliz verte nuevamente por esta página, yo solía leer tus historias de Jimmy Two Shoes antes de crear esta cuenta. Si no es mucho pedir, por favor, espero puedas concluir tus fics pendientes a futuro.

Dicho y hecho, espero disfruten este capítulo.


Un gato antropomórfico diminuto, de pelaje gris, con shorts celeste y lentes oscuros, estaba recostado en su silla playera, mirando hacia el océano rojo desde su lujosa mansión, sosteniendo una copa con leche. Tenía la carcasa característica de esos seres llamados repli-cat, la cual estaba manchada con unas gotas que caían del vaso, al no levantarse a beberla de forma debida. Así había vivido hace unos cuantos años, pero su vida llena de lujos tenía un precio, uno que aún no había pagado con satisfacción y que iba a ser pagada en una inesperada visita que se produjo:

-¿Y a qué se debe tu visita, Heloise?

La forma de modular del diminuto repli-cat era tan exagerada que parecía estar cantando.

Heloise, acompañada de 4 escoltas, se acercaron hasta cubrirle con sus cabezas los 3 soles en el horizonte, a horas de ocultarse. Esta metió su mano en su bolsillo y sacó una foto donde se veían los matones capturados en Mysery Inc., y con su otra mano apuntó al repli-cat de la imagen.

-¿Te es familiar, Schrödinger?

Schrödinger miraba la foto sin comprender la intención de su visitante, luego de un rato mirando fijamente la imagen, se quitó bruscamente los lentes para corroborar lo que creía ver: aún habían más repli-cats con vida, y eso le hizo sudar frío.

El gato enano fue alguna vez el coronel de las fuerzas insurgentes repli-cat, quienes alguna vez conquistaron y esclavizaron a la raza weavil, una especie de castores parlantes que podían caminar en 2 patas y de personalidad burlesca. La hazaña fue posible gracias a la intervención de Mysery Inc., quienes proporcionaban fondos para armas y dispositivos de combate, a cambio de preparar el terreno para extraer recursos naturales. Sin embargo, nunca se llevó a cabo: Schrödinger los traicionó cuando otras compañías rivales boicotearon a Lucius y sus subordinados, y así llevar a Mysery Inc. al punto la quiebra. Pero irónicamente, Heloise buscó ayuda en los weavil, luego de tenerlos indirectamente como esclavos. Estos les ayudaron a arrasar con la guerrilla repli-cat, para luego ser transformados en estatuas inertes gracias a Heloise. Schrödinger sobrevivió al buscar el perdón de sus enemigos, con la condición de entregar a todos y cada uno de los de su raza para ser transformados. Y con tal de salvar su pellejo, hizo lo encomendado. Ahora disfruta de su retiro feliz y sin ningún indicio aparente de culpa por su raza prácticamente extinta.

Sin embargo, más de una vez se le ha cruzado la descabellada idea de repli-cats sobrevivientes, sedientos de venganza en su contra. Eso era lo que menos deseaba, y con la noticia de Heloise, su paranoia se haría notar.

-¿Me dices que aún hay sobrevivientes?- moduló Schrödinger, asustado -¡Oh, no! ¡Vendrán por mí!

-Tu querido compatriota- habló Heloise con severidad –me robó algo muy importante, y como no me dijo dónde está, pagó las consecuencias. Así que vine a visitarte a ver si sabes algo al respecto.

Schrödinger tomo esa frase como que ocultaba una doble intención. Este le respondió nerviosamente:

-¡¿Acaso estás sospechando de mí?! ¡¿Después de entregar a toda mi raza para no ser eliminado por ustedes?!… No sé lo que estás buscando y no me importa. Ahora me preocupa que haya algún repli-cat con vida, Lo último que quisiera ahora es que apareciera en frente mío.

-Yo no descarto opciones por creerlas obvias, menos con alguien como tú. Más que un gato, eres una rata. No me fio de alguien que entregó a su madre para salvar su pellejo… literalmente.

Los escoltas sonrieron con aquella oración, pero Heloise hablaba en serio y les lanzó una mirada fulminante, estos se callaron con brusquedad.

-¡No me hagas esto, Heloise!- suplicaba Schrödinger - ¡No tengo como defenderme, no puedes dejar que me atrapen los repli-cats!

Heloise se sentía asqueada por la actitud tan cobarde del gato enano, y pensar que en un momento le ayudó a retratarlo como un líder revolucionario para su propia gente. Aquello fue una muestra que su supuesto coraje salía a relucir porque había un grupo que lo protegía.

»Quiero demostrar mi inocencia. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?

-¡Me alegra que preguntaras, Schrödinger!- dijo Heloise con una risa maliciosa. Luego ésta apunta con el dedo al gato y los escoltas actuaron. Uno de estos abrió un saco de cuero mientras otros 2 levantaron a Schrödinger por sorpresa y lo arrojaron adentro como si fuese un bulto sin importancia.

-¡No me puedes llevar así!- gritó el gato enano, dentro del saco -¡No tienes derecho!

-Claro que tengo derecho, gato. Tener influencia en Mysery Inc. me da derecho de hacer lo que me plazca.


Luego de la persecución ocurrida la noche anterior en Mysery Inc., Lucius ordenó que continuara la jornada de trabajo con normalidad, después de todo, el asunto le concernía únicamente a Heloise. Tampoco se daría el tiempo para atender el tema de Jimmy, porque esta vez, nada ni nadie se interpondría en su cita con la hermosa demonio de piel cían, llamada Jez, donde seguro esta vez lograría conquistarla gracias a la ayuda de malabaristas contratados, que se presentarían como una sorpresa en su cita.

Terminada la jornada de trabajo, los empleados abandonaron las instalaciones en filas, entusiasmados de volver a sus hogares. Pero uno en particular no sentía mucha prisa, de hecho, éste esperaba a que todos se fueran y así seguir con su plan macabro, como le fue asignado. Para su mala suerte, la seguridad fue reforzada, la cantidad de guardias en la instalación era el cuádruple y el control de los trabajadores se hizo sumamente estricto y meticuloso. No tuvo otra alternativa que abandonar su lugar de trabajo legal para evitar sospechas.

Delamber era una mosca de tamaño humano, con camisa de manga corta rosada y pantalón de cotelé café que cubría su par de patas inferiores. Trabajaba hace 4 años en Mysery Inc. como empaquetador, pero no fue sino hasta hace 9 años que comenzó con su infame trabajo secreto: la desaparición de creaturas. Vestido como un ninja (lo cual era irrelevante en el fondo, su forma desnuda es negra y no le molestaría andar sin ropa) se acercaba a sus víctimas cuando estaban completamente a solas y las secuestraba para no ser vistas nunca más. «¿Qué hacía con ellos?» le preguntaban sus clientes, su respuesta habitual siempre era: «si un mago jamás revela sus secretos, ¿por qué yo debería?». Fue aquella frase la que lo encasilló en el bajo mundo con el apelativo del «Sombrero de Mago».

Intentó renunciar, dejo su actividad antes de la llegada de Heloise a este mundo. Formó una familia, tuvo esposa y un hijo que desconocían lo que hacía en su vida anterior, y entró a Mysery Inc. con tal de llevar una vida normal. Pero hace unos 3 meses, 2 tipos vestidos de negro que tenían su contacto, pero que no conocían su identidad, le ofrecieron una oferta a cambio de volver a su oscuro oficio. Si bien, en un principio lo rechazó con creces, el mal momento financiero por el que atravesaba, la enorme insistencia de sus potenciales clientes y la posición estratégica que facilitaba el encargo, lo convencieron finalmente de aceptar, con la condición de que no se entrometieran en su operación si no se los pedía.

Su objetivo primario de desaparecer a Heloise fue cuidadosamente estudiado, iba a operar una vez que ésta cumpliera su mes en su laboratorio, donde la probabilidad de que estuviera sin la compañía de sus molestos guardias era casi segura. Sin embargo, nunca supo que sus clientes habían robado una bitácora de la cual no estaba informado, y además, sumado a la aparición de un extraterrestre (o «ser interdimensional», como lo llamaban esos tipos de negro), arruinó completamente su plan y lo dejó en una situación de gran vulnerabilidad. Sus clientes le ordenaron apresuradamente atrapar a ese ser a cambio de una paga aún más jugosa, por lo que se sintió obligado a improvisar, lo cual repudiaba tajantemente. Fue muy afortunado al buscar información en Mysery Inc., se quedó hasta tarde con tal de averiguar toda clase de anotaciones que Heloise tuviese sobre Jimmy Two Shoes, y cuando este último apareció junto con Sammy y Beezy, no dudó en contactar a los de negro e ir por él. Pero la desesperación de estos no les hizo considerar que estaban siendo seguidos por la enana malvada y su guardia, lo cual ocurrió lo que ocurrió.

Delamber no pudo escapar del edificio, pero logró escabullirse y esconderse de los guardias durante toda la noche, y llegada la madrugada, se mezcló con el resto de los empleados en su traje habitual. Se sentía seguro al creer que no dejó pistas que lo vincularan a él con los de negro, así que volvería a su modo de vida normal, aunque sin su paga extra, pero no debería preocuparse de ser buscado o de desaparecer a alguien. Sin embargo, la tensión había vuelto porque recibió un llamado anónimo, era alguien que decía ser líder de aquellos que lo contrataron en un principio y le había ordenado continuar con el plan, además que le sumaron un tercer objetivo: a Lucius Atroz VII. El asunto no había acabado, y Delamber ya no sabía qué hacer.

En su hogar, su esposa Helen, otra mosca gigante con cabello en forma de cono de helado invertido, le sorprendió que su cónyuge llegara temprano.

-¡Vaya amor mío, que sorpresa verte a la hora de la cena, y no cuando me despiertas a altas horas de la noche!

-Hubo un problema en la empresa, Helen- dijo el hombre mosca, mientras se sentaba y levantaba el periódico sobre la mesa -: unos intrusos se metieron a robar al interior, aunque estos ya fueron capturarlos. Por eso es que aumentaron la seguridad y ya no dejan trabajar horas extra hasta nuevo aviso.

Helen comprendió, no necesitaba más, además que se sentía feliz de ver a su marido.

-¡Ay, mosquita de mi corazón!- dijo la mujer mosca -Hace mucho que quería contarte mi angustia. Hace casi una semana, fui con mi hijo a la metrópoli de Myseryville, y otra vez ese jefe tuyo mandó una criatura a destruirla. Alcanzamos a escapar, pero sentí que mi vida se me iba cuando vi a un monstruo que me recordó a esa enana de rojo que también trabaja contigo. Lo peor es que se acercó a mi hijo y le hablaba cosas, ya veía que le fuese a hacer algo indebido a mi chiquitito… Ahora quisiera que me dieras un consuelo, no me puedo quitar este…

Pero Delamber, que mostraba un rostro demacrado, soltó el periódico, se levantó de la mesa en medio del discurso de su esposa y se limitó a volar a su habitación. Helen sintió que le caía un balde de agua fría, al parecer no se quitaría su angustia en un largo tiempo… o eso parecía, porque Delamber se detuvo repentinamente y se devolvió a la mesa con un extraño interés.

-Me llamó la atención algo que dijiste- acotó Delamber, antes de sentarse de nuevo.

-¿Cuál? ¿La de darme un consuelo?- dijo la señora mosca, sintiendo como brillaban sus miles de ojos -¡Ay mosquita mía, me gusta que no hayas perdido tu toque…!

-¡No, no, no! ¡De eso hablemos después! Me refiero a lo del «monstruo que se parece a la enana de rojo». ¿Nuestro hijo Brundle hablaba con alguien que se parecía a Heloise?

-Eso te he dicho, papi. Pero éste tenía pelo amarillo en la cabeza. Menos mal llegué a tiempo, mi hijito no sabe el peligro que pasó, dice que era buena gente, pero es muy inocente para entender el mundo.

Delamber no tenía duda: era el ser interdimensional que buscaba. Lo había visto en Mysery Inc. y sabe que es rubio. En su mente circuló una idea cruel, pero de gran efectividad: su pequeño hijo sería el gancho para capturarlo si en verdad entabló una conversación con él, ¿Pero cómo involucrarlo sin que corriese peligro? A pesar de todo, no era alguien tan sanguinario para arriesgar a su propia familia.

Al rato, el pequeño Brundle, con su boina, voló desde el segundo piso hasta la mesa, igual de contento de ver a su papá antes de dormir.

-¿Sabes, hijo?- habló Delamber –Tu mami me conto que estuviste en peligro.

-¡Papá!- dijo el niño mosca –hablé con ese señor y no era mala persona. Hasta me dijo su nombre, se llamaba Jimmy Two Shoes ¿Y sabes que, papi? ¡Tenía dos zapatos! ¡Fue increíble!

-Ya veo- habló Delamber, buscando ventaja de las circunstancias -. Lo que ocurrió me ha hecho reflexionar sobre el poco tiempo que he pasado con ustedes últimamente, a partir de ahora, voy a compensar el tiempo perdido. Deseo llevarte mañana a mi lugar de trabajo, Brundle.

-¿En serio, papá?

Tanto Helen como Brundle estaban regocijados, hace mucho que la reunión familiar no era tan amena. Delamber, sin embargo, comenzó a sentir un nudo en su estómago. Sabía que Jimmy deambularía por la empresa un buen tiempo, pero usar a su propio hijo le provocaba una angustia que le invadía cada vez con más fuerza. Se prometió a sí mismo que a la menor situación de peligro, lo alejaría de inmediato.


Era la primera vez que el pequeño Brundle conocía la empresa de su padre, era tan enorme como se lo había imaginado. Tuvo ganas de recorrerlo completo, pero su progenitor se lo prohibió hasta la hora de almuerzo, para así no perderlo de vista. De todas formas se entretuvo viendo las enormes máquinas de proceso. En cuanto a Delamber, escucho los múltiples rumores que sus compañeros de trabajo mencionaban sobre el incidente ocurrido aquella noche. Fueron muy llamativos los que hablaban de una conexión directa con el recién llegado, aquel que era de la misma especie que Heloise, que se encontraba en la empresa.

También se hablaba sobre un juicio que se estaba llevando a cabo ese preciso día, en contra del forastero. Se rumoreaba que estuvo involucrado en el incendio ocurrido de noche en un restaurant, donde Lucius estaba presente con su pretendiente.

-Yo lo vi- dijo uno de los compañeros de Delamber –ese humano apareció de la nada y escupió fuego de su boca. Quemó todo en un instante.

-¡Cómo exageras!- dijo otro compañero –Yo escuche de primera fuente que esa criatura sacó un lanzallamas y disparó a todo el que se cruzara en su camino.

-Oigan- dijo un tercer compañero, no muy seguro de lo que decía -¿no se supone que hubieron malabaristas en ese restaurant y a uno se le cayó una antorcha en llamas por error?

-¡No, estás errado¡ Sería muy estúpido que algo así pasara, además, si está ese humano en el juicio es porque debió ser el responsable del desastre. Es lo que digo yo, sacó fuego de su boca.

-Imposible, ¿acaso has visto a Heloise sacar fuego de su boca o algún otro supuesto poder?

-Jamás la has visto en persona. Yo escuché que si miras directo a los ojos de esa bruja, te convierte en piedra.

En el fondo, Delamber se reía de las tonterías que hablaban sus compañeros, mientras veía a su hijo distraído con las enormes máquinas de trabajo. Pero lo realmente importante era que Jimmy Two Shoes estaba en las instalaciones de Misery Inc. Eso alegró mucho al pequeño niño mosca y, obviamente, a su padre.


El juicio había terminado y todos los participantes habían salido del auditorio. Tan solo Heloise se quedó detenida a un costado de la puerta, esperando que todos se fueran para estar en soledad reflexionando.

Un rato después, la pequeña de traje carmesí sintió como alguien se acercaba. Echó un vistazo y notó a Jimmy Two Shoes caminar con alegría, quien buscaba dialogar con ella. En vez de mandarlo al diablo, como acostumbraba hacer, la pequeña observó detenidamente su rostro, su estúpida sonrisa que mostraba la falta de uno de sus dientes, su nariz algo rojiza, su rubio cabello… su carisma… su bondad… su… ¿lindura?... Había «algo» en él que comenzaba a llamar su atención lentamente…

Pero ésta sacudió su cabeza un poco, ordenando sus pensamientos. Se decía a sí misma que tan solo era un estado mental pasajero, producto del estrés por el que pasaba.

-¿Y tú qué quieres?- dijo Heloise con severidad.

-¡Vamos, Heloise!- habló Jimmy alegremente –Aún no me has dicho como agradecerte.

-¿Es que acaso no he sido clara, Jimmy? No te estoy ayudando, te mantengo vigilado porque quienes tienen mi reporte te quieren a ti. Cuando los atrape, volverás a ser mi conejillo de indias y desearás jamás haberme conocido.

-Bueno, lo que has hecho por mí y por Cerbee, como sea que lo llames, no lo ha hecho nadie más en el tiempo que estoy acá, y eso merece un agradecimiento. Te puedo asegurar que nadie se ha mostrado tan amable con nosotros como tú.

Las palabras de Jimmy le provocaban algo extraño a Heloise, su forma tan amable de dialogar no tiene lógica después de lo malo que le hizo pasar.

-¿Sabes, Jimmy? Olvídalo, estoy ocupada. En otro momento hablaremos de agradecerme por tu tortura- Heloise dio media vuelta e intentó ignorar a Jimmy, mientras que en el fondo le corroe un sentimiento desagradable que jamás había sentido con otro ser. Estaba sintiendo… ¿Remordimiento?

-Heloise ¿A dónde vas?

Luego de la hora del almuerzo, Brundle se paseaba con su padre por todo el recinto con el único objetivo de encontrar al humano y probar que era alguien muy distinto a lo que su madre suele decir. No pasó mucho tiempo para encontrarlo sentado en el patio, hablando alegremente con Beezy, el hijo del dueño de la compañía y soberano absoluto.

-¡Papá! ¡Ahí está el señor Jimmy!- dijo Brundle, muy emocionado - ¡Vamos, habla con él!

-Hijo, tal vez no deberíamos…- habló Delamber, fingiendo la típica moderación adulta, pero en el fondo deseaba ganarse la confianza de su objetivo y facilitar el encargo.

Brundle gritó el nombre de Jimmy, como si fuese un amigo de confianza que no veía hace mucho. Este se percató de la joven mosca acercándose, seguido de su padre.

-Oye, yo te conozco- dijo Jimmy al chico -. Nos vimos el primer día que llegue a esta ciudad, cuando encontré a Cerbee.

-¡Papá!- gritó emocionado Brundle, como si estuviese frente a una celebridad -¡Es él, el señor Jimmy Two Shoes! ¡Esos son sus zapatos!

Jimmy sonreía por la agradable sorpresa, a diferencia de Beezy, quien los veía con apatía.

-Disculpen señores- dijo Delamber, ocultando sus intenciones -, mi hijo es muy enérgico. Quise traerlo a conocer mi lugar de trabajo.

-La gente decía- dijo el chico mosca –que usted estaba acá, y quise hablar con usted.

-¿Qué hacen acá?- dijo Beezy muy déspota -¡A trabajar!

-Beezy- habló Jimmy con cortesía-, ¿No es acaso la hora de almuerzo en la compañía?

-Ups… tienes razón, Jimmy. Por ahora, descansen, pero luego… ¡A trabajar!

-¡Y trabajaremos mucho con mi papá!- dijo Blundle muy alegre –Pero antes, quería proponerle algo al señor Jimmy.

-Claro pequeño- dijo Jimmy -, te veo muy emocionado.

-Es la primera vez- reiteró Delamber –que mi hijo viene a esta compañía, quise traerlo para compartir tiempo con él.

-Recuerdo que ese día- dijo Jimmy -estabas con tu madre, ¿es así?

-Así es, señor Jimmy- dijo Brundle, agitando su cabeza con energía.

-¡10 minutos para volver al trabajo!- exclamó Beezy, apuntando a su muñeca izquierda que, por cierto, no llevaba reloj.

-Quisiera llevarlo a conocer a mi mami, señor- dijo el pequeño -, para que vea que usted es una buena persona. ¡Por eso, lo invito para mañana en la noche a mi casa!

Luego de asimilar aquella frase, Delamber giró rápidamente la cabeza para mirar a su hijo: quería establecer un cierto nivel de confianza con el ser interdimensional, pero en ningún momento tuvo la idea de llevar a humano a su propia casa, tampoco invitarlo al instante de conocerse. Pero así era su hijo, siempre que conocía a un nuevo amigo, lo invitaba para mostrárselo a sus padres, y esta vez no sería la excepción. De todos modos, el señor mosca ya estaba pensando en las posibilidades.

-Vaya, eso sería genial- dijo Jimmy -, eres de los pocos que me ha tratado bien en este lugar.

-Si tiene más amigos, puede invitarlos. Será una gran fiesta.

Jimmy ya daba por sentado que Beezy iría a la fiesta, aunque ni siquiera le había preguntado. De hecho, tenía en mente invitar a otra persona muy esquiva:

-¡Esperen un momento! ¡Hablaré con Heloise si desea venir!

Beezy no prestó atención, pero Delamber quedó paralizado del susto al escuchar la palabra «Heloise». «¿En qué momento se hicieron amigos? Esto es grave, ya no parece una buena idea» mentalizó el señor mosca. Jimmy se alejó trotando, ante las miradas de Beezy y los «mosca».

-Yyyy… entonces…- habló Beezy, con cierta incomodidad– ¿habrá comida o algo para comer en su fiesta?

-¡Claro que sí, señor!- dijo Brundle -¡Mi papá comprará las cosas para comer! ¿Cierto, papi?

-Hijo… cállate- dijo el papá mosca, entrecerrando sus piezas bucales que tiene por labios. El dinero apenas le alcanzaba para una cena decente una vez al mes.

-¡Es un hecho!- dijo Beezy –Considérenme invitado a su fiesta.

-¿Entonces usted es amigo del señor Jimmy?

Beezy se sintió extraño, pero no dudó en responder cuando veía a Jimmy volver con mirada triste:

-Sí… puedo considerarme su amigo.

-Heloise no vendrá con nosotros- dijo Jimmy con decepción -, me dijo que estaría ocupada en algo importante. Le pregunté «¿qué debes hacer para no poder asistir?» y me dijo «¿Qué te importa lo que voy a hacer?». Traté de insistir, pero se alejó.

«¿Heloise no vendrá? Que hermosa oportunidad se me ha presentado» mentalizó Delamber. Luego puso en su rostro una notoria sonrisa malévola.

-Papá ¿Por qué estas sonriendo?

-¿Qué?... Por nada, hijo. Estoy muy contento de hacer la fiesta de honor en nuestra casa.

-¿Verdad que sí? También estoy contento de hacer la mejor fiesta que hemos tenido, como las que hacías antes.

-Claro, Brundle- dijo Delamber, poniendo de nuevo una sonrisa malévola en su rostro. El pequeño vio como reía su padre y puso exactamente esa expresión, supuestamente para demostrar su felicidad.


Jimmy y Beezy llegaron en una lujosa limusina a la casa de Delamber, que este último tomó sin que Lucius lo supiera. Jimmy dejo a su mascota Cerbee con Sammy, no precisamente con aprobación de este último.

Al bajar, Jimmy aún estaba confundido por el llamativo atuendo que Beezy usaba para la ocasión.

-Beezy, aún no entiendo- dijo Jimmy -¿Por qué usas únicamente un pantalón amarrado con una soga? Todos creerán que eres un mendigo.

-¡Exacto, Jimmy!- Exclamó Beezy –Quiero saber cómo vive la gente pobre, y con este disfraz, pasaré inadvertido.

-Eso de «disfrazarse de pobre» suena algo ofensivo en mi opinión- acotaba Jimmy, no realmente ofendido pero aún confundido, mientras ambos caminaban hacia la puerta.

-Está bien, ya hablaremos de eso de las «ofrendas»… ¿así se dice cuando se ofende a alguien?

Jimmy sacudió la cabeza a modo de negación.

»Ah, en fin… pensaré en eso después de la deliciosa cena que tendremos. ¿Qué será? ¿Un banquete de camarones gigantes? ¿Kraken a la parmesana?

-Ah… Beezy, deberías bajar tus expectativas a algo más razonable.

Al mirar hacia la puerta, vieron una figura familiar que se interponía en su camino a la puerta. Beezy se sobresaltó y Jimmy se mostró alegremente sorprendido: era Heloise quién los esperaba.

-¡Qué bueno verte acá!- dijo Jimmy –Pero habías dicho que estarías ocupada esta noche.

-Meh, cambié de opinión- dijo Heloise fingiendo indiferencia, mirando su mano derecha -. Recuerda que te estoy vigilando y además… para dejar de molestarme, considerarás esto como el agradecimiento que tanto me has refregado en la cara.

-¡¿En serio?!- Jimmy juntó sus manos de la alegría y se las llevó al mentón.

-Sí, sin deuda de por medio, Jimmy.

Jimmy se contentaba que sus 2 mejores amigos en este nuevo mundo estuviesen juntos a disfrutar una cena, pero éste no notaba el mutuo desprecio que se tenían entre sí. Beezy y Heloise se miraron con un evidente odio, no estaban dispuestos a siquiera hacer las paces para la ocasión. En tanto Jimmy tocó la puerta de entrada, al instante, se escucharon unos ruidos audibles desde el interior:

-Quizás yo debería abrir, Helen.

-¿Qué dices, papi? Yo estoy más cerca.

-¡Insisto, no me acordé decirte que hoy tenemos visitas!

-¿Visitas? Hay mosquita linda, con gusto los atenderé.

La puerta se abrió, Helen extendió sus 4 patas superiores para recibir a sus invitados:

-¡Soy Helen, y les doy la bienven…!

La mujer mosca se quedó sin palabras al ver a los no tan deseados visitantes. Obviando a Beezy, ver a Heloise y a Jimmy le entumeció el cuerpo del miedo. En un instante, cayó desmayada de espalda. Delamber llegó poco después.

-¡Oh, rayos!- dijo este, llevando una de sus patas a su cabeza -. Sabía que esto pasaría.

Luego de dar una rápida mirada, suspiro hacia adentro con fuerza y exclamó fuertemente por la invitada inesperada:

-¡HELOISE!

-Sí, soy yo- dijo la enana -. ¿Hay algo malo con eso?

-Eeeeeh… ¡NO!... ¡Para nada!... ¡Entren, siéntanse en casa!

Jimmy y Beezy se extrañaron de la reacción del padre de familia, mas no Heloise, quién ya estaba muy acostumbrada al temor de la gente, sobre todo cuando llegaba de sorpresa. Delamber trataba de mentalizar cómo saldría de esta.

«¿Heloise acá? Maldición. Sin ella, habría desaparecido a Jimmy y secuestrado a Beezy para llegar a Lucius. Ahora las reglas del juego cambiaron, aunque puedo usar esto a mi favor… ¿Pero si sus guardias están vigilando desde lejos, esperando tan solo una indicación para atacar?... No puedo enfrentarlos, no arriesgaré a mi familia. Dejaré pasar esta ocasión y solo tomaré información útil para una próxima vez.»


Ya en la cena, Jimmy degustaba un guiso de carnes molidas de diversos monstruos de tierra, se lo llevaba a la boca sin saber que era, pero lo encontró delicioso. Beezy estaba al lado derecho del rubio y Heloise en el izquierdo. Delamber y su familia estaban sentados frente a los chicos; el primero estaba en el medio, usando cuchara para la sopa. Brundle llevó su cara al guiso para succionarlo con sus piezas bucales. Helen, aún intranquila por sus invitados, veía como Beezy prácticamente se tragaba el guiso y pedía más. La señora mosca estaba bebiendo jugo de fruta fermentada excesivamente, lo que le producía embriaguez. El ambiente en general era muy tenso y Delamber estaba frustrado por haber visto su plan derrumbarse antes de siquiera empezar. No tenía más alternativa que buscar una nueva oportunidad de actuar.

-Para empezar- habló Delamber fingiendo felicidad, buscando romper el hielo -, agradezco su ilustre visita a nuestra humilde morada. Gracias a mi pequeño, ahora tengo en frente a un ser que viene de otro mundo; al señor Beezy J. Atroz, heredero de este mundo; y a usted, señorita Heloise, la más temible entre todos los seres de Myseryville.

-Gracias por tus palabras- dijo Heloise, bastante apática -, sobre todo la parte donde mencionas a Jimmy como un ser de otro mundo.

Delamber analizó un poco y supuso que se trataba de una frase capciosa, Heloise parecía sospechar que tenía información confidencial. Pero éste dijo:

-Bueno, no sé si tenga razón. Lo comparé con usted por su enorme parecido, en las noticias siempre dicen que usted no es de este mundo. Además que mi esposa e hijo me han dicho lo mismo.

Heloise no levantó la mirada en ningún momento. En el fondo, no mostraba el más mínimo interés en lo que hablaba Delamber. Mientras que Helen, ya bajo los efectos de la bebida fermentada, miraba muy celosa a su esposo, creyó que los halagos a Heloise era derechamente piropos.

-Señor Jimmy Two Shoes- habló el pequeño Brundle -, la primera vez que nos vimos, usted dijo que no había que tener miedo a lo desconocido, y enfrentar nuestros temores.

-¿En serio?- preguntó Jimmy, mostrando una sonrisa nerviosa por no recordar mucho de aquel encuentro –Bueno, es algo que suelo decir, pero no me acordaba que lo dije ese día.

-Yo les he dicho a mis padres que usted es una persona muy generosa y amable, pero parece que no me creen.

Los padres soltaron una leve carcajada de incomodidad, Jimmy en tanto, se rió de la inteligencia del pequeño. Beezy y Heloise solo se concentraron en comer con apatía.

-Pero quería preguntarle: ¿Por qué usted es siempre tan feliz?

Jimmy iba a responder de manera rápida y genérica, pero Heloise lo interrumpió abruptamente. Estaba realmente interesada en la pregunta:

-Sí, Jimmy. ¿Cuál es el motivo de que te muestres tan inusualmente feliz? Se me hace muy extraño que estés todo el tiempo con esa molesta sonrisa tuya.

-¡Vamos!- dijo Jimmy con cierta incomodidad –No es nada especial, mantener una actitud positiva frente a la vida ayuda a…

-¡Sé más concreto!- dijo secamente Heloise, asustando a Delamber y a Beezy –Otros como tú han caído más fácilmente en la infelicidad, pero a ti te he dañado de forma física- ésta tocó el pecho de Jimmy con su dedo índice –y sicológica– llevando su mano a la frente de éste-, y aun así sigues sonriendo. ¡Dinos qué te pasa!

Jimmy puso una mirada de preocupación, mientras todos en la mesa lo observaban. Incluso Beezy, quien luego de comer, recién se daba cuenta de lo que estaban hablando.

-¡Cuéntanos la razón, Jimmy! continuó acosándolo Heloise – ¡Quiero sabe lo que te mantiene tan obsesionado a sonreír!

Jimmy miró hacia abajo un momento, fijó su mirada en sus manos entrelazadas. Luego mostró una sonrisa forzada y, luego de suspirar, dijo mientras levantaba la vista:

-Bueno… tarde o temprano debía hablar de esto, aunque no creí que lo haría tan pronto. Espero no aburrirlos:

»No siempre fui un chico tan entusiasta como me ven ahora. Eso pasó hace unos 3 años, cuando era alguien indiferente y apático. La verdad, siempre sufrí inseguridades en mi niñez por... bueno...

Todos en la mesa estaban espectantes, sobre todo por el silencio que Jimmy puso, no estaba cómodo con lo que iba a decir.

»... Yo he lidiado desde siempre con un... déficit atencional que me trajo más de un problema. Las constantes burlas y enojos de los demás me hicieron detestar a la sociedad, y comencé a ignorarlos de la peor forma posible. Creía que era una pérdida de tiempo ayudarles luego de como se comportaron conmigo, sentía que no había un motivo especial para vivir y mi reacción hacia otros era muy desagradable. Hasta mis propios padres me habían dicho que me comportaba como un cretino. Me molestaba mucho que ellos intentasen convencerme de lo contrario, en ese momento, nunco vi que ellos lo hicieron por mi propio bien.

»Todo eso cambió cuando conocí a un pequeño niño de 7 años y su hermana mayor. Éramos vecinos desde siempre, pero no nos hablábamos con regularidad. Nuestra amistad se formó cuando el pequeño, que estaba en silla de ruedas, intentaba cruzar la calle él solo, sin ayuda y con los ojos en lágrimas. Me acerqué para ayudarlo a cruzar por simple compromiso, aproveché ese instante para preguntar el por qué estaba solo y por qué lloraba. Él me dijo que estaba enfadado con sus padres y sus doctores, les escuchó decir a sus espaldas que no podría vivir mucho tiempo y no podían hacer nada para revertirlo. El pobrecito creía que no lo querían, que podían curarlo pero lo dejarían morir.

»No quería que le sucediera algo por un malentendido, le pregunté dónde vivía y al darme la dirección, lo llevé contra su voluntad. Antes de llegar, su hermana se acercó a nosotros con una mirada de espanto, cambiando de inmediato a una de alegría. Ella se enojó con su pequeño hermano, pero lo disculpo. Me dijo que quería agradecerme de alguna forma, y mientras yo le negaba, ella insistía. Me sentí muy arrepentido cuando de manera descortés, di media vuelta y la ignoré, alejándome de ellos.

»Hubieron varios días en los que pensé en mi gesto, fue la primera vez que quise reparar el daño de mis acciones, así que me decidí acercarme a ellos para disculparme. No tuvieron ningún rencor conmigo, e incluso me invitaron a su casa. Ahí supe más del momento que pasaba el niño: sufría una enfermedad muscular llamada algo así como… síndrome de Duchán, si no me equivoco…

-Distrofia Muscular de Duchenne- interrumpió Heloise con voz apática.

-¡Sí, eso!- Afirmó Jimmy -, lo que dijo Heloise.

»El asunto es que su condición avanzaba a una velocidad anormal, mayor que otros casos detectados, y su tiempo de vida se estimaba en 3 meses, como mucho.

»Como nunca antes, me dio mucha tristeza cuando lo veía llorar los primeros días, él quería vivir muchos años, ser adulto y cumplir sus sueños. No quería verlo decir que su vida fue en vano, así que me atreví y decidí hacer del resto de su vida lo mejor que pudiese pasarle. Comencé a animarlo, le hice olvidar el tiempo de vida que le otorgaron los doctores y lo llevé a distintos lugares. Admito que ciertas veces lo motivé a hacer cosas que no tenía permitidas y su hermana me regañó por aquello. Pero mi vínculo con ellos se fortaleció, entablé un noviazgo con la hermana mayor, el menor era mucho más optimista y sin darme cuenta, me convertí a mí mismo en una persona altruista, lejos del cretino que solía ser. Mis padres quedaron sorprendidos de mi cambio de actitud y se sintieron felices.

»El tiempo de vida del pequeño se extendió más allá de lo pronosticado, de 3 meses a más de 2 años. Pero aun así, con el tiempo venían nuevos síntomas, le era más difícil mantener una vida normal, y en los últimos momentos, su cuerpo se sentía demasiado débil para vivir más tiempo. Estuve hasta sus últimos días con él y su hermana, cuando le tomé su mano, él me dijo que era la persona con la que había sentido mayor felicidad, había cambiado su forma de ver la vida y me pidió que compartiera aquella felicidad con todo el mundo, en especial, con quienes más la necesitaban. Luego de esas palabras, se despidió de nosotros y cayó en un sueño placentero antes de su último suspiro.

»Gracias a esa promesa me mantengo firme, ahora estoy llevando mi entusiasmo a todo el mundo… Si no los hubiera conocido a ellos… no sé qué habría sido de mí…

Terminada su historia, Jimmy miró hacia arriba sonriente, lleno de una renovada felicidad. Beezy lloró exageradamente por la historia tan emotiva, limpiando su enorme nariz con el mantel de la mesa. La familia de moscas había sentido compasión y regocijo por el rubio, hasta Helen perdió el miedo inicial hacia los humanos (principalmente por el consumo excesivo de jugo fermentado). Delamber abrazó a su esposa e hijo como la muestra del amor que siempre sintió por ellos. Se sentía tranquilo de no tener que ejecutar su siniestra misión.

Heloise, en cambio, no encontró nada muy especial en sus motivaciones. Aun así, el solo hecho de saber de dónde saca su determinación, le hizo reconsiderar su opinión sobre aquel chico tonto, después de todo, nadie había aguantado tanto como él… no sin sentirse triste o rencoroso de su desgracia. La chica del traje carmesí miró abajo e hizo una mueca que nadie percató…

Estaba sintiendo una especie de admiración por ese chico tan extraordinario.